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Vendetta/Capítulo 09: Una Reliquia

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Vendetta/Capítulo 09: Una ReliquiaEditar

Temas extraños por siempre.Editar

La pregunta es: ¿de dónde Bastián sacó cocaína? Él vive con sus padres en un apartamento. Sus padres no se llevan muy bien de hace un tiempo y pelean de vez en cuando. Bastián es un amante de la música, especialmente en el género rock y metal. A medida que iba creciendo, él iba teniendo amigos de sus mismos gustos. Se rapa por completo su cabeza de vez en cuando. Es moreno, más bajo que yo, ojos marrón oscuro y casi siempre sonriente o serio. Viste ropas totalmente negras, pero a veces son prendas de colores oscuros, como un verde oliva bien oscuro. Tiene los ojos un poco achinados, características que sus padres y abuelos no tienen. Se nota también que Bastián se junta mucho con sus amigos en las calles y no se pasa ya casi todo el día dentro del apartamento. También usa un aro en la oreja izquierda y tiene dos piercing en la cara; una en la nariz y otra en la oreja derecha. La junta con amigos que tiene, quienes la mayoría son cercanos a los 18 años o incluso algunos han pasado esa edad, será la razón de la cocaína. Debido a todas estas características, siempre Bastián es un “sospechoso” para la policía.

El efecto de la cocaína desapareció aquella misma madrugada, cuando todos se estaban despidiendo. Los últimos en irse fue la familia de Bastián y la de Eileen. Catalina se había ido cuando yo estaba dentro del grupo de baile. La Coni estaba en la sala de estar riendo por casi todo. Creo que ella también cayó bajo… Bastián estaba en la cocina. Mateo comenzó a aburrirse porque quedó sin sus primos favoritos. El efecto se acaba… todo lo “feliz” que me había sentido recién comienza a desaparecer. Regreso a ser el mismo “tristón” de siempre. Regreso a ser el aguafiestas. Sentía que el mundo se venía encima. Encima de mí. No sabía el porqué, pero creía que la Coni se reía de mí. De pronto veo a Eileen. Raúl ya se había ido, al parecer. No sé como, pero al ver a Eileen me salió una lágrima sin siquiera darme cuenta. La Coni me preguntó: “Oye, ¿’tai llorando?” y comienza a reír. Yo solo la miré y nada más. Cuando sentí que ya todo se fue a la mierda, me despedí de la Coni y fui a mi habitación. Sentí la mirada de Eileen cuando iba en camino.

Ya estando arriba me senté en el sillón, encendí la lámpara y luego el televisor. Sentía que los ojos me ardían un poco. No sabía qué hora era. Tal vez no eran las 03:30 hrs., sino más tarde. De un momento a otro recordé Hyrule. ¿Qué será de ese mundo? Pensaba en ese mundo y lo que tenía que hacer. De pronto me sentía triste. No sé porqué, pero me sentía así. Sentía que todo iba mal y me daban ganas de llorar. Claro, todo estaba mal. Hasta a veces sentía ira. Veía la televisión y me sentía mal. Sentí la puerta de mi habitación abrirse y de pronto una mano tocando mi brazo. Salté del sillón y volteé a ver quien era. Nada más y nada menos que Eileen. Ésta me miró con rostro de gran preocupación y me preguntó algo que no recuerdo. Yo no supe qué responder o simplemente no quise. Solo nos quedamos mirando y lágrimas caían de mis ojos. Recuerdo que Eileen no se molestó en nada quitar las lágrimas con sus propias manos. Me decía cosas pero no recuerdo. Ni siquiera escuchaba bien. En un acto “random”, sin sabes qué hacer, me acerqué a ella y la abracé. Sentí que ésta recibió el abrazo con gusto y mucho cariño.

- Mi prima querida… más ladrillos se han colocado en el muro – le dije susurrando mientras estábamos abrazados.

Eileen dejó de abrazarme lentamente y me quedó mirando. No sé el porqué pero le sonreí y creo que caí desmayado porque no recuerdo más. Desperté al día siguiente con un estado parecido a cuando el 1 de enero de ese mismo año, solo que ahora el dolor de cabeza era peor. Tenía flojera y aún me sentía cansado. La hora era 12:40 hrs. Era más temprano de lo que creía. Bajé al primer piso y solo estaba mi abuela. Almorcé con ella a esas horas de las 14:00 hrs. y subí a mi habitación. Miré TV por un rato. Luego eché una siesta y volví a despertar a las 19:00 hrs. El día fue flojo, con dolor de cabeza y demás. No quise ir al lunes a clases, pero mis padres me enviarían a ella de igual manera.

