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Vendetta/Capítulo 15: El Despertar

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Vendetta/Capítulo 15: El DespertarEditar

Prometí que volveré con Prímula.Editar

Ya estando en la madrugada, cuando todos estaban durmiendo, yo aún permanecía despierto pensando en lo que se venía. Estaba en el colchón de siempre al lado de la cama de Prímula, recostado, mirando el techo y pensando. Eran más o menos las 02:00 hrs. Escuchaba a Prímula en su sueño profundo y a su padre, quien estaba mucho más lejos. Está claro, tengo el oído más desarrollado que los demás. Estando a esas mismas horas de la madrugada, sentí que la chica se movía demasiado, por lo que yo me hice el dormido, recostándome hacia el lado derecho. La cama de Prímula estaba a mi izquierda. Finalmente, ella se levantó y fue al baño. No tardó nada en volver. Al estar de regreso, sentí sus pasos que se detuvieron en un lugar cerca de mí. Yo estaba con los ojos cerrados, haciéndome el dormido. De pronto comencé a sentir el olor de ella con fuerza. No me resistí. Abrí los ojos y lo primero que vi, fue el rostro de Prímula entresueño.

- Sabía que estabas despierto – dijo en voz silenciosa y lentamente, ya que estaba algo dormida y no alzaba la voz para no despertar a su padre.
- ¿Q-qué haces? – dije alterado, pero entre susurros y sin hacer mucho ruido.
- Silencio – susurró al ver que su padre se movió en su cama – No despiertes a papá…
- Claro, claro – le seguí también con susurros; a partir de ahora, sólo susurramos - ¿Qué pasa?
- Tengo miedo – respondió pausándose un poco, sin quitarme de vista – Miedo a que te pase algo mañana.
- No te preocupes, estaré bien – le dije sacando una sonrisa.
- Es peligroso lo que estás haciendo. ¿Qué no te das cuenta?
- Sí… Si me doy cuenta – le respondí sin mirarla esta vez; ella sacó una mueca enseñando su preocupación al oír mi respuesta.
- Gracias por ayudar a mi padre y a mí. Si no hubieras ayudado, quizás hoy entraría al pozo por mi cuenta y terminaría acabando como él.
- No digas cosas como esas – le dije, devolviendo la mirada hacia ella.
- Lo siento – contestó sonriendo - Me gustaría que estés aquí, con nosotros, para siempre.
- A mí también me gustaría, pero es imposible – le dije, mostrando un rostro de “lamentando” la situación – Vine acá a Términa sólo por...
- Lo sé – me interrumpió; a continuación, ésta me toma la mano izquierda, la cual tenía entre las sábanas – Me gustaría que vivamos juntos, principalmente... – pausándose por unos dos segundo, bajando la mirada y sonrojándose, continúa – Principalmente para que ambos estemos juntos, por siempre – terminó, apretando la mano con la que me tomó.

Yo sólo le respondí diciendo su nombre, sin saber qué decirle. Me sentí un poco incómodo al no saber qué decirle. Entró un silencio, un típico silencio incómodo. Ésta rompe el silencio cuando me suelta la mano, se levanta y me obliga a que pase la noche con ella durmiendo en su misma cama. Al principio pensé que era una especie de broma, pero cuando me di cuenta de la seriedad con la que se tomaba el tema… ¿Pero qué mierda? ¿Acaso quiere que su padre me eche una bronca al siguiente día al vernos durmiendo juntos en la misma cama? ¡Estará loca! Obviamente me negué a dormir en su cama con ella, pero ésta comienza a obligarme moviéndome de un lado a otro, insistiendo con palabras, haciendo intentos de hacerme levantar del colchón, etc.

No tuve otra alternativa. Me rendí con Prímula. Además, el padre parecía estar despertándose por tanto ruido. Terminé acostándome en su misma cama junto con ella. Lo peor de todo es que finalmente, me obligó a hacer otra cosa que complicaría más las cosas una vez más: dijo que antes de dormirnos la mantenga abrazada, para pasar una noche “cálida”. ¿¡Pero qué demonios con Prímula!? No parece ella. No parece la misma chica que conocí muerta de miedo al verme por primera vez. Está mucho más atrevida que en los días cuando estábamos en el pozo. Sí, está peor… No quise hacerlo, pero ella movió mi brazo para que la mantenga en su cuerpo y tuve que mantenerla ahí hasta que se duerma. Sin embargo, yo me dormí primero.

Amanecer del día decisivo. Era día viernes. Al despertar lo primero que vi fue el rostro de Prímula con sus pestañas cerradas y en un sueño profundo. Ya no la tenía abrazada. Sin embargo… Al mirar un poco hacia abajo, noté que Prímula estaba con su pijama de verano. ¿Pero cómo? En la noche estaba con la de invierno, la que tenía dibujitos raros y esas cosas. Pero en fin; el pijama de verano de Prímula consistía en esto: una playera sin mangas ni brazos, las cuales algunos la denominan como “musculosa”, y un short parecido a las de deportistas. Excelente… Se supone que las chicas no duermen con sostenes, la mayoría. Como Prímula dormía con ese pijama tan sensual, estaba de lado, su brazo izquierdo apoyaba su torso desde abajo y el brazo derecho pasaba por encima de sus pechos, para así juntar las dos manos, las cuales quedan frente a su rostro… “¿E-es real lo que estoy viendo…?”; sí, lo que imaginaste… Como los pechos de Prímula estaban siendo presionados por los brazos, se lograban ver. No completamente, pero la mayor parte.

