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Destiny of Two Worlds/Capítulo 07: La Torre de Hera

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Capítulo anterior Editar

Destiny of Two Worlds/Capítulo 06: Entrenamiento

Resumen del capítulo anterior Editar

Nuestro héroe, Helio, decidió recibir un largo entrenamiento de parte de su amigo Xavi. Con su ayuda, sus habilidades han mejorado y, además, sus objetos. Ahora nuestro protagonista se encuentra en la Torre de Hera, en la cima de la Montaña de la Muerte. Pero lo qué el no sabe es que las cosas están a punto de cambiar en este nuevo capítulo, pero de la peor manera que él podría imaginarse...

Frase memorable Editar

- Tal parece que nuestra pesadilla ha comenzado...

Trama Editar

Y así, nuestro héroe se encontró en el interior de su último objetivo: la Torre de Hera. Al obtener el Colgante del Poder y conseguir la Espada Maestra, todo habría terminado. El interior de la torre era de paredes rojas, piso azul y con alguna que otra saliente de color marrón. Justo delante de la puerta había Topos, pequeñas cabezas rojas con una expresión sonriente. Detrás de ellos había un interruptor de cristal. Justamente cuando el protagonista iba a dar un paso, de repente se sintió un gran temblor en el lugar.

- ¡¡HALAAA!! ¡Qué intenso! - exlcamó Helio.

El terremoto fue tal que parte de la estancia quedó destruida. Había varios trozos gigantes de roca en el suelo, con uno de ellos aplastando a los Topos que estaban de estorbo. Esto ayudó a Helio, ya que solo los aplastó a ellos y no al interruptor, que estaba intacto. Helio lo golpeó, provocando que unas placas azules que se encontraban alrededor se escondieran en el suelo, dejando pasar. Así, el joven héroe subió a la siguiente planta. En ella había un suelo hecho de malla ciclónica y un cofre. El protagonista atravesó todo el camino y abrió el cofre, obteniendo el Mapa y la Brújula. Después de cogerlos, se sintió otro temblor, y los resultados fueron los mismos, con gigantescos trozos de roca en el suelo, pero de la planta baja, ya que la malla ciclónica se rompía. Helio volteó a ver uno de los agujeros en el techo y observó uno de los blancos para su Gancho, igualitos a los que vio el día anterior durante su entrenamiento con Xavi. Se enganchó y se encontraba en la 2° planta. Aquí había grupos de placas azules y rojas que se escondían en el suelo al golpear algún interruptor cercano. En medio de la sala, había un cofre. El portador de túnica roja logró llegar a él haciendo usao del Bumerán para golpear los interruptores, consiguiendo una Llave Pequeña. Dicha llave fue utilizada para abrir la puerta ubicada al norte de la habitación, revelando unas escaleras. Arriba, en la planta 3, las puertas se cerraron, apareciendo Mini-Moldorms, pequeños gusanos más pequeños que Helio con un cuerpo dividido en tres secciones circulares, siendo la cabeza, con dos grandes ojos amarillentos en ella, la más grande. Eran como 50 de ellos, ya que la estancia era muy grande, así que el héroe se hizo cargo de ellos con el "Ataque Pegaso" que había aprendido de Xavi, que consistía en correr con las Botas de Pegaso con la espada en mano para atacar a los enemigos. Haciendo uso de esta técnica, los Mini-Moldorms fueron eliminados en cuestión de un par de minutos. Con las puertas abiertas, Helio corrió, pero en serio, ya que la sala era demasiado grande para atravesarla rápidamente. Al atravesar la puerta del sur, pasó a través de un puente, donde alcanzó a contemplar que la Montaña de la Muerte ya había comenzado a mostrar signos de actividad, ya que había una gran columna de humo saliendo constantemente del cráter, que se encontraba cerca de la torre. También había una gran cantidad de lava. Sin embargo, la parte aterradora era que dicha lava estaba comenzando a inundar la misma torre. Para empeorar las cosas aún más, el flujo de lava aumentaba rápidamente así que Helio, sin perder tiempo, empezó a moverse más rápido. Al revisar el mapa, se sorprendió de que la mazmorra consistía de nada más y nada menos que... ¡13 plantas!

