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Wiki The Legend of Zelda Fanon

Destiny of Two Worlds/Capítulo 06: Entrenamiento

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Resumen del capítulo anterior Editar

Nuestro héroe, Helio, ha entrado a la Mansión de los Vientos y obtenido el Colgante de la Sabiduría. Nuestro protagonista está cada vez más cerca de conseguir la Espada Maestra y vencer a Yuga. Ahora, en este momento, va a buscar a su  amigo Xavi, quien le dijo que le enseñaría algunas técnicas de utilidad. Y, sin más qué decir, la historia continúa...

Frase memorable Editar

- Perfecto, Helio. ¡Has acabado con tu entrenamiento!

Trama Editar

Después de salir del Bar Lácteo, Helio buscó a Xavi, pero no lo encontró. Quiso preguntarle a Alme y a Javier, pero también recordó que iban a estar con él. Así que fue con su amigo Josex, quien le dijo que los tres estaban en el Campo de Entrenamiento ubicado al sur de Kakariko. Sin más que decir, puso rumbo hacia allá. El Campo de Entrenamiento contaba con una gran cantidad de blancos, obviamente para que los soldados practicasen su puntería con el arco. También se podían encontrar otras cosas, como jarrones y otros muchos objetos. Buscando a Xavi, el protagonista lo encontró en la entrada junto a sus dos amigos.

- Vaya, Helio, creí que llegarías más tarde. - bromeó Xavi.

- Ja... ja... Qué gracioso, Xavi... - respondió Helio en tono sarcástico. - Pero tengo una duda, ¿por qué querías que Alme y Javi estuviesen aquí?

- Luego lo verás. Ahora, saca tu espada y escudo.

- Pero... ¿No me habías dicho que ibas a enseñarme técnicas de escalada? - preguntó el protagonista, extrañado, mientras desenvainaba sus armas.

- Te las enseñaré más tarde. Ahora, primero te enseñaré técnicas de combate que te serán muy útiles. Así que... ¡Empecemos!

Durante toda la maña, Xavi enseñó a Helio a utilizar técnica con la espada para tener mejor desempeño en el combate. Para poner en práctica dichas técnicas, se utilizaron troncos encontrados en el lugar. Dichos troncos tenían marcas de blanco en el centro, indicando que podían ser utilizados para practicar. Las técnicas fueron, por mencionar dos: el Golpe de Gracia, que consistía en lanzarse sobre el oponennte y, con el impulso de la caída, clavarle la espada en el vientre. Después, el Ataque Escudo, que consistía en simplemente usar el escudo para golpear al adversario, pero era de muy corto alcance, además de que podía servir para bloquear y devolver ciertos ataques y proyectiles. Así, el protagonista fue aprendiendo cada una de las técnicas enseñadas por su amigo. Cuando terminaron con dichas técnicas, ya era el mediodía, ya que había que practicarlas hasta que saliesen a la perfección.

- Bueno, Helio... Te daré media hora de descanso. Luego vuelve aquí para continuar. - dijo Xavi.

- Por supuesto. - respondió Helio.

El joven héroe pasó dicho tiempo en el Bar Lácteo, donde se relajó platicando con Josex, quien estaba en el lugar. Pasada la media hora, regresó al Campo de Entrenamiento, donde todavía se encontraba Xavi, con Alme y Javier un poco más lejos, sentados en una de las bancas ubicadas en la zona.

- Ya volví, Xavi. - exclamó Helio.

- Qué bien, Helio. Y ahora, continuemos con el entrenamiento. - respondió Xavi, a la vez que se levantaba de la banca donde se encontraba sentado. Acto seguido, llamó a Alme y Javi. - ¡Alme, Javi, vengan!

Escuchando a su amigo, los dos se levantaron y se acercaron.

- Finalmente vamos a participar en esto. - dijo Alme mientras se estiraba.

- Coincido con ella. Además, ya me acabé los Lacasitos. - dijo Javier.

