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Vendetta/Capítulo 19: De Vuelta a Hyrule

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Vendetta/Capítulo 19: De Vuelta a HyruleEditar

Gente fuerte con cuerpo de roca.Editar

Calor humano… ¿Es así como se siente? Se sentía cálido, recorría todo el cuerpo y cuando se trata de la persona que más quería, me sentía feliz y cómodo. En la azotea del día jueves, semana de aniversario del liceo en julio, durante el recreo largo, me sentía de esa misma manera después de que Aura me abrazó tras mi confesión. Fue un abrazo silencioso y con mucho cariño.

- No sabes lo feliz que me hace escuchar esto – quebró el silencio Aura, durante el abrazo.
- Tenía que decirlo de alguna manera – le contesté, para que a continuación, dejemos el abrazo con lentitud y quedemos mirándonos, ambos con grandes sonrisas -. Y entonces, ¿te gustaría estar conmigo?
- Brett – respondió acariciando mi rostro -, te juro que respondería con un sí, pero…
- ¿Pero? – pregunté de inmediato esperando lo peor, mientras que ésta dejó de acariciarme.
- Pero yo estoy con Diego y ya sabes como reaccionaría – dijo bajando la mirada al final.
- En ese caso, deberías terminar con Diego. Tendría que tomárselo... – dije, siendo interrumpido.
- Por eso digo, reaccionaría bastante mal si llega a enterarse de que quiero terminar con él, que quiero a otro chico y aun más si ese chico seas tú.

Quedé corto de palabras, no sabía qué responderle. Lo que dijo era cierto; Diego reaccionaría de no muy buena manera, tanto conmigo como con ella misma. Seguro que me haría la vida imposible si algún día yo estuviera con Aura. Maldito… Como quedamos sin palabras, ambos con las miradas bajas y a menudo volviendo a chocarlas, el momento de tanta felicidad se lo había llevado el viento. Aura quebró todo todavía más diciendo: “Deseo estar contigo, pero estar con dos personas a la vez me haría sentir incómoda y no se cómo deshacerme de Diego, pero te juro que haré lo posible por terminar con él… Perdón”; tras esto, se va de la azotea y me deja a solas.

Estaba claro que la entendía. De una manera parecida me sentía yo con querer estar con ella y eliminar al flaite ese, así sería feliz de por vida con Aura tranquilamente. No la seguí ni nada por el estilo. Preferí quedarme en solitario en la gran azotea del liceo. Desde ahí miraba el patio y pensaba en qué hacer. No quería forzar a Aura para estar conmigo, pero tanto ella como yo queríamos estar juntos. El obstáculo era el flaite… ¿Cómo podría deshacerse de él, para que no nos joda la vida? Claro, se me ocurrieron dos ideas: la primera era usar a Xavi como alguien que lo amenace si intenta molestar a mí o Aura, mientras que la segunda idea era más siniestra, absurda e imposible: aniquilarlo. Esto último sí que era una locura total, además de que también era imposible…

Dejé de estar tanto rato en la azotea y bajé de allí, poco antes de que tocara el timbre para ir al gimnasio y disfrutar de las actividades del día jueves. Me reencontré con el Trío Dinamita y estuve con ellos dentro del gimnasio durante toda la jornada de actividades. Para mí ese era el último día de clases, eso lo tenía completamente claro. Lo que no tenía claro es cómo reaccionaría al estar frente a Aura de nuevo. Tras lo ocurrido en la azotea, ya no actuaría de la misma manera con ella. Ese era mi temor: que rechazara por culpa del flaite ese, o peor, que no le gustara. Al menos fue la primera opción, un pequeño alivio…

Termina la aburrida jornada de actividades y todos a sus casas. El día siguiente sería el “gran desayuno” más las últimas actividades. La otra semana terminaría el primer semestre de clases. ¡Las vacaciones comenzaron desde ese momento para mí! No me importaba en absoluto lo que se vendría en el liceo, no iría más. Tampoco me importaban las calificaciones del primer semestre. Me despedí del Trío Dinamita, diciéndoles que no me verían hasta el otro semestre. Lo mismo hice con Xavi, a quien lo encontré en la Plazuela Yungay mientras caminaba por ahí rumbo a casa. Debido a esto, decidió acompañarme durante el trayecto a casa, dejando de lado la junta que iba a hacer con otro amigo. A Daniel no lo pude encontrar, pero de igual manera, él ya sabía que no iría más a clases. Durante el camino a casa, todavía iba pensando en lo ocurrido en la azotea, pero intentaba esquivar tal tema para hablar algunas cosas de Hyrule con Xavi.

- ¿Vas a ir por el segundo elemento? – preguntó Xavi mientras conversábamos al caminar a mi casa.
- Sí – respondí -. Aprovecharé las vacaciones para viajar a Hyrule e ir por ese elemento.
- Ese es el elemento del fuego, si no me equivoco – dijo Xavi intentando recordar algo.
- ¿Estás seguro?
- No estoy seguro, pero creo que sí – decía dubitativo -. Son cuatro elementos: elemento del fuego, del viento, de la tierra y del agua.
- Vaya – dije sorprendido -, sabes más información que yo mismo…
- ¿Por qué lo dices? – preguntó entre pequeñas risas.
- Porque ni siquiera me sabía los “apellidos” de los elementos, solo sabía que eran cuatro – respondí con la cabeza agachada, pero sonriente.
- Vale, vale – dijo Xavi -. Brett, si quieres te podría acompañar en alguna búsqueda de un elemento, estoy seguro que te sería de ayuda.

