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Vendetta/Capítulo 18: ¿Decisión Correcta?

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Vendetta/Capítulo 18: ¿Decisión Correcta?Editar

Y todo por un comentario fugaz sin haberlo pensado…Editar

Continuaré la historia adelantándome un poco más en los días de la semana siguiente al jueves lluvioso, para ser más concreto, me adelantaré al otro miércoles. En los días que me he saltado, no hice nada más que pensar e intentar reflexionar acerca de mi nueva personalidad, a la vez de encontrar respuestas a mis propias preguntas. Reitero que no me había dado cuenta de esa “nueva personalidad” hasta después de haber hablado con Eileen y Xavi, las dos personas que me habían dicho aquello.

Día miércoles de la última semana de junio. El invierno ya había llegado a Chile desde el fin de semana tan reflexivo que tuve. El día sería corto, sólo porque saldría temprano del liceo. Cuando estaba en la sala, durante el primer bloque de clases de ese miércoles, le pregunté a Daniel si me encontraba con una personalidad un poco más diferente al que solía tener. Por supuesto, se me había olvidado hacerle esa pregunta uno de los días anteriores. Él me respondió con una gran sonrisa que sí, estaba más cambiado y que le agradaba mi “nuevo yo”. Otra persona más que le agradaba… Si a todos les agradaría, entonces debería mantener esta personalidad, ¿no? Aunque faltaría una persona: Aura.

El primer bloque pasó lento. Dani atento a la clase, el “Trío Dinamita” haciendo de las suyas, el grupo flaite con tranquilidad tomaba apuntes de la clase, el profesor explicando y dictando cosas, las “Dears” tomaban apuntes y conversaban, mientras que yo sólo estaba en mis pensamientos y dibujaba cualquier cosa en el cuaderno. Toca el timbre de salida y mi objetivo era encontrar a Aura. Salí rápidamente de la sala. Caminé por el pabellón C y luego doblé para el pabellón A, típico de mí. Hacía frío. No llovía ese día, pero hacía mucho frío, casi -2º C aproximadamente temprano en la mañana.

Caminé y caminé hasta llegar a las afueras de la puerta de la sala del curso 1º C. Claro, ese era el curso en donde estaba Aura. Me quedé parado esperando la salida de ella. Múltiples caras desconocidas aparecían y unas tantas ya vistas en los recreos. Unas cuantas caras de chicas pasaban mirándome. No me importaba en absoluto sus miradas, yo esperaba a Aura. Finalmente, la chica que esperé por más de un minuto por fin apareció, como una de las últimas por salir de la sala. Me saludó con ánimo, pero con sueño. Sin embargo, justo después de saludarla, aparece Diego para interrumpirnos. Éste la toma del brazo y me mira con desprecio. Termina llevándosela, junto a los otros integrantes del grupo flaite. No pude hacerle la pregunta a Aura…

No pude hacer nada. Estaba desesperado por querer saber su respuesta, pero siempre está el típico obstáculo gigante que se cruza en nuestro camino. No me quedó más remedio que esperar a otro recreo para preguntar, así que caminé por el pabellón A hacia el gran pasillo. Me crucé con Eileen y Raúl en el camino, quienes estaban bajando las escaleras. Raúl me saludó animadamente, mientras que mi prima pareció esforzarse por saludarme, tal como pasó el día anterior; el lunes ni siquiera se me acercó para saludar. Raúl pareció querer hablarme de algo, pero Eileen rápidamente se lo lleva a otro lado del liceo. Creo que había empezado a existir un nuevo obstáculo en mi camino, esta vez, una muy inesperada…

Quedé a solas en el gran pasillo, con mucho frío. Desde las ventanas se podía ver la espesa neblina que cubría el exterior del liceo. Apenas se podía ver la multicancha del patio. Nadie estaba jugando a algún deporte ahí, obviamente. Muy poca gente caminaba por el patio. El gran pasillo estaba lleno de alumnos, asícomo la biblioteca y los pasillos de los pabellones. Mientras estaba a solas, el “Trío Dinamita” se acerca a mí para hablar cosas sin sentido, como siempre lo hacían desde que empezaron a hablarme.

- Y tú – dijo Cristián en tono alto mientras se acercaba con los demás – ¿Por qué tan solo?
- ¿Y ustedes? – pregunté sin entender en absoluto el porqué se acercaron a mí de la nada.
- Te vimos muy solo – respondió José sonriente – y pensamos acompañarte un rato.
- También es porque nos pareces muy interesante – agregó Cristián con mucho ánimo.
- Y calladito, muy calladito – terminó con entonación tímida pero anímica Sofía.
- Es así como estoy siempre – contesté enseñando una pobre sonrisa –. Debería ser normal que me vieran a solas y muy callado todos los días.
- Es por eso que nos pareces interesante – dijo Cristián haciendo movimientos raros.

No entendía bien sus acercamientos. De la nada estos tres locos de la clase se acercan y me dicen tales cosas directamente, algo así como lo hacían las veces anteriores. Al menos, estos tres chicos me dijeron algo que me identificara en cómo era. Claro, dos amigos y mi prima se percataron de una “nueva personalidad”, pero este trío “dinámico” tiene grabado mi antiguo “yo”, o simplemente, mi “yo normal”. En el transcurso de un breve silencio, Sofía me dice que escribiera su apodo “Sofi”, pero con una “y” y no con una “i”. Vaya chica, hacerme corregir por algo sin importancia… Como ellos fueron directos en lo dicho anteriormente, yo también quise ser directo.

