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Destiny of Two Worlds/Capítulo 03: El Palacio del Este

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Resumen del capítulo anterior Editar

En el capítulo anterior de esta historia, nuestro joven protagonista, Helio, fue testigo de cómo la pobre de Zeres fue transformada en una pintura por un excéntrico villano llamado Yuga. Luego de recuperar el conocimiento en su casa, y de conocer a un misterioso personaje, de nombre Ravio, Helio va al Castillo de Hyrule para dar advertirle a la princesa Zelda sobre Yuga. Después, con una amuleto dado al joven héroe por la matriarca de Hyrule, y por orden de Sahasrahla, el sabio de Kakariko, nuestro héroe llega al Palacio del Este con el fin de buscar a Osfala, aprendiz del sabio anciano, que había entrado al palacio. Ahora, Helio procederá a buscarlo en este nuevo capítulo...

Frase memorable Editar

- ¡Ha sabido que eres el destinado a seguir los pasos del Héroe legendario y a blandir la Espada Maestra!

Trama Editar

Al pasar por la entrada, se encontraba en el interior del Palacio del Este. Justo al entrar, Helio contempló totalmente el área en la que se encontraba: un ambiente de calabozo con tres puertas, una a la izquierda, que estaba cerrada, una en medio, a la que no se podía llegar debido a que había un abismo enfrente, y otra a la derecha, igual cerrada, así como un interruptor en la esquina inferior derecha de la habitación, el cual pisó por curiosidad; esto hizo que se abriera la última puerta, a la cual entró. Dentro encontró una estatua junto a otro abismo, así que no le tomó importancia y regresó a la sala anterior, donde encontró un interruptor de cristal del otro lado del abismo. Al verlo, usó el arco y lanzó una flecha hacia dicho interruptor, lo que provocó que se desplegara un puente, así que cruzó. Siguió avanzando a través de un pasillo que contenía un Popo, una anémona de tentáculos naranjas y azules, ignorándolo en el proceso. Al cruzar la otra puerta tuvo que dirigirse a la planta superior de esa habitación, esquivando las bolas negras gigantes que pasaban, siendo algunas más grandes que otras; a partir de ahí el protagonista atravesó habitaciones, activando interruptores de ambos tipos y combatiendo Popos y Armos, armaduras con espada y escudo en mano que cambiaban de color de gris a amarillo al acercarse. Al avanzar en la mazmorra, en la sala ubicada en la zona superior izquierda, las puertas se cerraron.

- ¡¿Pero qué...?! - se sorprendió Helio.

Luego de ese acontecimiento, se encontró rodeado de cuatro Popos, derrotándolos a todos a la vez con un Ataque Circular. Al derrotarlos, las puertas se abrieron, así que regresó a esta habitación a través de la otra ubicada al sur; al regresar por dicha entrada, se encontró con una Brújula con Mapa incluido.

- Así que una Brújula y un Mapa... - dijo Helio pensativo. - Bueno, esto me ayudará a completar la mazmorra al 100%. Debería hacerlo antes de enfrentarme al jefe.

Dicho eso, Helio recorrió más rápidamente el calabozo con ayuda de los objetos que había conseguido previamente, y se dio cuenta de que había muy pocos cofres marcados en el mapa, por lo que logró deducir que eran los cofres que contenían todas las llaves del calabozo. Luego de eso, regresó a donde había una puerta cerrada, y luego comprobó en el Mapa que le faltaba un tesoro, así que regresó a la sección este del templo, resolviendo un acertijo de interruptores de cristal con ayuda del Arco, obteniendo así una Llave Pequeña, así que de inmediato volvió a donde la puerta cerrada y la abrió, obteniendo acceso al nivel superior del lugar. Al subir y posicionarse en el círculo rojo ubicado en el centro, las puertas se volvieron a cerrar, solamente que en esta ocasión fueron Armos y no Popos.

- Vaya, vaya, así que ustedes también quieren pelear... - dijo Helio mientras cargaba un Ataque Circular.

