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Vendetta/Capítulo 06: Lo que se Avecina

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Vendetta/Capítulo 06: Lo que se AvecinaEditar

Vendetta - 06.png

Hola señoritos Minish.Editar

Mucho verde por aquí y por allá. Varios árboles, altos y chicos. Plantas por varias partes. Uno que otro árbol caído. Insectos en el aire y tierra. El bosque de Farone era grande. También constaba con unos cuantos tocones. En el camino hallaba varios monstruos, pero yo caminaba sin alarmar a uno de estos. Caminaba por todo el bosque para hallar a uno de esos llamados “minish”. No sabían quienes eran ni como eran. “Antihéroe”… aún le veo cómico a eso. ¿Yo un antihéroe? Esta gente de Hyrule se está poniendo muy rara… ¿qué estarán fumando últimamente? Cuando ya caminé por casi todo el bosque pensando en lo cómico que parecía todo lo pasado, me aburrí y decidí volver al rancho. No me fui sin antes ver un puente que conducía a otra zona. Entonces dejé la idea de regresar y crucé el puente. Seguí caminando hasta el fondo y encontré un pequeño pueblo. Tal vez era Ordon, el pueblo del que me hablaba Malon.

No quise entrar al pueblo, así que regresé. Volví a pasar por la “famosa” cueva oscura para luego atravesar el bosque, pero… como preferí atravesar el bosque por otro camino, encontré algo que me llamó la atención: parecía un pequeño poblado donde vivía gente diminuta. No podía ver gente en el lugar. Me acerqué aún más al poblado, pero nada. Entonces me aburrí y volví a la pradera, para luego llegar al rancho. Cené junto con ellos y regresé al mundo cruel.

Al volver a ese mundo comencé a pensar en lo que me esperaba en el liceo. ¿Qué compañeros de curso tendré? ¿Serán mejores que los anteriores? ¿Tendré algún amigo allí? No lo sé… En un día de febrero, Xavi fue a visitarme. Claro, sabía donde vivía por el acontecimiento de la golpiza que me dio Carlos el año anterior. Xavi me dijo que quedó en el mismo liceo. Eso significaba que iba a seguir conmigo, pero tal vez no en el mismo curso. No había muchas probabilidades de que quedáramos juntos. ¿Por qué? Porque habrán diez cursos de primero medio. En cada curso entran unos 40 o 45 alumnos. Así que solo usen sus habilidades de matemáticas y calculen para ver la probabilidad de que Xavi quedara conmigo en el mismo curso.

Un par de días después de su visita decidí volver a Hyrule, sin antes sacar una lupa prestada de la casa. Volví a la tierra maravillosa. Pasé la primera noche en el rancho y luego me dirigí al bosque. Esta vez no había muchos monstruos, pero sí había varios insectos gigantes de color rojo con una gran trompa que, al parecer, disparaban rocas. También unos insectos de color verde que salían desde la tierra. Esquivaba a estos bichos y llegué hasta el pequeño poblado. Al estar ahí saqué la lupa y la usé para ver mejor el poblado… sí había gente. Era gente realmente diminuta. Apenas se veían con la lupa, pero parecían tener vida. También veía que eran de color rojo y verde. Definitivamente algo jamás visto. También me di cuenta que tenían hasta unos cuantos caminos en el poblado y usaban unos pequeños hongos como hogares.

No podía creer lo que estaba viendo. Dejé la lupa para ver con mis propios ojos lo que veía, pero solo notaba los hongos pequeños y plantas. Me levanté y decidí ir al castillo corriendo. Desafortunadamente no me dejaron entrar. Estaba prohibido el paso para cualquier persona. ¡Rayos! Quería decirlo todo esto a la princesa. ¿Qué diría ella? ¿Será que vi a los famosos minish? Si es así… ¿cómo diablos hablo con ellos? Si apenas los veo, mucho menos podré escuchar sus voces. Es entonces cuando la princesa estaba saliendo, por suerte.

