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Vendetta/Capítulo 04: ¿Quién soy?

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Vendetta/Capítulo 04: ¿Quién soy?Editar

Vendetta - 04.png

Algo no anda bien…Editar

Desperté en el hospital de Osorno. El lado derecho de mi rostro me dolía. No sabía en qué día estaba ni qué hora, pero estaba de día. Al lado izquierdo de mi camilla del hospital se encontraba otro paciente. Éste se encontraba con huesos rotos. Al lado derecho de mi camilla se encontraba una chica. A ésta le iban a dar el alta ese mismo día, según ella. Se llamaba Constanza. Tenía quince años de edad. Era tres años mayor. Era rubia y delgada. Era alta, para su edad. Me llevé bien con ella. Hablé pocas horas con Constanza porque sus padres la fueron a buscar a esas horas de las 15:00 hrs. Más tarde Xavi fue a visitarme. Sin embargo, no era una visita, sino que fue a buscarme. ¡Estaba de alta!

- No te preocupes, Brett – me dijo Xavi cuando me estaba levantando -. Solo fueron golpes y hoy es domingo.

¿Domingo? Habían pasado dos días… ¿tanto tiempo? Recuerdo que Carlos solo me golpeó. Entonces, ¿por qué diablos dormí tanto? Pensé que era sábado, pero nunca domingo. Xavi me llevó a mi casa. Como siempre, mis padres no mostraron preocupación alguna con mi salud. En el camino, le pregunté a Xavi el porqué dormí tanto. Según el doctor que me atendió fue porque ese día en que Carlos me golpeó, recibí el daño que había sufrido a golpes toda mi vida. Es decir, todos los golpes que he recibido se juntaron en uno solo y me habría afectado a mi rendimiento físico y mental. Por eso habré caído debilitado e inconsciente. Me dieron una semana completa de licencia, por lo que no iría a clases toda la semana. Xavi se encargó voluntariamente de llevar la licencia a la profesora el lunes.

Está bien. Tengo licencia para descansar. Sin embargo, yo no tenía ganas de estar con la “familia”, tenía ganas de ir a Hyrule. Cuando Carlos me golpeó, yo iba dirigiéndome al portal de ese hermoso mundo. Así que el lunes me desperté y levanté decidido para ir al parque, ir al portal y entrar a Hyrule. Eran las 08:40 hrs. del día. Me vestí con ropa común y corriente y fui al parque. Estaba vacío y hacía algo de frío. Normal; estábamos llegando a junio, o sea, invierno. En Chile el invierno llega en junio. Todas las hojas de los árboles del parque ya no estaban en sus respectivas ramas. Los cuidadores del parque estaban vigilando. Los limpiadores municipales se encargaban de barrer las hojas que estaban en el suelo. Yo solo me dirigía a tal portal. El portal estaba en un lugar que no es fácil acceder. Había que pasar por un pequeño camino que a simple vista se veía lleno de plantas de frambuesas. Para entendernos mejor, si una persona pasa por ahí termina con múltiples pinchazos de espinas pequeñas, aunque algunos no son tan pequeñas. Sin embargo, mis padres me enseñaron un camino secreto que no está invadido por espinas. Desde ese entonces paso por ese camino y llego a la entrada del portal.

Volvamos al tema que nos desviamos. Pasé por ese camino que les dije y llegué al portal. Como siempre, una “puerta azul mágica” aparece en un arco plateado. Decidido entré a éste. Colores y colores. Llegué a Hyrule. Querida pradera verdosa. Ahora que me doy cuenta, lo mejor es vivir en este mundo y no en el otro. Lo malo es que ya no vería a mi nuevo amigo Xavi. ¿Qué pasaría si desaparezco por mucho tiempo? Tal vez se cambie de casa y no sabré en donde vive. Y si lo llego a encontrar quizás no me recuerde. Es muy arriesgado. No quería perder a mi único amigo. Hasta ese momento lo consideraba un amigo. Pero… con todo lo sucedido, más parece un protector. Me ha estado protegiendo desde el día en que nos conocimos. Por extraña razón, cuando llegó al colegio no me hicieron bullying durante un mes completo, casi dos meses, hasta que los “simpáticos” del grupo de Francisco comenzaron a joderme de nuevo a fines de mayo. Por lo que me doy cuenta, más parece el “Grupo de Carlos”. Desde que llegó él, Francisco ya ni parece el líder.