Tras esta propuesta de Xavi, acepté animadamente. No obstante, le dije que en esta segunda búsqueda no le pediré ayuda hasta que sea algo grave o no sepa dónde ir. Contestó que no sea muy arrogante, pero de igual manera aceptó. Ambos continuamos conversando algunas otras cosas en todo el trayecto. Yo no iba feliz por salir de clases. No estaba contento. No, no lo estuve en todo ese rato… Finalmente llegamos a mi casa. Xavi se despidió en el jardín de la casa, diciendo que nos veríamos algún otro día.

Entré a la casa. Las “malas vibras” me rodearon justo al dar un paso en el suelo de la casa, literalmente. Almorcé a solas y luego fui a mi habitación. Como siempre, encendí el televisor y me senté en el sillón. Ahí quedé, mirando televisión. Así llegaría el momento en que recuerde con intensidad tal momento donde Aura rechazó la idea de estar conmigo por culpa de Diego. Desde ese momento, el nombre de “Diego” comenzaba a darme asco. Por culpa de ese flaite de mierda no pude estar con mi querida Aura. El deseo de verlo muerto comenzó a aparecer una vez más, mientras veía televisión apretando los puños.

Consecuencia: también me dieron profundas ganas de estar con Aura y mucha impotencia por no poder estar con ella. ¡Rabia! ¡Ira! Uno de mis días de impotencia y locura había llegado. Me levanto del sillón y en acto de rabia, desordeno la cama. Doy media vuelta y pateo el sillón, a la vez de empujar el televisor de su puesto, dejándolo en el suelo. Cierro las cortinas con brusquedad, abro los cajones, saco mis prendas y los lanzo a todos lados. Me dirijo al ropero, todavía con rabia. Abro el ropero, saco todas las ropas y al igual que lo anterior, los lanzo a todas partes. Agarro la lámpara y la lanzo a la pared del lado derecho. Finalmente, voy a la misma pared y comienzo a golpearla repetidas veces, hasta ver que mi mano comenzó a sangrar…

Tranquilo… Calma… “Relax”… Todo ya pasó. El momento de locura e impotencia ya sucedió… La mano derecha ha sufrido daño por culpa propia. ¿Qué había hecho? ¿Por qué reaccioné de esa manera? Totalmente relajado observo mi habitación. El desorden era idéntico a como estaba cuando desperté aquel día lunes post-drogadicción… ¿Qué mierda? ¿De la misma forma reaccioné aquellos días de drogas y no recuerdo nada de eso? Me sorprendo a mí mismo…

No quería reconocer lo sucedido en la azotea. No quería pensar en algo “positivo” que haya ocurrido tras lo sucedido. No, yo quería estar con Aura de todas maneras. No mandé a la mierda a Prímula en mis pensamientos así porque sí. Quería estar con Aura a pesar de que el perro con rabia esté con ella a la fuerza. Quería estar con ella incluso si no quería. ¿Tanto me atacó mi propio cerebro para llegar a pensar de esta manera de un día para otro? Ni yo me entendía, así que ustedes quizás tampoco.

Ha pasado todo. Ya relajado y algo asustado de mí mismo, me levanto y ordeno la habitación. Nadie me fue a visitar, por alguna extraña razón. No me importó. Continué dejando todo en su puesto y finalmente, volví a ver televisión. Por suerte, el televisor sufrió un daño muy leve, tanto como para seguir funcionando con normalidad. No más problemas. Con lo ocurrido, había descargado toda la ira que llevaba desde la azotea del liceo. Eso fue lo “positivo” de mi momento de locura.

Pasa el día. Todo transcurrió con total normalidad durante el resto del día. No hubo nada raro, nada. El pensamiento que tenía acerca de Aura y no poder estar con ella aparecía de vez en cuando, pero lo tomaba con mucha más tranquilidad. Aún odiaba aquella situación, pero me di cuenta de que lo mejor era esperarla. Había que esperar a que ella terminara con el flaite, así será libre. Seremos libres. Juntos seríamos felices, ambos, al menos eso creía yo y ella quizá también. Ahora solo habría que relajar mis pensamientos y mi actitud.

Llega la noche. Bajo a cenar y luego regreso a mi habitación. Allí apago el televisor rato después, voy a la cama, me pongo el pijama y me quedo dormido. Llega el día viernes. Desperté a las 13:40 hrs. Como tenía sueño de la noche pasada, entonces dormí hartas horas. Bajé al primer piso y almorcé rato después. Luego me prepararía para ir a Hyrule. Comenzaría la segunda búsqueda, el segundo elemento… Me preguntaba cual de los cuatro elementos que mencionó Xavi sería el siguiente. ¿Estará en Términa también?

Tras haber comido, me despedí de la gente que estaba en casa. Entre ellos estaba mi madre, quien se despidió con un fuerte abrazo y diciendo que me cuidara mucho, con un tono parecido a la última vez. Alcancé a ver que tenía el ojo derecho un poco morado; había sido golpeada de nuevo… Como sorpresa para ella, también le dije que se cuidara mucho, sobretodo con el animal que tiene de lado. Ella se sorprendió y quedó boquiabierta, entendiendo mi mensaje. Terminé sonriendo y finalmente, me fui de la casa.

Caminé por el camino habitual, doblando a la derecha, pasar por la pequeña carretera, llegar al Parque Cuarto Centenario, buscar el portal y cruzarlo al encontrarlo. Así fue y logré entrar a Hyrule, una vez más. Como era habitual en mis últimas entradas a dicho mundo, las ropas del “antihéroe” aparecieron. El ambiente maravilloso a ese mundo desaparecía cada vez más… Ya no era el lugar con buenas vibras que tenía antes. No, ya no lo era. Aunque no hay que confundirse… No es un mundo con pésimas vibras, como los que tiene el mundo cruel. Tampoco un mundo pesimista, como el que tenía “mi mundo”. Pero, después de todo, si Hyrule seguía así, se convertiría en un mundo como los dos mencionados anteriormente, algo que no me gustaría para nada…

Avancé por la pradera. Acababa con los monstruos que se me acercaban. Luego recordé el aparato de Prímula. Saqué dicho objeto del bolsillo derecho del short y vi que tenía una luz azul parpadeando, como siempre. Parecía acostumbrarme a dicha luz del aparato. Por un momento dudé en escuchar los mensajes guardados. Con todo lo sucedido, no tenía el valor suficiente como para escuchar ciertas palabras “típicas” de Prímula… Finalmente decidí no escuchar los mensajes.

