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Vendetta/Capítulo 07: Primeros Días

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Vendetta/Capítulo 07: Primeros DíasEditar

Vendetta - 07.png

Liceo donde hay casi de todo.Editar

El profesor hacía su discurso de presentación y bienvenida que tardó más de 30 minutos. Al acabar llegó la hora de que los alumnos se presenten. Todos lo hicieron con normalidad, incluso yo. El único que miró con burla fue Nicolás. El profesor jefe que me tocó hacía Lenguaje y Comunicación en el establecimiento. Se veía que era un hombre bueno. Al menos me tocó un profesor amable. Al terminar la presentación, le quedó tiempo suficiente para que nos de un pequeño práctico que se realizará en grupos. Esta es una manera eficaz para que los alumnos se conozcan mejor. Yo me fui a un grupo de cuatro personas, con un compañero y dos compañeras. Nicolás se fue con un grupo de seis personas: cuatro eran hombres (flaites), una compañera “puta” y él.

Más tarde tocó el timbre de recreo. Todos salimos del salón en forma ordenada. Claro, era el primer día de clases, nadie se conocía. El liceo tenía un patio mucho más grande comparando con la del colegio, pero más chico que el de otros liceos. En la entrada del liceo, cuando uno toma mano derecha se dirigirá al lugar donde está el director, enfermería, sala de profesores, inspectoría, entre otras cosas más, mientras que a la izquierda a la biblioteca; si uno sigue caminando al frente se llegará a un enorme y ancho pasillo, el cual lo llaman “patio techado”. En este lugar se dividirá por varios caminos: a la derecha se dirigirá al pasillo largo del pabellón A; si en el gran pasillo camina aún más y toma mano derecha, estará el pasillo del pabellón B. Un pasillo que está entre ambos pabellones conformará el aún más largo pasillo del pabellón C. El pabellón A y B constan de cuatro pisos, mientras el C solo de uno pero con varios salones. Yo estaba en el C.

Regresando al gran pasillo, si uno caminaba hasta el fondo llegará a una de las tantas salidas al patio y también al gimnasio del liceo. Cuando uno sale de los salones, tomará el camino por los pasillos de los pabellones A y B para salir; como en ambos pabellones pueden salir y entra libremente al gran pasillo, tanto para el pabellón A como el B se les dejará unas puertas para la salida al patio del liceo. Más atrás del gran pasillo, lugar que no expliqué, se encontrarán dos puertas: una para la biblioteca (entrada para alumnos, principalmente) y otra para salir al patio; esta salida al patio conecta principalmente al casino de comida del establecimiento.

Ahora hablemos del patio: es un gran patio; en el centro hay una cancha donde los “futbolistas” juegan todos los días, siempre y cuando tienen balón. A la izquierda, cercano al pabellón A, está el casino de comida; para protegerse de pelotazos colocaron unas enormes rejas. Antes de la cancha se encuentra solo tierra y varias piedras. Hay unas escaleras de cemento antes de tocar tierra. A la derecha, en el sector más cercano al gimnasio y pabellón B, se encuentra la “zona sombreada”. Consta de mucho césped, unos cuantos árboles y pequeños arbustos. Este lugar es especial para que los novios vayan a haces sus cosas privadas. También hay otros dos patios: un patio está entre las paredes de la inspectoría y el pabellón A y otro patio está entre las paredes del pabellón A y B. En el patio más cercano a la entrada es donde se juntan la mayoría de novios y en una esquina se juntaban el grupo de raperos. En el otro “minipatio” se encuentran otro grupo de gente; no se juntan muchos novios. Allí se juntaban más grupos de chicas, generalmente.

