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Vendetta/Capítulo 14: El Comienzo del Despertar

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Vendetta/Capítulo 14: El Comienzo del DespertarEditar

Prepárate para tenerte en mis manos, primer elemento.Editar

¿Pero qué le ha pasado a este hombre? Sí, es el padre de Prímula; el padre de la chica que asusté y salvé en el valle de Ikana, la chica con la que pasé una noche y al siguiente desayuné, la chica que me acompañó con miedo por el pozo, la misma que estaba a mi izquierda sentada en ese momento, con miedo y sin poder creer lo que veía. Había dejado caer la espada Kokiri y mi respiración era honda, con un poco de furia. El pobre hombre moribundo estaba muy pálido, apenas se movía y estiraba su brazo para que la tome. Eso hice. Tomé su mano y ayudé a levantarlo, para hacerlo sentar apoyado con la pared. Luego, Prímula dejó el miedo y fue a abrazar a su padre.

- Tú… - dijo el padre de Prímula casi sin aliento, mirándome y abrazando a su hija – Gracias… Gracias por ayudarme y… - decía quejándose – Ah… Y por traer a mi hija – terminó dibujando una pequeña sonrisa.
- Papá – comenzó a hablar Prímula, aún sin llorar solo por el susto que pasó - ¿Por qué? ¿Por qué no me hiciste caso? – le decía con su cara siendo tapada por el cuerpo del hombre – Te dije que esto no era bueno. Te dije que tus investigaciones eran peligrosas. Te dije miles de veces que podrías morir… - terminó empezando a sollozar
- Perdóname, hija. Quería… quería llevar mis investigaciones al éxito y… y no te presté m-mucha atención… Perdóname, de verdad – le respondió el hombre abrazándola con más fuerza, mientras que yo solo estaba sentado, mirando la escena con un rostro de “cansado”.
- No te esfuerces, papá –decía Prímula aún sollozando – No te esfuerces. Brett y yo te llevaremos a casa y estaremos bien – Mientras decía esto, su padre le acariciaba su cabeza y luego, éste voltea hacia a mí, aún acariciándola.
- Así que… ¿Te llamas Brett?
- Sí – respondí con la voz algo apagada.
- Puedes… ¿Puedes traer u-una poción amarilla de la ciudad?
- Claro – le respondí levantándome – Pero necesito una botella y rupias…

El padre de Prímula voltea para mirar la puerta que recién había abierto, indicando que algo había allí. Mientras iba a caminar a ese lugar, el llanto de Prímula ya comenzaba a escucharse, pero no era un llanto “dramático” o con “fuerza”, sino que calmado. A la habitación que entré era algo oscura y pequeña. En un principio no sabía el porqué el padre de Prímula me envió a cuya habitación, pero luego encontré un maletín café, seguramente del científico. Así que lo tomé y se lo mostré a su dueño. Él dijo “Ábrelo”. Así que abrí el maletín y encontré varias cosas, entre ellas muchas rupias y dos botellas vacías. El padre de Prímula dijo que podría comprar una poción púrpura aparte de la amarilla, por si acaso.

Él y su hija quedaron en la habitación con luz y yo me fui a la ciudad. Seguí el mismo camino con la que había llegado a esa habitación, esquivando las miradas de las momias. Esta vez el camino se me hizo más fácil, ya que no había muchos monstruos. De igual manera, tenía cuidado con las trampas que se cruzaban. En el camino me preguntaba el porqué de lo que pasó. ¿Por qué Prímula tuvo que pasar por este infierno? Ella es inocente. Ella no ha hecho nada malo. No merecía pasar miedo por tantos días y sin cuidado de su padre, a sabiendas que podría estar muerto. No, no merecía pasar por todo eso…

Salí del pozo sin problemas. Ya estaba en el cañón Ikana. Se notaba que iba a caer la noche dentro de un rato, ya que podía ver el sol estaba llegando al oeste, aunque lo veía muy poco por el “no-cielo” de Ikana. Diablos… Creo que por la noche el lugar se volvía mucho más peligroso. ¿Cómo lo haré para volver al pozo? Tranquilo… Por el bien de esta pequeña familia que hice reunir, haré lo posible para que todo salga bien. Para que sigan viviendo normalmente. Así que continué el viaje. Tuve que bajar el valle usando el gancho una vez más. Cuando estaba en la segunda repisa de la parte baja, los dos Octoroks aparecieron. Usé el gancho para engancharme en la repisa más baja y rápidamente hacia el tocón de la plataforma seguida del puente, el mismo lugar donde fui golpeado cuando había llegado a Ikana. Al llegar a esa zona, los Octoroks intentaron atacarme con sus malditos proyectiles, pero yo los esquivé corriendo a toda prisa hacia la entrada/salida de Ikana.

Que fácil. No tuve ningún problema. Ahora se venía el famoso camino lleno de estos esqueletos “bailarines” o “torpes” y débiles. Otro camino fácil. Esta vez no corrí. ¿Para qué correr solo para esquivar a estos debiluchos? Así que caminaba tranquilamente y los estúpidos que se acercaban a mí, los iba acabando moviendo la espada de un lado a otro, simplemente. No había esfuerzo. No había movimientos hábiles ni de un guerrero experimentado para acabarlos. Llegué a la bajada y me enganché en un tocón de la parte baja del camino. El sol casi ni se veía por los vientos extraños de la zona. Cuando me iba acercando a la pradera de Términa, el sol comenzaba a verse mejor y la tonalidad del día también. Ahora me di cuenta que estaba cayendo el atardecer. ¿Tan pronto?

