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Vendetta/Capítulo 24: Lo Previo a Fiestas Patrias

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Vendetta/Capítulo 24: Lo Previo a Fiestas PatriasEditar

Y más Hylians por conocer.Editar

Ahora sí todo volvería a la normalidad. Prímula regresó a Hyrule, para luego regresar a Términa junto a su padre. Caminé solitariamente por todo el parque, luego por la pequeña carretera y finalmente, llego a mi casa. Mi madre hizo un intento para que me quedara en el primer piso, pero pensé que sin Prímula no tendría sentido. Yo estaba en esa zona de la casa sólo por Prímula. Era ella la motivación para estar allí. Por eso no tendría sentido. Todo había vuelto a la normalidad: mi abuela, mi madre y mi hermano en el primer piso, mi padre durmiendo casi toda la tarde después de trabajar y yo estando en mi habitación haciendo cualquier cosa para olvidarme de lo que sucede en el alrededor.

No tenía que entrarme un bajón. No, no era el momento. Prímula se había ido sólo por ahora y la volvería a ver algún otro día. Hasta incluso volvería a hacer cosas locas conmigo en este mismo mundo. Sí, de eso estaba seguro. No hay que malinterpretar; tanto ella como yo sabíamos que logramos obtener un cariño completamente de amistad, nada más. Claro, Aura era la chica con la que deseé estar por siempre. Era ella quien sería la chica que me olvidase de todo. Como algunos dicen, ella sería “mi mundo entero”.

Estaba totalmente claro. Ahora mismo sí que no tenía que entrar en bajón, pues ahora podría estar siempre con Aura cuando quiera. Diego ya se fue como obstáculo. Todo se fue como obstáculo. Él mismo me entregó un camino completamente libre para mí y Aura. Es esta una sensación de libertad y felicidad. La paz y el amor culminarán desde ese momento. Así se debía pensar y así pensaba yo en ese instante. Así que aparte de lo positivo que tenía de mi relación con Aura, también logré pensar positivo en mi segundo encuentro con Prímula. Sí, la volvería a ver y lo pasaremos muy bien.

Después de tanto pensamiento, tuve que bajar al primer piso para cenar algo. Estaba con tanto pensamiento positivo que incluso conversaba en la mesa. Mi abuela me miraba y ponía cara diciendo algo como: “¿Quién diablos es este chico…?”, pero no importaba. ¿El muro? Se debilita. Hasta ese momento no necesitaba un muro que me proteja, pues todos mis caminos estaban siendo iluminados en ese entonces. Estaba tan extasiado que después de la cena, me dediqué a jugar un poco con Mateo, sorprendiéndolo, aunque aceptó de inmediato. Más tarde en la noche, alisté mis cosas, hice las labores de la noche y dormí.

Amanece el día siguiente, un miércoles. Es un día corto al tratarse de clases. Al despertarme, intenté no hacer tanto ruido para “despertar a alguien que estaba al lado”, pero luego me di cuenta que Prímula no estaba. Claro, en ese instante estaría tomando el tren con su padre para volver a Términa… Después de todo, olvidé esa sensación de desmotivación y sonreí antes de decaer. Luego hice mis labores de cada mañana y salí de casa, completamente listo para un nuevo día en el liceo.

En aquella mañana helada todo transcurrió con normalidad. Cuando llegué al liceo, fui directamente a mi sala de clases. Ahí estaban los mismos de siempre, los que llegan antes de las 08:00 hrs. Dani me saluda enérgicamente y yo también lo hice esta vez, sorprendiendo a mi compañero de puesto. Le dije que estaba así porque Aura aceptó mi petición para que estemos juntos y además, terminó con el flaite antes de aceptarlo. Daniel de inmediato me felicitó y deseó lo mejor para ambos; le agradecí.

