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Vendetta/Capítulo 23: Días con Prímula

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Vendetta/Capítulo 23: Días con PrímulaEditar

Y la respuesta de Aura.Editar

Por primera vez logré llamar completamente la atención a mi familia. Por primera vez todos quedaron mirando estupefactos a los lugares donde yo caminaba. Era la primera vez que mi hermano chico miró con tanta atención y maravillado. Por fin mi madre y mi abuela quedaron boquiabiertas por algo que hice en mi vida. Todos estaban así cuando yo entré a mi casa junto a Prímula. Realmente, era la chica Terminiana la que llamaba la atención completa, pero como ella estaba siempre al lado, entonces las miradas igual terminaban dirigiéndose a mí, sobretodo la de mi madre, buscando una explicación.

“¿Quién es ella?”, preguntó incluso balbuceando mi madre cuando entré con Prímula en el comedor. Ella estaba tendida en un sofá de la misma habitación, mi abuela miraba desde la cocina sorprendida y mi hermano nos siguió desde atrás, desde la sala de estar, ya que estaba jugando en la computadora. Antes de que yo pudiera hablar, Prímula abre la boca primero. Se presentó como tal y sin mentir, es decir, diciendo que venía de otro mundo. Esto hizo que todos quedaran aun más sorprendidos de lo que estaban, considerando incluso en un principio a Prímula como una extraterrestre. Calmé un poco las alarmas diciendo que la traje desde el “mundo del portal”, como lo llamábamos desde el día en que lo crucé, y que se la consideraba una “Terminiana”.

Todo había sido un lío en ese entonces. Les recuerdo que durante el viaje a casa, después de lo ocurrido en el parque, Prímula y yo íbamos tomados de la mano, hasta que “desperté” de mi estado de shock y me di cuenta de ello. Entonces de inmediato solté la mano, pero no bruscamente o de una manera en que Prímula se lo tome a mal. Luego comencé a pensar en cómo se lo tomaría mi familia al ver a la chica proveniente de otro mundo alterno al humano, así que me esperaba más o menos el resultado que hubo. Pensé incluso que sería peor, que mi familia la expulsara. Afortunadamente, mis pensamientos fueron erróneos y ella pudo quedarse, con la condición de que dormiría en mi habitación; no tuve problema alguno.

El acontecimiento ocurrido en la casa, tras la llegada de Prímula y yo, hizo olvidar, tanto a mí como a la chica de Términa, lo ocurrido en el parque. Ambos subimos a mi habitación y le presenté todo. Ella encontró mi habitación muy “simplona”, pero diferente y más grandes a las que había en Hyrule o Términa. Como era de esperarse, Prímula no conocía varios de los aparatos del mundo cruel, como el televisor o los teléfonos móviles, por lo que les llamó la atención. Es más, cuando encendí el televisor, ella saltó un poco del susto, además de que estaba con el volumen fuerte. Le expliqué el funcionamiento de dicho objeto y se calmó. Prímula encontró muy cómoda mi cama, así que estuvo tumbada ahí por un buen rato.

Al terminar de presentarle toda mi habitación, cuidando el lugar donde estaban guardados los papelillos con la cocaína, decidí presentarle el resto de la casa. Le presenté la habitación de mis padres, la que tenía una cama grande de dos plazas, la habitación de la abuela, la nueva habitación propia de Mateo y la habitación de mi tío, aunque éste último sólo le pude mostrar la puerta desde fuera, ya que permanecía cerrado con candado. Luego bajamos y le mostré el pequeño baño, la “habitación oscura”, la cocina, la sala de estar y la despensa. Completé el recorrido mostrándole el patio. A Prímula de inmediato le gustó esto último y salió a dar una vuelta entera corriendo, también subiéndose a mi árbol favorito: el manzano, lugar donde Eileen y yo hablamos por primera vez.

Luego volvimos a la casa y regresamos a la habitación. A Prímula le extrañó un poco esto y preguntó el por qué volvimos allí. Yo simplemente le respondí que mi cuarto era el único lugar donde podía estar tranquilo en mi casa y que no acostumbraba a estar en el primer piso. A Prímula no le gustó mi respuesta y comenzó a insistirme a que bajara con ella, mientras yo estaba casi recostado en la cama y con el televisor encendido. Negaba y negaba su idea, pero como ella era terriblemente testaruda, me agarró del brazo y me llevó a forzadas al primer piso. Ni siquiera alcancé a apagar el televisor…

Finalmente, me llevó al piso de abajo. Todos quedaron mirando estupefactos este nuevo espectáculo entre Prímula y yo. Ella me llevó a un sofá de la sala de estar, esas que son para dos o tres personas, y se sentó conmigo allí. Para mantenerme inmóvil, lo único que se le ocurrió es dejarme sentado correctamente y ella se tumbó sobre mí, colocando sus brazos rodeándome zonas del cuello y cercanos a él y su cabeza apoyada a un hombro mío. Fue peor, o también se pudiera decir “mejor”, cuando ella se sintió incómoda estando siempre en esa posición, por lo que puso sus piernas sobre las mías, quedando con la postura de lado, su torso chocando con la mía y sus brazos quedaron intactos, mientras que su cabeza ahora se apoyaba con la mía. A la mierda, era la misma posición que tuvimos en el pozo de los Gibdos…

Estaba mal, muy mal. El “yo” del mundo cruel es diferente al del mundo “maravilloso”, tanto en psicológico como en físico. En Términa me había sorprendido bastante por lo que hizo, pero luego me tranquilicé y nada más. Sin embargo, en el mundo cruel mis instintos de pubertad actuaron y no podía contenerme. La sensación de intranquilidad me ganaba, haciendo que sude la espalda. Para remate, como ya no era tan fuerte como en Términa, podía sentir el peso de Prímula y no como en el otro mundo, donde casi parecía una pluma encima de mí. No tuve otra alternativa que tomarla de la cintura. Y todo iba para peor cuando Prímula se movía un poco, pasando a tocar parte de sus piernas, cercanas a su trasero, con cierto miembro masculino. ¡Eso sí que no lo podía contener! Tragaba saliva. Sudor, nervios y los instintos de pubertad actuando por sí mismo.