No seguí caminando. Corrí hacia la ciudad. Entré por la puerta este de la ciudad y mi destino era el sector oeste, donde estaba la mayoría de las tiendas. Desde que regresé a la pradera, volví a sentir la presencia del tipo misterioso que me sigue. No me importaba en ese momento. Llegué finalmente al oeste de la ciudad y entré a una tienda llamada “Puesto de Intercambio”. La tienda era pequeña. Justo en la entrada, en la parte izquierda de la tienda, se encontraba un espantapájaros que al hablarle, daba una petición a su visitante para bailar durante un largo rato. El dueño de la tienda era moreno y usaba ropas típicas de Términa. Había varios artículos, entre ellos las pociones amarillas y púrpuras que me pidió el padre de Prímula. También había un escudo parecido al escudo Hylian, pero sólo era parecido. Me acerqué al hombre y comencé a hablarle.

- Esto… - dije tímidamente, llamando la atención del dueño – Hola.
- ¡Bienvenido! ¿Qué está buscando? Eche un vistazo a nuestros productos. No es mucho, pero lo que tenemos es de lo mejor, no engaño – decía animado y rascándose la espalda de vez en cuando.
- No vengo a ver artículos. Vengo por una poción amarilla y otra púrpura.
- Amarilla y púrpura, ¿eh? – dijo volteándose hacia la zona de pociones – Deberás haber venido con una buena cantidad de rupias, joven.
- Pues, sí – contesté dudoso, ya que no sabía realmente la cantidad de rupias que traía en el maletín del científico.
- ¿Traes contigo al menos una botella?
- Vengo con dos – respondí sacando las botellas y dejándolo en la mesa.
- Perfecto. Pues, ambas pociones valen 200 rupias. En total necesitarás 400 rupias.

400 rupias… ¿¡Qué!? ¡Eso es demasiado! El escudo Hylian de Kakariko era incluso mucho más barato que ambas pociones juntas. Estará loco este dueño… Pero no tenía otra alternativa. Además, no creo que el científico me haya enviado a sabiendas de que las rupias de su maletín no eran suficientes para las pociones. Así que busqué en el maletín. Dentro encontré una rupia más grande que todas. Al sacarla me di cuenta que tenía un color anaranjado. El dueño quedó impresionado al ver la rupia y dijo rápidamente que con ella podría comprar una poción, de las que busco, de inmediato. ¡Muy bien! Busqué aun más para encontrar otra rupia naranja, pero no había otra… De pronto encontré una rupia gris y el dueño dijo que equivalía a 100. Luego saqué dos púrpuras, que equivalían a 50. ¡Compra terminada! Al parecer, este científico sí que tenía dinero… Podía ver que aún le quedaban unas pocas rupias púrpuras, pero varias de otros colores.

El dueño llenó ambas botellas, cada una con su respectiva poción. Agradecí la compra y éste me las devolvió. Guardé las botellas llenas en el maletín y tomé rumbo devuelta a Ikana. Salí de la tienda y miré el cielo; había caído el atardecer. Parecía que oscurecía muy rápido en Términa. Me dirigí al este de la ciudad y en la entrada de la posada me encontré con Linik. Éste me preguntó acerca de mi viaje a Ikana y le respondí que estaba en un apuro, por lo que no podía hablar un rato con él. Linik entendió mi situación y me dejó ir. No pude hablarle de nada.

Salí de la ciudad. Comencé a correr para no perder tiempo. La “vigilancia” del tipo misterioso comenzaba a sentirlo una vez más. En algún momento, antes de llegar al camino hacia el cañón Ikana, me detuve y miré hacia todos lados; no pude ver al tipo por ningún sitio. “Que tontería”, me dije a mí mismo y seguí mi camino. Lo extraño es que en la primera parte del camino, la parte baja del camino al cañón, comenzaron a aparecer unos enemigos que flotaban. Recuerdo sus nombres: Bubble. Estos eran de un color azulado. No quería batallas con estos, así que iba cuidándome de no llamarles la atención. Terminé llegando a la parte donde debía usar el gancho. Así que saqué ese objeto y lo usé al tocón de siempre, pero al subir… ¡Un puto Bubble apareció en frente de mí! No logré reaccionar para al menos darle un corte con la espada, así que me atacó y caí. Subí de nuevo y esta vez me preparé para sacar la espada, sin embargo… No la pude sacar. De pronto me doy cuenta que mi cuerpo había tomado un color azulado. ¿¡Qué mierda es esto!? El mismo Bubble apareció de la nada y me di cuenta que casi no podía ni moverme. Éste imbécil aprovechó me debilidad para atacarme y caer una vez más.

“Mierda, ¿pero qué tipo de ataque usó esta cosa?”. Estaba débil. Mi energía vital se estaba agotando, tanto por los golpes y caídas como la cosa que se apoderaba de mi cuerpo cada vez más. Mientras estaba en el suelo y miraba un cielo “vacío”, debido a la zona en que estaba, yo sudaba y respiraba con desesperación. Intentaba moverme, pero cada vez se me hacía más inútil. Mis sentidos no estaban apagados. Pude escuchar una puerta abriéndose y desde la pradera de Términa, logré escuchar los pasos de una corrida de alguien. De pronto, un Bubble comenzó a acercarse a mí para atacarme, pero fue abatido por un veloz ataque de la espada del tipo misterioso que me vigilaba. “¿Pero qué pasa con este tipo?”; esta pregunta me lo hice al ver que estaba con las mismas ropas de siempre, pero esta vez eran de color verde limón. Nuevamente no le pude ver la cara. Empecé a cansarme de respirar. Cada vez veía más nublado y oscuro. Lo último que pude ver, fue una mano de un color algo verdoso y malgastado que tocó mi rostro justo antes de caer inconciente.

