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Vendetta/Capítulo 08: Una Poderosa Creación

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Vendetta/Capítulo 08: Una Poderosa CreaciónEditar

Vendetta - 08.png

Un mes para no olvidar.Editar

En el fin de semana no pensé en visitar Hyrule. Estuve todo el tiempo en mi casa. No había ganas para ir a ese lugar. Tenía que buscar una espada, aprender a usarla y luego a por un elemento de lo que me dijo el anciano minish. Que flojera. Recorrer todo Hyrule solo por eso. Como decía estuve en mi casa todo el fin de semana. Pensaba en lo que se venía: la semana, Diego y Aura, el grupo flaite, estudios y mi cumpleaños. Mi madre actuaba rara: algunos días estaba amable y otros no. Por ejemplo, ese día viernes en que llegué estaba con mucha paciencia y andaba amable, el sábado estuvo igual, pero el domingo estaba muy gruñona. Mi padre, por su parte, estaba siempre con su música, películas y vídeos. La abuela solo cocinaba, miraba telenovelas y de vez en cuando echaba siestas. El tío Gastón se lo pasaba en su cuarto y por las noches su cara estaba siempre de color rojo. ¿Por qué? Porque bebía y bebía alcohol. Estaba alcoholizado. Había engordado mucho, además. Mientras que yo solo permanecía en mi habitación o la sala de estar sin hacer nada.

El sábado pensé en la situación actual de la sociedad. Por lo que me daba cuenta, Eileen ya no estaría mucho tiempo conmigo, ya que estaría con Raúl. Mientras tanto, Xavi muy pronto conocería gente nueva y tal vez ya no se junte mucho conmigo. Solo quedaría Daniel, un chico agradable pero a veces lo encontraba alguien misterioso. Aunque como siempre, si me juntara siempre con él, el famoso grupito de flaites nos tomarían por homosexuales. A la mierda con todo. A veces pensaba en que lo mejor era estar sólo. Sin nadie ni nada. Lo mejor sería crear un muro. Un muro el cual me aparte de la sociedad entera. Ni siquiera con la gente que me relaciono estarían invitados para visitarme. Tal vez incluso les sería imposible, ya que aquel muro sería infinito y no tendría alguna puerta o algo por el estilo para entrar y salir de ella.

Me acordé de la tal Aura. Si ella es la chica que me pide ayuda telepáticamente, ¿qué tipo de ayuda necesita? ¿Querrá que la aleje del flaite ese? Difícil. Muy difícil. Desde los pequeños acontecimientos que la he visto junto con el grupo de flaites, me he dado cuenta que la hacen sufrir mucho. Demasiado. Apenas la primera semana de clases y ya la molestan de esa forma. No quiero llegar a ser un espía, pero me gustaría saber qué le hace Diego a Aura. Si la trata así delante de gente que no conoce… ¿cómo diablos la tratará cuando están a solas? Seguro que la manoseará y la obligará a hacer cosas que ella no querrá. Pobre chica… Y volviendo a la pregunta, si no es ella, ¿quién diablos es?

La situación de Aura comienza a preocuparme, a pesar de que no la conozca. Me dieron ganas de conocerla. Me dieron ganas de conversar algún día con ella. Tal vez tenga una vida como yo y podamos compartir ciertas cosas. Pero recordé el muro. ¡Claro! El muro que comencé a crear. Ese muro impide que conozca personas. También recordé que tiene a ese flaite en sus “garras”. Si me viera con ella… seguramente me daría una paliza peor que la de Carlos. Era domingo y se venía lunes. Los lunes me tocaba Educación Física. Los jueves por la tarde tocaba Deportes y Recreación. Como el liceo obligaba a los estudiantes estar con uniformes, algo que no sucedía en el colegio, teníamos que cambiarnos obligatoriamente en los camarines del gimnasio del liceo o cambiarse en los baños durante el recreo que transcurre antes de la hora de Ed. Física o DyR. No acostumbraba a cambiarme delante de los compañeros de clases. Así que esa sería la primera vez que lo haría. En los camarines del gimnasio había duchas, pero casi nadie las ocupaba. Llega el lunes. Me desperté y levanté con una pereza enorme. Hice los mismos deberes de siempre y fui al colegio ya más despierto por las actividades de la mañana. Llegué al liceo justo a las 08:00 hrs. Bueno, siempre llegaba a esa hora. Al caminar a mi sala, en el camino me encontré a Diego junto a Aura en las afueras de la sala de 1º C. Al parecer Diego no me vio, pero Aura me quedó mirando por un rato. Llegué a la sala y entré. Mi bolso pesaba debido a la ropa que llevaba. Pronto pesaría más por los libros de estudio. El último que entró fue Diego. Cuando yo llegué, Daniel ya estaba dentro. Éste me saludó amigablemente, como siempre. Él hablaba animadamente, mientras que yo apenas sacaba la voz. Daniel era uno de los pocos que podían entrar y salir del muro recién creado, aunque claro, hay muchos espacios vacíos y pueden verme y visitarme cuando se les da la gana a todas las personas.