Aquel lunes desperté a la misma hora de siempre para ir a clases. Como no quería ir, decidí tomar el camino por el Parque Cuarto Centenario y entré al portal para visitar Hyrule. Ya era tiempo de volver a ver este querido mundo. Había monstruos en la pradera. Cada vez que visitaba Hyrule había más. Al estar en frente del portal noté algo extraño. Al mirar hacia una dirección en concreto sentía el olor a leche nueva, recién sacada de la vaca. Mientras que al oler por otros lados ese olor desaparecía un poco, pero sentía olor a flores y demás. Yo no veía leche cerca. Así que caminé hacia el olor de la leche con cuidado de toparme con un monstruo. A medida que me acercaba a la región de Eldin, el olor se hacía mucho más fuerte. Finalmente, acabé llegando al Rancho Lon Lon. De ahí provenía tal olor. Todos me recibieron con grandes sonrisas por la visita sorpresa, pero lo que más me sorprendió es que cómo diablos llegué a oler leche desde un lugar tan lejos. También podía oler profundamente el olor de los perfumes que usaban los granjeros. Podía sentía el hedor de Ingo al mezclar perfumes y su transpiración en uno, algo que no sentía antes.

Mi olfato no está bien. ¿Acaso será una nueva “actualización” de poderes del famoso Cristal Dorado? De a poco comienzo a creer que estaba mejor cuando llegué por primera vez a Hyrule. ¡No es necesario el poder oler tan bien! Genial, ya tengo fuerza para levantar un pesado escudo, no me canso al correr y ahora puedo oler como los dioses. Es más, cuando estaba en el atardecer aún en el rancho, apunté mi nariz hacia varios puntos, entre ellos la ciudadela y Kakariko. Sin lugar a dudas, noté que en la ciudadela las personas están mejor perfumadas. Hasta apunté hacia un monstruo que alcancé a ver y olía realmente mal. Podía oler todo. No podía oler lo que estaba muy lejos, como las regiones de Gerudo y el Pico Nevado.

Les conté lo que hice en el atardecer, pero ahora les contaré lo sucedido en el día. Después de saludar a todos en el rancho, tomé camino para buscar más a fondo en Eldin y encontrar una espada. Había escudo y demás, pero no espadas. Escalé incluso la Montaña de la Muerte, ubicado en la misma región, pero los Goron, gente que vive allí, no son de utilizar espadas. Finalmente fui a la región de Lanayru, la región del castillo. Sin dudas es una de las regiones más grandes de Hyrule. Intenté llegar al Dominio de los Zora, pero sin darme cuenta estaba en el Lago Hylia. El lago era gigantesco. No se veían monstruos en esa zona. Era un alivio total. El agua estaba a su temperatura normal; ya era aproximadamente las 17:00 hrs. Llegué a tierra y caminé por los largos puentes de madera. Había una zona circular en medio que separa caminos por tres puentes. Me di cuenta que no había salida del lago… me sentí atrapado y ya comenzaba a creer que no regresaría. Sin embargo, había una especie de máquina gigante que esteba siendo cuidada por un hombre bajo y vestido de payaso. Hablé con este hombre y me dijo que me lanzaría a una zona especial por un costo de 10 rupias. Una lástima que no tuviera… Aquel hombre se llamaba Tobías.

Recorrí por toda la zona buscando rupias. Tenía la esperanza de encontrar al menos dos rupias azules, los cuales costaban cinco cada una. Busqué entre las hierbas y solo encontraba rupias verdes. Terminé encontrando ocho… No me di por vencido. Me lancé al agua y vi desde ahí una pequeña zona de tierra a lo lejos. Nadé hasta allá. Llegué… cansado por nadar mucho pero llegué. Encontré un pequeño cofre y me hice esperanzas de encontrar rupias. También había mucha hierba. Al acercarme al cofre, sin embargo, apareció un monstruo con un palo de madera. Apareció desde una repisa que estaba arriba del lugar. Se notaba que tenía intenciones de darme una paliza. No tenía un arma… pelearía cuerpo a cuerpo, aunque éste con algo de ayuda por su “palito”. Éste se acerca e intenta atacarme. Lo esquivé fácilmente yendo hacia una lado y me di cuenta que era lento para atacar. Así que dejé que se acercara de nuevo, pero esta vez me agaché y cargué hacia él, empujándolo a la pared. Arrinconado en la pared comencé a darle puñetazos. Mientras hacía esto, recordaba los golpes que yo recibía. Eso me hacía enojar y hacía cargar con más fuerza los golpes. Lo último que recordé fue el beso de Eileen con Raúl… no sé porqué recordé eso. Al recordarlo, ya con el monstruo débil, cargué el puñetazo final y finalmente le di el golpe en la cabeza, destruyéndolo por completo. Su sangre, la cual era verde y viscosa, comenzaba a chorrear y hacer charco. Por fin me sentía cansado en Hyrule y con rabia inmensa traída del Mundo Real.