Al continuar en Hyrule, recordé lo que me dijo la princesa Zelda antes de volver al mundo cruel: visitar a Gentel, el anciano de la comunidad minish del bosque. Así que tuve que ir al Bosque Kokiri, buscar a Saria para que me ayude a convertirme en minish y entrar a la comunidad de dicha raza diminuta. Así que eso hice. Crucé todo el Bosque de Farone, teniendo cuidado de ser golpeado por los monstruos. De igual manera, recibí algunos golpes, pero ya no eran de gran magnitud a como eran en un principio. Los golpes ya no me dolían tanto…

Llegué al Bosque Kokiri. No encontré a Mido en la entrada, porque estaba en su casa. No me importaba, yo buscaba a Saria. Como no la encontraba por ningún lado, tuve que preguntar a Mido si sabía; éste me responde, de mala gana, que estaba en algún lugar de los Bosques Perdidos. Mierda… Agradecí su ayuda de información y tuve que ir a dicho lugar, subiendo una pequeña colina encima de la casa del propio jefe Kokiri. En esa colina, tomando mano izquierda, se encontraba la cueva que conducía a los Bosques Perdidos; entré en ella.

Al estar en aquellos bosques, una canción con mucho ritmo se escuchó. Aquella canción resonaba en mis oídos todo el rato, aunque en ciertos lugares se escuchaba con más fuerza. Desde el principio, tomé mano izquierda, encontrando un área donde había dos troncos, uno más chico y otro más grande. En estos lugares no se escuchaba la música. En el tronco grande se encontraba un ser extraño encima, tocando una flauta. No me importó en absoluto dicho personaje y avancé por un camino que estaba a mano izquierda, también. Entré a una zona donde estaba un puente en medio del todo y grandes troncos. No había otro camino y no se veía a Saria. No tuve más remedio que retroceder. Volví al primer prado, lugar de donde entré, y desde el lugar que venía tomé mano izquierda.

¡Hermoso! Me equivoqué. Volví al Bosque Kokiri sin darme cuenta. Tuve que dar media vuelta y regresar a los Bosques Perdidos. Regresé al primer prado. El lado izquierdo no ayudó, hacia al frente me llevaba al Bosque Kokiri, así que no me quedó más remedio que tomar mano derecha. Ahí llegué a un nuevo prado. Aquí se escuchaba la música, de nuevo con más fuerza. En el prado había una escalera, que hacía bajar a un lugar con césped grande y algunos troncos. No estaba Saria, así que tomé mano izquierda. La música no paró de tocar.

Al cruzar dicho camino anterior llegué a un nuevo prado, donde en frente estaba una cueva diferente a los demás. Como me entró la curiosidad, decidí entrar en él. Sin embargo, al entrar llegué a un lugar extraño. Como el camino estaba cerrado por culpa de gigantescas rocas, no pude continuar. No me quedó más remedio que regresar a los Bosques Perdidos. En dicho lugar extraño no se escuchaba la música. Al regresar al prado, decidí tomar mano derecha desde el lugar que había regresado; nunca se escuchó la música y tomé mal el camino.

Volví al Bosque Kokiri. ¡Diablos! Comencé a estresarme un poco… Decidí volver. Tomé el mismo camino anterior: derecha e izquierda. Volví al prado donde me perdí y, como si de un milagro se tratara, encontré a Saria que venía de vuelta. Le dije que la estaba buscando y que necesitaba de su ayuda para convertirme en minish, a lo que ella aceptó ayudarme, pero antes visitaría a un amigo. Desde ese momento memoricé el camino del principio. El amigo al que se refería Saria era aquel personaje que tocaba la flauta en el prado de los troncos. La chica Kokiri le habló por un rato y ambos reían de vez en cuando. No entendía nada de lo que decían. Una curiosidad es que desde el momento en que estuve con Saria, la canción no paró de tocar en ningún momento, hasta haber salido de los Bosques Perdidos.

Al salir de aquel lugar, Saria y yo nos dirigimos al típico portal minish que usaba para entrar a la comunidad minish del bosque. Iba cuidándola de posibles ataques enemigos en el camino. Al llegar a dicho portal minish, subí encima del tronco y Saria comenzó a cantar aquella melodía extraña. En poco rato, tomé la forma diminuta. La Kokiri dijo que me cuidara y tenga suerte en el camino, agregando que esperaría mi regreso. Estando con el cuerpo diminuto, me dirigí hacia la comunidad minish del bosque con cuidado. Al llegar a destino, fui directamente a la casa del anciano minish, Gentel.

- Así que has vuelto sano y salvo, chico – dijo el anciano al verme.
- Sí, además con un objeto que no se ve todos los días – dije sacando del bolsillo izquierdo de las ropas la piedra morada que representaba el elemento de la tierra.
- Ya veo – contestó mirando la piedra -. También me doy cuenta que has logrado obtener las legendarias ropas del antihéroe, me agrada mucho ver ese detalle.
- Sí, todos dicen algo parecido – dije guardando el elemento.
- Estos detalles son suficientes para confiarte el segundo, el Elemento del Fuego.
- Con que era el Elemento del Fuego; Xavi no se equivocó – susurré a mí mismo, para luego alzar la voz -. ¿En dónde lo puedo encontrar?
- Está en cuidado con la orgullosa raza Goron de la Montaña de la Muerte de Hyrule, así que no debería ser “tanto problema” intentar pedírsela.

