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Destiny of Two Worlds/Capítulo 16: La Búsqueda. Parte 3

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Destiny of Two Worlds/Capítulo 15: La Búsqueda. Parte 2


Resumen del capítulo anteriorEditar

El grupo conformado por Helio, nuestro protagonista, y sus amigos ya conseguido 4 de las 7 Esmeraldas del Caos. Durante el camino, ayudaron a Leela, una ex-ladrona prisionera, a escapar. El buen avance permanece. Ahora continuaremos con el viaje que nuestros héroes realizan. Esperemos que el buen progreso se siga manteniendo esta vez.


Frase memorableEditar

- Lo haré... por ella.


TramaEditar

Al salir del Pueblo de los Bandidos, fueron a la fisura más cercana para volver a Hyrule. Aunque querían seguir, el tiempo no se los permitiría, ya que el cielo rojizo que se encontraba presente en Lorule, además del de Hyrule, reflejaban el hecho de que estaba atardeciendo, dando fin a ese día. Sin más, todos se despidieron y se fueron a sus respectivas casas. Cuando se separó de sus compañeros, Helio usó la fisura que se hallaba cerca de su casa para regresar nuevamente a Lorule con tal de saber qué había en la contraparte de su casa. Entró rápidamente, evitando ser visto por los enemigos cercanos. El interior se encontraba algo desordenado, pero lo que importaba era que había un diario abierto en una mesa. El protagonista se acercó para leerlo.

- "Diario de Ravio. Día 1." - leyó Helio en voz alta. "Sé que tiene dudas de hacerlo, ¿pero qué puedo hacer yo para ayudarla?"

Pasó de hoja.

- "Día 2. Ella ha cambiado. ¿O me lo estaré imaginando? Antes era dulce, ahora es manipuladora. Se ha vuelto algo más coqueta. ¿Pero qué estoy diciendo?" ¡Tengo que hacer algo!

Volvió a pasar de hoja.

- "Día 3. No sé si sea porque ella ha hecho uso de su belleza o si fue obra de ese maldito, pero ahora el desvergonzado se ha ido a otra parte. Ella me dijo que lo mandó a un lugar llamado Hyrule. No recuerdo para qué, pero sí sé que escuché que eso salvará Lorule. ¡Tengo que actuar ahora!"

Otro pase de hoja.

- "Día 4. Ya estoy decidido. Partiré mañana. Pero el poder que poseo en mi brazalete solo me permite realizar un viaje de ida. Pero como dije antes, ya me decidí. Lo haré... por ella."

El resto de hojas estaban en blanco. Con lo que había leído, el joven héroe había entendido todo: Ravio no era un viajero, sino un cercano a la princesa Hilda. Al ver lo que pasó entre ella y Yuga, decidió ir a Hyrule para intentar hacer algo. El hecho de que haya actuado por ella puede ser debido a que era algo ingenua o a que, tal vez, también sentía algo hacia ella. Antes de irse, quiso hablar telepáticamente con la princesa Loruleana, así que usó su brazalete para hacerlo.

- Emm... ¿Hilda? - inició.

Alcanzó a escuchar a alguien llorando. Dado que el llanto era femenino, era seguro asumir que se trataba de ella. Al escucharla, interrumpió la charla al instante y se fue directo a su casa en Hyrule. Allí ya había anochecido, por lo que fue a acostarse. Aunque quería hablar con Ravio sobre lo que dedujo, estaba tan cansado que no pudo resistir, y se durmió. Tuvo una pesadilla, algo que no tenía desde hace tiempo. En ella pudo observar a Hilda, tirada en el piso, llorando. Él intentó acercarse, pero no la alcanzaba. No tenía la Espada Maestra, ni el Escudo Hyliano, ni las Botas de Pegaso, ni nada. Ni siquiera el brazalete de Ravio. Aunque intentó correr, no la alcanzó. Solamente podía escuchar sus lamentos mientras intentaba alcanzarla en vano. De repente, se despertó, algo exaltado. Ravio observó esto.

