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Vendetta/Capítulo 13: Vidas Puestas en Juego

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Vendetta/Capítulo 13: Vidas Puestas en JuegoEditar

¿Pero qué diablos con este lugar?Editar

Recostado en mi cama de la Suite Cuchillo. La mirada clavada en el techo. Intentando entender el cómo Linik no vio al tipo de trajes amarillos. Así estaba yo durante la tarde de un viernes en Términa. No podía entender la situación. ¿Acaso es una especie de fantasma? Imposible. Él me salvó en la montaña de la muerte en carne y hueso. Era imposible que sea un fantasma destruyendo una gigantesca roca. Aunque… Esa sería la razón del porqué lo hizo tan fácilmente y el cómo salió de la montaña sano y salvo. Que personaje tan misterioso… Maldita sea. Recordé que estaba a punto de conocerlo, pero Linik tuvo que interrumpir la persecución. Si no hubiera sido así, pudiera haber sabido quien era realmente ese tipo.

Rato después recordé lo que me había dicho Linik la noche anterior. Según él, el siguiente elemento se encuentra en el cañón. Bien, tendría que llenarme de valor para ir a esa zona, pero… A veces pienso en que tal vez esto de los elementos sea una tontería. Sin embargo, no quería fallarle a la princesa Zelda. Ella fue buena conmigo, después de todo. Hasta incluso se toma el tema en serio. ¿Tan importante será todo esto? No lo entiendo… Realmente no lo entiendo. ¿De qué servirán después de obtenerlos? Esa pregunta creo que me lo había hecho anteriormente a mí mismo.

Llega la noche del día viernes. Un día flojo, sin acción y yo casi todo el día encerrado en la Suite Cuchillo. Empezaba a parecerse mi vida en mi casa del mundo cruel. No sabía si ir al cañón Ikana o dejar toda esta misión de lado. No quiero fallarle a la princesa Zelda, pero tampoco quiero perder mi tiempo en cosas tan absurdas. A Linik no lo vi por el resto del día. Quizá fue al Pico Nevado sin mí. Sabía que yo estaba estorbando y agotando mis energías en ese viaje. Nada más.

Mientras estaba en la cena en la posada recordé el mundo cruel. No sé porqué, pero lo recordé. Me pregunto como estuvo la semana a Eileen, Xavi, Daniel y Aura. La primera estará preocupada por Linik/Raúl; Xavi estará disfrutando los días con la tal Ashley o quien sabe; Daniel estará con su típica sonrisa y a solas en los recreos; mientras que Aura… Estará incómoda al lado de Diego, el perro con rabia, como siempre. O tal vez estará con Eileen. Ellas se convirtieron en amigas, así que dudo que Eileen la deje de lado y que todo lo hiciera sólo para hacer que yo me acercara a Aura.

Terminé mi cena y no veía a Linik. No me importaba. Tan solo fui a mi habitación y me recosté de nuevo. No había televisión en Términa, al igual que Hyrule. Sin embargo, por lo que parecía, Términa estaba siendo más avanzado tecnológicamente que Hyrule. Había luces neón en algunas tiendas y carteles de las tiendas del este de la ciudad, se usaban algunos objetos con electricidad para construir y así sustituir los materiales típicos de trabajo, entre otras diferencias notables. Las construcciones no eran básicas. No usaban sólo madera para construir. Por las noches, la ciudad se veía increíblemente iluminada. Los niños no jugaban con juegos básicos, usaban incluso objetos parecidos a los del “mundo real”. Hasta las vías de trenes se manejaban por sí solas con electricidad, sin necesidad de un vigilante. Todo perfectamente con la electricidad. Yo sólo hablé de la ciudad y la pradera, ya que no conozco perfectamente las otras áreas.

Me quedé dormido en mi cama de la Suite Chucillo y desperté al siguiente día. Como toda una vida normal, bajé al primer piso y desayuné. No vi a Linik una vez más. Volví a mi habitación después de comer y pensé en viajar al cañón Ikana sí o no. Si lo hacía me quedaba, si no lo hacía volvía a Hyrule, para luego volver al mundo cruel o quedarme un tiempo en Hyrule. Era sábado. Todos los jóvenes del mundo cruel están en descanso al tratarse de estudios. Si quería volver a ese mundo tardaré hasta el miércoles o jueves de la semana siguiente. Perdería otra semana más de clases. Seguiré preocupando a la gente que se preocupa por mí, que son pocos.

Decidí por un “sí” a ir al cañón Ikana. Así que salí de la posada y me dirigí al este de la pradera. En esta área no se encontraban monstruos. Hacia el lado sur del este de la pradera se encontraba una especie de observatorio, ya que había un gigantesco telescopio. ¿Cómo se puede llegar allí? No había puerta alguna. Es más, sólo había gigantescos cercos que cubrían los alrededores del observatorio. Y así creía que yo era uno de los más aislados del mundo... Mientras estaba en la pradera volví a sentir la presencia de una persona que me vigilaba. Seguramente era el mismo tipo de ropas azules/amarillas. Miraba a mí alrededor, pero no veía a nadie. Sentía su mirada por todas partes, pero no encontraba a alguna persona que estuviera mirándome a lo lejos.

