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Destiny of Two Worlds/Capítulo 21: Más Cosas Bizarras

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Destiny of Two Worlds/Capítulo 20: Cosas Bizarras

Resumen del capítulo anterior Editar

Tras rescatar a dos Sabios, Helio y sus compañeros siguen su travesía por el Reino de la Belleza. Han atrevesado ya dos mazmorras, pero todavía no han terminado. A ver cómo les va en este capítulo.

Frase memorable Editar

- Espero que termines con esto de una vez.

Trama Editar

Llegó el amanecer de un nuevo día. Uno a uno, los muchachos comenzaron a levantarse. Tras desayunar varias Oreos y Lacasitos, salieron de la cueva y pusieron rumbo a su próximo destino.

- Y bien, ¿a dónde vamos ahora? - preguntó Helio.

- A ver... Minas Arcoiris, ya; Cantera Pincelada, ya. Ahora es el turno de ir a... El Bosque Laberinto. Vaya, hasta que al fin algo no tiene un nombre relacionado con la pintura... - dijo Alme.

- Guau. Yo también acabo de examinar esa área, y sí que es un auténtico laberinto, shoshos míos. - resaltó Javier.

- Helio tiene unas Gafas de las Pistas, así que nos serán útiles. - dijo Xavi.

- También recomendaría utilizar el Bumerán. - sugirió Rodriguez.

- Pues ya dejemos de perder el tiempo. ¡En marcha! - finalizó Brett, serio.

- Esperen... - interrumpió Josex. - Verán, he visto que al final de cada mazmorra espera algún enemigo que cada uno de nosotros conoce, como Ridley o Drott. Para resumir, a lo que quiero llegar es que todos deberíamos de dividirnos para cubrir mucho más terreno y acabar esto mucho más rápido.

- El problema es que... Solo Alme y Javier pueden obtener los mapas de los calabozos escaneando. Además, Helio es el único que parece que puede tocar los retratos de los Sabios. - añadió Aura.

- Pues podemos teletransportarlo con ayuda de Aura. - recomendó el antihéroe.

- Estoy de acuerdo con Brettcy. Yo lo apoyo.

- A ver, a ver, ¿creen que soy un muñeco o qué para traerme de aquí para allá?

- Ahora que lo pienso... Creo que deberíamos seguir con la misma fórmula de siempre. - propuso el de túnica amarilla.

- Yo estoy de acuerdo con Rodriguez. - dijo el protagonista.

- Bueno, seguiremos con la misma fórmula de siempre. - volvió a decir el héroe antiguo.

- Vale, vale, seguiremos como siempre y punto. ¡Vamos al Bosque Laberinto! - terminó definitivamente el erizo.

Mientras iban bajando por la montaña, se toparon una especie de carro minero cuyas vías llevaban directamente al Bosque Laberinto.

- Vaya, ¿quién diría que nos encontraríamos tan casualmente un sistema de carros de mina? - dijo Xavi, no tan convencido.

- No importa. Mientras lleguemos rápido al Bosque Laberinto, no habrá problema. - contestó Josex.

- Yo tampoco estoy muy convencido, pero bueno... ¡ALLÁ VOY! - gritó Rodriguez, saltando hacia uno de los carros.

Tras usar los carros de mina, que aunque se veían sospechosos, no pasó nada y todos llegaron a salvo y rápidamente al Bosque Laberinto.

- Esa es la entrada. Entremos por ahí. - señaló Alme a una entrada. - Recuerden que el bosque entero es un laberinto, así que será mejor permanecer juntos.

El bosque estaba tenuemente iluminado, debido a la gran cantidad de árboles que tapaban la luz, dando algo de oscuridad, tanta que solo el brillo de las armaduras de Javier, Alme y los ojos de Brett brindaban iluminación, además de las Gafas de las Pistas de Helio. Con cuidado, el grupo avanzó cuidadosa y cautelosamente por el bosque, encontrándose de vez en cuando con Espectros, entidades fantasmales con la misma apariencia de Yuga. Todo esto mientras seguían al Fantasma de las Pistas, un espectro con forma de "?", un libro en sus manos, lentes en sus ojos y coloreado enteramente de azul.

- Y yo que pensaba que este reino era una copia de los otros dos... Ahora veo que no es así. - señaló Xavi.