Bueno… estaba en Hyrule. ¡Hora de olvidar todos esos recuerdos y momentos malos de mierda! Era la hora de disfrutar y pasarlo bien. Me dirigí al famoso Rancho Lon Lon. Ahí estaban los mismos de siempre: Talon, Malon e Ingo. Me saludaron amablemente y yo hice lo mismo. A veces me sentía en casa al estar con ellos. Incluso con una familia. A veces sentía que quería más a ellos que a la propia familia que me crió. Me decía el porqué no me crié con esta gente en vez de los que están en ese otro mundo cruel. Claro, el otro es como un “mundo realista”. Es el mundo que está todo en contra mío. El mundo en donde todo lo que yo no deseo sucede. En cambio, aquí en Hyrule me divierto y lo paso genial. Aquí está la verdadera familia. No hay bullying. No hay malestar. Es todo perfecto. ¿Oscuridad? ¿Qué es eso en Hyrule? Si les preguntara a la gente de Hyrule o me expliquen qué es “oscuridad”, ellos quedarían con cara de: “¿Qué demonios me está preguntando este chico?”. No sé, eso es lo que pienso. Eso es lo que creo que me dirían. Desconocen totalmente lo “oscuro”. Ni siquiera conocerían la palabra “bullying”.

Había sol. Era un sol fuerte que alumbraba toda la pradera y el rancho. Ese día decidí no pasear junto a Malon. Ésta vez preferí pasear yo solo. Ya era hora de conocer Hyrule por mi propia cuenta sin una guía. No quise ir a la región de Latoan, preferí conocer más a fondo Eldin. Vi de lejos un pueblo que estaba debajo de una gran montaña. La entrada tenía las típicas letras Hylian, así que no entendía en lo absoluto. Sin embargo, al ver el cartel, sucedió algo que no me había pasado jamás en mi trayectoria por Hyrule: las letras Hylian se movieron de forma en convertirse en letras que se utilizan en el mundo donde me crié. ¿Qué diablos? ¿Cómo sucedió eso? Fue raro, pero gracias a eso entendí lo que decía: Villa Kakariko. Al leer, mi refregué los ojos para creer que no estaba loco. Al ver nuevamente el cartel, las letras estaban en Hylian de nuevo. Me tomé por loco. Pero… al quedar mirando por un rato el cartel, las letras se movieron una vez más escribiendo otra vez “Villa Kakariko”. ¿Es una broma o qué? ¿Qué le pasaba a mi sentido de la vista? ¿O acaso tengo un sexto sentido? Jaja. Mejor dejo las drogas, literalmente. Bueno, la cosa es esa, que puedo leer frases en Hylian por ese extraño suceso. Me dirigí al rancho para hacer la prueba con las letras que aparecen en el arco de la entrada del rancho… sucedió lo mismo. Leí claramente: “Rancho Lon Lon”. Está bien, al principio fue gracioso y divertido traducir cosas sin usar parte de algún “poder especial”. Pero luego me dirigí a la ciudadela de probar este nuevo “poder” y al usarlo tantas veces, comencé a sentirme mareado.

Al estar en la ciudadela y sentirme mareado, dejé de traducir “a lo loco”. Valió la pena, sí. Me di cuenta que tal hogar de la niña bonita de hace tres años se llama “Castillo de Maripola”, había una tienda lujosa llamada “, un bazar, una tienda de pociones, una caseta de minijuegos, entre otras cosas. El Castillo de Hyrule… así se llamaba tal castillo hermoso. Aunque eso ya lo sabía, pero lo pude ver en las hermosas letras que estaban a las afueras de éste. Recordé el lugar en donde toqué tal objeto extraño. Aquel objeto que emitía una fuerte luz dorada. Fui a ese mismo lugar y en las afueras de la estructura, se encontraba un cartel. Comencé a leer el cartel, pero mis intentos fueron en vano. ¿Por qué se traducen todas las letras Hylian y éstas no? Extraño… quería saber al menos como se llamaba tal cosa que estaba al frente de mí.