A la mierda con todo sobre él, me voy al cañón Ikana. Caminé por un camino que llevaba al cañón. En principio del camino, el cual está cerca de la ciudad, se encuentran varios pilares de gran tamaño, con un diseño único y extraño. Pareciera que arriba de cada pilar se encontraba algo, pero tal vez era cosa mía. Continué caminando y llegué más adentro del camino al cañón. También había unos cuantos pilares, algunos intactos y otros caídos. El sol iluminaba, pero a medida que caminaba más y más, el ambiente se ponía tenso, frío y hasta sombrío. El sol comenzaba a desaparecer de a poco. Unos pocos vientos casi invisibles comenzaban atormentarme. A medida que iba caminando, comenzaban a aparecer unos cuantos monstruos. Estos tenían formas esqueléticas, idénticas a la forma esquelética del reciente sueño oscuro, pero estos eran de un tamaño mucho más pequeño. Me di cuenta que para llegar definitivamente al cañón había que subir a una zona mucho más alta. Me era imposible, ni siquiera había alguna escalera para subir.

Que desperdicio… ¿Entonces cómo diablos Linik logró llegar al cañón? No tuve otro remedio más que quejarme al saber que perdí mi tiempo y volví a la ciudad. No podía hacer nada para llegar al cañón. Necesitaba contactar a Linik para saber el cómo hizo en subir a esa zona tan alta del camino. Él está totalmente bien equipado, así que no tendría problemas para subir. Necesitaba su ayuda. Fui a la posada y pregunté a Anju acerca de Linik y me respondió diciendo que él le dijo que iba a ir por una pequeña misión después del desayuno. Pequeña misión, ¿eh? ¡Claro! El Pico Nevado. Agradecí la información de Anju y me dirigí a las montañas en busca de Linik.

Las 12:00 hrs. del día. Se toca la “alarma” del gran reloj de la gran torre de la ciudad. Se tocó mientras yo estaba ya en la zona norte de la pradera de Términa. Aún sentía la presencia de ese alguien que me observaba. Ya no me importaba. Quería buscar, encontrar y hablar con Linik. Quería que me ayudase a entrar al cañón. Terminé llegando a las montañas sin dificultades. La nieve se sentía con un poco más de intensidad en el camino a las montañas y en el pueblo de la montaña en sí. Encontré a Linik sentado en la entrada de la herrería. Al parecer estaba esperando algo o a alguien. Al verlo fui corriendo hacia éste.

- Ya era hora de que te encuentre, Linik – le dije sin tomar aire, ya que no me cansaba al correr y menos con una pobre corrida de pocos metros como el que tuve.
- Hola Brett. ¿Qué te trae por aquí? ¿Me buscabas? – me decía ya con la mirada levantada hacia mí.
- Sí. Necesito tu ayuda para una misión.
- ¿Es sobre el elemento de la tierra? – Afirmé moviendo la cabeza y a continuación, Linik continúa - Pero es peligroso… - Terminó dibujando un rostro de preocupación.
- No me importa. Quiero entrar a ese cañón, pase lo que pase – continué seguro de mis respuestas.

Linik suspiró y agachó un poco la cabeza. Se notaba su preocupación por mi viaje hacia ese lugar. Volvió a repetir su última frase, mientras que yo lo quedaba mirando nada más. Finalmente, éste devuelve la mirada con un “Está bien”, sonríe levemente y saca el gancho que tenía en una parte de su equipo de viaje. Le pregunté el porqué me pasó el gancho y éste de inmediato me responde que debía engancharlo en algunos tocones que se encontraban en la zona alta. No recuerdo haberlos vistos, pero de igual manera agradecí su ayuda y me fui, sin antes preguntarle el porqué estaba ahí: esperaba que su espada sea un poco más afilada y se iría a la ciudad, ya que no podría avanzar su viaje por las montañas sin la ayuda del gancho.

Con el gancho en manos me fui contento de las montañas. Antes de ir al camino hacia el cañón decidí volver a la posada y comer algo. Anju había preparado la comida para su abuela, quien contaba cuentos a sus visitantes. Como la abuela no comía mucho, a Anju le sobró un poco, como de costumbre. Así que decidió darme parte de la comida. Comí con gusto, aunque la comida no era muy masticable. Quizás la abuela de Anju no tenía muchos dientes…

Después de comer fui a reposar un poco a mi habitación de la posada. Me pregunto cuan peligroso será el cañón que a Linik le preocupa tanto mi viaje hacia ese lugar. Si voy al cañón… ¿Será probable de que arriesgue mi vida? Debo recordar que no voy a ese lugar solo por el hecho del famoso elemento ese, sino que voy por “órdenes” de la princesa Zelda. No quiero defraudarla. Quiero que crea en mí. Quiero que sepa que contará conmigo en lo que quiera. Así que mi decisión ya está tomada. Iré por ese elemento cueste lo que cueste, aunque mi vida se ponga en juego. Además… ¿Para qué realmente estoy con vida?