Desperté dentro de una casa. El olor del lugar era conocido. El techo que estaba mirando también era conocido. El color de la pintura de la madera, que estaba al lado de la cama en que estaba recostado, también era conocido. Estaba en la casa de la anciana que había conocido en el cañón Ikana. Una vez más estaba en su casa. Me levanté y al estar de pie, me empezó a doler la espalda. Caminé lentamente para salir de la habitación y llegué a la cocina/comedor. Ahí estaba la anciana, que sin mirarme y estando de espaldas hacia mí, me habló enseguida.

- Veo que ya despertaste.
- ¿Qué pasó? – le pregunté, dándome cuenta que me cansaba un poco al hablar.
- Fuiste atacado por esos monstruos de allí fuera – me respondió – Debes tener mucho cuidado con tocar a uno de ellos, o serás envenenado y ni siquiera podrás utilizar tu espada.
- Entiendo…
- ¿Por qué no usaste tu escudo? ¿O acaso lo tienes de adorno para tu espalda? – me decía algo burlona.
- No lo se – le respondí confundido de mí mismo – A veces creo que sólo tengo una espada y no un escudo.
- Mm... No me extraña – dijo levantándose al fin de su pequeño sillón.
- ¿Por qué? – le pregunté confuso.
- Por nada, por nada. Por cierto, toma esto – me dijo entregando el maletín del padre de Prímula que lo había tomado de un pequeño sofá – Creo que ya es hora de que lo entregues.
- ¿Qué hora es? – le pregunté tomando el maletín.
- Has dormido toda una noche – respondió mirando el reloj que estaba a nuestra derecha.

Miré el reloj y… ¡Diablos! ¿Dormí toda una estúpida noche? Esto no es bueno… Agradecí de inmediato la hospitalidad de la anciana y me fui. Era de día, 10:50 hrs. Había ya subido a la segunda parte del camino para llegar al cañón Ikana. Estaban los típicos esqueletos que se acercaban sólo para ser eliminados. Parecían infinitos por ser acabados y luego aparezcan unos cuantos en tan solo minutos. Yo me preguntaba lo que pasó la noche anterior. ¿Qué fue realmente lo que me hicieron esos estúpidos Bubbles para dejarme inmóvil? ¿Qué clase de veneno hacía que no pudiera desenfundar mi espada? Estúpidos monstruos.

Regresé al valle. ¿Cómo estará Prímula y su padre debajo del pozo? Espero que no les haya pasado algo, aunque era dudoso de que algún monstruo los vea justo en esa habitación y los atacara. Sería muy desafortunado... Mientras caminaba por el valle, esquivando o protegiéndome de ataques de varios enemigos, o simplemente contraatacándolos, me di cuenta de que en algunos lugares el olor a sangre se sentía con más fuerza. Por ejemplo, al estar en el césped muerto del valle se sentía, al subir el valle y estando un poco cerca de la casa de Prímula y su padre se sentía, o incluso cerca del pozo. No tenía ni la menor idea del porqué podía sentir semejante olor. Aun así no me extrañaba de un lugar tan muerto como Ikana, ni siquiera en esa ocasión que estaba recién conociendo las tierras.

Llegué al pozo de nuevo. Fui directamente a la habitación donde estaría Prímula y su padre esperándome. Pasé con cuidado, esquivando las trampas y sin ser visto por una momia. Los enemigos eliminados por el día anterior no estaban. Quizás ya no regresarían. Ahora me preguntaba el cómo este científico logró pasar sin ser abatido por estos enemigos o con las trampas… Terminé llegando a la habitación blanca. Ahí estaba Prímula durmiendo y aún abrazando a su padre, que parecía estar más débil, todavía. Así que de inmediato abrí el maletín y saqué las pociones. Aquí encontré otro detalle extraño: el frasco que contenía poción púrpura estaba totalmente vacía. ¿Pero qué diablos? ¿Acaso esa mujer extraña robó la poción? Estas preguntas fueron contestadas de inmediato por el científico.

- No me importa la otra poción – decía quejándose y “cansado” – Solo necesito la poción amarilla.
- ¿Y la púrpura? – le pregunté un poco molesto por la sorpresa que encontré.
- No te preocupes – respondió tomando el frasco con poción amarilla y abriendo la tapa – Sabía que te serviría para tu camino de regreso.
- ¿Qué? – pregunté sin entender nada.

Mi respuesta con tanta extrañeza hizo que el hombre se ría un poco, pero a la vez que le duela el cuerpo. Éste me responde diciendo “Te explico luego” y comenzó a beber la poción amarilla. Al terminar de beberla, me dijo “Gracias” y cerró los ojos. Al principio me asusté un poco, pero entendí que sólo iba a reposar, ya que su palidez comenzó a desaparecer después de unos minutos. Quedé esperando en la habitación a que uno de ellos dos despertara. Ahí quedé, sentado y mirándolos. Mirando a una hija con su padre abrazados, ambos durmiendo. Sonreía por la escena y me sentí satisfecho por mi labor que había hecho en un momento justo. Si no hubiera llegado a Ikana por la información de Linik, quizás nunca pudiera haber salvado esta pequeña familia.