Creo que eso es todo… ¡Ah! Se me olvidaba. En el minipatio que mencioné al final del párrafo anterior, se encontraba un pequeño negocio, donde llegaban a vender hasta helados. Esta descripción se la hago como si estuviera en el último día de clases de ese año. En el primer día, yo no anduve recorriendo todo el liceo solo. Es más, solo me quedé en el pasillo del pabellón A mirando a los lados todo el rato, sin hacer algo en absoluto. No encontraba a Eileen ni a Xavi. En el pabellón A están los primeros medios y segundos, mientras que en el otro están los terceros y cuartos. En el pabellón C se reparten los cursos sobrantes y está la sala de conferencia, dos laboratorios de computación, un laboratorio de química (que estaba sin funcionar en ese año), una sala especializada para artes musicales y otra especializada para artes visuales.

El primer recreo fue sumamente aburrido. No había tenido un recreo tan aburrido desde fin de mes de marzo del año anterior. No encontraba a Eileen. No encontraba a Xavi. No quería salir de mi puesto. Temía por perderlo. Al mirar a la derecha veía casi un pasillo muerto, mientras que a la izquierda se escuchaban risas, gritos, voces y había gente caminando por todos lados. Olvidé decir que en el gran pasillo hay unas cuantas bancas que en invierno están realmente heladas. Era principio de marzo, o sea, aún era verano. Por las escaleras del pabellón A aún se veía a gente bajar, a pesar de que haya pasado más de diez minutos del recreo. Rato más tarde el timbre volvió a tocar.

Regresé al salón de clases. La sala estaba cerrada, no abierta como la dejaban en la escuela. Obligaban a los alumnos salir de la sala en los recreos. En casos muy especiales o importantes dejaban abrir la sala. También debo mencionar que hay inspectores por cada pasillo del pabellón: cuatro pasillos del pabellón A, más cuatro del B y más uno del C, suman nueve inspectores; si se suma el inspector de la entrada, del casino de comida, los dos del liceo en general y el inspector general… ¡son catorce inspectores! Doce inspectores más que en el colegio. Para escapar de una clase era casi misión imposible. Como era el primer día de clases solo hubo un recreo. Este duró 30 minutos, por eso me pareció el tiempo eterno. Sumando 30 minutos más el aburrimiento… ustedes sabrán el tiempo que llevaba mi mente al estar parado mirando a los lados todo el rato en ese recreo.

Cuando el profesor jefe abrió la puerta del salón y entramos, me senté en mi puesto de siempre. Ahora los compañeros no podrían hacer bromas pesadas en los asientos debido a que no podrán entrar a la sala en los recreos. Un problema menos. Mi compañera de asiento aún mantenía su silencio. Yo siempre lo mantenía. Pude ver que Nicolás ya estaba conversando con el más flaite del grupo, a quien no le sabía su nombre pero tiempo más tarde lo memoricé de memoria: Diego. Sabía que estos dos llegarían a tener comunicación. En el curso, como siempre debe haber uno, había un compañero que actuaba afeminado, es decir, se notaba que era homosexual o simplemente bisexual. Se notaba que el grupo de flaites “les echaba el ojo” casi todo el tiempo, por lo que este joven sería un blanco fácil para molestar.

Tocó el timbre y el día acabó. Tomé mis cosas y me marché del liceo. La salida fue lenta por la gran cantidad de alumnos que salía. El curso que estaba al lado de mi salón era el 1º I. Nada especial, no tenía ningún conocido ahí. En ese mismo día dieron el horario de clases, también. Al cabo de unos minutos logré salir del liceo. No sabía si ir al “hogar, dulce hogar” o a Hyrule. Elegí lo primero. Como siempre me saludaron con un “hola”. Mi abuela me preguntó amablemente cómo me fue en mi primer día de clases; le dije que bien y aburrido. Más tarde cené y aún más tarde a dormir.

