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Destiny of Two Worlds/Capítulo 10: Un Lugar y una Persona muy Especiales

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Destiny of Two Worlds/Capítulo 09: Pelea en el Castillo de Hyrule

Resumen del capítulo anterior Editar

En el capítulo anterior, Helio, nuestro joven protagonista, se ha enfrentado al malvado Yuga en una gran batalla en el Castillo de Hyrule. Aún así, el maquiavélico villano logró convertir tanto a la princesa Zelda como a su protectora, Impa, en pinturas. Nuestro héroe ha cruzado una especie de "portal bidimensional". ¿Qué pasará? Esto está a punto de saberse...

Frase memorable Editar

- ¿Le digo que estoy enamorada de él aunque lo acabe de conocer? ¿O le digo que lo voy a utilizar como parte mi plan de restaurar Lorule?

Trama Editar

Un par de minutos después, apareció en una habitación parecida a la de la princesa Zelda, con algunas diferencias, las más notorias siendo que el color más abundante no era el rojo, sino el morado, y que el símbolo en el suelo era parecido al de la Familia Real de Hyrule, pero sin las patas y con la Trifuerza volteada verticalmente. También, algunos platos de la alacena estaban tirados en el suelo, rotos. Sin prestar más atención, salió de aquella habitación. Pasó por una pasarela similar a la que había visto en el Castillo de Hyrule, pero esta tenía colores más oscuros y, además, el cielo estaba nublado, con relámpagos cayendo de vez en cuando. Todavía sin prestar mucha atención, avanzó a la puerta de la izquierda del final de la pasarela, entrando en una gran sala octagonal. En el piso se encontraba el mismo símbolo visto antes. Sin embargo, su concentración fue distraída por Yuga.

- Je je je... Ja ja ja... - rió Yuga.

- ¿Oh? ¿Qué? ¡Ah... eres tú! - dijo Helio fijando su atención en su enemigo.

- Veo que has llegado algo tarde, insecto.

- ¿Insecto?

- Fue lo primero que se me ocurrió que no tenía belleza, pero bueno... Como te decía, has llegado tarde, porque ahora tengo a todos los Sabios y a esa linda rubiecita que tú llamas Zelda, aunque admito que es algo llorona...

- En eso concordamos... - pensó el protagonista. - No importa si mi gobernante es una llorona, la liberaré de tus sucias y afeminadas manos. - dijo amenazante.

- Ay ajá... - Eso ya lo veremos... - respondió el villano.

Mágicamente, todos los retratos, tanto de la princesa como de los Sabios, aparecieron en forma circular alrededor de Yuga y, acto seguido, comenzaron a girar. El antagonista, por su parte, volvió a reir maniáticamente.

- ¡¡Ahora verás de lo que soy capaz de hacer con estos hermosos poderes!! - dijo Yuga mientras seguía riéndose.

De repente, un portal morado apareció del suelo y, acto seguido, un jabalí gigante, con armadura marrón, capa y corona rojas, con algunos accesorios con picos, como hombreras, brazaletes y un broche de calavera en el pecho. Piel azulada, cabello blanquecino-grisáceo y unos ojos blancos y vacíos pero que, a pesar de estar así, irradiaban una sensación de ira y odio. El asombro del protagonista no duró mucho, pues casi inmediatamente después de aparecer, el excéntrico villano se fusionó con él, cambiando su apariencia: su piel pasó de ser azul a morada, el cabello tomó la misma forma que el de Yuga, la armadura oasó de tener color marrón a púrpura con algunos marcas de negro y algunos otros accesorios. Segundos después de fusionarse...

- Por si no sabes cómo me llamo, dime YuGanon. - se presentó "YuGanon". - Y ahora, si me disculpas, me retiro. - se despidió.

Tras decir esas palabras, creó un portal rosado, por el cual entró, llevándose todos los retratos.

-¡Ah, no! ¡Eso no! ¡No permitiré que escapes! - gritó Helio mientras desenvainaba la Espada Maestra y lanzaba un Rayo de Fuego.

El ataque fue perceptido por YuGanon, quien creó un escudo mágico que devolvió el ataque. El protagonista se hizo a un lado de forma veloz, esquivando el rayo. Sin embargo, su enemigo estaba por entrar completamente al portal, por lo que intentó atacarlo con un ataque cuerpo a cuerpo. Corriendo con las Botas de Pegaso, se apoyó en una pared y saltó a su espalda. Desafortunadamente, el monstruo se dio cuenta a tiempo y mandó a volar al protagonista con un puñetazo. Dándose más prisa, quiso entrar al portal, pero fue interrumpido otra vez. En esta ocasión, el portador de túnica roja se lanzó contra él, pero lo percibió casi instantáneamente y lo agarró con su mano.