Mi sonrisa se apagaba un poco al saber que la situación de esta nueva amiga no era parecida a la mía. Mi padre vive en su propio mundo y golpea a una mujer con la que tuvo dos hijos, creyendo que ella lo engaña con otro tipo. Mi madre tampoco no es muy cariñosa conmigo, si se pudiera decir… Se preocupa por mí pocas veces. Esas pocas veces hacen sentirme bien. Aunque se nota que son mucho más distantes en comparación con el padre que veía en ese momento abrazando a su hija. ¿Por qué no tuve una familia en donde todos comparten como una familia “normal”? Se podría decir que Mateo tan solo comparte con la familia cuando comemos todos juntos, ya que se pasa el tiempo en una consola de videojuegos o con la computadora.

No considero mi familia una “normal”, la considero algo independizado, donde cada uno hace lo que quiere, a excepción de mi madre que no puede llegar muy tarde a la casa, o es golpeada salvajemente. Si hubiera sabido que tendría una familia como esa, preferiría no haber nacido. No considero mucho mi vida como un regalo de mis padres, más lo considero un castigo. Quizás mi hermano sí lo considera por haber conocido ese mundo de videojuegos. Pero yo no. Yo solo soy un bicho raro en el mundo. Un bicho que ha sido molestado y que aún lo molestan, que ha sido golpeado y aún lo golpean, que ha sido humillado o y aún lo humillan, que ni siquiera ha sido querido por alguien aparte de su madre. Seguramente nadie me quiere realmente todavía y tampoco nadie me querrá en un futuro. Eso lo sé.

Esperaba y esperaba. El padre de Prímula aún no despertaba, pero pronto, su hija despierta. Al ver a su padre con el color de piel estable y no demasiado pálido como el día anterior, Prímula se pone feliz. Luego se da cuenta de mi presencia, mientras que yo había dejado ya mis pensamientos. Al darse cuenta que gracias a mi ayuda había salvado a su padre, ésta sonríe aun más y como “regalo”, se acerca hacia mí de inmediato y me abraza de la nada. Su abrazo era cálido y fuerte. Como me abrazaba con tanta fuerza, parecía que ella estuviera abrazando a un oso de peluche. Terminé moviendo mis brazos para abrazarla.

Ella estaba manteniendo el abrazo y había pasado ya unos tres minutos. Al cumplirse dichos minutos, ella me dice emocionada: “Gracias… Gracias por ayudarnos”. Yo sonreí y le respondí con un “No hay porqué”. Intenté hacer un pequeño movimiento para dejar el abrazo, pero Prímula no me soltaba por nada. Incluso usó aun más fuerza para abrazarme. Nunca antes había sido abrazado de esa manera, ni siquiera por mi madre. A veces pensaba si lo que estaba haciendo Prímula conmigo era para agradecer o por algún extraño cariño que me tomó… No lo sé bien, pero creo que era por la primera razón.

Así estuvimos por un rato, para que luego Prímula se mueva de una forma en que me hizo sentir algo incómodo: sus brazos se mantuvieron rodeándome la nuca, cuello y espalda, pero ella mueve el resto de su cuerpo para sentarse en mis piernas, con la postura de lado en dirección a la derecha. “¿¡Pero qué mierda pretenda ésta!?”; eso fue lo que me pregunté a mí mismo en mi mente… Inmediatamente después de que ella se acomodara perfectamente, ya sentada en mis piernas con su torso tocando el mío y con su cabeza a la izquierda de la mía, ambos chocamos miradas. De inmediato me sonrojé y empecé a sentir calor en mi cuerpo, mientras la miraba. Ella también estaba un poco sonrojada, pero a diferencia de mí, ella sonrió y me dijo: “Tú sólo quédate tranquilo”. A continuación, inclina su cabeza para chocarla con la mía, desde el lado izquierdo, y la mantiene ahí mientras sus brazos hacían algo de fuerza.

“¿Y ahora qué hago?”; esa pregunta me lo hacía repetidamente en mi cabeza. No sabía que hacer en ese momento. Solo intentaba hacerle caso a lo que me había dicho, o sea, quedarme tranquilo. Eso hice. No sabía en donde colocar mis brazos, pero terminé optando en colocarlas por su cintura. No quería colocarlos en otras partes o me sentiría aun más incómodo. Primera vez que colocaba las manos en esa zona de una chica. Ni siquiera las había colocado en la cintura de Eileen. Estaba nervioso. No sabía bien el porqué, no estaba pasando nada malo o raro, pero me sentía nervioso. Sentía mi cuerpo en calor extremo y encima, el cuerpo de ésta daba más calor. A veces me daban ganas de dejar lo que estábamos haciendo, pero en otras ocasiones no quería, ya que de todos modos me hacía sentir bien.

He visto este tipo de posturas en varias ocasiones, tanto en el Parque Cuarto Centenario como en el liceo u otros lugares. La mayoría de veces que veo a dos personas así es cuando se trata de un hombre y una mujer que son pololos; para entendernos mejor: novios. Quizá esa era la razón del porqué me sentía tan incómodo y nervioso mientras Prímula estaba sentada en mis piernas. Para ella parecía totalmente normal. Parecía que ella disfrutaba de estar en aquella postura conmigo. Así que… Mis pensamientos me llevaban a que, al parecer, ella no hacía este gesto por agradecimiento, sino que por “cariño extraño”.