Recostado en la cama pensé en lo que se viene, tanto en el liceo como en Hyrule. ¿Mañana vería a Xavi o a Eileen? ¿Me molestarán los compañeros de clases, al igual como lo hacían los de básica? No sé… esto solo está recién empezando. Yo y mis pensamientos negativos. Todo recién comienza y yo pensando en que se mi molestarán o no. Bueno… esto ya lo hacía desde el año anterior. Desde el día en que salí de octavo básico. ¿Y qué pasa con Hyrule? ¿Dónde diablos encuentro una espada? Recordé lo que me dijo Moy acerca del manejo de la espada. ¿Qué pasa si no me acostumbro a usar una? Sí, sería divertido usar una para la mayoría. La palabra “Elementos” tampoco se escapaba de mi cabeza. Aún tenía flojera para buscar y aprender cosas nuevas.

Llega el segundo día de clases en el liceo. El día transcurre con normalidad. Nicolás conversando con el grupo de flaites, yo con mi silencio eterno y mi compañera de asiento también con su silencio. Ahora comienzan las clases de verdad y no de actividades como el día anterior. Menuda flojera. Nuevamente comencé a pensar si vería a Xavi o a Eileen en los recreos. Me aburriría demasiado una vez más si no logro ver a uno de los dos. La clase eran de matemáticas. ¡Qué divertido comienza el día! Números y jeroglíficos por un lado del pizarrón y otros más al otro lado. Era álgebra. Ahora tenía que tomar atención y aprender matemáticas de una puta vez, ya que si repruebo matemáticas o lenguaje, tenía que sacar un promedio arriba de 5,5, a pesar de no tener otro ramo reprobado. Vaya mierda.

La clase tan entretenida acabó en una hora y treinta minutos. Pareció que estuve más horas allí tan aburrido. Al salir al primer recreo no quise estar como un huevón mirando a los lados en el pasillo del pabellón A otra vez, así que decidí salir al patio. Antes de salir a ese lugar estuve en el gran pasillo. Había jóvenes más bajos que yo y otros que ya parecían adultos. En el sector del gran pasillo que está cerca de la entrada/salida al minipatio donde está el negocio del liceo, se juntaba Nicolás con el grupo de flaites. Pude ver dentro del grupo a Carlos, Francisco y los amigos de éste último. Sabía que ese grupo llegaría a existir. Después de esto salí al patio. Me quedé parado junto a la pared del peldaño más alto de la escalera de cemento más cercano al pabellón A. Observé cada rincón del patio desde esa vista. Veía a gente riendo, conversando, jugando a una pequeña partida de fútbol, etcétera. Miré atrás, al pasillo del pabellón A, y es ahí donde vi a varios jóvenes como yo solos. Dentro de ese grupo vi a una chica de pelo castaño que me observaba con mucha atención. Yo la quedé mirando por un rato igual. No sabía el porqué pero me sentía atraído con fuerza ante su mirada penetrante. De pronto, sus ojos se entrecierran y deja de mirarme, para luego colocar un rostro de tristeza y voltearse al otro lado.

Después de ese acontecimiento yo seguí mirándola. Me detuve cuando unas manos suaves tapan mis ojos. Una voz dulce que conocía de memoria me pregunta “¿Quién soy?”; sonreí y bromeé con ella, hasta dar con su nombre. Era nada más y nada menos que Eileen. ¿A qué hora salió al patio? Bueno… tal vez no la vi por no quedarme en el pasillo del pabellón A. Al voltearme para verla la vi con otro chico. No lo miré con rostro amistoso. Al contrario, muy serio y frío. Eileen me presentó quien era: Raúl. Era un nuevo compañero de clase que se sentó junto con ella en la clase. Raúl y yo estrechamos la mano. Él lo hizo sonriente y diciendo: “Mucho gusto”; yo solo saqué una sonrisa falsa y agradeciendo de mala gana, sin que se note. Los tres conversamos. Bueno, más bien dicho Eileen y yo. El otro solo estaba de compañía. Le pregunté a los dos si vieron a un compañero de su clase llamado Xavier. Raúl dijo que no; Eileen dijo que escuchaba su nombre en la lista pero no sabía quien era. Lo suponía. Al fin y al cabo están recién conociendo sus compañeros, así que no se saben los nombres de los compañeros de memoria, al igual que yo en esos días.

