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Vendetta/Capítulo 05: La Reunión

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Vendetta/Capítulo 05: La ReuniónEditar

Vendetta - 05.png

Conociendo más lugares.Editar

Regresé al colegio con incógnitas provenientes de los últimos sucesos que ocurrieron en Hyrule. No entendía nada de lo que pasaba. Una explosión y luego una cosa intentándome golpear… ¿qué demonios? Algo raro, o malo también, había sucedido. Recordé la gran incomodes que tuvo Glasse antes de la explosión y lo nerviosa y asustada que estaba al decirme que me vaya de Hyrule. Quería regresar. Quería volver. Quería ver y saber lo que estaba ocurriendo, pero desgraciadamente estaba en el colegio. En el estúpido colegio sentado con mi compañero de puesto y amigo Xavi. Hacía tiempo que no nos veíamos, así que conversamos bastante aquel día. Obviamente, le agradecí por todo lo que hizo.

Era lunes, día después de los sucesos extraños en Hyrule. Estaba decidido a ir a ese mundo una vez más para saber más a fondo todo lo ocurrido. Así que después de clases, de un día bastante tranquilo, fui al parque, lugar del portal. Caminé por el camino de siempre, esperando llegar a mi destino. Sin embargo, al llegar el portal ya no estaba… ¿Qué pasó? Miré bien mí alrededor. Busqué por todo el parque encontrando el portal. Mis intentos fueron en vano… ¡el portal ha desaparecido! No quedó rastro alguno. Se supone que tal portal está las 24 horas allí. No entiendo… algo realmente no anda bien. No me quedó más remedio que tomar por rendido la búsqueda del portal e irme a casa. Por el camino me encontré a Constanza, la chica del hospital.

- ¿Brett? – me preguntó cuando ésta me había quedado mirando con curiosidad al cruzar miradas.
- ¿Coni? – le respondí con la misma entonada.
- ¡Tanto tiempo! – se acercó a mí, saludándome con un beso en la mejilla y una gran sonrisa.

Yo también le sonreí, le saludé como corresponde y charlamos un rato. Ella iba de compras. Decidí acompañarla porque no tenía nada que hacer. “Coni” era el apodo que le coloqué. Bueno, “Coni” es el apodo que casi todas las mujeres llamadas “Constanza” tienen. Finalmente llegamos al supermercado más cercano y me fui a su casa. Ella vivía no tan lejos de mi casa. Recordé que me había dicho que vivía en Francke. Nunca pensé que vivía cerca de mi casa. No quise conocer su casa y su familia… solo la despedí al estar fuera. Coni se decepcionó un poco, pero comprendió que “yo tenía que estar con mi familia o se preocuparían”… claro, eso fue lo que le dije. Vaya mentira. En fin, ella entró a su casa y yo me dirigí a la mía. En el camino me arrepentí un poco al no querer estar junto a ella en su casa, pero ya era tarde.

Llegué al infierno silencioso. Como siempre, no preguntaron nada en donde estaba o algo por el estilo. Yo solo me dirigí a mi cuarto. Ahí quedé hasta cuando volví a bajar para cenar. Al volver a mi habitación, comencé a pensar en lo ocurrido de nuevo en Hyrule. También lo ocurrido con la desaparición del portal. ¿Cómo diablos desapareció de repente? Quería encontrar respuestas, pero por culpa del maldito portal desaparecido no las podré encontrar.

Al otro día fui al típico colegio. Ese día, con total confianza, comencé a contarle todo sobre Hyrule a Xavi. Éste no parecía mostrar extrañeza a la noticia.

- ¿No vas a decirme nada, Xavi?
- Perdón – interrumpiendo sus pensamientos – pero me he quedado pensando en lo que me has dicho.
- ¿Crees que lo que digo es real?

