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Vendetta/Capítulo 10: Una Pequeña Gran Idea

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Vendetta/Capítulo 10: Una Pequeña Gran IdeaEditar

¡Al fin te conozco!Editar

Después del suceso extraño desperté dentro del castillo. Aún escuchaba algunos pitos en el oído, pero eran mucho más suaves. Ya casi no molestaban. No sabía en qué lugar estaba, pero de las cortinas llegaba la luz del fuerte sol de Hyrule. La cama en la que estaba acostado tenía una sábana de color café. La habitación era pequeña y había un guardia en la puerta de entrada/salida de la habitación. Al parecer estaba dentro del castillo de Hyrule. El guardia me vio despierto y me habló. Al hablarme, los pitos del oído aumentaban su fuerza de sonido, lo que me hacía doler. Al ver mi queja, el guardia prefirió no seguir hablando. Yo le hice una seña de que estaba bien. Aún así, él no continuó hablando. Pasó más o menos un minuto para que el pito deje de molestarme y volviera a quedar de la misma forma en como me desperté. Me levanté de la cama y caminé a la salida, pero el guardia me detuvo y con mímica me dijo que debía regresar a la cama para esperar a alguien, tal vez a la princesa Zelda. Le hice caso y fui a la cama a recostarme.

¿Por qué mi oído se dañó? A la princesa no le pasó nada. A nadie le pasó algo como lo sucedido conmigo. Estúpida explosión y estúpido pito del oído. Por sus culpas no podré viajar a Términa. En este estado no creo poder ir. Mientras estaba recostado esperando, la princesa Zelda hace presencia. De manera extraña, el sonido de la puerta se escuchó fuertemente. Los pitos de los oídos volvían a molestar. El guardia le susurró a la princesa. A pesar de los pitos logré escuchar el susurro: “No le hable, su alteza, aún tiene su oído dañado”. ¿Cómo mierda logré escuchar un susurro de dos personas que estaban a más de un metro? No me digas que… Aumentó la fuerza, aumentó la capacidad de luchar, no me canso al correr, aumentó el sentido del olfato y ahora… ¿Aumentó el sentido del oído? Vaya, aunque esto fue más doloroso que todo lo demás. ¿Acaso esto es “obra” del Cristal Dorado? Como dijo la princesa o Gentel, aún no tengo todas mis capacidades desarrollados totalmente. Quizá Gentel no lo dijo de la misma manera que la princesa Zelda, pero yo lo entendí de una manera parecida.

La princesa se acercó a mí. Me levanté de la cama para sentarme en un costado. La princesa hizo lo mismo. Ésta comenzaba a susurrar para hablarme, pero no me susurraba cerca del oído; es más, se alejaba para susurrar. ¿Acaso sabe lo que me estaba ocurriendo? Podía escuchar sin problemas lo que me decía. Me había preguntado al principio si podía lograr escuchar sin molestias; yo le respondí con un sí y mirándola. Entonces ésta sonríe.

- Brett… yo sé lo que te pasa. Por ahora no es buena idea que salgas de aquí, ya que te encontrarás con la multitud de la ciudadela y tus oídos sufrirán bastante daño.
- Lo sé – le respondí sin escuchar mi voz – Espera… ¿qué le pasa a mi voz? ¿Por qué no la escucho?
- Es normal, no te preocupes – me decía tomándome de la mano y yo miré inmediatamente lo que hacía – Es uno de los efectos del Cristal Dorado, sabía que algún día te ocurriría esto, pero nunca lo esperé que sucediera en un momento como anoche. Y habla con más tranquilidad, no se entiende bien – dijo como una pequeña broma.
- Está bien. ¿Qué fue la explosión de anoche? – le pregunté ya mirándola, mientras me soltaba la mano y se preparaba para hablar de nuevo.
- Esa explosión fue un nuevo aviso de nuestros enemigos y ocurrió en la región de Lanayru, por eso lo sentimos realmente cerca.

Maldita sea. Creo que me estoy tardando mucho con esto de los elementos. La princesa me lo había dicho en febrero y tan solo he conseguido la puta espada. Creo que ya es hora de apurar la situación. Pero… mi oído está dañado y no podré ni siquiera salir a la ciudadela. No sabía que hacer. La princesa, entonces, se despidió y dijo que más tarde volvería para visitarme una vez más. Se levantó de la cama y salió de la habitación por la única puerta posible. Ahí tuve que quedar todo el día. La hora del reloj que estaba al lado mío indicaba las 13:45 hrs. Estaba recién comenzando la tarde. Más tarde recibí la visita de Talon, quien también me habló susurrando desde lejos. Yo podía escuchar perfectamente los susurros, como si escuchara su voz normalmente o estuvieran susurrándome al oído muy cerca. Luego recibí la segunda y última visita del día de la princesa Zelda. Me dijo que estaré recuperado muy pronto y que el oído se acostumbrará solo a escuchar las voces con normalidad. Eso me alivió. No estaría toda la vida escuchando susurros de personas.