Luego entró el profesor jefe. Saludamos como corresponde. Más tarde, después de que él dio una pequeña observación al curso por la primera semana de clases, sentí las miradas de Diego. De pronto, casualmente choqué la mirada con él. Éste me miraba aún con el rostro que me mostraba cuando yo miraba a su “amiga” el viernes pasado. Diego le dijo algo a Nicolás. Ambos quedaron mirándome. Decidí apartar la vista. Seguro que planearán algo malo para hacerme daño, tal como hacía Francisco en la básica. Daniel me hablaba de vez en cuando en la sala. Estaba tocando la hora de Consejo de Curso y posteriormente Orientación, por lo que no había clases, aún.

Más tarde tocó el timbre para el primer recreo del día. Tardó algo para que toque. Salí caminando tranquilamente junto a Daniel. Aura había salido primero de la sala. No sentí su mirada por detrás todo el rato. Sí lo sentí rato después de encontrarme con Xavi en el mismo recreo. Como siempre, ella estaba con el grupo de flaites. ¡No se veía tranquila! ¿Por qué no la dejan? Se ve en su rostro que no se siente bien ahí. Me gustaría llenarme de valor, ir donde ella y sacarla de ese grupo a forzadas. Además, ella se sentiría mejor. Eso es lo que creo. Pobre Aura… su nombre es raro. Sí, hay chicas que se llaman Pancracia, ¿pero Aura? Raro… muy raro. Bueno, creo en las palabras de Xavi, así que no hay problema. El recreo transcurrió normal, igual como siempre. Nada nuevo. Así fue el segundo recreo también. Como haría Ed. Física, tuve que estar con mi bolso en todo ese maldito recreo. En ese recreo estuve con Daniel. Xavi estaba acompañando a una chica. Seguramente, una compañera de su curso. Eileen, como siempre, estaba con Raúl.

Toca el timbre. Hora de entrar al gimnasio, para luego ir al camarín de hombres y cambiarme. Entré con normalidad. Dentro del camarín ya estaban otros tres compañeros cambiándose. Yo entré junto a Daniel. Luego, una música de mierda que se escuchaba con la ayuda de un parlante se acercaba. Era la música que escuchaba el grupo de flaites de mi curso. Todos entraron con normalidad. Diego entró riendo, pero su risa se apaga al mirarme. Él me miró con odio. Yo no hice caso y aparté la mirada para cambiarme. Más tarde, Daniel y yo terminamos de vestirnos. Ambos salimos del camarín y nos dirigimos a los asientos de galería del gimnasio.

Al estar fuera del camarín me llevé una gran sorpresa: estaba el curso de Carlos, Francisco, Eileen, Xavi y Aura. ¡Me había olvidado de que en Ed. Física se desarrollaba con cuatro cursos! Los cursos eran: 1º C, 1º E, 1º F y 1º G. Vaya mierda. Ahora entendía el porqué había tantos camarines: cuatro. Uno para cada curso. Se debe tardar como máximo quince minutos en terminar de cambiarse. Al cumplirse los quince, los cuatro profesores de Ed. Física aparecen: uno era gordo, el más viejo y más experimentado como profesor; el otro era canoso y muy estricto, mantenía su cuerpo estable y hacía los ejercicios con facilidad; la otra era una profesora, algo gruñona y su habilidad especial es la flexibilidad; y el último es el profesor más joven, que llamaba la atención de las chicas y era el más amable de los cuatro, su habilidad especial era la velocidad para correr y resistencia. A mi curso le tocó el profesor gordo, por suerte.