- ¿Y para qué quisieron acompañarme? ¿Es necesario? – les pregunté.
- No nos gusta ver gente que estén muy solos – dijo José mirando el techo de un lado a otro y luego se pone a silbar.
- Pero si a mí me ven la mayoría del tiempo a solas, entonces no le vería lo necesario, porque sería “normal” – argumenté en contra.
- Pero queríamos conocerte mejor - dijo Cristián –, porque a nosotros nos interesa mucho la gente interesante.
- Igual como esa niñita loca de la biblioteca abandonada – agregó Sofy, poniendo cara de “asco” y moviendo su mano alrededor de su cabeza, creando la seña de “locura” mientras habló.
- ¿Niñita loca? ¿Biblioteca abandonada? – pregunté con ignorancia.
- ¿Qué no sabes nada de la chica más famosa del liceo y de esa biblioteca? – preguntó José escupiendo el café que había tomado de una taza sacada de la nada.
- ¿Desde cuándo estás tomando café y de dónde sacaste esa taza? – pregunté confundido.
- Eso no importa – respondió él mismo, tomando un sorbo y continuando –. Lo que importa es tu ignorancia acerca de esa información tan conocida de la actualidad…
- La biblioteca abandonada – apoyó en el tema Cristián, más tranquilo – está en el cuarto piso del pabellón A y solo hay una alumna dentro todos los días, la cual no se sabe su nombre, pero es reconocida como la “Chica genio”.
- Incluso – añadió Sofy con gestos raros – está muy loca y solo se concentra en sus libros. Cuando le fuimos a hablar, no nos hacía caso, incluso gritábamos y hacíamos guerras de libros, pero nada de nada.
- Se dice que la “Chica genio” – agregó José – estudia por sí misma leyendo libros y no asiste a clases por ello. Está cursando Primero Medio, pero dicen que ni siquiera tiene 13 años, sino que es menor. Ella no asiste a clases, porque estudia por sí misma, hasta se rumorea que ella está incluso los fines de semana leyendo libros en la misma biblioteca.
- Se podría decir que ese lugar es como su casa – terminó Cristián.

Desde que escuché eso, me di cuenta que existía gente más rara que yo. Aun así, no podía creer que una chica esté leyendo libros todos los días y no haga caso a alguien que le esté hablando o gritando, como Sofy dijo. Aun más raro sería que no tenga casa o familia y esté en el liceo todos los días de la semana… Tomé como broma lo que me dijeron, pero ellos se lo tomaban en serio y pareció molestarle un poco mi reacción. A continuación, insistieron en que la visite y creyera la historia, pero me negué. Comenzaron a molestarme con que la visite, así que terminé respondiendo ya enojado que no y me fui. Intentaron seguirme, pero me alejé del trío en medio de tanta gente en el mismo gran pasillo.

Llegué hasta el baño de varones ubicado en el primer piso del pabellón B. Me mojé la cara y miré el espejo. Podía ver mi reflejo, el de una persona confundida y creyendo un poco la historia de la “chica genio”, a pesar de todo. Salí del baño, me coloqué los auriculares y comencé a reproducir la música del MP4. Por cierto, que no lo he mencionado antes, siempre había estado usando aquel aparato en el liceo y lo cargaba cada vez que estaba en casa. Volviendo a mi salida del baño, me paré en el pasillo mismo y pensé en la historia de la chica genio mientras se reproducía una de las sinfonías de Mozart. ¿Será verdad? ¿Existirá en ese mismo liceo una chica que lee libros todo el tiempo para estudiar personalmente? ¿Realmente está todos los malditos días en una biblioteca leyendo libros? Además, ¿cómo lo haría para comer, salir de la biblioteca y dormir cómodamente? Está bien… Sería una locura creer tal cosa, más de haberlo escuchado de tres personas “locas”. Después de todo, es un estúpido rumor.

Terminé el recreo acompañado de Dani, a quien lo encontré mientras caminaba a solas en el pabellón C. Toca el timbre y ambos fuimos a nuestra sala. Dentro del aula, le conté a Dani mis conocimientos acerca de la “chica genio”. Éste me dijo que también había escuchado cierto rumor de ella y que incluso fue a averiguar si era verdad; según él también era cierto. Dijo que encontró a la chica leyendo libros. Agregó que le habló, pero ella no le respondía. Terminó diciendo que se rindió haciendo intentos para llamar su atención, yéndose de la biblioteca y quedando a solas de nuevo en los pasillos del liceo. Añadió a su final que la chica era guapa. Volví a quedar en duda. Si Dani me decía algo como esto, entonces quizás era verdad… ¡Pero es difícil de creer! Me dieron ganas de ir al cuarto piso del pabellón A y comprobar si es cierto el rumor por mí mismo. Tendría que esperar hasta el siguiente recreo… En el mismo bloque de clases sí que estaba concentrado en mis pensamientos de total confusión, así que no tomé atención a nadie.