No pude más y tuve que inventar una excusa para levantarme del sofá. Dije que iría a buscar algo para comer, entonces ella se levantó y decidió acompañarme. “Qué alivio”, me dije cuando se levantó. Pero faltó un detalle: cuando me levanté y empecé a caminar, dicho miembro masculino impedía que caminara con total normalidad, por lo que me encorvaba un poco. Maldita seas, Prímula… Tras haberme hecho un pan untado con manjar para la excusa, le convidé un poco a Prímula y luego caminé para regresar a la sala de estar. Antes de llegar pasé a ver el calendario, el cual ya decía “Agosto”. Le pregunté a mi abuela que estaba ahí en qué día estábamos y me respondió que era 7 de agosto, el cual cabía a un día miércoles.

¡Mierda! Las clases ya habían comenzado… ¿Tanto tiempo estuve con Xavi en Hyrule? Los días parecían cortos y habíamos calculado a la perfección los días faltantes para agosto. Vaya que perdimos la cuenta… Al volver a la sala de estar, no pasó nada más extraño, salvo que Mateo comenzó a llamar más la atención a Prímula, por lo que ambos jugaban un rato. Sí, los dos eran juguetones, así que podrían llevarse bien. A mi hermano le llamó la atención las orejas largas de Prímula, como era de esperarse, y jugaba con ellas, mientras que ésta solamente se dejaba.

Mucho más tarde llega la cena. Todos comimos bien y llegó el turno de mi padre para que se sorprenda por la visita de Prímula, o mejor dicho, la nueva compañera de habitación por una semana. Pareció que a él no le agradó mucho la idea de su estadía, pero como la mayoría se encariñó con ella, no quedó otra alternativa que aceptarla en la casa. Yo estaba sentado comiendo al lado de Prímula en la cena y parecía que yo ni existiese. Mientras ella hablaba y hablaba, yo permanecía en completo silencio. Esto llamó la atención a la Terminiana y me lo preguntó en mi habitación antes de dormirnos, a lo que le respondí con sinceridad: “No me llevo bien con mi familia. Casi ni convivo con ellos”. Ésta me responde con un simple abrazo que duró por toda la noche hasta dormirnos.

Antes de lo ocurrido en aquella noche, tras terminar de comer, arreglé mi mochila para las clases del día siguiente, así como recoger la ropa planchada que mi madre arregló y me quedé un rato más en el primero piso a petición de Prímula. Estando allí, yo tan solo miraba como ella jugaba en la consola con mi hermano. Luego subimos y quedó una pequeña duda: ¿con qué dormirá Prímula? No sería buena idea que durmiese con la ropa que traía puesta. Afortunadamente la talla de Prímula y mi madre eran iguales, así que ésta última prestó un pijama antiguo a mi compañera de habitación. Tras esto, Prímula se cambió, se acostó en la misma cama junto a mí, ocurrió lo del párrafo anterior y nos dormimos.

Llega el día siguiente. Al despertarme correctamente, me levanté con cuidado de no despertar a Prímula. Luego me vestí con el uniforme del liceo e hice mis labores de todas las mañanas antes de partir. A continuación, salí de la casa y comenzaría la rutina de todos los días de clases una vez más. Así comenzó el segundo semestre, después de regresar de Hyrule con dos elementos en el poder, con el conocimiento de un tipo llamado Drott y con una Terminiana llamada Prímula durmiendo en la casa, en mi habitación, en mi cama, con el pijama antiguo de mi madre en uso.

El viaje al liceo se me hizo un poco largo, ya que todavía no me acostumbraba completamente. Tras llegar puntualmente, justo a las 08:00 hrs., fui directamente a mi sala de clases. No me encontré con nadie conocido durante el camino hacia allí. Al llegar encontré a Daniel dentro, a Sofía y Cristián del “Trío Dinamita”, parte de las “Dears” y de los flaites, y un poco más del resto. Todavía faltaban compañeros de clases por llegar. Fui al asiento de siempre, al lado de Dani. Éste me saluda enérgicamente al verme y comienza a hablarme, como algunas cosas de lo que pasó durante los dos días que falté, ya que las clases comenzaron un día martes, y lo que hizo durante las vacaciones de invierno. Yo, por mi parte, sólo le dije que no hice nada especial.

Más tarde llegaría el resto de alumnos y las clases comenzarían normalmente. A diferencia del primer semestre, esta primera semana se toma como horario normal y no se sale todos los días a las 13:00 hrs., a excepción del primer día. La primera hora de clases del día jueves fue lenta y aburrida, como era de esperarse. De vez en cuando, conversaba con Dani para pasar el rato, pero él estaba más centrado en la clase más que nada.

Al fin toca el timbre de las 09:30 hrs., después de casi quedarme dormido. Caminé por el pasillo del pabellón A, como lo hacía siempre, para llegar al gran pasillo. Cuando llegué a una de las ventanas del gran pasillo, con vista hacia el patio del liceo, una voz familiar se escucha de lo lejos gritando mi nombre. Era la voz de Eileen.

- ¡Hola Eileen! – la saludé con energía cuando estaba cerca, algo raro de mí.
- ¿Y ese ánimo tuyo? – preguntó también extrañada, tras haberme saludado con beso de mejilla, algo totalmente normal en mi país del mundo cruel cuando se trata entre mujer y hombre o entre mujeres.
- No sé. Quizá quise alejar el aburrimiento que tenía en la sala – respondí sonriente y casi suspirando.
- Entiendo – dijo entre pequeñas risas -. ¿Y qué tal las vacaciones? ¿Estuviste en Hyrule? ¿Has hablado con Aura?
- Tranquila, tranquila – detuve su lluvia de preguntas -. Primero que todo no tuve vacaciones, ya que estuve muy ocupado en Hyrule, pero al menos todo el trabajo valió la pena. Mientras que Aura… - suspiro - Ni siquiera la he visto.
- Ya veo. Entonces intenta hablar con ella algún día de estos – recomendó.
- Lo intentaré.

Nuestra conversación se vio un poco interrumpida cuando Eileen vio a Raúl pasar al lado de nosotros. Éste pasó saludando con la mano, acto que yo también hice para saludarlo. Sin embargo, tanto él como Eileen no se cruzaron miradas. ¿Qué estaba pasando? De hecho me di cuenta que mi prima no había quedado mirándolo con un rostro muy amigable… Intenté preguntarle qué pasó con Raúl, pero Eileen fue llamada por unas nuevas amigas suyas, por lo que se fue de inmediato y me dejó solo de nuevo. Escapó.