Llegó la noche y dormí en la misma cama con un techo desconocido. Desperté en la mañana del día siguiente. Los pitos se escuchaban con menos intensidad. Eso era una buena señal. El guardia me susurró y logré escuchar su saludo. A continuación, éste alzó un poco la voz para solo decir “A”; los pitos no me molestaron. Luego hizo la pregunta “¿Estás mejor?” ya hablando normalmente; los pitos molestaban aún, pero con una intensidad menor que el día anterior. Ya casi ni molestaban, por así decirlo. Sonreí al darme cuenta de ese detalle. Estaba mejorando. La princesa me visitó unas horas después. Ésta me habló de la misma distancia y aún susurrando. Ella me dijo que al día siguiente o el próximo del siguiente ya podría salir libremente a la ciudadela, aunque deba tener cuidado con las alzas de voz. También, al hablar con la princesa, yo empezaba a escuchar mi voz, aunque en un tono muy bajo.

El día avanzó y avanzó. Desayuné, almorcé, tomé un té y finalmente cené. A veces me aburría, pero de vez en cuando agarraba la espada Kokiri para moverme con más normalidad con ella. En algunas ocasiones, el guardia quiso hacer un pequeño entrenamiento conmigo para ver mis habilidades. Él atacaba lentamente, mientras que yo era más rápido y ágil, hasta usaba la cama u otros objetos como ventaja de escenario. A veces yo ganaba y otras veces perdía. Los sonidos de choque de espada molestaban un poco a mi oído, pero a medida que pasaba el día era con menos intensidad. El guardia me decía algunas instrucciones de ataque y defensa con la espada, así como saber defenderme con algunos enemigos que encuentro en la pradera, como aquellos monstruos de cuerpo morado y con palos. Esos monstruos se llamaban Bokoblin, según el guardia. Prometió que al día siguiente me daría un pequeño libro para estudiar a los enemigos que están siendo avistados en Hyrule en aquella actualidad.

Llegó la noche y dormí en la misma cama con el mismo techo desconocido. Amanecí al día siguiente ya sin pitos molestos. El guardia hizo lo mismo que en la mañana del día anterior. Los pitos ya no se escuchaban. Sin embargo, cuando éste lanzó un grito loco, unos tres o cuatro pitos se escucharon con poca intensidad. Aún no estaba totalmente listo para salir del castillo. La princesa me visitó y se puso contenta al saber mi situación. Desayuné, almorcé, tome té y cené en la misma habitación. Por la tarde, el guardia me entregó el pequeño libro de apuntes que había prometido el día anterior. Comencé a leerlo. Comenzaba con los enemigos más débiles. Aquellos bichos rojos que había en el bosque de Farone y que disparaban rocas se llamaban Octorok. También estaban los Bokoblin. Aquel bicho que era misión imposible acercársele por su increíble velocidad se llamaba Bomskit. Esas plantas feas que intentaban atacarme al acercarme al bosque Kokiri se llamaban Babas Deku. Aquellos monstruos que había avistado cuando el personaje misterioso me salvó por primera vez se llamaban Moblin. Unos bichos que saltaban que encontraba en partes de la pradera de Lanayru y en el Lago Hylia se llamaban Tektite. Aquellos bichos que encontraba al ser Minish se llamaban Pesto. Había unos cuantos enemigos más anotados en el libro que aún no había visto.

Agradecí al guardia por el libro. También entrenamos un poco por la noche antes de dormir. Aquel techo desconocido dejé de verlo al siguiente día. Al despertar y levantarme ya no sentía ningún pito en absoluto. Cuando el guardia hizo un grito loco, escuché tan un solo diminuto pito que ni siquiera era molestia. Además, ya podía escuchar mi voz casi con normalidad. Ambos celebramos. La princesa fue a hacerme la última visita. Sería la última vez que la vería con tanta frecuencia, tal vez.