Toca el timbre del recreo y salí rápidamente de la sala. Subí las escaleras del pabellón A, pero justo en el segundo piso se cruza Xavi y me detiene. Éste me pregunta qué iba a hacer subiendo las escaleras, así que le conté todo; finalmente decidió acompañarme. Ambos subimos hasta el cuarto piso, con mucha lentitud debido a que los de arriba bajaban las escaleras. En ese recreo aún había frío. Había sol y todo, pero no daba el calor suficiente para que el frío se detenga. Terminamos llegando al cuarto piso. En el fondo de todo el pasillo había una puerta, algo que no pasaba en el segundo y tercer piso del mismo pabellón. Cabe decir que dicho pabellón era una copia exacta del Pabellón B, el cual enviaba a la azotea del liceo, sólo que las puertas del fondo eran diferentes. Xavi y yo nos detuvimos justo en la puerta del pabellón en que estábamos. Al abrir dicha puerta nos haría entrar en la famosa biblioteca abandonada.

- Brett – dijo Xavi mientras mirábamos la puerta diferente a las demás del liceo –, yo también he oído el rumor de esta chica y dudo que nos hable si sea cierto.
- Me da lo mismo si no nos habla o no – contesté –. Lo que me importa es confirmar si existe esta chica tan rara o no.
- Y yo pensaba que ibas a hablarle – dijo en susurro “propio” éste.

Tomé la manilla de la puerta y la moví. Tomé impulso hacia la puerta y la abrí. Era una biblioteca, con apariencia muy rústica. Había una fila de cuatro estantes llenos de libros, que estaban en línea paralela hacia al fondo y mirando de cara de lado desde la puerta, también había mesas y sillas por varios sitios. Desde la puerta, al lado derecho, se encuentra una mesa de ejecutivo y una silla, donde no había nadie para atender. Al fondo del todo, había dos estantes muy anchos, también llenos de libros. Desde la puerta, al lado izquierdo, había unos sofás y más mesas y sillas. Desde ese lugar se podía ver el exterior por las ventanas. Justo debajo de una ventana, al frente de una silla y dando la espalda a un estante, estaba sentada una chica.

“La chica genio sí existe…”; eso me dije tan solo al verla. Desde ese momento, compartí el comentario de Cristián y Daniel: era guapa. Xavi y yo nos acercamos a ella y no le llamábamos la atención. Desde cerca pude verla mejor. Usaba el uniforme del liceo. ¿Alguna vez lo describí? Es muy simple: sólo se usa un polerón blanco-gris con cierre en el cuello; la camiseta también es blanca, un poco más gris que el polerón, con botones en el cuello; pantalón gris oscuro en los hombres y falda gris oscuro en las chicas, aunque pueden usar el pantalón si ellas lo desean; y por último los zapatos son negros.

Describiré a la chica genio, tal como la pude ver aquel día: usaba el polerón, con el cierre abrochado completamente, con una falda que no sé en donde les llegaba, porque estaba sentada de rodillas en el suelo y a diferencia de todos, usaba unos zapatos de color café claro y no usaba calcetas o pantys. No sé como resistía el frío… Su pelo era castaño claro, tomado por dos coletas rojas; sus ojos eran de color azul muy claro y su nariz era puntiaguda. No sabía su altura, porque nunca se levantó. Era de complexión delgada y su piel era blanca. Ella aparentaba ser una chica de una edad un poco menor a alguien de Primero Medio. Al parecer, lo que había dicho José sí era cierto…

Xavi y yo estábamos cerca de ella, pero ni tan siquiera nos miró. Es más, en una ocasión, Xavi me dijo en tono alto que estaba muy bonita, pero ella solo leía y leía los libros que tenía a su disposición en ese momento. Por lo que recuerdo, los libros que leía en ese entonces eran de álgebra superior, números complejos o imaginarios y un libro que estaba escrito completamente en inglés. Se supone que esas cosas lo enseñaban en Cuarto Medio en el liceo o algo así. Sí que era inteligente… Como la chica no hablaba y estaba totalmente en silencio, concentrada en su lectura, Xavi se aburrió y me invitó a irme. Decidí acompañarlo en el resto del recreo, sin antes echarle una última mirada a la chica extraña.

Durante el resto del recreo, Xavi me comentó lo rara que era aquella chica. Compartía su punto de vista, como el de que ella está en otro mundo y le importarían un carajo los amigos o una relación con alguien. A ella sí que le gustaban los libros… Toca el timbre y entraría al último bloque de clases del día miércoles. Entré a la sala y estando en la clase, le conté todo lo sucedido en el recreo recién acabado a Dani. También aproveché de comentarle un poco a Cristián, quien había pasado caminando por mi puesto. Éste se alegró por haber conocido a la chica y también se burló un poco de mí por no haberle creído. Luego de la noticia, se puso a hacer cosas raras con José y Sofía cuando volvió a su puesto. Debido a eso, llamó la atención al profesor y tuvo una nueva anotación negativa.

