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Vendetta/Capítulo 20: Días de Entrenamiento

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Vendetta/Capítulo 20: Días de EntrenamientoEditar

Aprendiendo nuevas habilidades.Editar

¿Ahora qué? Se suponía que los Goron me entregarían el elemento del fuego con facilidad, como había dicho el minish Gentel, pero no. Resultó que debo pasar por una prueba imposible de superar. Si esa sería la primera prueba, de derrumbar a Gorleone en la pelea de sumo, me pregunté cómo serían las otras dos mierdas de pruebas posteriores. Estos Goron estaban locos.

Así estuve reflexionando en las afueras de la ciudad Goron, o sea, aún estaba en la Montaña de la Muerte. Estaba de noche, ya había caído. La noche en la montaña era helada. Tenía algo de frío, pero lo aguantaba. No quería irme de la montaña. Una extraña sensación me pedía que no abandonase dicho lugar. Así que por eso estaba sentado en medio de un círculo de rocas en las afueras de la ciudad Goron, como si estuviera esperando algo. Pero yo no esperaba algo, sino que estaba reflexionando. Tal vez sí estaba esperando algo: una respuesta para vencer a Gorleone. La respuesta no tardó mucho en llegar, pues había llegado al lugar donde estaba yo alguien muy conocido: Xavi.

- ¿Xavi? – pregunté levantando la mirada, justo al escuchar su voz después de su saludo.
- Sí, soy yo – me confirmó mientras se acercaba.
- ¿Qué haces aquí? – pregunté confuso.
- Suponía que necesitarías ayuda – respondió con total tranquilidad, mirando los alrededores de la montaña ya estando cerca de mí - y veo que no me equivocaba, así que vengo a ayudarte – terminó deteniéndose frente de mí, pero fuera del círculo de rocas.
- Sí… Tengo un problema, pero creo que hasta para ti te sería imposible – dije negativamente.
- Cuéntame – dijo mientras se sentaba en la tierra, aún fuera del círculo de rocas.
- Pasa que – comencé tras un suspiro – estoy en busca del segundo elemento, objeto que lo tienen los Goron, pero para obtenerlo, el monarca me dijo que debía pasar tres pruebas; yo, perdí en la primera.
- De seguro fue una en donde pondrían a prueba tu fuerza física – comentó en tono de interrogación.
- Sí, ¿cómo lo sabías? – contesté sorprendido.
- Digamos que ya estuve en estos lugares en más de una ocasión – respondió sonriente.

Entonces, empecé a contarle todo lo sucedido, comenzando de nuevo con el tema del elemento y luego continuamos conversando algunas que otras cosas. Como siempre, hubieron preguntas que se me volaron durante la conversación, como esta: ¿cómo sabía realmente que yo estaría en problemas y necesitaría ayuda? Xavi sí que le gustaba predecir. Un caso idéntico fue lo que sucedió en el parque con los flaites. Qué más daba. En todo caso, Xavi era un protector que tenía, así que de alguna manera debería saber que yo estaría en algún aprieto. Aunque… esa última teoría no me convencía ni ahora tampoco, no se el porqué.

- Y bien – dije en algún momento de la conversación -, ¿cómo piensas ayudarme?
- Se ve imposible, eso lo sabemos muy bien, tanto tú como yo. Aunque tengo una pequeña idea, que tal vez funcione – respondió pensativo.
- De todos modos, habría que intentarlo, ¿no? – intentaba convencerlo.
- Eso es lo que vamos a hacer: intentarlo – dijo con firmeza.
- ¿Y cuál es la idea, entonces?
- Escúchame con atención: se supone que el portador del Cristal Dorado tiene el don de aumentar considerablemente sus cinco sentidos, los cuales se desarrollan por sí solas. Sin embargo, hay ciertas habilidades que también entrega el poder del cristal, pero éstas no se desarrollan a cuenta propia, sino que el portador deberá entrenar, preparar y finalmente, utilizar ese nuevo poder desarrollado – contó con algo de seriedad, pero dibujando una leve sonrisa.
-Ya lo pillo, ¿quieres decir que se podría desarrollar mucha más fuerza de la que tengo?
- Exacto – afirmó -. Además, el legendario portador también logró desarrollarlo. Le tardó un tiempo, pero lo logró. Así que no creas que si esto llegara a ser exitoso, no tendrás fuerza “increíble” de la noche a la mañana – terminó en tono risueño.