Él solo quedó en silencio pensando. Después de un rato de silencio, Xavi me preguntó si busqué bien el portal en todo el parque. Yo le contesté con un obvio sí y que no lo encontré. Él siguió pensativo. A continuación, me dijo que iba a ir al baño. Quedé solo en todo el recreo… no regresó, ni siquiera a clases, hasta que lo encontré en el segundo recreo. Me pareció raro todo lo sucedido en ese entonces. Xavi me dijo que su madre lo había llevado a su casa por un encargo urgente después de salir del baño. Aunque tengamos confianza, yo no le creí mucho, pero solo afirmé a lo que dijo. Todo el día continuó normal después. Carlos estaba tranquilo. Ni siquiera me miraba con rostros “malvados” hacia mí o Xavi. Francisco y los demás lo hacían.

Al salir de clases decidí volver al parque en busca del portal una vez más. Esta vez sí fui afortunado. Lo encontré en el mismo lugar de siempre. Entré al portal y aparecí en el mismo lugar de siempre. Me dirigí al Rancho Lon Lon, como de costumbre. Al llegar, sin embargo, no encontré a ninguno. Busqué por todos lados, pero ni rastro de ellos. Decidí esperarlos hasta el atardecer, pero no hubo caso… ni siquiera Ingo estaba en el rancho. Malon y Talon salían siempre e Ingo se quedaba a cargo, pero ninguno de los tres estaba en el rancho ahora mismo. Así que decidí salir de ahí e ir a la ciudadela. Me dirigí a través del camino por el puente que unía Eldin con Lanayru, el cual estaba cerca del rancho. Sin embargo, el puente estaba roto… ahora entendía el porqué Talon hizo su camino hace años por Farone; era porque ese puente “vivía” roto. La habían reconstruido, pero ahora estaba roto una vez más.

Finalmente, tomé el camino por Farone y llegué a la ciudadela. Había varias patotas en cada rincón. ¿De qué estarían hablando? Ni la menor idea. Además no entendía el idioma Hylian. Busqué en varias patotas a Malon, Talon o Ingo. En un grupo de unas diez personas, que estaba cerca de la pileta, se encontraba Ingo. Lo llamé gritándole por su nombre. Éste comenzó a ver su alrededor hasta que dio por mí.

- ¡Hola Brett! – me exclamó sonriendo.
- ¿Qué está pasando aquí? – le pregunté acercándome a él.
- Algo está pasando en el castillo...

Quedé pensando un rato. Me hice la pregunta sobre qué estaría pasando dentro del castillo. Me guardé la pregunta y le pregunté acerca de Talon y Malon. Me respondió diciendo que Talon estaba en el castillo, mientras que Malon se le había perdido. ¡Diablos! Agradecí su información y fui en busca de Malon. Busqué por cada patota para hallar a la chica del rancho, pero no la encontraba. Me di por vencido y fui al castillo. Sin embargo, en la entrada del castillo se encontraban guardias que impedían el ingreso de cualquier persona. Una lástima… no pude entrar. Tuve que regresar a la ciudadela. Lo mejor de todo es que encontré a Malon. Estaba buscando a Ingo, quizás. Yo solo le grité, me acerqué a ella y le hablé. Malon me dijo unas cuantas cosas, hasta que vimos salir a Talon del castillo cuando la noche había caído en Hyrule. Los tres volvimos al rancho, con un Talon preocupado. Nos contó que estaban en reunión, diciendo que las cosas no están tranquilas dentro del castillo después de la explosión en la Región del Desierto y unos cuantos monstruos que habían aparecido en el Desierto Gerudo, parte de Lanayru y un poco en Farone. Talon dijo que la Princesa Zelda había llevado soldados a investigar y que ellos llegarían a no más tardar dos días después, o sea, el jueves. Todos fueron a dormir intranquilos. Si el castillo y la ciudadela no están tranquilos, todo Hyrule no estará tranquilo. Así son las cosas en ese mundo. Yo decidí quedarme a dormir en Hyrule y faltar a clases el otro día. Talon me dijo que salir a la pradera de noche no es una buena idea, según lo que le dijeron. Así que preferí hacerle caso.