Pasan los días. Jueves, viernes, sábado y domingo. Cuatro días llenos de confusión todavía respecto a lo sucedido con mi personalidad, el “caso de Prímula y Aura” y la vida de aquella chica extraña de la biblioteca. Aún no encontraba la respuesta a mi propia pregunta del porqué estaba diferente y el porqué ya no me estaría gustando Aura. Ese mismo sábado, decidí visitar una vez más Hyrule. Estando en ese mundo, volví a ver mi aparato regalado por Prímula. Otra vez tenía una luz azul. Golpeé el objeto y escuché: “He recibido tu mensaje. Ya me estaba preocupando del porqué no me respondías, pero ya estoy contenta de que estás bien. Espero que todo esté bien por allá y suerte en todo. Cuídate mucho. Que los Cuatro Gigantes estén contigo. Espero verte pronto, así que visítanos pronto, por favor. Te quiero mucho *pitido final*”.

El mensaje me aliviaba. Era el único que tenía hasta ese momento. Decidí responderle una vez más. Me coloqué el aparato en el oído izquierdo y comencé a hablar para el mensaje. Sin embargo, mientras estaba por decir “Prímula, yo también te quiero mucho”, se me pasó por la cabeza recuerdos fugaces cuando estaba con Aura. Quedé en blanco. No dije nada más; me detuve. Sentí un rechazo de decir aquella frase que tenía preparado. En ese preciso momento, me saqué el aparato del oído y cancelé el envío del mensaje. Lo quedé mirando por un momento y finalmente, me senté en el césped.

¿Qué mierda fue lo que pasó? ¿Por qué pensé en ella justo en un momento como ese? Aun más… ¿Por qué mi mente me obligó a cancelar el mensaje? Podría habérselo enviado sin importar la frase que tenía preparada, pero no, lo cancelé. ¿Qué era lo que me estaba pasando? Yo de verdad quiero a Prímula… Pero… De inmediato salí de Hyrule, guardando el aparato en el bolsillo de las ropas del “antihéroe”. Me dirigí corriendo a casa. Entré en ella, subí las escaleras, entré a mi cuarto y me puse a ver TV sentado en el sillón. Ahí quedé. No quería pensar en mi confusión, pero no podía evitarlo. El maldito pensamiento de Prímula y Aura se me pasaba todo el rato por mi cabeza. Quería concentrarme en la televisión, quería pensar en cualquier otra cosa, o incluso quería disfrutar de algún que otro recuerdo, ¡pero no! La estúpida mierda que no quería pensar se cruzaba y se cruzaba. No me quedó otro remedio… Miré el velador y estaba un papelillo lleno de cocaína. Aquel papelillo quedó sin nada minutos después.

- ¿Por qué estás tan confundido? – se escuchó una voz femenina, que se escuchaba muy cerca.
- Glasse – balbuceé - ¿Qué está pasando?
- Descuida, no es nada más que un sueño tuyo – respondió – Estás tan confundido que recurriste a la droga. ¿Qué te pasa? ¿Es una chica?
- ¿Un sueño? – pregunté ignorando lo que me había dicho después de su primera frase y levantando la mirada, viendo su silueta.
- Si es un sueño significa que estás durmiendo, obviamente. Son las 09:47 hrs. Pero bien, responde mis preguntas, por favor.

No respondí en un principio. A cambio de esto, miré todo mí alrededor. Era un lugar pacífico. Parecía ser un mundo de mezclas: en el lado derecho se veía el terreno de Hyrule, a la izquierda Términa, pero yo estaba sentado en un banco de la azotea del liceo y el suelo cercano era las baldosas de la Plaza de Armas de mi ciudad, mientras que Glasse estaba sentada en otro banco frente de mí; detrás de ella estaba el liceo y atrás de mí estaba completamente negro, o sea, no había ni existía nada. Con el lugar visto, Glasse me reitera las preguntas, a lo que por fin respondí.

- Sí, es una chica – dije con la mirada agachada –, o más bien dicho, dos chicas.
- ¿Y por qué recurriste a la droga? ¿Crees que eso es bueno?
- Según mi primo es bueno para olvidar las cosas por un rato y disfrutar de la vida.
- ¿Tú crees que es bueno? – continuaba preguntando con tono de tranquilidad.
- No recuerdo lo que hice ayer, pero de seguro habrá sido bueno para no recordar cierto pensamiento que me molestaba – respondía siempre con la mirada baja.
- ¿Te drogarías sólo para no enfrentar la realidad?
- Realmente no sé si la estoy enfrentando o no… Tal vez sea un no. Recuerda que hago un muro para alejarme de todo y así vivir feliz y tranquilo de una vez por todas.
- ¿En verdad crees que vivirás feliz y tranquilamente dentro de un muro, apartado de todos?

La última pregunta de Glasse lo dijo con más seriedad. Quitó un poco el tono pacífico y agregó algo de intimidación. Tras haber escuchado la pregunta, levanté la mirada y miré fijamente a Glasse. El paisaje había desaparecido completamente. Sólo habían quedado los dos bancos de la azotea del liceo, el suelo de la Plaza de Armas y un fondo completamente negro, vacío. Con la mirada clavada a sus ojos, le respondí con un “Sí”. Glasse sonrió, se levantó del banco, desplegó sus alas con las que solía flotar y comenzó a volar. No dijo nada. No sé si su sonrisa fue amable, irónica o algo por el estilo.