El resto de ese día jueves fue muy aburrido, en realidad. No pasó nada especial. No fue Aura. No fue Xavi. Eileen estuvo con sus amigas. En algunos ratos estaba con Dani o el Trío Dinamita. Los flaites y las “Dears” hacían de las suyas. Raúl con su grupo de amigos. Debo recalcar que en ese día me di cuenta que el grupo flaite parecía estar más dividido en dos grupos: uno parece comandado por Diego y el otro por Carlos y Francisco. Parecían que éste último grupito era “un poco” más amigable que el de Diego, aunque yo consideraba a todos unos perros con rabia que debían ser eliminados de la faz de la tierra.

Como no pasó nada especial ese día, salto todas las clases y llego a casa. Prímula me recibe con un fuerte abrazo y un pequeño beso de labios, cosa que ningún miembro de mi familia alcanzó a ver. Tras esto, yo me dirigí a mi habitación para cambiarme y Prímula a continuar con el juego junto a Mateo. Luego comí algo preparado por mi madre y más tarde, un pequeño rato de regaloneo con Prímula. Aunque ella tuvo la idea, yo sólo me dejé llevar para seguirle la corriente y para dejar un poco el estrés del día. Luego caería la noche, la cual no tardó tanto, debido a que todavía oscurecía temprano, y como la cena junto a Mateo, la abuela y Prímula. Todo continuó con normalidad hasta irnos a dormir. No podía hacer las cosas típicas por la presencia de la Terminiana, como por ejemplo, mirar la televisión y ponerme a pensar o criticar a la vida.

Más tarde voy a la cama junto a Prímula, un poco más de regaloneo por parte de ella y me quedé dormido primero, pues tenía más sueño al despertarme mucho más temprano. Amanece el día siguiente y todo fue igual como la mañana anterior, sólo que esta vez pasé a despertar a Prímula, pero continuó durmiendo después. Cuando iba camino al liceo me encontré con Xavi, quien estaba saliendo del parque. Éste me saludó de lo lejos agitando el brazo, a lo que yo respondí haciendo lo mismo, pero no tan animado como él, pues estaba algo dormido todavía. Xavi cruza el puente que dividía el camino entre el parque y la vereda por donde iba yo y empezamos a hablar.

- Así que recién hoy saliste de Hyrule – le dije.
- Sí, pero valió la pena quedarse, Brettcy – contestó orgullosamente.
- ¿A qué se debe? ¿Es por la princesa? – preguntaba casi sabiendo a lo que se refería.
- Pues, diste en el clavo – respondió -. Algún día te tocará a ti.
- Como si fuera tan fácil – dije amargado.
- Ya tienes a Prímula como acompañante y a una chica loca por ti en el liceo, ¿qué más quieres? – intentaba convencer.
- No jodas – contesté un poco avergonzado -. A Prímula ya ni la considero alguien con quien tenga una relación, ella es la que me busca. Mientras que Aura está con el flaite ese.
- Mira tú, tienes a Prímula besándote los pies y no haces nada – continuaba convenciendo en tono de broma.
- No, yo quiero a Aura.

Al terminar con mi fría respuesta, pareció que Xavi quedó por un rato pensativo, pero yo no le dije nada. Tras unos breves minutos, Xavi vuelve a hablar para decirme que intentará ayudarme para que esté con Aura. ¿Pero cómo? Le pregunté qué haría para ayudarme y él respondió que intentará hacer algo con el flaite. Pensé que le golpearía o algo así, pero no, intentaría hacer una trampa para que caiga y luego, con tales evidencias, se los mostraría a Aura para que finalmente, ella enseñe esas mismas pruebas en la cara de Diego, con Xavi y conmigo de testigos, y así el flaite no pueda hacer nada, salvo terminar obligatoriamente con Aura. Y de nuevo: ¿pero cómo? Ahí tan solo respondió: “Ya verás, Brettcy”.

Durante el resto del viaje, Xavi y yo conversamos cosas absurdas. También me extrañó el por qué iba al liceo con ropa normal, ya que sólo reciben a los alumnos con sus respectivos uniformes. Él me respondió que tiene cierta cercanía con los inspectores y el propio director, por lo que es reconocido totalmente por la administración del liceo. Además, él dijo que tenía unas ropas de reserva dentro de un casillero del liceo. Vaya chico, usar los casilleros en el liceo sí que era extraño. El 90% de los alumnos no los usaba; yo me incluyo… Es un poco arriesgado, pues son todos muy buenos para robar allí y casi ni seguridad había en ese entonces.

Llegamos al liceo y dejo a Xavi en la inspectoría, ya que él se cambiaría de ropa y demás. Por mi parte, yo me dirigí a mi sala de clases, pero desde el camino de la inspectoría y no por el pabellón A, ya que incluso desde la inspectoría el camino se haría mucho más corto. No tardé nada en llegar y veo a la mayoría de los alumnos en la sala. Como siempre, Dani me saluda enérgicamente al verme. Me siento en el puesto de al lado, conversamos un poco y a continuación, llega la profesora para comenzar la clase, aunque Dani y yo continuamos conversando de vez en cuando.

El día viernes sería corto, así que no habría tanto estrés. Al igual que el día jueves, el viernes no pasó nada especial. Xavi y Aura sí fueron esta vez. A ésta última la saludé en el primer recreo, cuando la encontré distraída saliendo de su sala de clases. En ese mismo recreo, estuve todo el rato con Dani, saludé a Eileen y Raúl, cada uno con su grupo de amigos, y también estuve un poco de rato con el “Trío Dinamita”, quienes me contaron cotilleos del liceo sin importancia, aunque para ellos parecían de vital importancia. Durante el segundo recreo, estuve conversando con Xavi. Aura estuvo en todos los recreos junto con Diego, por lo que éste último no estuvo con su grupo.

La jornada del día viernes acaba. Todos salieron felices y estresados del liceo cuando tocó el último timbre del día. Yo no estaba ni feliz ni estresado, sino que completamente normal. Ahora volvería a estar todo un día junto a Prímula y ver las caras del resto de la familia. Aún no me acostumbraba, pero tenía que hacerlo mientras esté la Terminiana en la casa. Le quedaban todavía unos cinco días, incluyendo el viernes. Antes de tomar el camino directo para ir a casa, Aura me alcanza a tomar del brazo. Ésta me dice que quería conversar acerca de la propuesta que le hice antes de salir de clases en julio, es decir, responder mi confesión. ¡Vaya! Se me estaba incluso olvidando. De inmediato me puse nervioso, pero me relajé un poco y le respondí con normalidad: “Está bien. Entonces el lunes hablaremos”. Aura afirmó sonriente, se despidió y se fue en dirección al liceo. Quizás volvió para buscar a alguien o tomaría el micro ahí. De igual manera, no importaba.