Pasó el tiempo y despierta el padre de Prímula. Él no alcanzó a verme con Prímula abrazados, ya que había pasado un buen rato de que al fin nos habíamos apartados. En ese rato no tuvimos conversaciones interesantes o importantes, así que por ello no sería necesario agregarlo. La chica va a darle un nuevo abrazo a su padre y ambos conversan un poco, muy contentos. No tomé atención a la conversación, no me interesaba algo ajeno. Tan solo sabía que Prímula estaba feliz de por fin volver a ver a su padre en condiciones normales. Luego, el científico se levanta del suelo, me agradece por la ayuda y estrechamos la mano. Yo le respondí diciendo: “De nada”. A continuación, los tres partimos rumbo a la casa de ellos.

Como en todas las ocasiones, tuvimos que tener cuidado con las trampas del pozo y de las momias. El padre de Prímula me dijo que estas momias se llamaban Gibdos y el otro tipo de momia, como el que había visto al conocer a Prímula, se llamaban ReDead. Claro, eso último ya lo sabía. Como habitan tantos Gibdos en el pozo, se le dio un nombre al pozo: Pozo de los Gibdos. Que original. Él dijo que descubrió una canción que podía eliminar a las momias que habitaban en el pozo. La canción se llamaba “Adiós a los Gibdos”. Repito, que original.

Salimos del pozo y fuimos con cuidado hacia la casa, sin alarmar a los ReDeads. El olor a sangre se sentía a ratos con fuerza, de nuevo. A pesar de lo poco que se lograba ver el cielo, pude notar que estaba en plena tarde. Significaba que el atardecer y la noche llegarían dentro de poco. Así que al entrar a la casa de Prímula y su padre, tan solo quería quedarme un rato corto y luego irme antes de que caiga la noche, sino pasaría por lo mismo de antes con los Bubbles. Eso hice. Al entrar a la casa, el científico preparó algo para comer junto a su hija. Ellos me invitaron, pero tan solo agradecí y salí de la casa. Sin embargo, mientras iba a mitad de camino, sentí los pasos de alguien desde atrás: era Prímula. Ésta me había tomado del brazo y me dice: “No te vayas, por favor”. Diablos… No sabía que hacer o que responderle. Tan solo quedé mirándola sorprendido. Mientras me tenía tomado del brazo izquierdo, sin que los ReDeads nos vean, ésta comienza a sonrojarse y aparta un poco la mirada para decir: “Quédate un rato más… Por mí”. Al decir esto, noté que se sonrojó más, agachó aun más la cabeza y empezó a tomarme con más fuerza.

¿Qué debo hacer? ¿Qué le respondo? ¿Me voy o me quedo? Quería irme, pero como ella me detenía diciendo que no me vaya, entonces no lo haría, peor que me remate diciendo que me quede por ella. Maldita sea… No tuve alternativa. “Está bien”, le respondí. De inmediato, Prímula levanta la mirada y me sonríe, sin soltarme. Luego me agradece por hacerle caso y me tironea hacia su casa. “Y pensar que al verme por primera vez, lo único que quería era que me vaya de su casa”; eso me dije mientras me tironeaba. Al recordar tal escena de miedo que tuvo ella y los momentos cortos pero divertidos que pasamos, sonreí.

Al regresar a su casa comí un poco. No comí solo porque yo quería, sino que el propio científico me había invitado para la cena. Está bien, está bien… Mis pensamientos acerca del elemento de la tierra se habían esfumado en todo ese momento, incluso cuando estaba debajo del pozo. En lo único que estaba concentrado era en volver a unir estas dos personas. Un amable e inteligente hombre y una hija de trece años cariñosa e inocente, quienes no merecían tener un destino tan cruel como el que tenían antes de que yo llegara a Ikana.

Ahora… ¿Por qué realmente decidí ayudar a estas dos personas? ¿Eso me ayudaría en algo? Creo que una razón fue porque, según Prímula, este científico podría saber algo acerca del elemento de la tierra. Sí, esa era la razón principal para salvarlo antes de entrar al pozo. Sin embargo, después de ver a este hombre increíblemente débil y su hija abrazándolo y llorando sin parar, nunca más pensé en el elemento de la tierra. No, no pensé en eso. No pensé en el elemento mientras estaba buscando las pociones. No pensé en mi misión mientras salía y entraba del pozo. Entonces… ¿Por qué lo hice? ¿Lo hice para ayudar? Sí, creo que fue por ayudar. Pero… ¿A quién quise ayudar precisamente? ¿Al padre o la hija? Al padre ni siquiera lo conocía y si en alguna ocasión quise ayudarlo de verdad, era por el elemento, pero nunca pensé en el elemento. Entonces… ¿Lo ayudé por la hija? ¿Realmente lo ayudé para que se mantenga como familia feliz o sólo fue por Prímula, para que ella vuelva a ser feliz?