- Fue un placer tenerte acá, Brett – dijo la princesa, algo emocionada por mi ida.
- Lo mismo digo – le decía sonriente – y no se preocupe, princesa, le prometo que volveré sano y salvo de Términa con el elemento de la tierra en mi poder.
- Oh, sobre eso… No es buena idea que vayas así de pronto a Términa. ¿Qué tal si regresas a tu mundo que provienes y esperas unos días?
- Princesa – le dije ya quitando un poco la sonrisa – Después de lo sucedido en la región de Lanayru no creo que sea buena la idea de más esperas. Tuve demasiado tiempo de descanso y… - me interrumpe la princesa.
- El tren, Brett – me dice algo preocupada – El tren emite un sonido muy molesto que tal vez no sea bueno para tu oído. Recuerda que estás recién recuperado. Por eso te digo, por tu bien cuídate y regresa a tu mundo.
- Pero princesa…
- Por tu bien – me dice ya seria.

Ambos nos quedamos mirando por un rato. Yo sentía que el guardia no se sentía en una situación muy cómoda junto conmigo y la princesa. Así que éste hizo un pequeño “Ejem” y la princesa apartó la vista.

- No se preocupe, princesa. Regresaré a mi mundo.

La princesa devolvió la mirada y me sonrió levemente. En eso, ella me dice: “Por favor, no me trates más como una autoridad”. Yo sonreí y asentí con la cabeza. Entonces agarré la espada Kokiri y me marché con la princesa caminando detrás de mí. Me despedí del guardia y agradecí su ayuda. Al estar en las afueras, la princesa me entregó el libro de los enemigos. Yo dije que eso es autoridad de su padre y ella no tendría el permiso necesario para dármelo, pero ella se apoyó diciendo que eso era tan solo una copia del libro original. Entonces volví a agradecerle. Guardé la espada en su funda y el libro lo tuve que llevar en la mano. Me despedí de la princesa, tomando la misma posición que había hecho al verla por primera vez: agachándome. Ésta me levanta rápidamente y me abraza diciendo: “Idiota; seré princesa, pero no una autoridad contigo… Cuídate mucho, Brett, por favor”. Ambos dejamos el abrazo y le respondí sonriendo: “Por supuesto”. Entonces di media vuelta y me alejé de la entrada del castillo.

Volví a la ciudadela. Después de tanto tiempo regresé a este maravilloso lugar. Tal como creía, la gente no se veía muy tranquila por la reciente explosión en la región de Lanayru. No sé el porqué, pero recordé el suceso que ocurrió al tocar por primera vez el Cristal Dorado. ¿Cómo pude ver a Eileen como un “espíritu” y me guió hacia aquella zona? Nunca me hice esa pregunta hasta aquella vez y nunca tuve la respuesta. ¿Qué tenía que ver ella en todo esto? Al estar en la pileta de la ciudadela, podía escuchar conversaciones de gente de todos lados: algunos conversaban de vida cotidiana, otros de compras, otros de medicinas, otros gritaban vendiendo cosas y no faltaban los pervertidos. ¡Escuchaba todo! Aunque de vez en cuando debía centrarme en un punto exacto para escuchar con exactitud o se mezclarán voces de todo tipo. Cuando pasaban hablando justo al lado mío, la voz se escuchaba muy fuerte y me hacía molestar un poco el oído. Así que no tuve otro remedio que salir a la pradera de Hyrule desde la zona en que venden cosas: sur de la ciudadela. Así llegaría rápidamente a la zona de Farone. Me dirigí a Eldin para ir al rancho. Todos me saludaron amablemente y preguntando lo que me había pasado. Conté todo. Almorcé con ellos, me cambié de ropa, dejé la espada Kokiri en mi habitación especial y fui camino al portal.

A veces me daban ganas de desobedecer a la princesa y quería ir inmediatamente a Términa. Pero debía hacerle caso. No quería arriesgar mi oído por aquellos sonidos del tren. Desde aquel día en que el personaje misterioso me salvó en la montaña de la muerte, comencé a sentir de nuevo la presencia de alguien detrás de mí, como si estuviera siguiéndome todo el rato. Es más, hasta lo sentía en las afueras de la casa del rancho. No creo que sea el mismo tipo de siempre y esté como un psicópata observando todo lo que hago. Solo presentía, pero no confirmaba nada al mirar atrás. Solo eran imaginaciones mías. Sentía la presencia, pero al mirar atrás, nada… La pradera era grande y no había muchas colinas, así que sería difícil que se escondiese en un lugar tan amplio. Además, la cantidad de árboles era mucho menos que en el bosque de Farone. Llegué al portal. Quedé dudando frente a ella. Eché una mirada atrás y miré el castillo. Recordé lo que me dijo la princesa. Así que decidí volver a hacerle caso a la princesa y entré al portal.