Mi mano quedó verde. Me alejé del monstruo y lo quedé mirando, sin dejar de ver mi mano. Ese “Brett” que golpeó al monstruo con ira no era yo, era otro. Tal vez era yo pero repleto de recuerdos y descargando parte de eso hacia un pobre monstruo. Quería esa rupia. Interrumpió mi camino y se llevó una sorpresa que hasta a mí me sorprendió. ¿De dónde saqué tanta fuerza? Tal vez no fue la fuerza, solo fue una descarga o simplemente un descontrol mío. Un descontrol superior al que tuve hace tiempo al enojarme por primera vez con Eileen. Detuve los pensamientos, me levanté y abrí el cofre. Encontré una rupia roja, la cual equivalía a 20 rupias. Tenía dinero de sobra para pagar al payaso ese que me hizo rondar por todo el Lago Hylia. Fui hacia él y le di la rupia roja. Éste me hizo un vuelto con una rupia amarilla, equivalente a 10 rupias. El hombre me invitó a entrar dentro de su cañón y esperando a que suceda algo. De pronto el cañón comienza a moverse y yo salgo disparado de un momento a otro. Iba gritando mientras estaba en el aire. Finalmente caí hasta un pequeño parque de gallinas; “Cuccos” les dicen en Hyrule. Había un payaso más alto allí que al parecer, era afeminado.

Salí por una única puerta posible y regresé a la pradera de Hyrule. Había salido por la parte norte del gran puente de Hylia. Crucé el puente, esquivando a unos cuantos monstruos. Luego seguí por el único posible hasta llegar a la pradera sano y salvo, sin herida alguna. Me di por rendido y regresé al rancho, teniendo en mente el plan de viajar aún más a fondo la región de Farone y Latoan. Al llegar al rancho, hice lo que les dije en el atardecer y después de cenar, jugué un rato a las cartas con Malon.

- ¿Qué pasaría si vieras a una persona que aprecias demasiado besándose con otra persona? – le pregunté mientras ella tiraba una carta.
- Lo dejaría ser feliz con esa otra persona – me dice sonriendo y esperando mí turno.
- ¿Y si odiaras un poco a la persona que quieres que lo haga feliz? – tirando la carta de mi turno.
- No me importaría la otra persona, me importaría la felicidad de la persona que aprecio – me dice pensando al mirar sus cartas.

Por un rato corto quedé en dudas por la siguiente pregunta, pero finalmente la hice.

- ¿Y si te gusta, aunque sea un poco, esa persona especial?

Al escuchar esta pregunta, Malon aparta la vista de sus cartas para mirarme, mientras yo hacía lo mismo con ella. Ambos nos miramos serios. Luego, ésta sonríe y responde:

- Dejaría ser feliz a esa persona especial y nada más – tirando su nueva carta.

Que precisa para responder fue Malon. Simplemente dejaría ser feliz a la persona apreciable. Aunque de igual modo ella quedó con algo de dudas antes de responder mi última pregunta. Más tarde decidimos terminar e irnos cada uno a sus habitaciones. Quedé pensando en lo que me dijo Malon. Tal vez debería tomar su ejemplo. Me costaría un poco, pero de a poco iría acostumbrándome. Cada día si coloca unos cuantos ladrillos más al muro. Cada vez me apartaba más de la sociedad. Por el momento, el muro no parece invadir mucho al maravilloso mundo de Hyrule, más bien el mundo cruel. ¿Qué pasaría si dejo a Eileen tranquila con Raúl? Sí… ahora el único que escucharía mis problemas sería Xavi. No sé porqué, pero no me siento en total confianza con Daniel. Claro… así me aparto de Eileen. Una menos para mi vida social. Una menos que se acercaría al muro cuando esté terminado. Cientos de ladrillos se agregarían al muro.