- ¡Hola princesa! – le dije alterado.
- Hola Brett – me saludó amablemente – ¿Qué pasa? Te ves…
- Lo que pasa – la interrumpí – es que encontré a una gente diminuta en el bosque de Farone.
- ¿En serio? – me preguntó muy sorprendida.
- Sí, en serio. Los vi recién.
- ¡Significa que viste a los Minish, Brett! – exclamó sonriente de felicidad.

Vaya… con que ellos eran los minish. Entonces estaba en lo cierto.

- ¿Pero – continuó – hablaste con ellos?
- No… solo pude verlos. Me sería imposible hablarles, incluso los vi con la ayuda de una lupa.

Al escuchar esta respuesta pude ver su rostro de decepción. Entonces ella continuó diciéndome que busque alguna forma para tener comunicación con ellos. Le respondí prometiéndole que hablaré con ellos lo más pronto posible. La princesa se despidió y volvió con sus labores, dirigiéndose a la ciudadela. Yo volví al rancho. Caía el atardecer en la pradera y cayó la noche justo antes de llegar. Al otro día volví al bosque de Farone y busqué la solución para hablar con los minish. Volví a hacer uso de la lupa y les dije: ¿Hola? Es entonces cuando los minish se detienen por un rato y luego salen corriendo escondiéndose en sus casas. Los asusté. Sabía que no era el modo eficaz para hablar con ellos. Lamenté lo que hice. Me quedé esperando un buen rato y volví a ver con la lupa. Los minish habían salido ya de sus hogares. Volví a hablarles, esta vez diciéndoles: ¿Me pueden oír? Los minish vuelven a correr y esconderse. No había caso. ¿Cómo diablos lograré hablar decentemente con ellos? Lo único sería… quedar en un diminuto como ellos y entrar a su pueblo. Era imposible y una locura, pero sería lo más eficaz.

Pasaron unos días sin encontrar la forma para hablar con los minish. Hablé con Malon, Talon e Ingo, pero nada. Ni siquiera sabían la solución para verlos. Yo seguía buscando la solución para hablar con esta raza diminuta, pero no había caso. Se acercaba marzo y por lo tanto, los estudios también. Es entonces que decidí ir a Ordon. No conocía a nadie… pero me sorprendí al ver que esta gente no tenía orejas puntiagudas. No parecían Hylians, más parecían humanos. ¿Humanos? ¿En Hyrule? Eso sí que es nuevo. Me saludaron cordialmente y les preguntaba acerca de los minish. Varios me decían que los niños más chicos, como los de tres o cuatro años, los podían ver. Apenas, pero podían verlos. Les pregunté si tenían alguna solución para hablar con ellos… nadie sabía. Sin embargo, me dijeron que los Kokiri, una raza que vivía en la región de Farone, tenían la respuesta para mi pregunta. Saqué una sonrisa al escuchar eso, pero ahora… ¿Quiénes eran los Kokiri? Me dijeron que vivían en la zona más baja y profunda de la región de Farone. Tendría que buscarlos…

Volví al rancho, pasé la noche y al otro día volví a Farone, esta vez con la intención de encontrar a los Kokiri. Por el bosque encontré un camino que llevaba a un viejo pero gran árbol. Por un acantilado vi lo que estaba debajo, pero estaba todo oscuro. De igual manera busqué un modo de bajar sin caer herido, ya sea gravemente o mortalmente. Es entonces que encontré una enorme escalera, por suerte. Tardé minutos para bajarla completamente y llegué hasta la zona de abajo. Este lugar parecía más oscuro y había algo más de frío. El césped no estaba iluminado, por lo que era de un verde olivo oscuro. El árbol parecía gris en esta zona, no café claro como la parta de arriba. Caminé por el único camino accesible. Por el camino me encontré con unos monstruos que se levantaban del césped. Los esquivé, sin uno que me pasó a golpear al moverse. Es entonces que me enojé y con dos puñetazos lo desarmé por completo. Dejó algo en el suelo, pero no lo recogí. No tenía importancia. Lo que quería era encontrar a los famosos Kokiri.