¡Estaba fácil la misión! Se sabía que pedir tal objeto no era tanto problema, además de ahorrarme un largo viaje como el que tuve en Términa. Ahora solo era cosa de subir hasta la mitad de la Montaña de la Muerte, llegar al lugar donde están los Goron, pedirles el elemento del fuego y listo, así lo podría obtener. Agradecí la información del anciano minish y me dirigí al portal con forma de tronco, donde estaría Saria esperando mi regreso para volver a mi tamaño original.

Al volver a mi tamaño, gracias a la ayuda de Saria, le agradecí y la ayudé dejándola en el Bosque Kokiri. Luego continué mi camino en solitario, pero se haría tarde. Así que decidí ir al Rancho Lon Lon y quedarme allí durante el resto de la tarde y también la noche. Todos me recibieron con los brazos abiertos, extrañando mi ausencia de tanto tiempo. Estaban felices, sobretodo Talon, quien tenía ganas de echar algunas partidas de cartas conmigo, junto a Malon e Ingo. Así que tras haber cenado con ellos, jugamos a las cartas, donde el ganador fue Ingo por mayoría de partidas ganadas.

Llega la noche absoluta, cuando todos se fueron a dormir. En aquel entonces volví a tener una de esas pesadillas extrañas, que parecían “premoniciones de malas intenciones”. El primero fue del Capitán Keeta, cuando me echaba de sus tierras. Esta vez, el sueño fue diferente. Estaba en el centro de una discusión. En ese lugar estaba lleno de gente Goron, que discutían de algo desconocido. Todos me apuntaban a mí, quien tenía en manos la piedra del elemento de la tierra. A continuación, se escucha un fuerte gruñido. Levanté la mirada asustado y… No había nada. Los Goron habían desaparecido y todo el fondo era negro, totalmente oscuro. Sin embargo, la oscuridad cesa cuando unas llamas aparecen de la nada. Estas llamas rodeaban un gigantesco monstruo, que aparentaba tener el cuerpo absolutamente quemado. En su cabeza había una especie de piedra brillante, roja, que brillaba con intensidad. En frente de aquel monstruo, un ser flotaba y emitía luz propia. Era el mismo ser que apareció flotando al frente de Keeta en la pesadilla anterior… Estaba un poco más cerca esta vez, pero no logré identificarlo. El monstruo, quien parecía estar encadenado, logra levantar su brazo derecho y con toda su potencia, me da un golpe. Justo al recibir el golpe, desperté en la cama de mi habitación del Rancho Lon Lon, con sudor.

¿Qué diablos fue esa pesadilla? Al igual que el sueño anterior, no entendí a la perfección dicho mensaje. Ahora lo que más me extraño de todo no fue la discusión de los Goron, tampoco ese monstruo gigante que me atacó; lo que me extrañó más fue la aparición repetida de ese nuevo personaje que emitía luz propia blanca y flotaba en frente de los monstruos gigantes de mis pesadillas. ¿Quién mierda era y qué hacía ahí, como si nada estuviera pasando? Lo que puedo notar es que me mira en las pesadillas, me mira con mucha atención…

Me levanté de la cama, aún un poco asustado por la pesadilla. Decidí ir al baño y mojarme un poco la cara. Ya en el baño y con el rostro mojado, me di cuenta que el aparato regalado por Prímula volvió a tener la típica luz azul parpadeando. Volví a preguntarme, ¿escucho los mensajes o no? Esta vez decidí por un “sí”. Golpeé suavemente el aparato y lo puse en mi oído izquierdo. “Deseo verte”, “estoy esperándote”, “respóndeme, por favor”, “te extraño”, “cuídate”, “que estés bien”, “te quiero mucho”; esas eran las frases que más se repetían en los mensajes. Nostalgia… Nostalgia pura hacía que extrañase a Prímula, después de todo. No, yo quería a Aura, no quería a Prímula. ¿Este sentimiento extraño otra vez?

“Relax”… Esto pasa solo porque escuché los mensajes y nada más. Yo quiero a Aura. Me declaré delante de ella. Le propuse estar conmigo. Esperaré su respuesta definitiva. Sí, esa es mi situación actual. Prímula, no deberías de entrometerte… Aura debería ser la chica en la que piense todo el día. Ella es quien debería estar en mi mente cada segundo. Prímula, ¿por qué vuelves a pasar por mi cabeza de vez en cuando? Ayúdame, Glasse…

Regreso a mi cuarto, con imágenes de Prímula en la cabeza y sin haberle respondido con un mensaje. Quería detenerme. Así que me recosté e hice lo posible por dormirme de inmediato. Tardé un poco, pero logré dormirme. Desperté al día siguiente. No volví a tener una nueva pesadilla, por suerte. Tomé el desayuno con los granjeros y me preparé para ir a la región de Eldin, lugar donde está la Montaña de la Muerte y a sus pies, Kakariko. Recordé que no tenía escudo y estaba a la venta el Escudo Hylian, pero no tenía dinero. Así que la idea de tener un escudo se fue olvidando.

Salí del rancho a las 09:00 hrs. de la mañana aproximadamente. Fui caminando en dirección directa a Kakariko. Mientras iba caminando, sentía la observación del “protector”, según Xavi, que tengo en Hyrule, aquel personaje anónimo que me sigue siempre. Por el camino me encontraba con varias criaturas, principalmente Bokoblins, Bomskits y Peahats; los dos primeros los vencía con facilidad, mientras que a los Peahats los evitaba. A pesar de no conocer cómo en realidad atacaban, los esquivaba por temor.