Cuando los Armos se acercaron, Helio realizó un Ataque Circular, dañándolos, pero no destruyéndolos, así que prosiguió a realizar otro, eliminándolos finalmente. Después de que los Armos fuesen destruidos, las puertas se volvieron a abrir, además de que apareció un portal de un verde más claro que provocó que Helio se acercara curiosamente.

- Me pregunto qué hace este portal... - dijo Helio mientras entraba en el portal.

Al pisar el portal, éste devolvió al protagonista a la primera sala, es decir, a la entrada de la mazmorra, así que volvió a posarse en el centro del círculo teletransportador para que lo enviase de vuelta a la habitación en la que se encontraba y, además, de paso visitó los dos cuartos ubicados a la izquierda y derecha respectivamente para obtener los tesoros que allí se encontraban; al dirigirse a la sala ubicada al sur, se encontraba una gran puerta con una cerradura más grande y con un par de "cuernos" en la parte superior, dando a entender que detrás de ella se encontraba el jefe del templo.

- Bien, ya casi lo logro. Supongo que debo inspeccionar por aquí para encontrar la llavezota que falta. - decía Helio mientras contemplaba la gran puerta central.

Luego de contemplar la puerta durante dos minutos, se dispuso a conseguir la llave que faltaba, por lo que disparó a todos los interruptores de cristal que alcanzaba a atinarles.

- ¡Hala! Parece que tengo flechas infinitas. - exclamó Helio algo sorprendido al darse cuenta de que nunca se le acababan las flechas.

Al darle a dos de dichos interruptores, obtuvo acceso a las dos puertas que se hallaban más alto en la habitación debido a que las plataformas que servían para llegar a las puertas inferiores comenzaron a ascender y descender, pero la izquierda se encontraba cerrada con llave, así que se dirigió a la puerta derecha superior, donde logró obtener la Llave Pequeña luego de conseguir acertarle a todos los 4 interruptores de cristal de dicha sala, teniendo cuidado de las flechas que eran disparadas de los muros. Volviendo a la sala de la puerta grandota, avanzó hasta llegar a la puerta izquierda superior, que era la que ocupaba la llave recién obtenida; al entrar por la puerta recientemente abierta, éstas se volvieron a cerrar, y los tres esqueletos que se encontraban en el lugar se convirtieron en Stalfos, guerreros esqueléticos que esquivaban los ataques saltando.

- ¡¡Quédense quietos de una buena vez!! - exclamó Helio al ver que los Stalfos esquivaban los espadazos saltando.

Acercándose a uno de ellos, lo atacó con la espada esperando a que terminara de saltar, eliminándolo de tres espadazos; al acercarse a los otros dos, atacó a ambos con un Ataque Circular, pero le faltó un espadazo a cada uno para acabarlos a ambos. Luego de que el trío de Stalfos fueran eliminados, la plataforma que contenía un cofre grande descendió al suelo, permitiendo a Helio obtener el llave que había en su interior: una Llave Grande.

- ¡Al fin! - suspiró Helio de alivio al obtener la Llave Grande. - Pero no alcanzo directamente la puerta, así que iré a ver qué hay en aquella puerta del fondo.

Atravesando la puerta, lo único que encontró fue un interruptor de cristal dentro de una pequeña sala ubicada en la de la puerta grande, así que lo golpeó, provocando que la pequeña pared que cubría el último interruptor de este tipo se retrajera, volviéndolo accesible. De esa manera, regresó a dicha sala y se puso de pie en la plataforma izquierda que se elevaba, alcanzando a golpear dicho interruptor con una flecha; esto resultó en que finalmente se pudiera acceder a la puerta del jefe gracias a que la plataforma que daba acceso a la puerta se volteara, siendo reemplazada por otra con la cabeza de hueso de una "cabra", permitiéndole alcanzar dicha puerta y abrirla con la Llave Grande. Al atravesar la puerta del jefe, se encontró con un suceso que lo dejó sorprendido y estupefacto: se topó con Yuga convirtiendo a Osfala en pintura.