Menudo despertar fue el que tuve. Tuve una sensación extraña al estar junto a ella de esa manera. Me coloqué nervioso de inmediato al ver a Prímula completamente. Me levanté levemente para ver si estaba el padre durmiendo, pero no estaba acostado. Volví a recostarme, quedando frente a frente con la chica de nuevo. La quedé mirando por un rato. Claro… Para ser honesto no sólo miraba su rostro, sino también otras partes. Me sentí como un psicópata. ¡Pero la culpa fue de ella! Ella fue quien me invitó a su cama y se puso ese pijama tan... Volví a contemplar su rostro, la cual permanecía con los ojos cerrados y su boca entreabierta. En algún momento, se me pasó por la mente darle un beso, o incluso hacerle alguna otra cosa, aunque esté dormida. No sabía el porqué, pero quería hacerlo. ¿Es esto a lo que le llaman excitación? No lo sé. No acostumbro a sentir ciertas cosas…

Me decidí “profundamente”; le daré un pequeño beso, a ver qué se siente… Sería la primera vez que haría aquello. Así que tomé la postura adecuada para dárselo y teniendo cuidado de no hacer mucho “escándalo” para no despertarla, o peor: que su padre me vea. Al estar en la postura, frente a frente con Prímula, comencé a acercarme lentamente hacia ella. Estaba con algo de sudor en la espalda. Me sentía nervioso. Tragaba saliva con fuerza sólo por nerviosismo. ¿Por qué tan nervioso? No sé, soy extraño. Cuando estaba lo suficientemente cerca, sintiendo su respiración, se me pasó por la mente Aura. Debido a lo ocurrido con la imagen fugaz de ella, regresé bruscamente a mi postura anterior y quedé mirando a Prímula, quien aún dormía pero se había movido un poco, aunque no perdió su postura.

Aura… ¿Por qué pensé en ella en un momento como éste? Estaba a punto de darle cierta cosa a Prímula. Diablos. ¿Por qué se cruzó ella en mi mente? No entiendo… No entiendo a mi cerebro. Creo que ni siquiera entiendo mis sentimientos. ¿Acaso mi cerebro hizo esto para evitar el beso con Prímula para que la primera persona que bese en mi vida fuera Aura? ¿Será eso o alguna otra razón que no sabré debido a mi ignorancia en el tema con las chicas? No lo sé. La cosa es que sólo se cruzó esa imagen de Aura, una imagen que se me grabó cuando nos conocimos en la azotea. Todas las preguntas recientes me las hice mientras quedé mirando a Prímula después de mi “susto”.

Olvidé la imagen y la sensación que tuve al ver a Aura por mi mente. Volví a tomar la postura que había colocado para darle el beso a Prímula. Quedé contemplando el rostro de ella por un rato, pero luego, mi mirada volvió hacia el resto del cuerpo de Prímula. La sensación que tenía antes de ver la imagen de Aura regresó. Así que volví a mirar el rostro de Prímula y decidí darle el beso de nuevo, pase lo que pase. Así que nuevamente comencé a acercarme lentamente hacia ella. Volví a sentir su respiración por encima de mi rostro y sin darme cuenta, mis labios ya rozaban con las de ella. Estaba completamente nervioso, con sudor, sintiendo la respiración de Prímula, tomé su cuerpo con mi brazo izquierdo, haciendo que mi cuerpo pasara a chocar con sus pechos y finalmente… Se lo di.

¡Era la primera vez! No fue lo mejor de todo; será por el hecho de que ella estaba dormida. De igual manera, me sentí conforme y cerré los ojos en el proceso. Toda la maravilla que había tenido en unos segundos, sin embargo, desaparece cuando Prímula despierta y me ve. Ésta se alarma y yo la sentí, por lo que abrí los ojos y la encontré despierta, con un rostro de espanto. Al parecer, llegó a tener un despertar no muy cómodo, como el que tuve yo ese mismo día. Me aparté bruscamente de Prímula y ésta también lo hace un poco, sentándose en la cama, poniendo su mano en su boca y agachando la cabeza. Me esperaba lo peor: limpiarse la boca, gritos histéricos, una bofetada, golpes, más gritos, ir al baño y lavarse los dientes, etc. Sin embargo, no ocurrió nada de eso, sólo se quedó sentada allí, en el colchón de su cama, mirando hacia abajo, con la mano todavía en la boca y completamente sonrojada. Yo también acabé sonrojado, más de lo normal. Mi cuerpo comenzó a sudar aun más por los nervios de inmediato y finalmente, tomé la palabra.

- Pe-perdón – le dije, mirando hacia un lado, sin tener valor de mirarla – Lo siento mucho, Prímula. No sé que fue lo que pasó…

No había respuesta. Ella aún miraba sus pies con la mano en su boca, sonrojada. No sabía qué decirle. Así que cuando me tomé por vencido de esperar alguna respuesta, me preparé para levantarme, pero Prímula empezó a reír. Al principio fue una risa pícara, pero cuando chocamos miradas, comenzó a reír de manera más “extrema”. Le pregunté ignorante el porqué se reía; cuando ella se tranquiliza un poco con la risa, me responde.

- No te preocupes, Brett – decía con una sonrisa pícara, aún riendo un poco – La culpa fue mía.
- Pero yo fui quien dio el beso sin permiso – le dije mirándola con extrañeza.
- Pero yo fui quien hizo que te causara “eso” – dijo jugando con su pelo, haciendo enredaderas con el dedo.
- ¿Qué? ¿Fue todo a propósito?
- Sí – respondió sacando otra risa pícara y algo burlona – Pero de ti no me esperaba un beso, la verdad. Por eso me sorprendí tanto.
- ¡Serás! – le exclamé con sabor a derrota a su juego.

