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Vendetta/Capítulo 02: Viva la Maravilla

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Vendetta/Capítulo 02: Viva la MaravillaEditar

Vendetta - 02.png

¡Bienvenido a un nuevo mundo!Editar

Las molestias en el colegio continúan. Los niños siguen con sus estúpidas risas. Las niñas siguen cacareando. Los profesores en su mundo. Los inspectores “callampas”. El director quiere dinero. Los padres sonríen nerviosos. Eileen me extraña. Yo la extraño. Mis primos ríen y se divierten. Ellos juegan con amigos. Yo juego con el suelo. Eileen juega con el suelo. ¿Por qué no envían a mi querida prima al mismo colegio? Quiero estar con ella. La necesito. Me dan ganas de jugar con ella. Conversar de la vida; de las personas que nos rodean. Del mundo.

Esto ya parece una tortura. Ya es mayo y no he visto a Eileen desde mi cumpleaños. Para muchos no ha pasado tanto tiempo. Para mí pareciera que hubiera pasado más de diez años. El tiempo corre lento. Muy lento. Deseo que ella esté aquí, a mi lado, compartiendo risas, gustos, sensaciones y conversaciones de un tema en específico. Temas que yo comparto muy bien con ella. Temas que los otros primos no entenderían. Que les aburriría. No les valdría en absoluto y seguirían riendo y jugando como si la vida fuera todo hermoso.

Mi mundo lo comparto con Eileen. Un mundo oscuro, casi sin luz. En ese lugar lo pasamos muy bien. Es donde más reímos y conversamos. Recuerdo que en julio de ese mismo año, pocos días antes de las vacaciones de invierno, “El Polo” volvió a hacer de las suyas conmigo. Me estaba molestando en el baño con lo típico de “tartamudo”. Recuerdo que tenía el pantalón en la parte trasera algo café debido a que me sentaba en el suelo.

- Mi-mírenme. M-me cagué e-en los pa-pantalones.

Todos echaban a reír. Yo me enojé, fui donde él y le di un empujón. Él quitó bruscamente su sonrisa para arrugarse y también me empujó. Todos los demás decían: “Pelea, pelea, pelea” repetidas veces. Yo intenté darle un golpe con un puño, pero no fui certero y este me ganó contraatacando. Caí y fui ahí donde me empezó a dar patadas. Escuchaba risas, gritos y sentía el dolor de las patadas y algunos puñetazos. Finalmente:

- No te metai conmigo, tartamudo de mierda. Pa’ la otra sí que la vai a ver fea. – me dijo Marcelo enfadado.

Después de eso, este me escupió y se fue “coronado” con los demás. Yo solo quedé ahí. Tendido en el suelo y llorando, como siempre. Sí; el lenguaje utilizado por ese niñato sí que era feo. Tenía once años y hablaba así. Para mí era una vergüenza para la sociedad. Regresé a la sala de clases y todos me miraban. Para remate, un tipo que no me acuerdo de su nombre, me hizo un hincapié y caí. Todos rieron. Luego me senté y no me di cuenta que la silla estaba con la pata mala. Así que rato después de que me senté, caí. Nuevamente todos rieron. La rabia y furia que tenía por dentro quería descargarla, pero no sabía como hacerlo. Tendría que dar una paliza a alguien y ya.

Finalmente salimos de clases, sin antes con una broma pesada una vez más. Mientras estábamos saliendo, Francisco, mi rival, me lanzó huevos a la cabeza. Dentro de poco, “El Polo” camina tranquilamente hacia mí y me lanza harina. Todos me ven. Compañeros del colegio, alumnos, apoderados. Todos. Y para remate, todos ríen. Hasta que pude ver a mi madre, quien no vio tal broma. Al verme fue la única que no rió. Solo tenía su típica cara de preocupación y ya. Yo le dije que me hicieron una broma pesada, pero ella no dijo ninguna palabra en todo el camino para llegar a casa. Ese día y unos pocos más fueron extraños. Casi nadie hablaba en la casa. No había mucha actividad. Todos se miraban preocupados por hacer algo que no quieren o les da miedo.