Crucé todo hasta llegar a un pequeño pueblo. Era el Bosque Kokiri según lo que decía un cartel al llegar. A diferencia de Ordon y de otros lugares, las casas del Bosque Kokiri parecían rucas de madera. Había una pequeña fuente junto a una cascada. También se encontraba algo que parecía molesto en el aire, algo que no existía en un ningún otro lugar de Hyrule. Al parecer, aquí no había cielo. Al mirar hacia arriba veía todo negro y una parte de luz proveniente del sol. Caminé por este lugar y solo veía a niños vestidos de verde. Tenían las orejas puntiagudas como los Hylians. Recorrí por todo el lugar, incluso entrando en las casas y saludando amablemente, pero solo encontraba a niños… ¿Acaso no había un adulto que los mantenga? Al cabo de unos minutos, un niño de pecas se acercó a mí.

- ¿Tú quién eres? ¿Qué haces aquí? – me preguntó en tono gruñón.
- Hola… me llamo Brett – le respondí sin sonreír.
- ¿Brett? No he oído nada acerca de tu nombre. ¿Qué haces aquí?
- Bueno… la gente de Ordon me dije… - me interrumpe bruscamente.
- ¿Ordon? No hay que confiar en esos pacotillas. Ahora lárgate, extraño.

Me molestó su forma de actuar. Entonces cerré los puños, lo miré enojado y a regañadientes me di la media vuelta. Es entonces cuando escuché una voz realmente parecida a la de Eileen. Era la de una niña que gritó: “Mido”. Volví a mirar al niño pecoso y era a éste a quien le gritaban. La niña que gritó tenía el pelo verde que llamaba la atención. Vestía ropas verdes, al igual que el tal Mido y todos los niños que veía por ese lugar. Esta niña era bonita. El tal Mido tuvo una breve discusión de susurros con la niña hasta que éste se acerca a mí.

- Perdón por mi comportamiento contigo – me dice al estar frente mío y algo agachado.
- No debo aceptar unas disculpas que fueron forzadas solo por conquistar a una chica.

Mido levanta la mirada hacia mí y me dice “¿qué?” con la voz gastada. Es entonces cuando la niña se acerca a nosotros y aparta a Mido. Los dos vuelven a tener una breve discusión. Finalmente, la niña le habrá dicho que él se aleje del lugar, ya que se dirigió a su hogar. Cuando la niña llegó a estar frente mío, Mido da una media vuelta, me mira con un rostro siniestro y yo le sonrío sarcásticamente. “Eso le hace enfurecer más. No lo hagas, por favor”; eso fue lo que me dijo la niña. Aún con la sonrisa, cambié el destino de la mirada por Mido a la niña.

- Está bien – le respondo.
- Él es nuestro jefe, pero hay que soportar su comportamiento – me dice la niña riendo un poco al final de la frase.
- Entiendo.
- Oh, disculpa, no me he presentado. Mi nombre es Saria.

Perfecto, un nuevo nombre extraño a mi lista. Mejor dicho dos. Me dijo que Mido le había dicho que yo me llamaba Brett, así que luego me preguntó el porqué estaba en allí, sin antes invitarme a su casa. Le conté todo. Le conté lo sucedido en Hyrule, acerca de las explosiones que se llevan a cabo en Gerudo y Pico Nevado; acerca de los enemigos que invaden cada vez más la pradera de Hyrule y zonas importantes de las regiones, como el bosque de Farone; le conté también la reunión que tuve con el rey y la princesa y que ésta última me encargó la misión de encontrar a los minish. Para concluir la historia, le dije que buscando métodos para hablar con gente de esta raza diminuta, fui a Ordon para saber más información, pero que uno de ellos me dijo que los Kokiri sabían cómo hablar con ellos. Saria me dijo que para hablar con los minish es sencillo: un niño, solo un niño, tiene el “poder” de reducir su tamaño para igualarlos con el de ellos. ¿¡Qué!? Le dije que yo tuve esa misma idea de locos. Solo dijo que mi idea no era de locos y podía hacerse realidad. Solo los niños de 5 a 15 años de edad podían hacer eso. Le dije mi edad, el cual era 13 y se acercaba 14. Entonces, Saria aprovechó rápidamente de llevarme a otra zona.