Mientras estaba esperando la clase, sentía las repetidas miradas de Aura. También fui donde Xavi y Eileen para saludarlos. Mi prima no iba a hacer Ed. Física. ¿Por qué? Flojera. Como ella no iba a hacer, Raúl tampoco quiso. Xavi sí iba a hacer. Aura también iba a hacer. La mayoría iba a hacer Ed. Física. Después de saludarlos regresé con Daniel. Éste me dijo que si yo prefería lo llamase “Dani”. Así lo hice. Comencé a llamarle desde ese día como “Dani”. Los profesores comienzan a tomar la lista del curso para ver quien faltó a clases o escapó. Al finalizar, el profesor canoso da un pequeño discurso y a continuación, ¡comienza la clase! Todo transcurrió normal. Aura con Diego, Eileen con Raúl, Dani con una chica del 1º G y Xavi junto a una compañera de su curso. Yo hice la clase con una compañera de curso, a quien no conocía. Según los profesores así tenía que ser: hombre con mujer. Menuda mierda.

Al terminar la clase, Xavi decidió estar conmigo durante todo el recreo largo. Es el recreo que se lleva a cabo desde las 13:00 hrs. a las 14:00 hrs. Ahí los alumnos aprovechaban de almorzar en el casino de comida del liceo. A mí no me gustaba la comida de ahí, así que no comía nada en todo el día. Xavi sí fue, así que me quedé un rato a solas. Sin embargo, ese rato duró muy poco. Eileen se acercó a mí para acompañarme. Conversamos un poco. Ella me dijo que tampoco le gustaba la comida del liceo y dejó a Raúl en la cola que se creaba. Yo le dije que esperaba a Xavi, su compañero de clases. Más tarde, Raúl volvió donde Eileen. Ambos nos saludamos y también se despidieron, porque irían a hacer sus “cositas” a solas. Ja-ja. Al quedar solo nuevamente, por un rato sentí las miradas de Aura. Estas provenían del “sector flaite” del gran pasillo. Miré hacia ese sector. Ahí estaba ella. Ahora no se veía triste, sino que se veía normal. Ni siquiera se veía seria, solo con su rostro normal.

La mirada con ella se vio interrumpida cuando llegó Xavi. Los dos conversamos durante todo el recreo. Le conté todo lo que sucedía con Aura. Cuando le contaba el principio de la historia, él echaba a reír de vez en cuando. Sus risas acaban cuando comencé a contarle la relación de ella con el grupo flaite. No le agradó la idea de que ella esté con el peor compañero de curso que tengo. Comentamos más cosas. Dijo que le gustaría cambiarse de curso, pero como ya había pasado una semana después del comienzo de clases, los trámites serían algo complicados y no habría muchas probabilidades de que lo acepten. Como conclusión del tema, Xavi me dijo que no los observe tanto o me meteré en problemas. Le dije que haría caso.

Termina el recreo. Todos nos dirigimos a nuestras salas de clases. Aura estaba siendo tironeada por Diego. Cuando estaban llegando a mi sala, la chica se enoja e intenta soltarse del flaite. Empecé a mirar la escena disimuladamente. Los intentos de liberación de Aura habían sido exitosos en un principio, pero al final Diego la encierra junto a una pared con brusquedad, haciéndole algo de daño. No se qué le habrá dicho, pero Aura lo miraba con mucho miedo. Después de eso, ella es soltada y se va. Cuando estaba lejos y la puerta de la sala empezaba a ser abierta por el profesor, sentí la mirada de Aura. Yo no quise mirarla, solo entré a la sala y me dirigí a mi puesto.

Todo el resto del día en clases corrió normal. En el segundo recreo me junté con Daniel. Al parecer, él también se dio cuenta de lo que hacía nuestro compañero de curso a la pobre chica. A Daniel no le quise contar la historia de lo sucedido, pero sí le comenté lo que había visto antes de entrar en la clase anterior. Yo le hice la misma pregunta que me hacía yo: si ese tipo trata así a esa chica en el liceo o en lugares públicos, ¿cómo diablos la tratará cuando están a solas? Daniel solo me dijo: “Pobre chica…”; claro, pobre chica. Veamos: sufriría maltrato, golpes, acoso… ¿y por qué no? Violaciones. Por supuesto que le haría eso. Desde ese momento me dieron ganas de alejar a esa chica de ese animal, ¿pero cómo? Ese flaite de mierda me daría una paliza inolvidable. ¡Maravilloso!