Pasaron los días desde que salí de clases. Un día de las vacaciones, mientras yo jugaba con un dinosaurio de juguete que me regaló el padre de Bastián en el día de mi cumpleaños, mi madre me saca bruscamente de la habitación y me lleva hasta el jardín de la casa. “Espérame” me dijo. Entró a la casa. Pasaron unos minutos y ella volvió a salir con mi padre. Los dos me tironeaban corriendo y me llevaban al Parque Cuarto Centenario. No entendía nada de qué estaba pasando. Finalmente, los tres llegamos hasta el destino buscado por mis padres. Mi padre veía cada dos minutos su reloj. Yo preguntaba: “¿Qué está pasando?”; ellos no daban respuesta alguna. Solo esperaban inquietos hasta que sea una hora exacta. ¿Para qué? ¿Por qué? Ni idea. De pronto:

- ¡Ya! ¡Son las 06:00 pm exacto! Ha llegado la hora… - dijo mi padre.
- ¿Hora de qué? – pregunté entusiasta.
- Hora de que te vayai de aquí por un tiempo – respondió mi madre.
- ¿¡Qué!?
- Sí, hijo. Teníamos en secreto esto, pero tení que entrar a un portal que solo tú podí ver. – agregó mi madre seria.

Yo intentaba ver algo, pero no pasaba nada. Sin embargo, cuando ya empezaba a creer que mis padres estaban bromeando, comenzó a abrirse algo azulado y, raramente, con forma de puerta.

- ¿Qué diablos es e-eso? – pregunté con algo de miedo.
- ¿Lo podí ver? – dijo mi madre – Ese es el portal del que te hablamos. Tení que pasar por ahí…
- ¿Por qué?
- Porque sí – agregó mi padre.

Quedé en silencio creyendo que era una broma. Me reía por dentro, pero por fuera me mostraba serio. Decidí entrar. Me acercaba de a poco al “portal”. Cuando estaba lo suficientemente cerca, me volteé para ver a mis padres. Mi padre estaba serio y algo preocupado; mientras que mi madre estaba sonriente pero se veía más preocupada que mi padre. Yo sonreí, volví a ver el portal y me lancé a este…

Miles y miles de luces y colores estaban alrededor mío. Me estaba sintiendo mareado. Sentía como si me estuvieran arrastrando fuertemente al fondo del portal. Mientras me sentía arrastrado, seguía viendo infinitos colores. Todo esto ocurrió al cabo de unos dos segundos y cuando pasaron esos dos segundos… Sentía que estaba parado en tierra firme, pero terminé vomitando por el fuerte mareo. Cuando acabé de vomitar y pude sentirme bien, levanté la cabeza para mirar al frente y no me podía creer lo que estaba viendo. Era un lugar totalmente desconocido. Nunca antes había estado en un lugar como ese. Ni siquiera se ha mostrado en televisión un paisaje tan hermoso como el que estaba presenciando. En donde estaba, había un cartel con unos jeroglíficos extraños. Decía algo, pero como no entendía no sabía lo que decía. Volví a mirar tal paisaje, con grandes colinas, mucho césped, hermosos árboles y bien cuidados, muchas flores, entre otras muchas cosas más.

Cuando desperté de mi inmovilización al ver el paisaje de ese lugar extraño, comencé a caminar. Recorrí parte de la pradera. Era una pradera realmente enorme y verde. Mientras caminaba, pude ver una estructura a lo lejos. Tenía la forma típica de un castillo, así que supuse que era un castillo. Bien, al ver tal castillo, me dije que no estaba en el planeta Tierra, estaba en otro mundo. Estaba en un “Mundo Maravilloso”. Como me sentía solo, sin nadie y con un paisaje que cualquiera podría desear, comencé a correr libremente y feliz. Ahora sí que deseaba estar con Eileen. Estar con ella en un lugar como este… increíble.

Toda mi felicidad se adormeció cuando pude ver un carruaje “pobre” que andaba por allí. Estaba siendo llevada por dos caballos. Pude darme cuenta de que el carruaje se acercaba a mí, así que decidí correr solo por el miedo. Sin embargo, me cansé al instante. No podía correr bien. Algo extraño sucedía. Pareciera que el aire de ese lugar también era diferente. Finalmente, el carruaje llegó hasta mí. Un hombre del carruaje se bajó y me miraba con una sonrisa. Su vestimenta no era muy formal, que digamos. Se parecía a las típicas personas que trabajan en granjas. Este hombre tenía rasgos humanos, pero habían ciertos detalles que me parecieron extraño… su nariz era algo más puntiaguda de lo normal; sus orejas eran largas y puntiagudas, como las de un duende y le costaba hablar conmigo, como un inglés intentando hablar castellano.