Esto lo siento extraño. No sé realmente el porqué ayudé a este científico. La respuesta sería por la familia o por Prímula. Ahora que recuerdo… He estado escribiendo en varias ocasiones que la chica no debería de haber tenido un destino tan cruel como el que estaba teniendo antes de mi llegada, así que por eso decidí ayudar. ¡Ahí está la respuesta! Creo que lo he encontrado. Entonces… ¿Ayudé al científico sólo para ayudar a Prímula? ¿Ella habrá tomado la ayuda de esa misma manera y por eso tomó el “cariño extraño” hacia mí? Quizás por eso se comportó así conmigo debajo del pozo… Eso significa que mi primera pregunta, acerca de su comportamiento en el pozo, las respuestas fueron las dos cosas: un agradecimiento y “cariño extraño”.

Después de los tensos acontecimientos, pasaron dos días y no ocurrió nada especial. Quedé en su casa porque ellos lo pidieron. Ambos días fueron de “vacaciones” para mí. En esos días no recordé nada acerca del elemento, una vez más. Así que aprovechando la estadía con ellos, Prímula, su padre y yo salimos de Ikana para pasear por la ciudad el día martes. Padre e hija usaban unas cuerdas para bajar y subir por las repisas del valle. En ambos días, Prímula estaba más cerca de mí que de su padre. No me sentía incómodo, pero extraño, de alguna manera… Mientras estábamos en el atardecer del día miércoles, Prímula y yo nos quedamos por un buen rato conversando en el área césped del cañón Ikana, donde ambos compartimos risas casi todo el rato. Lo mismo sucedió en la noche, mientras jugamos un rato a las cartas, donde se incluyó el científico por un rato. Cuando estábamos acostados y el padre de Prímula dormía en la noche del miércoles, su hija y yo estábamos despiertos, conversando. Ésta me agradece por todo y antes de dormirse, ella me toma de la mano, desde su cama. Vaya, que tierna. Esos días fueron extraños, lo sé, pero me divertí.

Llegó el día siguiente. Era jueves, según la fecha del mundo cruel. Después de desayunar, al fin me dirigí donde el padre de Prímula para preguntarle algunas cosas sobre Ikana. Le pregunté acerca de los famosos “Gibdos” que se encontraban en el pozo. Comenzó a explicarme: dijo que son personas momificadas y que la mayoría están en el pozo debido a que una antigua historia de Ikana, las personas que entraron al pozo en busca de un preciado tesoro, terminaron siendo momificados; por ello, todas estas personas momificadas continuaban deambulando por el pozo. Él mismo dijo que si yo no llegara a tiempo en la ayuda de días anteriores, él terminaría momificado. Por eso estaba tan pálido y comenzaban a aparecerle algunas vendas por el cuerpo. También por eso necesitó la poción amarilla, para así evitar la transformación, ya que la poción amarilla curaba las transformaciones en Términa. Agregó que la poción púrpura hizo que la comprara a propósito, porque tenía el presentimiento de que yo podría salir malherido por los Bubbles, los monstruos que casi me matan. La poción púrpura curaba el veneno y/o puede revivir a una persona. Así que tenía todo preparado… Después me contó más a fondo la historia de cuando él logró descubrir la canción que eliminaba a los Gibdos, la cual ya dije como se llamaba en párrafos anteriores.

Ahora entendía la historia de las momias del pozo. Mientras miraba su habitación, encontré una imagen que me llamó la atención. Le pregunté acerca de él y me volvió a dar explicaciones de sus investigaciones: era la imagen de un fantasma de un antiguo Ninja, los cuales son conocidos como Garo. Dijo que son pieles vacías de una antigua nación que investigó Ikana hace miles de años. Agregó que estos fantasmas aún pueden estar espiando por toda Ikana, aunque no se les ha visto con frecuencia. Vaya historia… Mientras estábamos conversando, de pronto llegó la “pregunta del millón”.

- Oiga – le dije, preparando la pregunta - ¿Usted sabe algo sobre el elemento de la tierra?
- ¿Elemento de la tierra? – repite sorprendido lo último que había dicho.
- Sí. Como usted investiga muchas cosas acerca de Ikana, tanto los monstruos y fantasmas como otras cosas, entonces me preguntaba si sabía algo de eso.
- Espera. Esa frase… Tú – me decía con algo de miedo, apuntándome con el dedo; mientras que yo no entendía el porqué se sentía así - ¿Acaso vienes a molestarnos, también? – preguntó apartándose de mí e intentando esconderse.
- ¿Qué? ¿De qué está hablando?
- Un tipo vino hacia acá preguntando lo mismo y diciendo la misma frase – dijo, subiendo un poco el volumen de la voz, llamando la atención de Prímula que comenzó a bajar las escaleras – Yo no le quise dar información y… - no termina su frase al ver a su hija.
- ¿Pasa algo aquí? – preguntó la chica desde los peldaños altos de la escalera.
- No… No te preo… - dije sin terminar la frase, siendo interrumpido por el padre.
- ¡Este chico quiere hacerme daño! ¡Va a hacer lo mismo que me iba a hacer el tipo de antes!

Prímula se sorprendió bastante al oír eso de su padre, por lo que ésta no dice nada, tan solo me queda mirando asustada por un rato y sube las escaleras corriendo. Quedé sin palabras al no entender nada de la situación. Cuando Prímula ya estaba en el primer piso, el padre intentó atarme las manos con unas cuerdas que había sacado desde el lugar en donde estaba él “acorralado”, pero antes de que se me acercase, mi cuerpo actuó de manera solitaria, saltando hacia un lado para evitar. Recordé que algo parecido pasó cuando Linik intentó atacarme. Al estar mirándolo, viendo la cuerda en sus manos, retomé la palabra hacia el padre de Prímula.