- ¿Estás bien, Helio? - preguntó. - Parecía que estabas teniendo una pesadilla.

- ¿Qué? No, no pasa nada. - responde Helio. - Oye, quería preguntarte algo.

- Claro. Dime lo que quieras decirme.

- Tú... Emm... ¿Conoces a una princesa llamada Hilda?

El encapuchado no pudo evitar sorprenderse.

- ¿Hi-Hilda? - dijo. - ¡Ah, cla-claro! Me gustaría contarte sobre ella, pero ¿no tienes que seguir con tu viaje?

- Sí, pero... Bueno, me cuentas mañana. - se rindió el protagonista, levantándose de su cama y preparándose para continuar. - ¡Nos vemos en la noche!

- Adiós. - se despidió Ravio. Justo después de que se fuera... - No sé si haya leído mi diario, pero seguro ya sabe que viajé aquí por ella. - dijo en voz alta. ¿No crees, Shirio? - preguntó a su pequeño acompañante.

Mientras él estaba envuelto en sus pensamientos, nuestro protagonista ya se encontraba en Kakariko, en la puerta del Bar Lácteo. Nada más entrar, observó que Javier se encontraba devorando una bolsa de tamaño grande de Lacasitos, que son un tipo de golosina. Además, Alme estaba a su lado, comiendo un paquete entero de Oreos, galletas de chocolate blanco con negro. El resto estaba en otra mesa, contemplándolos. Helio se acercó a la mesa de sus amigos y los saludó.

- Oigan, ¿cuánto han comido esos dos? - preguntó el joven héroe, señalando a sus compañeros de armaduras, cada uno en su Traje Zero.

- Él, un par de bolsas grandes; ella, un trío de paquetes. - contestó Xavi.

- Qué glotones... - exclamó Aura.

- ¿Quieres Lacasitos? - preguntó Javi.

- Hablando de eso... - volvió a hablar Helio. - Quiero comer.

- Justamente habíamos previsto que vendrías, así que ordenamos tu platillo. - dijo Rodriguez, mostrando el platillo de su amigo.

- ¡Gracias! - agradeció el portador de túnica roja.

Tras algunos minutos de comida, conversaciones y bromas, era momento de seguir con la búsqueda. Justo cuando estaban por pagarle a Barman por la comida, este desapareció en un resplandor, como la mayoría de la gente que se encontraba en el local. Había pasado lo mismo que habían visto en la Cueva de los Bandidos.

- Ha... Desaparecido... - exclamó Josex.

- Miren el lado bueno: no tuvimos que gastar nada. - dijo Javi.

- No hay tiempo para tonterías. ¡Debemos seguir! - dijo Brett.

Mientras se dirigían hacia la salida sur del pueblo, Sahasrahla llega deprisa.

- ¡Oh, qué bueno que están aquí! - dijo.

- ¿Ahora qué pasa, Sahasrahla? - preguntó Helio.

- Es que hasta ahora había olvidado que tenía un objeto de Osfala en mi casa. Y aquí lo tengo. - dijo el anciano, sacando un báculo con forma de pala, con empuñadura marrón y una gema blanca rodeada por bordes dorados. - Este es el Báculo de las Arenas. Osfala lo olvidó cuando se fue al Templo del Este. Quiero que lo uses. - se lo ofreció al protagonista.

Justo cuando lo tomó, el sabio desapareció enfrente de todos siendo envuelto por el mismo brillo.

- Mejor no nos demoremos en admirar. Sigamos. - dijo Rodriguez.

Antes de continuar, Helio pidió ir a la fragua para ver si el herrero, su jefe, y su esposa seguían ahí. Xavi asintió y todos fueron. Allí, el joven héroe tocó la puerta, pero no respondió nadie. Entonces la abrió de una patada. El lugar estaba totalmente vacío. Decepcionado, regresó con sus compañeros.

- No, no están. Continuemos. - dijo.