- ¡Hola, muchacho! Al fin te encontré. – me dijo.
- Eeh… ¿nos conocemos? – le contesté.
- Jaja, qué divertido eres. Soy Talon, del Rancho Lon Lon.

Vale. Un nombre como ese no se utilizaba en todo el mundo. Además, ¿rancho Lon Lon? Nunca oí un rancho con ese nombre en la Tierra. Lo más curioso es que, al parecer, me conocía. Creo que me buscaba desde un principio. Me di cuenta que yo estaba algo lejos del portal, quizás por eso tardó en encontrarme.

- ¿No vas a decirme nada?
- ¡Oh! Lo siento… e-es que… ¿Dónde estoy? – le dije a Talon.
- Al parecer no sabes nada. Jajaja. ¡Estás en Hyrule, jovencito!
- ¿Jairul?

Este hombre nunca antes visto me dijo el nombre de un lugar jamás antes oído en mi vida. Con el nombre de ese lugar quedé al 100% de que no estaba en la Tierra. Entonces… ¿dónde diablos estaba? Yo le pregunté en donde estaba, y él riendo me volvió a contestar que estaba en Hyrule. Pensé que estaba de broma. Talon me llevó al Rancho Lon Lon, lugar que estaba al frente del castillo. Allí conocí a su hija, Malon. Fue muy amable conmigo y se lo agradezco. Era una chica de unos doce años de edad. Su pelo era rojo. Llevaba un traje largo blanco que tapaba todo su cuerpo, con un broche del famoso enemigo de Mario Bros: Bowser. Llevaba unas botas de color café y, al igual que su padre, tenía orejas y nariz puntiagudas. Malon y Talon me ayudaron bastante en mi llegada y me hablaron sobre el castillo, el cual se llamaba “Castillo de Hyrule”. Dijeron que allí vivía la princesa Zelda, princesa de Hyrule.

El rancho me pareció agradable. También vivía otro hombre con los mismos rasgos faciales extraños que tenían Talon y Malon. Este se llamaba Ingo, quien era el encargado de cuidar a los animales, limpiar, ordeñar, entre otras cosas. Sin embargo, Talon era el encargado del rancho, pero era algo flojo e Ingo tenía que hacer todo. Dos días después, Malon me llevó a conocer más la pradera de Hyrule. Me dijo que Hyrule se dividía en regiones: Latoan, Farone, Eldin, Lanayru, Gerudo y Pico Nevado. Cuando llegué, yo estaba en la región de Farone, pero el rancho estaba en Eldin y el castillo en Lanayru. A pesar de esto, el rancho pareciera estar cerca del castillo. Desde el rancho se ve una magnífica vista al castillo. Malon decidió llevarme a conocer mejor la región de Farone. Así conocí el Bosque de Farone. Era magnífico. Ella decidió llevarme más al fondo del bosque, para así llegar a la región de Latoan, donde se encuentra un pequeño pueblo: Ordon. Malon me dijo que antaño vivió un hombre extremadamente fuerte que provenía desde ese bosque. Malon me dijo que no recordaba el nombre de tal persona, pero era reconocido en otros mundos, según ella.

Desde ahí quedé con la duda… ¿otros mundos? ¿Acaso Malon conocía el mundo en que yo vivía? ¿O acaso no solo existe Hyrule como un mundo maravilloso? Quedé con esas preguntas sin soltarlas. Anocheció y dormí en el rancho. Estaba feliz de vivir en un mundo como este. No son discriminantes. No me molestan. Todo es perfecto. Pero… ¿qué hay de Eileen? ¿Mis padres? Los extraño… Aunque mis padres no eran muy buenos conmigo, igual los extraño. Obviamente, a quien más extraño es a mi querida prima. Tenía diez años y caminé todo ese día, así que solo pensé un rato en Eileen, mis padres y me dormí inmediatamente.