Más tarde tocó el timbre para entrar a clases. Dejé a Eileen y a su nuevo amigo en las primeras escaleras del pabellón A. Eileen quedó conmigo para el recreo siguiente, pero Raúl estaría con los dos de nuevo. La mierda. Quería estar con ella a solas, no que otro tipo esté escuchando nuestros temas. Al caminar hacia mi sala, sentí la mirada de la chica de pelo castaño. Busqué su mirada y llegué a ella. Estaba esperando entrar en la puerta de la sala tres del liceo, la sala del 1º C. Aquella sala estaba en el primer piso del pabellón A. Caminé hasta el fondo del pabellón, di media vuelta y ella aún me estaba mirando, con un rostro de profunda tristeza y miedo a algo. Yo solo la quedé mirando. Al rato pasa Francisco y su amigo del 1º C. El amigo, al alejarse de Francisco, se acerca a la chica de pelo castaño y “coquetea” con ella. La chica parecía realmente incómoda. El amigo de Francisco, llamado Mario, le acaricia el pelo y se acerca mucho a ésta chica. Ella parecía esquivar todo, pero Mario la obligaba. Dejé de observar tal escena y me dirigí a mi sala que ya había sido abierta.

En ese rato mi compañera rompió el silencio para conversar con las dos compañeras que estaban en los puestos de adelante. Dentro de la sala volví a presenciar una mirada. Esta vez era la de un chico. Al chocar miradas con él, éste sonrió. ¿Qué mierda? El que me miró no era el joven afeminado, era otro chico, a quien le memoricé su nombre gracias a la lista del curso: Daniel. Cuando sonrió, levantó su mano para hacer una seña de dos dedos. Es la típica seña de amistad o “buena onda”. Luego bajó la mano y aún sonriente se volteó. Yo solo quedé pensando en qué demonios fue eso. No sentí su mirada nunca más en toda la clase. Sí sentí miradas repetitivas de Nicolás y Diego. Este flaite tenía a su primo en el mismo curso, quien no era tan flaite como él pero sí era molestoso. Éste se llamaba Javier. El grupo del curso terminó conformándose así: Nicolás, Diego (quizás el líder, el más flaite de todos), Fernando (el segundo más flaite), Aaron, Jonathan, Javier (estos tres los más molestosos), Adán (el tercero más flaite) y Rodrigo, apodado “El Gallina”.

Tocó el timbre del segundo recreo. Me dirigí al pasillo del pabellón A y quedé ahí parado esperando a Eileen, mientras sentía aún la mirada de alguien desde la derecha. No pude resistir y miré hacia ese lado. Era la misma chica. Aún estaba con su rostro de tristeza. Nos quedamos mirando por un largo rato, sin inmutarnos. La gente pasaba y pasaba. Su mirada era penetrante, pero solo me obligaba a mirarla. No tenía ganas de conocerla, solo me atraía su mirada. Extraño, la verdad. Nuestra mirada fue algo quebrada cuando Mario la toma del brazo bruscamente y se la lleva consigo. Como Mario se la llevó caminando hasta el gran pasillo, ambos pasarán al frente mío. Ella y yo no nos quitábamos la mirada. Cuando pasaron justo al frente de mí, su mirada me transmitió dolor, sufrimiento y búsqueda de libertad. Separé un poco los labios para quedar casi boquiabierto.

Mientras miraba a la chica, sentía que alguien me tironeaba del brazo derecho. No dejaba de mirarla. Algo me obligaba a mirarla. El cruce de Eileen me obligó a dejar de mirarla.