Comenzó a anochecer y volví al rancho. Malon estaba con mucha energía aquella noche. Ingo fue a dormir temprano porque estaba cansado. Talon igual estaba algo cansado porque se había dedicado a trabajar. Malon me dijo que su padre se dedica más a trabajar en el rancho esos últimos días. Me pareció cómico. Yo casi nunca veía a Talon trabajar en el rancho. Cómico y raro. Le dije todo a Malon. Le dije lo sucedido hoy sobre ese nuevo “don” que obtuve. A ella le pareció extraño, igual que a mí. No es normal que yo pueda leer de la noche a la mañana las letras Hylian. O en otras palabras, que mi propio sentido de la vista traduzca aquellas letras. La chica del rancho recordó la historia que le conté hace dos años. Aquella historia donde toqué ese raro objeto. Ella me decía que tal vez podría ser esa la razón. Me dijo que desde ese día mi apariencia cambió drásticamente. ¿Cambió? ¿Es en serio? Como no había espejo alguno en el rancho y tampoco en la ciudadela no me podía ver yo mismo. Ella me dijo que en la Villa Kakariko se encontraban unos cuantos espejos.

Tras conocer esa información, decidí salir del rancho por la mañana siguiente. Era temprano, como las 09:00 hrs. y ya estaba en la Villa Kakariko. Aquella villa consistía en tierra roja. Había un taller de un tal “Don Mechas”. Unas cuantas casas. Un pequeño templo en donde se encontraba un sacerdote, a quien le hablé por un rato. También había un pequeño bazar, aunque sus productos eran mucho más baratos de aquel bazar de la ciudadela. Vendían pociones rojas, escudos de madera, poción verde, nueces deku, flechas y un objeto único que, según la dueña del negocio, era un escudo imposible de encontrar en otro lugar: el Escudo Hylian. Era un escudo con un diseño bastante llamativo. La dueña me dejó tomar el escudo con libertad; pesaba… a diferencia del escudo de madera, éste pesaba bastante. Sin embargo, yo podía tener el escudo con una sola mano por bastante tiempo. Este es un punto que me extrañaba, también. En el otro mundo, mi fuerza es realmente hipócrita. Hasta se podría decir que casi ni fuerza tengo allí. Pero en Hyrule tenía fuerza, suficiente como para cargar tal escudo pesado que apenas la dueña del bazar podía levantarla.

Desde aquel entonces me sentí extraño… sentía que no era yo el que portaba tal escudo y que traducía perfectamente las palabras Hylian. Mucho más diferente al niño de diez años que entró por primera vez a Hyrule. Y aún más diferente a aquel muchacho con una vida de mierda llena de bullying, golpes, escuchando gritos escandalosos, groserías en la mesa para almorzar, etcétera… Sentía que el famoso niño indefenso estaba desapareciendo en Hyrule. Tal niño libre se sentía presionado con las tierras de Hyrule. Aquellas tierras que llaman al joven con sufrimiento para que se libere de todo, descargue parte de ira olvidando y conociendo cosas nuevas. Hyrule… que bellas tierras. Antes deseaba venir a vivir con Eileen. Al tener ese escudo en mi mano izquierda, quería traer a Eileen y a Xavi. ¡Genial! Sería un sueño hecho en realidad. Sería el más feliz de todos. No puedo decir “del mundo”, porque estaría hablando de uno solo.