Ésta siguió riendo y yo me salí de la cama. El padre de Prímula bajó las escaleras para ver lo que pasaba por tanto “escándalo”, pero de inmediato subió al escuchar de Prímula que sólo estábamos “divirtiéndonos”. Claro, ella se estará divirtiendo… A continuación, subí las escaleras para dejarla a solas vistiéndose. Tomé el desayuno junto a los otros dos con tranquilidad y Prímula contó a su padre lo sucedido en la mañana, sin decirle que yo la besé mientras dormía. Tuvimos que contar toda la historia debido a que el científico quedó con curiosidad al vernos dormir juntos en la misma cama y por las risas en el amanecer.

Después de una hora del desayuno, el padre de Prímula y yo concordamos en que el “plan” comenzaría desde ese momento. Él me dijo que el capitán Keeta se encuentra en un profundo sueño y no podrá ser despertado por nada, a excepción de una melodía que él conoce llamado “Sonata del Despertar”. El hombre dijo que esa sonata despierta a cualquiera que esté en un sueño profundo. El científico usaría su casa como el reproductor de música y subirá el volumen necesario para que se escuche sin problemas en el cementerio de Ikana. Así despertaría Keeta, quedando listo para que yo le pueda hacer frente, derrotarlo y conseguir el primero de los cuatro elementos.

Antes de marcharme del cañón Ikana y poner rumbo hacia el cementerio, Prímula me deseó suerte para la batalla. También pidió que me cuidara y que le haga una promesa de mi regreso con vida; acepté su promesa. Ésta me da un fuerte abrazo, repitiendo todo el rato “cuídate” o “regresa”. Yo afirmaba a todo lo que decía. Estaba claro, mis palabras afirmaban, pero en mi mente no estaba totalmente seguro de mi regreso. No me importaba si moría. Es más, mi única razón de vivir era obtener estos elementos. Si muero haciendo el intento, mi muerte no me importará en absoluto. Pero pensándolo bien… ¿Qué pasará con los chicos del mundo cruel? O peor, ¿qué pasará con Prímula al enterarse de mi muerte, después de prometerle mi regreso? Está bien… Prometí que regresaría, así que no la defraudaré.

Bajé el valle de Ikana con la ayuda del gancho y al estar en el área del césped, sentí que alguien me observaba desde lo alto. Al mirar hacia arriba, del lugar donde había bajado, estaba Prímula agitando su brazo en señal de “adiós”. No era un adiós para siempre, era un “nos vemos”. Hice la misma seña hacia ella y desaparecí del cañón. El padre esperará quince minutos para tocar la sonata desde su casa. Por el camino pasaban Stalchilds, pero los acababa fácilmente, como siempre. Antes de entrar al cementerio, estaba la casa de la anciana que me había salvado, pero al parecer, en ese momento no estaba dentro. Mientras caminaba hacia el cementerio, comencé a sentir la mirada del personaje misterioso. No me seguía en el cañón, pero sí en todos los otros lugares.

Entré al cementerio. Era un lugar solitario, sin vida alguna. Varias tumbas había, tanto levantadas como otras tiradas en el suelo. Si el cañón Ikana era un lugar tétrico y sin señales de vida, el cementerio era peor. No había tardado nada en llegar. Llegué hasta el fondo del cementerio, lugar donde se ubicaba la casa del enterrador, Dampé. Al lado de esta casa se encontraba el cuerpo esquelético inmóvil del capitán Keeta. La postura en la que estaba parecía encontrarse sentado, con el torso muy agachado, las piernas hacia cada lado, las manos entre las piernas y la cabeza también agachada, encima de las manos. Con tan solo ver la cabeza esquelética de Keeta, recordé de inmediato el sueño que había tenido. Él era el mismo que me echaba, con su voz siniestra diciendo “Vete”. Al ver el casco que tenía Keeta, un casco que no tenía otro Stalchild, encontré una especie de piedra de color púrpura oscuro. Me llamó la atención. Me acerqué para tocar la piedra, pero al acercar mi mano ésta, casi por tocarlo, sentí una energía oscura y poderosa que recorrió todo mi cuerpo. De inmediato aparté mi mano por susto.

Mirando bien la piedra me di cuenta de que era importante. Recordé lo que me había dicho el padre de Prímula acera del elemento: era una piedra de color púrpura y tenía la forma parecida a un diamante. De esa misma manera se veía la piedra que tenía Keeta en su cabeza. El científico tenía razón, era imposible sacar el elemento al estar siendo custodiado por Keeta. No me quedó más remedio que esperar a que el padre de Prímula encienda la música desde su casa. Según la hora acordada, que era una espera de quince minutos desde mi ida del cañón Ikana, ya faltaría muy poco para que se escuchase la sonata.

Preparé mis armas que utilizaría en la futura batalla, tanto la espada Kokiri como el escudo de madera. Por un momento me sentí algo nervioso. Tenía que mantener la calma. Mientras estaba esperando el sonido de la Sonata del Despertar, sentía la mirada del personaje misterioso. En ese momento recordé que ese tipo me salvó cuando estuve a punto de morir envenenado por los Bubbles cerca del cementerio de Ikana; fui ayudado a tiempo por él, que vestía ropas de color verde limón, y por la anciana que me sacó del lugar a tiempo. ¿Acaso sabe mis intenciones y lo que intento hacer en el cementerio de Ikana? Y si así fuera el caso, ¿entonces este tipo me ayudaría si me encuentro en problemas con el capitán Keeta? No creo que se quede mirando mi muerte así como así. Mejor no pienso en muerte. Yo prometí a Prímula que regresaría sano y salvo, así que eso haré.