Eileen… volví a pensar en ella. Invadió mis pensamientos justo antes de dormirme. Incluso recuerdo haber soñado con ella. Mi querida prima… ¿qué será de ella? La última vez que nos vimos casi ni hablamos, pero de igual manera la extraño. Sentía que ella me hacía falta. Que hacía falta estar al lado de ella. Así que al otro día decidí levantarme muy temprano, a esas horas de las 05:00 hrs. de la mañana. Aún no comenzaba a aparecer los primeros rayos de sol. Salí corriendo del rancho para llegar al portal. Por el camino, un enemigo con un palo en mano se cruzó. Solo pude ver que era de un color verdoso. No podía ver bien porque estaba oscuro. Lo esquivé, pero aparecieron después unos diez más de estos enemigos. Busqué una forma de esquivarlos a todos, pero me fue imposible… cuando me estaba dando por vencido, alguien abatió con los enemigos con una increíble velocidad. Debido a la oscuridad no pude ver quien era, ni siquiera su altura. El tipo, al acabar con los enemigos, a excepción del que venía atrás mío, solo continuó su camino sin decirme algo. Yo seguí corriendo y luego sentí el grito de un monstruo. Seguramente fue el que quedó vivo. No quise mirar atrás. Finalmente, llegué al portal cuando los rayos del sol ya comenzaban a mostrarse notablemente. Entré al portal y volví al parque.

Volví a ser el típico humano de siempre. Corrí para llegar a la casa de Eileen, pero me cansé. No era el mismo de Hyrule… el cansancio me quitaba tiempo. Caminé, caminé y a veces corría. Al llegar a casa de Eileen, toqué su puerta y ella me abrió. Tenía cara de tener bastante sueño, pero sus ojos se abrieron al verme. Estaba vestida con el uniforme de su escuela. Estaba lista para salir de casa.

- ¿Qué haces tú aquí? – me preguntó casi en voz baja.
- Te extrañaba – le respondí cansado.

Eileen cambió su rostro para darme una de aquellas sonrisas que me alegraban los días. Le pedí que si me acompañara y dejara la escuela por ese día. Ella afirmó con la cabeza, me dijo que esperara un momento y saldría. La esperé unos cuantos minutos en la esquina de la calle, para que algún integrante de su familia no me vea. Después de unos veinte minutos, Eileen sale de la casa. Salió vestida de igual manera, pero esta vez más peinada y sin rostro de sueño. Ambos sonreímos al volver a vernos. Caminamos los dos juntos hacia la plaza.

- Hacía tiempo que no hablábamos tanto – me dijo mientras estábamos sentados en una banca ya en la plaza.
- Lo mismo digo… ¿qué pasó en el cumpleaños y el año nuevo? Casi ni hablamos…
- Eso me pregunto yo también, Brett.

Ambos nos hablábamos mirándonos el uno al otro. Sus ojos decían claramente que me extrañaba y tenía ganas de hablarme. Seguramente, ella también se habrá percatado de los míos. Comimos algunos barquillos horas más tarde con dinero que ella sacó de su casa. Pasamos toda la mañana juntos, como aquellos días de fiestas. Ninguno de los dos vimos a algún pariente. Si alguno de ellos nos ven, les diría a nuestros padres y se enfadarían… aunque conociendo a mi familia les daría lo mismo, pero los problemas se vendrían para Eileen. Así que no estuvimos en muchos lugares al aire libre. Estuvimos en algunos locales donde había mucha gente, incluido el mall. La gente nos quedaba mirando a esas horas de las 08:00 a 12:00 hrs. debido a mi prima que estaba vestida de uniforme. Se supone que debería estar en el colegio y no en un mall, ¿verdad?