- Ja... Tanta cháchara y ahora mírate... - exclamó Yuga a Osfala, quien forcejeaba por liberarse de su campo de energía mágica rosada en vano. - Acabemos con esto: ha llegado tu hora... ¿Estás preparado? Ahora te convertiré en mi nueva obra de arte. ¡Siéntete afortunado por ser uno de los Siete Sabios!

Tras decir eso último, y con un movimiento de su cetro, convirtió al pobre de Osfala, a quien nunca le dio tiempo ni de hablar, en una pintura.

- Oh... Qué extraordinario cuadro he creado contigo. Mi talento roza lo sobrenatural, ja, ja... - exclamaba Yuga alegre mientras guardaba mágicamente la pintura de Osfala.

- ¡Oye, tú, maldito payaso! - gritó Helio furioso a Yuga.

- ¿Eh? Tú... Tengo la impresión de haberte visto antes en alguna parte...

- ¡¿Tan mala memoria tienes?! Pero si nos vimos en...

- ¡Ya lo sé! Estabas en el santuario, ¿no es así?

- ¡¡Sí, cuando convertiste a la pobre de Zeres en pintura, no sin antes no dejarnos inconscientes al sacerdote y a mí!!

- Espero que no te atrevas a interponerte en mi camino una vez más...

Helio, por su parte, seguía mirándolo con una cara enojada.

- No te preocupes. Porque de ser así...

- ¡¿Qué?! ¡¿Qué vas a hacer?!

- ¡ACABARÉ CONTIGO! - exclamó Yuga enojado y decidido.

Tras esto último, la puerta se cerró, dando así inicio a la pelea. Ambos estaban separados por un gran pozo situado en medio de la pequeña sala octagonal, así que Helio lo rodeó con el fin de atacar a Yuga, pero éste se convirtió a sí mismo en pintura, esquivando el ataque. A continuación, creó dos soldados de la Guardia de Hyrule, los cuales tenían armadura verde y una pequeña espada en la mano derecha; el protagonista ignoró a los soldados e intentó atacar a su rival, pero no lo lograba por la presencia de los otros dos enemigos, así que los eliminó a ambos de un flechazo, provocando que Yuga saliera nuevamente del muro, momento aprovechado por el protagonista para lanzarle una flecha, la cual lo dejó aturdido. Él aprovechó el aturdimiento de su oponente para lanzar otra flecha, impactándolo de lleno. Helio repitió este procedimiento otras 3 veces; luego de dicho número de repeticiones, Yuga se posicionó en la parte norte de la habitación e hizo una expresión de disgusto al poner cara de enojado y empezar a patalear, así como lanzar un relámpago desde su cetro en señal de disgusto.

- Vaya, qué berrinchudo. - exclamó Helio después de aquel gesto por parte de su enemigo.

Luego de ese pequeño acontecimiento, Yuga comenzó a moverse más rápido, pero Helio repitió el mismo procedimiento de antes, solo que esta vez prefirió golpearlo con la espada en vez de utilizar flechas cuando se encontrara aturdido. Repitió el proceso tres veces, impidiéndole realizar un ataque la segunda vez. Helio había derrotado a Yuga por primera vez, quien se encontraba cansado luego del enfrentamiento.

- ¡Uy, uy! ¡Ya es suficiente! ¡Vas a estropearlo todo! - exclamó Yuga agotado. Luego de recuperar el aliento por completo, creó una esfera de energía rosa que poco después pasó a ser amarillo y luego tomó una forma rectangular, de la misma manera en que fueron encerrados Zeres y Osfala. - ¡Anda, espera un rato ahí dentro!

Tras decir aquellas palabras, el villano lanzó su ataque mágico contra Helio.

- ¡Espera, espera! ¡No! - dijo Helio al impactarse contra la pared a causa del ataque de Yuga.

Debido al ataque mágico del villano, Helio fue fundido rápidamente en la pared, dejándolo como una pintura.