Más tarde comenzó la última clase, el cual también transcurrió normal. Salimos de clases. No me junté con nadie. Me fui solo del liceo. No quise que me acompañe Daniel. No quise ver a Eileen, Xavi, Aura, etc. Mientras iba por el camino de siempre, ya al estar cerca de mi casa sentía que otra persona me seguía. Miraba atrás a ratos, pero nada. No veía a nadie. ¿Será que “El Muro” esté haciendo a las personas invisible o qué? No, no creo. Llegué a la casa con mi rostro de siempre: serio. Saludé a mi hermano, abuela y madre. Solo ellos estaban. Mi padre aún trabajaba. Mi madre justo estaba saliendo, así que me saludó y despidió de inmediato y apurada. Al despedirla le vi mejor su ojo derecho que estaba algo tapado con su pelo. Estaba un poco morado… ¿acaso mi padre le hizo eso? Mi madre estaba tan apurada que no alcancé a preguntarle. Aún así, la única conclusión posible era de que ella fue golpeada por mi padre. Seguramente será por un nuevo ataque de celos.

La semana siguió normal. Me juntaba con Xavi y Dani. El miércoles me junté con Eileen en la salida de clases. Aura me miraba cada vez más. Diego seguía mirándome con rabia. Yo solo seguía en mi mundo. En la clase comenzaron unos locos a hacer de las suyas; uno se llamaba Cristián, otro José y la otra Sofía. Los tres eran los más desordenados del curso. Cristián era el peor de los tres. Ya recién en la segunda semana de clases tenía una anotación negativa en el libro de clases. Daniel reía por las locuras de aquellos tres. También había una compañera que tenía un nombre aún más raro que Aura: Almendra. Y yo me pregunto, ¿en qué mierda estuvieron pensando los padres al llamarla con ese nombre? Parece chiste tener un nombre como ese. Al parecer, la tal Almendra conocía a Javiera, “La Traicionera”. Pero bueno, no me interesaba en absoluto.

Así transcurría la semana. Cada vez conocía más el curso. Llega el día jueves y el infierno regresa. Por la mañana todo fue normal. Nada raro pasó. Lo raro solo pasaba en la “relación” entre Aura y Diego. En fin, antes de contar esto les debo decir que en el día anterior Aura me miraba a ratos y Diego se percataba de aquello. Como yo la miraba, el flaite se daba cuenta de todo. Así que éste sacaría su rabia que tiene conmigo desde el viernes pasado en el camarín de hombres durante las clases de Deportes y Recreación. Por la tarde, en la última clase del día, los mismos cursos de Ed. Física se preparan para la clase. Ahora comienza la historia: al entrar en el camarín junto a Dani, Diego entra con su grupo. Todos entran normalmente, pero Diego, siendo el último en entrar del grupo, me agarra con fuerza y me forcejea a la pared. Teniéndome agarrado del polerón me dice:

- Así que vo erí el hueoncito que anda detrá de mi mina – me dice Diego con su rostro de siempre y con el “acento flaite” que tiene.

Nota: “Mina” es como se le dicen a las novias de los hombres o también se le dice a las chicas muy bonitas, sin haberlas conocidas; también pasa en el caso de las mujeres con los hombres, pero se les dicen “Mino”.

Yo solo quedé mirándolo sin decir algo. Comencé a temblar un poco mientras me tomaba con fuerza del polerón. Daniel le dice que todo no se debe solucionar a golpes. Entonces, Diego me suelta, le da un empujón rápido pero con fuerza a Daniel y vuelve a tomarme del polerón.

- Musho cuidao con andar detrá de ella, hueón, ¿o querí que te saque la chucha?

Yo solo quedé mirándolo, con la frase “Déjala en paz” a punto de salir de mi boca. A continuación, Diego me suelta y se dirige a un puesto que dejaron libre los flaites. Daniel se acerca a mí y me queda mirando con rostro de no saber nada lo que pasaba. Mientras Diego caminaba, yo le dije: “Déjala”. El flaite se detiene, deja caer su bolso, se da media vuelta y me pregunta caminando hacia mí: “¿Qué weá dijite?”; yo repetí lo que le había dicho serio. Entonces, Diego me da un puñetazo en la cara. El golpe fue tan fuerte que me dejé caer. Daniel intenta detenerlo, pero es empujado una vez más, esta vez con más fuerza. El empujón lo llevó con los flaites. Estos agarraron a Daniel para que no vuelva a interrumpir. Sin embargo, por una razón extraña, Daniel se suelta fácilmente, pero Diego me había dado dos puñetazos. Luego, Daniel agarra a Diego desde atrás y lo aleja de mí. Como Diego estaba con mucha impotencia, éste intenta darle un puñetazo, pero Daniel sorprendentemente lo frena en seco y le da un empujón tan fuerte que lo lleva directo al grupo de flaites. Diego se calma un poco y tan solo queda mirando a un Daniel sonriente. Los demás quedan mirando a Daniel también. Todos quedaron mirando al joven que me compaña y unos pocos a Diego. Yo quedé impresionado por lo que hizo Dani. El flaite se calma totalmente y con miradas de venganza comienza a cambiarse de ropa. Los demás igual lo hacen.