Esa mañana me sentí presionado a mí mismo. Desahogué todo contándole lo sucedido en Hyrule a Eileen. Le conté lo del portal, mis padres, etc. A diferencia de Xavi, ésta me tomó por loco, pero luego le pareció una broma. Yo le decía que no era una broma, que era real. Era un lugar maravilloso en que ambos podríamos estar felices viviendo. Por primera vez, ella dudó de mis palabras y creía que estaba loco. Siempre tenemos cosas en común. Siempre pensamos iguales. Ésta vez no fue así. Ella no compartió ese tema conmigo. Me sentí decepcionado. Sentí que Eileen me clavó con intensidad una estaca en mi corazón. Sentí que ella ya no sería mi alma gemela.

Eileen decidió cambiar de tema y seguir caminando. Finalmente, la hora indicó las 13:00 hrs., hora en que salíamos de clases. Así que decidí acompañar a mi prima a su casa y llegamos a esa hora de las 13:50 hrs.

- Gracias por acompañarme – me dijo en tono dulce.
- No. Gracias a ti, Eileen, por arriesgar un día de clases para estar conmigo – le dije sonriente.

Eileen saca una sonrisa y me abraza. En el abrazo, ella me susurra diciendo: “Me gustaría conocer ese mundo del que me contaste. Te quiero”. Luego se aparta, abre la puerta de su casa y se despide con una seña. ¡Me alegró el día! Así que Eileen solo estuvo fingiendo y siempre creyó en lo que le dije. ¡Fantástico! Aunque fue la primera vez que me engañó así de fácil. Yo siempre la puedo notar cuando me miente o me bromea. Muy feliz volví a casa. Ahí estaba la familia de siempre. El día fue genial hasta que sucedió algo inesperado en la tarde...

Mientras mi tío Gastón, el hombre al que admiraba en la casa, tomaba el té sólo en la mesa del comedor, sus “años dorados” en la casa daban por terminar. ¿Por qué? Bueno… según entendí mi madre, padre y abuela estaban enojados con él porque no ayudaba en pagar las cuentas del agua, luz y ya casi no aportaba en la comida. O sea, él vivía casi gratis, algo que no le gustó para nada a la familia Alvarado. Así que mi padre decidió interrumpir su té gritándole ferozmente, junto a mi abuela, diciéndole que no va a comer más junto a los demás y se le prohibirá hacer todas las labores que hace una persona comúnmente, como lavar su ropa, comer, e incluso usar el baño. Mientras ocurría ese griterío, mi madre acompañaba a Mateo en la habitación de ella. Pude ver como todo se tranquilizó; mi tío terminó su té, sacó todas las cosas de la mesa, las lavó y se marchó a su habitación sin decir una palabra. Desde ese día, el tío Gastón solo salía de su habitación para salir de la casa o ir al baño.

La noche continuó normal. Cada uno a su habitación y a dormir. Al otro día fui a clases. Todo fue normal y al salir me dirigí al portal de Hyrule. Entré al portal, colores infinitos y llegué a la hermosa pradera de Hyrule. Me dirigí al rancho. Ahora sí estaban todos. Talon se dirigía esa tarde a hacer una entrega de leche al castillo. Decidí ir junto a él. Ya no era necesario que me diga las reglas, me los decía todos los años. Al llegar a la ciudadela fue todo normal. Lo esperé en el mismo lugar de siempre. Todo transcurría normal, hasta que apareció un caballo corriendo. El caballo llevaba a un hombre con la caballería de los soldados de Hyrule. Sería normal ver un hecho como esto aquel día, ya que regresarían los soldados desde el Desierto Gerudo. Pero algo no estaba bien… en ese caballo había algo que alarmaba a las mujeres y las hacía gritar: el soldado que estaba montando al caballo llegó sin cabeza, su sangre estaba desparramado por toda su ropa mezclándose con algo de sangre del caballo por las heridas y en la mano del soldado asesinado llevaba una bandera blanca con letras Hylian. Yo quedé boquiabierto al ver esto. El caballo corría desesperadamente hacia el Castillo de Hyrule. No logré leer lo que decía en la bandera.