- Ay... Justo como me temía. Esta obra no tiene luz ni vida. Por mi te puedes quedar ahí para el resto de la eternidad. - dijo Yuga al contemplar a Helio fundido en la pared, para después sacar el retrato de Osfala, convertirse en pintura e irse por la grieta ubicada en la pared norte, no sin antes soltar una carcajada. - Y ahora llega el momento cumbre... ¡Por fin sumaré la princesa Zelda a mi colección! Mua, ja, ja...

Justo después de que Yuga se fuera, el brazalete que Helio portaba comenzó a brillar, a su vez que absorbía la energía mágica. Después, la zona donde se encontraba Helio empezó a brillar de color violeta y blanco. Y justo después, el protagonista logró salir de la pared, cayendo al suelo.

- ¡Auch! - gimió Helio de dolor al caer al suelo.

Después de levantarse, Helio observó el brazalete que le había dado Ravio, el cual se volvió de color dorado con la joya central de color violeta, brillando.

- ¿El brazalete de Ravio me salvó? ¿Pero cómo es posible? - pensaba Helio mientras miraba el brazalete que llevaba portado en su muñeca izquierda. - Bueno, será mejor que me vaya.

Al recordar que su enemigo salió a través de la grieta de la pared, Helio hizo lo mismo que él: convertirse en pintura y salir por el mismo lugar, apareciendo en la zona exterior del palacio, donde abandonó la pared. Al salir del muro, se fijó que había dos caminos para llegar abajo: el sendero izquierdo, que era un largo camino de plataformas que ascienden y descienden, paredes móviles y puentes retractables, y el derecho, que era un par de paredes cercanas una a la otra. Helio recordó que era ágil y algo liviano, así que intentó hacer algo: saltar hacia la pared derecha, apoyarse en ella y deslizarse por la misma hasta llegar al suelo. El protagonista logró su objetivo, deslizándose por la pared derecha, llegando a la planta inferior del palacio. Allí se pegó a la pared y entró por la grieta del muro, regresando a la primera sala del templo a través de la pared derecha; al entrar, tomó rumbo a la puerta de entrada y salió del lugar. Al salir, se encontró con Sahasrahla.

- ¡Vaya, Helio! Te has tomado tu tiempo, ¿eh? ¡Me tenías preocupado! ¿Has podido hablar con Osfala? - preguntó Sahasrahla.

- Mira, Sahasrahla, cuando llegué aquí me lo topé en la entrada, y me dijo que no le tenía miedo a Yuga, así que entró. Decidí seguirlo, pero veo que se adelantó bastante, ya que tuve que recorrer todo el calabozo para llegar a él. Cuando llegué a la sala del jefe, pude ver con mis propios ojos cómo fue que ese maldito afeminado lo convertía en pintura. - explicó Helio.

- No... Ha transformado en pintura incluso a Osfala... Maldición... Con él son ya dos los sabios que están en su poder.

- Así es. Y después de que me transformara en pintura luego de haberle vencido, dijo que su próximo objetivo es la princesa Zelda...

- ¡¿Qué?! ¡¿Que su próximo objetivo es la princesa Zelda?!

- Pues... Sí. Te lo acabo de decir, Sahasrahla...

- ¡No debemos permitirlo! ¡Hemos de protegerla a toda costa!

Justo después de que el sabio anciano dijera tales palabras, se sintió un gran estruendo, acompañado de un pequeño temblor, sorprendiendo a ambos.

- ¡Oh, por mis barbas! ¡¿Qué ha sido eso?! - preguntó Sahasrahla sorprendido.

- No tengo ni la más remota idea, pero se escuchó un gran estruendo. - dijo Helio, también sorprendido.

Sahasrahla, por su parte, giró hacia la izquierda, en dirección al Castillo de Hyrule y caminó un poco en esa dirección, para después retomar su vista hacia Helio.

- ¡No puede ser! ¿Será ya demasiado tarde?

- Espero que no.

- ¡Rápido, volvamos al Castillo de Hyrule!

Tras pronunciar aquello, Helio y Sahasrahla se dirigieron al Castillo de Hyrule. Sin embargo, cuando llegaron ya era demasiado tarde, tal y como había dicho el anciano, ya que el castillo se encontraba rodeado por una barrera mágica violeta con rayas multicolor que la atravesaban de abajo hacia arriba.