Desperté al siguiente día en Hyrule. Saludé a todos, desayuné y me vestí con ropas nuevas para regresar a la región de Farone. Los monstruos que aparecían en la pradera eran los mismos de siempre: de pieles moradas, con pobres ropas y un gran palo de madera. También había un tipo de monstruo que parecían bichos y eran altamente veloces; la velocidad de correr de cualquier Hylian sería imposible acercárseles. Seguí mi rumbo hacia el bosque de Farone. Busqué por todo el bosque pero no encontré nada. Caminé hasta llegar a la región de Latoan y finalmente a Ordon. Nuevamente me encontré con Moy y los demás. Seguí mi camino y me dirigí al Bosque Kokiri, el único lugar faltante. Como siempre Mido fue quien me recibió y nuevamente de mala gana. Fui a hablar con Saria para contarle lo sucedido con el tema de la espada. Ésta me dio una información que necesitaba: una espada perdida, proveniente del mismo bosque Kokiri, podría ser encontrada en la cumbre de la montaña de la muerte.

Genial. Agradecí la gran colaboración de Saria y volví rápidamente a la región de Eldin para escalar la montaña y llegar a su cumbre. Por el camino encontraba unos cuantos Goron. La cumbre se encontraba más arriba que en su hogar, la ciudad Goron. Un Goron que estaba como “vigilante” del camino me dijo que podía avanzar sin problema alguno, aunque recalcó que deba ser rápido al regreso o puedo encontrarme en medio con una sorpresa no muy buena del volcán. Así que fui rápido en avanzar. Subí una muralla con cuidado de no alarmar a unas especies de arañas grandes que había ahí llegué a la cumbre. No veía nada de espada. Ni siquiera veía un rastro. Entonces entré a una cueva que estaba allí. Mientras más caminaba por dentro, más calor sentía. El calor era insoportable. Sin dudas estaba dentro del cráter de la montaña. Sudaba y sudaba. La sed comenzaba a atormentarme. Creo que tuve tanto calor que comencé a alucinar: veía algo brillante a lo más lejos del todo. Parecía el brillo de la hoja de una espada clavada. De pronto, sin darme cuenta, perdí la conciencia y no recuerdo más. Al despertar fuera del cráter escuché una voz femenina y enojada.

- ¿Cómo se te ocurre entrar a esa cueva sin el equipo necesario? – preguntó histérica la mujer de la voz.

Yo iba despertando de a poco y me di cuenta que era Glasse quien me estaba despertando. Le conté la razón del porqué había llegado tan lejos. Luego, ésta enojada apunta a otra cueva que estaba al lado y abierta. ¿Pero cómo? Solo recuerdo haber visto una cueva, la del cráter. ¿Cómo diablos esa cueva se abrió? A continuación fui decidido a la cueva y entré a ella. Dentro de la cueva se encontraba una especie de fuente que estaba totalmente vacía. Me dirigí hacia esta fuente sin agua y ahí encontré lo que buscaba: una espada. La espada tenía la empuñadura plateada y la hoja no era tan grande, pero sí se veía que tenía un filo verdadero y con esa era suficiente para hacer un corte. No era nada pesada, era muy liviana, incluso. Hasta parecía una espada de juguete por el peso y su tamaño. Glasse reía por la espada recién obtenida. Me dijo que aquella espada se llamaba Espada Kokiri, un preciado tesoro antiguo de la raza Kokiri. Al ver bien la espada me di cuenta que no era la que había visto en mi sueño…

De igual manera quedé sonriente por tal objeto recién obtenido y salí de la cueva. Ya afuera Glasse se despidió de mí, echando una broma por la espada recién obtenida. También dijo que tenga cuidado en mi viaje y no haga tonteras como la que hice al entrar en el cráter. Jodida Glasse. Finalmente se fue y bajé de la cumbre, con cuidado de nuevo sin pasar a tocar o alarmar a las arañas. Mientras caminaba normalmente, sin embargo, una explosión se escuchó desde el cráter de la montaña. La montaña de la muerte había entrado en erupción. Mientras veía tal escena, una roca salió despedida y cayó a unos metros de mí. “Mierda”, eso fue lo que me dije. Salí corriendo inmediatamente y escuchaba rocas caer detrás de mí o incluso veía algunas caer delante de mí. No corría muy rápido. Como era tan tonto y corría sin cuidado alguno, pasé a tropezarme. Al querer levantarme miré hacia arriba y alcancé a ver una roca caer sobre mí. No tuve reacción. No sé lo que pasó pero quedé en blanco sin saber qué hacer. Al esperar la muerte, sin embargo, alguien se cruzó a una velocidad increíble y logró destruir la roca. ¿Cómo mierda lo hizo? Aquella persona vestía ropas azules con una especie de capa y un sombrero azul marino. Portaba un martillo que se veía pesada, ya que lo cargaba con las dos manos. No le pude ver la cara. Inmediatamente me levanté y salí corriendo sin correr más riesgos.