Por cierto, parece que ambos no han sido descritos, así que se hará eso ahora. Alme era una chica de cabello rubio, ojos azules y un tono de piel cristalino. Su denominado "Traje Zero" era de un color azul claro con varias marcas de un azul más fuerte, con algunas marcas rosas en su mano izquierda, cerca de su pecho y en la espalda, además de una pistola llamada "Paralizador" guardada en su funda de color negro, ubicada en su pierna derecha. Por otro lado, su cabello estaba acomodado en una "cola de caballo". Cambiando ahora a Javi, era algo parecido a ella, solo que él tiene cabello negro y corto, ojos marrones y las marcas de su Traje Zero tenían forma diferente y un color más oscuro. Fuera de eso, son parecidos en todo. Altura, fuerza, etc. Pero bueno... Volviendo a la trama principal...

- Así es, muchachos. Y ahora, activen sus armaduras. - dijo Xavi, tras lo cual ambos activaron sus respectivas armaduras.

Alme y Javier empezaron a brillar y, tras un destello de luz, ambos traían puestas sus armaduras, las cuales serán descritas a continuación. La armadura de Alme poseía unas hombreras grandes y redondas, un cañón de color verde metálico en el brazo derecho, un casco y zona pectoral de color rojo. El visor era verde amarillento. Los brazos, piernas y hombreras eran naranjas, mientras que la parte central, del pecho para abajo, pasando por las piernas, eran de amarillo. La armadura también poseía algunas "luces", localizadas en el pecho, mano izquierda y piernas, las cuales tenían el mismo color que el visor. Pasando a la armadura de Javi, era muy parecida, pero los brazos y piernas eran morados en vez de naranjas, además de que todas las luces, incluyendo el visor, eran azules en vez de verdes. Se podría decir que las armaduras tenían la paleta de colores inversa una de la otra, excepto por el casco, pecho, cañón y zona central. Dejando de lado las descripciones...

- OK, ya es la hora de practicar tu puntería. Saca tu Arco, Helio. - dijo Xavi, orden que fue respondida por el protagonista, quien sacó dicho objeto de su Alforja. Después... - Alme, Javi, disparen hacia esos blancos. - señaló.

Obedeciendo, ambos dispararon de su respectivo cañón un rayo de color amarillo-rojizo directo hacia los blancos, impactándolos de lleno. Después de recibir las órdenes de de su amigo de utilizar todos los rayos que ambos tenían en su armamento. Ellos, sin dudarlo, lo hicieron. Ambos dispararon el Rayo de Hielo, un rayo de un color blanco con capacidades congelantes; el  Rayo de Ondas, un rayo morado; y por último el Rayo de Plasma, un poderoso rayo de coloración verdosa. Helio se quedó sorprendido y luego preguntó...

- Oye, Xavi... - preguntó Helio.

- ¿Sí? - respondió Xavi.

- ¿Esto es un entrenamiento o una exhibición? - replicó el protagonista.

- Pues me parece que lo primero. - dijo Alme.

- ¡Exacto! Que somos superestrellas en esto. - dijo Javier.

- Descuida, Helio. Solo quería que vieras el potencial de nuestros amigos. Ahora sí te dejaré practicar tu puntería. Puedes empezar. - dijo Xavi para que, posteriormente, Helio se pusiera a practicar.

Durante un buen rato, Helio practicó con su Arco para mejorar su puntería, lo cual sería útil en el combate a distancia. Xavi también le enseñó a utilizar el Cetro de Hielo, un cetro de color azul con un rombo en su parte superior, también azul, que utilizaba energía mágica para congelar, de la misma manera que el Rayo de Hielo de sus amigos con armadura; así como también el Cetro de Fuego, un cetro de color rojo con una esfera en la misma posición que el rombo del cetro anterior, pero roja. Este cetro, al igual que el otro, usaba magia, pero para incendiar a los oponentes. Un rato después...

- Bien, ya hemos practicado en el combate cuerpo a cuerpo y a distancia. - decía Xavi. - Creo que solamente hace falta aprender a utilizar tu Gancho con mejor tecnicidad. - dijo de nuevo, volteando hacia Helio.

- ¿A qué te refieres, Xavi? - preguntó el protagonista.