Meneé la cabeza de arriba hacia abajo, afirmando, con una sonrisa “pícara” después de decirme lo último. Ahora llegó otra interrogación: ¿a quién se refirió con “legendario portador”? Se suponía que era yo el “legendario”, según la princesa Zelda. Este temita del “portador” y lo “legendario” cada vez se me había puesto más confuso, pero como había dicho en un párrafo anterior, se me volaban las preguntas importantes en los momentos de conversación, por lo que no le pregunté a Xavi. Después de todo, no se me voló la pregunta para saber cómo diablos hará éste para ayudarme a desarrollar la fuerza física.

Pregunta resuelta. Xavi ni dudó en responder, tenía todo planeado. Él me dijo que me ayudará usándose él mismo como una fuerza contraria a mí, para así ir comparando con el paso del tiempo. Me ayudará diciéndome qué era lo que debía levantar o empujar a medida que avanzara en el entrenamiento. Terminó diciendo que el entrenamiento comenzaría al día siguiente, ya que podría tardar en el desarrollo y no sería bueno tardar hasta fin de mes, porque las clases comenzarían justo después de acabar julio.

Ambos nos quedamos durmiendo pasos más adelante del lugar donde estábamos conversando, bajo un lugar parecido a una cueva. Xavi me pasó unas mantas para que no pasara frío, asimismo él también tenía las suyas. Pareciera que tendría todo calculado antes de viajar hacia la montaña, con la intención de encontrarme…

Así pasó esa noche y llega el día siguiente. Desayunamos con comida que llevó Xavi y tras el reposo, comenzó el entrenamiento. Antes de ir al entrenamiento oficial, Xavi pidió que lo empujase con todas mis fuerzas. Así que eso hice, lo empujé con todas mis fuerzas. Sin embargo, cuando hice choque con él, no logré empujarle ni un centímetro. ¿Cómo mierda? Él me dijo que logró ruborizar tanto su cuerpo que llegó a quedar equivalente al peso del cuerpo de un Goron. Ahí estaba la respuesta… ¿Pero cómo lo hizo? “Cosas de Xavi”.

Luego de ser “humillado” con facilidad, pidió que subiéramos un poco más la montaña para llegar a las rocas que se encontraban allí. Al subir y antes de llegar al “camino de la muerte”, lugar donde caen las rocas de las erupciones locas que le da a la montaña, habían unas rocas del tamaño mío en el suelo. Xavi logró empujar una con facilidad, haciendo esto como ejemplo. Yo intenté hacerlo igual como él, pero los intentos fueron en vano. Xavi me aconsejó que tenga los pies y las piernas firmes en el lugar donde quedara parado y luego, concentrar toda la energía en los brazos y manos, para liberar toda esa energía hacia la roca. Hice aquellos intentos más de una vez en el día entero y cada vez mejoraba más. En un principio fallaba, claro, pero cuando ya había caído la noche, lograba empujar la roca, al menos algunos centímetros. Eso ya me puso satisfecho.

Al día siguiente, el entrenamiento fue igual como el del día anterior, hasta lograr dominar lo enseñado por Xavi. Cuando cayó la noche de ese día, lograba empujar la roca de la misma manera como hacía Xavi. Antes de irnos a dormir, éste dijo que intentara empujarlo una vez más, pero igual como la vez anterior, no logré empujarlo ni por un centímetro. Faltaba, faltaba mucho. El entrenamiento continuó igual, pero esta vez fue con una roca que estaba en el camino de entrada de la montaña. Como pasaban rocas rodantes por allí, convertía el lugar peligroso e incómodo para trabajar, por lo que Xavi tuvo que subir la roca de color rojo a la “zona de entrenamiento”. Al igual que con la roca anterior, no podía empujarla en un principio, pero cuando cayó la noche, logré empujarlo un poco.

Así continuó el entrenamiento. Cuando estaba acabando, aproximadamente en los días en que estaba ya casi acabando julio, lograba empujar diez de las rocas rojas a la vez. También lograba levantar con cada brazo una o dos rocas de las mismas mencionadas. Había logrado obtener una fuerza fuera de lo normal, algo que ni yo pensaba tenerla en algún momento. Finalmente, Xavi dictó el último entrenamiento de empujón hacia él. Cabe decir que en la última ocasión, logré empujarlo. Esta vez, cuando me lancé contra Xavi, logré empujarlo con tal facilidad que se sorprendió, pero él respondió tomando fuerza de él mismo, chocando energías. De entrenamiento pasó a ser una lucha de fuerzas sorprendentes, pero no en serio, claro. Cuando Xavi tomó toda su fuerza y yo tenía la mía, ambos no nos movíamos ni por un pelo de distancia. Como algo inexplicable, brisas fuertes comenzaron a rodearme y de pronto, una onda apareció desde nosotros, lanzando y destruyendo las rocas pequeñas que estaban por el lugar hacia unas murallas, mientras que las otras cayeron al vacío o a otro lugar. Como me desconcentré, las fuerzas se desequilibraron y tanto yo como Xavi volamos por los aires. Yo caí, pero Xavi se mantuvo firme y quedó sujetado con una mano y una rodilla en el suelo, para luego hablarme.