Fuera el reposo y retomé mi viaje hacia el cañón. Parecía estar lejos, pero tan solo estaba a casi unos pasos de la ciudad central de Términa. Sábado por la tarde: “arriesgar” mi vida por el elemento y si lo llego a obtener, hacer feliz a la princesa. Eran las 15:26 hrs. según el reloj de la posada. Al parecer, la hora de allí era igual al del mundo cruel. Había pasado mucho tiempo desde que el gran reloj de la ciudad había sonado, así que tal vez yo tenía razón. Caminé por el mismo camino anterior. El clima era tenso mientras estaba más al fondo. Finalmente llegué justo a la zona donde uno podría ser capaz de llegar a la zona alta con “ayuda” del gancho, según Linik. Busqué si había algún tocón para engancharme hacia él. Lo terminé encontrando. Estaba casi en medio de la zona alta. Usé el gancho, apunté hacia el tocón y me enganché con éxito hacia éste. El gancho me llevó a la zona alta y logré llegar a la “segunda parte del camino al cañón Ikana”. En esta zona se hallaban varios de esos monstruos esqueléticos que el libro entregado por la princesa Zelda no explicaba ni mencionaba sus nombres. Corrí con valor hacia el cañón, desenfundé la espada y eliminaba los “esqueletos bailarines” que se cruzaban.

¡Crucé todo! ¡No tuve tantas dificultades! Esos esqueletos sólo perdían su tiempo vagando en el camino. Con tan solo dos cortes con la espada a cada uno y se eliminaba. Terminé llegando al cañón. El valle era gigantesco. Yo estaba en una zona con césped. En frente había una corriente que llevaba a no sé donde. Desde la izquierda provenía la cascada que creaba la corriente, aunque precisamente no se ve al entrar al cañón. Detrás de la cascada se veía una cueva que lo pude ver tiempo después de llegar por primera vez al cañón. A la derecha de la “entrada” al cañón, la corriente llevaba a la persona que cae a éste a otro lugar desconocido. En la zona con césped se hallaba una cueva que estaba totalmente sellada. Nunca pude entrar en ella. Frente al cruce de la fuerte corriente había un puente que llevaba a un tocón. Si uno iba a ese lugar y miraba a su izquierda, notará una gran variedad de tocones por distintas repisas. Parecían tener el diseño perfecto para llegar a lo alto del valle.

Que lugar tan extraño. Parecía estar todo diseñado para algo. Era casi todo “perfecto” para la llegada de un visitante. El ambiente del cañón era sombrío. Parecía que no había nada vivo a simple vista. No había sol, no había una nube en absoluto. El cañón ya estaba siendo extraño… Desde el lugar en el que estaba al llegar al cañón, podía notar a lo alto del valle la gran torre con forma de cactus. Como estaba más cerca pude notar claramente que estaba hecho de piedra. Debajo de esta torre parecía notarse una especie de fortaleza. En medio del todo se notaba unas especies de trompetas gigantes. ¿Qué mierda? No se veía perfectamente desde tal distancia, pero más tarde descubrí que estaban encima de una casa y podían reproducir una música que se escuchaba por todo el cañón.

Menudo valle… Era todo tan extraño al pisar por primera vez. Concentré mi sentido del oído para escuchar algo, pero solo escuchaba gruñidos extraños a lo lejos y pasos lentos de personas. Empezamos con cosas extrañas. Luego concentré el sentido del olfato y todo se vino feo: olía a sangre, olía a pudrición, a cuerpos descompuestos, a un viento “oscuro” feroz que llegaba a decirme que me aleje de esta zona, etc. ¿Pero qué demonios es este sitio? Dejé de oler y me di cuenta que yo estaba respirando agitado. No me sentía bien. No bien de “mal”, sino que incómodo. Sin embargo, yo no estaba ahí por visitar el cañón, estaba por el elemento de la tierra. Así que decidí caminar un poco. Cuando me acerqué al puente, pude ver un sujeto que caminaba por la zona derecha del valle. Estaba encapuchado y al parecer se iba del cañón. Decidí acercarme a esta persona. Parecía tener vida. No quise concentrar mis sentidos para hacerme una idea de quien era, tan solo fui sin pensar hacia esta persona. Al acercarme lo suficiente, lo saludé. Al oír mi voz, esta persona se detiene y mantiene su rostro cubierto por la capucha. Yo tan solo podía ver sus piernas y sus descalzos pies; estaban de un color piel muerto, casi llegando a verde, púrpura muerto o blanco. Por estos detalles me arrepentí un poco de hablarle, pero éste toma la palabra.

- ¿Qué haces tú en un lugar tan muerto como este? – me dijo con una voz femenina grave y escalofriante.
- Bueno… Venía a visitar este valle para conocer mejor Términa – le mentí, dibujando una leve sonrisa por nervios.
- Conmigo no puedes mentir.

Al decirme esto me sorprendí, tanto que no supe qué decir. No me quedó más remedio que decirle la verdad.