Cuando pasaron varios días, Talon me dijo que debo volver al lugar de donde vine. Al parecer, Talon, Malon e Ingo no saben nada del mundo en que yo vivo. Solo sabían de mí, pero no de los demás. Me pareció extraño. Talon me dejó en el lugar exacto en donde nos conocimos. Él regresó con su carruaje y yo comencé a buscar el portal. Tardé horas en encontrarlo y lo crucé. Nuevamente me mareé, pero no vomité. Estaba en el Parque Cuarto Centenario. En el mismo lugar donde estaba con mis padres. No sabía qué hora era. No sabía qué día era. No se el estado en que están las personas aquí. Solo veo parejas dándose besos apasionadamente en este parque. Decidí irme inmediatamente. Regresé a casa solo. Tenía diez años. Ahí estaban mis padres. No parecían siquiera felices por mi regreso, pero sí dejaron la preocupación que tenían. Eran las 05:20 pm y era 29 de julio. En dos días después, regresaba a clases. Regresé a casa un día sábado.

Después de todo, cuando fui a clases el día lunes 31 de julio, comencé a sacar mis conclusiones sobre Hyrule. Me pareció un mundo increíblemente interesante, entretenido, divertido, curioso y maravilloso. Lo mejor y más maravilloso de todo es que no hay discriminación. Creía que Hyrule era el mundo que deseé. Una maravilla que siempre soñé. Un mundo de sueño hecho en realidad. Sí, repito las mismas palabras. Es que las palabras ideales para mí en describir ese mundo son “Maravilloso” y “Sueño”. Este mundo, en el que crecí es muy feo en comparación con el otro mundo. Deseaba estar de regreso, así que después de clases, después de una nueva pequeña humillación de Francisco, regresé al parque por cuenta propia. Encontré el portal. Entré en ella y lo primero que pude ver, era el hermoso día que se presenciaba. Respiré profundamente el aire de Hyrule. Caminé un poco. Volví a ver todos los alrededores, al igual como lo hice al llegar por primera vez. “Este mundo es una maravilla”; repetía eso todo el rato. Pasé todo el día en Hyrule hasta el atardecer, donde regresé al portal y volví a la Tierra. Con una sonrisa de oreja a oreja dije: “Viva la maravilla”.

En serio... Hyrule era uno de los muy pocos nombres que me resonaban en mi mente todos los días. El otro era Eileen. Pasó el tiempo y ya era agosto. Aún no había visto a mi querida prima. Sabía que la iba a ver porque el 18 de septiembre. Las fiestas patrias, se acercaban. Esas mini vacaciones me alivian. Son un pequeño respiro y alejamiento absoluto de la gente que detesto. Aunque me encierran más con gente que amo y odio. Septiembre… un mes intranquilo. Se venían muchas compras, revoltijos y gente por acá y por allá. Además, en esa época del año, los alumnos comienzan a alterarse un poco más. Estaba en “Quinto Básico”. Desde ahora se comienza a molestar de “te gusta tal persona”. También de “eres homosexual”. Los chicos comienzan a ver a las chicas ya no tanto para quererlas solo como amigas. Comienzan a ver los traseros de las chicas, comparando los tamaños. Algunos hacen esto cuando son más chicos, pero generalmente ocurre a esta edad.

Como estoy en “Quinto Básico”, ya no habrá solo un profesor que nos enseñe múltiples cosas. En la mayoría de los casos se cambian de profesor para su respectivo ramo: lenguaje, matemáticas, inglés, historia, etcétera. Mi peor ramo era las matemáticas. Aún lo sigue siendo. ¡Cómo las detesto! Era muy bueno en lenguaje y comunicación. Bueno, aún lo sigo siendo. Inglés aprendía de vez en cuando. Historia me daba sueño. Naturaleza era interesante, pero no me llamaba mucho la atención. Artes Visuales… no me iba muy bien. No soy bueno en dibujar. Artes Musicales me divertía. Educación Física… me dolían los golpes de mis compañeros al correr o hacer ejercicio. Habían unos cuantos ramos más pero me da pereza decirlas todas. Estas eran las más comunes.

Antes de los acontecimientos de septiembre, decidí entrar a Hyrule una vez más. Tenía ganas de visitar las bellas tierras. Primero me había despedido de la familia diciéndoles que iba a estar algunos días ausentes. Ellos solo respondieron con un simple “adiós”. Vaya, cuanto me quieren… Seguí mi rumbo y llegué al portal. Accedí a ella y entré a Hyrule. Quedé un rato parado y quise ver la belleza del paisaje de aquel mundo. Después de esto me dirigí tranquilamente al Rancho Lon Lon.