Después de esto, volví a mi trayecto normal para regresar a casa. Al igual que el día anterior, la rutina en la casa fue completamente igual: almorzar, Prímula, mirar TV, jugar en el patio con el hermano y Prímula, más Prímula y regaloneo, mirar juego de Prímula y Mateo, cena, otra vez el juego, más Prímula todavía, aburrimiento y cansancio, comer antes de dormir, de nuevo Prímula, labores de la noche, acostarse en la cama, Prímula y su ataque de regaloneo final y por último: dormir.

Amanece el día sábado. Desperté a las 13:40 hrs., aproximadamente. Prímula ya había despertado. Me levanté, me cambié de ropa y bajé al primer piso para hacer labores de “mañana”, aunque ya estaba en la tarde. Empecé a visitar todas las habitaciones de la casa, pero no encontraba a Prímula. Ni siquiera estaba escondida en el patio o en la despensa. Me dio lo mismo, pues sabía que debería regresar muchos días después a Hyrule y encima no dejó una carta de despedida ni nada. Luego almorcé y al terminar, me tendí en un sofá del comedor. En breves minutos después, se escucha la puerta de la casa abrirse, con la voz de Mateo y mi madre escuchándose. Ambos me saludaron y me di cuenta que tan solo ellos dos salieron, sin embargo, la puerta de la casa se cerró tras terminar los saludos. Me di cuenta perfectamente de aquello, por lo que tras la cerradura de la puerta, aparece salvajemente Prímula corriendo hacia mí.

Como la chica regalona de Términa apareció corriendo, se lanzó con tal fuerza hacia mí que me desequilibró y caímos juntos al mismo sofá en el que estaba tendido reposando. Ésta llevaba una playera de mi madre y un polerón mío, mientras que los pantalones negros eran los mismos con las que llegó de Términa, al igual que sus zapatillas rosas. Menuda chica, sacando las primeras cosas que pillaba. El polerón le quedaba un tanto grande, así que se veía algo graciosa. Lo primero que me dijo cuando caí en el sofá con ella fue: “¡Hoy saldremos a conocer Osorno!”.

¿Pero qué…? ¡Ahora no me vengan con que la invitaron a salir a conocer la maldita ciudad! Pero si serán… Y encima me invitan a mí sin siquiera avisarme. Entonces, tras haberme sorprendido por la frase animada de Prímula, me negué rotundamente. Sin embargo, ésta comenzó a insistirme, hasta estar gritando como una histérica y dejando a todos mirándola estupefactos; yo, también me incluí. Como empecé a no soportar la locura de Prímula, no me quedó otro remedio que aceptar su invitación. Como respuesta de felicidad, ésta una vez más se lanza sobre mí y me tira al sofá con ella misma, gritando y agradeciendo como una loca. ¿Acaso ésta era la verdadera personalidad de Prímula?

Rato después ella almorzó juntos a los demás que habían salido. Para remate me dijeron que la salida sólo era entre Prímula y yo, nadie más. Me pregunté si mi compañera de habitación tenía un plan o algo parecido para esta salida de improviso… Así que mientras Prímula comía, yo aproveché de cambiarme de ropa a una más decente para salir. Cuando ella terminó de comer, se cambió de polerón a otra que también era mío, sólo que con un diseño diferente y que le gustó más. Le dije que se veía rara con ropa tan grande para ella, pero sólo rió y no le importó en absoluto mi comentario.

Después de unas cuantas labores más, Prímula y yo salimos de la casa, sin antes sacar dinero para llevar. Para que la Terminiana esconda sus orejas largas de la gente, se puso un sombrero blanco elegante de mi abuela. Polerón juvenil azul de hombre y largo, una playera verde con una flor de estampado rosa, pantalones ajustados de color negro, unas zapatillas de color blanco y rosa, y un sombrero elegante también blanco, además de su pelo grisáceo y largo. Su vestimenta no combinaba para nada… Lo que a ella le parecía importar era solamente la salida, nada más.

Cuando salimos, lo primero que hicimos fue caminar por el camino que hago para ir a mi liceo y también para venir de regreso a casa. Así que lo primero que visitamos fue aquel establecimiento escolar desde fuera. A ella le pareció una bonita estructura y grande. Luego visitamos la Plaza de Armas, a la vez la Catedral que está justo en frente. A Prímula le gustó mucho la plaza, tanto así que quiso estar sentada allí conmigo durante un rato. Invité a comer un helado mientras estábamos allí y lo aceptó rápidamente. También mirábamos las piruetas de los chicos que hacían BMX, algunos niños jugando en la pileta, los raperos bailando “break dance” en la cúpula blanca de la plaza, algunos adultos jugando en un gigantesco tablero ajedrez pintado en el suelo de la plaza, otros niños jugando en algunos juguetes para ellos, los cuales se alquilan por $500 los cinco minutos, y unos tantos grupos de jóvenes o algunas parejas haciendo de las suyas, tanto en el césped como en las bancas.

Luego de estar durante unos 30 minutos en la plaza, continuamos con el recorrido de Osorno. Estando aún en la plaza, pero caminando para irnos, le mostré el edificio más grande de la ciudad, el Kauak, la cual tan solo consta de 20 pisos. Es demasiado chico en comparación a otras torres, pero era el más grande de esta pequeña ciudad. Luego pasamos al famoso mall, pero antes visitamos la Plazuela Yungai, donde se juntaban más los grupos de flaites. Esa plaza no me gustaba, pero tuvimos que pasarla obligatoriamente para llegar al mall de la ciudad, la cual estaba al frente de la plazuela.