Estando sentado en el banco, volví a bajar la mirada. Ya no había suelo. No había nada. Sólo estaba yo, sentado en un banco en la “nada”. Sin embargo, luego empecé a escuchar pasos. Estos pasos se detuvieron frente a mí. Levanté la mirada y vi a Prímula. Su mirada no era una feliz. Su mirada mostraba seriedad, pero parecía triste, enojada, decepcionada y con los ojos hinchados por llorar tanto. Ésta se agacha a mí y me mira fijamente, mientras que yo también clavé la mía a ella, dubitativo. Tras un silencio, me di cuenta lo que me quería enseñar su presencia, por lo que bajé aun más la mirada. Prímula me toma de las manos y dice: “Sé sincero, por favor. Reconoce que ya no me quieres y sólo estuviste conmigo para experimentar algo con una chica para el futuro, como por ejemplo, con Aura. No me ilusiones y mucho menos te ilusiones a ti mismo, por favor”.

Lo que me había dicho fue lo que había predicho al mirarla. Tal vez, todo lo que hice con ella fue para saber cómo se haría algo con una chica. Serviría como un “objeto” de práctica por si tendría alguna posibilidad en un futuro de estar con Aura… Jugué con sus sentimientos, hasta incluso con los míos. Así que levanté la mirada para clavarla en ella. Mientras nos mirábamos, agité la cabeza de arriba-abajo. Prímula sonrió levemente, me soltó las manos, se levantó, dio media vuelta y se fue. Luego comenzó a escucharse un sonido extraño que se escuchaba de la nada. En medio de todo, la voz de Glasse vuelve a escucharse diciendo: “Ahí lo tienes. Más ladrillos para tu muro *pitido final de un mensaje del objeto regalado por Prímula*”.

Desperté. Estaba en el suelo de mi habitación. Lo primero que vi fue el techo blanco de mi habitación. Miré a un lado; pude ver el sillón en el suelo y ropa mía también en el suelo. ¿Qué diablos? Miré al otro lado y la lámpara estaba tirada, con más ropas y juguetes que usaba cuando chico por todo el suelo. ¿Qué mierda fue lo que pasó? De inmediato me levanté, asustado. Miré el reloj del velador, el cual estaba intacto: eran las 10:00 hrs. Las sábanas de la cama estaban desordenadas, más juguetes por el suelo, ropas por todos lados, la ventana abierta, los cajones abiertos y el ropero totalmente desordenado.

Estaba asustado. Bajé inmediatamente de mi habitación. Encontré a mi abuela y a mi madre desayunando. No encontraba a mi hermano y a mi padre. ¿Qué demonios? Se supone que era domingo y todos deberían estar despiertos… No. Mi abuela se rió de mí y me dijo que era lunes. ¿¡Qué!? ¿Pasé todo un puto día en mi habitación sin hacer nada? Mi madre se dio cuenta de mi actitud tan alterada y asustada, por lo que se preocupó por mí y me preguntó lo que pasaba. Le respondí diciendo que mi habitación estaba completamente desordenada y no recordaba nada de lo sucedido. Ésta se sorprendió por la respuesta y fue a averiguar. Al ver mi habitación en su estado, se asustó de la misma manera que yo. Ambos no podíamos creer lo sucedido. Ella dijo que ordenaría la habitación, pero recordé la cocaína… La detuve de inmediato y le dije que era mejor ordenarlo más tarde. Mi madre compartió mi idea, por suerte, diciendo que terminaría su desayuno.

Así pasó el día. Cuando estaba revisando en mi desordenada habitación, encontré tres papelillos completamente vacíos, mientras que otros dos estaban llenos y otro casi vacío. Vaya… Guardé los papelillos en mi bolsillo y no en el velador, ya que mi madre ordenaría la habitación y los podría encontrar allí. Luego bajé y le dije a mi madre que podría hacer lo que iba a hacer en mi habitación; eso hizo. Tras haber terminado, pasé la mayor parte del día lunes en mi habitación. Bajé sólo para almorzar o buscar alguna otra cosa para comer durante la tarde.

Había faltado a clases, pero eso no me importaba. El lunes pasó tranquilamente. Mi padre fue el único que se había enojado por mi ausencia en el liceo. Estábamos entrando a la primera semana de julio. Esa semana era la “Semana de Aniversario del Liceo”. En esa semana se hacen diferentes actividades en el establecimiento los cinco días semanales, como por ejemplo, entrar treinta minutos más tarde, hacer actividades entre todos los cursos durante la tarde o el último bloque de clases el día miércoles, se puede ir con ropa de color el jueves y viernes y finalmente, un desayuno el mismo día viernes. Agrego que la semana siguiente se saldría de clases, para así empezar las vacaciones de invierno. Normalmente, yo no iba esa semana, por lo que la semana de aniversario sería la última para mí.

Pasa el día lunes y llega la noche. Dejé el MP4 cargando en el computador de Mateo. Guardé los papelillos de cocaína en el cajón del velador. Miraba TV atentamente y mis pensamientos de Prímula y Aura ya no se me pasaban por la cabeza, aun así, sí se me pasaba la pregunta del porqué mi personalidad cambió. Estaba claro; en ese mismo sueño que no sé como diablos lo recuerdo tan a la perfección, reconocí que a Prímula la utilicé como un objeto, jugando con sus sentimientos, para así saber cómo se siente estar con una chica de mejor manera. Sí que yo valía una mierda, ¿no?