- Vaya, Brett, te felicito – dijo sonriendo y parándose firmemente.
- Sí, estuvo bonito el vuelo mientras duró – contesté irónico, sonriente y levantándome.
- Eso igual estuvo genial – siguió la corriente -, pero ya, en serio, lograste igualar mi fuerza.
- Bueno, bueno – dije ya levantado -, igual no me esperaba estos resultados, así que sí, me pareció sorprendente.
- Pero como te dije hace días, creo que no has liberado completamente tu fuerza junto con el poder del Cristal Dorado.
- Lo sé – contesté intentando evadir el tema -. Ahora a ir por el elemento, mañana a temprana hora.
- No – irrumpió -, espera, aún falta algo.
- ¿Qué cosa?
- Algo que necesitarás y yo también te ayudaré en eso.

No tenía ni la más mínima idea a lo que se refería Xavi, por lo que tuve que esperar al siguiente día. Había perdido la cuenta de semana y fin de semana, pero lo que sabía era que se terminaba julio, al menos quedarían unos tres o cuatro días. No tenía mucho tiempo. Tenía que obtener el elemento y volver al mundo cruel, sino perdería clases. Perder clases era algo que no me gustaba. También odiaba estar dentro de una multitud de gente desagradable, excepto con la gente que me relaciono bien, pero no me gustaba faltar a clases. Tampoco era que me gustaba ver los profesores, estudiar ni nada por el estilo, era algo que sólo me gustaba cumplir como deber.

¿Les he dicho el promedio que tuve en primer semestre? Creo que no. Si se los he dicho, no importa, al menos se los recordaré. Este promedio fue completamente sorpresivo. Ni yo, ni mis amigos, ni mucho menos mi familia se lo esperaba. Era nada más y nada menos que un 5,3. ¿Recuerdan? La nota máxima es un 7, mientras que la más baja un 1. Se consideraban “rojos” las notas de 3,9 hacia abajo, “regulares” desde el famoso 4 a 5,5, mientras que los “azules” de 5,6 hasta el 7. Estaba muy bien, ¿verdad? A pesar de todo, rendía bien en el liceo.

También debo mencionar que mientras estaba en los días de entrenamiento de fuerza con Xavi, mensajes de Prímula llegaban al aparato. Yo los reproducía en los ratos que estaba a solas o cuando Xavi dormía. Ya sabrán las típicas frases que me decía, así que no creo que sea necesario colocarlas una vez más. Cada vez que reproducía un mensaje, recordaba los momentos que pasé junto a ella en mi estadía en Ikana. Sin embargo, luego pensaba en Aura y esquivaba a Prímula. De igual manera, tenía sueños en que ambas se mezclaban, buscándome, o yo buscado a una de ellas. Me estaba cabreando de mi confusión, haciendo que usara esa “rabia” a la energía que utilizaba para usar fuerza.

Volviendo a los días que estaba, o sea, casi a finales de julio. Amanece el día siguiente después del último día de entrenamiento de fuerza. No tenía ni la menor idea de lo que hará Xavi conmigo aquel día. Tras desayunar, mi compañero del viaje me hizo bajar la montaña para llegar a Kakariko, el pueblo “rojo” de Hyrule, por su característica tierra roja. Creo que no lo he mencionado, o creo que sí, pero Kakariko tiene un pequeño templo, que estaba casi en frente del Bazar donde compré mi antiguo escudo. Justo en frente de ese templo, Xavi me detuvo. Luego de que me de la indicación de esperarlo, miré todos los alrededores. Xavi se dirigió al Bazar, de donde salió dos minutos después de haber entrado. Éste salió con un arco y un carcaj lleno de flechas. ¿Y ahora qué mierda?