Este lugar… este lugar era para perderse fácilmente. Saria me dijo que se llamaba Bosque Perdido. Bien colocado su nombre. Yo no pudiera atravesar ese bosque por mi cuenta, terminaría perdido fácilmente. Saria me llevó hasta una zona donde había mucho césped grande y de pronto caímos a un hoyo que se encontraba por ahí. Dentro de este lugar no había nada especial, solo se encontraba un tronco. Un tronco común y corriente. Un tronco de un árbol, nada especial. Le pregunté el porqué me llevó a ese lugar; me respondió que fuimos por el tronco. Eché a reír. Al detenerme un poco, Saria solo me miraba seria. Así que decidí dejar la risa para no incomodar la situación. La niña Kokiri me dijo que ese tronco no era común y corriente. Me dijo también que no solo hay un tronco de esos, sino que hay varios repartidos por todo Hyrule. Saria definió este tronco como un portal Minish.

No quería que ésta lo sepa, pero yo por dentro reía aún, sin creer lo que me decía. Saria me decía que ese “portal Minish” transforma el cuerpo de un niño de 5 a 15 años volviéndolo un diminuto. Yo solo le respondía asintiendo con la cabeza o diciendo “Ya”. Cuando concluyó su discurso, Saria me dijo que me suba al tronco. Le hice casi y con una sonrisa algo burlona, sin creer lo que me decía, me subí al tronco. De pronto, unas pequeñas luces aparecían alrededor del tronco y de mí. Le pregunté a Saria qué son esas luces; me respondió diciendo que cuando aparecen, significaba que la persona parada arriba del tronco tenía el permiso de minimizar el tamaño de su cuerpo. Yo solo la quedé mirando. Le pregunté qué tenía que hacer en ese momento, ya que solo aparecían luces. Saria solo dijo que me tranquilizara. Es entonces cuando Saria comienza a cantar suavemente. Es un cántico con una lengua que ni el “poder” del Cristal Dorado podía traducir… de pronto, las luces comenzaban a chocar contra mi cuerpo y finalmente, mi cuerpo quedó reducido por completo, para así caer por el hueco que estaba en medio del tronco.

No caí mal, sino que caí por unas hojas que estaban debajo del tronco. Al estar en el suelo, el cántico extraño de Saria había concluido. La chica me dijo que debería encontrar la salida de allí. Su voz se escuchaba muy fuerte, seguramente por el eco del tronco. Busqué hasta hallar la salida. Al salir veía a Saria gigantesca. El césped también era inmenso. El tronco en el que me había subido me era misión imposible subirla completamente. Al estar fuera del tronco, nuevamente las luces volvieron a aparecer.

- Sé que estás fuera del portal, Brett, las luces lo dicen – me dijo mirando a cualquier parte del césped, sin llegar su mirada hacia mí – Y ya que estás en esa forma… ¿quién ríe ahora?

Yo veía su rostro de burla y yo solo suspiré también riendo un poco. La voz aún se escuchaba muy fuerte, pero un poco menos que en el tronco. Ahora entendía el porqué los minish se asustaban cuando les hablaba. Ahora veía el mundo muy diferente… todo se veía gigante. Solo una hormiga llegaría a compartir mi tamaño, pero en Hyrule yo no veía ninguna hormiga en absoluto. Saria volvió a hacer el cántico extraño. Una gran fuerza me obligó a entrar en el tronco, quedando flotando arriba de las hojas. Las luces volvieron a tomar mi cuerpo, me lanzaron con fuerza al hueco del tronco y finalmente, mi cuerpo volvió a la normalidad. Yo quedé parado arriba del árbol. Miré a Saria, mostrándole una sonrisa demostrando que disfruté el poco rato en que pasé por esa experiencia. Ella me dijo que yo sólo podía convertirme en un minish con la ayuda de ese canto que muy pocas personas lo conocen. Debido a esto, no le quedó otro remedio a Saria que acompañarme al tronco más cercano del pueblo diminuto que encontré en el bosque de Farone.