Luego me fui a dormir, escuché la alarma y día siguiente, martes. Hice mis labores de siempre por las mañanas y fui al liceo. Obviamente, tenía en cuenta de que se entraba a las 08:30 hrs. a clases, por lo que la alarma lo coloqué unos minutos más tarde de lo habitual. Hice mis labores de cada mañana y fui al liceo. El ambiente en el establecimiento ya se sentía más diferente, para ser más preciso, se sentía con más energía y alegría. Claro, empezó julio y para muchos, la semana de aniversario es como la última de todas, ya que la siguiente es casi sólo para perder el tiempo. En esta semana ocurre el acontecimiento que les he estado mencionando veces anteriores, así que al fin terminaré con esta “breve” historia, pasando por dos malditos capítulos contándolo. Pero claro, es mejor contar todo con pausa que ir directo al grano cuando se trata de lectura, ¿no? Obviamente no tan pausado, ya que todo se tornaría aburrido y también se pondrían a la mesa temas que no importarían. Muchas veces es necesario saltarse días que no tienen importancia agregarlos, sino estarían sólo por joder, aburrir y sobrar en toda la historia. Eso debe estar claro.

Mejor me callo y continúo con todo. El día martes de esa querida semana fue algo activa cuando se trata de movimientos del centro de alumnos del liceo, inspectores y el director. Todos comienzan a prepararse para el “Gran Día del LERO (iniciales del liceo)”, o sea, el viernes. Se supone que tras un rico desayuno de ese día, los padres pueden incluso estar invitados a un gran acto de ese día en el gimnasio mismo del liceo. Allí se premiará a la alianza de cursos que ganará el premio de “La Mejor Alianza”, la reina y el rey de esa alianza y unas tantas actividades más.

… Será mejor explicarles un poco más cuando se trata de “alianza” para entender mejor todo. Las alianzas se componen de esta manera: Alianza Blanca, todos los Primeros Medios; Alianza Azul, todos los Segundos Medios; Alianza Roja, todos los Terceros Medios; y Alianza Negra, todos los Cuartos Medios. Cada alianza debe tener dos representantes, los cuales serán de mayor categoría al tratarse de elegir reina, rey, elegir participantes para los concursos y también serán los que tendrán el “poder” de la alianza al tratarse de organizar todo durante las competencias y lo demás. Normalmente, esos dos representantes son siempre así: una persona famosa (para llamar la atención) y otra inteligente (para ser como el/la estratega de todo). La reina y el rey se sacan de los más “guapos” de cada curso; la mejor manera para esto es que ambos candidatos sean personas conocidas, con bonitos rostros y buen cuerpo. Por eso los representantes igual deben pensar bien en ello. También se saca a la “mascota” de la alianza, el cual debe ser un alumno completamente famoso y también carismático para animar a su respectiva alianza. Los competidores para concursos… bueno, debería ser obvio, ¿no? Se sacan a los mejores de su respectiva categoría. Si se trata de una carrera, al más rápido; si se trata de básquetbol, a los cinco mejores basquetbolistas; etc.

Ahora continúo con la historia. Espero que les haya quedado claro lo anterior… El primer bloque de clases pasa normalmente. Dani me preguntó el porqué falté el día anterior; le respondí diciendo que simplemente me había quedado dormido. Ambos conversamos más temas, mencionando una vez más a la chica genio. En el primer recreo, de manera extraña, estuve con el “Trío Dinamita”. José iba a participar en la competencia de los más rápidos, mientras que Cristián y Sofy en la carrera de coordinación. Según ellos, tienen una perfecta coordinación al tratarse de hacer cosas juntos e incluso llegan a usar estrategias. Esperaba ver si era cierto… Además, Cristián dijo que sería la “mascota” de la alianza. Eso sí que se esperaba; es muy famoso en el liceo y carismático. He de decir que Dani estuvo junto a mí en ese recreo, por lo que hicimos un grupo de cinco.

En ese recreo hablamos cosas del liceo. El “Trío Dinamita” era muy cotilla. Los tres se sabían la mayoría de la información actual del liceo, hasta el más mínimo rumor que existiera. Dani reía por ciertas cosas que contaban. Yo también reía pocas veces, pero no tanto como Dani. Mientras estábamos en grupo, sentía las miradas de Aura de vez en cuando. En una oportunidad choqué la mirada con ella; ésta aprovecha la situación para saludarme tímidamente con la mano, incluso estando al lado de Diego. Sí que se arriesgó… Mientras estaba con Dani y el “Trío Dinamita”, Eileen se acercó a mí de la nada y me sacó del grupo a forzadas.

- ¿Y a ti qué te pasa? – le pregunté algo molesto a Eileen mientras estaba siendo tironeado por ella.
- Necesito hablar un poco contigo – respondió ésta con seriedad y sin mirarme.
- Pues ya – dije soltándome a la fuerza –, no es necesario tirarme y apretarme el brazo.
- Era para que no te escapes – contestó burlándose –. Pero bien, vayamos al patio.

Le hice caso. Ambos salimos del gran pasillo y nos dirigimos al patio. Allí fuimos al mismo árbol donde ésta me habló con “normalidad” la última vez. El mismo lugar donde me dejó abandonado y Xavi me encontró. En ese mismo lugar, Eileen comenzó a hablarme de nuevo.