- Ahora tenemos que evitar distraernos. Tenemos que seguir muy de cerca a Helio. - dijo Brett, siguiendo a Helio de cerca.

- Pues este fantasmita me dice que hay una entrada oculta bajo este montón de piedras. Voy a tener que quitarlas. - dijo, sacando su Martillo y rompiendo las rocas de un martillazo.

En efecto, había una entrada en ese mismo lugar. Allí entraron a la sección del calabozo del Bosque Laberinto. El interior del calabozo era algo decrépito, lleno de telarañas y raíces que tapaban el acceso a varias puertas. Por si eso no diera una apariencia tenebrosa, las paredes estaban teñidas de un verde muy apagado. Sin embargo, en ese momento solo se apreciaban las luces de las antorchas y de la entrada superior, dando un toque más tenebroso al ambiente. Y además, los enemigos presentes eran ratas y Gibdos, momias vivientes.

- Será mejor que terminemos esto rapidito´porque me da miedo la oscuridad. - dijo Josex.

- Pues eso sí que lo haremos, ya que esta mazmorra tiene 3 plantas. Pero son muy grandes. - dijo Alme tras escanear el lugar.

- Hey, ¿qué es eso? ¡¡Aaaahhh!! - gritó Aura desde la lejanía.

La médium, que se había separado del grupo por algo que le llamó la atención, corrió al ver a un ya mencionado Gibdo. Brett se deshizo de él con un corte de su Espada Sagrada. Comenzando a avanzar, también se toparon con Stalfos, esqueletos vivientes con espadas. Como todos entraron por la sección oeste de la mazmorra, avanzaron hacia la sala de la derecha, llegando a una pequeña recámara cuadrada con cuatro pedestales en cada esquina. Los que traían candiles o algo parecido encendieron dichos pedestales, iluminando la sala y revelando la presencia de Keeses. Como el pasillo era algo largo, tuvieron que correr. Ese fue un error, ya que, cuando pasaban corriendo, una parte del piso se rompió, llevándose a Rodriguez y a Xavi en el proceso.

- ¡Oh no! ¡Hemos perdido a Xavi y a Rodriguez! ¡¿Qué vamos a hacer?! - preguntó Helio, alarmado.

- Descuida. Estarán bien. Seguro que nos los topamos más adelante. - dijo Brett para calmarlo.

Así, los que seguían juntos continuaron su camino. Mientras tanto, en la planta de abajo, Xavi abre sus ojos poco a poco. Está confundido.

- Ay, mi cabeza. - exclama, adolorido. - ¿Dónde... dónde estoy?

La iluminación de esa sala era excelente, a comparación de las salas vistas antes. Mientras se preguntaba dónde estaba, el héroe antiguo notó a Rodriguez, inconsciente, a un lado suyo, así que lo zarandeó para despertarlo.

- Auch, mis rodillas... - gimió el de túnica amarillas, quejándose. - Oye... ¿Dónde estamos?

En eso apareció de la nada un enorme espectro con apariencia aterradora. Era un esqueleto enorme, con vestimentas rotas, brazos y piernas flacos y largos que acababan en unas larguísimas manos y pies que venían con afiladas uñas. Además de contar con una sonrisa llena de dientes afilados y ojos negros con pupilas de las que caían lágrimas de un color verde.

- ... Pues creo que caímos directo en la sala del jefe. - contestó Xavi.

El fantasma, de nombre "Cry Stalfos", comenzó la pelea lanzando un gran rugido y lanzándose hacia Rodriguez con la intención de atraparlo con su mandíbula. Este dio un salto hacia un lado y sacó su sable para atacarle la próxima vez que atacara. El Stalfos, a continuación, se levantó e hizo aparecer de la nada un par de espadas filosísimas envueltas en llamas verdosas.

- Guau... - susurró Rodriguez, sorprendido.

El Cry Stalfos clavó sus espadas en el suelo, creando dos ondas expansivas de fuego que ambos espadachines esquivaron saltando. Aprovechando, Xavi corrió hacia el gran esqueleto, desenvainó su Espada Maestra y atacó al punto débil que tenía en su pecho. El Cry Stalfos agarró a Xavi y lo lanzó contra el muro, provocándole heridas considerables, pero con un gran dolor en la espalda. Rodriguez corrió a socorrerlo.

- ¡Xavi! ¿Estás bien?