Estando dentro del mall, le pasé a mostrar el supermercado de la planta baja, el supermercado Jumbo. Luego subimos al segundo piso, donde estaría el primer piso de la tienda Paris y los baños. También pasamos mirando unas tantas tiendas. Finalmente, subimos al tercer y último piso. Aquí era el lugar donde había más entretenimiento. Aquí se encontraba la sala de cine “secundaria”, ya que la principal es otra llamada “Cine Lido”. Pasamos mirando una que otra tienda del piso y también el segundo de la tienda Paris. Hasta que finalmente llegamos al Patio de Comida, donde se encuentran varios puestos para sacar la comida, como McDonalds o Doggis, varias sillas y mesitas para la gente, y no faltan los puestos donde sirven comidas saludables. Estos últimos puestos son donde menos gente hay. También hay una segunda zona de baños, bueno, tercera si se suma el del supermercado Jumbo.

Estando en el Patio de Comida, invité amablemente a Prímula a comer algo; ella, aceptó con ganas y felicidad. No sabía cómo, pero parecía que la salida de casa me relajó y me dejó ser más amigable con Prímula. Así que sin más preámbulos, me dirigí al puesto de Doggis. Estuve unos 15 minutos, sólo para que me sirvan dos Coca-Colas, dos completos (hot dogs, perritos calientes, o como se les llame en su país) y una bolsita llena de papas fritas. A Prímula le fascinó la comida, agregando que nunca antes había comido eso. Claro, en Términa no tendrían la fascinante idea de crear comidas como éstas, aunque engordaran mucho. Prímula deseó más, así que le prometí que le compraría más papas fritas en otro lado, ya que tardaría otros 15 minutos esperando.

Luego Prímula pasó al baño y cuando nos estábamos yendo, ésta se percató de los juegos que estaban en un rincón. Exacto, detrás de todo el Patio de Comida está la zona de juegos para niños, como son los Arcades con juegos de autos, un puesto lleno de bolitas para bebés, otro donde parecían columpios con globos flotando por todos lados y más cosas. Hay otro también en Osorno y más completo que el nuevo, el cual está ubicado en el segundo piso de la tienda Falabella, lo que antes era un mall, pero se fue a la quiebra y sólo quedaron los juegos y la tienda. Así que le dije a Prímula que lo invitaría a esa zona de juegos, ya que es más juvenil que la del mall actual.

Así que nos fuimos de ese lugar, llegando a la plazuela de nuevo. Ahí quedamos reposando un poco más tras la comida en el mall. Luego de unos 10 minutos, fuimos en dirección a Falabella, la cual está al frente de la Plaza de Armas, por lo que tuvimos que volver. En el camino pensé en lo buena que era para comer Prímula. Habiendo comido en la casa y vuelve a comer en el centro... En fin, la cosa es que terminamos llegando a Falabella. Estando ahí subimos al segundo piso, para continuar caminando hasta el fondo, lugar de los juegos. Compré diez fichas y comenzamos a jugar. Primero jugamos dos veces en un juego para acertar los balones a un hueco; otras dos fichas menos para jugar a un “Dispara a los Patos”; otra ficha menos para jugar a un Arcade de autos; otra ficha menos para jugar un juego para bailar, en el que sólo Prímula jugó; dos fichas menos para que cada uno juegue al PinBall; otra ficha menos para el Pac-Man; y la última la utilizamos para colocarla en una máquina de dulces.

Tras jugar mucho, salimos de ahí y nos dirigimos al Centro Comercial de Osorno. Ahí cada uno estuvo mirando las cosas que le interesaban. A Prímula le gustó mucho un vestido negro, la cual tenía algo tirantes a los lados y encaje en la zona baja. Entramos a la pequeña tienda y se lo probó: a la mierda con todo. No sé cómo, pero no estaba siquiera arreglada o con tacos, pero se veía enormemente hermosa. Ella me despabiló tras quedar extasiado mirándola y le dije que sí, le compraría dicho vestido. Como era de esperarse, me costó “ojo de la cara”. Arriesgué todo el dinero que tenía y le compré el vestido a Prímula. Cuando salimos, ella saltó de alegría, me abrazó fuertemente y me dio múltiples besos por todos lados de la cara, así también repitiendo una y otra vez “gracias”. Se notaba que el color favorito de Prímula era el negro.

Cuando la invité al último lugar que visitaríamos, el Museo Municipal ubicado en la calle Francisco Bilbao, aproveché de decirle que si pudiera colocarse el vestido nuevo. Con el sombrero puesto le quedaría de fábula, aunque las zapatillas… Pero lo importante es que se sacara la ropa que usaba, porque se veía ridícula y llamaba la atención de la gente que pasaba mirándola. Ella no dudó en aceptar lo dicho y pasamos al baño de una farmacia. Luego fuimos camino directo al museo. Allí, ella quedó interesada en el mundo animal, le llamó mucho la atención la momia que está bajo estricto cuidado, le agradó la historia antigua de Osorno y también sorprendida por el armamento que usaban los chilenos durante las guerras y batallas del siglo XVIII.

Al terminar el recorrido del museo, los dos fuimos directo a casa, tomando el micro. Durante ese viaje, Prímula agradeció la salida y puso su cabeza apoyándola en mi hombro. Así estuvo en todo el recorrido de regreso. Prometí que algún otro día la invitaría de nuevo, lo mejor sería un día de verano cuando el sol se esconda más tarde, entonces se aprovecharía más tiempo. Prímula se puso aún más contenta y me abraza. Yo le respondí también abrazándola. Finalmente, llegamos a casa, no cenamos debido a que comimos mucho, estuvimos un rato con la consola de Mateo y finalmente, nos fuimos a dormir. Prímula estaba completamente agotada, por lo que se durmió primero. Antes de dormirme, yo quedé mirándola por un rato, le acaricié su rostro y sonreí diciendo: “Gracias también por todo, Prímula”. A continuación, cerré los ojos y después, me dormí.

Al día siguiente, el cual era domingo, salir de casa sería más aburrido, ya que varias tiendas y demás estarían cerradas. Así que ese día fue casi un día de semana, pero más tranquilo de lo normal. Estuve acompañado gracias a Prímula todo el día. Como no habíamos comido nada de cena, ambos comimos con ganas en el almuerzo, atrayendo las miradas de los demás. Cabe decir que tanto a mi abuela como a mi madre les gustó el vestido de Prímula. Como el día fue completamente normal, no pasó nada interesante, así que lo salto hasta el día siguiente.