- ¿Qué es todo esto? – pregunté ignorante mientras se acercaba.
- Es tu segunda prueba – respondió con normalidad, como si supiera todo lo que vendría.
- ¿Qué?
- Los Goron pondrán a prueba tu puntería, así que sería bueno verificar como está ese detalle, ¿no? – dijo entregándome el arco en las manos.
- ¿Pero qué clase de pruebas tienen estos Goron? – me pregunté a mí mismo con tono de lástima por algo, mirando el arco en mis manos.
- No lo hacen porque sí, te aseguro que es vital para la tercera y última prueba, Brettcy – aseguró Xavi.
- ¿Brettcy? – pregunté mirándolo con rostro de asquerosidad.
- Es un apodo que lo pensé hace poco – contestó mirando el cielo -. Pero bueno, lo importante es ver como está tu puntería. Quiero que apuntes a ese blanco que está allí – terminó apuntando a un blanco circular que estaba frente a una casa, la más cercana al templo.

Haciendo caso a Xavi, tomé el arco, saqué una flecha del carcaj de Xavi, lo acomodé en el arco, lo tensé y finalmente, disparé. El disparo fue un asco, pues la flecha pasó casi un metro más arriba del blanco. Xavi me aconsejó que no dispare porque sí, sino que tome concentración y dejara de lado mis pensamientos acerca de lo absurdo que me parecía hacer tal prueba. Hice caso de nuevo, así que saqué un flecha más y ésta vez me concentré completamente en el blanco. Tensé el arco, tardé unos cuantos segundos y finalmente, disparé. Esta vez, la flecha llegó justo al centro del blanco.

“¡Excelente, Brettcy! ¡Ya me esperaba que tenías un don para esto!” exclamó Xavi estando en el blanco, ya que fue a verificar bien en dónde había llegado la flecha. Luego, Xavi le puso un poco más de dificultad para el tiro. Ahora puso un blanco en el techo del Bazar, a un lado cercano de una de las ventanas del hospedaje que estaba al lado. Aprovechando ese momento, él volvió a entrar al Bazar y salió un minuto después, con otro objeto en las manos. Regresando al tema, volví a sacar una flecha y me acomodé lo mejor posible, apuntando al difícil objetivo que tenía. Estaba completamente concentrado de nuevo, como si estuviera solamente yo con el blanco; finalmente, disparé. A continuación, Xavi hizo uso de su objeto raro. Parecía una máscara con forma de águila. Éste se puso la máscara y miró hacia el blanco. “¡Enhorabuena! Has logrado darle, pero no en el medio. Prueba a darle en el medio, tengo suficientes flechas”, dijo sonriente.

No entendía bien. ¿Desde cuándo tenía tan buena puntería? Después de todo, lo que se necesitaba era darle en el centro. Así que volví a sacar una flecha y lo lancé. Nuevamente no le di en el medio, por lo que comencé a desesperarme un poco. Debido a esto, al tercer tiro no le acerté a ningún lado del blanco, sino que pasó a chocar con el muro rocoso de Kakariko. “No te estreses. Tómate esto con calma. Tan solo observa el blanco e imagínalo como si estuviera a centímetros de ti”, dijo Xavi.

Me relajé. Respiré profundo y tomé una flecha más. Tensé el arco y miré con atención al objetivo. Intenté hacer caso a Xavi: imaginarme al blanco estando muy cerca de mí. Era misión imposible. A diferencia de imaginarlo cerca, lo alejaba más y más. La tensión volvió a poseerme. De pronto siento que el brazo izquierdo, brazo que sujetaba el arco, comenzaba a temblar un poco. Sin más preámbulos, cerré los ojos y disparé. Esperé lo peor, que la flecha no llegó ni tan siquiera a tocar el blanco. Sin embargo, Xavi dijo: “Impresionante, diste en el centro”.

¿Pero cómo? Sentía el blanco lejos, me temblaba el brazo y encima cerré los ojos. ¿Cómo pude darle en el centro? Parecía fantástico y fuera de lo normal, pero así pasó. Xavi puso aun más dificultad al entrenamiento, colocando un blanco cerca de la tienda de bombas de Kakariko, lugar muy lejano, que estaba cerca de la entrada a la Montaña de la Muerte. No tomó tanto tiempo, pero sí tuve que usar seis flechas para finalmente darle al centro del blanco.