Se escucha una melodía. No había aumentado mi sentido del oído, lo escuchaba normalmente. Se escuchaba a un volumen moderado, pero impresionante con la distancia que tiene el cañón con el cementerio. ¿Tan fuerte puede llegar a escucharse la música proveniente de la casa en la que estuve las noches anteriores? Impresionante. Mientras sonaba la canción, que seguramente era la Sonata del Despertar, empieza a sentirse un pequeño temblor. De pronto, el capitán Keeta despierta de la nada y destruye el bloque de cemento que parecía ser un pequeño puente, el cual estaba encima de él mientras estaba dormido. Al levantarse completamente, Keeta me ve e intenta atacarme con un arañazo. De inmediato lo esquivé, escondiéndome en el exterior de la casa del enterrador.

Mientras esperaba escondido alguna reacción de Keeta, éste comienza a caminar en dirección al cementerio. ¿Pero qué demonios pretende? Tuve que seguirlo para atacarle. Sin embargo, como tomó una forma gigantesca, se me hacía difícil alcanzarlo con tan solo caminar o incluso correr. Para alcanzarlo necesitaba la velocidad de corrida como el que tuve cuando perseguí al personaje misterioso. Mientras intentaba alcanzarlo, se me ocurrió usar el gancho hacia Keeta. Así que lo saqué de inmediato y usé dicho objeto hacia mi nuevo enemigo, llamándole la atención. Hice que se detuviera y mire a su alrededor, pero no me veía. Al ser tan torpe, aproveché la situación para acercarme y darle un corte en su pierna izquierda. Esto hizo que lance un grite de dolor y me vea de nuevo. Cuando me vio, sólo lanzó un pequeño gruñido por enojo e intenta darme otro arañazo, pero alcancé a esquivarlo por “milagro” corriendo hacia un lado. Ahora sí se venía la batalla verdadera.

Como logré llamar la atención absoluta del capitán Keeta, los papeles se invierten y ahora yo soy quien me alejaba de él. Lo único que él hacía en ese momento era seguirme y seguirme para darme arañazos. Ese ataque no era lo suficientemente potente para destruir una lápida de un solo golpe, pero si los agrietaba para romperlo con otro arañazo. En una ocasión, al intentar acercarme a las piernas de Keeta y atacarle, me sorprendió con un arañazo; logré defenderme con el escudo, sin embargo, me di cuenta que el golpe fue tan poderoso que me hizo retroceder bastante y lo que es peor: el escudo sufrió algo de daño. Sabía que ese escudo no resistiría tanto en la batalla, por lo que desde ese momento decidí en intentar acabar con el capitán Keeta lo más rápido posible. Lo único que logró a hacer esto fue desesperarme.

La desesperación puede llegar a ser una gran debilidad que afecta siempre a la persona que lo siente. Por ejemplo, si alguien está desesperado en una batalla, intentará atacar y atacar para acabar rápido, pero no se fijará en la defensa, velocidad y mucho menos las estrategias y movimientos del enemigo. Por ello, la persona desesperada se descuida demasiado y puede recibir un poderoso ataque, que podría llegar a ser mortal. Hasta ese momento, en la batalla con Keeta, no recordé nada acerca de la desesperación. Claro, era un guerrero absolutamente novato. No pensaba antes de hacer las cosas. Si pillaba algo, lo hacía y lo repetía. No tenía pensamiento. No tenía estrategia. Solo había que atacar, defenderme y acabar con el enemigo.

Eso me pasó a mí. Me dejé llevar de la desesperación para acabar rápidamente con el capitán Keeta. Así que inmediatamente después de fijarme en la pequeña grieta del escudo, fui “con todo” hacia Keeta. Como resultado de mi acercamiento, éste intentó darme un golpe con un nuevo arañazo. Por milagro sólo llegué a sentir un fuerte viento en mi lado izquierdo, mientras corría hacia Keeta. Pude ver de reojo el brazo que pasó por centímetros de mí. Al llegar a sus piernas, le di unos tres o cuatro cortes con la espada, pero terminé estrellándome en un muro como resultado de una patada por parte de Keeta.

Cuando terminé estrellándome con una lápida, se levantó algo de polvo alrededor de mí. Me dolió un poco la espalda, pero me resistí del dolor y volví a ir “con todo” hacia Keeta. Cuando iba corriendo hacia él, terminé siendo golpeado por un arañazo, desafortunadamente. No me dio tiempo de protegerme con el escudo. “Maldita sea”, me dije a mí mismo al ser estrellado una vez más con otra lápida. La espalda me dolió un poco más y esta vez me quejé, pero no me detuvo para ir a atacarle nuevamente. Al levantarme fui con toda mi velocidad, logrando esquivar un nuevo arañazo y le di unos cinco o seis cortes más en las piernas de Keeta. Al ver que levantó su pierna, me defendí con el escudo, por lo que sólo salí empujado con la patada que logró dar. Quedé a una distancia suficiente para que él me remate con un arañazo, pero como las piernas de él quedaron algo débiles con los ataques de la espada, no pudo darme el arañazo y terminó resintiéndose del dolor.

Tomé un poco más de confianza e hice lo posible para ignorar el dolor de espalda. Fui “con todo” una vez más hacia Keeta, pero éste me sorprendió al hacer una nueva técnica de ataque: mientras se resentía por los cortes de sus piernas, tocándose las piernas, principalmente la izquierda, da un potente ataque sacudiendo su brazo derecho de un lado a otro, a una velocidad que no logré alcanzar a defenderme con el escudo o esquivarlo. Ese ataque me envió a una velocidad tal que logré destruir dos lápidas antes de estrellarme con una tercera. El impacto fue mucho más fuerte que la patada o el arañazo. Intenté levantarme, pero la espalda me dolió demasiado. Debido a esto no pude levantarme por un rato.