- Deténgase, por favor – le pedí.
- No. Tú intentas hacernos daño, eres un peligro para nuestra familia – decía él tembloroso, mientras la puerta de la casa se escuchaba abrirse – Ahora, sal de mi casa, por favor.
- Pero déjeme explica… - dije siendo interrumpido, de nuevo.
- Yo sé que tú eres uno de ellos. Lo estás ayudando – decía el hombre.
- Pero si yo… - vuelvo a ser interrumpido, empezando a colmar mi paciencia.
- ¡Brett! – dijo Prímula, en lo alto de las escaleras – Sal de aquí, por favor. No queremos problemas.
- Pero escúchenme. Yo solo vine para… - dije mirando a Prímula, siendo interrumpido otra vez por el padre y le devolví la mirada, enojado porque no me dejaban hablar.
- ¡No, no y no! ¡Tú vienes a atacarnos! ¡Nos salvaste sólo para que te tomemos confianza, pero eres un traicionero igual como él! ¡Tu “amo” había dicho que volvería para matarnos, siendo él o sus sirvientes! – Mientras decía esto, yo empecé a apretar los puños solo por enojo al no poder habarle y miraba a Prímula, su padre o el suelo - ¡Ya vete de mi casa!
- Hazle caso a papá, por favor – dijo Prímula en lo alto de la escalera, también temblorosa – Perdón por dejarte aquí – Al terminar con esto, intenté hablar, pero el padre volvió a tomar la palabra de inmediato.
- ¡Ya es hora de que te vayas! – Dijo éste molesto y acercándose a mí, mientras que mis puños los apretaba aun con más fuerza - ¡No queremos…!

Interrumpí al padre de Prímula gritándole: “¡¡¡Ya cállate!!!”. Tras escuchar esto, el padre de Prímula se apartó todavía más con miedo y tembloroso. Quedé mirando al hombre con rabia y aún con los puños apretados. El científico no sabía qué decir, tan solo quedó en silencio al ver mi reacción. Yo respiraba rápidamente. Me descontrolé al gritarle. En una ocasión miré a Prímula, quien parecía estar con más miedo que su padre. Ella me miraba y temblaba. Al quedar mirándola por un rato, me di cuenta de mi error al gritar tan fuerte. No tuve el valor para volver a mirar al hombre que grité, tampoco a su hija. Así que de inmediato me fui corriendo de la casa con la cabeza agachada todo el rato.

Corrí, usé mi gancho hacia un tronco de una repisa del valle y ahí me quedé, sentado en la tierra y apoyando mi espalda en las gigantescas murallas de piedra y tierra roja. Me quedé en ese sitio por un largo rato del día. Menudo error el que cometí. Nunca antes había reaccionado de esa manera. Mis “gritos histéricos” los hago dentro de mí, pero no acostumbro a soltarlos. Había quedado fuera de sí. Acostumbraba a que me golpearan, acostumbraba a que me gritaran, así que era obvio que estuviera acostumbrado a que me interrumpieran en una conversación, o que simplemente no me dejen hablar, como lo sucedido recientemente. Creo que no era yo mismo el que gritó.

Luego comencé a pensar en lo que me dijo el padre de Prímula mientras yo estaba siendo interrumpido. ¿A que se refería con tal persona que fue hacia él días atrás y que lo amenazó? Él me confundió con algún “sirviente” de aquella persona. Debió haber sido alguien malo, claramente. Recordé lo que me dijo la anciana días atrás, acerca del tipo que llegó a Ikana y no tenía buenas intenciones, que además buscaba el elemento de la tierra… Maldita sea, necesito saber información de ese tipo y también la del elemento, antes de que él llegara a encontrarlo. Si esa otra persona mala fue donde el científico a preguntarle sobre el elemento, significaría que él realmente sabe algo.

Quería volver a la casa de esa pequeña familia, pero no tenía el valor de volver a mirarlos. No sabría de su reacción, ni siquiera de la mía. Ya era atardecer y yo estaba en la parte baja del valle. Había bajado completamente y estaba en el área del césped. Finalmente decidí volver a la casa de la pequeña familia que rescaté. Usé el gancho. Subí las repisas. Llegué a la puerta de la casa y toqué con pequeños golpes. Prímula abrió la puerta. Ella no se asustó, no me echó, ni siquiera me cerró la puerta al verme, tan solo se sorprendió y ambos nos quedamos mirando sin saber qué decirnos.

- Perdón – dije en algún momento, después de un profundo silencio.
- No, tú no tienes culpa de nada. Mi padre y yo fuimos los infantiles al no darnos cuenta que tú no eras un buena persona – dijo con la cabeza agachada, aún manteniendo la puerta semiabierta.
- Pero yo fui el que no me controlé y grité fuerte, por eso me disculpo.
- Pero mi padre y yo fuimos los que no te dejábamos hablar – me dijo volviéndome a mirar, notándose en su rostro su arrepentimiento.

No supe qué responder. Quedamos otra vez en silencio, que pronto se convirtió en un silencio incómodo. Yo me sentí incómodo, ella también. Prímula terminó rompiendo el silencio invitándome a su casa una vez más. Al estar dentro comí un poco con Prímula, ya que no había comido desde la mañana, por lo que tenía hambre. Luego bajé las escaleras para ir al subterráneo, o mejor dicho, la habitación de Prímula y su padre. Ahí estaba él, escribiendo en una hoja alguna cosa desconocida en un escritorio.