- Raúl – empezó, con la cabeza agachada – está un poco más distanciado de mí.
- ¿Qué dices? – pregunté sorprendido por lo que me dijo.
- Eso… Lo siento más distanciado.
- ¿Por qué?
- No se – decía dubitativa –. Ya no me habla tanto, no es el que empieza las conversaciones, no es el que me busca… A veces pienso que ya no me quiere.
- No digas tonterías – le contesté intentando animarla –. Yo creo que ustedes deberían tomarse más su espacio, no se… Yo siempre los veo juntos, así que eso debe aburrir – decía casi como un “psicólogo del amor”, algo muy extraño en mí y que no me había dado cuenta en ese momento.
- Cierto – dijo al fin levantando la mirada –, eso debe ser. Pero… Igual lo extraño.
- Sinceramente, si yo fuera él me aburriría. Estar todos los días al lado… aburre, la verdad.

Eileen compartió mi punto de vista y se dio cuenta de que tendría razón. Finalmente, tomó la decisión de distanciarse un poco más de él también, aunque de igual manera se acercará ciertas veces, obviamente. Después de esto, mi prima cambió el tema.

- ¿Ya encontraste la respuesta de si te gusta Aura o todavía no? – preguntó.
- Bueno… Técnicamente sí – respondí algo dudoso.
- ¿Y cuál es, entonces?
- Yo creo que sí, aún me gusta – respondí con un poco más de confianza esta vez.
- “Creo”… ¿Significa que no estás del todo seguro?
- No te lo tomes así, o sea… Sí, todavía me gusta Aura. Es más, tengo decidido confesarle esta misma semana – dije sin haber pensado lo dicho al final.
- ¿¡En serio!? – reaccionó sorprendida Eileen – ¡Entonces qué esperas! Te deseo mucha suerte – terminaba con una gran sonrisa.

Agradecí su alegría y sus ganas de que yo quedara junto a Aura. Pero estaba claro… Diego era el gran obstáculo que debía cruzar. Tampoco sé como carajo se me había ocurrido cierto disparate de confesarle a Aura en aquella semana. Realmente no estaba pensando mientras hablaba con mi prima en ese momento. Se haría una gran cantidad de problemas si llegara a confesar: Aura me mandaría a la mierda; si así no fuera el caso, sería feliz pero a escondidas de Diego; si este flaite se enterara de todo, comenzaría a joder una vez más y esta vez , sí que iría en serio, entre otras cosas… De todas formas, terminaré confesándole, ya que, conociendo a mi prima, me molestará todo el tiempo si no lo hago.

El día martes fue raro. El resto del día fue aburrido, pero durante la tarde fue entretenido. Ese día le tocó participar a Cristián y Sofy en la carrera de coordinación. Era cierto; ellos se movían perfectamente y hacían unos cuantos movimientos de resistencia, sólo como estrategia para no cansarse, o incluso hacían vencer a sus adversarios de forma “mágica”. Terminaron ganando con facilidad. Ellos fueron los que me dejaron boquiabierto aquella tarde. Luego llegó la presentación de los reyes de cada alianza. El rey en nuestra alianza era Adán, mientras que la reina era una chica de otro curso que no conocía. Pasó el tiempo, más concursos y finalmente, toca el timbre de salida.

Saltaré el tiempo que estuve en casa, que fue sólo de pensar en lo sucedido en el día y el cómo iba a decirle cierto “disparate” a Aura, e iré directamente al día miércoles. Ese era el día corto de la semana. Sería más corto aún entrando treinta minutos más tarde y con la mayoría del día en entretención. Ese era el día en que le tocaba la competencia a José en la carrera de los más rápidos. En el primer bloque de clases de ese día, simplemente no hicimos nada. Todo el curso conversaba o hacían otro tipo de juegos, como a la famosa “penitencia”. Yo, por mi parte, conversaba con Dani.

Toca el timbre y todos salen a recreo. Ahí me encontré con Xavi y conversamos. Le conté sobre lo que iba a suceder alguno de los días de esa semana, acerca de la confesión que le haría a Aura. Xavi se sorprende al escuchar la noticia y me felicita por haber tomado aquella decisión, sin embargo, al decirle que su pololo era Diego, su rostro de tanta felicidad se quita. No se puso serio, tan solo le quitó la intensidad a la sonrisa que había sacado. Sabía que si estaba pololeando sería un problema, aun mayor si se trata del líder del grupo flaite. Después de todo, Xavi continuó apoyando mi decisión. Me aconsejó que lo haga de todas maneras y que él estaría protegiéndome por si pasara algo malo.

El miércoles continuó volando. Luego tocaría el timbre para entrar al siguiente bloque de clases. En aquel bloque no hicimos nada, nuevamente, pero fue más corto que el anterior. Al igual como el de antes, estuve todo el rato conversando con Dani. Más tarde toca el timbre. Esta vez no era para ir a un segundo recreo, sino que para ir inmediatamente al gimnasio del liceo. Claro, comenzarían las actividades de aniversario del día miércoles. En ese entonces, solo debo decir que José logró superar de manera increíble a todos los demás competidores. El chico del “Trío Dinamita” corrió a una velocidad casi a la que tenía yo en el mundo de Hyrule/Términa. Sorprendió a todos los espectadores… También he de decir que dentro del gimnasio, estuve junto a Eileen en las galerías. Ésta me reiteró diciendo que confiese de una vez por todas a Aura, antes de que sea más tarde todavía.