Al salir del bosque perdido, Saria le contó todo a Mido, diciéndole que saldrían por un rato del bosque Kokiri. Mido aceptó, pero no quedó muy conforme por la mirada que me puso. Al parecer, Saria no se percató de esto. A pesar de todo, la chica Kokiri subió la escalera gigante junto conmigo. Saria me dijo que los Kokiri tenían prohibida su salida del bosque Kokiri, pero en este caso sería la excepción. Finalmente, tras esquivar unos cuantos bichos raros que aparecían en el bosque, llegamos al diminuto pueblo. Tras esto, Saria y yo buscamos el tronco más cercano de éste. Lo encontramos, pero lamentablemente estaba custodiada por bichos. La única manera sería alarma de alguna forma a estos bichos para que se alejen de la zona. ¿Cómo? No sabíamos. Saria no sabía nada acerca de estos bichos. En un acto de valentía, fui contra estos bichos. Eran tres: un bicho rojo que disparaba como unas rocas y los otros dos eran unos bichos verdes que, si uno estaba cerca de ellos, saltaban para atacar. Logré acabar con todos, sin antes quedar algo débil por un ataque de roca que me hizo el bicho rojo y cuatro ataques de salto de los bichos verdes.

Saria quedó sorprendida al ver tal pequeña batalla y ambos nos acercamos al tronco. Sí, era un portal, tenía un hueco en medio. Salté encima de ella y las luces aparecieron. Acto seguido Saria cantó la melodía extraña. Las luces se apoderaban de mi cuerpo, minimizándolo y dejándome caer en las hojas del tronco, para luego caer bien al suelo. Salí por la única salida posible y Saria me dijo que me esperaría. Como no me veía y escuchaba yo solo seguí mi viaje. Avancé con cuidado por todo el camino hasta llegar firme y recuperado tras la pequeña batalla al pueblo minish. Como yo era diminuto, este diminuto pueblo ya no lo veía pequeño. Es más, lo veía casi como el tamaño de la ciudadela de Hyrule.

Al entrar había un pequeño cartel escrito con letras desconocidas. No eran Hylian. De igual manera, logré traducir la frase: Comunidad Minish del Bosque. Así que era tan solo una comunidad… y del bosque… ¿significa que hay más comunidades minish? Seguí caminando y varios minish llegaron a saludarme. Sin embargo, no entendía ni lograba traducir lo que decían, así que me fue imposible entenderles. A continuación, los cinco o seis minish que me saludaron salieron corriendo. ¿Los asusté? ¿Prepararán algo? Ni idea. Solo seguí mi camino. Pude ver por fin cómo son en realidad los minish: vestían pobremente con hojas pequeñas su cuerpo, con una gorra roja y unas enormes orejas; sus pies eran grandes, más grandes que sus propias manos. Era una raza rara y nueva; nueva por conocer, digo.

Caminé por toda la comunidad, conociendo mejor las casas. Entraba en las casas, hablaba con los minish pero no les entendía. ¿Habrá algún minish que me entienda? En el fondo del todo entré a una casa con tejado amarillo. Este minish era mucho más viejo que los demás. De igual manera no le entendí lo que decía. Más al lado se encontraba otra casa, más elegante y con tejado azul. Hablé con él y le entendí. ¿Por qué? Porque sabía algo del idioma Hylian, según él. Me dijo que de hace mucho tiempo un Hylian no había visitado su comunidad y estaba agradecido por la visita. No logré contarle la historia debido a que éste me interrumpió diciéndome que busque el “Frutabel”. Le pregunté qué era esa cosa; me respondió diciendo que si logro comer el Frutabel, podré entender la lengua minish. Nada mal. Así que salí de su casa y fui a por la Frutabel… ¿dónde estaba? Ni la menor idea. Tuve que regresar a donde el minish, el cual se llamaba Festa, y me dijo que había uno en la casa con forma de barril.