- No tanto. Siento como si mi espalda estuviera rota.

El Stalfos espeluznante soltó otro rugido y se lanzó nuevamente contra ellos. Viendo que habían llegado a su fin, Rodriguez y Xavi se dieron un último apretón de manos. Pero en el último momento, algo detuvo al jefe en su ataque. Fue un proyectil cargado de hielo. Ambos voltearon sus miradas hacia la repisa de la sala, localizando al resto de sus compañeros, con Javier al frente, siendo el responsable del disparo.

- Me deben una. - dijo Javier.

El espectro se liberó de su prisión de hielo, pero antes de que hiciese nada, Aura empleó su hechizo de Hielo para congelarlo otra vez; además, aprovechó para curar a Xavi con un hechizo de Curación, envolviéndolo en un aura rosada. Mientras tanto, Helio aprovechó para lanzarle algunas flechas al Cry Stalfos. Sin embargo, el monstruo le lanzó una de sus espadas. El protagonista se convirtió en pintura y evitó el ataque, que regresó mágicamente a su portador, que escupió fuego desde su boca, obligando a todos a saltar para esquivarlo. A continuación, Brett corrió rápidamente hacia él y volvió a atacar su punto débil. Aún con su rapidez, el antihéroe fue agarrado desprevenido por la mano esquelética del Cry Stalfos, que lo arrojó contra el muro de la misma manera que hizo con Xavi. Esto desencadenó una reacción en cadena dentro de Aura, que se envolvió en una especie de llamas como pasaba antes con Helio, y voló directo hacia el monstruo, acabando rápidamente con él aplicando un potente hechizo de Fuego justo en su mismo punto débil. El Cry Stalfos fue desintegrado y convertido en cenizas al instante. Como pasase con el protagonista, todos estaban entre asombrados y asustados.

- Vaya, Aura... No pensé que te fueras a poner como yo... - exclamó Helio.

- Cualquiera que toque a Brettcy no tiene derecho a vivir. ¡¿Quedó claro?!

- Sí, Aura, nos quedó bastante claro... - dijo el erizo, dando un par de pasos hacia atrás.

Una pared de la sala se abrió, acompañada de unas plataformas flotantes que llevaban a una estancia con el retrato del siguiente, o mejor dicho, de la siguiente Sabia: Zeres. Antes de que los demás se acercaran, Helio se les adelantó apresuradamente, en un estilo de competencia, y tocó primero el retraro, siendo teletransportado a la misma cámara. Esta vez, la que apareció sobre una de las baldosas, siendo en este caso azul celeste, fue Zeres.

- Muchas gracias por rescatarme, Helio. - dijo Zeres, agradecida.

- No hay de qué. - respondió Helio, dándole un saludo.

- Vaya, creo que mi padre estará muy preocupado por mí.

- Y eso mismo está pasando con mis padres en este momento, aunque creo que Helio se los explicó todo, ¿verdad, Helio? - dijo Guri, metiéndose en la charla.

- ¿Qué? Ah, sí... Sí les dije... - dijo el protagonista, disimulando.

- Se nota que eres un descarado, Helio. - rió Rosso, también entrando en la conversación.

- Bueno, creo que mejor me voy.

- Helio, espera.

- ¿Ahora qué, Zeres?

- Solo quería decirte que le digas a mi padre que estoy bien, ¿quieres?

- Claro. Puedes confiar en mí.

- Gracias. Y por si quieres saber, el Capitán de la Guardia también está bien. Si lo ves, dile que estoy a salvo.

- Claro que lo haré. No te preocupes.

- Y por último, solo quería decirte que... Espero que termines con esto de una vez. Ahora sí, puedes irte. Adiós, Helio.

Dicha estas últimas palabras, el portador de la Espada Maestra apareció justo a las afueras del Bosque Laberinto. Poco después, sus compañeros también se teletransportaron.

- En serio creo que deberíamos agarrar los retratos... - comentó Josex, mirando a los otros.

- ¿Y bien? ¿A dónde vamos ahora? - dijo Helio, haciendo un par de estiraciones.

- Veamos... 1, ya; 2, ya; 3, ya; ahora vamos a ir a... ¡Ajá! A Villa Bella. ¿Villa Bella? - dijo Alme.

- Tenemos suerte de que tengamos que caminar tan solo 100 metros, ¿no creen? - dice Javier.