Dejé el Escudo Hylian en su lugar. Me despedí amablemente con la dueña del bazar y salí con una sonrisa en busca del espejo. Un espejo era lo que buscaba, ¿no? Comencé a recorrer toda la villa. No faltaba la gente que me quedaba mirando y me tomaban por loco. ¡No me importaba! Me sentía libre. Me sentía feliz. Me sentía como en el primer día que pisé Hyrule. Sentía que mi querida prima, Eileen, y mi amigo protector, Xavi, estarían esperando mi regreso en el Rancho Lon Lon. ¿O por qué no? Esperaban mi llegada al verme en un espejo en Kakariko. Saludé cordialmente a un ama de casa. Le pregunté si me podía prestar un espejo para verme. Ella respondió con un “sí” muy suave y me llevó al lugar del espejo. ¡Genial! Otra Hylian que entendía la lengua de mi mundo… extraño. En fin, el “hogar” del espejo era en la bodega. El subterráneo. Con confianza, ella me dejó a solas. Comencé a ver los alrededores hasta dar con el espejo. Me acerqué a él con una sonrisa. Una sonrisa de oreja a oreja. Pero esta sonrisa desapareció al verme en el espejo…

“Mi aspecto… no es el mismo al que tenía al llegar por primera vez a Hyrule. No es el mismo al que tengo en la vida cruel. No es el mismo al que tengo de nacimiento… ¡NO! ¡No es el mismo, joder! ¿¡Qué mierda…!? … Está… pasando conmigo…”; eso me dije yo al verme al espejo. Terminé esa frase suspirando y agachando la cabeza. No entendía… me miré de nuevo al espejo. Y no. Ese era mi aspecto que tenía… mis ojos crecieron un poco y del color verde pasaron a ser rojos; mi cabello había crecido y el castaño oscuro pasó a ser rojo, un rojo fuerte, al igual que el de los ojos; la nariz puntiaguda quedó como las clásicas narices puntiagudas Hylianos; mis orejas también crecieron, quedando como las de un Hylian; mi color de piel era un color entre azul y morado bien gastado… lo más curioso es que la herida que me dejó Carlos aún la tenía. Aún estaba esa tremenda cicatriz. ¿Qué pasó con mi cuerpo? ¿¡Qué pasó con mi rostro!? Quité mi ropa rápidamente para ver si tenía algún otro cambio físico. No los tenía, pero sentía el cuerpo más fuerte y duro que en el mundo cruel. Ahora podía tocarme las orejas largas, la herida y todo. Ahora sí que me sentí como un completo desconocido…

Apurado comencé a vestirme y salí de la casa agradeciendo a la mujer que me ayudó en esa pequeña misión. Me fui pensando en qué ocurrió con mi cuerpo. ¿Qué diablos me hizo cambiar mi aspecto físico? Varias preguntas se resolvieron, pero aún quedaba una pregunta… ¿por qué puedo traducir palabras con letras Hylian? Eso no tenía explicación alguna. Era un misterio. Recordé lo que me dijo Malon acerca de ese objeto extraño que toqué a los diez años. Podría ser verdad. Podría ser que tal objeto me dio “poderes” extras. Pero ahí vendría otra pregunta y no solo por tal objeto, sino por los cambios en general: ¿por qué sufro estos cambios solo en Hyrule y no en el mundo cruel? Esa pregunta sí que no tenía respuesta en concreto y con argumentos que apoyen realmente. Así que esa misma pregunta le hice a Malon aquella noche. Ella no se sorprendió al contarle mis cambios. Ella las podía ver, claro. Pero lo que le sorprendió fue que le conté aquel “otro mundo”. El mundo cruel… ella no tenía ni la menor idea de que yo provenía de otro mundo. No creyó que estaba loco. Sospechaba algo cuando me vio por primera vez con Talon. Su padre nunca le contó. También le sorprendió al contarle el porqué sufría estos cambios en Hyrule y no en aquel otro mundo desconocido por ella. No se encontraba la respuesta. No había respuesta en absoluto a tal pregunta. Al menos lo de las letras Hylian sería que el objeto raro me dio tales “poderes”, pero… ¿por qué no las puedo utilizar en el mundo cruel? Respuesta no encontrada.