Cuando Keeta dejó de quejarse de sus heridas en las piernas, me observó y de inmediato comenzó a acercarse. Intenté levantarme, pero no pude. Así que cuando veía venir un puño por parte de él (sólo quería rematarme, ni siquiera sacó un arañazo), decidí rodar hacia mi lado derecho. Esquivé con éxito, pero quedé sin poder mirar bien debido al polvo que se levantó y por los escombros que dejó el golpe de Keeta. Cuando el polvo se disipó, lo único que vi fue un puño esquelético gigante levantado. Inmediatamente me defendí con el escudo, siendo empujado una vez más. Al ver mi escudo que estaba llegando a su límite, me lamenté a mí mismo al saber que no podría vencer a esa cosa yo solo…

Después de que lanzó ese ataque y yo estuviera a unos metros de él sentado en el césped muerto del cementerio, el capitán Keeta empezó a acercarse a mí. Esta vez logré levantarme, por lo que cuando prepara un nuevo puñetazo, rodé hacia el lado derecho y de inmediato me levanté, aunque aún con dificultades. Puse todo mi esfuerzo en correr y llegar a las piernas de Keeta; mi esfuerzo valió la pena. Al estar en las piernas del capitán, le di unos cinco cortes de espada y se lamentó aun más. Como su pierna izquierda quedó al límite, no pudo darme una patada, por lo que aproveché de inmediato a darle cortes en la pierna derecha, así como clavarle la espada en un último intento. Los gritos de dolor de Keeta comenzaban a aparecer más seguidos y mientras continuaba dándole cortes en esa pierna, éste me dio un nuevo golpe con su brazo derecho, pero no fue tan potente debido a su debilidad.

Su golpe tan solo me empujó a unos metros, haciéndome estrellar con otra lápida. Yo quedé descansando un poco tras el golpe, recuperando mis fuerzas. Sudaba, respiraba hondo, me quejaba del dolor y lanzaba uno que otro insulto a Keeta, al igual como lo hacía durante la batalla y mis “estrellazos en las lápidas”. Mi corazón bombeaba con fuerza y rapidez. El escudo estaba al límite. Creo que incluso yo estaba al límite. Había algo de sangre en mi rostro y mi cuerpo. Tras un rato, el capitán Keeta retoma la batalla. Éste empezó a acercarse a mí, ya no tan rápido como antes, incluso cojeaba por la debilidad de su pierna izquierda. Yo también me preparé para la continuación.

Me acerqué lo suficiente a Keeta para atacarle, siendo no atacado durante el trayecto. Sin embargo, al acercarme a éste, me sorprendió con otra técnica: saltar metros hacia arriba de la nada y aterrizar con todo su cuerpo encima de mí. Sin lugar a dudas, si ese ataque llegara a hacerlo con éxito, sería mi fin. Al ver que su sombra aparecía en mí alrededor, corrí de inmediato hacia un lado para apartarme; logré hacerlo. Algo de polvo apareció en el aterrizaje de Keeta y muchas lápidas fueron destruidas o quedaron agrietadas con tan solo sentir el impacto. Esto no hizo detenerme para aprovechar el momento y atacarle por la espalda cuando estaba aún sentado tras la caída.

Al darle unos cuatro o cinco cortes en su espalda, comenzó a levantarse, por lo que me aparté de él corriendo. Quedé a unos metros de él y lo esperé. Me miró y empezó a acercarse hacia mí. Intenté repetir el mismo proceso anterior, pero, sin embargo, el capitán Keeta me sorprende con un rápido puñetazo y con mucha fuerza. Por milagro alcancé a defenderme con el escudo, pero el golpe fue tal que me empujó con fuerza hacia atrás, haciéndome chocar con un muro rocoso del cementerio. Miré mi mano derecha y… el escudo había desaparecido. Tan solo tenía el agarre del escudo en mi mano. “Mierda, ahora sí estoy muerto”, me dije.

Esa fuerza increíble hizo que se destruyera el escudo. Ahora, si Keeta intentara darme un nuevo puñetazo o arañazo, no podría defenderme. También estaba muy débil para esquivar, por lo que terminaría siendo golpeado. Además, estaba muy débil como para esquivar con éxito. Me levanté entre el polvo que dejó mi choque con el muro. Ahora comenzaría mi venganza por mi escudo y debilidad. Quería salir con vida del cementerio, tal como le prometí a Prímula. No quiero mentirle. Tampoco a la princesa Zelda. Así que empuñé mi espada con las dos manos y cargué “con todo” hacia Keeta. Intentó darme un puñetazo, pero no fue certero. Al darle unos dos o tres cortes con la espada en su pierna derecha, éste da un salto. Lo único que quedaría ahora es correr para evadir la caída.

Mi cuerpo me traicionó. Cuando la sombra del capitán Keeta apareció, intenté correr hacia un lado, pero un dolor insoportable proveniente de la espalda apareció de la nada. Se confirmó que mi cuerpo había llegado a su límite. Me tiré al suelo, mirando al cielo, o mejor dicho, al capitán Keeta cayendo hacia mí y tan solo esperé su caída. Cuando estaba lo suficientemente cerca para chocarme… No sentí “nada”. Luego abrí mis ojos y parecía estar enterrado un poco en la tierra. Miraba el tétrico cielo, sin luz de sol. Luego vi la cabeza del capitán Keeta y luego sus manos, recogiéndome. Estaba en el aire, siendo agarrado con la mano de Keeta. De pronto, desde esa misma mano, fui lanzado con fuerza, chocando contra un muro. Estrellé y caí de nuevo, mirando hacia el cielo una vez más, ya casi sin aliento y esperando la muerte. Luego veo al capitán Keeta, riéndose y preparando el puño de su mano derecha. Ese mismo puño empezó a impactar contra mi cuerpo con toda su fuerza repetidamente, haciendo que yo me debilite aun más, comenzando ya a salir sangre de mi boca y quedar sin oxígeno. Mientras estaba siendo golpeado, miré hacia mi derecha, donde estaba la entrada/salida del cementerio y pude ver a Prímula, mirando como yo estaba siendo derrotado por Keeta.