- Está bien, lo siento… - suspiré y proseguí – Vengo en busca de algo importante, que según me dijeron se encuentra aquí, en el cañón Ikana.
- Ya veo, es por una muchacha.
- ¿¡Qué!? – le respondí exaltado, mientras que esta persona saca una corta risa pícara.
- No te preocupes. Yo puedo leer tu mente, Brett – me dice enseñando por fin su rostro.

Era una mujer con ya mucha edad, ojos marrones gastados y su barbilla era algo larga, pareciendo una bruja.

- ¿Pero cómo? – pregunté sin haber pensado en la pregunta, mientras que ésta vuelve a sacar una risa pícara y vuelve a hablar.
- Así que ese “algo importante” se llama elemento de la tierra… Curioso…
- ¿Qué es curioso? – le pregunté sin tener la menor idea a lo que se refería.
- Acompáñame – dijo, sin responder a mi pregunta.

La seguí, saliendo del cañón y regresando al camino con el que había llegado. Los monstruos esqueléticos no se nos acercaban. No entendí el porqué no nos hacían daño. Después bajamos con la ayuda de mi gancho, enganchándose a un tocón de la zona baja del camino, tomamos un camino hacia la derecha y llegamos al cementerio de Ikana, según ella. La señora me llevó a una casa que se encontraba casi en la entrada del cementerio. La casa tenía pinta desde fuera que era muy pobre, hecho solo de madera, con un tejado de lata y por dentro tenía tan solo tres habitaciones: cocina/comedor, dormitorio y baño. El dormitorio se encontraba al fondo y el baño a la derecha desde la entrada. La casa tenía varios adornos extraños, como esqueletos, cuadros con dibujos raros, papeles con información de unos seres extraños, etc. El ambiente estaba bajo cuidado por un incienso, el mismo olor que tenía las ropas de la anciana. Ella me invitó a sentarme en una de las sillas de su mesa comedor y me invitó a comer algo que ella estaba comiendo. Era una cosa que aparentaba ser asqueroso, así que no quise acompañarla a comer. Mientras ella comía, ya sin capucha y mostrando su largo cabello canoso sin cuidado o arreglado por algún objeto, comencé a hablarle.

- ¿Por qué quiso que la acompañara?
- Me pareces un tanto extraño – me dijo comiendo, pero teniendo cuidado de no hablar mientras masticaba.
- ¿Extraño? ¿Por qué? – Ella no me respondió hasta haber tragado la comida, después de haber masticado por segunda vez cierta cosa extraña que comía.
- Vienes por un objeto que otra persona anteriormente también había venido a por ella.
- Espera, ¿acaso se refiere a un joven con ropas anaranjadas? – le pregunté interesándome en el tema.
- No. Es otra persona que al verlo, noté que no tenía muy buenas intenciones.
- No sé a quien se refiere – le dije con la voz más apagada. Á continuación, ésta me queda mirando por un rato y yo me sentí incómodo - ¿Por qué me ve así?
- Ahora que te veo bien, muchacho… Te pareces mucho a él.

Ambos quedamos en silencio cuando dijo eso. Finalmente decidí destruir el silencio con una pregunta que me traje desde Hyrule.

- ¿A quién te refieres con “él”? ¿A quién me parezco? Antes me lo habían preguntado y necesito saber.
- Tranquilo, tranquilo – Dijo limpiándose con una servilleta que parecía estar muy usada – Te pareces mucho a la persona que vino aquí hace unos días.
- ¿Pero a quién te refieres? – le pregunté ya algo asustado.
- No quiero decir que tengas un parecido físico, pero tu apariencia desde el interior son idénticas. Pero… Por lo que me doy cuenta ni tú te habrás enterado a lo que me refiero – Quedé pensativo. No sé a quien se refiere, por lo que no sé con quien me compara. Después de que ella terminara de sacar toda de la mesa con silencio termina diciendo – Te deseo lo mejor y cuídate mucho. Piensa antes de hacer las cosas, porque “eso” que estás haciendo en la actualidad, te dolerá en lo profundo de tu corazón. Para finalizar te digo que aún tienes tiempo de cancelar “eso”. Tú sabrás a lo que me refiero. Por cierto, el elemento sí está en Ikana, pero no en el lugar donde todos buscan – termina sonriente.