Llegó el día siguiente. Ya era miércoles y se cumplía el tercer día de licencia. Decidí viajar por la región de Lanayru aquel día. La pradera seguía siendo hermosa, como siempre. La luz del sol no dejaba de alumbrar. Caminé por toda la pradera norte de Hyrule hasta llegar nuevamente a la ciudadela. Esta vez logré entrar por la entrada y no por el jardín trasero accedido desde Farone. Decidí caminar a la plaza y tomar un descanso en la pileta. Recordé el primer día en que vine a éste lugar. Aquel día en donde toqué cierto objeto misterioso. Ahora que recuerdo, al tocar tal objeto, después sentí mi cuerpo más pesado… ¡Ajá! Ese objeto me dio los “poderes”. Ese objeto que emitía luz dorada fue lo que incrementó mi capacidad física. Pero… ¿la traducción Hylian a castellano? Bueno… lo más lógico es que ese “poder” venía junto al objeto misterioso, ¿no? Así que llegué a esa conclusión.

¡Maravilloso! Decidí volver a ese lugar donde estaba la torre. Al llegar me dirigí al lugar en donde toqué el objeto misterioso. Sin embargo, la fuerte luz dorada apareció desde las ventanas de la torre. ¿¡Qué!? ¿Acaso el objeto estaba dentro de la torre? Me dirigí rápidamente hacia la entrada. Entré a la torre y… ¿qué lugar es esto? No parece una torre… parece más… más… no sabría describirlo en una sola palabra. La arquitectura era realmente elegante: estaba todo pintado de color blanco, había una pequeña alfombra roja en la entrada, unas ventanas elegantes en donde el sol podía alumbrar fácilmente dentro, la entrada era sumamente grande, al frente de la alfombra de la entrada había una especie de marca gigante, más adelante había una especie de altar con otra alfombra roja pequeña y delante de ella se encontraba una especie de entrada, pero parecía estar cerrada. ¡Era un lugar magnífico y único! Creo que solo supera el castillo en lo magnífico y hermoso de este lugar. Me di cuenta que arriba de tal puerta cerrada se encontraba la misma marca de tres triángulos unidos que se encontraba en la entrada de este lugar.

Al estar dentro caminé un poco. Llegué a pisar donde estaba la “marca” y la luz dorada vuelve a hacer aparición. Me tapé los ojos. Esperé a que la luz se vaya desvaneciendo. Finalmente, lo que esperaba se cumplió. Así que quité mis brazos del rostro, abrí los ojos y volví a ver el objeto de hace tres años: una “joya” de color dorado puro. Podía escuchar una voz susurrando que decía: “Acércate”. El objeto me tentaba. Mis sentidos se “durmieron”. Solo quería estar cerca de aquel objeto con una voz realmente tentadora. Me acerqué… me acerqué y me acerqué. Estaba lo suficientemente cerca al objeto que lo comencé a tocar. Abracé tal objeto y cerré los ojos. Al abrirlos aparecí de pies en un lugar sin espacio alguno, completamente negro, mientras que el objeto misterioso estaba a metros de mí. A pesar de estar lejos sentía que lo estaba tocando. El objeto estaba lejos y la voz tentadora apareció nuevamente diciendo lo mismo de siempre: “Acércate”. Yo comencé correr hacia este objeto. Corría y corría, pero pareciera que el trayecto no tenía fin. Sentía que estaba cerca del objeto, pero si pestañeaba me daba cuenta de que éste se encontraba en la misma distancia de siempre. Por un momento, me miré a mí mismo y me vi completamente diferente: estaba con un gorro marrón, una capa del mismo color del gorro, una camiseta marrón más claro, unos pantalones cortos color gris, sandalias de color gris, un cinturón amarillo y sostenía una espada y un escudo… eran armas nunca antes vistas.

Dejé de mirarme y seguí corriendo hacia la joya dorada. Quería tocar ese objeto. Me tentaba. Corría sin parar y no me cansaba. En algún momento, mientras corría sin frenos hacia la joya dorada, una gran mujer con vestidos largos y transparentes aparece atrás del objeto. Ella sí que era una mujer bella… era realmente hermosa. Era más gigante que el propio objeto dorado.

- ¡Detente! – me exclamó.

Yo me detuve al instante. Su voz era la misma que me susurraba recién y al tocar el objeto dorado a los diez años. No sabía quien era, pero me tentaba de la misma forma como lo hacía la joya dorada.