Perdón, Prímula… Creí que yo era alguien de palabra, pero creo que no lo soy. Sé que te dije que estaré bien, pero siempre te lo decía como una mentira, incluso para mí. Lo siento tanto, Prímula… Realmente creí que nos veríamos en el cañón Ikana después de mi batalla con Keeta. Realmente creí que ambos celebraríamos como tal mi regreso con vida. De verdad… No eras la única que estaba preocupada por mí, incluso yo estaba preocupado por mí mismo. No te fui sincero. Por eso te perdono… Es demasiado tarde y es lamentable que ya no me escucharas, pero quedaría satisfecho con tus disculpas… No sé si eres una alucinación o no, pero te agradezco por todo, Prímula. Nunca pensé que el “cariño extraño” hacia ti llegaría a invadirme…

- Brett – se escuchó una voz femenina, que parecía ser conocida – Brett, por favor, despierta.

Terminé despertando, en un lugar totalmente oscuro. No sabía en dónde estaba ni qué hacía. Después de despertar, me levanté de la cama en la que estaba recostado. Lo primero que vi fue a una mujer que flotaba en el aire, de pelo morado y con vestido blanco, lleno de adornos que hacía brillar el atuendo. Reconocí inmediatamente gracias a su belleza: Glasse. Era ella quien me estaba llamando en esa zona oscura desconocida.

- Me alegro que te hayas despertado, Brett – me dijo sonriente.
- Prímula – empecé a decir, para luego alterarme - ¡Prímula! ¿Dónde está ella?
- Tranquilo. Cálmate – respondió Glasse tranquilamente.
- ¿En dónde estoy? ¿Dónde está Prímula? – pregunté, mirando todo mi alrededor que estaba completamente negro.
- No importa en donde estés tú y donde esté ella. Lo que importa ahora es tu vida.
- ¿Qué? ¿Qué es lo que está pasando? Necesito ver a Prímula – insistía nombrando su nombre, ignorante de todo lo que pasaba.
- Ya la verás, Brett. Ahora necesito que te esfuerces para sobrevivir – me decía acercándose hacia mí – Has tardado demasiado para despertar tus verdaderos poderes, así que creo que ya es hora.
- ¿De qué me estás hablando? No entiendo nada.
- Contémplate, por favor.

Obedecí a Glasse de inmediato. Mi actitud en esa zona extraña no era como la que tenía en Hyrule, Términa o mucho menos el mundo cruel. Era “algo” tranquilo y obedecía. Así que miré mi cuerpo y lo primero que vi fue ropa rara colocada en mi cuerpo. Vestía con camisa de color café, una gorra del mismo color, una capa de color café más oscuro, un short gris, sujetado con un cinturón dorado y unas sandalias grises.

- ¿¡Pero qué me ha pasado!? – pregunté alterado, aún mirándome.
- Son las ropas que lleva el antihéroe, o mejor dicho, todos tus ancestros, Brett – decía Glasse sonriente y con una voz pacífica.
- A ver, a ver, a ver – le dije después de una pausa en la conversación, mirándola con ignorancia - ¿Te puedes dejar de bromas y me dices qué es lo que está pasando?
- Tu “casi-muerte” con el capitán Keeta, en el cementerio de Ikana, ya estaba escrito. Se sabía que terminarías muy debilitado por él en busca del elemento de la tierra – al decirme esto, me enojé y a la vez me puse confuso, pero no le dije nada, solo escuchaba lo que decía – Como consecuencia de esto, es la hora de tu despertar.

No sabía qué decir. Estaba mirándola con un rostro diciendo algo como: “Me estás jodiendo, ¿verdad, Glasse?”. ¿Pero qué cuento tan genial me está contando? Se supone que era mi protectora y debería actuar como tal. ¡Pero no! ¡Está contándome cuentos de niños! ¿Mis ancestros? ¿Pero qué mierda? Mis ancestros son humanos, quienes vivieron en Osorno por generaciones. ¡No tiene nada que ver con todo esto de antihéroe, que los escritos y sus otras mierdas! Y no creo que mi propio padre, abuelo, etc., haya estado vistiendo estas ropas ridículas…

- Es algo difícil de comprender – continuó algo incómoda – pero créeme que todo lo que te digo es verdad. Yo no te mentiría con algo como esto – terminó agachando la cabeza.
- Está bien, como digas… Te creeré. Pero dime, ¿qué se supone que debo hacer ahora? Quiero ver a Prímula – le dije al fin retomando la palabra.
- Usa el poder del Cristal Dorado – contestó levantando la mirada, seria.
- ¿Y cómo? ¿No se supone que los poderes se estaban desarrollando lentamente?
- Eso es lo básico – respondió inmediatamente después de mi pregunta y terminó preguntándome – ¿Qué es lo que deseas en este momento?
- ¿Desear en este momento? – dije pensando un poco, pero la respuesta no fue difícil – Deseo volver con Prímula, obtener el elemento de la tierra y así no defraudar a la princesa Zelda y a la propia Prímula.
- ¿Seguro que ese es tu deseo? – preguntó desafiando mi mente.
- Esto… Sí… - respondí dudoso, mientras Glasse me miraba sonriente; sin embargo, pronto me di cuenta de un “deseo secundario” que salió de la nada de mí - ¡No! Ya sé lo que quiero, Glasse. Lo único que quiero ahora es no morir y vengarme del capitán Keeta, humillándolo tal como lo hizo conmigo – terminé sacando una sonrisa.
- Deseo concedido – dijo Glasse, aún con su sonrisa, pero la de ésta era más siniestra y algo irónica.