- Esto... debe ser un chiste... - dijo Helio asombrado y desilusionado.

Después de eso, nuestro protagonista, que ya se estaba cansando, empezó a subir los pisos más rápido. A media mazmorra, en el piso 6, encontró el cofre de la Gran Llave gracias a otro temblor. El resto de la subida fue igual: subir apresuradamente, derrotar Mini-Moldorms, inmovilizar Topos, bla, bla, bla... Aunque también hubo que usar la transformación de pintura unas 15 veces para sortear barrancos. En el piso 11, después de un estresante laberinto, había un Topo mucho más grande que los vistos anteriormente, así que Helio lo utilizó para impulsarse hasta la planta 12. En ella, después de atravesar un puente, había un par de paredes cercanas una a la otra, así que el pobre protagonista, que ya se encontraba con bajas energías, volvió a usar la técnica utilizada en el Palacio del Este y en la Mansión de los Vientos: apoyarse en una parde y luego impulsarse mediante otro salto para llegar más alto. Al fin, después de un buen rato, y con muy bajas energías, Helio llegó a la 13° planta, la más alta de todas. Su suelo consistía en una malla ciclónica. Se encontraba al aire libre. Caerse desde esta altura significaría una muerte segura. Dejando de contemplar la altura Helio pasó a verse cara a cara con Moldorm, una versión mucho más grande que los otros. A diferencia de los demás, este tenía una especie de "flor" en su cola, la cual era su punto débil. Helio desenvainó su Espada del Capitán y Escudo de la Caballería.

- Sahasrahla, necesito tu ayuda. - dijo Helio.

- ... ¿Eh? ¡Helio! ¿Qué necesitas, muchacho? - preguntó Sahasrahla.

- Necesito que me des información acerca de este bicho.

- De acuerdo. A ver... Tienes enfrente a Moldorm, un espécimen de Mini-Moldorm más desarrollado, además de ser el guardián del Colgante del Poder. Su cola es su punto débil, así que asegúrate de atacarla para vencerlo.

- Entendido. Graicas.

- Por cierto, Helio... He notado que estás muy cansado.

- No te preocupes. Estoy bien. Ahora me encargaré de esta cosa.

- OK. Suerte.