Al llegar estaban los mismos de siempre: Talon, Malon e Ingo. Talon flojeando; Malon ordeñando; Ingo limpiando; yo mirando. Nuestras rutinas diarias en el rancho me estaban pareciendo aburridas. Además, Ingo y Talon hablaban cada vez menos. Malon me sacaba a pasear de vez en cuando, contándome aún más cosas acerca de Hyrule. En algún instante, yo le quise hablar sobre el mundo en el que crecí, pero me arrepentí. Quizás no sepa nada del mundo en el que “provengo”. Quizás creerá que estoy loco. Mejor no diré alguna palabra para conversar de ese mundo. ¡Estoy en Hyrule! Debo olvidar todos esos malos momentos, a excepción de los bellos que paso con Eileen. Mi prima… la extrañaba. Aquella noche del día de paseo, salí del cuarto y fui al centro del rancho. Ahí comencé a pensar y acordarme de Eileen. Miraba el cielo con numerosas estrellas. Estaba loco. Estaba tan loco que creía ver a mi prima preferida en una constelación. Me detuve. Me dio frío y me devolví al cuarto. Esta vez no fue para pensar en Eileen, fue para dormir y descansar.

Al siguiente día, muy temprano por la mañana, Talon había preparado las cosas para trasladarlas a la Ciudadela de Hyrule. ¿Ciudadela? ¿Acaso hay una ciudadela en Hyrule? ¿En qué lugar? Talon solo me respondió que a los pies del Castillo de Hyrule. Le dije al dueño del rancho que si me daba permiso para ir con él. Así puedo conocer más gente y lugares de Hyrule. Sería fantástico. Podría ver más gente de Hyrule y el castillo muy de cerca. Tal vez, solo tal vez, conocería a la persona que podría hacerme olvidar de Eileen. Solo tal vez… es una probabilidad difícil, claro. Finalmente, Talon aceptó con una sonrisa. ¡Conoceré más Hyrule! ¡Conoceré el centro de todo: la ciudadela! Estaba feliz.

A esa hora de las siete de la mañana, Talon ya estaba listo para parte junto a su carruaje conmigo. Antes de partir me dio las siguientes instrucciones:

  • No interactuar con alguna persona de la ciudadela. No quiero verte conversando con desconocidos.
  • Entregaré yo mismo el encargo al castillo. Tú te quedarás esperándome en la ciudadela. ¡No quiero que te vayas lejos! O me enojaré.
  • Mientras me estés esperando, respeta la primera regla que te propuse y no hagas nada que llame la atención.
  • Y por nada, pero por nada, ni lo más brillante y hermoso que podrías llegar a ver, ¡NO TOQUES NADA!

Las instrucciones de Talon las escuché atentamente, esperando respetarlas. Malon se quedó como la dueña temporal del rancho, mientras que Ingo seguía con sus labores. No crean que hicieron algo raro entre ellos dos. No sean pervertidos, por favor. Sería demasiado tonto pensar en esas cosas, más cuando se trata de que Malon sea tan solo una niña. Volviendo a lo anterior, Talon y yo ya estábamos en la pradera. La verdosa pradera. Pasábamos por caminos que yo no había visto en mi llegada o en mis paseos con Malon. Estábamos aún en Eldin, dirigiéndonos a Lanayru. El castillo se veía magnífico. Se veía mejor en las puestas de sol. Sin darme cuenta, habíamos llegado a la región de Farone. Talon dice que nos dirigimos a esta región para tomar un atajo. Me di cuenta que tenía razón. Muy pronto ya estábamos en los jardines. Talon y yo nos bajamos del carruaje y avanzamos a pie.