El grupo fue a la mazmorra más cercana, ignorando la fisura que se encontraba en una pared. Y por si no se describió antes, las fisuras son grietas en las paredes de Hyrule y Lorule que sirven para viajar entre ambos reinos. Las de Hyrule emiten humo oscuro, mientras que las de Lorule luz. Regresando con ellos, se dirigieron a la región desértica de Hyrule, donde se encontraba el siguiente calabozo: el Templo del Desierto. Para entrar, fue necesario hacer uso del Báculo de las Arenas, que levanta masas de arena, haciéndolas sólidas y seguras para atravesar, deshaciéndose al usarlas. El interior del lugar tenía un piso de arena. Al igual que la mayoría de las mazmorras, no había enemigos, lo que facilitaría las cosas. Para resumir, avanzaron rápidamente por el calabozo, obviamente gracias a que Alme y Javier descargaron el mapa. La mayor partte de las salas grandes tenían arena, lo que hacría necesario el uso del Báculo de las Arenas. En un largo pasillo rectangular, además de la arwna, había cañónes pegados a las paredes que disparaban proyectiles. Para evitar cualquier golpe, todos que tuvieron que ser rápidos. Tras cruzar varios pasillos similares, evitando golpes y abismos, se toparon con la puerta del jefe, que necesitaba una Gran Llave.

- Y yo pensaba que ya no tendría que conseguir llaves... - susurró Helio.

- Pues habrá que hacerlo de nuevo, al menos en este lugar. - dijo Alme.

A un lado de la gran puerta, había una puerta que llevaba al camino para obtener la gran llave. Tuvieron que atravesar una escalera que los llevaba a la planta superior. Luego de atravesar algunos pasillos con arena y todo eso, llegaron a una pequeña sala con un pozo de arena a la izquierda y otro a la derecha. De allí salieron dos Develant, gusanos rojos con pinzas. Para sacarlos, y tras un breve escaneo:

- Hay que sacarlos de la arena para atacarles. - dijo Alme.

Usando el Báculo de las Arenas, Helio sacó a los gusanos para que sus compañeros con armadura usaran su Rayo de Plasma para eliminarlos de un tiro cargado. Poco después, apareció el cofre que contenía la llave del jefe.

- Bueno, ahora habrá que regresar. - dijo Josex.

De acuerdo con el mapa, había un camino más corto, pero requería de conseguir Llaves Pequeñas para atravesar esa parte, que constaba de rampas con arena descendiente, por lo que el regreso sería rápido. Mientas decendían por las rampas, Xavi usaba su Zarpa para coger las llaves que se encontraban en rapisas altas de las diversas salas. De regreso en la sala de la puerta del jefe, el protagonista la insertó, lo que provocó que la misma se abriera. En la sala siguiente, observaron que, en lugar del jefe, se encontraba un portal, que atravesaron, viajando a Lorule. Allí, aparecieron en una arena de combate, que era una gran sala cuadrada con algunos pilares de piedra cuadrados sobre arenas movedizas. En medio de aquella zona se encontraba el jefe: Zaganaga, un cactus viviente con una flor rosa encima, la cual revela cinco ojos en forma de pétalos al abrirse.

- No nos digan, shositos. Ya sabemos qué hacer. - dijo Javier, escaneando al jefe. Segundos después... - A ver... Zaganaga. Qué nombre tan gracioso...

- Tenemos que sacarlo de la arena para atacarle. - dijo Alme.