Llego a Kakariko. Había llegado por tercera vez al pueblo “principal” de la región de Eldin y por segunda vez pisaría la Montaña de la Muerte. Aquel pueblo, que se encontraba silencioso en esos tiempos, estaba un poco más diferente a lo habitual. De pronto, el aparato de Prímula comienza a hacer cosquillas desde el bolsillo de mi short. Saqué el aparato y me di cuenta que hacía parpadear una luz roja repetidas veces. Estaba claro, esto señalaba que Prímula me estaba dando una llamada. La luz se apagaría dentro de un minuto si no contesto, lo que obligaría a Prímula dejar el llamado; eso hice. No contesté. Pasó menos de un minuto y la luz roja desapareció del aparato. Y pensar que antes deseaba un llamado en vivo con ella…

Olvidé lo sucedido y guardé el aparato, centrándome de nuevo en mi misión. Podía ver la Montaña de la Muerte desde el mismísimo pueblo. Sin más preámbulos, fui directamente al camino de subida a la montaña. Nadie me detuvo. Nada me detuvo. Estaba centrado en lo que iba a hacer. Para comenzar con el camino, primero tuve que caminar en línea recta, para luego ir a la izquierda. Tras esto, habrá que doblar a la derecha y se deberá caminar recto por un largo camino, el cual era algo peligroso debido a que caían algunas rocas y que pasaban rodando por la zona.

No quise caminar, así que corrí por todo ese largo camino, con mucho cuidado con las rocas. También habitaban algunos Tektites Rojos por la zona, a los que también evadía y acababa con algunos. Al final del camino se hallaba una cueva, la cual se llamaba “Cueva de los Dodongos” según el letrero que estaba fuera. A la derecha había otro camino que llevaba a un lugar más alto; ese camino tomé. Por ese camino de subida no pasaban rocas, por lo que subí caminando. Luego llegaría a otra zona, donde se encuentra un banderín rojo, indicando el peligro de la zona. En ese lugar el camino se divide en dos: uno que conduce a la cima y otro que lleva a la zona de los Goron. Lo que buscaba era esto último.

Por el camino a la “Zona Goron”, un Goron pasaba rodando intentando atacar a los visitantes. Sin embargo, esquivarlo era muy fácil, porque tenía un patrón en su movimiento: pasaba a estrellarse con la pared, cambiando de dirección. Se podría aprovechar ese momento para pasar por el muro justo después de que se estrellase, evitándolo. El choque del Goron puede causar confusión a un visitante muy novato… Además, hay un gran acantilado en esa zona, por lo que sería muy peligroso pasar a chocar o caerse por allí, sino sería muerte instantánea. Al fondo de todo el camino se encontraba la cueva que conducía a un lugar llamado “Ciudad Goron”, según el letrero que estaba justo afuera. Pude entrar con total libertad, porque no estaba siendo custodiada.

Entré a la Ciudad Goron. Se trataba de un lugar con varios pisos. Lo extraño es que la entrada está en el último piso y el jefe Goron está en el primero. Debería ser lo contrario… El lugar podría llamarse “ciudad”, pero parece algo más pequeño que un pueblo. A la mierda con toda esta lógica. Parecía más una guarida. Hasta muy pocos Goron residían en aquella “ciudad”. Más vida se encuentra en el Santuario Goron de Términa, donde sólo se hallaban dos habitaciones…

Volviendo al tema de mi misión y dejando mis impresiones a ese lugar, bajé piso por piso hasta llegar al primero de todos. Me dirigí hasta la habitación donde estaría el jefe Goron, el cual estaba siendo custodiado por un solo Goron, quien no tenía un rostro muy amigable. La puerta estaba completamente sellada. Le pregunté al guardia Goron, pero éste de mala gana dijo que no molestara al jefe, porque estaba ocupado en otros asuntos y no querrá ver a ninguna persona, excepto a un miembro de la Familia Real de Hyrule o una persona que lo pueda ayudar en “algo”.

No pude hacer nada. Contra los Goron no podía hacer nada. Cuando están de mala actitud, es mejor no empeorarla. Después de todo, lo que me importó fue ese “algo” al que se refirió. ¿Qué quiso decir? ¿El jefe Goron necesita ayuda? ¡Aquí está su antihéroe, señor jefe Goron! No creo que yo sirviera de ayuda, después de todo. Me aparté del guardia Goron y de la misma puerta sellada. Ahora comencé a planear una idea para al menos poder entrar a la sala del jefe Goron. En el primer piso también se encontraba un gigantesco jarrón, rodeado de cuatro antorchas apagadas. En el lado izquierdo se hallaba otra puerta, pero ésta estaba abierta, la cual conducía a la Tienda Goron. Era carísima, en ese entonces… En la puerta de la tienda, se encontraban dos “flores” bastantes extrañas, jamás vistas.

Subí al segundo piso. Caminando por los pasillos de la “ciudad”, me encontraba con muy pocos Goron en el camino. Uno me habló acerca de un objeto llamado “Bastón Deku”. Él tocó el tema debido a que escondió uno cerca del lugar en que estaba y se olvidó donde lo dejó; que mala memoria… Al lado había unos jarrones. Como estaba en busca de rupias, como una búsqueda secundaria aparte de mi misión, me interesó destruirlas. Al romperlas, un jarrón me entregó una rupia azul, equivalente a cinco rupias; mientras que en el otro jarrón había un palo nunca antes visto. El Goron vio que obtuve dicho palo y se refirió a él como un “Bastón Deku”. ¿Así que esa cosa era? Era un palo grande de madera, con una pequeña hoja en lo alto; podría arder fácilmente.