- Oye, ¿qué te pasa? – me preguntó casi asustada junto a Raúl al lado, quien también miraba algo asustado.
- Ah, ¿qué? – le respondí preguntando también algo perdido.
- Te estoy tironeando de hace rato y tú ni caso. ¿Qué te pasa?
- Ah… ¡Oh, perdón! – le respondí a su pregunta ya despertando.
- Así que mirando a una chica, ¿eh? – en tono burlona.
- ¿Qué?
- No, nada – me dice sacando una pequeña risa y coqueta.

Yo, con mi típico rostro serio, no dije nada. Solo la quedé mirando. Los tres caminamos por el liceo. Cuando Raúl hablaba yo solo me quedaba callado e intentaba no escuchar lo que decía. No me importaba lo que decía. Mientras caminábamos me topé con el chico que me miró en el salón, quien andaba sólo. Él sonrió levemente al verme. Yo no hice nada. Solo le eché una pequeña mirada cuando pasó al frente. Mientras caminábamos sentía que Eileen se aburría. Yo no hablaba. Raúl hablaba poco. Al parecer, Eileen no tenía temas para conversar en grupo. Yo hablaría, pero siempre y cuando el otro tipo no esté escuchando. Finalmente tocó el timbre de regreso a clases y volvimos a nuestras salas. Yo me fui con temas de Hyrule sin salir de mi boca. Eileen quizás también se haya ido con algunos temas. Como estaba el otro no pudimos hablar como siempre lo hacíamos.

En la sala del 1º C no estaba la chica de las miradas, aún así sentía su presencia cerca. Caminé a mi sala de clases y ahí estaba Diego, Mario, Carlos, Nicolás, Javier, Aaron y ella. También había otros tres tipos del gran grupo de flaites que no conocía. La chica estaba apoyada en la pared, mientras que Diego estaba al frente de ella coqueteándola. El grupo de jóvenes reían y echaban bromas por la escena. La chica no se veía cómoda una vez más. Cuando los profesores comenzaban a salir de la sala de profesores, Mario, junto a la chica y los otros tres se van. Un poco antes de esto, Diego le dice algo en el oído. Cuando Mario se llevaba a la chica, ésta me quedó mirando nuevamente. Yo hice lo mismo con ella.

Caminé a mi sala. Entré a ella. Estuve una hora con 45 minutos más ahí aburrido. Más tarde tocó el timbre de salida y acabó el segundo día de clases. ¡Al fin! Aunque se vendría el otro día, el otro y el otro. Así fueron las rutinas en esa primera semana. Como era la primera semana de clases, esos días salía a las una de la tarde, pero desde la otra semana comenzarían las clases reales y el horario sería así: lunes, martes y jueves saldríamos a las 16:50 hrs. (04:50 pm); mientras que los miércoles y viernes a las 13:00 hrs. (01:00 pm). Aquel segundo día era martes. El miércoles fue igual que los días anteriores: aburrido y eterno. Eileen se juntaba con Raúl y no conmigo. La chica de pelo castaño seguía con sus miradas penetrantes con rostro de tristeza. Yo seguía mudo en la sala. Desde el jueves comenzaron unos pequeños cambios.

Al tocar el timbre del primer recreo, yo me caminé por el pasillo del pabellón A, como siempre. Me quedé esperando a alguna persona. Pasaban los minutos y ya no bajaba casi nadie. Me di cuenta que Eileen no quiso hablarme, que no fue o simplemente no me vio. Lo mismo iba para Xavi. Entonces me quedé ahí, con la cabeza agachada todo el rato. A veces sentía la mirada de la chica de los días anteriores. Me estaba dando lo mismo. Me sentía algo enojado por la exclusión que me hicieron los demás. A veces me daba lo mismo, la verdad. El silencio mío fue quebrado cuando una voz masculina se escuchó a mi derecha.