- Te ha dado una buena, ¿eh? – dijo Dani mirándome aún sonriente.
- No hace falta que me ayudes – le dije sentado en el suelo - No vale la pena. Conmigo no.
- Sí lo vale. Por un amigo lo vale – me dice tendiéndome la mano.

Quedé mirándolo impresionado por lo que me dijo, con el rostro dolido. Por un momento, todos los demás desaparecieron. Otra persona más que me considera un amigo. Esto ya era aún más nuevo. Me levanté gracias a su ayuda. Me preguntó si estaba bien. Yo le respondí con un “sí”. Aunque no esté bien, siempre decía eso. Escuchaba los murmullos que tenía el grupo de flaites. Aún así, no importaba lo que dijeran. Sabía que este curso de mierda no sería bueno. Más bien el liceo en general. Luego de los acontecimientos que sucedieron me cambié rápidamente de ropa y me fui. Daniel dijo que lo esperara, así que eso hice. No tardó mucho y nos fuimos los dos. Ahora solo quedaba esperar a que la clase comenzara. Debido a lo ocurrido, puedo decir que nuevos ladrillos han sido colocados en el muro.

Salto la segunda semana de clases para llegar al viernes de la tercera semana de clases. Las clases se iban intensificando y se acercaban los primeros exámenes. Diego cada vez ya me miraba con menos odio, pero sí con burlas. Dani solo me decía que lo ignore. Aquel jueves de la tercera semana de clases, Diego había golpeado levemente a Aura dentro del liceo en un lugar que no es muy visitado por los estudiantes. Yo miré tal escena por casualidad. Al parecer, ambos no se percataron de mi presencia. Al ver el golpe de Diego y que luego éste la abrace inmediatamente, me fui caminando silenciosamente y diciéndome a mí mismo: “Tú no has visto nada, Brett, nada”.

Gracias a ese acontecimiento anterior decidí seguir a Diego y Aura al siguiente día después de clases. Desobedecería lo que me dijo Xavi. Lo que quería era saber cómo Diego trata en realidad a Aura. No sé a qué casa fueron, pero llegué con ellos hasta Rahue Alto. Para comenzar, en las afueras del liceo Aura me miraba a ratos. Yo intentaba ignorarla, pero de vez en cuando la miraba y apartaba la vista. Cuando los dos comenzaron a caminar hacia la casa de Rahue Alto, Aura miró hacia atrás y me vio. Yo me detuve por un rato, con temor a que Diego mirara también o que ella me delatara. Sin embargo, al verme sonrió y apartó la vista. Yo seguí detenido esperando a que Diego mirara. No había respuesta de él. Decidí en continuar el espionaje. Por el camino no se veía nada extraño, solo se veía que Diego le hablaba y le hablaba. Aura no me volvía a mirar, pero presentía que ella sabía que yo aún los seguía. Todo el viaje continuó normal. Al llegar a la casa de Rahue Alto, Aura entró primero, sin antes mirar la esquina en donde yo estaba observando. Sí, ella sabía que los seguía. Ahora lo más raro: ¿sabía que yo estaba en la esquina parado y miró hacia allí para confirmar la pregunta que tenía por el camino? No creo... solo fue casualidad.

Quedé ahí, esperando a que salgan. Tardaron más o menos una hora y salieron de la casa. Afortunadamente se dirigieron a la otra esquina. Cuando Diego se dio la vuelta, Aura me dio una rápida mirada. Ella aún sabía que los observaba. Lo mismo que antes: Aura no dio la vuelta hacia atrás por todo el camino. Diego tampoco lo hacía. A diferencia del primer recorrido, el flaite no le hablaba con tanta frecuencia. De vez en cuando, éste la forcejeaba con brusquedad. ¿Por qué? Ni idea. Ambos me llevaron al Parque Cuarto Centenario, lugar que conozco muy bien. Oculto por los árboles espiaba a la pareja que estaba detrás de unos matorrales… Diego hacía de las suyas ahí. Aura estaba recostada y Diego encima de ella y la obligaba a que ésta le de besos. En una ocasión, Aura le da una cachetada. El flaite responde ferozmente con otra cachetada y comienza a darle besos en el cuello.