Continuando con mi expedición dentro de la “ciudad”, en el tercer piso había un Goron que rodaba por todo un circuito circular, así que había que tener cuidado. Había un muro fácil de romper y a cada lado de ese muro, se hallaban dos flores muy extrañas, iguales a las que estaban a cada lado de la puerta de la tienda. Más a la derecha había otro camino, que al acercarse se encontraba el paso cortado por gigantescas rocas y, nuevamente, “flores extrañas”. Al acercarme a las rocas, pude escuchar una melodía ya antes escuchada: la melodía de los Bosques Perdidos. Recordé en ese instante que mientras estaba perdido en aquellos bosques, entré a un lugar donde había grandes rocas cortando el camino. Como el lugar en que estaba era idéntico, entonces me di cuenta que sin tener conciencia, había pisado anteriormente la Ciudad Goron. Vaya, vaya…

Volví con mi expedición y volvería al último piso, donde estaba la entrada/salida de la “ciudad”. Tomando mano izquierda desde la entrada/salida, se hallaba una “cueva”, pero el camino para llegar a ese lugar estaba tapado con rocas. Como los Goron son fanáticos de las rocas, era muy normal ver dichas cosas por todo el lugar.

¿Qué debía hacer? Necesitaba ver al jefe Goron, pero en ese instante era imposible y no sabía qué hacer. Así que en cuestión de necesitar ayuda, comencé a hablar con Goron por Goron que encontraba. Algunos me hablaban cosas que no me interesaban, como la Cueva de los Dodongos, lugar que funciona como una caverna de comida para ellos. Sin embargo, un Goron que estaba en el primer piso, aparte del Goron que cuidaba la entrada del salón del jefe, me dio información útil; él me dijo que si podría encender las llamas de las cuatro antorchas del primer piso, el gigantesco jarrón central comenzará a moverse, haciendo que Ciudad Goron sea feliz y también dándote altas posibilidades de llamar la atención de su “Patriarca Goron”.

¡Genial! Menuda información había obtenido, pero… ¿cómo hago para encender las llamas? No veía fuego. Además, todas las antorchas de la “ciudad” estaban completamente apagadas. ¿Cómo diablos quiere que las encienda? Necesitaba ayuda… ¡Y así recordé a Xavi! Le dije que lo llamaría por si necesitaba ayuda. ¿Tendría que volver al mundo cruel para decirle todo? ¡Diablos!

Buscaba… Buscaba y buscaba fuego por todos lados, pero mis intentos eran totalmente en vano. Era imposible, no había fuego por ningún rincón de la Ciudad Goron. Como “casualidad de la vida”, por un pequeño movimiento casual por la molestia que tenía, pasé a patear una de las flores extrañas que se encontraba en el tercer piso. Al patearla, ésta encendió una luz roja que parpadeaba de lento a rápido cada vez que pasaba el tiempo y una pequeña llama se encendió encima. ¿Qué mierda? Me dio curiosidad y me acerqué a ver… Mal movimiento. Muy tarde me di cuenta que la llama que se encendió encima se acercaba cada vez más y más a la “bola negra” y también de que la luz roja parpadeaba con más intensidad. Como me tardé mucho, justo me di media vuelta cuando la cosa estalló.

“¿Pero qué demonios había pasado? ¿Acaso esa “flor” se convirtió en una especie de bomba?”; eso me pregunté cuando salí volando, cayendo directamente al primer piso. Por suerte no perdí la conciencia, no me fracturé una parte del cuerpo, no pasé a quemarme ni nada grave, sólo me dolió la caída y me dio un pequeño dolor de cabeza. El Goron que me había dado la información sobre las antorchas y el otro que me habló acerca de los Bastones Deku, se acercaron a mí para atenderme. El guardia Goron ni se inmutó.

- ¿Acaso te estalló una Flor Bomba? – preguntó el Goron del primer piso al acercarse y atenderme, sacando de la nada una botella con Poción Roja para dármela.
- ¿Q-qué? – balbuceé, tomando la botella y dándome cuenta del dolor de cabeza y de la caída.
- Es que sentimos un estallido allá arriba y pensamos que te estalló una Flor Bomba, como esas de ahí – dijo el mismo Goron, apuntando a las “flores extrañas” que estaban a cada lado de la puerta de la Tienda Goron.
- ¿Flo-flores bomba? – continué balbuceando - ¿¡Por qué no me dijeron que eran bombas!? Ay… - pregunté histérico y terminé quejándome del dolor de cabeza.

Ambos Goron agacharon la cabeza en señal de disculpas, a lo que dije: “No se preocupen y gracias por la poción”. Bebí la Poción Roja, sintiendo la corriente de energía por mi cuerpo al instante. Tras esto, los Goron me dijeron cómo usar una de esas peligrosas flores: si tenía la fuerza suficiente para arrancar una, podría sacarlas de su raíz y utilizarlas como bombas, pero cuidado, porque estallarían dentro de diez segundos. Interesante…

Ya totalmente recuperado, volví a agradecer por la poción y también por la información nueva que había obtenido. Tras esto, usé algo de mi pensamiento lógica: al estallar una Flor Bomba, hará que se disperse fuego. ¡Genial! Si colocaba una de esas flores encima de una antorcha, aquella antorcha se encenderá. Tendría un límite de ocho segundos de arrancarla y colocarla en posición, porque la bomba estalla en diez segundos. Tendría que ser rápido… Volví a subir hasta el tercer piso y observé todo el lugar. Había cuatro antorchas: una estaba al norte, justo al lado del guardia Goron, otro a la derecha del jarrón gigantesco y los otros dos al sur, o sea, el camino hacia la subida. Los tres últimos serían fáciles, porque la flor bomba que utilizaría estaba al sur, ¿pero la que está donde el guardián Goron? Mierda…

Hice el intento. Usé fuerza para arrancar la Flor Bomba, de la misma raíz de la bomba que estalló frente a mí, y con cuidado de ser atropellado por el Goron que rodaba por ese lugar, calculé el lugar justo para colocar la bomba en una de las antorchas del sur. Dicha bomba cayó encima y al estallar, la antorcha comenzó a encenderse poco a poco, hasta finalmente arder. ¡Excelente! Utilicé el mismo proceso con la otra antorcha cercana y luego con la del este, o sea, la que está en el lado derecho del jarrón gigantesco; éste último fue más dificultoso, tanto así como para utilizar cuatro flores bombas para completar la tarea.