Salí de ese camino con vida. Las rocas seguían cayendo pero no llegaban lo suficientemente lejos. El Goron “guardia” me dijo que salga de la montaña lo más pronto posible para estar a salvo al 100%. Le hice caso y seguí corriendo para bajar de la montaña. Ahora entiendo lo de “montaña de la muerte”… Uno puede morir fácilmente allí y al parecer, la montaña sufre de erupciones cortas, ya que al estar abajo del todo la montaña se había calmado. Ahora me preguntaba quien era el tipo que me salvó. Vestía ropas azules, a excepción de sus botas café oscuro, con un sombrero y equipado como un guerrero. Un “guerrero”, porque alcancé a verle una espada y un escudo que llevaba en su espalda. Qué tipo más raro. Creo que era el mismo tipo que me salvó hace un año atrás. No recuerdo su altura ni casi nada, pero sí recuerdo que tenía una especie de capa. Lo más obvio por ahora es que era el mismo tipo.

Ya con la espada lista volví al rancho. Todos se sorprendieron al ver la espada recién obtenida. Talon entendió el porqué fui tras este objeto. No me quedé a dormir ahí, tan solo fui a dejar la espada y me cambié mi ropa para colocarme el uniforme del colegio. Después de esto salí de Hyrule y me dirigí a mi casa. El sol comenzaba a desaparecer mientras caminaba por la pequeña carretera. Luego llegué a mi casa. Mi madre me preguntó en donde quedé a dormir y le contesté que en Hyrule, el mundo que me fue a llevar junto a su pareja cuando tenía diez años de edad. Me dijo amablemente que no visite mucho tal mundo, ya que no le gustaría que repita de curso. Cabe señalar que si falto mucho a clases, puedo reprobar el curso por mucha inasistencia. Le hice caso y fui a mi cuarto para sentarme y ver televisión. Bajé por cenar y luego volví a ver televisión.

Todo el resto de la semana fui a clases. El fin de semana, la última de marzo, Bastián llegó a la casa de visita. Al principio todo bien y amigable. Más tarde, Bastián llamó a sus padres para comer con mi familia a las horas de las 21:00 hrs. Todos ellos llegaron y comimos como una familia. Al terminar, mi primo me preguntó si lo puedo llevar a mi cuarto para que me enseñe algo. Acepté y lo invité a mi desordenada habitación. Se rió un poco por el estado de mi cuarto. Bastián no dudó en ir al grano y comenzó a hablarme de la cocaína en aquella habitación oscura. Luego saca de su bolsillo otros dos papelillos más. Él me dijo que los vendía, pero conmigo haría una excepción y me los regaló. Se supone que esto es malo, pero no sé lo que hice; acepté y agradecí. Guardé los papelillos gratis en el cajón del velador. Me recomendó que no inhale a diario o haría mal. Dijo que lo mejor era hacer eso en una situación de tristeza, ya que eso me “haría bien” y olvidaría los problemas. Le pregunté el cómo conseguía tal droga; me dijo que un amigo hace unos trámites y los consigue.

Después de esto, Bastián y su familia se despidieron para irse ya en el primer piso de la casa. Nuevamente agradecí a mi primo por lo que me dio. Sabía que esa cosa no era muy barata y tampoco legal. No sabía el porqué, pero me sentía muy agradecido con mi primo. Al terminar el día, fui a la cama y dormí. Terminaba marzo y comenzaba abril. Abril fue el mes en donde conocí a Xavi. Se cumpliría un año desde aquel día en que nos conocimos. Entonces, en la primera semana de abril, Xavi y yo conversamos hablando de recuerdos del año anterior. Recordamos incluso aquel acontecimiento con Carlos. Aquel personaje ya no me molestaba de hace un buen tiempo, al igual que Francisco. Era un alivio. Xavi le había dado una buena paliza al tal Carlos. Solo le faltaría darle una paliza a Diego. Un día de a mediados de abril le conté el acontecimiento que sucedió en marzo con el flaite. Xavi me reiteró que no me metiera en la vida de ese tipo ni tampoco de Aura.

Aura… aquella chica. A finales de abril, un mes sin importancia y sin acontecimiento que caben señalar en esta historia, estuve hablando de aquella chica, no sé el porqué. Ella me dijo que sea más atrevido y logre acercarme a ella. Tenía todo puesto sobre la mesa: paso por su pasillo todos los días, puede verme y yo la puedo ver todos los días y ambos hacemos Ed. Física. Pero yo no me atrevía. Le dije a Eileen que no tenía el valor necesario para conocerla, pero ésta insistía y tomó por ejemplo ella misma, Daniel y Xavi. Acabé diciéndole:

- Claro, ¿pero cómo los conocí? Todo fue por absoluta ventaja: a Xavi lo conocí porque se sentó junto conmigo en la clase, Daniel porque se atrevió y a tú porque eres mi prima y tú misma te acercaste a mí.