No quise mirar más y me fui, sin dejar rastro o hacer ruido sospechoso. No podía creer lo que veía. ¿Qué clase de novio/pololo es ese flaite de mierda? No pude ver lo que hacían en la casa. Seguramente allí también le habrá hecho daño cuando están a solas en la habitación. Ya le habrá hecho daño anteriormente. Ahora confirmé todo. Al fin puedo decir que ese tipo maltrata a la pobre chica esa. Llegué a casa, almorcé y fui a mi habitación. Encendí el televisor. Coloqué cualquier canal y me puse a ver televisión para olvidar un poco lo que había visto. La habitación estaba algo oscura por una nube negra extraña que estaba en el cielo y la ampolleta de la habitación estaba mala. Encendí la lámpara de pata larga que estaba en una esquina. Acerqué la lámpara a mi cama y comencé a ver televisión. Me sentí incómodo con apoyándome en la pared. Así que fui a por un sillón de la habitación de mi abuela. Lo coloqué justo en frente del televisor, moví la lámpara hacia el sillón y me senté. Ahí quedé mirando televisión.

Mientras miraba la televisión me llegaba unos cuantos recuerdos. Al parecer no me estaba haciendo muy bien. Recordé el sabor de la cerveza. Me dieron ganas de beber una en ese momento. Recordé que mi padre siempre guardaba algunas en el refrigerador. Me levanté del sillón y fui a la cocina. La abuela estaba mirando una telenovela, así que no estaba pendiente de mí. Mateo estaba en la computadora que le regalaron. Los demás trabajando. Llegué al refrigerador y encontré el tesoro: cerveza. No era Cristal, sino otra marca: Brahma. Fui al patio para que mi abuela no escuche el sonido de la lata. Al estar fuera, abrí la lata y escuché ese sonido que me hizo recordar algunas cosas que había hecho en el año nuevo. Sonriente, comencé a beber de a sorbos. Su sabor era algo más amargo que el de Cristal, así que no me gustó mucho. A pesar de todo, bebí toda la cerveza a gusto en el patio. Me sentía mejor. No sabía el porqué pero me sentí mejor. Lancé la lata en algún rincón del patio y regresé. Mi abuela empezó a hacer pan casero, así que no pude beber más. Quería más, pero recordé que se acercaba mi cumpleaños. ¡Ahí sí beberé tranquilamente y a gusto! Después regresé a mi habitación y me puse a ver la televisión en el sillón junto con la lámpara encendida. Así comenzaron a ser mis días. Como ya estoy alejándome un poco más de la sociedad gracias al televisor, sillón y lámpara, unos cuantos ladrillos se han colocado en el muro. Muchas gracias, TV.

¡Llega el día del cumpleaños! Todo bien, todo genial. Los primos como siempre venía a visitar y a traer los típicos regalos: ropa, perfume, relojes chinos, etc. Me importaba una mierda los regalos. También las visita. Era un día sábado los que estaban eran los mismos de siempre, solo que Catalina llevó a su novio, Elizabeth quedó soltera, Bastián cambió de novia, Jocelyn era un poco más loquilla con su teléfono, los otros tres chiquitines se divertían con la GameCube o el computador de Mateo. Lo que más me irritó y lo que me cagó aún más el día fue el “gran” detallito que se trajo Eileen: llevó a Raúl. ¿Quién mierda invitó a ese huevón? Es mi cumpleaños y ella debía de saber que su invitado “especial” solo cagaría más mi ánimo. Era día de fiesta y ésta llega y viene con ese tipo. Lo que más me cagó fue que saludó como si nada estuviera pasando y muy sonriente dice: “¡Mira! ¡Traje a Raúl! Así ustedes se podrían conocer mejor, ¿cierto?”. Él miraba de reojo de vez en cuando, mientras que yo hacía lo posible para no mirarlo.

Después de que me cantaron la famosa cancioncita, “Cumpleaños Feliz”, apagara el fuego de las velas de la torta y comiera un trozo de ésta, me dirigí a mi cuarto para encender la TV, sentarme en el sillón y encender la lámpara. En un canal estaba pasando una película de guerras de las épocas medievales del mundo real. Recordé Hyrule. Recordé el uso de la espada, los minish, lo que estaba pasando Hyrule en esos últimos días de febrero… Me dieron ganas de entrar a ese mundo. A la vez no quería entrar. Quería que el anciano me diga las ubicaciones de los otros elementos, pero me daba flojera. Quería ser el “espía profesional” del rey y la princesa, pero me daba flojera. Apagué la TV. Solo quedé con el control en mano y mirando el televisor con la pantalla negra. Así quedé por unos minutos.