Tras decir esto, unas luces comenzaron a aparecer detrás de mí. Glasse y yo nos despedimos manteniendo la sonrisa que habíamos sacado al final. Estaba decidido a acabar con ese malparido de Keeta. ¿Quién se cree intentando matarme? Yo no moriré en manos de un estúpido esqueleto que se cree el fuerte. Yo no seré humillado. No defraudaré a la princesa Zelda. Obtendré el elemento de la tierra. ¡Cumpliré la promesa que hice con Prímula! Yo me vengaré.

Desperté. Desperté en el mismo lugar donde había sido golpeado brutalmente por Keeta. Cuando abrí los ojos, mi rival estaba inmóvil y recibía uno que otro proyectil desde lo lejos. Miré a mi derecha y Prímula ya no estaba ahí. Luego miré a Keeta; tras esto, una energía comenzó a circular por todo mi cuerpo y una potente luz dorada empezó a iluminar mi frente. Al llenar mi ira y sentir que estaba totalmente adrenalínico, logré hacer un salto con todas mis fuerzas, quedando en frente de Keeta. El dolor de espalda había desaparecido por completo, ni siquiera sentía algún dolor adicional que habría sido provocado por los golpes finales de Keeta. Cuando estaba frente a él, a una velocidad increíble que ni yo supe cómo lo hice ni pude controlar, atravesé la espada y mi cuerpo completo por el pecho de Keeta, saliendo por su espalda y cayendo a tierra firme. Aterricé perfectamente en el suelo y mi enemigo dejó de recibir proyectiles.

Keeta sintió el dolor que le hice, pero no tuve piedad alguna. Estaba lleno de ira. Con la misma velocidad anterior, logré partir en dos las piernas de Keeta. Para hacerlo, desde el lugar donde aterricé, me lancé “con todo” hacia la rodilla de la pierna izquierda, pero chocaría con un muro; sin embargo, el choque sólo me hizo tomar impulso para destruir con mi espada y cuerpo la rodilla de la pierna derecha. Aterricé sobre una lápida, quedando mirando con una sonrisa de triunfo a Keeta, quien estaba cayendo y lamentándose. Como él cayó de espaldas, quedó mirando hacia el cielo, igual como me dejó a mí en últimas instancias. Así que aproveché ese instante para cargar más fuerza aún en mi interior, recordando lo que me había hecho antes de mi “casi-muerte”. Al cargar completamente mi cuerpo con energía ya casi sobrepasada, haciendo que mi frente ilumine el cementerio aún con más intensidad, salté unos metros arriba para dejarme caer encima de Keeta, con la única intensión de clavarle la espada en su pecho.

A medida que iba cayendo y miraba el rostro de Keeta, con imágenes repetidas del momento en que empezó a golpearme con brutalidad y luego me fui a “otro mundo” con Glasse, sentía más rabia aún. Al parecer, la ira hacía que la brutalidad de mis estadísticas de combate aumente de una forma increíble, llegando hasta incluso capaz de no poder controlarla. Algo así pasó en ese momento. Cuando caí hacia Keeta y le clavé la espada con toda la fuerza que tenía, el capitán lanzó un grito de dolor, más fuerte que todos los anteriores. Sin darme cuenta, había sacado la espada que le tenía clavado de su pecho y comencé a clavársela repetidamente, tal como él me golpeaba con sus puñetazos. A veces escuchaba por parte de éste: “Detente, por favor. Me rindo. Tú has ganado”. Oía estas palabras e intentaba detenerme, pero mis intentos eran en vano…

No controlaba mi cuerpo. Atacaba descontrolado a Keeta. Como mi cuerpo y mente parecían estar siendo controlados por el Cristal Dorado, mi “yo” era alguien secundario dentro de mi propio cuerpo que atacaba sin piedad a Keeta. “Mierda. ¿Ahora qué hago? ¡Ya detente, estúpido cuerpo!”; eso me decía yo. En algún momento, sentí mis brazos e hice lo posible para detenerme. Tras unos minutos luchando por el poderío de mi cuerpo, mis intentos fueron exitosos: me detuve. Tras volver en sí, comencé a respirar hondo, la luz de la frente desaparecía, sentí mis brazos agotados y el cuerpo comenzó a dolerme de nuevo.

- Gracias por detenerte... – dijo Keeta, con las palabras entrecortadas y agonizando.
- Lo siento – le contesté, también quejándome de los dolores de mi cuerpo, por lo que me senté en una de sus costillas – No me podía controlar… Quería detenerme cuando pedías que me detuviera, pero no pude.
- Tranquilo… Yo no me controlo… cuando intentan robar el elemento de… de la tierra… - decía aún entrecortado.
- Entonces de verdad tú lo tienes, en tu casco – le dije aún quejándome.