No tardamos nada en llegar. De un momento a otro estábamos en el rancho y minutos después en la ciudadela. ¿Acaso los caballos estaban corriendo? No lo creo. No me tambaleaba tanto dentro del carruaje. En fin. La ciudadela era realmente grande. Me di cuenta que entré desde el área en que se venden cosas: habían varios Hylians vendiendo sus productos. Estaba un Goron, una raza que me estuvo Talon al preguntar quien era tal vendedor, junto a su hijo vendiendo aguas termales. En esta área había un pasaje que conducía a la Tasca de Telma, según Talon. Había otro pasaje a la derecha que conducía directamente a la entrada de la ciudadela; según Talon, entramos desde la parte trasera. También había otro pasaje que conducía a hogares y demás. Y por último, si uno caminaba recto desde el lugar que entré, se llegaba a la plaza. Podía ver gente caminando por todos lados. Hylians gritando como locos, sin entender una palabra de lo que decían. Una gran casa en el pasaje de la derecha, parecía un castillo. De ese “castillo” salía una linda muchacha con vestido largo y amarillo pálido. No la pude ver bien. Estaba lejos de ella y caminó hacia la entrada de la ciudadela. No podía seguirla, acompañaba a Talon. Además, no tenía permitido alejarme del granjero ni tampoco interactuar con otras personas.

Talon me preguntó: ¿qué te parece la gran Ciudadela de Hyrule? Yo le contesté que era muy poblado, pero con una hermosa pileta y un gran castillo acompañándolo. Talon sonrió. Yo estaba satisfecho con estar aquí. Me sentía libre, aunque tenga que estar con Talon todo el tiempo. Comparando este lugar con la ciudad donde crecí, este último era muchísimo más grande, pero no me sentía libre aquí; en cambio, en la ciudadela me sentía lo contrario. Me daban ganas de traer mis cosas y vivir aquí. Sé que la familia se enojaría y se despedirían a golpes conmigo, pero me sentiría aún más libre y feliz. No me alejaría de Eileen, la traería de alguna forma; intentando se logrará. Ya estaba en la plaza junto a Talon. Éste me dirigió al camino frente de las grandes puertas del castillo. Estaban siendo custodiadas por guardias. Estos vestían ropas de caballería de la Edad Media o algo parecido.

- Es hora de que me esperes – me dijo Talon -. No tardaré y recuerda: no hables, no toques nada ni te alejes de aquí. Si alguna persona se acerca a ti, tú solo haz alguna seña de que no entiendes lo que dice. ¿Entendido?

Afirmé con la cabeza. Talon iba con los bidones de leche dirigiéndose al castillo. Los guardias le dejaron entrar y mi compañero adulto desapareció cuando las gigantescas puertas fueron cerradas. Me di media vuelta y ahí quedé. Miraba a la gente que caminaba por todos lados. Todas, pero TODAS las personas me quedaban mirando con extrañeza. Solo me miraban, pero no se acercaban, por suerte. Si se acercara uno me pondría nervioso. Pensé en acercarme a la pileta y jugar con ella, pero no quería desobedecer las órdenes de Talon. Mucho menos llamar aún más la atención de la gente. Yo estaba en un lugar en que si Talon sale del castillo, me podría ver fácilmente. Si iba a la pileta, este no me encontraría de inmediato, ya que la gente me ocultaría. Comencé a mover la cabeza hacia todos lados para ver que había. A la izquierda se encontraba la entrada de la ciudadela, lugar que no conocía; a la derecha estaba el lugar de donde vine. Un poco más a la derecha y algo detrás de mí estaba el pasaje que conducía a los hogares y una salida a la región de Lanayru. Podía ver que tal salida estaba siendo custodiada por guardias. Finalmente, atrás de mí estaba el castillo.

Pasaron los minutos y comencé a aburrirme. Me puse a pensar en Eileen, a quien no la había visto de hace tiempo. Comencé en recordar los acontecimientos de mi cumpleaños y de ese año nuevo. Año nuevo en que me divertí como ningún otro año nuevo. Mientras estaba pensando en ella, un Hylian se acercó a mí. Me di cuenta que me preguntó algo, pero no entendí en absoluto. Así que le hice la seña de que no entendí.

- Entiendo… No hablas Hylian.

Eso fue lo que me dijo después… yo quedé sin palabras en la boca. ¿Cómo pudo hablar en el idioma que entiendo? ¿Acaso los Hylians son bilingües? Me hice el tonto y nuevamente le hice la seña de que no entendía. Éste me quedó mirando con un rostro de no creer en mis interacciones. Finalmente, decidió irse sin dejar de quitarme la vista por un rato. Yo lo había quedado mirando nervioso, con la espalda algo sudada. Cuando se fue di un suspiro de alivio. Cerré los ojos para aliviarme aún más. Extrañamente, mientras tenía los ojos cerrados, sentía una voz femenina que me susurró diciendo “Eileen”. Era una voz que nunca antes había escuchado. Abrí los ojos y comencé a ver por todos lados. Sin embargo, solo escuchaba los ruidos que producían la gente de la ciudadela. Me calmé y volví a estar en silencio.