Más tarde decidí volver con los demás. Mientras iba bajando sentí el timbre de una persona. Yo me dirigí a la cocina, en donde estaba Bastián con una lata de cerveza. Éste me invitó a beber una y acepté con gusto. Mientras bebía, una persona que entró a la casa saludaba a los demás. Su voz me pareció muy conocida. Entonces dejé la cerveza de inmediato y fui a ver la sala de estar. ¡Era ella! Estaba saludando a todos con besos y abrazos. Terminó de saludar a un tío y se percata de mi presencia.

- ¿Coni? ¿Qué diablos haces aquí?

Eso fue lo que le pregunté y me saluda animadamente, con un abrazo incluido. Ella me dio como regalo una pulsera de piel suave con su apodo grabado en ella. Fue el regalo más barato pero el mejor que recibí en todo el día y, quizás, toda mi vida. Sonreí, le agradecí y le respondí con un nuevo abrazo, aunque este más rápido que el anterior. Ella saludó a Bastián y Eileen se acerca a mí. Mi rostro de alegría desaparece al verla.

- ¿Te ayudo? – me preguntó ya colocando sus manos en mi brazo derecho y en la pulsera recién regalada.
- ¡No! – le exclamé quitando su brazo bruscamente, sorprendiéndola y asustándola un poco por mi reacción.
- ¿Qué te pasa? Tú no eres así conmigo.

Al decirme esto, yo desvié la mirada para ver a su derecha al fondo, donde se encontraba Raúl esperándola. Eileen mira a su derecha también y lo ve. Ésta vuelve a mirarme y yo la miro una vez más, colocándole un rostro de: “Ya sabes la respuesta. No te hagas”. Entonces me doy la media vuelta y voy con Coni y Bastián, quienes casualmente se conocían de antes. No quise mirar atrás. Los tres decidimos ir al patio y conversamos un poco. “Mi fiesta” se llevó a cabo hasta las 03:30 hrs. más o menos. Bastián, Coni y yo anduvimos juntos en casi toda la noche. En realidad, yo no era el que hablaba. Yo parecía ser Raúl en el primer día de cuando yo hablé con Eileen en el liceo. Casi todo el rato callado y escuchando la conversación de los otros dos compañeros.

Mi silencio se destruye cuando Bastián me invita a tomar una nueva lata de cerveza. A Coni también le ofreció uno y ésta aceptó. Ambos quedamos conversando un poco hasta que Bastián regresó con las cervezas. En la sala de estar ya comenzaba a mover las mesas para comenzar a bailar. La música de cumpleaños ya empezaba a cambiar por cumbias y canciones bailables de los 80’. Bastián y yo le preguntamos a la Coni hasta qué hora iba a estar; ella respondió que toda la noche si era necesario. Genial. Ahora que recuerdo… Coni tiene una excelente memoria. Yo le dije el día de mi cumpleaños aquel día que nos encontramos en la carretera camino a mi casa. Ella iba de compras. Seguro que recordarán, lo escribí en el capítulo cinco de esta historia. De pronto, mientras estaba en el comedor junto a mis dos nuevos compañeros, Eileen y Raúl salieron al patio. Eileen me quedó mirando por un rato, pero quitó la mirada algo decepcionada por no tener mi compañía. Maldita. Todos lo pasaban bien. Creo que yo era el único quien no se sentía satisfecho esa noche. Todos reían, bailaban, conversaban… pero yo no me sentía a gusto. Bueno, en casi todos mis cumpleaños no me he sentido a gusto.

La noche continuó y continuó. Yo cada vez me sentía más mareado por culpa de la cerveza. A veces me detenía. Para mi sorpresa, Coni bebía más, incluso más que Bastián y yo. Eileen y Raúl no regresaban del patio. Recordé que mi habitación tiene una vista perfecta al patio. Lo malo es que estaba oscuro y no podría ver bien. Además estaba tomado. Le dije a Bastián y Coni que iba a mi cuarto y sin compañía. Ambos contestaron sonriente con un “OK” y me dejaron ir. Como un caso parecido a lo que hice con Diego y Aura hice con estos. Entré a mi cuarto sin encender la lámpara, o podrían darse cuenta de mi presencia. Claro, la lámpara iluminaba con fuerza la habitación. Lo mejor es que la ventana estaba abierta, así que no tendría que hacer un esfuerzo de abrirla despacio sin hacer ruido. Ambos estaban en el fondo del patio, en el mismo lugar donde Eileen y yo íbamos con frecuencia. Los dos se mantenían abrazados. Veamos: estaban al fondo, no hay luz en mi habitación, andaban con linterna, yo andaba con una camiseta negra… No me veían. Sería difícil verme con los que le dije. De pronto, los dos comenzaron a caminar hacia la casa. Y todo se torna más negro al ver que mi prima preferida, después de reír con alguna broma de Raúl, ésta pone sus brazos rápidamente hacia éste y le da un beso en los labios…