- Es aburrido estar solo, ¿verdad?
- ¿Quién eres tú? – le pregunté mirándolo de reojo.
- Creo que ya sabes mi nombre, ¿no? – Yo no le contesté y aún mirándolo de reojo continúa – Me llamo Daniel, Daniel Alcore. Ambos estamos en el mismo curso y lo sabes – Nos quedamos en silencio por un rato y pregunta - ¿Cuál es tu nombre?
- Es Brett – le dije quitando la vista hacia él.
- Tienes un nombre que varios desearían, ¿sabías? – No le respondí – Seguramente tendrás 13 años, ¿o me equivoco?
- Sí, tengo esa edad.
- Soy un año mayor, tengo 14 años.

Ambos quedamos conversando por todo el recreo, aunque era una conversación que iba teniendo pausas de vez en cuando. Daniel no quitaba su sonrisa en toda la conversación, algo que me pareció extraño, la verdad. Aquel día jueves, en el segundo recreo Eileen quedó conmigo para conversar sin la compañía de Raúl en el primer recreo del otro día. ¡Por fin! Así que me levanté el viernes con ganas de ir al liceo. También era el último día de clases. Más alivio aún. Al llegar a la sala de clases, mi compañera de asiento se cambió de puesto porque conoció a otra chica, la cual sería su amiga por el resto del año. Aprovechando esta situación, Daniel se cambió de puesto para sentarse conmigo. Las miradas burlonas repetitivas de Nicolás y sus amigos aumentaron considerablemente. Significaba que en cualquier momento ya comenzarían a molestarme. Daniel no dudó en charlar conmigo en la sala mientras estábamos en clases de lenguaje. Mi nuevo compañero de asiento me dijo algo que me simpatizó por compartir algo conmigo: no tenía amigos. Ni siquiera ha tenido uno en la vida. Yo tan solo tenía uno. Gracias a esto me interesé más en conocer a Daniel. Hablamos casi toda la clase, sin poner atención a lo que decía el profesor, nuestro profesor jefe. En aquella clase me di cuenta que ese hombre amable que conocí el primer día de clases se había ido. Ahora era gruñón y mandador. No le gustaba que otra persona lo pase por encima.

Poco rato después tocó el timbre. Le dije a Daniel que me juntaría con Eileen, así que me dejó solo esperándola. Antes de que sintiera la mirada de la chica de pelo castaño, Eileen ya había bajado. Al encontrarnos nos sonreímos y fuimos al lugar de siempre: las escaleras de cemento. Al ir hacia ese lugar sentí la mirada de la otra chica detrás de mí. No me volteé. Ya en las escaleras de cemento le conté lo sucedido en Hyrule. Ésta me escuchaba con mucha atención. Era la única persona que no tomaría por loco acerca de toda esta historia. Bueno, Xavi tampoco lo tomó como broma. La fuerza de la mirada de la otra chica se desvanecía algunas veces, pero regresaba. Hacía lo posible para no dejarme llevar por la mirada y centrarme en la conversación con Eileen. Al finalizar con el tema de Hyrule, Eileen solo me dijo que tenga cuidado. Sonreí y le prometí que lo tendré. Mi prima cambió el tema y dijo que el tal Xavier de su curso había ido a clases. ¿Había ido? ¡Qué bien! Dijo que ese mismo día había ido. La cosa es… ¿En dónde lo puedo encontrar? Ni idea. El liceo era grande y podía estar en cualquier lugar. Así que le dije a Eileen que al salir en el segundo recreo iría a buscarlo.

Eileen y yo continuamos conversando durante el resto del recreo. Por un rato salimos de las escaleras de cemento y caminamos dando vueltas por todo el patio. Al rato toca el timbre para volver a las salas de clases. Ambos nos despedimos en el lugar de siempre. Por primera vez no encontré a la chica de las miradas en el pasillo del pabellón A. Ni siquiera sentía su mirada o presencia cerca. ¿En dónde estaría? Al llegar a la sala la puerta estaba cerrada. Luego llega el profesor de Historia y Ciencias Sociales. A mí gusto el profesor más gruñón y estricto que había tenido ese año. Lo seguiría el de lenguaje. Abre la puerta y todos entramos. Al profesor le tocó presentarse y todo eso. Este profesor se llamaba César Hernández. “El profe César”, le decían. Mi profesor jefe se llamaba Marcelo Toledo. Daniel y yo no conversamos mucho en historia. ¿Por qué? Porque a Daniel le interesaba lo que aprendía en esa clase. Le interesaba la historia del mundo, de Chile, etcétera. Ese rato fue más eterno que el de matemáticas.