Finalmente, el caballo logró llegar al castillo, pero se detuvo en las puertas gigantes de la entrada. Los guardias de ese lugar se encargaron del caballo y del cuerpo del soldado, así como leer la bandera, también. La gente de la ciudadela se acercaba al lugar en donde estaba yo para ver qué sucedía. Algunos solo se dirigían a sus aposentos y cerraban todo por miedo. Decidí acercarme un poco más, pero aparecieron unos cuantos guardias a prohibirnos el paso. Tuve que retroceder junto a las demás personas. Luego, Talon hizo aparición. Salió del castillo, no podía creer lo que veía y me buscó. Al dar conmigo se acercó.

- Será mejor que nos vayamos – me dijo agitado -. Esto no se ve bien.
- Pero quiero saber lo que pasó.
- Ahora no, Brett, ahora no.

Talon me agarra del brazo y me forcejea para llevarme al rancho. Yo solo me dejé pero mirando lo que pasaba en las puertas del castillo. Talon y yo tomamos el carruaje y volvimos al rancho. Malon se enteró gracias a su padre, al igual que Ingo. Más tarde, le dije a Malon que quería saber lo que ocurría. Le dije que incluso estaba dispuesto a ir al Desierto Gerudo. Malon me dijo que me será imposible llegar ahí, por lo que me aconsejó que dejara la misión. Le hice caso.

Desde ese día solo estuve pensando en lo ocurrido. ¿Qué está pasando en Hyrule? Desde aquella explosión todo se está tornando extraño. Adelantaré el tiempo para llegar el fin de año de ese mismo año. Llegó mi licenciatura. ¡Al fin saldré de ese maldito colegio! Estaba feliz por salir de esa cárcel, aunque ahora iría a un lugar peor, creo… el liceo. No sé como lo hice para pasar los cursos con notas regulares, pero lo hice. El año transcurrió normal desde ese día en que Xavi le dio su merecido al “Carlitos”. Se notaba que Francisco y El Polo querían venganza, igual como Carlos y otros. No se atrevían los pendejos. En el día de licenciatura solo fue mi madre. A los demás les importaba un huevo. A pesar de todo, mi madre se emocionó al verme licenciado. Eso… eso me conmovió, me sorprendió y me emocionó bastante. Fue tanto la emoción al verla llorar por mí que también lo hice, pero disimuladamente. “No hace falta esconder las lágrimas” me dijo Xavi mientras estábamos sentados después de recibir el diploma. Entonces afirmé con la cabeza, sonreí y eché a llorar disimuladamente viendo a mi madre, aunque no lloraba como lo hacía cuando recibía los golpes de niño. Al terminar la celebración, me dirigí donde mi madre y la abracé fuertemente.

- Te quiero – le dije mientras estábamos aún abrazados.
- Perdón por todo lo que te hacía antes, hijo… yo también te quiero – me responde orgullosamente.

Nos mantuvimos abrazados por un largo rato y nos fuimos a la casa. ¡Tenía cariño de madre! Mateo ya tenía seis años de edad, Josefina tenía siete, Esteban tenía diez, Jocelyn tenía once, Eileen y yo trece, Bastián tenía quince, Elizabeth diecisiete y Catalina tenía veintiuno. Recuerdo que ese tiempo “pasó volando”. Catalina ya era una adulta oficial y Elizabeth sería al año siguiente. Catalina tenía un novio, Elizabeth también y Bastián una novia, aunque éste era algo loquillo y cambiaba la novia de vez en cuando. Mientras tanto, a Jocelyn le gustaba bastante un compañero de clases. Esteban y Josefina se burlaban de ella. Eileen vivía en su mundo, al igual que yo. Ya casi ni me importaba la vida de otros, a excepción de ella, Xavi y ahora mi madre. Mi madre se incluyó en mi círculo. Celebramos la navidad como corresponde, el año nuevo también, de fiestas y todo.