- Lo que quiero decir es que usas bien el Gancho, pero solo te falta aprender cómo aprender a usarlo con más eficacia. - dijo Xavi, dirigiendo su vista hacia un muro lleno de hojas que se encontraba un poco lejos. - Quiero que uses tu objeto para engancharte en aquel muro.

Haciendo caso, el joven héroe se enganchó en el otro muro. Con dicha acción cumplida, Helio recibió la orden de engancharse en el muro opuesto al que se encontraba, pero rápido. Según Xavi, esto serviría para escalar más rápido. Helio lo hizo. Posteriormente se bajó. Ya en el piso, recibió consejos de su amigo sobre cómo utilizar el Gancho. Posteriormente...

- Y pues... Solo te falta una cosita más: atacar mientras estás en movimiento. - exclamó Xavi. - Solo ocuparás las Botas de Pegaso y tu espada.

- De acuerdo. - dijo Helio, poniéndose las Botas de Pegaso.

- Y para demostrarte... Alme, Javier, ¡activen su Aceleración! - dijo Xavi, volteando hacia Alme y Javi.

- Entendido. - exclamaron ambos al unisono, para después empezar a correr hacia una fila de tablones y jarrones.

Después de correr durante unos segundos, la Aceleración, que consistía en que los propulsores de ambas armaduras se activaran para alcanzar grandes velocidades, se activó. Los dos se envolvieron en un aura blanquecina-azulada, momento en que su velocidad se incrementó, arrasando con todos los troncos y jarrones que se encontraban enfrente suyo. Mientras corrían, podían verse varios "ecos", imágenes iguales a ellos, pero producto de la Aceleración, detrás de ellos. Luego, se detuvieron. Helio, con espada y escudo desenvainados, y Xavi, observaron el evento. El protagonista estaba boquiabierto.

- Ahora te toca, Helio. Usa tu espada y las botas. - dijo Xavi.

- Claro. - respondió Helio.

El portador de túnica roja hizo lo que sus amigos, solo que él utilizó las Botas de Pegaso y la Espada del Capitán. Con la espada en mano y apuntando hacia enfrente suyo, comenzó a correr. El resultado fue muy similar, con todos los troncos cortados y los jarrones rotos. El entrenamiento había terminado.

- Perfecto, Helio. ¡Has acabado con tu entrenamiento! - felicitó Xavi.

- Gracias a ti, Xavi. - respondió Helio. - Tú fuiste quien me ayudó.

- De nada. Y ahora vamos a descansar. Más tarde iremos con la Mamá Maimai para que nos ayude.

Finalmente, todos se fueron a descansar, pues cuando terminaron, ya había llegado el mediodía. Todos fueron, como es de costumbre, al Bar Lácteo para descansar, aprovechando para comer. Pasaron un buen rato en ese lugar. Cuando salieron, eran las 3:30 de la tarde. Cuando salieron, el pequeño grupo acompañó a Xavi a una pequeña cueva ubicada al norte del pantano y al sur de la casa de Helio. En dicha cueva se encontraba, como dijo Xavi, la Mamá Maimai. Ella era un pulpo rosa de gran tamaño. Se encontraba encima de una fuente de la que salía agua, y en las paredes de la sala habían muchos mini-bases. Todos se acercaron con ella para hablar.

- Hola, señora Maimai. - saludó Xavi, para después voltear con sus amigos. - Saluden, muchachos.

- Hola. - saludó Helio.

- Saluditos. - saludó Alme.

- Hola shosha. - saludó Javier.

- Hola a todos. - respondió la Mamá Maimai. - ¿En qué puedo ayudarles?

- Solo quería saber si podía mejorar los objetos de mi amigo Helio. - dijo Xavi, señalando al protagonista.

- Lo haría con mucho gusto, pero tengo un problema. Verán, hace rato hubo un gran terremoto y mis hijos salieron volando. Estoy muy preocupada de que les pase algo.

- Mmm... Escuche, señora, le propongo algo: Usted le mejora los objetos a mi amigo y nosotros, a cambio, le devolvemos a sus hijos. ¿Qué le parece? - propuso Xavi.

- Pues... Me parece bien. - aceptó ella. - ¡Arroja esos objetos a mi fuente y los mejoraré! - dijo a Helio.