Apenas escucharlo, el portador de la Espada Maestra usó el Báculo de las Arenas para sacar al monstruo de la arena, pero este sintió el movimiento de la arena y se movió. A continuación, empezó a moverse por la arena. Debido a que los pilares no eran tan grandes, los miembros del grupo tuvieron que repartirse a lo largo del campo de batalla para que cada quien pudiese atacar desde una posición diferente. En ciertas ocasiones, Zaganaga saltaba de la arena, oportunidad aprovechada para atacar. De vez en cuando, soltaba pequeñas versiones de sí mismo, que volaban hacia el que estuviera cerca. Tras varios minutos de pasatiempo, la planta monstruosa se abrió, revelando sus cinco ojos. Este momento fue aprovechado por Alme para utilizar el Misil Múltiple, impactando en todos los blancos. Como respuesta, la criatura disparó un chorro de arena que derribó a algunos, mientras que otros estuvieron a punto de caer. Luego de otros varios minutos de pelea, el jefe fue vencido. Esto trajo como consecuencia que el suelo se llenó de arena, disipando la arena movediza. Además, una pared, la que llenó la sala de arena, reveló una sala que contenía la siguiente Esmeralda del Caos, de color azul. Al igual qe las mazmorras anteriores, esta joya teletransportó a todos al exterior del calabozo, en Hyrule. Aunque la tarde ya se encontrara algo avanzada, el grupo decidió continuar, así que fueron al Bosque Perdido, aquel lugar donde el protagonista obtuvo la Espada Maestra, y buscaron una fisura, siendo encontrada por el detector de Javier. Sin dudar, la atravesaron y viajaron a Lorule. La contraparte del Bosque Perdido, el Bosque de las Osamentas, compartía algunas cosas con su homólogo, como el ambiente sombrío. La principal diferencia eran los restos óseos y la densísima niebla que cubría el lugar, lo que daba a un ambiente de terror perfecto.

- Brettcy, tengo miedo. - dijo Aura, abrazando a Brett.

- Cálmate, Auri. No pasa nada. - dijo el antihéroe para calmar a la médium, que estaba asustada.

- Y aquí vamos... - dijo Josex.

- Oye Helio... - dijo Rodriguez. - Acabo de recordar algo. Resulta que en el Templo de las Sombras y la Cueva de los Bandidos encontré esto. - volvió a decir, sacando un par de trozos de mineral amarillento. - Según el escáner de Javier, estos son llamados "Minerales Maestros". Sirven para aunmentar el poder de la Espada Maestra. Con este par, deberíamos ser capaces de hacerlo en la fragua de Hyrule, aunque podríamos llegar mucho más rápido teletransportándonos.

- Yo me encargo de eso. - dijo Xavi, sujetando a Rodriguez de su brazo. - Allá vamos. Esperen aquí.

El mayor de edad sacó su espada, que era una versión algo más grande y larga de la Espada Maestra de Helio, y, tras unos movimientos con la misma, se teletransportó junto con su acompañante. Mientras tanto, el resto esperaba en el mismo punto.

- Este lugar parece sacado de una de esas historias de terror que cuenta Sahasrahla a veces... - dijo Javier.

- Brett, aún tengo miedo. - dijo Aura, aún abrazada a Brett.

- Descuida, Auri. Recuerda que yo estoy aquí y no dejaré que nada te pase. - respondió el antihéroe, continuando su abrazo.

- Ay, pero qué cursis... - susurró Helio, siendo escuchado por su compañero.

- ¿Perdón? - exclamó el de ropajes marrones, soltando a la médium.

- No, nada. - se retractó el protagonista al instante.

Unos minutos de espera más tarde, Xavi y Rodriguez llegaron repentinamente. El mayor traía la Espada Maestra en sus manos, con su hoja de un color rojo.

- Guau. - exclamó el joven héroe, sorprendido.

- Aquí tienes tu espada. - dijo Xavi, entregándosela. - Según dijo el herrero, esta es llamada "Espada Maestra Mejorada". Es el doble de poderosa, así que creo que los rayos de fuego también lo serán.

- ¿Qué? ¿El herrero sigue en Hyrule?

- Sí. Cuando fuiste a su casa estaba dormido junto con su esposa. ¿Qué cosas, no?

- Bueno, por lo menos mi espada es más poderosa. Y por cierto, me fijé que tu espada es igual a la mía, pero algo más larga y grande.

- Te lo explico luego. Ahora, sigamos.