Contaré lo ocurrido aquel año nuevo. Catalina no estuvo con nosotros porque prefirió ir a una fiesta con su novio. Bastián se enviaba muchos mensajes con su novia desde el teléfono, lo mismo con Elizabeth. Eileen y yo juntos, como siempre. Mientras que los otros cuatro jugaban con la reciente consola GameCube y a veces jugaban a juegos de mesa. Elizabeth y Bastián ya bebían bebidas alcohólicas. Aquella noche Bastián me recomendó beber una de esas bebidas: la cerveza. Era una cerveza de marca “Cristal”, una marca de cerveza famosa en Chile y una de las preferidas. Entonces, mientras Eileen estaba en otro lado de la casa, Bastián y yo bebimos. ¡Me encantó! Me sentí aliviado y relajado al beber aquella cerveza. Al principio se sentía algo amargo, pero tenía un toque especial que me dejaba llevar hacia ésta. Por ello, le pedí más cerveza a mi primo. Éste se reía y yo reí junto a él. Ni sé el porqué reí. Nos servimos más cerveza, esta vez con bebida; nos dimos un pequeño brindis y bebimos.

Lo que recuerdo es que más tarde fui con Eileen y ésta se sorprendió al ver mi estado. También recuerdo que bebí mucho más después. Creo que incluso jugué con los primos menores a la consola GameCube. No recuerdo más. Al otro día amanecí con la misma ropa de la noche. Tenía un fuerte dolor de cabeza. Me sentía mareado, me dolía el cuerpo y no tenía ganas de hacer algo en absoluto. Tenía sed. Mucha sed. ¡Mucha! Pero tenía una flojera intensa que me obligaba a quedarme en la cama. Miré la hora… ¡17:35 hrs! Era tarde… decidí levantarme. Sentí un mal olor que provenía de mi ropa: estaba vomitada. ¿¡Qué diablos pasó anoche!? No podía recordar algo… no podía. Estaba borrado. Sentía el cuerpo pesado y hasta dolido. Me cambié de ropa y bajé al primer piso. El baño estaba desordenado con las cortinas de la ducha rota, el retrete estaba muy sucio, el lavabo se veía con manchas de vómitos, etc. Recorrí la casa y casi todas las habitaciones estaban desordenadas. Los únicos despiertos eran mi abuela y mi padre. Aunque… mi padre se encontraba durmiendo. Mi abuela cabeceaba del sueño. Yo almorcé, me tendí en un sofá y dormí hasta la noche. Me sentía mejor, pero igual de cansado y flojo. Quería ir a Hyrule, pero la flojera me ganaba. Finalmente, quedé a dormir en la casa.

Desde ese día no bebí hasta mi cumpleaños Nº 14 de ese mismo año. Antes de ese día ocurrieron algunas cosas en Hyrule que es mejor contarlas. ¡Ah! También debo decir que quedé en el Liceo Eleuterio Ramírez de Osorno, un liceo mucho más grande que el colegio en el que iba. En fin, volviendo al tema de Hyrule: en un día de febrero decidí ir a ese querido mundo. El número de monstruos había aumentado considerablemente y lo que es peor: aparecen en el día. Debido a esto caminaba al rancho o a la ciudadela a escondidas. Aquel personaje que me salvó en la madrugada no lo había visto. Nunca más lo pude ver. Ese día me dirigí al rancho. Todos me saludaron perfectamente, pero Talon fue algo más diferente que los demás.

- ¡Brett! – me exclamó al verme - ¡Has llegado justo a tiempo!
- ¿A tiempo de qué? – le pregunté con total ignorancia demostrándola en mi rostro.
- ¡A tiempo de que te lleve al castillo!
- ¿¡Qué!?

¿Al castillo? ¿Por qué? Talon solo me tomó del brazo y me llevó al carruaje. Malon e Ingo se despedían haciendo la seña de despedida con una sonrisa nerviosa. Malon estaba despidiéndose con un pañuelo en mano. Ni la menor idea de lo que sucedía.