Eileen no tuvo respuesta. Sin embargo, ésta me dijo que si yo no me atrevía, ella misma se iba a acercar a Aura para hacerse amiga de ella y luego tomará alguna idea para que yo me acerque a Aura, finalmente. Yo le dije alterado que no lo haga y ésta echa a reír. Me preguntó diciendo: “¿La vas a conocer algún día?”; yo le respondí con un dudoso “Sí”. Eileen afirmó que estará al pendiente de mis actos y si no logro hablar con ella antes de que comience mayo, ella se acercará a Aura para conocerla mejor y luego creará el “plan ideal”. Esta chica… siempre haciéndome rabiar. Aún así, me divertía y lo pasaba bien. Siempre que hablábamos sentía la mirada de Aura o a veces nos cruzábamos con un sonriente Daniel.

Daniel… ¿Por qué siempre está sonriente? ¿Acaso siempre está alegre y quiere expresar eso con una sonrisa permanente? No es una sonrisa demoníaca, ni de burla ni algo por el estilo. Solo es una sonrisa común y corriente, indicando en su rostro que está feliz. Siempre está feliz. Nunca está enojado o nervioso y se toma las cosas con calma. Aquella vez que me defendió… ¿Cómo logró empujar tan fuerte a Diego? A simple vista no tiene un cuerpo lo suficientemente rudo como el de Xavi, Carlos, Francisco o el mismo Diego. Es más, Diego era muy maceteado. Un simple empujón con una sola mano no lo alejaría a casi un metro de mí, menos con un brazo delgado como el de Dani. Ni siquiera se esforzó para empujarlo. Tan solo extendió su brazo y lo envió de vuelta a su grupo de flaites. Raro… Rarísimo. Siempre recuerdo ese empujón “todopoderoso” y recuerdo la vez que Xavi me defendió. Al menos, la defensa de Xavi contra Carlos fue más realista, ya que mi amigo tenía un cuerpo algo más robusto que Carlos. Pero Daniel…

En un caso contrario tenemos a Aura. Siempre está con su rostro triste y nunca ha enseñado una sonrisa. Su tristeza no lo refleja principalmente por la “cercanía” que tiene con Diego. Ese rostro lo ha tenido desde que comenzaron las clases, desde la primera vez que la vi. Aquel día no estaba con Diego aún y estaba triste. “Ayuda”, no puedo quitar de mi cabeza esa palabra escuchada con la voz de ella, seguramente. ¿Cómo me pudo hablar telepáticamente si fue ella? No creo que era Glasse, no era su voz. Tampoco podría ser mi madre o mucho menos Eileen. Escuché esa palabra dentro de mi cabeza, no desde el oído. Misteriosa, ¿no?

A veces pienso que este liceo tiene gente loca. Ya les expliqué el caso de Daniel, el caso de Aura y hay unas tantas personas que también se les podría considerar locos. Cristián, aquel chico insoportable de la clase. Pienso que al estar en el liceo estoy en un manicomio por haber tanta gente loca. Se podría decir que yo estoy dentro de ellos. Xavi sería uno de los que pronto saldrían libres. El muro recién creado se expande cada vez más. Menos gente logrará comunicarse conmigo. A medida que este muro crezca, la gente se le hará más difícil acercárseme, o eso creo. Mientras estaba en el liceo me daban ganas de tener los papelillos en los bolsillos y aprovechar de ellos en los recreos. Lo malo es que estaría riendo y haciendo cualquier tontera sin sentido dentro del establecimiento. Lo peor sería que descubran mi estado de drogado y me expulsen del liceo. El castigo en la casa sería un nuevo odio de mi madre y golpes simultáneos de mi padre.

Lo que me dijo Eileen lo envié a la mierda y me dirigí a Hyrule al terminar abril, durante el último fin de semana. Claro, justo el mes terminaba un día viernes. Así que aquel viernes fui al parque y entré a ese mundo. Cada vez más sentía que no estaba totalmente cómodo en Hyrule. Mis pensamientos del principio se iban desvaneciendo. Sentía que si traía a Eileen a este mundo, ella solo sufriría múltiples problemas junto conmigo. Caminé por toda la pradera, alarmando a unos pocos de esos enemigos que tenían cuerpos morados, eran muy feos y llevaban un palo de madera consigo para atacar. Eran lentos, así que yo caminaba tranquilamente y si se acercaban demasiado, solo echaba a correr un poco hasta dejarlo atrás. Llegué al rancho. Saludé a todos, me vestí con las ropas de granjero y saqué la espada Kokiri del lugar guardado. Era chiquita y liviana, como les dije anteriormente, pero de igual manera no sabía usar muy bien una. Como era tan liviana no me a hacer tantos problemas. Así que confié en mis propios pensamientos y me dirigí a la comunidad minish del bosque para hablar con Gentel y enseñarle la espada.