¡Perfecto! Salí de su casa nuevamente y la famosa casa del barril estaba cerca. Me dirigí a ella pero en la entrada se hallaba un minish; sin embargo, la entrada trasera no estaba siendo custodiada. Entré por ahí, bajando las escaleras, moví unos bloques y llegué a una fruta nunca antes vista. La comí… no era dulce. Esperé unos instantes y caminé de nuevo. Intenté averiguar si el efecto funcionaba hablando con el minish que estaba dentro; sí, funcionó. Es más, se dio cuenta de que había comido el Frutabel y me felicitó. Regresé donde Festa, con un sabor amargo en mi boca, y le conté todo lo sucedido. Festa entendió la historia, pero dijo que lo mejor sería hablar acerca de ello con el anciano de la comunidad. Tal anciano era el que vi en la casa de tejado amarillo.

Me dirigí a su casa nuevamente y esta vez sí nos entendimos. Me dio la bienvenida cordialmente y hasta me invitó a beber algo. Yo sonriente lo contesté que sí. Mientras preparaba unas hierbas, yo le iba contando la historia. Al servir las hierbas yo estaba por concluir la historia. Si el Frutabel era amargo… ¡Dios! ¡Esto era peor! Pero no quería ser malo con el anciano y bebí la hierba con una sonrisa nerviosa y amarga. El anciano entendió aún más la historia y me dijo que sabía lo que quería el rey y la princesa: buscar, encontrar y obtener el poder de los cuatro elementos.

- ¿Elementos?
- Claro, jovencito – me decía el anciano – Debes ir por ellos.
- Y… ¿dónde los puedo encontrar?
- Hmmm... - bebiendo un poco de su hierba – solo puedo decirte que uno está aquí, en Hyrule.
- Ya… ¿y los demás?
- Obtén el primero y podré confiarte la ubicación de uno más.

Joder con el anciano. Así que uno se encontraba en Hyrule, genial… ¿en qué lugar de Hyrule? Ni la menor idea. El anciano, llamado Gentel, me dijo que el elemento que se hallaba en Hyrule era el elemento de la tierra. Genial. Agradecí la colaboración del anciano y me fui de la comunidad. Por el camino se agregaron más preguntas: ¿en qué parte de Hyrule está el elemento de la tierra? ¿Por qué la princesa necesita que yo obtenga el “poder” de esos cuatro elementos? ¿Qué tiene que ver todo esto con los que está ocurriendo en Hyrule? Esas preguntas solo las contestaría ella o el rey. Salí de la comunidad, regresé al bosque y ahí estaba Saria esperando. Me acerqué al tronco para que las luces aparezcan. Entonces, la chica Kokiri se percata de esto y comienza a cantar la melodía. Sucedió lo mismo que anteriormente y volví a mi forma normal. Llevé a Saria hasta la gran escalera y agradecí su ayuda por todo lo que hizo y me dijo. Su voz me recordaba mucho a Eileen, más que la princesa Zelda. Mucho más.