- Ha llegado la hora, Brett.

¿Eh? ¿Acaso sabía mi nombre? Le hice esa misma pregunta, agregando a la pregunta que me diera su identidad.

- Claro que sé tu nombre. Mi nombre es Glasse, tu protectora.
- ¿Protectora? – le pregunté dejando la tentación que tenía hacia ella.
- Sí, Brett. Han pasado tres años desde aquel entonces. El objeto que tocaste no es cualquier cosa. Es el mítico Cristal Dorado.

¿Cristal Dorado? Vaya. Nunca escuché algo de ese objeto en Hyrule, ni siquiera de Talon. Le pregunté a mi protectora, según ella, qué era el Cristal Dorado.

- Es el objeto que solo el antihéroe de la leyenda puede tocarlo. Tú eres la única persona que tiene derecho de portar este objeto y usar sus múltiples poderes que aún no están completamente desarrollados.

Así que es un objeto que solo el “antihéroe” puede tocarlo… y que entrega múltiples poderes a su portador… ¿qué mierda? No entiendo nada. Glasse interrumpió mis pensamientos bruscamente acercándose mucho hacia mí y me dice:

- Por favor… debes cuidarnos y protegernos, antes de que el verdadero mal despierte…
- ¿De qué me hablas?
- Hyrule… Términa… estos te esperan y más… – me decía con su voz apagándose de a poco.
- ¿Qué? ¿Hyrule? ¡Explícame más, por favor!
- Cuida de Hyrule… cuida de Xavi… de tu mundo… cuida de Au…

Su frase es interrumpida al desaparecer en un segundo. Quedé boquiabierto. De pronto, el “no espacio” comienza a tomar forma y, finalmente, me obliga a cerrar los ojos.

Desperté. Desperté en el mismo lugar donde el Cristal Dorado me tentó. Se podía ver el sol alumbrando el lugar. Recordé lo sucedido y me dije que fue solo un sueño. No había nada de qué preocuparse. Me levanté y salí del lugar caminando tranquilamente. Al salir de ese lugar estaba todo normal. El castillo se veía en perfecto estado. Caminé hacia la ciudadela. Vi que nada raro había ocurrido. Sí, creo que fue solo un sueño. ¡Ya me estaba volviendo loco de verdad! Recordé lo que me dijo la mujer del sueño… Hyrule y… ¿Términa? ¿Ellos me esperan? ¿Qué diablos habrá querido decir? Mientras estaba saliendo de la ciudadela justo me encontré con Talon.

- ¿Qué estás haciendo aquí, Brett? – me preguntó preocupado.
- Pues… había ido a la torre de allá – le indiqué con el dedo índice a la “torre” en donde toqué el Cristal Dorado – y me quedé dormido.
- ¿Dormido? ¿Acaso te quedaste dormido por tres días?
- ¿¡Qué!?
- Así es, muchacho. Hoy es sábado… Jajaja, dormilón.

¿Pero qué…? ¿Sábado? ¿Acaso estuve dormido por tres días? Estaba claro que no dormí por cansancio o enfermedad… terminé concluyendo oficialmente que lo visto después de tocar el Cristal Dorado fue solo un sueño. Que tal mujer gigante solo era parte de un sueño. Lo que aún me extrañaba era eso de Hyrule y Términa… no podía terminar de comprender dicho mensaje. Por la noche, en el rancho, Malon había ido a dormir temprano junto a los demás. Mientras estaba acostado en mi cama de reserva comencé a recordar el sueño y analizar cada hecho de éste: corrí infinitamente hasta el Cristal Dorado, objeto que me tentaba… ¿por qué infinitamente? ¿Para qué me tentaba? ¿Por qué y para qué corría hacia éste? No lo sé… ¿Antihéroe? ¿Acaso esa mujer gigantesca me trata como un antihéroe? Jaja, que loco. Pareciera que hubiera fumado unas cuantas sustancias raras y por eso tuve ese sueño sin sentido. Y luego: “proteger antes de que el verdadero mal despierte”; bien, eso sí es de locos.