Quedó el último… Si se me dificultó el último que había hecho, el otro sería aun más difícil. Lo peor es que la distancia era aun más y, según los cálculos que tenía, llegaría a esa zona justo a los diez segundos o incluso faltaría tiempo, por lo que la bomba estallaría en mis manos. ¿Qué haría? Quedé pensando un momento y se me ocurrió la idea de buscar alguna otra flor cercana a aquella. Pero luego pensé otra cosa: la antorcha estaba muy cerca del guardia Goron, por lo que estallaría frente a él y se enfadaría conmigo.

¡Diablos! No podía hacer nada. No tenía un pensamiento lógico para terminar la tarea. ¿Tan difícil era encender cuatro malditas antorchas? Antes de ponerme histérico y patear otra flor bomba más, se me ocurrió una nueva idea: el Bastón Deku. Recordé que dicho palo ardía con facilidad al fuego. Así que al exponerlo con una llama de alguna antorcha, el palo se encenderá y podré colocar el fuego en la antorcha apagada, encendiéndola. Hubiera sido mejor pensarlo antes y ahorrarme tanto esfuerzo de sacar bombas de la flor y correr como loco… Así que bajé de inmediato al primer piso, corriendo. Al estar frente a la antorcha del lado derecho del jarrón, saqué el Bastón Deku y lo expuse a la antorcha, encendiendo el palo. Corriendo me dirigí a la antorcha apagada y, al juntar el palo encendido con las brasas de la antorcha apagada, ésta comenzó a arder.

“¡Sí! Al fin terminé”; justo después de que las cuatro antorchas por fin estaban encendidas, el jarrón gigantesco comenzó a moverse. El guardia Goron por fin dejó de estar a brazos cruzados y con cara seria, para bajar los brazos, sonreír y quedar expectante al ver el jarrón moverse. Todos los Goron se alarmaron también y salieron de sus puestos para ver el jarrón. Además, todas las antorchas de Ciudad Goron se encendieron juntas, dando luz y mucha más “vida” al lugar. De pronto, los Goron comenzaron a gritar todos juntos, o mejor dicho, a cantar una melodía extraña. Fue tanta la atención del movimiento de aquel jarrón, que hasta el Goron que rodaba por el tercer piso se detuve para espectar.

¿Hice feliz a Ciudad Goron? ¿Logré “dar vida” a este lugar que permanecía muy silencioso durante todo el rato? Por un momento me alegró lo que estaba presenciando. Toda Ciudad Goron había “despertado” por lo que había hecho. No podía creerlo. Sin darme cuenta, una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras miraba a cada Goron feliz. Muchos no miraban solamente el jarrón, sino que a mí. Uno de estos Goron era el guardia, quien se acercó a mí sólo para elogiarme. ¿Acaso ellos no podían hacer esto? Vaya… Todos estaban felices. Parecía un ritual de felicidad. Por fin estaba en un lugar con tanta alegría…

Sin embargo, la alegría se “apaga” para mí al ver que la puerta sellada del salón del jefe Goron se abre. Todos los Goron guardan silencio y quedan expectantes al ver salir a un Goron más bajo de los que había visto hasta el momento. Este Goron tenía complexión un poco más ancha que los demás, más bajo, usaba un manto entre sus piernas, algunas marcas moradas en su cuerpo (diferenciándose de los otros Goron que había visto), tanto en la panza como en sus dos brazos, un poco de pelo y barba en la cabeza, los típicos ojos azules oscuros, una gran boca y tenía muchas arrugas. Era viejo, se notaba a simple vista. Este Goron ve el jarrón moverse, se pone de brazos cruzados, sonríe y mira a su alrededor.

- Veo que tenemos un visitante entre nosotros – dijo en tono algo sarcástico, a sabiendas de que estaba yo casi a su lado -. ¿Se puede saber quién es?

Quedé dudando un poco de mostrarme o no. ¿Acaso me hará algo malo? Toda la alegría en Ciudad Goron se había apagado por un momento. El guardia Goron parecía estar escondiéndome. No obstante, tomé valor y me mostré frente a él. Unos cuantos murmullos se escucharon por todo el lugar al presentarme sin importarme nada frente al “Patriarca”. El anciano Goron, en un principio, quita su sonrisa al verme, pero cortos segundos después, vuelve a enseñarla.

- ¿Acaso un pequeño niñito viene hacia acá, dando alegría a mi pueblo sólo para buscarme? – preguntó con ironía.
- Sí – respondí con seriedad.
- Vaya. ¿Y a qué se debe? – volvió a preguntar, aún con los brazos cruzados y con su peculiar sonrisa.
- Lo he estado buscando, porque según mi información usted sabe algo acerca del elemento del fuego.
- ¿El Elemento del Fuego, dices? – preguntó, esta vez quitando su sonrisa y bajando los brazos, para colocarlos a cada lado de su cadera - ¿De dónde sacaste eso?
- El anciano minish de la comunidad del Bosque de Farone, Gentel, me lo dijo – respondía con seriedad; al decir esto, varios murmullos volvieron a escucharse por toda la “ciudad” y el anciano Goron se sorprende.
- ¿Minish? ¿Pero cómo has hablado con ellos? – preguntaba en tono sorprendido, dejando totalmente la ironía.
- Yo sabré – contesté esta vez sonriente -. Si él me dice eso, de seguro que no es mentira, ¿o me equivoco? – terminé devolviendo lo irónico.