- Checa otra vez. - dijo Xavi.

- A ver... ¡¿2 kilómetros?! - rectificó el de la armadura morada.

- Vamos a tener que pasar por un barranco y atravesar una pequeña pradera. Vamos. - terminó la cazadora.

Cruzando dichos lugares, llegaron a Villa Bella, que, contaba con tantos habitantes como para ser una villa, pues ahí vivían los habitantes de Kakariko y los ladrones del Pueblo de los Bandidos pero, sorprendentemene, ya habían superado sus diferencias y convivían tranquilamente. Allí, se encontraron con alguien que no veían desde hace tiempo, Sahasrahla, dentro de una de las primeras casas conforme se entra a la villa.

- Oh, qué bueno que los veo. Me alegro de ver que todos están bien. - inició Sahasrahla.

- Mira, Sahasrahla, ahora mismo tenemos algo de prisa. Solo dinos algo que sea importante. - dijo Helio, con ganas de irse.

- Solo les diré que las cosas no han sido tan estrepitosas como esperaba. Los habitantes de ambos pueblos hemos aprendido a convivir pacíficamente. Pero lo más importante es que hay una mazmorra aquí mismo, en esta villa. Van a necesitar algo muy poderoso para entrar en ella, ya que las piedras que bloquean la entrada son bastante duras.

- Vale. Rocas duras. Lo tomaremos en cuenta. - dijo Alme.

- Oye, Helio, ¿qué ha pasado con esa chica de cabello morado? - preguntó Sahasrahla.

- Prefiero no recordarlo... - respondió Helio, apenado, mientras volteaba a otro lado.

- En fin, que ya no los entretengo. Sigan adelante. - terminó el anciano.

La entrada a la mazmorra se ubicaba en el sótano de una casa vacía. Allí, el grupo contempló lo que había dicho Sahasrahla: una entrada parecida a la de una mina, misma que estaba cubierta por escombros.

- Bueno, amiguitos... El escáner indica algo: voy a usar una Bomba de Energía, así que será mejor que salgan de aquí. - indicó Javier, analizando la roca.

Los demás salieron del lugar. Poco después se observó cómo era reducida a escombros, producto del estallido. La entrada ahora estaba abierta.

- Y listo. Despejado. - volvió a decir Javi, orgulloso.

El Subterráneo de Villa Bella, el nombre del complejo bajo tierra actual, tenía una apariencia... "preciosa". Esto es debido a las paredes pintadas de varios colores, los que se contemplaban debido a la excelente iluminación proporcionada por las antorchas.

- Veamos... 4 plantas. Pues no creo que vaya a haber mucho problema... - dijo Alme, despreocupada, mientras escaneaba el lugar.

- Mientras más rápido nos movamos, mejor. - dijo Rodriguez.

Al dar el primer paso, el piso se llenó de picos.

- ¡AHH! - gritó Rodriguez, apartando el pie de inmediato.

- No se preocupen. Podemos usar esos candelabros para balancearnos y pasar columpiándonos. - sugirió Alme.

- Perfecto. - dijo Aura.

Los que poseían las herramientas necesarias para tal cosa las utilizaron, mientras que otros, como Aura, Xavi o Josex, usaban el hechizo de Vuelo de la médium. Al final encontraron unas escaleras, llegando a la planta 2. De hecho, la planta 1 solo contaba con dicho pasillo, que era bastante largo.

- ¿Qué hacemos ahora? - preguntó Josex, ya en la planta 2.

- Vayamos... Por aquí. - señaló Javi a la puerta derecha.

La sala de la derecha tenía pilares. Helio usó el Bumerán para coger una llave que se encontraba sobre uno de los mismos para abir la puerta continua. Allí, en la sala de al lado, el suelo estaba cubierto por agua. También había algunas ratas.

- ¡¡AHH!! ¡¡RATAS!! ¡¡ME DAN MIEDO Y ASCO LAS RATAS!! - gritó Aura, escondiéndose detrás de Brett.

- Si las ignoramos, no pasará nada. - le respondió Brett, tratando de calmarla.

Las ratas estaban en unas pequeñas secciones de suelo seco sobre el agua, por lo que evitarlas no sería ningún problema. Otras cuatro salas eran idénticas, y al final de todas ellas, en la cuarta, había una escalera que llevaba a la planta 3. Nada más bajar las escaleras, las puertas se cerraron. Para la desgracia de Aura, el minijefe era una Reina Rata. Para describirla, simplemte se puede decir que es una rata gigante.