“¿Qué estoy viendo? …”; eso me pregunté a mí mismo mientras estaba boquiabierto, mezclado con shock y decepción al mismo tiempo al ver tal escena. Solo quedé mirando. Ellos se detuvieron y siguieron caminando hasta entrar a la casa. Bien… ya se habían dado uno antes. Yo solo quedé ahí, parado en la ventana mirando el patio, justo en la parte donde Eileen y Raúl se detuvieron para darse un beso. ¡Asco de mierda! Sentí un dolor de estómago y mezclado con el mareo, dio por resultado los vómitos. Me puse a vomitar en el tejado. Jodida prima… jodido Raúl… ¡Jodidos todos! De pronto, solo me vino a la mente sangre y sangre sin control perteneciente del nuevo pololo/novio de Eileen… Después de esto me di cuenta que nuevos ladrillos se han colocado en el muro.

Salí de mi cuarto. Bajé las escaleras. No miré a ninguna persona. Solo me dirigí al refrigerador y sacar una cerveza. No había nada… sí había pisco. Pisco Mistral y otra Capel. Saqué el de Mistral. Lo serví en una botella y comencé a beberlo. Maldita sea… su sabor era muy diferente a la cerveza y aún más amargo. Recordé que lo mezclan con bebidas relacionados con Cola. Justo había una Pepsi. Así que vertí Pepsi en el vaso, mezclándolo con el pisco. Lo bebí y mucho mejor. Quise servirme más, pero venía Bastián en camino. Éste me pilló con la botella de pisco en mano. A continuación, ríe un poco y me invita a salir al patio sin que nadie sepa. Estando afuera, Bastián sacó un papelillo, el cual contenía un polvillo blanco. Yo quedé mirando el papelillo y luego a Bastián, sorprendido.

- No me digas que… - le dije casi sin palabras en la lengua.
- Sí, primito – responde este en tono de un mafioso sin experiencia – y es de la mejor. Deberías probarlo, aunque sea hoy… Te sentirás genial, te lo digo por experiencia propia – terminó ya con rostro casi de excitado.
- Pero…
- ¡No te preocupes! Sólo tómalo y pruébalo y ya.

Yo recibí el papelillo algo asustado y le pregunté: “¿Por qué debería de inhalarlo? ¿Qué pretendes?”; éste me responde: “La verdad no te veo animado y eso no me gusta. ¡Es tu cumpleaños! Inhala esto y te sentirás mucho mejor, te lo aseguro”. Luego, Bastián me dijo que inhale lo que estaba del papelillo en un lugar donde nadie me vea. Era nada más y nada menos que cocaína. Mi primo regresó a la casa y yo me quedé un rato en el patio. Entonces decidí guardar el papelillo y regresar a mi habitación, como si nada hubiera pasado. Allí coloqué el polvo en el velador e inhalé todo lo que tenía el papelillo lentamente. No se sintió tan mal. Al principio me mareé un poco, pero de pronto algo me obligó a salir de mi habitación para ir con la gente de abajo e interactuar con ellos. Recuerdo que volví con Bastián y la Coni y reíamos sin parar. También recuerdo que invité a la Coni para bailar conmigo. A veces actuaba como un loco en la casa, pero en ese momento todo era normal y echado a la risa. Sentía que era el día más feliz de mi vida y que nada me iba a detener. Tal vez los efectos me afectaron fuertemente... Recuerdo que Bastián y yo fuimos las almas de la fiesta de aquella noche y reíamos por cada cosa que sucedía. Según la cocaína fue el día más feliz de mi vida, pero en realidad fue uno de los más asquerosos y peores. Creer o no creer. Parece fantástico lo último, pero creer sólo depende de ti. Ahora me queda por decir: te agradezco mucho Eileen, Raúl, Bastián y cocaína; gracias a ustedes nuevos ladrillos han sido agregados al muro.

Continuará

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