Toca el timbre de salida para el segundo recreo. Le dije a Daniel que estaría en una pequeña misión buscando a una persona. Mi compañero comprendió y nuevamente me dejó. Caminé rápidamente a las escaleras en donde encontraba a Eileen. A ella la vi bajando. Me quedó mirando y le di una leve sonrisa. Esta sonrió con más ganas que yo. Luego quedó esperando a alguien: Raúl. Yo seguí mirando las escaleras. Estuve un rato allí esperando. De pronto sentí la mirada de la chica del 1º C a mi derecha. No quería mirarla. Si la miro me quedaría pegado y no vería a Xavi bajar. Sin embargo, escuché una voz de una chica. No lo sentía en mi oído, sino que en mi mente. Es como si alguien estaría usando telepatía. No era la voz de Eileen. No era la voz de mi madre. No era la de Glasse. No era la voz de ninguna chica que conocía. La voz me decía: “Ayúdame”. No aguanté más la tentación y moví lentamente la cabeza hacia la derecha, de principio mirando de reojo. Ahí estaba ella. Estaba mirándome, como siempre. Al quedar mirándola nuevamente escuché la misma voz diciendo: “Ayúdame”. Quedé un rato mirándola atentamente a los ojos. Es entonces cuando una voz masculina se escuchó con fuerza desde mi izquierda: “¡Breeeett!”; era nada más y nada menos que Xavi. Quité bruscamente la mirada hacia la chica. Volteé y ahí estaba Xavi.

- Hola Xavi – lo saludé borrando el rostro de misterio que tenía.
- ¡Joder, no pensé encontrarte por aquí! ¿Cómo estás? – me hablaba muy animado y sonriente.
- Bien, Xavi, bien. ¿Tú? Yo tampoco pensé encontrarte en este liceo.
- Yo también estoy bien, adaptándome a este lugar.

Después de estar un pequeño rato más en el mismo lugar, decidimos caminar por el liceo. Mientras caminaba hacia el gran pasillo, volteé para ver si estaba la chica. Ella estaba siendo llevada por Diego. A Xavi no le conté nada de Hyrule. Eso quería decírselo a Eileen, pero no a él. Sí le conté cómo lo estaba pasando en liceo: ratos aburridos, el profesor jefe, Daniel, Eileen y su nuevo amigo, etcétera. Me dijo que le gustó el liceo. Decía que no estaba tan mal, pero fue una lástima que no haya quedado conmigo en el mismo curso. También nos contamos que Carlos y Francisco estaban en el liceo, pero en cursos diferentes, afortunadamente. Le dije a Xavi que Nicolás, el mismo tipo que le dio un empujón el año anterior, había quedado conmigo en el mismo curso. Le dije que mi curso era una mierda y bla bla. Luego tocó el timbre. No alcancé a hablarle acerca de la chica de las miradas. Ambos nos despedimos, en el mismo lugar donde lo hacía yo con Eileen. Me dirigí a mi sala y nuevamente no estaba la chica de las miradas. Esta vez decidí retroceder. Regresé al gran pasillo, miré al lugar donde está el gran grupo de flaites y ahí estaba ella… Estaba “abrazada” con Diego. Lo digo así porque no se veía feliz junto con él y no lo abrazaba con fuerza. Poco rato después sintió mi presencia y me miró. Su mirada de tristeza me decía lo mismo que la voz anterior: Ayúdame.