Dentro del bosque de Farone me encontraba con unos cuantos bichos. Yo los iba eliminando dándole tan solo dos cortes con la espada. Eran débiles… Aquellos bichos que los eliminaba con esos números de cortes eran los típicos que encontraba en aquel bosque: eran de color rojo y disparaban unas especies de rocas. Avanzaba y avanzaba. No sabía el porqué, pero sentía que alguien estaba detrás de mí vigilándome. También encontraba aquellos monstruos con cuerpos de color morado que encontraba en la pradera. Como estos usaban un palo y me podían atacar cuerpo a cuerpo, iba esquivando sus ataques y rápidamente les daba un corte con la espada. Gritaban del dolor al sentir el corte pero volvían a atacar. La manera más eficaz de acabarlos era a esperar una carga de de cuerpo de ellos y usar mi fuerza para romper su ataque, para luego hacerle una estocada al monstruo, clavándole la espada. Así los acababa rápidamente sin estar cansándome en una pequeña batalla esquivando y saltando como un loco.

Continuaba mi camino hasta llegar al bosque Kokiri en busca de Saria para que cante la canción y convertirme en un minish temporalmente. No la encontré, pero sí encontré a una niña de pelo rubio, llamada Fado. Aquella niña amable pero un tanto extraña al hablar (como si estuviera pensando en cualquier otra cosa), me acompañó hasta el tronco más cercano a la comunidad minish del bosque. A veces encontrábamos monstruos, pero yo los eliminaba con facilidad. En unas tantas ocasiones me encontraba en peligro de recibir un golpe por uno de esos enemigos de cuerpo morado, pero utilizaba la espada como defensa, también. Igual recibí unas tantas rocas de los bichos que escupían rocas por sorpresa, pero casi ni me dañaban y solo los dejaba. Finalmente llegué junto a Fado al tronco. Ella comenzó a cantar, sin antes decirle que me espere en ese lugar y tenga cuidado.

Ya convertido en minish, Fado susurró diciendo que me vaya bien y tenga cuidado. Como era minish y no sabía donde estaba ni escucharía mi voz, tan solo sonreí y fui corriendo hacia la comunidad minish. La espada también quedó diminuta. Por el camino encontraba unos cuantos bichos pero yo solo los iba esquivando. Llegué a la comunidad. Se veía todo tranquilo y me dirigí al anciano, Gentel. Éste me elogió al ver que ya portaba una espada y que incluso ya la había usado. Sabía que era la espada Kokiri. Era una reliquia de Hyrule. También sabía que tal espada no se encontraba en el bosque Kokiri, sino que estaba perdida en cualquier otro lugar. Tras esto le pedí si me contara un poco más acerca de los “Elementos”.

- Los datos que te había dado eran erróneos, joven.
- ¿Qué? – le pregunté casi interrumpiéndole golpeando la mesa.
- No te pongas así, tampoco es para tanto. Relájate y siéntate – Entonces me senté – El elemento de la tierra no se encuentra en Hyrule – contaba Gentel paseando por su casa.
- ¿Cómo que no?
- Te lo diré, jovencito - me dice ya sentándose para hablar frente a frente – El elemento que encontrarás en Hyrule es el elemento del fuego, pero por tus habilidades que tienes hasta ahora no será suficiente para llegar a tal elemento. Es más, pondrías tu vida en total riesgo si vas por ella y terminaría siendo un sacrificio. Necesitas algo más de experiencia y un equipo mejor – Mientras iba contando todo esto, yo lo escuchaba con mucha atención y silenciosamente – Ejem… el elemento que te recomiendo es el de la tierra y está en Términa – bebe un poco de su té.
- ¿Términa?
- Así es, nuestro mundo paralelo - respondía relajadamente con la taza en su mano.
- Y… ¿Cómo llego ahí?
- Mmm… - dejando la taza en el plato y mirándome serio atentamente – Jovencito, la única manera que conozco para llegar a ese otro mundo es a través del bosque perdido de los bosques Kokiri. Puede ser un viaje largo y hasta puedes perderte, y con la experiencia que llevas en viajes… Se ve algo difícil aquel camino – bebe otro sorbo de su té.
- Entonces… ¿Cómo hago para llegar a ese mundo?
- Consulta con la princesa Zelda, Brett.