Lunes, vuelta a clases. Cuando desperté, me levanté con cuidado para no despertar a Prímula. Me cambié de ropa, hice las labores de cada mañana y salí de casa. ¿Por qué lunes siempre es el día menos preciado de la semana? Es un misterio. La mayoría piensa eso y yo me incluyo, pero no sé con certeza el por qué es el peor día de todos. ¿Será que con tanto descanso uno se dice “Llegó el lunes y vuelta a clases/trabajo/labores”? Deberá ser eso. Además, sentía que ese lunes lo odiaba más porque sería el penúltimo día que estaría con Prímula, ya que al siguiente ella volvería a Hyrule.

Continuando con la historia, llego al liceo y me dirijo directamente a mi sala. Como era de esperarse, estaban todos los que siempre llegan antes de las 08:00 hrs. Al verme, Dani me saluda enérgicamente. Sofy, José y Cristián también se acercan para saludarme. Eso fue raro, pues no saludan a otro que no sea entre ellos o hasta cuando se sale a recreo. También saludaron amablemente a Dani. Luego llega el profesor jefe y comenzaría el famoso “consejo de curso”, una cosa que no me importaba en absoluto.

En algún momento de ese bloque de hora, el profesor me llama. No podía responderle con negatividad, así que fui hacia su escritorio para escuchar lo que me quería decir. Como era de esperarse, mientras caminaba hacia él, unos cuantos sonidos raros hicieron los del grupo flaite para molestarme. Al estar frente al profesor, éste me dice unas cuantas cosas sobre mi rendimiento y la ausencia de clases que había tenido. Me recomendó que estudiara un poco más y que no me ausente demasiado este semestre, o podía repetir. Además, me dijo que despabile un poco más en las clases, ya que me lo pasaba siempre pensando en alguna otra cosa para distraerme. Esto último me lo dijo indirectamente y en tono irónico, algo que me molestó de cierta manera. Hasta incluso sacó una molesta sonrisa cuando me lo dijo. Iba todo bien, hasta que dijo eso. ¿Qué se creerá aquel viejo de mierda?

Volví a mi puesto, continué conversando con Dani y el resto de minutos continuó con su eternidad de siempre. ¡Toca el timbre! Todos salen de la sala para el primer recreo. Recordé que Aura me iba a decir una cosa ese mismo día, así que decidí esperarla en el gran pasillo, ya que mientras caminaba en el pabellón A no la vi, pero sí la sentí. Así que al llegar a ese pasillo, Xavi pasó saludándome, al igual que Eileen. Luego llegaría Aura, quien se acercó sonriente. Yo también dibujé una sonrisa al verla. Ambos nos saludamos, preguntamos unas cuantas cosas habituales post-saludo y a continuación, fui al grano, preguntándole qué era lo que quería que conversáramos. Ella me invitó a la azotea para decirme las cosas y comenzó la conversación.

- Este lugar, ¿no? – dije un tanto nervioso, pero sin balbucear.
- Sí, quería continuar la conversación que dejamos hace un mes – contestó tímidamente.
- Y bien, ¿ya lo pensaste?
- De hecho ya lo tenía pensado y mi respuesta era un sí, sólo faltaba terminar con Diego. Y pues…
- No me digas, ¿hablaste con él? – le pregunté curioso tras que ella se interrumpió a sí misma - ¿Qué dijo?
- Se lo tomó a mal, claro – respondió cabizbaja.
- Oh, entiendo…
- Pero terminamos – completó su respuesta aún cabizbaja, aunque sonrojada.

“¿¡Q-qué has dicho…!?”, me pregunté completamente sorprendido al decirme eso. ¡No me lo podía creer! ¡El sueño que tenía de a poco se estaba convirtiendo en realidad! Si el flaite ese deja a Aura, ¡mi único obstáculo desaparecería! ¡Excelente! Como quedé tan sorprendido por lo que dijo Aura, me había quedado parado en el patio del liceo fuera de sí, sólo estando en mis pensamientos y con la frase “Se lo tomó a mal, pero terminamos” repitiéndose una y otra vez.

Aura se había asustado un poco por mi rostro en shock que tuve, pero luego desperté haciéndole la misma pregunta que formulé en mis pensamientos. Ella respondió repitiendo lo mismo de antes y como respuesta mía, la abracé con fuerza, diciendo que no podía creer lo que estaba pasando. Ella también se puso feliz, se tranquilizó, dejó la timidez y respondió a mi abrazo. Era lunes, el peor día de todos, el día más odiado, el día que uno desea que no existiese, pero hasta ese momento, el lunes 10 de agosto fue uno de los mejores días que había tenido: el comienzo de una relación mucho más cercana con Aura.

Como era de esperarse, aún no le pedí el pololeo/noviazgo hasta que pasara un tiempo con ella. En ese instante sólo le pedí si pudiera estar conmigo para andar como dos personas denominadas “más que amigos”. Lo otro vendría después. Así que tras esa petición que ella aceptó felizmente, nos dimos nuestro primer beso. Aquel beso fue uno de los que detuvo el tiempo, de los que borró todo nuestro alrededor quedando solamente nosotros dos, uno de los que deja perdido toda la negatividad del mundo, uno de los más calurosos y hermosos de los que se podrían dar. Perdí la noción del tiempo mientras estaba con Aura, hasta que…

Tras terminar ese beso infinito pero algo corto y darle un segundo abrazo, miré hacia el patio y vi a una persona inesperada, quien intentaba escalar las murallas del liceo y estaba vestida con ropas ridículas: Prímula. “¿¡Qué mierda haces!?”, me pregunté histérico dentro de mi mente. Tenía que hacer algo. Sería peligroso dejarla por ahí haciendo lo que ella quiera. Fue un error haberle mostrado el liceo… Así que el momento romántico se va a las ruinas cuando tuve que decirle a Aura que debía hacer algo urgente.

Maldita sea. No quería hacer aquello, pero no tenía otra alternativa. ¿Qué pasaría si vieran a Prímula? ¿Qué pasaría si le descubren sus orejas largas? ¡A la mierda! Si descubren que tiene una piel más pálida de lo normal, su rostro muy diferente a la de un humano y las orejas puntiagudas de duende, creerán que es un ser fusionado de un gringo alemán que vive en Chile con un duende gigante, o simplemente: una extraterrestre o un ser anormal. Fue un grave error, muy grave, Prímula…

Bajé corriendo las escaleras, pasando a empujar las personas que se cruzaban por el camino y finalmente, llegué al muro donde estaba Prímula. Por suerte aún no alcanzaba a saltar, sino que estaba en la parte de arriba. Sólo unas cuantas personas alcanzaron a verla cuando llegué, pero no era problema. Más sería si un/a inspector/a la vería…

- ¡Brettcy! – gritó mi nombre.
- ¿Tú también estás con eso? – susurré y luego exclamé - ¡Vete de aquí! Es peligroso.
- ¿Pero por qué? Te venía a visitar – respondió en tono de decepción.
- Te lo suplico – dije incluso agachándome, haciendo que pareciera ridículo -. Hablaremos esto en casa, pero por ahora debes irte, por favor.
- Pero…
- Si los inspectores – la interrumpí – o el propio director te ven, vamos a estar en graves problemas, ya que entrarías aquí sin autorización y además… - me levanté - Tus orejas.