Para terminar el entrenamiento, Xavi “se pasó de verga” y dijo que mi objetivo sería un palo que estaba en lo más alto de Kakariko. Se podría decir que estaba casi a 300 metros de distancia y más la altura… era imposible. Me dijo que si le daba a cualquier zona del palo, estaría bien. Había una especie de venda roja en una zona del palo, por eso me dijo aquel cosa, para que no haya confusiones. Aun así, pensé que estaba loco por acertarle a semejante objetivo. Necesitaría al menos 100 flechas para darle…

Sin más preámbulos tomé una flecha y lo acomodé al arco. Tensé la cuerda y disparé. Como Xavi estaba revisando todo el proceso con su máscara extraña, él sabría por donde pasó la flecha. Ni de broma me dijo que pasó cerca… Así que tuve que tomar otra flecha más, diciendo que tome un poco más de precisión para el tiro. Claro… como si fuera tan fácil hacerlo y no decirlo…

Hice varios intentos después del segundo. Al darse cuenta de que faltarían flechas y de que mi precisión no iba mejorando, sino que iba subiendo y bajando, subiendo y bajando, decidió “enseñarme” una perfecta precisión. Hicimos intercambio de objetos: me pasó la máscara rara y él pasó a tomar el arco. Sacó una flecha y tras decirme: “Observa a tu objetivo como si estuviera a un centímetro de ti”, lanzó la flecha. Con la máscara pude ver que la flecha había chocado justo en la venda roja del palo… Increíble.

Xavi y yo volvimos a hacer intercambio de objetos, con la frase de Xavi resonando: “Si puedo hacerlo yo, casi sin siquiera apuntar, tú también puedes”. Así que usé otras dos flechas más, pero solo pasaron cerca del palo. Xavi seguía alentándome, pero yo comenzaba a cabrearme de la situación. Quería acertarle a ese blanco, para que el puto entrenamiento acabase y Xavi se quedara callado con sus frases repetidas de una maldita vez. La rabia comenzó a atormentarme en mis pensamientos. Borraba las frases escuchadas por Xavi y me concentré totalmente en el objetivo.

No podía. Realmente no podía. Antes de disparar la flecha, bajé el arco dos veces, en señal de rendición. Pero no, no quería rendirme y defraudar a Xavi. Tampoco a la princesa Zelda, por no poder cumplir algo tan básico como esto. De alguna u otra manera, quería parecerme a Xavi. Así que quería terminar el entrenamiento como debía ser. Volví a tensar el arco y apunté con atención al blanco, una vez más. El espacio era negro, con el objetivo y yo a solas. Ahora sí dispararía la flecha…

“Vista del águila, siéntela. El objeto está a un solo metro de ti. Ojos de lechuzas, siéntela. No temerás nunca más a la oscuridad. Iris de gato; vista lince de relleno. Nunca más sientas que todo está en la lejanía ni que las cosas se mueven, porque siempre estarán quietas y a un paso de ti…”; aquella frase la escuché mientras tenía tensado el arco. Se escuchó con la voz de Glasse. Justo cuando se termina la frase, el espació quedó dorado, el mismo color que resplandecía del Cristal Dorado cuando “despertaba”, y el objetivo se puso justo frente de mí; tal como dijo, como si estuviera a un paso de mí. Pero no sentí que el objetivo se acercó a mí, sino que yo me acerqué a él. En ese preciso momento, disparé la flecha y… Entrenamiento acabado.

- Vaya – dijo Xavi, enseñando una sonrisa de satisfacción -, pensé que podrías darle al palo, pero no a la venda.
- Son cosas que pasan – contesté humildemente, sobándome la cabeza con una mano.
- Sabía que podrías hacerlo, te felicito – agregó y tomó su arco.

Tras esto, Xavi y yo volvimos a subir la Montaña de la Muerte. Regresamos a la zona en donde estábamos y suponía que en ese mismo día o al siguiente, iría por la revancha a la ciudad Goron, derrotando a Gorleone en el sumo y “reírme” de él, así como lo hizo conmigo la vez anterior, aunque tendría dudas para la segunda prueba y la última. ¿Cómo será la segunda? Se trataría de tiro con arco, obviamente. ¿Y la tercera? ¿Por qué la fuerza y la precisión con el arco tendrían conexión alguna? No encontraba la lógica de unir ambas cosas para una tercera prueba, donde tendría que hacer uso de ambas habilidades.

Al atardecer, Xavi me dijo que practicara una vez más la fuerza con él. Sucedió lo mismo que el día anterior, pero esta vez, no salimos volando, ya que ambos bajamos nuestras intensidades de energía al mismo tiempo por decisión de ambos. También continué practicando con el tiro con arco, apuntando a ciertos lugares lejanos. De manera extraña, todo lo que estaba en la lejanía, podía verlo con una inmensa cercanía. ¿Qué había pasado?