- ¿Por qué me llevas con tanto apuro, Talon? – le pregunté mientras estábamos en el carruaje que iba a todo correr.
- ¡El rey quiere verte! – me exclamaba sin mirarme.
- ¿El rey? – mientras me afirmaba con los objetos del carruaje - ¿Por qué? ¿Para qué?
- ¡Ni la menor idea, “mushasho”! Jajaja.

¿Qué demonios? ¿El rey quería verme? Nunca pensé que al menos él me conociera. Con el cronómetro en mano, Talon detuvo el carruaje. Dijo feliz: “Agradéceme, mushasho, ¡hemos obtenido un nuevo récord!”. Le aplaudí amistosamente y sonriendo un poco. Ambos nos bajamos y fuimos tranquilamente al castillo. Talon entró conmigo y enseñó un permiso real a los soldados que custodiaban la entrada. Los soldados nos dejaron entrar. Primero entramos al jardín de éste. ¡Qué gran jardín! Parecía una pequeña pradera en las afueras del castillo. Luego entramos al castillo. La arquitectura de éste era algo nunca antes visto: bastantes lámparas gigantescas habían, unas cuantas puertas, la habitación principal era enorme y elegante, habían varios pisos hacia arriba y una música algo tranquilizadora se escuchaba de fondo:

Talon me dijo que debemos subir el castillo completo, incluso una de las torres para llegar al rey. Los dos hicimos tal tarea. La música de fondo solo se escuchaba en la habitación principal del castillo, la cual debía ser visitada una que otra vez. Salimos del área principal y fuimos camino a una de las torres. Grandes escaleras se cruzaban en nuestros caminos, con lujosas alfombras. Finalmente, llegamos a la sala del trono. Ahí estaba el rey, el secretario y varios soldados.

- ¡Ya era de hora de que llegasen! – se escuchó una voz muy grave al fondo.
- Perdóneme, Rey – responde Talon -, pero el muchacho no había entrado a Hyrule de hace muchos días.

Talon me susurró diciendo si entendí lo que dijeron; yo afirmé. Él me dijo que ya estoy listo para entender el idioma Hylian. ¿Por qué? Me respondió diciendo que en ese rato, él junto al rey hablaron en Hylian. ¡Entendía el idioma Hylian! Pero no precisamente lo entendía, más bien lo traducía.

- Buenos días, Brett – me saluda el rey.

Me detuve. Posteriormente me incliné hacia él en muestra de respeto. Talon hizo lo mismo.

- Has sido llamado hace unos días y estaba esperando tu llegada – me dice el rey.
- Perdón, Rey, pero no tenía muchas ganas de venir a este mundo – le respondí aún inclinado mientras Talon se levantaba.
- Está bien, está bien., tranquilo. Y ya puedes levantarte.

Entonces me levanté. El rey dijo unas cuantas cosas y posteriormente invitó entrar a su hija: la princesa Zelda. Al verla recordé las imágenes que se me cruzaron al tocar el Cristal Dorado… la princesa se parecía bastante a las muchachas que vestían ropas elegantes en las imágenes. Aún así no podía creer que mis ojos estaban viendo a una hermosa joven vistiendo trajes de gala. Al parecer tenía casi la misma edad mía. La princesa saludó a todos. Todos nos inclinamos. Luego nos levantamos y el rey continuó:

- Como podrán ver, unos monstruos atrevidos osan de invadirnos – dijo el Rey.
- Sus tropas – continuó con el discurso la princesa – ya invadieron toda la Región del Desierto y ahora si dirigen principalmente a la Región del Pico Nevado y la Región de Lanayru. De a poco se van tomando las regiones de Eldin y Farone. Al parecer, no saben nada sobre Latoan.