Al cabo de unos cinco minutos, la voz volvió a escucharse. Nuevamente como un susurro, pero con más fuerza. Volví a ver por todos lados, esta vez no tan agitado. Nadie estaba cerca de mí. ¿De dónde viene tal voz? Mientras miraba mí alrededor, la voz volvió a escucharse. Me daba cuenta que la voz provenía de un lugar cercano al castillo. Así que miré la gran estructura y la voz volvió a escucharse diciendo: “Extrañas a Eileen, ¿no?”. Ahora me asusté. Sentía que un espíritu sicópata me seguía. Al mirar con cuidado, me di cuenta que en el lado izquierda del castillo se encontraba otra estructura más. Era una especie de torre. Al mirar esta estructura, la voz volvió a escucharse aún susurrando en mi oído diciendo: “Ven… ven y encontrarás a Eileen”. No hice caso, pero la voz volvió a escucharse.

“¡NO!”; eso me decía yo mismo. “¡No es verdad!”. ¿Cómo podré encontrar a mi prima en un lugar como este? Es imposible. La voz volvía a escucharse una y otra vez. Cerré los ojos y me tapaba los oídos. No había caso. Era una voz suave y convencedora. De pronto, la voz dejó de escucharse. Abrí mis ojos. Quité las manos lentamente de mis orejas. Podía ver a la gente caminando aún. Miré a la derecha: nada; miré a la izquierda… no lo podía creer: Eileen estaba ahí. Ella estaba mirándome, sonriente, con las mismas ropas que usó el año nuevo. Yo quedé boquiabierto. ¿Era imaginación? ¿Era ella realmente? Estas preguntas no surgieron en mi mente cuando la vi. Quedé en blanco. Ella me hizo una seña, se dio media vuelta y caminó por un muy estrecho pasaje que no había visto anteriormente. Caí bajo y la seguí caminando. Estaba en blanco. Ni recordé las reglas de Talon. Era tal las ganas de querer verla y hablarle que caí fácilmente en la tentación. Entré al pasaje estrecho. Era un pasaje que estaba realmente vacío y algo sucio. Eileen me estaba esperando. Ella continuó llevándome a otro sitio. Yo solo la seguía con la mente en blanco y… no recuerdo más.

Lo último que recuerdo es que estaba sonriente, con una sonrisa de oreja a oreja, delante de las grandes puertas de la torre gigante que había visto en la ciudadela. Era una torre que tenía unos pilares parecidos al del Castillo de Hyrule, solo que estos eran de un color café oscuro. Las puertas eran grandes y había una vidriera más arriba de la puerta. También había unos triángulos justo arriba de la puerta. No sabía en donde estaba. Intenté abrir las puertas, pero Eileen hizo una nueva aparición justo en el lado derecho de este lugar. Esta vez no quedé con la mente en blanco, solo corrí tras ella. Cuando estaba a centímetros de Eileen, ella comenzaba a correr escapando. Corría junto a ella por el lado izquierdo de la gran estructura desconocida. En algún momento ella se detuvo. Seguí corriendo tras ella, pero no pude tocarla… una “capa” protectora apareció de la nada, cubriéndola. Esta capa era contraatacaba. Como yo corría y la toqué con fuerza, salí disparado. A pesar de la brutalidad del choque no me dolió para nada, ni siquiera la caída. Me levanté lentamente, como si estuviera herido. Levanté la mirada y Eileen ya no estaba. Tampoco la capa protectora que me empujó fuertemente. Entonces, ya levantado, miré por los alrededores para encontrar. Estaba asustado, sin saber qué sucedió.