Con esa última frase de Xavi, todo el grupo entró al templo de las Bosque de las Osamentas a través de una de sus varias entradas. El interior del calabozo era más sombrío que el de las mazmorras anteriores. Había algunas raíces en las paredes, en algunas ocasiones obstruyendo el paso; además de eso, había algunos cráneos tirados en el suelo. Y por si fuera poco, también había Wallmasters, enormes manos de color amarillo anaranjado con uñas grisáceas y aspecto de zombi. Esta mazmorra estaba repleta de acertijos complicados, así que nos pasaremos a la parte en la que llegan a la puerta del jefe. En ella se apreciaba una enorme mano con un ojo al centro. Al parecer, a dicha mano le faltaban los dedos que, lógicamente, se encontrarían atravesando las múltiples salidas que poseía la sala, que llevaban a diversas secciones del lugar.

- Bien, parece que tendremos que separarnos para encontrar los dedos. Aún así, faltará uno, pero eso lo veremos más tarde. - dijo Brett.

Las parejas fueron las siguientes: Xavi-Brett, Helio-Aura, Alme-Rodriguez y Josex-Javier. Iremos por partes. Primero con Xavi y Brett, que fueron por la salida noroeste. Ellos tuvieron algunas dificultades, aunque las superaban juntos, ya se habían vuelto grandes amigos. En una sala, un Wallmaster cayó del suelo e intentó atacar al mayor, que se cubrió con su escudo, que era un Escudo Hyliano como el de Helio, y se protegió de su enemigo. A continuación, el antihéroe se acercó a la mano corriendo velozmente y le propinó un corte diagonal con la Espada Sagrada, destruyéndola.

- Gracias, Brettcy. - dijo Xavi.

- No hay de qué, Xavi. - respondió Brett.

Continuaron su camino. En una estancia rectangular con cráneos e interruptores, tuvieron que trabajar en conjunto para abrir la puerta norte y avanzar. Tras avanzar unas cuantas estancias más y subir a la planta de arriba, ya que esos pasillos y la puerta del jefe estaban en la planta baja; llegaron a un enorme abismo que atravesaron con sus Zarpas. En la habitación siguiente se encontraba un cofre que contenía uno de los dedos de porcelana, el meñique.

- Bueno, creo que tendremos que regresar por todo el camino. - dijo Brett.

- No lo creo. - contestó Xavi, tomando del brazo a su amigo y haciendo lo mismo que con Rodriguez: teletransportarse. Así regresaron a la sala de la puerta del jefe.

Ahora vayamos con Helio y Aura, que tomaron el camino noreste. Ella estaba algo triste porque no tocó con Brett, mientras que él algo nervioso, ya que no estaba tan acostumbrado a estar cerca de una mujer. Se podría decir que ellos tuvieron la parte más sencilla, ya que solo atravesaron algunos cuartos, esquivando algunos Wallmasters. Su parte fue la más sencilla. Obtuvieron el anular.

- Vaya... Qué... Sencillo... - dijo Aura, confusa.

- No importa. Regresemos antes de que pase algo. - sugirió Helio.

En ese momento, la médium volvió a sacar su libro de hechizos. Tras encontrar el hechizo adecuado, tomó de la mano al protagonista, quien no pudo evitar sonrojarse, y realizó el hechizo de Teletransportación, que los envolvió con un brillo morado y los llevó instantáneamente a la misma ubicación del antiguo Héroe legendario y el antihéroe. En cuanto arrivaron, ella soltó su mano para evitar cualquier sospecha de Brett.

Pero ahora vayamos con Alme y Rodriguez, quienes fueron por el camino este. Ellos atravesaron algunos abismos y pisaron algunos interruptores en algunas salas, obviamente esquivando a las manos gigantes. De hecho, el cofre que contenía este dedo se encontraba en una plataforma rodeada por un abismo. Ella usó su Rayo Enganche para alcanzar el cofre, mientras que él empleó su látigo. Obtuvieron el dedo de enmedio. Además, Alme detectó un cofre que contenía un Mineral Maestro, así que fue por él. Después, regresaron por donde mismo.