Mientras decían esto no entendía ni mierda el porqué yo estaba ahí. ¿Me llaman solo para decirme lo que está ocurriendo en Hyrule? Perfecto, al menos me están actualizando la información de este mundo. La princesa tenía una voz encantadora. Hasta diría que su voz se parecía al que tenía Eileen. El rey toma la palabra de nuevo:

- Lo que más me preocupa es que mi hija ha sentido una fuerza única que es diferente a los demás.
- Es una fuerza – continúa la princesa – que se siente a lo lejos de todo, pero presiento que no será nada bueno su acercamiento a Hyrule…
- Queremos informarnos de esa fuerza. Para eso necesitamos un espía, un espía que no llame la atención. Los soldados no servirán de mucho… y como información propia de nosotros pensamos en enviarte a ti, Brett.
- ¿Yo? – hablé por fin en la reunión - ¿Por qué yo?
- Ven conmigo – me dijo la princesa ya caminando a una puerta de la derecha.

Talon me hizo una seña de que haga caso a la princesa. Ésta me llevó a sus aposentos. Su habitación era algo grande y tenía muchas fotografías, cuadros y objetos propios de ella. Entonces, al dejar de contemplar la habitación, la princesa se da media vuelta, se acerca a mí y comienza a hablarme.

- Brett… yo sé que fuiste tú.
- ¿Yo qué? – le pregunté ignorante.
- Tú fuiste la persona escogida para tocar el Cristal Dorado.

En un momento quedé en silencio, sin decir algo. Solo la quedé mirando.

- ¡Oh, si! Sí, es cierto… ¿y eso qué tiene que ver con todo lo que está pasando?
- Verás, Brett, ese objeto solo puede ser visto y tocado por el antihéroe legendario. El antihéroe no solo sentirá la llamada en este mundo, Hyrule, sino en diversos mundos que aún no conoces o en uno que yo sé que conoces perfectamente.
- ¿Te refieres al mundo al que provengo? ¿Cómo sabes tanto de mí, princesa?
- Brett… era de esperarse que tú serías la persona escogida para el Cristal Dorado…
- ¿Por qué? – la interrumpí bruscamente.
- Porque… - suspira – Bueno, no creas que ese portal fue creado para que tu mundo y este se unan… fue creado accidentalmente por una persona que tú deberías conocer perfectamente.
- ¿Quién? – le pregunto interesado y entusiasmado.
- Esa persona es un chico que…

No logra terminar su frase cuando se siente una fuerte explosión. La princesa Zelda y yo vimos a través de la ventana: la explosión provenía desde la Región del Pico Nevado. La princesa Zelda se altera y comienza a moverse por toda su habitación. Yo le pedía que se tranquilizara. Luego, ella se acercó a mí y me dijo tenía que debía ir al Bosque de Farone, bosque ubicado en la Región de Farone. Agregó que debía buscar a unos tales “Minish” que vivían en el bosque. Le respondí con un “sí” apresurado y me fui corriendo. Talon me esperaba asustado. Un temblor que apareció alarmaba aún más. Cuando ya iba saliendo de la sala del trono, aproveché de dar una última mirada a la habitación. Es entonces cuando vi al secretario, quien me miró mostrando una siniestra sonrisa y escuché una voz telepática diciendo: “Aprovecha de darle una última mirada al castillo, muchachito”; luego escuché la risa del mismo personaje, algo siniestra. Talon logró sacarme del castillo rápidamente. Salimos del castillo, de la ciudadela, tomamos el carruaje y volvimos al rancho. Malon nos preguntó qué tal nos fue en el castillo; Talon respondió por mí y por él diciendo que nos fue bien, pero que la reunión con el rey no concluyó como tal debido a la explosión.

Después de esto, todos volvimos a nuestros aposentos. Cenamos en el atardecer y cayó la noche. Me quedé pensando en lo que me dijo la princesa. Ir al Bosque de Farone para encontrar a los… los… ¿Minish? Comencé a tomar toda esta historia de antihéroe y bla bla como un cuento de niños. Pero… algo me decía que debía ir a ese bosque. Algo me impulsaba. Así que decidí ir al otro día. Cuando amaneció, tomé rumbo hacia el bosque de Farone sin saber lo que se venía en camino.

Continuará

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