Cuando me estaba dando cuenta de que Eileen fue solo una imaginación de mí mente, decidí volver; sin embargo, cuando estaba por volver, una luz altamente fuerte que provenía de mis espaldas. Me di media vuelta, para mirar el lugar donde estaba Eileen. La luz era tan fuerte que no podía ver muy bien. Intentaba ver, pero me era imposible. Esperé. Esperé… y esperé. La luz se iba calmando de a poco. Rato más tarde, ya podía ver bien el objeto que emitía la poderosa luz: era una especie de joya dorada que nunca antes había visto. Era de color como oro puro. Me sentía atraído a este raro objeto o símbolo. Decidí acercarme lentamente y tocarlo, desobedeciendo la orden de Talon. Estaba nervioso. No sabía si era mi imaginación de nuevo o no. Me acercaba y me acercaba, al punto en que estaba a la misma distancia de la capa protectora que protegía a Eileen. Cuando me di cuenta que no sucedió nada, me confié más. Aún seguía algo nervioso y todavía me sentía lo suficientemente atraído como para darme cuenta de que desobedezco una orden de Talon o que este no me vería al salir del castillo. Enderecé mi brazo para tocar tal cosa desconocida. Me acercaba lentamente con el brazo enderezado al objeto. Mientras mi mano estaba más cerca, podía sentir una poderosa energía que comenzaba a recorrer por todo mi cuerpo. Estaba llegando. Estaba por tocar ese objeto desconocido. La energía era muy poderosa, pero no me dañaba en absoluto. Cuando mi dedo índice estaba rozando el objeto, miles y miles de imágenes de recuerdos se me cruzaron por mi mente: cuando me golpeaban, me gritaban, insultaban, peleando con compañeros, humillaciones; recuerdos con mis primos, familia, más violencia, momentos de felicidad con Eileen, más violencia, recuerdo que ni yo recordaba por ser tan pequeño; momentos en que conocí Hyrule, momentos felices, Malon, Talon, Ingo, rancho, ciudadela, Castillo de Hyrule, y muchos otros recuerdos…

Cuando acabaron los recuerdos, la voz que me susurraba aparecía una vez más. No recuerdo bien lo que decía, pero era algo así: “Cuídanos… Protégenos… Por favor…”; después de esto, pude sentir que toqué el objeto y más imágenes aparecieron, pero no eran recuerdos… según lo que puedo recordar de esas imágenes eran algo así: en una imagen aparecía un joven de ropas verdes volando con un gran pájaro en las nubes; en otra aparecía un niño con un gorro que tenía “vida”; en otra aparecían cuatro niños con la misma estatura y armas, pero las ropas eran de diferentes colores; en otra aparecía un joven de ropas verdes luchando con un horrible y gigante monstruo; en otra aparecía un hombre con, al parecer, poderes de brujo; en otra aparecía una isla nunca antes vista; en otra aparecía dos mundos paralelos y unas ancianas en escoba volando; en otra aparecía una muchacha elegante junto a un joven con ropas verdes; en otra aparecía un niño luchando con una máscara; en otra imagen aparecían dos mundos: uno oscuro y otro parecido al que estaba yo; en otra aparecía un ojo gigante con brazos luchando con cuatro niños de ropas iguales pero con colores diferentes; en otra imagen aparecían unos piratas dentro de un gran mar; en otra aparecía un niño de ropas verdes junto a un hombre en un barco; en otra aparecía un niño de ropas verdes en un tren; en otra aparecía un Goron (creo) y otros cinco más que no sabía quienes eran; y por último, la última imagen que recuerdo es la de un hombre rubio que vestía ropas verdes, una joven que parecía princesa y un hombre de apariencia siniestra. Recuerdo que al final escuché unas risas tenebrosas de un hombre, como si estuviera burlándose. Finalmente, salí volando una vez más. Esta vez la caída sí me dolió. Caí con los ojos cerrados.

Desperté. Estaba en el mismo lugar. No sabía qué hora era, pero sabía que era algo tarde porque el sol se había movido bastante desde el momento en que toqué tal objeto. Este objeto ya no estaba al despertar. Es más, el lugar se veía sucio y con plantas muertas; antes de tocar el objeto, el lugar parecía un pequeño paraíso. Me limpié y salí caminando tranquilamente del lugar. No sabía el porqué, pero sentía mi cuerpo algo más pesado a lo habitual. Caminé a la ciudadela y veía a los vendedores guardando sus cosas para marcharse. El castillo se veía normal. No sabía si Talon me había dejado o no. Así que decidí salir de la ciudadela. Lo más raro es que la gente ya no me veía. Como dije antes, todas las personas me quedaban mirando al esperar a Talon. Ahora ya no. Pareciera que me consideran uno de ellos. Salí de la ciudadela por el jardín, esperando irme rápido. Sin embargo, el carruaje ya no estaba.

Continuará

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