Y bien… ¿ahora qué? ¿Hora de ir a buscar el primer elemento? Menuda flojera… decidí volver al rancho porque ya estaba cayendo el sol. Regresé cuando la noche ya había caído. Cené junto a los demás, conversamos un poco, jugamos a las cartas más en la noche y luego a dormir. Al otro decidí ir al castillo para hablar con la princesa. Los guardias estaban amable aquél día así que me dejaron entrar. No sé si serán los guardias o el rey los que estarían amables. Encontré a la princesa merodeando por el segundo piso del castillo. Le conté acerca de mi pequeño viaje que tuve el día anterior, los elementos, etc. Ella sonrió al recibir esta noticia y me recomendó que antes de buscar el elemento debo estar armado, por si las moscas. ¿Armado yo? ¡Qué chiste! Pero no. Ella seriamente me dijo eso. Me dijo que me recomendaba, primero que todo, una espada y algún otro tipo de arma de defensa, como un escudo. ¡Ajá! El escudo Hylian. ¿Y la espada? ¿Dónde encuentro una? La princesa me dijo que en la región de Farone puedo hallar una y en Latoan otra.

Agradecí su colaboración por esto y me dirigí primero a Latoan. Como había caído el atardecer al llegar, decidí quedarme a dormir en Ordon aquel día, ya que es peligro andar de noche por la pradera. Al otro día comencé en la búsqueda de la espada. Me vería raro sosteniendo una, pero recuerdo que en “los sueños locos” que tuve el año anterior me pude ver sosteniendo una espada que nunca antes había visto. También iba sosteniendo un escudo, sin embargo, no era el escudo Hylian. Pregunté a los adultos de Ordon, también al granjero de allí, pero nada. Una mujer rubia me dijo que su esposo era espadachín. Dijo que su esposo salía a entrenar de vez en cuando en la región de Farone.

Salí de Ordon y me dirigí a Farone. Encontré a un hombre en la fuente de Farone que parecía un loco al moverse tan bruscamente con una espada. Desde lejos, para que no me alcance a atacar, le pedí algo de ayuda. El hombre dejó de entrenar, se acercó a mí y nos presentamos. Yo con rostro serio, como siempre. Le pregunté si tenía alguna espada de reserva para que me preste. El hombre, llamado Moy, sonrió y me dijo si estaba loco. Por dentro yo me decía: “Sí, sí, sí…”, pero a Moy le respondí con un “No” y que todo iba en serio. Me preguntó si sabía al menos manejar una. Nuevamente le respondí con un “No”. Moy echó a reír y al ver mi rostro serio dejó la risa. Sonriente, el hombre me dijo que sería mejor aprender a manejar una, sino terminaría cortándome accidentalmente. Le comprendí. Me di cuenta que era demasiado pronto empuñar una. Así que agradecí lo que me dijo que salí de Farone para dirigirme al rancho.

Por la noche, en el rancho, comencé a pensar en mi carácter. En el mundo cruel soy solitario, me vale una mierda la vida y prefiero no charlar con desconocidos; no sé como logré comunicarme con Eileen y Xavi. En cambio, en Hyrule soy frío, aunque eso es algo que comparto con el otro mundo, pero al menos soy más sociable, agradezco casi todo, converso con extraños si se me da la gana y no pienso en el pasado ni el futuro, sino en el presente. Vaya… así que Hyrule no solo me da buena vida, sino que me da una buena personalidad. ¿Por qué no soy así en el mundo cruel? Claro, si llego a serlo terminaría traicionado y humillado como lo hizo “La Traicionera”; aunque si continúo en casi soledad, solo con compañía de Eileen y Xavi, seguiría más las molestias por ser un autista de mierda.

Al otro día comencé a ver tal misión que me dieron como algo muy… difícil y cansador. Así que mandé todo a la mierda y regresé al mundo cruel. Es así como concluyen las aventuras en Hyrule por ahora. Era fin de febrero y se acercaba marzo. También se acercaba mi cumpleaños Nº 14. Se acercaba el nuevo curso. Se acercaban los nuevos compañeros. Se acercaba la visita de Eileen. ¡Se acerca todo! Marzo es uno de los meses más odiados del año. Yo comparto eso con la gente. Como detesto a marzo… si ese mes se llamaría “Junio”, terminaría diciendo: “como detesto a junio”. Una pregunta para este mundo aún queda con vida: ¿quedaría con Xavi en el mismo curso? No se sabe.