La batalla comenzó. Moldorm comenzó a moverse alrededor de la sala con el fin de tumbar a Helio a la planta baja. Este, por su parte, lograba esquivarlo a la vez que atacaba su cola con Bombas. Esto se repitió 5 veces, ya que el "modo peligroso" comenzaba cuando el jefe tenía la mitad de su vitalidad. En este caso, empezó a disparar pequeñas espinas, parecidas a las del enfrentamiento contra Marmogill, pero mucho más pequeñas. Helio pudo protegerse y atacar. Además de atacar, Moldorm se movía más rápido. Esto hacía algo más difícil acertarle un golpe. En una ocasión, el gusano súper desarrollado empujó a Helio, quien logró sostenerse a tiempo. Es obvio que comenzó a sentir miedo al estar a punto de caer. Mientras intentaba subir, Moldorm le pasó encima, aplastando su mano. El dolor fue tal que Helio, a raíz de esto, volvió a experimentar lo mismo que en la Mansión de los Vientos: una pequeña transformación en la que su cabello se levantaba mientras este, junto con sus ojos, se volvía de un color rojo, a su vez que una leve aura de fuego envolvía su cuerpo. Al mismo tiempo, la expresión facial de Helio pasó de miedo y desesperación a enojo puro. El protagonista finalmente logró subir de vuelta a la plataforma de combate, desenvainando inmediatamente sus armas. Con rápidos movimientos, esquivando a Moldorm, empezó a dar de espadazos a su cola. Esto llegó tan lejos que la cola del monstruo quedó rebanada. Por tal acción el gran gusano emitió un grito de dolor y, acto seguido, enfocó su vista hacia Helio. Ahora ambos se miraban el uno al otro con una cara enfadada, como si fuesen enemigos mortales y quisieran acabar con el otro lo antes posible. Luego de un par de minutos mirándose a los ojos fijamente, ambos se echaron rápidamente hacia el otro con la intención de eliminarlo, siendo acompañados de algún sonido que expresase furia. En el caso de Helio fue un grito, mientras que en el de Moldorm fue un gemido. Cuando estaban a punto de chocar, Helio se movió rápidamente detrás de Moldorm y, posteriormente, debajo de él. A continuación, procedió a levantarlo, demostrando que su transformación elevaba mucho su fuerza, aún con los Guantes de Poder puestos. Cuando tenía al gusano gigante encima suyo, Helio, ahora mostrando un gran enojo en su cara, lanzó a Moldorm hacia la lava que se encontraba en el cráter de la montaña, ubicado algo cerca. El resultado fue una rápida y horrible muerte para Moldorm. La batalla había llegado a su fin, siendo representado este hecho con la aparición del Colgante del Poder en el centro de la arena. El colgante era igual a los otros dos, pero este era rojo y contenía el símbolo de Din, de un rojo más oscuro, en su interior. Helio lo cogió e inmediatamente su cansancio y transformación desaparecieron, regresándole al joven protagonista su buen humor característico. Sahasrahla, que al igual que en la Mansión de los Vientos, estuvo observando toda la pelea mediante sus poderes telepáticos, habló.

- ¡No... puede... ser! ¡Has acabado con esa bestia de una manera... ehh... increíble! - dijo Sahasrahla. - Y encima has despertado tu potencial otra vez.

- Ehh... OK... Gracias, supongo. - contestó Helio algo confuso.

- Ahora que tienes los tres Colgantes de la Virtud, puedes ir al Bosque Perdido para obtener la Espada Maestra. ¡Esto ya casi termina!

- Es cierto. Pero... ¡¿Cómo bajaré si hay lava allá abajo?!

- Según mis poderes, esa lava ya se retiró. Ya puedes bajar.

- Menos mal...

La charla terminó y, dicho y hecho, Helio comenzó a bajar cada una de las 13 plantas de la torre para salir. Efectivamente ya no había lava, ya que toda la que había regresó al volcán. Así que puso marcha rumbo al Bosque Perdido. Mientras pasaba a través de un puente que estaba cerca del cráter con la lava, se encontró con un nuevo sujeto. Este tipo era algo más alto que Helio. Era musculoso, por eso tiene una masa corporal superior a la del protagonista; con un tono de piel morena, botas cafés, un pantalón que es verde en las piernas y amarillo en la zona central; un cinturón rojo con puntos grises y una hebilla con un símbolo en forma de rombo con tres rombos más pequeños. Chaleco café, pulseras en los brazos y cabello rojo en la cabeza, con un "cuello" también rojo ubicado en dicha extremidad del cuerpo. Ojos oscuros y largas orejas puntiagudas. Helio se acercó para hablar con él, pues se veía algo preocupado.

- Emm... Disculpe, señor... ¿Quién es usted y qué le pasa? - preguntó Helio.

- Yo soy Rosso, poseedor de una mina en esta montaña. - se presentó Rosso, volteando a ver a Helio. - Lo que pasa es que la lava está avanzando de tal manera que podría destruir mi mina. Por cierto, prefiero que me tutées, chico.

- OK, señ... digo, Rosso.

- Mmm... ¡Anda, pero si eres el aprendiz del herrero!

- Sí. Ese mero.

- ¿Y se podría saber qué haces tú aquí?

- Pues verás, Rosso... Espera, primero tengo que saber si eres un Sabio.

- ¡Claro que lo soy! Siempre lo he sabido.

- Entonces cuídate de un tipo afeminado llamado Yuga. Ha raptado a los demás Sabios, así que será mejor que estés alerta.