- Entiéndelo bien, insecto. No eres ni serás capaz de derrotarme. ¡Nunca! - le gritó fuerte a Helio.

Seguidamente, lo lanzó muy fuerte contra la pared, provocándole un gran dolor en la espalda que lo hizo desmayarse. Sin su contrincante molestándolo, YuGanon atravesó el portal, pero antes de que se cerrara, hizo aparecer mágicamente siete gemas de distintos colores que salieron volando y se esparcieron en los alrededores. Luego de eso, el portal se cerró. Un rato después, el pobre de Helio se levantó, pero sin el dolor en su espalda, lo cual le extrañó, pero no le dio importancia. Decidido, se levantó y miró a su alrededor.

- ¡Carajo! ¡Ese maldito se ha ido con los retratos a quién sabe dónde! ¡Tengo que encontrarlo cuanto antes! - se dijo a sí mismo.

Aún así, todavía no podía creer lo que había visto un rato atrás. Antes de que abandonara la sala, y como ocurriera en situaciones anteriores, fue interrumpido, pero esta vez por alguien que él no conocía...

- Vaya, vaya... Miren quién está aquí. - dijo una voz femenina en tono coqueto.

El portador de la Espada Maestra volteó hacia la dirección de donde vino la voz, y se encontró con alguien que lo dejó "helado", por así decirlo: una chica de cabello y vestido morado, este último con blanco; ojos rojos, algunos accesorios en la cabeza, un tono de piel un poco más oscuro que el de Zelda, labios pintados de morado, como su cabello, y en su mano derecha llevaba un cetro con una Trifuerza invertida sobre la parte superior de este. Y por último, como detalle no tan resaltante, llevaba una capa blanca.

- Veo que estás algo confundido, héroe de Hyrule. Permíteme presentarme. Yo soy Hilda, y estás en el reino de Lorule. Yo soy la princesa y matriarca de este reino decadente... - se presentó Hilda.

Helio, por su propio lado, se le quedaba mirando con una expresión nerviosa y, además, estaba sonrojado.

- ¡Por las Diosas de Oro! ¡Esta chica es hermosa! - pensaba Helio.

Aunque no se apreciara, el protagonista se había enamorado de la princesa que acababa de conocer. Como se diría más correcta y específicamente, había encontrado su "amor a primera vista". Tras algunos segundos de verse mutuamente, el tono coqueto que Hilda tenía desapareció y mostró la misma expresión del portador de la Espada Maestra. Era obvio que se habían enamorado. El silencio se prolongó durante un par de minutos, hasta que...

- Emm... ¿Hola? - preguntó la princesa Loruleana para sacar a Helio de su "trance".

- Hola preciosa... - dijo el joven héroe atontado.

- ¡¿Cómo me llamaste?! - gritó Hilda, sonrojándose aún más y cubriéndose la boca con las manos.

El protagonista, por su parte, se dio cuenta de lo que dijo, así que salió de su estado de trance y recuperó la razón... Más o menos.

- Emm... Bueno... Quiero decir... ¡Hola! ¿Qué tal? - respondió Helio totalmente alterado.

Así ya quedaba más que claro que el portador de túnica roja se había enamorado de la princesa de Lorule. Aunque no se viera, ella se encontraba en el mismo estado. Luego de esa estrepitosa respuesta, hubo un largo silencio. Ninguno de los dos quería decir algo, ya sea para no enrarecer el ambiente o para mostrar sus sentimientos. Un pequeño rato después...

- Bueno... - rompió el hielo Hilda. - Creo que mejor te explicaré todo lo que ha pasado hasta ahora.

- Claro, claro. - contestó Helio, ahora calmado.

De repente, todo se oscureció, y Helio y la princesa aparecieron en un vacío negro. A pesar de eso, estaban de pie, indicando que había "suelo" en esa "nada".