Cae la noche y también la madrugada, más tarde. Cuando Xavi ya estaba dormido, encendí el aparato y revisé un mensaje de Prímula. En aquel mensaje me dijo que estaba de viaje a Hyrule, o sea, me vería en cualquier momento. ¡Pero cómo! Si no podía evadirla de una forma, tampoco podía de otra. Vaya chica… La solución era esconderme en un solo sitio de Hyrule o simplemente, ir al mundo cruel. Además, el viaje que tomaría ella sería a través de los bosques perdidos, por lo que tardaría al menos un día en llegar a Hyrule y no cuatro o cinco como pasaba con el tren; mierda.

No podía dormir. No era solo por el hecho de saber que Prímula visitaría Hyrule y podría verme en cualquier momento si me descuido, sino que también pensaba en ciertas cosas sucedidas en el día. ¿Qué fue precisamente lo que pasó mientras estaba en el entrenamiento de tiro con arco? La voz de Glasse, el aumento de cercanía con las cosas lejanas, la precisión perfecta, “iris de gato”… No entendía para nada. ¿Acaso era un consejo o qué diablos? No lo creo, ya que durante el atardecer, como ya dije, logré acercar un valle completo sin siquiera pensarlo y gracias a eso, logré acertar un blanco, que Xavi me dijo, con una sola flecha. ¿Habría pasado algo con mis ojos?

Esa noche soñé de manera extraña, una vez más. No era una pesadilla, era un sueño que respondía a la pregunta que me había formulado recientemente. En el sueño estaba yo, sentado en la misma banca del sueño que tuve al tener la confusión entre Prímula y Aura. El suelo era de la Plaza de Armas y Glasse estaba sentada en otra banca frente de mí, con su mirada directa hacia mí y dibujando una serena sonrisa. Su pelo largo y púrpura estaba sin ser tomado por algo, por lo que estaba totalmente suelto, pero peinado a un solo lado: al izquierdo. No vestía trajes elegantes, sino que una vestimenta de una adolescente del mundo cruel: jeans corto ajustado, una camiseta verde claro con mangas cortas y pulseras y anillos en ambas manos, así como una pulsera en el tobillo izquierdo. Estaba de piernas cruzadas y con la mirada atenta a mí. El paisaje de fondo parecía un paraíso, más que nada.

- ¿Qué está pasando? – pregunté ignorante.
- ¿Estás cómodo con tus nuevas habilidades?
- ¿Nuevas? ¿Te refieres a la “vista de águila” y la fuerza anormal que tengo? – preguntaba clavando la mirada a ella, haciendo que el fondo pase a ser dorado puro.
- Sí – respondió serenamente.
- Nada mal, para serte sincero, nada mal – dije meneando la cabeza de arriba abajo y dibujando una pequeña sonrisa “pícara”.
- ¿Las utilizarás?
- Si te refieres que las utilizaré en las pruebas de Gorleone, claro que sí, por eso entrené duro, para llegar a esto – dije con firmeza, mientras que el fondo se mezcló el dorado con el negro.
- ¿Y si te llegaras a descontrolar? – continuaba serena.
- No sé lo que pasaría – respondí bajando la cabeza.
- ¿Qué crees lo que pasaría si el poder del Cristal Dorado se vuelve a apoderar de ti? – preguntó mientras que el fondo volvió a tornarse dorado puro.
- Lo más probable – levanté la cabeza – es que cometa múltiples destrozos en el lugar, sin que yo pudiera controlarme.
- ¿Crees lograr ganarle a tu rabia? – preguntaba con tranquilidad, con una voz muy suave, casi susurrando, mientras que el fondo pasó a ser rojo.
- Es como si me pidieras que consiga los cuatro elementos de golpe – respondí mirándola.
- Si ese es el caso, ¿entonces usarías tus poderes en el “mundo humano”?

Esta última pregunta me dejó en duda por un rato. Glasse no quitaba su serenidad por ningún motivo. El fondo pasó a quedar negro completamente. Glasse me contemplaba con su penetrante mirada, mientras que yo quedé mirándola a sus morados ojos. Yo sabía la respuesta a su pregunta, pero dudaba de decirla o no a cuenta propia. Finalmente, tras un largo rato de silencio, se escuchó un silencioso “Sí” de mi voz. Glasse vuelve con una pregunta: “¿De qué manera les harías uso?”. La pregunta me dejó con los mismos pensamientos de la pregunta anterior. Obviamente, la respuesta no sería un “sí”, “no” o “no se”, sino que una frase explicando brevemente mis pensamientos hacia aquel mundo y lo que desearía hacer allí.