El portador de túnica roja arrojó todos los objetos que había en su Alforja. Con todos los objetos en la fuente, la Mamá Maimai cambió su apariencia, mejorando sus habilidades técnicas. Sin embargo, les digo que todos los objetos serán descritos en el próximo capítulo debido a falta de tiempo. ¡No me culpen! Solo soy el narrador. Pero bueno, volviendo al tema...

- Aquí están todos tus objetos, jovencito. - dijo ella al protagonista, devolviéndole todos sus objetos haciéndolos flotar de regreso. - Espero que me devuelvan a mis hijos.

- Claro que lo haremos. Adiós. - dijo Xavi, para después retirarse junto con sus amigos.

Al salir, se dispusieron a recoger a algunos Bebés Maimai. Con ayuda de los radares de Alme y Javier, lograron encontrar 50. Sin embargo, solo la mitad de las mini-bases estaban llenas. Ella les dijo que tanto la misma madre Maimai como sus hijos podían viajar entre dimensiones, por lo que le prometieron llevarle al resto otro día. Dicha búsqueda les costó lo que quedaba de tarde, ya que estaba comenzando a anochecer. Cuando cayó la noche, todos se despidieron y se fueron a sus respectivas casas. Helio, tras llegar a su casa, saludó a Ravio y, tras hablar un poco con él, se echó en su cama y se durmió. Al igual que en anteriores ocasiones, nuestro protagonista tuvo una pesadilla. En esta ocasión, todos en Hyrule se encontraban huyendo de algo. Dirigió la vista hacia donde provenían las personas, y se encontró con un Yuga gigante, riendo como un psicópata. Como siempre, aparecía la típica escena de los cuadros quemados, los seres queridos de los Sabios llorando y el mismo final de recibir un ataque. A la mañana siguiente, dispuesto a conseguir el último Colgante de la Virtud, el del Poder, Helio se despertó muy enérgico, a pesar de la pesadilla que tuvo. Como es de constumbre, tras desayunar en el Bar Lácteo y conversar con algunos de sus amigos, nuestro protagonista se dirigió hacia la Montaña de la Muerte. Antes de subir, entró en una cabaña encontrada por ahí cerca, a un lado de la entrada al Bosque Perdido. Dentro no había nadie, pero sí se hallaban un par de guantes marrones junto a una nota que decía:

- Puedes quedarte con estos Guantes de Poder. No los necesito. Utilízalos correctamente. - decía.

Helio recordó que le habían dicho que en la montaña habría rocas pesadas, así que se los puso, sintiendo más fuerza en sus brazos. Luego de ponérselos, salió de la cabaña, que por dentro parecía un pequeño taller, y comenzó a subir a través de unas escaleras ubicadas en la falda de la montaña. La Montaña de la Muerte, en realidad, contaba con dos picos, uno que era donde se encontraba la lava, y otro con pura roca. La subida fue efectuada a través de puentes, blancos para el Gancho y levantar rocas. Tras observar el pico con lava, Helio prosiguió su camino hasta que, finalmente, llegó a la Torre de Hera, la morada del Colgante del Poder. Lleno de energía, entró.

Mientras tanto...

Yuga se encontraba detrás de la cabaña por donde pasó Helio, dormido. De repente, su cetro comenzó a brillar y a hacer ruido, despertándolo.

- ¿Qui-quién es? - bostezó Yuga.

- Sabes que soy yo. - dijo la voz femenina que se escuchó en el capítulo anterior.

- Ah. ¡Perdón por contestarle así, Su Majestad! - dijo el villano, levantándose al instante.

- OK, OK. Solo quería informarte de que el muchacho de ropaje rojo, que por cierto se ve guapo, ya se encuentra en la Torre de Hera.

- ¡¿Que QUÉ?! ¡¡Voy a detenerlo ahora!!

- No te preocupes por él. Solo captura al Sabio y listo.

- Pero no veo a nadie adentro.

- Está en la montaña. Ve a por él.

- Entendido.

La charla teminó, y Yuga fue a por el próximo Sabio...

CONTINUARÁ...

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