Era la primera vez que el anciano me había llamado por mi nombre en vez de “jovencito”. Agradecí su ayuda y olvidé decirle la última pregunta que recordé mucho más tarde: “¿Cuáles son los otros elementos?”. En fin, me dirigí al tronco para que Fado vuelva a cantar y yo regresara a mi tamaño normal. Al ver las luces inmediatamente comenzó a cantar. Entré al tronco y rápidamente regresé a mi tamaño. Acompañé a Fado hasta la gran escalera para llegar al bosque Kokiri y me dirigí rápidamente al castillo de Hyrule.

Pasé por la ciudadela. Miles y miles de olores se cruzaban por mi camino. Algunos eran olores muy ricos, pero otros eran verdaderos hedores. Maldito olfato, ¿cómo mierda “evolucionó” de un día a otro? No pude entrar al castillo. Así que me quedé todo el resto del día y noche esperando a que la princesa salga del castillo. Me quedé dormido. Me quedé dormido esperándola. Sin embargo, en la profunda madrugada sentía que alguien me despertaba. Era una muchacha y olía perfectamente. Era la princesa Zelda.

- ¿Qué haces aquí como un vago? – Me preguntó algo enojada por lo que había hecho – Ya es de madrugada, ¿por qué no te vas a dormir al rancho?
- Perdón princesa – le hablaba algo dormido – pero quería hablar con usted y los guardias no me permitían el paso.

Entonces, la princesa se levantó y fue a decirles algo a los guardias. Ellos solo afirmaron. La princesa volvió conmigo, mientras yo me limpiaba y despertaba.

- Ahora ya no te preocupes. Cada vez que te vean o digas tu nombre te dejarán entrar – me decía ya sonriente y yo le agradecí - ¿Sobre qué querías hablarme? Veo que has encontrado una espada – mirando la empuñadura que se veía desde mi hombro izquierdo.
- Oh, sí… lo encontré el mes pasado – le dije sonriente, también – Pero bueno, no venía hablar sobre la obtención de la espada.
- ¿Entonces de qué quieres hablarme?
- Bueno, hoy hablé con el anciano de la comunidad minish por segunda vez y me dijo que tú podrías ayudarme en esta pequeña misión.
- ¿Misión? Dime, yo te puedo ayudar.
- Él me dijo que el único camino para llegar a las tierras de Términa es viajar a través de los bosques perdidos, pero no me lo recomendó. Así que me llevó a donde usted para pedirle una segunda ayuda – Al decirle esto, la princesa quedó un poco pensativa antes de hablar de nuevo.
- Tiene razón, sería peligroso que viajaras por ese lugar – me decía algo preocupada – Pero ya sé el porqué te envió hacia mí.
- Entonces… ¿qué debo hacer?
- Acompañarme, nada más – dijo aún más sonriente.
- ¿Solo… eso? ¿Es una especie de broma?

La princesa me tomó del brazo y me llevó a un lugar cercano al castillo de Hyrule. Sentí la mirada de alguien desde el castillo, pero no miré atrás. Mientras la princesa me tironeaba, nos íbamos acercando a una torre delgada. La princesa me dijo que dentro de aquella torre, llamada Torre de los Dioses, se encontraba un tren que me llevaría a Términa. El viaje sería largo, así que debería tomar el viaje cuando yo quiera pero lo mejor sería lo antes posible. Agradecí la ayuda de la princesa y ambos reímos por lo ocurrido anteriormente, acerca del tironeo de ella, mi dormida en las afueras del castillo, etc. Sin embargo, mi risa no muy animada como la de ella fue interrumpida bruscamente por una fuerte explosión que se escuchó cerca. Al sentir la explosión, sentía que mis pupilas se perdían y un fuerte pito se escuchaba en ambos oídos. La princesa se sorprendió por la explosión, quien al parecer no se vio afectada como a mí, pero quedó aún más preocupada al verme cayendo al suelo. Me quejaba por el dolor de los oídos. Estúpido pito, no terminaba. No escuchaba lo que decía la princesa ni nada por el estilo. Sentía que desde el interior de la oreja salía sangre. Mantenía mis orejas tapadas con las manos, pero el pito era insoportable, mezclando el sonido del pito con varios otros sonidos molestos sin escuchar sonidos comunes de la noche. Finalmente, no aguanté más por la pequeña tortura y terminé desmayado, sin antes escuchar un grito muy fuerte de la princesa diciendo mi nombre exageradamente y asustada.

Continuará

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