- De acuerdo. Pero no me dijiste por qué estabas aquí.

- Vine a por el Colgante del Poder. Ahora voy a por la Espada Maestra.

- Está bien. ¡Suerte, chico!

- Claro. Gracias. Adiós.

Justo cuando Helio se empezaba a alejar...

- ¡Espera!

- ¿Ocurre algo?

- Es que hasta ahora acabo de ver que traes puestos mis Guantes de Poder.

- Emm... Sí.

- Espero que les des un buen uso.

- Claro. Lo haré. Adiós.

Unos minutos luego de que Helio se fuera, Yuga apareció por sorpresa, asustando un poco a Rosso.

- Jeje. Tú eres el último que me falta. - dijo Yuga señalando a Rosso.

- No me llevarás sin antes pelear. - respondió Rosso.

El villano se lanzó hacia el minero, pero él se defendió propinándole un puñetazo en la cara a su enemigo. El egocéntrico antagonista, enojado, lanza un rayo de su cetro directo hacia Rosso, convirtiéndolo en pintura. Tras recuperarse del golpe por completo...

- ¡Oh, sí! ¡Listo! ¡Ya tengo la colección completa! - exclamaba Yuga triunfante. En eso, la voz femenina que le llamaba antes estaba, en efecto llamándolo. - Su Alteza, he conseguido al último Sabio.

- Perfecto, Yuga. Perfecto. Solamente falta la parte final del plan. Ahora trae a ese chaval acá y yo haré que obedezca. - dijo la voz femenina.

- Sí, Su Alteza. - terminó Yuga.

Con todos los Sabios en su poder, el antagonista se teletransportó, mediante un movimiento de su cetro, al Castillo de Hyrule, donde esperaría al protagonista para que el plan misterioso sea terminado. Hablando de Helio... Él ya se encontraba justo en Kakariko, en la casa de Sahasrahla.

- No... Rosso ha sido capturado. - dice Sahasrahla. - Tal parece que nuestra pesadilla ha comenzado...

- Siéndote sincero, no te entiendo nada, Sahasrahla. - dijo Helio.

- Ahora que los Sabios ya no pueden dar energía al reino, Hyrule empezará a morir...

- ¡¿QUÉ?!

- Verás, Helio: Antes mucho antes de que nacieras, existía la Trifuerza, tres triángulos acomodados en forma triangular, de color dorado, que tenía la capacidad de conceder cualquier deseo. Un día, la Trifuerza desapareció y, sin ella, el reino ya no podía mantenerse por sí mismo. Entonces, los Sabios de aquella época utilizaron sus poderes para evitar que el reino colapsara. Todavía no sé por qué el reino comenzó a colapsar cuando la Trifuerza desapareció... En fin, como estaba diciendo, los Sabios de aquellos años cumplieron con su deber, y así durante 6 generaciones. Los Sabios actuales, que básicamente son algunos que conoces: Guri, Zeres, Impa, Osfala, Oren, Airín y Rosso. No tengo idea, pero también me dijeron que la princesa Zelda estaba relacionada con ellos. Ahora que todos fueron secuestrados, ya no puedn cumplir con su función de dar energía vital al reino, por lo que, poco a poco, nuestro bello Hyrule comenzará a desaparecer... - explicó el anciano.

- El joven héroe, por su parte, prestaba atención al relato, asombrado.

- Por eso es necesario que acabes con Yuga, para que los Sabios eviten que nuestro reino desaparezca. Ahora que tienes los tres Colgantes de la Virtud, puedes ir al Bosque Perdido a por la Espada Maestra. Pero yo te recomendaría hacerlo mañana. Debes descansar. Además, con el cambio en Hyrule, aparecerán más enemigos que antes. Desgraciadamente, los nuevos escudos llegarán en un par de días, así que será mejor que esperes. Solo espero que la Caballería de Hyrule nos proteja. Bueno Helio, ya puedes irte. Espero que cumplas con tu destino. - finalizó.