¡No pasó nada más especial! El resto del día fue aburrido, mirando la TV en mi habitación de la casa de siempre. Así que saltaré el resto del día sin importancia e iré directamente al día jueves. Ese día me levanté con la intención de confesarle a Aura. Así que tomé toda la energía posible mientras caminaba rumbo al liceo y también dentro de él. La mañana fue lenta, pero rápida de cierto modo. En el primer bloque de “clases” le conté lo planeado a Dani, quedando sorprendido por la noticia. En el primer recreo se lo dije a Xavi, dándome ánimo y todo. Mientras que en el segundo recreo se lo conté a Eileen, quien se sorprendió, me dio ánimos e incluso consejos, como el de confesar antes de que empiecen las actividades y en el lugar donde nos conocimos, o sea, la azotea.

Con todo preparado, fui con ese pensamiento al último bloque del día tras haber tocado el timbre al final del segundo recreo. Como no ocurrió nada especial en ese rato, salvo de que estuve todo el rato conversando con el “Trío Dinamita” y Daniel, mientras las “Dears” y los flaites hacían de las suyas, me saltaré todo ese rato para ir directamente al último recreo que tuve en el primer semestre del año. Claro, no fui al otro día ni tampoco la semana siguiente. Cuando tocó el timbre, salí rápidamente de la sala y fui a la sala del 1º C. Cuando encontré a Aura saliendo, la invité a la azotea diciendo que quería decirle algo importante en ese mismo recreo. Ella aceptó y agregó que tras haber almorzado, nos juntaríamos en la azotea.

El tiempo comenzó a correr. No fui directamente a la azotea, sino que fui al gran pasillo. Ahí me encontró Xavi, con quien hablé durante un rato. Le conté lo que sucederá conmigo rato después en el recreo, a lo que me respondió dándome más ánimos, suerte y bla bla. Finalmente, tras haber conversado unas cuantas cosas más, fui a la azotea para esperar a Aura. Así que me dirigí al pabellón B, subí hasta el cuarto piso y salí a la azotea sin ser visto. Debo admitir que tras haber colocado un pie en ese lugar, comencé a sentirme completamente nervioso. Me paseaba de un lado a otro. A veces me sentaba en el banco y me volvía a parar. Estaba nervioso. Se sentía como el día en que conocí a Aura. Finalmente, se escucha la puerta de la azotea y la veo llegar. Al verme sonrió, algo que yo también hice pero nerviosamente. Me di cuenta que volví a ser el mismo tipo que conoció a Aura.

- Así que viniste – dije como saludo, balbuceando sólo por nervios.
- Hola Brett y claro que iba a venir – contestó animada y aun más sonriente – Disculpa por retrasarme un poco, es que el casino estaba lleno.
- ¡No te preocupes! – exalté.
- Está bien – dijo tímidamente y luego saca una nueva sonrisa para preguntar – Entonces, ¿de qué querías hablarme?
- Ah, bueno, si…
- ¿Qué cosa? – preguntó todavía sonriente, provocándole algo de risa por mi actitud “extraña” que tenía.
- Es que… Digamos que no es algo muy sencillo de decirlo – decía sonrojado y haciendo gestos de incomodidad y nerviosismo –. Bueno, para mí no.
- Tan solo dilo, no pasa nada – me decía con su mirada clavada a mí, aumentando mis nervios.
- Lo que pasa es que… - suspiro – OK, está bien. Aura, tú me gustas mucho y te pido que estés conmigo, por favor.

Esto último lo dije rápidamente, aunque ella logró escuchar y entender bien. Como consecuencia de mi confesión ya hecha, ésta se sorprende mucho, tanto así como para taparse la mayor parte de su rostro con sus dos manos. Sin quitarme de vista, se sonroja y saca sus manos de su rostro, enseñando una enorme sonrisa, mostrando su felicidad. Tras esto, Aura me abraza con mucha fuerza. Me di cuenta de que ella sentía lo mismo y esperaba esto con ansias, algo que también me hizo feliz.

En la habitación completamente oscura, donde estaba el joven de ropas negras, estaba él recostado en su cama leyendo un libro. De manera “misteriosa”, éste deja de leer el libro, lo deja bajo su cama y se levanta. Al estar parado, el joven mira el “techo”, sonríe y comienza a aplaudir de la nada.

- Deberías de sentirte orgulloso de tu hijo, porque está siendo bendecido por la felicidad del amor, ¿no? Creo que al fin mi querido hermano se está convirtiendo en un hombre, pero es una lástima que le aguarda un futuro muy duro y oscuro. ¿No es así, padre?

Justo cuando terminó la pregunta, el joven, que continuaba aplaudiendo todo el rato, mira a su lado derecho, donde en un rincón se hallaba una silueta de otra persona que parecía acompañarlo. De la oscuridad, se podía ver que esta persona estaba sentado en el rincón, con las manos puestas en sus piernas colocadas en el suelo, con su espalda totalmente agachada y sin haber reaccionado al oír las palabras del joven que aplaudía.

Continuará

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