Volví a ser el de siempre. Ya no escuchaba el fuerte sonido del viento. No escuchaba las conversaciones y susurros de las personas. No sentía olores lejanos. No sentía tantas miradas como los siento en Hyrule. Ya no traducía idiomas con facilidad. Era el mismo de siempre. Ya no tenía fuerza y soy increíblemente débil. A veces me daban ganas de tener los poderes que tenía en Hyrule por siempre. Un momento… si en Hyrule tengo poderes y en el mundo cruel no las tengo, ¿en Términa tampoco las tendré al ser otro mundo? Una pregunta que necesitaba una respuesta. Sin embargo, la princesa ni Gentel se preocupaban de ello. Pero ellos tampoco se preocupan de mis cambios en aquel mundo de mierda. Vaya… esta pregunta ha quedado en duda. Creo que necesitaba a Glasse que responda aquella pregunta. Pero era tarde. Me hice esa pregunta mientras miraba televisión en mi habitación de la casa del mundo cruel.

Era miércoles. Era de noche. Se preparaban las cosas para cenar. Eran exactamente las 21:40 hrs. Yo miraba las noticias en la televisión. Aquellas noticias mostraban crímenes, robos, incendios, política… Una mierda. En una ocasión miré el velador pensando si sería buena idea inhalar un poco de la cocaína de Bastián. Pero me arrepentí al sentir la llamada de mi abuela para bajar a cenar. Comí rápidamente y volví al segundo piso. Mateo estaba en el mundo de los videojuegos. Cayó en ese mundo al igual que mi primo Esteban. Mateo se pasaba el día jugando videojuegos en la consola GameCube o en la computadora. Yo no quise caer en ese mundo, así que no entré. Solo estaba yo, mi televisor, el sofá y la lámpara. También estaba aquel muro en frente de mí que iba construyéndose poco a poco. Al mirar aquel muro sonreía.

Me levanté para el siguiente día: jueves. Un día largo y con mayo ya comenzado, un nuevo mes. Quizá Eileen le haya hablado a Aura o todo fue en broma. De forma “mágica”, el MP4 que recibí como regalo en mi cumpleaños apareció en mi velador al despertar. No sabía utilizarlo. No acostumbraba incluirme en el mundo de aquella tecnología tan moderna. Solo quedé viéndolo por un rato y lo metí en el bolsillo del pantalón de liceo. Jueves… tocaba Deportes y Recreación. A la mierda con eso, no llevé equipo de gimnasia. Que me coloquen un 1.0 acumulativo si se le da la gana al profesor. No me interesa. Quedé sentado en la galería viendo como entraban alumnos que conocía y otros que no. Mientras estaba sentado en la galería, hubo algo que no pude ignorar y ya me lo esperaba: Eileen conversando con Aura. Está bien, mi prima cumplió su palabra. Conocería mejor a Aura y encontrará la manera más eficaz para que nos acerquemos.

Todos fueron a cambiarse. Xavi fue a cambiarse. Eileen fue a cambiarse. Daniel fue a cambiarse. El grupo flaite completo fue a cambiarse. Carlos y Francisco fueron a cambiarse. José, Cristián y Sofía fueron a cambiarse. Solo yo y Aura no fuimos y unos cuantos más que no conocía. Raúl no fue a clases. Sentía las repetidas miradas de Aura. En tan solo dos ocasiones chocaba miradas con ella. No sé si ya no eran tan penetrantes como antes o tan solo ya me acostumbraba a sus miradas, ya que me parecía normal mirarla o que ésta me mire. Tal vez era cosa mía. Daniel fue el primero en terminar de cambiarse. Al verme sentado en las partes altas de la galería, éste inmediatamente fue a sentarse al lado mío. Alcanzó a ver el MP4 que tenía en las manos, recién sacada del bolsillo. Me dijo que su función es realmente fácil y que puedo colocar música a través de una computadora.

Música… Mi padre tiene bastantes audífonos. La música que me gusta es la clásica. También las sinfonías o incluso unas cuantas canciones que escuchaba de vez en cuando en los videojuegos de mi hermano menor. Así que pensé en colocarle música con ayuda de alguien en la casa. Luego salió Xavi. Más tarde salió todo el grupo flaite. Los hombres eran más rápidos que las mujeres. Diego y el resto del grupo flaite miraban al lugar donde estaba Daniel y yo. Dani… siempre con una sonrisa. Nunca la quitaba. Cada vez comenzaba a pensar que éste nuevo amigo es alguien muy extraño. Estarían matando a alguien y éste sonríe; estaría muriendo un amigo y éste sonríe; su casa se incendia y éste sonríe. Está bien, creo que los ejemplos fueron algo exagerados, pero algo así era Daniel. Esa sonrisa creo que ni siquiera lo quita hasta para dormir.