Bajé la mirada, una vez más. En este caso, lo hice por falta de valentía. Antes de bajarla, me di cuenta que varias manchas de color rojo aparecían desde el oscuro fondo… Quedando cabizbajo, mi mente procesaba todos los pensamientos que tenía contra ese mundo: gente buena, familia, amistad, amor, confusión, locura, drogadicción, robos, crímenes, gente mala, desconformidad, ira, rabia, aislamiento, venganza… Como Glasse podía leer mis pensamientos, pudo saber con facilidad lo que pensaba del mundo cruel y de la misma manera, podría encontrar la respuesta a su propia pregunta. Finalmente, mi protectora de Hyrule se levanta de su banca y comienza a caminar a un lugar imaginario e infinito. Levanté la mirada hacia ella y comienzo a escuchar una voz masculina, diciendo mi nombre repetidas veces. Antes de que me quedase dormido en ese sueño extraño, la voz de Glasse se escucha una vez más, diciendo: “Cuídate, mi querido animalito. Te estaré vigilando para cuando necesites de mi ayuda, como siempre la has necesitado. Te extraño…”; luego, todo se torna completamente negro.

Abro los ojos en la Montaña de la Muerte y veo a Xavi calentando algo; preparaba el desayuno. Éste me saluda con el típico saludo mañanero y luego dice que hacía múltiples intentos para despertarme, pero le era imposible. Así que la voz masculina que escuchaba en el sueño era de él… Luego de que terminase de calentar todo, comí junto a él, como lo hacía todas las mañanas de aquel mes en Hyrule. Ese día, el mismo día en que comía unos ricos panes quemados con una pequeña taza de hierba para el desayuno, sería el día en que me enfrentaría como revancha a Gorleone. Esperaba que me vallase bien, además de que necesitaba superar esa prueba para continuar con la segunda y la tercera, obteniendo el elemento del fuego.

Terminado el desayuno, hice el entrenamiento definitivo con Xavi. Forcejé diez rocas rojas a la vez, levanté dos de esas rocas por cada brazo, aunque lo hacía apenas, volví a entrenar mi puntería con el arco y finalmente, el entrenamiento de cuerpo a cuerpo contra Xavi. Éste entrenamiento fue algo muy diferente a lo que pensé. Se suponía que sería un tipo de “juego”, pero no fue así…

El entrenamiento comenzó normalmente, forcejeando uno hacia el otro. Cuando Xavi gritó durante el forcejeo, diciendo: “Usa toda la energía que tengas”, hice lo que él pidió. Las energías eran demasiadas fuertes. Todo iba con total normalidad hasta ahora, sin embargo, en un momento dado, mientras forcejeaba con Xavi, levanté la mirada hacia éste, pero lo que vi no fue el rostro de Xavi, sino que el de Diego. Me sorprendí, pero no bajé la guardia y continué forcejeando. De pronto, con la mirada agachada, evitando mirar de nuevo semejante rostro, comencé a escuchar su voz. La misma voz del perro rabioso ese. Recuerdo perfectamente lo que dijo; fue esto, en “acento chileno”: “¿Qué pasa, huevoncito? ¿Acaso no me puedes vencer? ¡Vamos, saca tu rabia! ¡Deja fluir tu ira hacia mí! ¿Qué no querías vengarme de mí por las huevadas que le hago a tu noviecita o hacia ti? Ah, sí… Aura. Ahora que lo pienso… ¿Ella es virgen? ¿Te lo has pensado alguna vez? ¿No? Sabes qué, a mí también me gustaría ver si lo es o no. Vaya que disfrutaré ese día”, terminaba entre risas.

“No es verdad… Él es Xavi, no es ese maricón… No, que no lo es. Solo es tentación. Solo quiere que le haga… ¿Aura? ¿Qué…? Hijo de… No te atreverías… No. ¡No, no y no! ¡¡Tú nunca la tocarás!!”; eso me decía en voz alta mientras forcejeaba y escuchaba la “voz de Diego”. Justo a los gritos finales, desaté mi ira sacando una fuerza increíble, a la vez, haciendo uso del Cristal Dorado contra Xavi, sin darme cuenta. Como pasó con Keeta, el lugar quedó completamente iluminado en color dorado y yo, como mi “yo normal”, pasé a quedar en segundo plano dentro de mi cuerpo. Una vez más, mi cuerpo comenzó a manejarse por sí solo con el poder del cristal. ¿Por qué pasaba esto? No entendía.