- ¡¡¡AAAHHH!!! ¡¡UNA MÁS GRANDE!! - volvió a gritar Aura, desmayándose en el acto.

- Oh, vaya... Yo creía que lo de su miedo era una broma... - comentó Rodriguez, volteando a verla.

- Muchachos, yo me encargaré de Aura. Brett, ayúdame. Que el resto se encargue de la reina. - ordenó Xavi.

El héroe antiguo y el antihéroe empezaron a tratar de despertar a la médium, mientras que los demás entraban en batalla. La Reina Rata empezó la pelea lanzándose justo sobre Josex, que se hizo bolita y rodó lejos. A continuación, lanzó un escupitajo contra Helio, que se cubrió con su Escudo Hyliano.

- ¡Guácala! ¡Qué asco! - exclamó Helio, asqueado.

Mientras tanto, Javier preparaba su Rayo de Plasma. Cuando trató de fijar blanco en la reina, ésta echó a correr. El cazarrecompensas le apuntó con su cañón y le propinó un disparo cargado, pero la reina pudo soportarlo, no sin antes soltar un chillido muy agudo. Alme también se unió a él, ofreciendo a la rata gigante el doble de daño. Como último recurso, la Reina Rata lanzó otro chillio, convocando a miles (sin exagerar) de ratas que llenaban la habitación y entraban desde el techo. Xavi y Brett cargaron a Aura en sus brazos y se pusieron en un rincón. Mientras, los otros llegaban a la misma sección y se cubrían con sus escudos, llegando a creer que había llegado su fin. Sin embargo, los portadores de armaduras se dieron una mirada, se transformaron ambos en Morfosfera y detonaron cada uno una Bomba de Energía. La reina y todos sus sirvientes fueron reducidos a cenizas, mientras que sus amigos se cubrieron con un escudo mágico implementado por Xavi para cubrirse de la explosión. En medio de la sala, ya despejada, apareció un cofre que contenía la llave del jefe: la Llave Roedor, una llave de apariencia robusta, de color gris y con unos pequeños rasgos que la hacen parecer una rata, como una cola.

- Muchachos, tenemos la llave. - dijo Alme, sacando la llave de su cofre.

Xavi desimplementó el escudo, permitiendo que todos salieran de él. Mientras, Brett se quedó con Aura, que comenzaba a abrir los ojos. Todos se acercaron a ver.

- Br... Br... ¿Brett? - exclamó Aura.

- Sí, soy yo. - respondió Brett.

- Bueno, ya se despertó. Sigamos. - dijo Javi, intentando que todos lo sigan.

Tras que la médium se levantara, el grupo siguió su camino, encontrándose solamente con ratas pequeñas. Al final de la planta 4, al llegar a una puerta con la imagen de un cráneo de roedor grabada en ella, Helio insertó la Llave Roedor. En la sala de adentro no había nada. Era una sala cuadrada con repisas en cada pared. Pero lo peor estaba por venir. La enorme puerta se cerró y, por medio de una sección de una de las paredes, salió otra rata, más grande que la reina. Esta vez Aura fue auxiliada por sus amigos para que no se desmayara.

- Veamos... "Rata Emperatriz". Este calabozo es un nido de ratas... - comentó Alme, escaneando a la "Rata Emperatriz".

- Descuida, Auri. Te protegeremos. - dijo Brett, desenvainando su Espada Sagrada y posicionándose enfrente de Aura.

Aura observó detenidamente la espada de Brett. En eso, flashbacks iban y venían a su cabeza. Imágenes asociadas a recuerdos de su oscuro pasado. Debido a esto, comenzó a desarrollar un tic en su ojo, hecho que los otros notaron. Repentinamente, arrebató la Espada Sagrada de las manos de Brett y se lanzó velozmente contra la Rata Emperatriz. Usó su hechizo de Velocidad y empezó a cortar a la rata en pedazos con la espada para, después, prenderles fuego. Como se esperaba, los demás se mostraban con miedo. Cuando los pedazos de lo que era la Rata Emperatriz se convirtieron en polvo, la médium volvió a su estado calmado.

