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The Legend of Sergio 2: Capítulo 29

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TLoS2 Cap.29.png

Sergio, Nelly Y Rubí iban a adentrarse en la cueva, pero les rodearon cuatro Neosombras."

Rubí: Vamos a por ellas, Sergio.

Sergio: Vale.

Una de las Neosombras intentó arañar a Sergio, pero éste se protegió y la derrotó. Otra de ellas se ocultó en un charco oscuro y salió a la superficie provocando una onda de choque, pero la esquivó saltando y la derrotó de seis espadazos. Entretanto,Rubí había vencido a las dos que la habían atacado.

Rubí: ¿Qué eran esas cosas? No las había visto nunca.

Sergio: Eran Neosombras. Las combatí hace seis meses.

Rubí: Seis meses... ¿Tú no serás por casualidad el héroe de Términa del que tanto hablan las leyendas?

Sergio: Sí, soy yo. ¿Cómo lo has sabido?

Rubí: Hombre, no es usual ver a un niño de... ¿Cuántos años tienes?

Sergio: Diez.

Rubí: Normalmente a un niño de 10 años no se le ocurre venir aquí, y muchos menos enfrentarse con las criaturas que hay aquí.

Sergio, Nelly y Rubí se adentraron en la cueva. Sergio sacó su arco, disparó una flecha contra un ojo interruptor que había arriba y se abrió una puerta. Se dirigieron a ella y accedieron a la siguiente sala, en la que había un Bandido Lunar.

Sergio: ¿Qué es eso?

Nelly: Es un Bandido Lunar. Se mueve muy rápido, por lo que es bastante difícil de derrotar. Procura bloquear sus ataques y atácale.

Rubí: Dejadme este a mí.

Rubí se acercó al Bandido Lunar y le atacó, pero éste la esquivó. Acto seguido el Bandido Lunar la atacó, pero ésta se protegió con sus sables.

Sergio: Madre mía si se mueve rápido.

Nelly: Sí. La razón de que Rubí no pueda con él es que ambos son igual de hábiles.

Un rato después...

Rubí atacó al Bandido Lunar, pero éste contraatacó y la derribó.

Sergio: ¡No!

El Bandido Lunar iba a atacar a Rubí, pero Sergio se interpuso y le bloqueó con el escudo. Acto seguido le dio nueve espadazos y le derrotó. Acto seguido se abrió la puerta que había delante de ellos.

Rubí: Gracias Sergio.

Sergio: No hay de qué. Venga, sigamos.

Rubí se levantó y ella, Sergio y Nelly accedieron a la siguiente sala, en la que había plataformas con antorchas que subían y bajaban, además de algunos Keese de Fuego.

Rubí: ¿Cómo vamos a encender esas antorchas si no hay fuego?

Sergio: No te preocupes, déjamelo a mí.

Nelly: ¡Cuidado, ahí vienen los Keese de Fuego!

Sergio y Rubí sacaron sus espadas y derrotaron a los Keese de Fuego.

Sergio: Ya está, ahora a encender las antorchas.

Sergio sacó su arco, disparó la Flecha de Fuego contra las antorchas y la puerta que había al otro lado se abrió.

Rubí: Vaya, de modo que posees las Flechas Mágicas... En fin, sigamos adelante.

Sergio, Rubí y Nelly llegaron al otro lado y accedieron a la siguiente sala, en la que había dos Bandidos Lunares.

Rubí: ¿Estás listo, chico?

Sergio: Claro que sí.

Uno de los Bandidos Lunares se acercó a Sergio y le atacó, pero éste se protegió, le derribó y le dio tres espadazos. Entonces el Bandido Lunar se levantó y Sergio le atacó, pero logró esquivar sus ataques. Entonces hizo un ataque aéreo a Sergio, pero éste lo esquivó y le dio tres espadazos. Entonces el Bandido Lunar lanzó una de sus espadas a Sergio, pero éste se protegió, se acercó a él, le dio tres espadazos y le derrotó. Mientras, Rubí consiguió derrotar al otro Bandido Lunar y la puerta que había delante se abrió. Los tres accedieron a la siguiente sala, donde había una palanca.

Nelly: ¿Esa palanca es para abrir la puerta del desierto?

Rubí: Sí.

Rubí movió la palanca y la puerta que conducía al Desierto Gerudo se abrió.

Rubí: Listo, ya se puede ir al desierto.

Sergio, Nelly y Rubí salieron de la cueva y se dirigieron al desierto.

Mientras tanto, en la entrada del templo...