Luego salió Eileen del camarín acompañada de alguna amiga suya. Ésta no me vio al principio, pero luego se dio cuenta de mi presencia en la parte de la galería junto con Daniel. No dudó en subir. Dani, muy sonriente, dijo que una amiga mía querrá conversar conmigo. Así que por ese motivo decidió bajar. Cada vez es más extraño… Al menos se equivocó al decir “amiga”. Eileen llegó hasta el lugar donde había quedado solo en pocos segundos. Ésta se sentó a mi derecha.

- Como te dije la semana pasada – comenzó a hablar Eileen burlándose – si no te atrevías a conocer a Aura antes de mayo, yo me iba a atrever a conversarle para luego…
- Sí – lo interrumpí estando con una pose famosa denominada “facepalm” – para luego buscar la manera más eficaz de acercarme a ella… Tonta.
- Aquí el tonto eres tú al no querer conocerla antes de tiempo – contestó alzando un poco sus brazos, indicando su inocencia y burlarse más de mí.
- Como digas, como digas… - le dije mirando hacia otro lado.

Eileen echó a reír solo para seguir burlándose. Ésta me dijo que Aura era muy tímida en un principio, pero a medida que iba conociéndola más se soltaba de a poco. Le dije que estaba bien. Eileen también me motivó a que me acerque a Aura durante esta clase, ya que se encontraría sola. Le recordé lo que sucede con Diego. Eileen dijo que no importara, que estaría todo bajo control. Claro… Como digas. Luego tuvimos que bajar de la parte alta de la galería y ella tuvo que irse junto a su curso. Yo al bajar volví con Daniel. Como siempre estaba con su típica sonrisa.

- Tú y esa chica son muy amigos – me pregunta de pronto Daniel.
- No somos amigos, somos primos.
- Así que ella es la chica que ibas a ver los primeros días en que nos conocimos, ¿eh?

Al decirme eso, mezclando con su típica sonrisa, contesté con un “sí” y sonreí un poco. El profesor pasó la lista del curso. También lo hicieron los demás profesores con su respectivo curso. Como era de costumbre, el profesor canoso comenzó a tomar unas palabras sin importancia e invitó a los que estaban con el uniforme de la clase ir a la cancha del gimnasio. Casi todos los alumnos presentes fueron a la cancha. La clase comienza siempre con un trote y unos cuantos ejercicios como precalentamiento. Yo sacaba y guardaba de vez en cuando mi MP4 con la única intención de mirarlo. No tenía música. Tampoco vídeos. Ni siquiera imágenes. No tenía nada. Era absolutamente nuevo. A veces sentía las repetidas miradas de Aura. No sabía el porqué, pero yo solo las sentía y las iba ignorando, sin hacer caso. La clase iba normal. En Deportes y Recreación no trabajan de parejas, más bien individual o grupal. Trabajaban con balones de todo tipo. Como era mayo tocaba Básquetbol. El mes anterior fue Voleibol.

La clase tardó algo. Estuve todo el rato aburrido. Yo pasaba el rato mirando el MP4, a los compañeros, gente que no conocía y en pocas ocasiones a Aura. Sentía las continuas miradas de ésta chica. Al parecer sólo era acompañada por el grupo flaite o por Eileen. Creo que no tenía amigas. Al mirar bien la clase me di cuenta de unos cuantos detalles: Carlos y Francisco no son tan amigos como antes, pero sí sacan bromas de vez en cuando; Carlos se juntaba un poco más con Diego y Francisco con otros que no conocía. Otro detalle es que Daniel en realidad no tenía amigos. Lo que me había dicho era cierto, no hablaba con nadie, aún así siempre se mantiene sonriendo. Otro detalle es que Xavi habla con Eileen; no conversan, pero sí mantienen una comunicación y hasta ríen a veces, junto a una compañera de Xavi que no lo soltaba en toda la clase. Aquella chica es la misma que salió riendo con Eileen al terminar de cambiarse en el camarín.

Finalmente termina la clase. Todos terminan cansados y varios con risas. Ya toda la gente se conocía. Daniel fue directamente al camarín. Xavi tardó algo porque su compañera que no lo soltó había quedado conversando con él. Diego fue corriendo tras Aura que se preparaba para irse y éste le da un beso; ella no se veía cómoda. Ella nunca ha estado cómoda con él. ¿Por qué diablos no le dice de una vez que no lo quiere y ya? Bueno… el otro tipo es un animal, seguramente la golpearía o le haría alguna otra cosa peor. Carlos y el grupo con el que se juntaba volvieron a tomarme miradas burlonas. ¿Comenzarán a molestarme de nuevo? Después de un año ya volverían a joderme. Normal. Sabía que algún día este tipo volvería a hacer de las suyas conmigo. Si así fuera la ocasión, desearía tener la espada Kokiri para defenderme.