- Y pensaba que yo era el único bipolar... - dijo Helio, mirando a sus compañeros.

- Ten, Brettcy. - dijo Aura, dándole su espada a Brett.

- Gra-gracias. - respondió Brett.

La sección de la pared por donde entró la Rata Emperatriz se abrió, revelando en su interior la pintura de Osfala. Como de costumbre, Helio se adelantó y fue teletransportado a la misma ubicación de siempre. Osfala se posicionaba sobre una plataforma color melón.

- Helio... Me has salvado... - dijo Osfala, agradecido.

- No hay de qué. - respondió Helio.

- Me gustaría saber si tú tienes mi Cetro de las Arenas.

- A ver... Déjame ver... Sí, aquí lo tengo. Toma.

- No. No lo necesito. Pero tú, el héroe de Hyrule, sí. Úsalo bien.

- Hola, Helio. - saludó Guri a lo lejos.

- Oye, pequeñín, ¿cómo te va? - saludó Rosso.

- Vamos, muchachos, no lo molesten. - dijo Zeres.

- Bueno, ya me voy. ¡Nos vemos! - se despidió el protagonista.

Esta vez, Helio fue teletransportado de vuelta a Villa Bella junto a todos sus amigos.

- ¡Qué bien! ¡Al fin no tuvimos que regresar por todo el camino! - exclamó Josex, contento.

- Oigan, ya está anocheciendo. Creo que deberíamos ir con Sahasrahla. - sugirió Xavi.

Mientras iban, Helio observó al Sacerdote de Hyrule sentado en una banca de la plaza central.

- Sacerdote, ¿qué hace? - preguntó Helio.

- Oh, Helio, no esperaba verte por aquí. Todavía no sé nada de mi pobre hija Zeres... - dijo el Sacerdote, viendo el atardecer.

- Oh, cierto. Con respecto a eso... Me encontré a Zeres. Me dijo que le dijera que se encuentra bien.

- ¿En serio? ¡Oh, qué aliviado me siento! Mi pequeña está bien...

- Vale... Tengo que irme. Nos vemos luego.

Helio regresó con sus compañeros para ir a casa de Sahasrahla, que se ofreció gustosamente a dejarlos dormir, cada uno en una cama individual. Más tarde, en medio de la profunda oscuridad de la noche, Helio volvió a tener una pesadilla, algo que no repetía tanto como antes. El fondo era totalmente negro. No había nada, solo el "piso". Helio era el único presente. De la nada, enfrente de él, aparece la princesa Hilda, que se estaba cubriendo la cara con sus manos.

- ¿Hilda? ¿Qué te pasa? - preguntó Helio.

Ella, por su parte, apartó sus manos de su rostro, dejando ver las lágrimas que corrían por el mismo.

- ¿Por qué lloras?

- ¿Por qué... Por qué me hiciste eso? - respondió ella, entre lágrimas.

Entonces, súbitamente, YuGanon aparece detrás de ella, no sin antes crecer hasta tener un tamaño descomunal, y lo agarró con su mano izquierda.

- ¡¡Suéltala!! - le ordenó el héroe, en vano.

- Je je... Veo que has llegado a mi reino. No puedo esperar a que llegue el momento en que nos volvamos a ver las caras. Je je... ¡Te estaré esperando! ¡Ah, y un pequeño recuerdito de mi parte! - dijo YuGanon.

En ese momento, empezó a estrujar la mano en la que sostenía a la princesa, haciendo que empezara a gritar cada vez más alto. El portador de la Espada Maestra (que no la tenía por ser un sueño) llevó sus manos a los oídos para no escuchar los gritos de dolor de la princesa Loruleana combinados con la risa de su enemigo. Esto llegó a un punto tal que el joven héroe despertó de su pesadilla, viéndose sudando, con la respiración acelerada y caído de su cama. Acercándose a las velas que estaban encendidas, observó que nadie notó lo que le pasó.

- Uff... Creo que necesito tomar algo de aire.

Salió de la casa y sentó en el pastizal. Pasó un rato observando el cielo estrellado, pensando en todo lo que había vivido hasta el momento, hasta que le dio sueño nuevamente y volvió a dormirse. Como siempre, no sabía que pasaría al día siguiente...

CONTINUARÁ...

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Destiny of Two Worlds/Capítulo 22: Aún Más Cosas Bizarras

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