Luego comenzaría las clases. No puse atención, sólo estuve pensando en qué haría con Aura. ¿Cómo serían mis días desde aquel entonces? Según decían, las parejas alejan a los amigos. ¿Será verdad? De igual manera, dudaba mucho que la amistad con Xavi desapareciera, o también la de Daniel, mientras que a Eileen la estaría viendo de vez en cuando, tanto en el liceo como en la casa. Así que pensé que no importaría demasiado. Dudaba mucho que ellos se alejaran.

Ese día miércoles sólo estuve pensando en Aura. En algún momento, ya empecé a creer que me estaba obsesionando demasiado con ella, así que la dejaba de lado en algunos momentos y me concentraba en la clase o pensaba en alguna otra cosa. Durante el primer recreo estuve un rato con Xavi, quien me felicitó con ganas mi relación con Aura, y luego me junté con Aura. En el segundo recreo estuve un rato con Dani, para luego volver con Aura. A las 13:00 hrs. toca el timbre de salida y todo volvemos a casa. Acompañé a Aura hasta uno de los paraderos de micros. Ese día no vi a Raúl por ningún lado.

… Pensándolo bien, me saltaré varios días de agosto. Para resumir un poco de lo que fueron esos días que me salté, sólo podré decir que estuve juntándome en los recreos con Xavi, Aura y Dani. En muy pocas ocasiones me junté con el Trío Dinamita o Eileen. El grupo flaite tuvo una riña con otro grupo de flaites de otro liceo, por lo que Diego y otros dos más de mi curso estuvieron suspendidos durante cinco días; casi fueron expulsados. También quedó suspendido Francisco, Mario y otros más, pero Carlos no. También esos días fueron muy tranquilos en cuanto a clases, pues aún no tocaban exámenes o trabajos prácticos. Además yo no ponía mucha atención. Más que nada, Dani me explicaba en varias ocasiones las cosas cuando se lo preguntaba. Y por último, un detalle que nunca me gustó: el profesor jefe continuaba insistiéndome que yo esté más despabilado durante las clases, ya que incluso había otros profesores que reclamaban lo mismo.

Ahora iré directamente a fines de agosto. Esta semana fue una en donde hubo dos exámenes y un trabajo práctico. El trabajo lo hizo Dani y colocó mi nombre, mientras que en los exámenes él mismo me ayudaba. Vaya chico tan “buena onda”, arriesgando incluso sus notas si es que un profesor lo ve ayudándome. La cosa es que gracias a él, podía tener buenas notas. En la siguiente semana de septiembre tendría un cañonazo de exámenes, así que tenía que estar preparado.

Ahora volviendo con lo que les quería hablar, a fines de agosto llegaría otro día más que sería inolvidable para mí. Para ser más certero, esto ocurrió un día viernes 30 de agosto, dos días antes de entrar a septiembre. En la siguiente semana llegarían los “fusilazos de exámenes”, como había dicho. La cosa es que tras haber pasado la hora de clases, invité a Aura a salir a caminar. Tenía pensado pedirle el pololeo/noviazgo. Además, ya había pasado varios días desde que andábamos juntos sin ser pololos oficiales.

Así que cuando tocó el timbre de salida, me quedé esperando por unos breves minutos en la puerta de la sala del 1º C. Cuando Aura salió, ambos sonreímos, nos dimos un pequeño beso en los labios y salimos del liceo tomados de la mano. Esto causó que unas chicas detrás de nosotros, las cuales iban en el curso de Aura, comenten en susurro, pero yo escuchaba algo de lo que decían. Ambas cotilleaban sorprendidas por la decisión de Aura, incluyendo el cómo pudo dejar a Diego. Perras, me cagan los cotilleos. Luego nos ve Eileen y sonríe al vernos, a la vez haciendo la seña con su mano de despedida. Aura y yo también lo hicimos para despedirnos.