Lexaeus: Se acercan esos dos. A ver si consiguen llegar.

Lexaeus extendió su mano derecha y salió arena de ella hacia el desierto.

Volviendo con Sergio, Nelly y Rubí...

Rubí: ¡Viene la arena, tapaos los ojos!

Los tres se taparon los ojos con los brazos.

Sergio: ¿Adónde tenemos que ir?

Rubí: Tenemos que ir a una casita. Allí hay alguien que nos ayudará a llegar al templo.

Nelly: ¿Y de quién se trata?

Rubí: No lo sé, es la primera vez que cruzo este desierto.

Sergio: ¿Y cómo avanzamos con esta tormenta de arena?

Rubí: ¿Veis esas banderas?

Nelly: Sí.

Rubí: Nosotros las hicimos para poder avanzar por el desierto. Si las seguimos no nos perderemos.

Sergio, Nelly y Rubí avanzaron siguiendo las banderas y llegaron a la casita.

Sergio: ¿Esta es la casita que mencionabas?

Rubí: Sí.

Sergio, Nelly y Rubí entraron a la casita y los recibió un Gerudo con el pelo de color rojo.

Gerudo: Vaya, hola Rubí. ¿Y vosotros sois...?

Sergio: Yo soy Sergio, y ella es mi hada Nelly.

Gerudo: Encantado de conoceros. ¿Qué habéis venido a hacer aquí?

Sergio: Estamos aquí para acceder al templo y derrotar al tipo de negro que se apoderó de él.

Gerudo: ¿Tú? ¿En serio?

Rubí: Sí, es más fuerte de lo que aparenta. Es el que salvó Términa hace seis meses.

Gerudo: Así que eres ese chico del que tanto hablan las leyendas... En ese caso la cosa cambia.

Nelly: ¿Y tú qué haces en este sitio?

Gerudo: Un día fui en dirección al Templo Gerudo, pero se levantó una tormenta de arena como la de hoy y no pude avanzar. Sin embargo vi esta casa de lejos, me acerqué y al ver que estaba desocupada pues me quedé aquí dentro.

Rubí: ¿Y para qué querías ir al templo?

Gerudo: Para explorarlo. Tenía curiosidad por saber qué se escondía allí dentro.

Nelly: ¿Tenías?

Gerudo: Bueno, aún la tengo. Pero el problema ya no es sólo las tormentas de arena, sino también unas cosas blancas muy raras.

Sergio: Sí, ya las hemos visto en la fortaleza.

Gerudo: Entonces ya sabrás lo fuertes que son. Vamos, que si ya de por sí es difícil avanzar, imagínate con esas cosas blancas.

Nelly: Pues hasta ahora no hemos visto ninguna.

Gerudo: Claro, porque aparecen cuando ya has pasado esta casa. A propósito, ¿vosotros sabéis por qué siempre que alguien entra al desierto se produce una tormenta de arena?

Rubí: Ni idea, pero precisamente por eso quiero ir al templo, para averiguar lo que está pasando. Sin embargo, sospecho que estas tormentas de arena son provocadas por alguien.

Sergio: No sé quién puede ser y qué fuerza tiene, pero estoy convencido de que podremos con él.

Rubí: Muy bien Sergio, así se habla.

Gerudo: ¿Os vais ya?

Rubí: Sí.

Gerudo: Recordad lo que os he dicho: Mucho cuidado con las cosas blancas que os aparecerán más adelante y también con las arenas movedizas.

Sergio: Está bien, hasta la próxima.

Sergio, Nelly y Rubí salieron de la casa y avanzaron por el desierto, en el cual seguía la tormenta de arena. Entonces aparecieron dos Umbríos delante de ellos.

Rubí: Yo me encargo de uno de ellos. Tú derrota al otro.

Sergio: Está bien.

Rubí sacó sus espadas y derrotó a uno de los Umbríos fácilmente. Mientras tanto el otro intentó lanzar a Sergio por los aires, pero éste se protegió y le dio tres espadazos. Acto seguido el Umbrío se elevó y atacó a Sergio con sus brazos, pero éste se protegió, le dio tres espadazos más y le derrotó.

Rubí: Bien, sigamos.

Sergio y Rubí siguieron avanzando. Derrotaron a los enemigos que aparecieron y finalmente salieron de la zona de la tormenta de arena.

Nelly: Menos mal, por fin hemos salido de ahí.

Rubí: Mira, ese es el templo.

Sergio: Pues vamos para allá.

Sergio, Nelly y Rubí llegaron a la entrada templo, pero allí apareció Lexaeus.

Continuará...

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