Y por último, Josex y Javier, que tomaron el camino sur. Ellos se quedaron con lo más difícil, ya que atravesaron salas con puentes que se caían al transitar por ellos. Además de que las raíces obstruían algunas puertas, por lo que el erizo utilizó su Excalibur para cortarlas. También había habitaciones con múltiples interruptores que debían ser presionados al mismo tiempo para abrir la puerta. Pero finalmente llegaron al cofre que contenía el dedo índice. Para regresar, tomaron un larguísimo puente que los llevaba directo a la sala por la que entraron, así que Josex, con su forma de erizo, corrió rápido, mientras que Javi usó la Aceleración para atravesar el puente antes de que se cayera.

Con todos reunidos, los portadores de armaduras detectaron una pared agrietada al surete, así que dispararon un par de Súper Misiles, revelando una pequeña estancia oculta que contenía el último dedo de porcelana: el pulgar. Una vez insertaron los dedos, la llave se abrió, permitiendo el paso para toparse, en una habitación con muchas grietas en el suelo, con el jefe: Knucklemaster, una mano con una parte orgánica encerrada en un guante de metal similar a una armadura, con un ojo en su palma. Apenas verlo, Alme y Javi lo escanearon.

- Knucklemaster, Wallmaster evolucionado. Su punto débil es su ojo. - dijo Alme.

Todos se pusieron en posición de ataque. La inmensa mano empezó el combate cerrando su puño y lanzándose a embestir a Helio, quien se transformó en pintura para evadirlo. Esto provocó que el monstruo chocase contra la pared, terminando aturdido y con el ojo descubierto. Este momento fue aprovechado por el grupo para atacar con objetos potentes, como los Súper Misiles o el hechizo de Fuego. Tras recuperarse, se elevó y trató de aplastarlos.

Luego de unos minutos de pelea y recibir daño, la parte orgánica de Knucklemaster cambió a color purpura, siendo más rápido y tratando de aplastar con mayor frecuencia. En uno de esos intentos, alcanzó a aplastar al protagonista y, a continuación, lo agarró y lo arrojó contra el muro. Esto desencadenó una reacción en cadena que produjo la misma pequeña transformación vista en ocasiones anteriores: ojos con iris rojas y algunos pequeños rayos que aparecían de vez en cuando. Sus compañeros estaban asombrados, pero el jefe ni se inmutó, así que volvió a cerrar su puño y lanzarse. El joven héroe no parecía asustado. Solo sacó la Espada Maestra, acumuló energía de fuego, que hacía resaltar el brillo rojo de su hoja, y se abalanzó contra la mano, atravesando su ojo y matándola al instante. Tras un momento, caminó un poco con la criatura aún clavada en su arma, y la lanzó con todas sus fuerzas hacia el fondo del abismo.

Tras esto, volteó a ver a sus acompañantes, quienes mostraban en sus caras una mezcla de asombro y miedo. Después de algunos suspiros, su transformación volvió a desaparecer, regresando el Helio de antes. Para abandonar esa estancia, usó el Báculo del Torbellino para hacerlo, no sin antes coger la Esmeralda del Caos de la mazmorra, de color azul celeste, en una habitación que quedó descubierta tras que arrojara a Knucklemaster contra el muro.

- Así que esa es la transformación de la que me contó Sahasrahla... - exclamó Xavi, sorprendido.

Poco después, todos le siguieron para salir del calabozo. Una vez afuera, se dirigeron a la versión de Lorule de la Montaña de la Muerte. Solo faltaba 1 esmeralda para terminar esta búsqueda. Sin embargo, la transformación de Helio parece haber cambiado la forma en que sus compañeros lo ven...

CONTINUARÁ...



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Destiny of Two Worlds/Capítulo 17: La Búsqueda. Parte 4

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