Dejé de ver la escena y me marché del lugar. Llegué a mi sala y estaba abierta. Entré a ella y estaba casi vacía. Faltaba más de la mitad del curso para que llegue. No tardó mucho para que se llenase. Luego comenzó la última clase del día y de la semana: Química. El profesor era algo afeminado, igual como el compañero de clases llamado Danilo. Daniel y yo conversamos en esa clase. Conversamos menos que en lenguaje, pero más que en historia. En pocas palabras: hablamos moderadamente. Cuando el profesor acabó de presentarse, la clase comenzaba. Todos nos quedábamos callados para escuchar su clase. Finalmente, la clase del día acabó. Esta vez el curso ya no salía tan callado como el primer día de clases, sino que salían con mínimos gritos y conversaciones. Al caminar por los pasillos y salir del liceo, esperé un rato para ver si Xavi salía. Quedé un rato esperando. Antes de que lo viera, Eileen se despidió de mí, quien se iba con Raúl. Éste también se despidió estrechando la mano. También vi a la chica de las miradas, quien estaba saliendo junto a Diego y Carlos. Francisco estaba con otro grupo. Nicolás también. La chica de las miradas, como siempre, me quedó mirando por un rato. Diego se percató de ello; volteó con brusquedad la cabeza de la chica y me quedó mirando con un rostro no muy amigable. Yo hice lo mismo.

Al poco rato salió Xavi. Ambos nos volvimos a saludar y nos fuimos caminando en la misma dirección de Diego, Carlos y la chica. Xavi y yo nos dirigimos hasta el paradero del micro de él. La chica, Diego y Carlos también estaban esperando un micro. La chica me miraba de vez en cuando. Se notaba que no quería mirarme por largos ratos por miedo a que Diego le haga algo. Yo también la miraba a ratos. Sin darme cuenta, Xavi se percataba de esto desde un principio. Me dijo el porqué miraba tanto a “Aura”. ¿Aura? Sí, ese era el nombre de aquella chica. Me dijo que la conoció en el colegio que estuvo en marzo del año anterior. Claro, ¿olvidé contarles ese detalle? Bueno, antes de que Xavi llegase a mi ex colegio, éste estudió por un corto tiempo en otro: Colegio Abraham Lincoln. Dijo que ni él ni su madre se acostumbraron a ese colegio, así que lo cambió al que iba yo. Según él es ahí donde conoció a la chica de las miradas, quien se llamaba Aura. Volviendo a los acontecimientos en la calle, el micro de Xavi llega. Ambos nos despedimos. Me dijo sonriendo que no sea tímido y me acerque a la tal Aura cuando quiera. Me sonrojé un poco y no dije nada. Se subió al micro y luego me fui caminando a mi casa. Mientras caminaba, la misma voz del liceo se escuchó: “Ayúdame”. Me detuve, volteé por un rato corto y Aura me estaba mirando. Mientras la miraba, Diego se vuelve a percatar de aquello. La voltea y la menea con algo de fuerza y enojado, aunque intentando disimular para que la gente no se percate de lo que estaba haciendo. Después de esto, Diego me vuelve a mirar. Nuevamente no me miró amigablemente. Yo no hice nada. Solo me di la media vuelta y seguí mi camino.

Llegué a mi casa. Mi madre me preguntó qué tal estuvo la primera semana de clases. Le dije que fue aburrido, pero que conocí a un nuevo compañero muy amigable. Ésta llega y me abraza. Luego me envía a la habitación para que me cambie de ropa, porque lo tenía que lavar y debía secarse antes del lunes. Hice caso y me fui a cambiar. Luego almorcé. Fui a la sala de estar y pensé quien diablos era Aura en realidad. ¿Sería ella la que me pide ayuda? ¿Acaso tenía “poderes psíquicos” para poder comunicarse conmigo? Tonterías. Ahora solo me queda decirles que debido a los acontecimientos sucedidos en la calle, los días ya no serán tranquilos como los primeros días de clases. También les puedo decir que se acercaba el cumpleaños Nº 14.

Continuará

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