- Pues mira, héroe de Hyrule... - comenzó a narrar Hilda. - Segurito que te estarás preguntando... ?¿Qué es Lorule? Pues te diré que Lorule es mi reino, el lugar donde yo gobierno y mando. A pesar de mi autoridad, parece que nadie me escucha, y parece que se debe a la crisis que atraviesa mi pobre reino. Desde la desaparición de la reliquia omnipotente, la Trifuerza Inversa, a causa de mis ancestros, la Familia Real de Lorule, todo se convirtió en una auténtica mierda. Pero, ¿sabes? Mejor hablaremos de eso luego. Es un tema delicado del que me duele hablar. Tan solo pensar en este tema hace que sienta un fuerte dolor en mi corazón.

Helio no decía nada. Escuchaba atentamente todo lo que ella decía.

- Ahora... - continuó. - Seguramente te estarás preguntando... "¿A dónde se fue Yuga con todos los retratos?", ¿no es así? Pues bien, justo antes de que llegaras, ese maldito me encerró en una celda mágica y me dijo: "Ahora crearé un reino donde yo gobernaré y en donde solamente exista la belleza.". Cuando se fue, la celda se desvancenió y pude conocerte. Sé que hay una forma de llegar a ese lugar, y es através de la Tumba de la Trifuerza Inversa, ubicada en el Reino Sagrado de Lorule. Lamentablemente, se necesitan siete reliquias para abrir el portal que lleva a ese reino. - en este momento, como si de magia se tratase, volvió a su tono coqueto de antes. - Y, ¿sabes? Yo podría ir a todos los calabozos que se encuentran esparcidos por Lorule, pero no sé defenderme por mí misma, aún con este cetro que tengo. Así que... se me ocurrió... - se acerca al protagonista, comenzando a coquetear con él de cerca. - ¿Podrías hacerlo por mí?

El protagonista, por su parte, estaba ruborizado, con la cara sonrojada y el corazón a cien. Estaba nervioso solo con tener a Hilda cerca suyo, tocando su cabello y cosas típicas del coqueteo. Sin embargo, su tono parece haberle hecho efecto, ya que dijo:

- Cla-claro. Lo haré.

Esta respuesta puso a la princesa Loruleana contenta, así que se alejó de él, dejando de coquetearlo y ruborizarlo.

- ¡Qué bien! ¡No sabes lo feliz que me siento! - contestó ella.

- Y entonces... - dijo Helio.

- ¿Entonces?

- ¿No vas a decirme nada más? - preguntó el portador de la Espada Maestra.

Cuando esa pregunta llegó a sus oidos, la princesa puso nuevamente su cara nerviosa. No sabía qué decirle a continuación.

- ¿Qué le digo ahora? ¿¡Qué!? ¿Le digo que estoy enamorada de él aunque lo acabe de conocer? ¿O le digo que lo voy a utilizar como parte mi plan de restaurar Lorule? ¿¡Qué debo decirle!? - pensaba Hilda.

Dado que se le veía pensativa, Helio intentó sacarla de sus pensamientos haciéndole la misma pregunta, a lo que finalmente se decidió y dijo:

- Ya recordé. Te voy a mandar a por las reliquias esas.

- Eso ya me lo dijiste. - dijo Helio.

- OK, OK... Pero veo que necesitarás ayuda.

- ¿Ayuda? ¿A qué te refieres con eso?

- Deberás obtener algunos aliados.

- ¿Aliados?

- Sí. Aliados.

- ¿Y en dónde supones que conseguiré aliados, eh?

- También te enviaré a conseguir algunos amigos para que tu misión no sea tan difícil. Además, me comunicaré contigo por telepatía de vez en cuando.

- OK. Gracias por toda esta información que me has brindado.

- Espero que tengas suerte. Cuídate, Helio. - se despidió Hilda, dándole un beso en la mejilla a Helio.

Él no se lo esperaba para nada, así que volvió a sonrojarse mientras llevaba mano a su mejilla, donde recibió el beso. Algunos segundos después, el joven héroe sintió como si se desmayara y, poco después, pasó. Se desmayó. Ahora tenía un objetivo: ayudar a la bella de Hilda a obtener las dichosas reliquias necesarias para poder acceder al sitio en donde se encuentra Yuga. Pero... ¿Qué pasará con Helio e Hilda? ¿Acaso serán capaces de decir lo que sienten entre ellos? ¿A dónde irá a parar nuestro protagonista? ¿Qué pasará a partir de ahora? Las cosas están a punto de ponerse interesantes...

CONTINURÁ...

Si quieres saber qué ocurre después de este capítulo para seguir con la historia, haz clic aquí:

Destiny of Two Worlds/Capítulo 11: Primera Parada... ¿"Términa"?

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