El Goron queda en silencio por un rato, mientras los murmullos en la “ciudad” se escuchaban todo el rato. El “Patriarca Goron” quita su expresión de sorpresa y vuelve a tomar la misma postura que tuvo en el principio de la conversación: sonrisa irónica y brazos cruzados, con la mirada fija a mí.

- Veo que deseas profundamente el elemento, ¿no? – toma una pequeña pausa – Está bien. Me has sorprendido al lograr despertar la “vida” a esta ciudad, algo que no se ha hecho de hace bastante tiempo. Así que eso gana posibilidades para darte el elemento, sin embargo, antes deberás pasar otras pruebas, que si logras pasarlas, ayudarás a mí y a mi gente, también ayudándote a ti mismo para obtener el elemento, ¿de acuerdo? – propuso.
- De acuerdo. ¿Cuáles son las pruebas? – dije sin inquietud.
- La primera es demostrar tu fuerza, ganándome en un combate de sumo; la segunda es verificar tu puntería con el arco, porque lo necesitarás para la tercera y última prueba, la cual no te la diré hasta que hayas pasado las dos primeras pruebas.
- Está bien – contesté confiado.

Todos los Goron, que por un momento estuvieron completamente felices, quedaron atónitos a la escena creada entre yo y su “Patriarca”. Este anciano Goron me lleva a su sala, el cual era una especie de gimnasio de sumo y al fondo del todo, se encontraba un pasadizo custodiado por otros dos Goron. El “Patriarca”, cuyo nombre me lo dijo al presentarse en dicha sala, Gorleone, me dijo que dejara mi equipamiento en algún lado del lugar, ya que sería incómodo combatiendo con aquellos objetos.

Al estar bien preparado, Gorleone me dio las indicaciones básicas de sumo y me volvió a preguntar si de verdad estaba dispuesto a pelear con él, a lo que volví a responder con un “sí”. Tras esto, ambos nos subimos a la arena circular, empezando el combate. Cada uno nos colocamos en posición de guardia y a la cuenta de tres, la pelea comenzaría. El Goron “juez” dio la cuenta regresiva, comenzando con “Tres” y terminando con “¡Ya!”. Justo al escuchar ese último grito, me corrí hacia la derecha, evitando una bofetada de Gorleone. Aproveché ese descuido suyo para agarrarlo y empujarlo; sin embargo, su cuerpo era extremadamente pesado. No pude moverlo ni siquiera un centímetro… Se escucharon de otros Goron al ver que me era imposible moverlo. Gorleone se suelta fácilmente al minuto y de inmediato me da un bofetada, mandándome por los aires y saliendo del círculo, terminando el combate con un triunfo fácil y limpio para el Goron.

¿Pero qué mierda? ¿Así de fácil terminé derrotado? Ese tipo pesaba toneladas… Había perdido fácilmente la primera prueba de la “apuesta” de Gorleone. Tras el término del combate, todos los Goron expectantes, que provenían de la “ciudad”, se sorprendieron al ver mi derrota y murmullaron, mientras que los Goron que estaban en la sala de Gorleone desde antes sólo sonreían, hasta unos dos terminaron riendo, aunque suavemente. Por su parte, Gorleone, con su típica sonrisa y postura de brazos cruzados, me quedó mirando y dijo, en un tono algo sarcástico: “¿Te das cuenta? No eres de nuestra ayuda y tampoco eres alguien merecedor del Elemento del Fuego. Inténtalo en otra ocasión, a ver si eres el primer Hylian que me derrota. Yo y mi gente te estaremos esperando”.

Quedé humillado. Estaba tirado en el suelo, con el golpe del Goron marcado por todo mi rostro y parte de mi pecho. No le podía contestar algo, terminaría aun más humillado. Eso me dio rabia y ganas de vengarme, con ganas de ganarle fácilmente y humillándolo frente a toda su gente. Antes de que me pudiese levantar a cuenta propia, unos cuantos Goron me fueron a ayudar amablemente, me entregaron mis objetos y me acompañaron a salir de la sala de Gorleone. Quedé con este grupo de tres Goron dentro de Ciudad Goron, grupo que estaba compuesto por el guardia Goron de la puerta de la sala del “Patriarca”, el Goron que me ayudó con la Poción Roja y otro con el que había hablado en el piso más alto de la “ciudad”. Desde ese momento, comencé a pensar en una forma de acabar con Gorleone…

En la habitación oscura, donde estaba el joven de ropas siniestras jugaba al ajedrez con el otro personaje misterioso, quien no se le podía ver ni siquiera una silueta exacta de él debido a la oscuridad. El joven de ropas oscuras hace un movimiento con una pieza, a lo que el otro personaje rápidamente mueve una torre y dice, con un tono de voz bastante grave malgastada, como si de un fumador se tratase:

- Jaque mate.
- ¡Vaya, vaya! – exclama el joven de ropas oscuras y comienza a aplaudir – Me has ganado por octava vez consecutiva. Ahora entiendo el porqué te llaman como “Penúltimo de Todos: El Lógico y Estratega”.

A continuación, el joven deja de aplaudir, mientras que el otro personaje triunfador del juego de ajedrez no se movía en absoluto. Tras un largo rato de silencio, el personaje de ropas oscuras queda mirando su acompañante de habitación, a lo que sonríe mientras lo mira. El personaje triunfador del ajedrez, sin embargo, como algo extraño en ver en él incluso para el joven, retoma la palabra.

- Fuerza… Venganza y humillación…
- Veo que igual puedes ver los sentimientos y deseos de mi hermano, ¿eh? Sí que estás conectado con él, padre mío. ¡Te felicito! – termina el joven con sus típicos aplausos y comenzando a reír irónicamente, mientras el otro personaje empieza a menearse en su silla de atrás hacia delante, en un principio lentamente a rápidamente, como si de un loco se tratase…

Continuará

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