Y con esas palabras de Sahasrahla, Helio salió de la casa y se dirigió a la suya. Estuvo con el sabio anciano un largo rato, así que ya había anochecido. Entró a su casa y se tiró en su cama, no sin antes, discutir un rato con Ravio.

- Dime, Ravio... - dijo Helio.

- ¿Sí? - respondió Ravio.

- ¿El lugar de donde provienes acaso estaba pasando por una situación parecida a la que atraviesa Hyrule en este momento? - preguntó el portador de túnica roja. El encapuchado, por su parte, se quedó pensativo por algunos minutos, hasta que respondió:

- Mi reino natal también atravesaba una situación similar a la de éste. Dado que no pude encontrar una solución al problema, como la mayoría de allí, decidí abandonarlo. Cuando pasaba por Hyrule durante mi viaje, te encontré tirado en el pasto afuera del Santuario ubicado al norte. Luego te traje aquí y, cuando me dijiste que ésta casa era tuya, quise hacerme amigo tuyo para poder vivir aquí. Cuando asertaste, estuve muy emocionado no solo por tener un amigo, sino por tener un hogar calientito donde pudiese dormir, ya que antes, cuando viajaba, dormía en el piso a la intemperie, siendo acompañado por mi pequeño Shirio, que siempre estaba ahí, conmigo. - relató.

Luego de escuchar la pequeña historia de Ravio, este alcanzó a ver que Helio lo miraba con una cara triste y, además, tenía unas cuantas lágrimas saliendo de sus ojos.

- ¿Ocurre algo? - preguntó Ravio.

- Es que esa historia... Esa historia... - es muy triste. - respondió Helio mientras empezaba a llorar. - No puedo creer que vivieses como un vagabundo de los de Kakariko...

- Mmm... - exclamó el encapuchado, mirando al protagonista. - Esa cara de tristeza... Me recuerda a ella...

- ¿Ella? ¿Quién es ella?

- Era una chica hermosa. Debido a lo que le pasaba al reino, un día se puso triste y puso a llorar, al igual que tú haces justo ahora. Pero... No quiero entrar más en detalles. No quiero que tengas un mal sueño debido a lo que te dije. Eso es cosa del pasado. Y ahora... Debo afrontar el presente. - decía Ravio, mientras se acostaba en el piso y tomaba lo que necesitaría para dormir, a la par que Helio finalmente se tumba en la cama y Shirio apagaba las luces. - Bien. Buenas noches, Helio.

- Buenas noches, Ravio. - dijo Helio en un tono triste, todavía con lágrimas en los ojos.

Finalmente, después de contar aquellas anécdotas, ambos se durmieron. Helio, por su parte, experimentó otra pesadilla, diferente a las anteriores: en esta ocasión, aparecía solamente la princesa Zelda, pero sin los demás Sabios. Estaba ella sola. El héroe intentó acercarse a ella, pero de repente apareció Yuga por detrás de ella y le clavó su cetro a través de su espalda y vientre, matándola en el acto. El villano, por su lado, reía maniáticamente, y luego desapareció tras mover su cetro. Inexplicablemente, aparecieron todos los habitantes de Hyrule que, tras ver a su gobernante muerte, comenzaron a voltear a ver a Helio con un rostro enfadado, como si él fuese el responsable. Entonces todos lo persiguieron. Extrañamente, no estaban sus amigos. Hubo un punto en que el protagonista se tropezó y cayó, y antes de que los demás habitantes del reino lo alcanzasen, despertó de aquel mañ sueño. Ya había amanecido, por lo que la hora del desenlace se acercaba. Helio prosiguió a salir de su casa, no sin antes recibir un abrazo de Ravio, deseándole suerte. Tras devolver el abrazo, el protagonista, Helio, fue rumbo al Bosque Perdido. La hora de obtener la Espada Maestra había llegado...

CONTINUARÁ...

Próximo capítulo Editar

Destiny of Two Worlds/Capítulo 08: ¡A por la Espada Maestra!

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