Daniel no tardó nada en salir y se despidió de mí en la puerta de salida del gimnasio. Luego salió el grupo flaite y Carlos y me dio un leve empujón, diciendo como excusa de defensa: “Deja de estorbar”. No me quedó mirando con rostro amigable, pero luego echó a reír con sus amigos. Luego sale Xavi. Éste me dice que lo esperara, ya que tenía que entregarle un objeto a su compañera. De pronto sale Eileen y se va con otra chica más. Eileen me queda mirando y se despide de mí con una sonrisa y un beso en la mejilla. La otra chica solo movió su mano de un lado a otro tímidamente. Xavi regresó corriendo hacia la puerta de salida. Me dijo: “Ya terminé el encargo” y nos fuimos.

Xavi y yo conversábamos un poco de Aura y también de la chica del encargo, llamada Ashley, según él. Lo dejé en el mismo paradero de siempre, donde también tomaba el micro Diego y Aura. Cuando Xavi se fue, inmediatamente me fui a la casa. Colocaba mis manos en los bolsillos de vez en cuando para sacar el MP4. Aquel MP4 era de color negro, con una pantalla chica, una entrada para enchufar los auriculares y otro para conectarlo a un computador. A mí gusto la pantalla era demasiado chica como para ver algo cómodamente. Aún así, lo que me interesaba era música por el momento, no vídeos.

Llegué a casa tranquilamente. Comí un poco antes de pedir la ayuda de Mateo. Éste ya tenía el computador encendido. Mientras jugaba, le pedí ayuda acerca de cómo instalar música a un MP4. Él tenía un MP3, así que ya sabe más o menos como se hacía. Me pidió un cable llamado “USB”, el cual tenía una entrada para el MP4 y el otro para el computador. Mateo instaló todo y comenzó con la operación. Me pidió los nombres de las canciones y a medida que se los iba diciendo, éste los iba buscando en Internet, para luego descargarlas y colocarlas “mágicamente” al MP4. Finalmente Mateo logró colocar todas las canciones deseadas. Agradecí su ayuda. Luego fui a buscar a papá para que me prestara un par de auriculares. Éste amablemente me prestó uno de color blanco. Agradecí de nuevo. Luego fui a mi habitación y quedé ahí escuchando las canciones recientemente colocadas. También encendí el televisor y lo quedé mirando escuchando las canciones del MP4, sentado en el sofá y la lámpara encendida.

Desperté al otro día. Me había quedado dormido en el sofá con el televisor encendido. El televisor estaba con estática y el MP4 estaba encendido, con poca batería y con la última canción de la lista. Las había “escuchado” todas mientras dormía. Bajé rápidamente, encendí el computador y conecté el MP4 a éste. Mi hermano me había dicho que es la manera en que se cargue la batería del MP4. Volví a subir y me cambié de ropa, para colocarme el uniforme del liceo. Hice las labores que siempre hago por las mañanas, desconecté el MP4, apagué el computador y me fui. Pasé los auriculares debajo de la ropa y escuché música tranquilamente. Era viernes, el último día. Al pasar frente al parque, recordé que debía ir a Términa tomando el tren. Tal vez mi oído ya no molestara en absoluto en Hyrule.

Llegué al liceo con algo de sueño. Me dolía un poco el hombro derecho al no dormir cómodamente la noche anterior. La sala de mi curso estaba abierta, pero no había profesor. Aún faltaba cinco minutos para que comiencen las clases. Eran las 07:55 hrs. Dentro de la sala estaba Dani, con su típica sonrisa, sus ojos cerrados y sentado en su puesto al lado mío. También estaba Cristián y Sofía, dos de los tres más desordenados. También estaba el grupo flaite, pero sin Diego y unos cuantos más. Estaba Nicolás y su mirada de burla que tiene al verme. Me dirigí a mi puesto, dejé la mochila en la silla y me senté.

- ¿Qué estás escuchando? – me preguntó Dani sin siquiera mirarme y sonriente, mirando la mesa de su puesto.
- ¿Eh? ¿Cómo sabías que escuchaba música? – le dije quitándome los auriculares.
- Por eso mismo – me dice mirando los auriculares.
- Oh, cierto… escuchaba unas canciones de una película que me gustó mucho.
- Por lo que logro escuchar te referirás a la última canción del soundtrack de “La vida es bella”, ¿no?
- Sí… ¿cómo lo sabías?
- Me encantan las películas y de vez en cuando sus soundtracks, Brett. Creo que no te he hablado de ese detalle – me decía aún más sonriente.