- ¡¿Pero qué es esto?! - preguntó Sahasrahla, tras lo cual se puso frente a la barrera y lanzó un hechizo con su bastón, pero éste resultó demasiado débil para la barrera. Helio observaba igualmente sorprendido. - ¡Es una barrera mágica muy poderosa! ¡No podremos acercarnos mientras esté activa! La princesa Zelda e Impa están atrapadas ahí dentro... ¡Tenemos que hacer algo!

Tras decir decir todas esas palabras, volteó hacia Helio, que no había dicho nada en todo el camino de regreso.

- Escúchame con atención, Helio. Lo ocurrido hasta ahora se parece mucho a esa nefanda leyenda. - comenzó a explicar Sahasrahla.

- ¿Nefanda? - preguntó Helio.

- En ella fue la Espada Maestra la que liberó el castillo de las manos del mal. - volvió a explicar Sahasrahla. - Se dice que solo puede blandirla aquel que consiga los tres colgantes de la virtud. Pero tengo entendido que uno de ellos está dentro del castillo con la princesa Zelda...

- ¡¿Qué?! - exclamó Helio.

Luego de dicha pregunta, Sahasrahla caminó y se situó al lado de Helio.

- No me puedo creer que todo acabe aquí... - comentó Sahasrahla decepcionado.

- Ni yo... - dijo Helio igualmente decepcionado y cabizbajo. En ese momento, recordó el amuleto dado a él anteriormente por la princesa. - Espera... Oye, Sahasrahla, acabo de recordar que traigo esto... - volvió a decir, mientras sacaba el amuleto verde de su bolsillo.

- ¿Eh? - preguntó Sahasrahla, pero al ver el amuleto, su cara pasó de decepción a sorpresa. - ¡¿Cómo?! - exclamó lleno de sorpresa. - No puede ser que sea... ¡el Colgante del Valor!

- ¡¿Qué?! ¡¿El Colgante del Valor?!

- ¡¿Cómo es posible que lo tengas tú?!

Pasado ese momento de gran sorpresa, Helio se calmó y empezó su explicación.

- Pues verás... - comenzó Helio su explicación. - Cuando terminé de advertirle de lo ocurrido en el santuario, ella me dio este "amuleto". Me dijo que me lo daba, que era un objeto especial para ella, y me dijo que estaba segura de que me sería de utilidad en el futuro... Y lo demás no lo recuerdo porque no presté mucha atención... - terminó de explicar Helio.

Luego de escuchar toda la explicación del héroe, Sahasrahla prosiguió a hablar.

- Vaya, así que te dijo que era un amuleto...

- Exacto. Y que era algo especial para ella.

- La princesa te ha entregado a ti el Colgante del Valor... Eso quiere decir que lla lo ha presentido...

- Por eso me dijo que estaba segura de que me sería útil en el futuro, es decir, ahora.

- ¡Ha sabido que eres el destinado a seguir los pasos del Héroe legendario y a blandir la Espada Maestra!

Luego de deducir todo lo dicho anteriormente, el sabio continuó con su parlamento.

- ¡Muy bien, Helio! - continuó Sahasrahla. - Los otros dos colgantes están custodiados en la Mansión de los Vientos y en la Torre de Hera. Te he marcado esos dos lugares en el mapa, ¡así que parte enseguida para encontrarlos!

Luego de escuchar al anciano, Helio observó el mapa y se fijó que había dos signos de colgantes: uno marcado en la mansión recién mencionada y otro ubicado en la torre ubicada en la parte superior del mismo mapa.

- Bien, Sahasrahla, tú regresa a Kakariko y libera algo de estrés; yo partiré de inmediato, pero primero iré a prepararme lo suficiente... - dijo Helio, tras lo cual salió corriendo hacia su casa.

Ahora, después de todo lo que ha acontecido hasta ahora, nuestro joven héroe, Helio, va a prepararse para lo que será su gran aventura...

CONTINUARÁ...

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