Dentro de mi cuerpo podía ver lo que sucedía afuera. Me había dejado llevar. Estaba atacando a Xavi. Éste no le había quedado más remedio que sacar su espada y escudo para defenderse de mis ataques, los cuales los llegaba a retroceder. Xavi daba gritos como: “¡Brett, detén esto, por favor!”, “¡Escucha mi voz!”, entre otros que no se oían bien. Yo, por mi parte, comencé a desesperarme y, al igual que la vez anterior, busqué una forma de apoderarme de mi cuerpo. No sentía ni brazos, ni pies, piernas, nada. No sentía nada. Parecía “algo” dentro de mí mismo. Mi cuerpo se movía de manera muy acrobática, esquivando, defendiéndose y atacando desde la altura, a saltos o incluso arrastrándose. Sin embargo, Xavi, por suerte, sabía moverse muy bien y parecía que presentía en donde estaba mi cuerpo para detener el ataque.

“No puedo… Mi cuerpo está fuera de control… No puedo hacer nada. Atácame, Xavi, es la única solución. ¡Atácame! ¡Atácame! ¡Atácame!”; y así comencé a gritar esa última palabra una y otra vez, para que mi amigo al menos lograra escucharlo. Había pasado más de cinco minutos y no podía apoderarme de mi cuerpo. No había otra salida, solo que Xavi me atacase y dejase inconsciente de alguna forma. En algún momento, Xavi escucha mi voz y se detiene por un rato. Éste clava su mirada a los ojos de mi cuerpo, dando a entender que en realidad sabía que yo podía verlo a través de esa misma zona, pero dentro del cuerpo. “No puedo tomar el control, sería la única solución”, dije mientras me miraba, como si intentara hacer telepatía. De manera “milagrosa”, la telepatía funcionó, ya que Xavi meneó la cabeza de arriba hacia abajo segundos después de terminar mi frase. Tras esto, pude ver cómo Xavi se apartó rápidamente de mi cuerpo, iluminó su mano derecha con la marca triangular, aquella que le vi en el parque, y finalmente, todo se oscureció de inmediato.

En el cuarto oscuro, el personaje de ropas oscuras estaba sentado en su cama, leyendo un gordo libro llamado “La Biblia”. De pronto, el otro personaje misterioso del rincón se mueve incómodamente. Esto hace llamar la atención al lector, quien cierra el libro y comienza a hablar mirando directo a la pared “interminable”.

- Lo sientes, ¿verdad? – dijo con seriedad – Parece estar desatando su ira, tal como cierta persona – terminó mirando de reojo a su compañero del rincón.

Éste otro personaje escucha al joven. De inmediato se tranquiliza, se levanta y comienza a caminar hacia al joven. Éste último ve lo sucedido con su compañero, sorprendiéndose. Como “acto de formalidad”, cierra el libro con cuidado, lo guarda en su velador, se levanta de la cama y coloca pose de guardia hacia el personaje que venía caminando. El otro personaje se convirtió de silueta oscura a un hombre con el que se podría describir sus características gracias a la luz del lugar.

El hombre del rincón vestía una camisa café claro, muy rasgada, al igual que su capa de un café mucho más oscuro; llevaba en su mano un gorro del mismo color de la capa, que parecía estar manchado con sangre; llevaba un short gris, manchado igual con sangre y parecía estar quemada, y unas sandalias del mismo color, que también parecían estar quemadas. En pocas palabras, usaba las mismas ropas de Brett, nuestro protagonista, pero más deterioradas. Tenía ojos rojos, con el iris idéntico a los de un gato, mucha barba, pareciendo un vagabundo, un pelo rojo oscuro ondulado y un poco largo, orejas puntiagudas, como las de un Hylian, piel blanca y parecía estar muy delgado. Parecía estar cinco centímetros más alto que el joven de ropas oscuras, pero esto es debido a que el hombre estaba un poco encorvado de la espalda.

El joven de ropas oscuras lo mira con atención, sonríe irónicamente y comienza aplaudir, mientras que el otro hombre personaje lo miraba con seriedad, aunque su mirada transmitía tristeza y pesar.

- Rabia, fuerza, venganza…
- Sí, eso es lo que busca mí querido hermano – contestó el joven a las palabras del hombre mirando el suelo, como si estuviera pensativo -. De alguna manera, se está pareciendo mucho a ti, ¿no es así? – terminó levantando la mirada hacia su compañero de habitación, acto al que éste no respondió, por lo que el joven continuó para terminar – Si tu querido hijo sigue con esa “rabia, fuerza y venganza” en su interior, vaya, vaya… ahí sí que la Organización Hylian de Destrucción Humana le irá muy mal, ¿no crees? – completó sus frases, riendo sarcásticamente y aplaudiendo una vez más, mientras que el otro hombre solo lo miraba.

Continuará

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