En eso el timbre toca. La clase iba a comenzar. La sala se llenaba de a poco, mientras que Dani y yo conversábamos antes de que llegase el profesor. Aquella película, “La vida es bella”, la había visto cuando tenía 12 años, o sea, dos años antes de que tuviera el MP4 y tanto la película como la música me encantaron. Estuve todo el rato aburrido, a pesar de que Daniel me hablara de vez en cuando. Sentía las miradas de Nicolás, Diego y el grupo flaite de vez en cuando. Danilo, el compañero de comportamiento afeminado, ya lo empezaban a molestar casi todos los días. Antes de que tocase el timbre del primer recreo, con una clase “totalitaria” por el profesor de jefe que cada vez era más estricto y gruñón, recibí el golpe de un papel de cuaderno que había sido lanzado Cristián. En realidad era para la compañera que estaba sentada delante de mí, por lo que me golpeó accidentalmente. Cristián me decía que lo perdonara haciendo mímica, pero yo solo lo quedé mirando serio y “sobándome” en la parte en que me golpeó, indicando mi molestia.

Toca el timbre. El “loco” Cristián va corriendo hacia mí y me atrapa camino al pabellón A. Éste me pide disculpas una vez más; yo las acepté, dibujando una leve sonrisa en mi rostro. Éste se pone feliz y va a contarles todo a sus amigos, José y Sofía. Al mirarlo por un rato pensé en que no era mala idea tener una personalidad como él. Ríe todo el día, alguien que no le importaría tener una vida de mierda y pasarlo bien con amigos. En los recreos, éste no solo se juntaba con José y Sofía, sino con otras personas. Al dejar de pensar en aquello continué mi camino algo sonriente. Como iba algo “volado” por mis pensamientos, mientras caminaba por el pabellón A, pasé a chocar accidentalmente con Aura. Al darme cuenta que choqué con ella, quedé en blanco por un momento, mientras ésta me quedó mirando asustada. Mi corazón comenzó a latir a una velocidad increíble y no sabía que decirle. De pronto volví en sí y ella aún estaba mirándome, mostrando aun su rostro de asustada y se veía que respiraba rápidamente.

“Pe-perdón”, le dije tímidamente a Aura. Ella aún continuaba sin decir algo. Entonces me aparté y no le quise decir ninguna cosa más. Mientras caminaba sentía su mirada. Todavía tenía el corazón latiendo ferozmente. Continuaba mi camino pensando en lo ocurrido y caminaba muy rápido. Finalmente me quedé descansando en las escaleras del patio cercano al pabellón A. Al principio no quería pensar en nada, pero pronto me di cuenta que perdí una oportunidad para conocerla. Que idiota soy. Este muro va creciendo cada día. Luego llega y me espanta Eileen. Nos saludamos, ella muy animada y yo casi sin ánimo. No estaba con Raúl, de nuevo.

- Él no vino hoy ya por cuarta vez en la semana, no sé porqué – dijo Eileen decepcionada pero luego se pone alegre de inmediato al decir - ¿Qué tal si conversamos todo el día de hoy, incluso cuando salgamos de clases?
- No sé, si quieres – le respondí con no mucho ánimo.
- Tenemos varias cosas que contarnos. De hace un buen tiempo que no conversamos, ni siquiera en tu cumpleaños.
- Bueno, eso te pasó por invitar a tu pololito.
- ¿Pololito? ¿Acaso lo sabes? – preguntó mirando hacia el lado contrario de mí.
- Si… ambos se dieron un beso en el patio.
- ¿¡Qué!? ¿¡Nos estuviste espiando!? – me preguntó esta vez alterada y mirándome fijamente, mostrándome los dientes como si estuviera a punto de morderme.
- E-esto... Sí, solo un poco… - le contesté echándome hacia atrás.