Nuevamente quedé pensativo en lo que me dijo. ¿Qué quiso decir con todo esto? Decidí hacerle caso, sin saber realmente lo que me quiso decir y me fui. Tomé un poco de aire y volví a hacer lo mismo que antes: ir al cañón Ikana. Así que usé el gancho de nuevo y los monstruos esqueléticos volvieron a intentar atacarme. Yo los iba eliminando fácilmente con la espada, dándole tan solo dos cortes horizontales a cada uno. Llegué de nuevo al cañón. ¿Continúo mi camino o no? No sé si esta mujer se refirió a lo último relacionado con los elementos o no. Si era así, lo mejor sería volver a Hyrule o al mundo cruel. Lo malo es que dejaría la misión y la princesa Zelda ya no confiaría en mí…

Terminé concluyendo que la anciana se refería a otra cosa, así que decidí continuar mi misión. Aunque no sepa a lo que se refirió, de igual manera continuaré la búsqueda del elemento. De a poco intentaba acostumbrarme al aire del valle de Ikana, pero era algo difícil. Solo lo intentaba. Continué lo que estaba haciendo antes de conocer a esa mujer que no le sabía su nombre: cruzar el puente y usar el gancho hacia los tocones. Esa sería la forma que usó Linik para escalar el valle. Sin embargo, cuando llegué al otro lado del puente, aparecieron unos monstruos de la nada del agua, los cuales me disparaban unas cosas raras. Recuerdo haberlos vistos en el libro de monstruos: recuerdo que tenían de nombre “Octorok”, el mismo nombre de esos monstruos rojos que vi en el bosque de Farone; pero estos son acuáticos, de tamaño mucho más grande y de color entre azul y púrpura. La única forma para esquivar sus ataques era usando el escudo, así que usé mi escudo para protegerme de sus proyectiles. No podía atacarlos, ya que estaban en el agua. Pero recordé que tenía el gancho… Así que usé el gancho en uno de ellos, pero éste se escondió. Como me concentré en uno solo, el otro Octorok aprovechó de atacarme. “Hijo de la gran…”; no podía hacer nada, solo usar el gancho rápidamente hacia el tocón más cercano de la repisa más cercana. Eso hice.

Logré subir una repisa y el Octorok más lejano se escondió, mientras que el más cercano solo quedó mirando. Como acto de victoria y burla, le levanté el dedo de en medio de mi mano derecha hacia el Octorok que me miraba y sonreí irónicamente. “Uh, que malote”, pensarán ustedes, pero al menos lo “vencí”. El golpe que me dio el proyectil del otro que se escondió, quien era el más lejano y se tuvo que esconderse al subir la repisa, me hacía doler la espalda. Sus ataques sí eran dañinos. Así que me quedé reposando un rato en la repisa recién escalada, esperando a que el dolor se calme un poco. Mientras tanto, el Octorok que estaba cerca aún me miraba, sin hacer nada. No podía atacarme el inútil. Tal vez estos monstruos eran los primeros de varios. Seguramente el valle estará lleno de monstruos.

Después de un rato me levanté y retomé el viaje. Volví a usar el gancho para engancharme en los diferentes tocones que estaban en cada repisa. Cuando estaba ya en la tercera más alta, el Octorok que miraba ya había desaparecido. Tuve que subir unas siete repisas y la octava era el valle alto. Cuando completé la subida y contemplé el “paisaje” del lugar… Sólo quedé boquiabierto. Varias momias estaban esparcidas por todo el lugar y unas aves extrañas que estaban cerca de mí intentaban atacarme, pero yo los acababa con tan solo un corte de espada. El número de momias aumentaba en la zona donde estaba la “fortaleza” y podía ver de lejos unas cuantas en un sector más alto, donde estaba la entrada a la torre de piedra. ¿Qué mierda es este lugar? Por lo que se veía a simple vista… No había nada vivo.

Esas aves que intentaban atacarme los había visto en el libro de monstruos, pero no recuerdo su nombre. Tenían el pico largo de color naranjo y el pelaje era un color azulado, muy oscuro mezclado con algo de púrpura oscuro, también. Las momias también las había visto en el libro y recuerdo algo de su nombre: tenía que ver con “Dead”. Eran de color café y con tan solo ver la forma en que estaban parados, se veía que eran muertos en vida. Menudos monstruos que encontré en Ikana…

Lo único “vivo” que encontré en esta zona era la casa que estaba en medio del todo. Esa casa es la que tiene el gigantesco reproductor de música encima. En ese instante no se escuchaba música alguna. Decidí caminar hacia esa casa con cuidado. A veces olía a sangre en el camino, olor que desagradaba un poco. El ambiente a muerte en el valle se sentía con más intensidad en esta zona alta del cañón Ikana. Hacía mi esfuerzo en resistir todo esto, pero a veces me sentía mareado. Varias momias estaban a una distancia algo cercana de la casa, pero no era lo suficiente para que me vean.

Llegué a la casa. Toqué la puerta. No la abrían por un momento. Sin embargo, cuando quise mover la manilla de la puerta para entrar sin permiso, me di cuenta que la puerta estaba totalmente abierta. Así que entré a la casa. Tenía un diseño bastante vivo la casa; por fuera también lo tenía. La casa era pequeña. Al entrar se encontraba con una mesa y tres sillas, con varias cosas de cocina alrededor. Había una escalera que conducía a un sótano. Así que decidí bajar sin permiso. En esta zona había dos camas y papeles de todo tipo de información de unas cosas que no veía nunca. Mientras leía un papel que investigaba acerca de una raza llamada “Garo”, la puerta de la casa se escuchó. “Mierda, mierda, mierda”. ¿Qué diablos es lo que hago? En el primer piso se escuchaba una voz femenina cantando una melodía. Nunca antes la había escuchado, pero la canción era algo cómica. Después se escuchó la escalera. Oh, no… Cuando la muchacha bajó del todo no me vio, tan solo agarró unas cajas e intentó subir, pero al subir el segundo peldaño de la escalera… Sus pupilas se dilataron, las cajas se le cayeron y un feroz grito de susto se escuchó por toda la casa.