El capitán Keeta no respondió nada. De pronto, una tormenta de arena empezó a hacer aparición en el lugar. No era cualquiera tormenta de arena, ya que fue provocada por Keeta. Él hizo esto para reformar su cuerpo destruido. Increíble… Logró colocar sus piernas de inmediato. De pronto éste comienza a moverse, preparándose para levantarse. Así que salté de él y aterricé en la tierra, aunque el salto hizo que me doliera más el cuerpo. Cuando Keeta estaba levantado, aunque notándose que le dolía aún su cuerpo, retoma la palabra.

- Ahora estoy mejor – dijo con falta de aire, enseñando su verdadera voz, la cual era muy grave y sin entrecortar las palabras – Aunque las últimas heridas que me hiciste no podrán ser sanadas por ahora…
- Lo siento – le dije, agachando la cabeza.
- Sabrás quien soy, ¿verdad? Soy el capitán del Ejército de Ikana del Reino de Ikana que estuvo en vida hace miles de años. Me hacen llamar Skull Keeta o capitán Keeta. ¿Venías por el elemento de la tierra?
- Sí, ese era mi objetivo, no una batalla…
- El elemento de la tierra… Me lo dejaron a cuidado antes de que el Reino de Ikana fuera derrotado y pronto caído en ruinas. Éste objeto es de suma importancia, tanto para el mundo como para el antiguo Reino de Ikana. Como tú has sido el único que me ha derrotado, te confío el cuidado del elemento de la tierra – Al decir esto, saca la brillante piedra de su casco con su mano derecha – Por favor, cuídalo bien – termina entregándome el elemento.
- Le juro que lo haré – le dije, recibiendo el elemento de la tierra y quejándome de mis dolores.
- Siento haberlo dejado tan débil, pero a cualquier intruso debía atacar.
- Lo entiendo. Yo haría lo mismo para proteger algo como esto – decía mirando el elemento.
- Y bien, capitán – al decir esto, lo miré con extrañeza por decirme “capitán” – Ya no tengo nada más que hacer en el mundo de los vivos. Yo sólo permanecía aquí esperando a un rival que me derrotase para confiarle el elemento de la tierra. Aquella persona que me despertara y me derrotara, dejándole el elemento de la tierra, sería el único que me daría el permiso de dejarme caer en mi último sueño profundo. Como tú has sido el elegido, entonces usted es el único que puede darme ese permiso. ¿Me lo ordena, señor? – terminó, colocándose en pose de guardia, colocando el brazo derecho sobre su cabeza.
- Sí, tienes mi permiso – le respondí, colocando la misma pose y sacando una sonrisa algo irónica, creyendo que esto parecía algo absurdo.
- ¡Sí, señor!

Cuando terminó, de la nada su cuerpo se destruyó por completo, dejando caer sus huesos al suelo; sin embargo, cuando todos estaban en el suelo, los huesos se convirtieron en un polvo blanco que salió volando por los aires. El espíritu del capitán Keeta al fin podrá descansar en paz. Cuando quedé solo en ese lugar y miré mi cuerpo, me sorprendí bastante: me di cuenta que estaba usando las mismas ropas que tenía en el “mundo oscuro extraño”, cuando estaba con Glasse. Eran las “ropas del antihéroe”, según ella, pero… ¿Cómo diablos aparecí con estas ropas de la nada en el mundo real, o sea, en Términa? Se supone que sólo las usaba en ese “sueño”… Y otra cosa, ¿realmente era yo quien respondió a la pregunta de Glasse? O sea… Está bien. Me gustaría vengarme con los bravucones del mundo cruel, ¿pero con Keeta? Con él solo tenía una batalla; si moría no me importaba, sería una victoria limpia para él. Venganza con él… Lo que realmente deseaba era lo primero que le había dicho. ¿Por qué me hizo dudar y le tuve que responder otra cosa siniestra? No entiendo…

Olvidé decir que mientras estaba con Keeta, yo sentía la observación del personaje misterioso a mi izquierda, donde provenían los proyectiles. Al mirar hacia allí, que era el lugar donde terminaba el cementerio, lo vi. Estaba con las mismas ropas de siempre, pero esta vez, las ropas eran de color rojo. ¿Cómo rayos lo hace para teñirle color a su ropa? Aparté la vista a él y no sentí más su presencia. Había cumplido mi misión en Términa. Obtuve el elemento de la tierra, así que no tendría nada más que hacer allí. Obviamente, sin antes avisarle a Prímula y a su padre acerca de mi hazaña. Así que decidí poner rumbo al cañón Ikana. Tal vez sería la última vez que visite ese sitio… Solo tal vez.

Hola. Gracias por leer mi fic. A partir de ahora, en algunos capítulos añadiré esta pequeña sección en algunos finales del capítulo. Se podrá saber que la persona que habla soy yo cuando las palabras finales de un capítulo aparezcan en cursiva, así podré diferenciarme del protagonista fácilmente. Todo lo que esté en cursiva al final de un capítulo es cuando hablo yo, participando como un narrador omnisciente. ¿Por qué hago esto? Como el protagonista no se entera nada de lo que sucede con otros personajes, entonces yo daré a conocer pocos detalles de lo que hacen ellos mientras el protagonista relata su vida.

En una zona totalmente oscura, solo se ve una cama que estaba iluminado por una luz proveniente desde un techo. De la cama despierta un joven, que de inmediato se levanta. Aquel joven usaba ropas oscuras, usando la gorra de su ropa para cubrir su cabeza y parte de la cara. Al quedar sentado en su cama mira el suelo, saca una sonrisa y dice:

- Así que llegó tu hora del despertar; tardaste un poco, ¿eh? – Al decir esto, se echó de espaldas a la cama, mirando el “techo” negro, con los brazos a los lados y termina diciendo, aún sonriente – Ahora sólo falta que ambos crucemos nuestros caminos una vez más, hermanito.

Continuará

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