Eileen comienza a darme golpes suaves en el brazo izquierdo diciendo “Copuchento” a cada rato. Yo tan solo reí un poco. Ambos estuvimos caminando por todo el patio. Me dijo también que estaba conociendo mejor a Xavi, ya que él comenzó a sentarse delante de ella. Le comenté que él era mi amigo y lo conocía desde la básica. Ella dijo que algún día nos juntaremos los cuatro (más Raúl) para conversar. “Está bien, está bien”, le contestaba amargamente. Por el camino encontré a Xavi, quien estaba de compañía con Aura. Al verme, ella abrió sus ojos, como si se hubiera asustado con mi presencia. Yo hice un saludo tímido y Eileen le hizo una mueca extraña a Xavi. Eileen y yo estuvimos conversando todo el primer recreo. Pero espera… ¿¡Qué mierda hacen ellos dos conversando!? Esto se pone cada vez más… Raro… También no veía a Daniel en todo el rato. Tocó el timbre y todos a sus respectivas salas. Antes de que Eileen se despidiera, ésta me dice que quedemos para juntarnos en el segundo recreo. Después de eso, Eileen subió. Luego llegó Xavi y me dio un saludo corto. No estaba con Aura esta vez.

Me dirigí a la sala y ahí estaba Dani, sonriendo y con los ojos cerrados, con la cabeza agachada hacia la mesa. Recordé que tenía el MP4 y no había escuchado nada. De igual manera me dio lo mismo. Entré a la sala. Pasaron las clases. Conversaba con Daniel de vez en cuando, pero no mucho debido a que el profesor de Historia era como el de Lenguaje. Más tarde toca el timbre y me quedo esperando a Eileen. La encontré bajando las escaleras y ésta llega animadamente, muy sonriente y saludándome. No sé que mierda la tiene tan feliz ahora. Ambos comenzamos a caminar por el patio del liceo y a veces dentro. El recreo era de diez minutos y mientras caminábamos, Eileen salió con el tema de Aura: ella quedó para comer con Aura al salir de clases y que invitaría a su primo, o sea, yo. ¡Maldita sea! ¿El mismo día en que quedé en blanco al chocar con ella? ¡Mal, muy mal, Eileen! Se suponía que debía ser en el momento más apropiado, pero la cagó más. Al fin y al cabo, algo me decía que era una idea buena… Es más, si no se puede hace una reunión como ésta en un día viernes, tendría que ser un miércoles, ya que ambos días salíamos temprano. En un fin de semana daba flojera y los lunes, martes y jueves me vería Diego y los demás.

¡Toca el timbre para entrar a clases! Daniel y yo nos sentamos donde siempre. Yo saqué mi MP4 y comencé a escuchar música disimuladamente en la clase de química. No me importaba esa clase. Es más, sabía que lo iba a reprobar o algo por el estilo porque no entendía ni un carajo. Más tarde toca el timbre de salida. Llegó el momento de la verdad. Me despedí de Dani y éste me deseó suerte para lo que se venía. Claro, le conté todo en la clase de química, cuando el profesor dejó a cargo unos ejercicios. La semana siguiente tocaría examen de química. Salí rápidamente de la sala, pero esta vez no me dirigí hacia el pabellón A; mientras caminaba por el pabellón C seguí recto hasta llegar al B. Ahí me dirigí al gran pasillo, juntándome con jóvenes de Tercero y Cuarto medio. Luego entré al baño y al salir estaba lleno de gente. Afuera me esperaba Eileen.

- Así que estabas en el baño; me lo imaginé – dijo con los brazos cruzados.
- No es que tenga ganas… Son los nervios – le decía ya casi temblando solo por nervios.
- ¡Ya, ven conmigo!

Ésta me agarra del brazo y me tironea por todo el gran pasillo, volviendo hacia el pabellón A. Por el camino me encontré con Xavi, quien también estaba siendo algo tironeado por la tal Ashley y ambos nos despedimos con una sonrisa tímida, mientras que ambas chicas parecían tener fuego en sus ojos. Eileen logra llevarme al piso final del liceo, lugar que no conocía y luego me lleva a una puerta que conducía a la azotea. Al abrir la puerta, Eileen me empujó porque yo parecía estar arrepintiéndome. Miré a la izquierda y Aura estaba ahí, sin entender el porqué aparecí bruscamente desde la puerta. Al verla, me paré de inmediato en pose formal frente a ella, con el corazón acelerado una vez más. Después sale a escena Eileen, cerrando la puerta de la azotea y dirigiéndose a Aura. Los tres nos mirábamos al uno al otro. Al parecer, yo era el más nervioso, mientras que Aura parecía haberle sorprendido mi presencia y al parecer, se había sonrojado un poco. Cuando Eileen se pone al lado derecho de Aura dirige la palabra:

- Bueno, él es Brett, mi primo – dice Eileen a Aura presentándome.
- Hola… – la saludé muy tímido, con una pequeña sonrisa, con el corazón altamente acelerado y con la espalda comenzando a sudar.
- Hola – responde con una timidez idéntica al que tenía yo – Me llamo Aura – continuó sonrojada totalmente y sacando una sonrisa, primera vez visto en ella.

Continuará...

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