¡Llegó marzo, señoras y señores! Llegó el lunes 3 de marzo. Primer día de clases en el Liceo Eleuterio Ramírez de Osorno. Mucha gente por aquí y mucha gente por allá. Jóvenes por un lado y niños como yo junto a sus madres por otro lado. Yo estaba con mi madre. Eran las 08:00 hrs. y yo con mi madre estuvimos parados como 30 minutos, cuando el director de aquel tiempo llamó a los alumnos y apoderados para que se dirijan al gimnasio del establecimiento. Yo con mi madre llegamos al gimnasio y nos sentamos cerca de la entrada/salida. El gimnasio era enorme. Claro, es un gimnasio donde se llevan a cabo partidos de básquetbol importantes, de vez en cuando. Dentro se presentaron los inspectores, el director, cantaron el himno de Chile y del liceo, bla bla bla. Finalmente sacaron a los alumnos de Cuarto Medio, luego a los de Tercero y por último a los de Segundo. Quedaron solo los de Primero, donde estaba yo. Aquí vamos con las listas (los “compañero/a son los del ex curso):

1º A: Dos compañeras y un compañero.
1º B: Ningún conocido.
1º C: Un amigo de Francisco.
1º D: Ningún conocido.
1º E: Yo y Nicolás (amigo de “El Polo”).
1º F: Carlos y Francisco.
1º G: Xavi y Eileen.
1º H: Ningún conocido.
1º I: Ningún conocido.
1º J: Una compañera y un amigo de Francisco.

¿¡Eileen!? ¡Eso me impresionó más que la continuación de Francisco y Carlos en un mismo liceo y en un mismo curso! ¡Más que Xavi haya quedado apartado de mí! ¡Más que ella misma y Xavi hayan quedado juntos! Bueno… fue una verdadera lástima que no haya quedado con alguno de los dos y más que un amigo de “El Polo” haya quedado conmigo. A propósito, “El Polo” quedó en otro liceo. Quedó en el “liceo cuico” de la ciudad: Liceo Carmela Carvajal. Después de la ceremonia, cada curso se fue a su respectivo salón junto a su profesor jefe. Me despedí de mi madre con una seña de mano, mientras que ella hizo lo mismo sonriente. Me sentía bien que yo y mi madre estemos unidos, pero mal que mi padre la siga maltratando.

Volviendo al tema, todos llegamos al salón. Me senté atrás del todo, junto a una compañera nueva de clases. Ella no hablaba, menos yo. Mientras el profesor se presentaba y bla bla, yo observaba a todos los compañeros de clases. La mayoría de los hombres tenían el típico corte de pelo “flaite”. La re puta madre. Lo que me faltaba. ¡Ahora me toca un curso lleno de flaites! Para mí gusto son peores que los molestosos del curso de básica. Yo creo que estos serán igual de molestosos… se creen los que tienen más onda y los mejores del mundo los pobres de mierda y andan con sus parlantes y su música que me hace dar ganas de vomitar al escucharlas. “Reggaeton”… ¿a esa mierda la llaman música? Que lástima el mundo de hoy en día… me da pena. Por eso prefiero Hyrule.

Volviendo a la observación del curso, se veía que Nicolás podría hacer amigos fácilmente con los flaites. Veamos: Nicolás, más la unión de él con Francisco y Carlos, más los amigos de Francisco, más los amigos que harían cada uno de ellos: un gigantesco grupo en el liceo. ¡A la mierda con esto! Ya me dieron ganas de cambiarme de liceo, no de curso. Además, mientras continuaba observando, me daba cuenta que están las típicas chicas que les gusta el maquillaje, tienen enormes traseros y las prestaría por dinero, las muy putas. ¿Qué mierda de curso me tocó? Maldita sea, ya quiero irme de ese infierno… un infierno que ardía más y más al pensar en todo lo que se avecina en el liceo o incluso en Hyrule.

Continuará

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