Después de todo me dormí. Eran más o menos las 04:00 hrs. de la madrugada y me dormí. Vamos, dormí tres días seguidos y me despertaron por la tarde… era obvio que no tenía ganas de dormir. Tuve un sueño normal, como todos pueden tener y no un sueño de locos. Desperté a las 07:10 hrs. de la mañana y no tenía sueño. Los demás ya estaban despiertos. Es normal, son granjeros. Ya era domingo. Era el día de descanso, así que no habría mucha actividad ese día. Por otro lado, ese día tenía que volver al mundo de siempre… a la crueldad. Tenía que ver a Eileen y a Xavi. Seguramente, Carlos y el grupo se reirán de mí. No me importa… quería salir de ese colegio del demonio. Ya quería entrar a un liceo y comenzar con 1º Medio. Lo peor sería que uno de esos tipos quedara en el mismo liceo. ¡Peor aún! Quedara en el mismo curso… ¡a la mierda! Reclamaría por un cambio de curso, que eso se puede hacer generalmente en los principios del año escolar. Cuando pasa la primera semana, ese trámite se vuelve algo más difícil de superar.

Volviendo a las maravillosas tierras de Hyrule, por la tarde en el rancho se podía ver a Ingo trabajando, Talon descansando junto a su hija y yo preparándome para el viaje, aún pensando en el sueño que tuve al tocar el Cristal Dorado. Que objeto tan curioso… caí fácilmente en la tentación de aquel objeto. ¿Qué era? ¿Por qué yo era el único que podía tocar tal objeto y usar sus “múltiples poderes” que otorga? Ni la menor idea. Necesitaba respuestas, pero con la gente que apenas conozco sería misión imposible llegar a las respuestas necesarias. Lo mejor sería buscar a la tal Glasse y decirle lo que ocurrió. Que me explique todo lo que me dijo. “Protectora”; ¿es un chiste? ¿Desde cuándo tengo una protectora? Si ella es “tan protectora”, ¿por qué carajo no me ayuda cuando los demás me golpean disfrutando mientras mi sangre corre por sus manos? ¡Joder! Me hace enfadar y confundir todo esto. ¡Quiero explicaciones!

Cuando caía el sol comencé a despedirme de los granjeros. Me fui caminando al famoso portal de Farone. Iba cabreado. Caminaba con el mismo ánimo que tenía al pensar de Glasse. Quiero conocer más a profundidad esa tipa. Quiero hablar con ella. Por mi mente solo se repetía su nombre una y otra vez para intentar hacerle un llamado telepáticamente. Si es mi protectora, entonces debería al menos escuchar mis pensamientos, ¿o me equivoco? No sé… sería lo más probable. A medida que caminaba más y comenzaba a caer la noche, yo me iba hartando de que Glasse no apareciera delante de mí y me diga todo lo que sucede. Raramente, mientras comenzaba a enfadarme con Glasse, aparecieron recuerdos míos de mis golpizas. Las últimas fueron las de Carlos. Los recuerdos de aquel alumno nuevo de la clase (bueno… no es tan nuevo ahora) aparecieron justo cuando quedé enfrente del portal. Es entonces cuando cierro los puños y grito hacia el cielo: “¡Maldita Glasse! ¿¡Por qué carajo no apareces!? ¡Necesito preguntarte cosas de mí!”… no había respuesta alguna. El cielo estaba estrellado y yo miraba enfadado a éste, con la respiración agitada. Hasta que grité de nuevo: “¡¡Aparécete de una puta vez, estúpida ‘protectora’!!”. Es entonces cuando aparece un pequeño remolino que me envuelve bruscamente. Me aleja del portal y de pronto logro ver a Glasse. Estaba con las mismas ropas y la misma apariencia, aunque su rostro no era igual… estaba enfadada.

- No es buena idea tratarme de “estúpida”– me dice enfadada.
- Te llamé… ¡te llamé miles de veces y no aparecías! – le respondí exclamando enfadado, también.
- Aparezco cuando de verdad sea necesario, no cuando tú quieras – me dices mirándome atentamente a los ojos mientras yo seguía dentro del remolino.
- ¡Se supone que eres mi protectora! ¡Debes actuar como tal!
- ¿¡De qué forma quiere que actúe, pequeñajo!? – me exclama acercándose bruscamente a mí, haciendo que incluso su voz se “duplique”.