- ¡Tranquila, tranquila! – le dije rápidamente para que le pase el susto, mientras que yo salía de mi “escondite”.
- ¡Aléjate, monstruo! – gritó mientras subía la escalera corriendo.

No me quedé ahí. La seguí corriendo también. La chica, que tenía casi la misma edad que yo, salió de la casa, por lo que tuve que salir, también. Como ella corrió sin rumbo, una momia, desde el sector derecho al valle (lugar donde está la fortaleza pero la momia estaba más apartada a esta), la vio y la inmovilizó. ¿Pero qué rayos? Quedé sorprendido por tal escena. ¿Acaso esos monstruos inmovilizan a sus presas? La momia se acercaba a esta, mientras que la chica no podía moverse. Como acto de culpa mía y de apuro, fui corriendo a una velocidad increíble hacia la momia, una velocidad idéntica a la que saqué cuando perseguía al personaje extraño en la pradera de Términa. Cuando la momia no alcanzó siquiera mover su cabeza para inmovilizarme, yo ya lo tenía inmóvil debido a que le daba múltiples cortes con la espada. La chica dejó de estar inmovilizada y cayó, mirando como yo acaba de a poco con la estúpida momia. Finalmente terminé acabándolo. La chica, que no podía creer tal escena y respiraba agitadamente, me miraba sorprendida. Yo le sonreí y me acerqué a ella, pero ésta aún me tenía “miedo” e intentó alejarse.

- ¡No te acerques! – decía mientras se arrastraba de espaldas alejándose de mí.
- Oye, tranquila. No te haré daño – le decía mientras la tomé del brazo.
- ¡No me toques! – dijo mientras se movía bruscamente para que me suelte, pero en caso contrario terminé cayendo al lado de ella.
- ¡Ya basta! – Le exclamé perdiendo la paciencia – Entiende que no te voy a hacer nada – Después de que le dije esto, la chica quedó en silencio un rato y me quedó mirando para observarme bien; después movió su brazo para que la soltara bruscamente.
- ¿Por qué estabas en mi casa? – me dijo mirando hacia otro lado, intentando “evitarme”.
- Perdón, pero estaba tocando la puerta y nadie abría. Como encontré la puerta abierta… - fui interrumpido por una seria y molesta chica.
- Es malo entrar a casas ajenas sin que nadie te de permiso. ¿Lo sabías?
- Lo siento… - contesté agachando la cabeza.
- Bien, bien. De todos modos gracias por salvarme ahora… Ese ReDead pudo haberme comido viva si no lo hubieras derrotado – dijo también agachando la cabeza y haciendo dibujitos con su dedo en la tierra.
- No, la culpa fue mía al entrar a tu casa sin permiso y asustarte – la contradije, levantando la mirada hacia ella.
- ¡Espera! – Dijo exaltada de un momento a otro – Lo eliminaste, ¿verdad? – Terminó mirándome con un rostro de asustada.
- Sí, ¿pasa algo malo? – le respondí apartándome un poco por su extraña reacción.

No sabía el porqué reaccionó así. Después de que ésta terminara de verme asustada, primero miró de reojo a la derecha y luego movió su cabeza lentamente hacia la misma dirección, donde estaba el ReDead recién eliminado. Sin embargo, cuando miré hacia allí también, no creía lo que estaba viendo… ¡Nueve ReDeads acompañaban al recién eliminado y se acercaban unos cuantos más! Lo peor es que estábamos cerca de ellos… “¡¡¡Mierda, mierda, mierda!!!”; la chica y yo gritamos de susto y de inmediato nos levantamos, para ir corriendo a la casa de ella. Llegamos a salvo y cuando estaba dentro a punto de cerrar la puerta, miré hacia fuera y los ReDeads que “acompañaban” al que eliminé, volvieron en sí para regresar a sus puestos. Si la chica y yo no nos hubiéramos dado cuenta de ese detalle… Yo simplemente no les estaría contando esta historia.

Terminé sentado en una de las sillas de la mesa de la casa. Estábamos en silencio. Creo que yo era el que estaba más asustado por la escena, ya que la chica, al parecer, ya sabía que los ReDeads hacen eso cuando un compañero es eliminado. Yo estaba con los brazos puestos en la mesa y mirando hacia abajo; a veces miraba de reojo a la muchacha. Ella estaba sentada en otra silla, jugando con un vaso de vidrio y mirándolo. Hasta que finalmente llegó la hora de romper el profundo silencio invadía en la casa.