Al oír lo de las orejas, Prímula se da cuenta de su error y afirma. Entonces, de inmediato pone una cara de tristeza y empieza a bajar pero con lentitud, haciéndolo a propósito para que la vea con su cara de decepción y pena. Menuda chica… Finalmente, desaparece del muro y varias risas se escucharon alrededor, avergonzándome. De igual manera, volví corriendo a la azotea para regresar con Aura, pero ya no estaba. ¡Mierda!

No la pillé en todo el resto del recreo ni durante el segundo, pero sí la encontré en el recreo largo de las 13:00 – 14:00 hrs. Estuve con ella durante todo ese recreo en la azotea, regaloneando. En tres instantes tuvimos que bajar: una fue para comprar algo, otra para que ella vaya al baño y el último para regresar a clases tras haber escuchado el timbre de regreso. Luego llegaría el último recreo del día, pero en ese rato estuve con Xavi y le conté todo lo sucedido durante el día y éste, como era de esperarse, me felicita con muchos halagos y dejando fuera el plan que intentó hacer. Luego tocaría el timbre para regresar a clases y finalmente, para salir.

Aquel lunes fue sólo para pensar en Aura, nada más. Durante las clases, durante los recreos en que no estuve con ella, durante el trayecto para irme a casa, e incluso cuando estuve dentro de ésta. Hasta incluso Prímula se dio cuenta del por qué estuvo tan distraído todo el día, sin estar poniendo atención a lo que me decían y por ello, tenían que repetírmelo. Esto le molestó un poco a Prímula. Sin embargo, en un momento de la noche, recordé que mi compañera de habitación volvería a Hyrule el día siguiente. Así que hice lo posible para intentar dejar de un lado un rato el tema con Aura y disfrutar de los últimos momentos junto a Prímula durante el resto de la noche.

Aquella noche fue extraña. Debido a que no podía parar de pensar en Aura durante tanto rato, estar con otra chica que me acompañase por varios minutos me pareció algo raro. Más aún sentí eso cuando Prímula se acostó en la cama al lado de mí. Pero lo más extraño fue cuando vi a Prímula a la cara mientras estábamos acostados. Cuando ésta me preguntó una cosa que no recuerdo, la miré a los ojos y de pronto, un recuerdo tuve de cuando estaba en Términa: aparecieron múltiples imágenes de aquella anciana de Ikana enseñando sonrisas, múltiples imágenes de Gibdos gritando y una imagen en donde sólo aparecía Prímula asustada y llorando, abrazada junto a su padre en un espacio negro.

Mis pupilas se dilataron de inmediato y una energía siniestra mezclado con miedo recorrió por mi cuerpo. Esto causó que sudor apareciera principalmente de mi espalda y que la atención se alarmara en Prímula, preguntando de inmediato qué me había pasado. Le respondí con sinceridad lo que había visto. Prímula se asustó un poco con mi respuesta, pero de inmediato se tranquilizó e intentó hacerlo conmigo dándome un abrazo cariñoso. Estando aún abrazado junto a ella, me quedé dormido.

Llega el día martes 11 de agosto, el día de despedir a Prímula del mundo cruel. Todo transcurrió con normalidad durante la mañana, igual que siempre. Las clases estaban aburridas y apestaban. En el primer recreo estuve con Xavi y en el segundo con Aura. Todo normal. Sin embargo, cuando las sirenas de los bomberos sonaban para anunciar las 12:00 hrs. del día, el inspector de piso abre la puerta para anunciar mi retiro a petición del “apoderado”. ¿Pero qué demonios? Yo nunca había pedido a mi madre o a mi padre que me sacaran del liceo…

De igual manera guardé mis cosas, me despedí de Dani y salí de la sala, sin antes escuchar los típicos sonidos extraños de los flaites para molestarme. Caminé por los pasillos hasta llegar a la salida del liceo, donde se encontraba Prímula esperando, con el vestido negro, el sombrero blanco, sus zapatillas y una bolsa de Tricot, una tienda ropa. Tras haberla saludado, le pregunté si fue ella quien pidió mi retiro y lo afirmó, agregando que me retiró para pasar su último día en el mundo humano conmigo. Perfecta idea, Prímula.

No me negué en absoluto y salí con ella. Me dijo que en la bolsa traía las ropas que usaba antes de entrar al portal y también algo de ropa mía para cambiarme, ya que sería incómodo estar todo el rato con el uniforme. Agradecí su preocupación y fui al famoso mall para cambiarme dentro de sus baños. Finalmente, ambos salimos perfectamente vestidos. Estábamos sin dinero, pero a ella no le preocupó en absoluto eso. Parecía que sólo le interesaba estar acompañada conmigo.

Aquel día no visitamos los lugares más famosos de Osorno, sino que estuvimos visitando varios locales de la calle Patricio Lynch. Cabe decir que las calles donde más se llenan debido al número de locales son Ramírez, Lynch y parte de Errázuriz. Mientras que la calle Los Carrera se llena de gente por la espera de micros, puesto que esa es la calle donde todo tipo de micros pasa.