No contesté. Solo retrocedí un poco, me encogí, miré a Glasse y esperé a que ésta se calmara. Pronto, se cumplió lo que quería. Glasse se calma, se aleja un poco y vuelve a colocar el mismo rostro que tenía en mi sueño.

- ¿Qué necesitas? – me pregunta esta vez algo más amable.
- Glasse… necesito respuestas – dejando un poco la encogida.
- ¿Respuestas? Pregúntame lo que sea.

Es entonces cuando el remolino desaparece antes de que yo le hiciera la pregunta. Me dejó en la pradera y ella se mantenía en el aire, siendo aún una gran figura de una mujer bella y gigante.

- El sueño que tuve… - le hablé mirándola tímidamente - ¿qué significó?
- Significó el comienzo de tu destino a seguir, jovencito.
- ¿Destino? ¿De estás hablando?
- Tú no estás porque sí en estas tierras. Hyrule necesitará de tu ayuda algún día. Sin embargo… también habrá otra tierra que necesitará de tu ayuda: Términa.
- Términa… ¿qué es eso? – comenzando a dejar más la timidez.
- Se podría decir que es un mundo paralelo al que estás ahora mismo. Estoy segura que lo conocerás algún día… es ahí donde el demonio real acechará con fuerza…

Me estaba colocando confuso una vez más, pero al menos entendí perfectamente lo que era Términa y lo que debería hacer en Hyrule. “Ayuda a un mundo como Hyrule”… por ahora no veo nada malo, así que no hay problema y me dejas de joder, Glasse.

- Okeey – respondí ya desconfiando.
- Tal vez parezca una locura, muchacho, pero pronto estarás arrepintiéndote de tus pequeñas burlas que surgen en tu cabeza.

Está bien, está bien, “querida protectora”… resulta que ahora me lee la mente. ¿Acaso no podré estar pensando en alguna cosa en privado? O sea… esta tipa estará viendo todo, incluso lo que estoy diciendo ahora mismo. Lo que les digo era lo que me surgía en mi mente en aquel momento.

- Como digas, “protectora”. Ahora hay otra cosa que no me cuadra… ¿antihéroe?
- Sí. Eso… eso lleva a una explicación más profunda.
- Explíqueme entonces – me siento en la hierba de la pradera y miro a Glasse sonriente -. Soy todo oído.
- Creo… creo que ahora no es el momento adecuado…

Glasse comienza a menearse bastante. No entendía el porqué, así que decidí preguntarle que le pasaba. Sin embargo, ésta solo me quedó mirando asustada y desaparece de la nada. Quedé boquiabierto y luego reí un poco. No sé el porqué la risa. Esto fue apagado por una gran explosión se escucha a lo lejos. Me levanto de la hierba y solo logré ver humo oscuro saliendo desde una región que me había hablado Malon… creo… ¡Sí! Era la Región del Desierto. Era donde estaba el Desierto Gerudo. Se veía que la explosión ocurrió no en el desierto, sino más lejos, casi por la Región del Pico Nevado. Al poco rato, una voz muy agitada de Glasse se escucha en mis oídos diciendo: “Vete de Hyrule, Brett. No lo pienses, solo vete”. Le hice caso, me di media vuelta y me dirigí al portal. Antes de atravesarla, un monstruo montado en una especie de jabalí gigante se acercaba hacia mí. Salté al portal antes de que éste alcance a golpearme y luego aparecí sentado en el pasto del Parque Cuarto Centenario de noche. Al ver que estaba en el parque, me levanté y salí corriendo del lugar que estaba muy oscuro. Llegué a mi “casa” sano y salvo. Todos estaban ya acostados. Fui a mi habitación, me vestí de pijamas y me acosté. En la cama me hice dos preguntas que se me quedaron en la cabeza: “¿Qué fue esa explosión en Hyrule? Y… ¿Quién soy realmente?”.

Continuará

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