- ¿Tú vives sola aquí? – le pregunté, mirándola; hice que ella despierte de sus pensamientos.
- No… Claro que no. Yo no sobreviviría si viviría sola aquí. Vivo con mi padre, que aún no llega de su investigación en el pozo – Terminó aún con la mirada al vaso.
- ¿Tu padre? ¿Es la persona que tiene sus investigaciones apuntadas en el sótano?
- Sí. Él investiga a los “no-muertos” que rondan por aquí, en Ikana – respondió terminando de jugar con el vaso y ya mirándome.
- ¿No-muertos? ¿Acaso son como los ReDeads de ahí fuera? – le preguntaba interesado.
- Yo no sé nada acerca de esas cosas, mi padre es el que investiga, yo no.
- Entiendo – le contesté un poco decepcionado.
- No me gusta que él se involucre en esos temas, es peligroso – Decía mirando la mesa – Él a menudo va a visitar un pozo donde puede investigar a fondo sobre un tema de unas momias algo diferentes a los que vimos allí fuera. Aunque a él le fascine esas cosas, a mí me da mucho miedo que vaya a ese lugar tan peligroso… Si le pasara algo…
- No pienses en esas cosas. De seguro que él va con el equipo necesario para protegerse – le dije intentando animarla.
- Pero igual es peligroso – contradecía, sin quitar la mirada a la mesa.

Ambos nos quedamos en silencio por un rato. Ella volvió a jugar con el vaso y para cambiar el tema, decidió decirme su nombre, diciendo también como excusa que se le había olvidado decírmelo; se llamaba Prímula. También le di mi nombre. Tenía trece años, en aquel entonces. Aunque tenía casi la misma edad representaba un poco menos, alguien de once años. Aprovechó de disculparse por su actitud que tuvo al verme por primera vez dentro de su casa, pero dije que no se preocupara, que la culpa fue mía al entrar sin permiso. Prímula tenía el pelo gris, ojos de color azules oscuros, su pelo era tomado con dos orquillas rojas, era delgada, más baja que yo y vestía a menudo ropas infantiles. Quedamos conversando los dos, hasta incluso entre risas en algunas ocasiones, hasta que cayó la noche y el padre de Prímula no regresaba. Ella se veía muy preocupada por él, aunque evitaba su preocupación para que quizás yo no me sienta incómodo. Aún así yo me daba cuenta.

En algún momento yo quería irme. No estaba en el cañón Ikana para visitar a esta chica, iba por el elemento de la tierra. Sin embargo, no quería dejarla sola. Quería al menos esperar la llegada de su padre e irme. También hablé con ella acerca del elemento de la tierra, pero no tenía ni idea de lo que le hablaba. Dijo que quizás su padre sepa algo. Sí, él deberá saber “algo”. A pesar de que investigue eso de “no-muertos”, quizás habrá descubierto algo interesante acerca del elemento de la tierra. Recordé aquel sueño reciente. Las momias que bailaban o hacían cosas extrañas alrededor de mí eran ReDeads. También recordé el esqueleto gigante que me echaba, pero no lo veía por ninguna parte de Ikana. ¿Tendrá que ver algo con la fortaleza? Espera… Aún no sé quien era esa cosa que emitía luz propia. No entiendo mi sueño. Solo entiendo que tenía que ver con Ikana: simplemente por la razón de los ReDeads y el esqueleto gigante, ya que los esqueletos vivientes “normales” los había vistos en el camino al cañón Ikana y son idénticos al gigante del sueño.

No regresaba. Definitivamente su padre no regresaba. Ella me dijo que esta era su cuarta noche que no la pasa en su casa. Pobre chica... Intenté calmarla diciéndole que no se preocupara, que su padre volvería durante la madrugada o rato más tarde; ella tan sólo me agradeció y sonrió. La noche continuaba y ya eran las 01:00 hrs. Le dije a Prímula que me iría de la casa, pero ella me detiene en seco cuando me había levantado de la silla. Mientras me tomaba del brazo con fuerza, me pidió que la acompañase durante esa noche. Le dije que sería un poco maleducado estar en una casa sin el permiso de su padre, pero ella insistía en que me quede con ella esa noche. Terminé aceptando. Quedaría esa noche sólo porque ella lo pidió. De inmediato me llevó al sótano, o mejor dicho la habitación de ella y su padre, y colocó un colchón y una sábana al lado de su cama. Primera vez que dormiría en el piso. Ella fue a cambiarse, mientras que yo dormí con las mismas prendas que usaba. Ya vistiendo su pijama, Prímula se recostó en su cama, me agradeció por la compañía y terminó con un “buenas noches”.

Amanece para un nuevo día. Eran las 07:45 hrs. según el reloj más cercano. Prímula ya estaba despierta. Estaba preparando el desayuno. Era mucha comida la que preparaba para una sola persona. Imaginé que su padre había regresado; así que sonreí, agradecí por la estadía en su casa y me dirigí a la puerta para irme. Sin embargo, cuando estaba en la puerta, ésta me agarra del brazo y me pregunta: “¿No te vas a quedar a desayunar conmigo?”… Su padre no había vuelto. ¿Qué mierda es lo que está sucediendo en ese pozo? No es normal que su padre no regrese… Por sólo lástima acepté otra invitación de su parte y me quedé a desayunar con ella.