Regresando a la historia, tras haber visitado varios lugares de Lynch, volvimos a la calle Ramírez para estar de nuevo en el Centro Comercial. No compramos nada, sino que tan solo vimos algunas cosas. En esta visita, a Prímula le interesó mucho un tremendo peluche un oso de felpa. Estaba claro, a ella le gustaba mucho los osos de felpa. Incluso dormía con uno pequeño en su casa de Términa, algo que olvidé mencionar, creo. Prometí a Prímula que algún día lo compraría y se lo pasaría cuando regresara a sus tierras. Ella agradeció, me dio un corto abrazo de juguetona que es, me agradeció y me dio un beso en la mejilla. Espera, ¿cómo? ¿En la mejilla? Ella siempre me felicitaba con un beso en los labios. Eso no me importó, sólo me extrañó. Además, la noche pasada no regaloneó ni nada por el estilo, salvo ese abrazo que me dio antes de dormirme. Raro…

Luego continuamos caminando y visitamos, para finalizar, el Museo Interactivo de Osorno. Este museo era más moderno y más entretenido que el municipal. “Entretenido” en el sentido de que hay más cosas para interactuar, conocer y hasta jugar. En cambio, en el municipal no permitían tocar absolutamente nada, solo ver y leer. Así que Prímula se entretuvo lo suficiente en aquel museo. Dentro hice otra cosa más para que me agradezca y una vez más, me da un beso en la mejilla. Una vez más… Raro. Ni siquiera abrazo hubo. ¿Acaso se puso más descariñada?

Al terminar todo el viaje, llegaría la hora de despedirse en el parque. Le pregunté el por qué no iríamos a casa cuando ésta me empezó a llevar al parque. Prímula respondió que ya se despidió de ellos antes de irme a buscar al liceo y de mi padre en la noche del día anterior cuando yo no estaba junto a ella. Tenía todo planeado… Estando dentro del parque, o mejor dicho, frente al portal, llegaría el momento definitivo para decir adiós, al menos por un tiempo.

- Aquí terminaría nuestros divertidos días aquí – dijo con alegría Prímula, mirando el portal.
- Claro. Pero nos volveremos a ver, ¿verdad?
- Por supuesto, algún día… - respondió casi en susurro y luego se da media vuelta, poniéndose en pose coqueta – Y espero que durante esos días lo pasemos tan bien como estos.
- Esperamos que así sea – dije sonriente.

Tras esto, Prímula quita un poco su sonrisa y se acerca para darme un fuerte abrazo, enérgico. Pidió que me cuidara mucho, que me iba a extrañar y que lo pasara bien el resto del año. Yo le dije lo mismo. Sin embargo, ésta deja lentamente el abrazo, baja la mirada, la vuelve a clavar en mí y me dijo:

- Gracias, pero si me vas a extrañar que sea de verdad, por favor.
- ¿Q-qué? – balbuceé sorprendido.
- Sí, ya lo sé, me enteré ayer. Tú quieres más a una chica de este mundo que a mí y no puedes negarlo, porque te vi con ella en la zona más del liceo – respondió soltando sus manos de mis hombros, aún con su mirada en mí.
- ¿Pero cómo? – continué balbuceando.
- Tengo cierto poder, o se podría decir, un don para ver las cosas distantes, en otras palabras, tengo una especie de ojo de águila.
- Vaya… - dije sorprendido por lo que decía – Ahora entiendo el por qué has estado un poco más distante.
- Sí – contestó sonriente -. Ambos tenemos ojos de águilas, ¿a que es genial?

Le respondí con un “Claro” y la miré a los ojos con una sonrisa. Sin embargo, ocurrió lo mismo que en la noche anterior, con las imágenes de la anciana, los Gibdos y Prímula junto a su padre. La chica se dio cuenta de esto y preguntó qué fue lo que me pasó, respondiéndole diciendo: “Lo mismo de anoche”. Algo no andaba bien… ¿Por qué veía todas esas cosas sin sentido?

Finalmente, termina la despedida definitiva, con otro abrazo más de Prímula y con otro beso más en la mejilla. Nuevamente le dije que se cuidara, se portara bien en Términa y yo mantendría la promesa de regalarle el oso gigante de felpa cuando visite su mundo, durante las vacaciones de verano o para la larga semana del 18 de septiembre. Ella respondió diciendo que mantendrá esas promesas grabadas en su mente y prometió que se cuidará lo mejor posible con su padre. Nos quedamos por un breve rato conversando tras esto, recordando los últimos momentos que tuvimos en Términa también y reírnos de aquellos. Como último hecho por parte de la chica, comenzaron a salirle lágrimas por la emoción.

- No llores, recuerda que esto no es una despedida para siempre – intenté calmarla.
- Sí, perdón – contestó secándose las lágrimas y riendo de sí misma -, pero es que… Estos días… - se interrumpía a sí misma debido a que estaba a punto de romper en llanto.
- Te entiendo – le dije cuando le di un abrazo con mucho cariño, acariciando su cabello -. Estos días fueron incluso más divertidos de los que tuvimos en Términa y yo te agradezco mucho por todo, de verdad. Incluso me hiciste olvidar de ciertos problemas – terminé mientras Prímula lloraba, no desconsoladamente, y yo me refería al muro que construía en mi última frase.
- Me alegro, entonces – balbuceaba mientras dejaba el abrazo y se secaba una vez más las lágrimas -. También te agradezco por haberme traído a este mundo. No pensé que me iba a divertir tanto. Aprendí muchas cosas y también me di cuenta de otras, como la chica que tenías en tu cabezita de hace tiempo – dijo refiriéndose a Aura -. Así que perdón si te presioné mucho para venir contigo ahora, no sabía que tenías a otra…
- No hay necesidad de perdonar – la interrumpí y mirándola a los ojos continué -. En serio, de verdad que no las hay.

Prímula me miró un poco sorprendida y clavó su mirada en mí al decirle esto último. Lo que iba diciéndole era en serio. Estaba realmente agradecido por su estadía en el mundo cruel, que gracias a ella, en algunos momentos ni pensaba que este mundo era “cruel”. Prímula entendió a la perfección mi mensaje y afirmó, mientras se secaba un poco más el rastro que le dejaron las lágrimas en su rostro. Finalmente, ambos nos dimos el último adiós, repitiendo casi las mismas cosas de antes.

Poco antes que Prímula cruzara el portal, ella repitió su última frase: “Gracias, Brett. ¡Nos vemos!”, mientras que yo le respondí repitiendo la promesa: “Gracias también y no olvides el oso de felpa que te daré, para agradecerte por todo”. Ella respondió con una seña de su mano y finalmente, cruzó el portal. Sin Prímula frente a mí, quedé un rato parado mirando el portal y sin darme cuenta, una lágrima salió desde mi ojo derecho. Al darme cuenta de este detalle me sequé la lágrima, quedé un rato mirando con nostalgia el césped al recordar todos los momentos divertidos con Prímula y sonreí.

Continuará

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