- Así que volviste – dijo el científico, mientras estaba escribiendo.
- Perdón por las molestias de la mañana – dije detrás de él, por lo que no me veía.
- No, que va. Yo fui el problemático al pensar mal de ti y descontrolarme, haciendo que no pudieras hablar y provocando tu ira – dijo él, dejando de escribir y dándose media vuelta en su silla mientras hablaba, para así mirarme.
- Bueno… Pero yo no tenía que haberle gritado de esa manera – dije bajando la mirada.
- No te preocupes. Ya pasó todo – dijo y suspiró – Y bien, ¿querías saber algo acerca del elemento de la tierra?
- Sí – afirmé volviendo a levantar la mirada hace él - ¿Sabe algo?
- En realidad, yo tan solo estudio a los fantasmas, momias y entre esas cosas aquí, en Ikana, el lugar donde más aparecen este tipo de fenómenos paranormales. Sin embargo, descubrí algo acerca del elemento en medio de una investigación a los Stalchilds, que son “muertos vivientes” y pueden ser fácilmente identificados al notarse que son esqueletos vivos de cuerpos de antiguos guerreros del Ejército de Ikana.
- ¿Monstruos esqueléticos? He visto varios de esos en el camino hacia acá.

Al decirle esto, el científico se queda un rato en silencio, pensando y mirando hacia el techo. Luego se levanta de su silla para ir a buscar algo en una pared y retoma la palabra:

- Es normal. Como el cementerio de Ikana está tan cerca del camino hacia acá y como algunas batallas del antiguo ejército se libraban por esa zona, es totalmente normal que aparezcan por allí. Este es un boceto de uno de ellos – terminó mostrándome el boceto de un Stalchild.
- Sí, son ellos. He acabado con varios de esas cosas – contesté mirando el papel enseñado.
- Son débiles, mucho más que los ReDeads o los propios Gibdos, pero igual hay que tener cuidado con sus ataques. Atacan principalmente a los aventureros que viajan a Ikana – dijo colocando el boceto nuevamente en su lugar – Estos guerreros tenían su capitán y obedecían fielmente a él; este capitán se llamaba Keeta – dijo sacando otro papel de la pared y dirigiéndose a mí continúa – Era más conocido como “Skull Keeta”. Se dice que aunque los Stalchilds y el propio capitán hayan sido derrotados tiempo atrás y sus espíritus vagan vivos en Ikana, los Stalchilds aún le obedecen. Éste es Keeta en su estado actual – me dice mostrando un boceto del capitán Keeta convertido completamente en esqueleto.
- Imposible – dije impresionado al ver la imagen.
- ¿Qué pasa?
- Yo soñé con esta cosa, hace poco. Para ser más específico, cuando venía de camino hacia acá, a Términa, con la intención de encontrar el elemento.

Él quedó pensativo y se volteó. No continuó hablando. Había olvidado mencionarlo antes; el padre de Prímula ya sabía que no provenía de Términa, sino de Hyrule y que fui enviado por la princesa Zelda. Se lo conté mientras estábamos en la ciudad, el día martes. Prímula ya sabía de esto. Volviendo a la conversación, le pregunté al científico si pasaba algo raro, pero no respondió nada en absoluto y dejó la imagen del capitán Keeta en la pared. A continuación, por fin el científico retoma la palabra.

- El capitán Keeta es el guardián del elemento de la tierra.
- ¿Qué? – respondí sorprendido por lo directo que fue el hombre al decirme esto.
- Lo que escuchaste. Recién saqué la conclusión de que el espíritu de Keeta se dio cuenta de tu intención para venir a Términa, por lo que te hizo una advertencia a través del sueño que tuviste – decía seriamente, como si no fuera broma en absoluto lo que decía.
- Entiendo – dije, mirando los alrededores de la habitación – ¿Dónde puedo ubicar al capitán Keeta?
- En el cementerio de Ikana.
- Entonces iré hacia allá – dije preparando una media vuelta para irme.
- ¡Espera! – Exclama el científico, haciendo que detenga mi camino – Recuerda que tan solo está su cuerpo en esqueleto vivo y su espíritu protegiendo el elemento. No dejará a cualquiera tomar así como así lo que protege.
- Ya he derrotado muchos Stalchilds – respondí confiado en que podría derrotar a Keeta, sabiendo a lo que se refería el científico – Seguro que podré con éste.
- Él es el capitán del ejército de Ikana. Toma un gigantesco tamaño al levantarse. No es cualquier guerrero como un simple Stalchild. Si te ve y más aún, si se entera de lo que quieres hacer, seguro que hará lo posible para acabar contigo. Es peligroso.
- Pero necesito el elemento – dije insistiendo y aún confiado en mí mismo – Estoy seguro que podré enfrentarlo sin problemas.

El padre de Prímula intentó decir algo para contradecirme de nuevo, pero al notar mis intenciones y darse cuenta de que no me daré por vencido, da un suspiro y decide ayudarme. Sin embargo, como iba ya caer la noche, preferimos esperar hasta el otro día para comenzar a preparar el enfrentamiento. Mientras estábamos en la cena, Prímula se enteró de lo que iba a hacer yo con la ayuda de su padre, por lo que desde ese momento, la chica estuvo con preocupación por el resto de la noche, confesando esa preocupación en la misma noche antes del “plan” que acordé junto al científico.

Continuará...

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