No me quedaré de brazos cruzados. Aquí, en Términa y Hyrule, mis pensamientos no son los mismos como en el mundo cruel; eso está claro. Haré que esta chica se reencuentre con su padre y vuelvan a ser felices en esta casa. No quiero irme de Ikana a sabiendas que dejaré a Prímula sola en un mundo lleno de monstruos que la podrían asesinar fácilmente. Así que dos horas después del desayuno, le dije a Prímula que iría en busca de su padre, o sea, iría al pozo. En un principio, ella no quería que vaya, porque sería muy peligroso, pero terminé convenciéndola diciéndole mis pensamientos. Claro, lo que escribí en el principio de este mismo párrafo, excepto lo de mi comparación de mis pensamientos entre estos mundos con el mundo cruel. Así que finalmente, ella me dejó ir.

Salimos de la casa con cuidado y fuimos al pozo. Ningún ReDead nos vio, por suerte, pero sí unas tres o cuatro de esas aves de pico naranjo que se lanzaban hacia nosotros; yo los iba acabando sin dificultades. Cuando llegamos al pozo, ella quería bajar conmigo, pero preferí dejarla en el valle porque sería muy peligroso estar conmigo dentro. Obedeció, o eso creí… Cuando estaba ya abajo en el pozo y todo se veía algo oscuro, caminaba con cuidado y vi que una puerta estaba sin una momia, mientras que la otra sí. Está bien… Esto demuestra que la puerta sin una momia es donde caminó el padre de Prímula. Mientras estaba allí, sentí unos pasos detrás de mí: era Prímula.

- ¿Qué demonios haces aquí? – le pregunté mientras ésta se acercaba a mí corriendo.
- No quiero quedarme sola de nuevo – dijo apegándose a mí, abrazándome desde la espalda, con sus brazos en mi panza – La última vez que vi a mi padre me dijo que no vaya junto a él al pozo, ya que sería muy peligroso que ambos estemos dentro…

Claro, su padre le dijo lo mismo que le había dicho yo… No tuve otra alternativa. Sus palabras me tocaron. Así que decidí llevarla conmigo. Ésta de inmediato me agradece y no me suelta. Le dije que ya era suficiente los abrazos, pero ella insistió diciendo que se sentía mejor y más protegida en cómo estábamos. No tuve más remedio que seguirle su “juego”. En un principio me sentí algo incómodo por la situación, pero ella me convenció diciendo al final que esa sería la mejor manera para que no se aleje de mí. De igual manera, le dije que por ninguna razón se soltara, o la perdería. Ambos caminábamos con cuidado, un poco lento y al mismo ritmo. Abrimos la puerta donde no había una momia y entramos a una nueva habitación.

A partir de esa última habitación visitada, Prímula y yo nos guiamos gracias a las otras puertas que no tenía una momia. Esto indicaba el camino que seguía el padre de Prímula. También había unos cuantos Keese, algunos con fuego, unos cuantos otros monstruos y varias trampas que se debía de esquivar. Así eran las habitaciones. Siempre en una habitación había dos puertas y en una de ellas una momia, así que nos alejábamos lo más posible. Como Prímula estaba detrás de mí, yo tenía que tener un poco de cuidado al manejar la espada y tampoco me podía mover bien. Aun así, no tuve dificultad alguna como para ser herido por un monstruo. Estuvimos a punto de caer con trampas en dos ocasiones, pero terminamos saliendo ilesos.

Finalmente llegamos a una habitación diferente al resto. La habitación era algo oscura, pero gracias a la luz se veía las paredes blancas. Dentro había una especie de sol con rostro. También se notaba una salida totalmente oscura en el lado al lado izquierdo de la habitación, mientras que al lado derecho había otra puerta que estaba siendo golpeada. Prímula y yo pensamos en que podría ser una trampa, haciendo que una de las momias nos atacarían al abrir la puerta, o que el padre de Prímula ha quedado atrapado en una habitación e intenta abrir la puerta. Decidimos en la segunda opción, pero de igual manera, al tomar la manilla, cerré los ojos para no ver a la momia y Prímula se puso totalmente detrás de mí, sin mirar lo que saldría de la puerta. Al tomar con fuerza la manilla, no dudé y abrí la puerta rápidamente y de inmediato, me alejé de ahí con Prímula. Desenfundé la espada y Prímula, que me tomaba con fuerza la ropa y temblorosa, me decía que abra los ojos. Al abrirlos vi lo peor y lo que menos me esperaba: era un hombre, tirado en el suelo por caer cuando abrí la puerta, usando ropas de un científico (por el delantal blanco, claramente), que estaba totalmente débil, su cara se encontraba muy pálido y partes de su cuerpo parecían estar vendadas… Las manos de Prímula se apartaban de mi cuerpo mientras yo aún estaba impactado por la escena de este hombre moribundo que se acercaba a nosotros arrastrándose. Al final escuché un fuerte grito de desahogo por el susto de Prímula.

Continuará

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