Cuando salimos del liceo, ambos caminamos en dirección a la Plaza de Armas, algo que no era muy común. La mayoría lo hace en los lugares donde se conocieron, en el Parque Cuarto Centenario o en el Parque Chuyaca, en algún otro lugar bonito que yo no conozca, o para hacerlo más “romántico”, en lo alto de la Villa Olímpica, lugar donde se puede ver todo Osorno e incluso el Volcán Osorno, ubicado al sureste de la ciudad. Pero yo no, decidí hacerlo en frente a la pileta de la Plaza de Armas, donde el lugar no está nada mal para tener una excelente vista a la pileta misma, al sol que nos apuntaba directamente, unos cuantos edificios con luces, la cúpula blanca de la plaza y el edificio Kauak incluido. Así que tras haber caminado y sentándonos en una banca de allí, comprando unos dulces para cada uno antes de llegar, llegó la hora de la verdad.

- Oye Auri – comencé un poco nervioso, llamándola por el apodo que le puse.
- ¿Qué pasa? – contestó ella, terminando el dulce comprado.
- ¿Te gusta este lugar? – pregunté como previo a mi petición.
- Sí, está lindo. Gracias por traerme – respondió sonriente.
- Oh, por nada… - dije todavía nervioso y bajando la mirada, haciéndose notar más.

Aura se dio cuenta de mi nerviosismo y preguntó: “¿Pasa algo?”. Yo levanté la mirada para clavarla a sus ojos, que se resplandecían cada vez que nos veíamos de frente y tan de cerca. A continuación, la tomo de las manos y de inmediato le pregunto, tomando algo de aire antes de preguntar: “Auri querida, ¿quieres ser la polola oficial de este tipo con cara de perro pidiendo por favor?”. Tras esta petición, Aura de inmediato se sorprende y dibuja una tremenda sonrisa de alegría, para luego responder con un enérgico y exclamativo “Sí”. A continuación, ésta me abraza con fuerza y luego de ese cálido abrazo, le doy un beso que sería otras de aquellas eternas.

“Este lugar será simbólico para nosotros, no lo olvides nunca, por favor. Y aquí mismo te juro que nunca te dejaré sola. Siempre estaré contigo, cuidándote y protegiéndote, por siempre”, le dije a Aura tras haber terminado nuestro beso, a lo que ella aceptó sacando una pequeña risa sólo por la alegría que tenía. Estaba seguro que ese maldito perro con rabia nunca fue así con Aura… Después de todo, ella ya estaba conmigo y el flaite se alejó de su vida. Ahora yo la haría feliz y no la maltrataría como lo hizo ese otro imbécil que no merecía vivir. Ahora seré yo quien la protegiera, a pesar de ser tan débil en aquel mundo.

Luego de terminar nuestro momento en la plaza, continuamos caminando por el centro de la ciudad, en casi todo el rato tomados de la mano y con sonrisas dibujadas cada uno mientras hablábamos. Ese “yo” que estaba con Aura era diferente a todos; no era el pensativo de la sala de clases, no era el negativo de la casa, no era el nostálgico, sonriente y expresivo del mundo “maravilloso”. Parecía otro, uno completamente nuevo. Es como si acababa de crear un nuevo “yo”, uno nuevo para interactuar socialmente. Una nueva máscara para mí. Esta sería la máscara con la que me presentaría estando con Aura. Sería uno de los más positivos que tendría. Tendría el diseño de un muchacho enamorado, con una sonrisa un tanto histérica y con una mirada perdida.

Nada más que decir, al terminar la salida terminé dejando a Aura en las afueras de su casa. Aquel día fue algo cansador por tanta caminata, pero valió la pena estar con la chica de mis sueños todo un día libremente, sin estar siendo intimidado por posibles cotilleos. Luego regresaría a mi casa, ya casi estando de noche, y me quedo todo el rato en el primer piso hasta irme a dormir. Finalmente, Aura y yo nos convertimos en pololos/novios oficialmente. Ahora sólo faltaría que toda la gente cercana a mí se enterara.

El fin de semana, entrando al famoso y querido septiembre, fue completamente normal. Recibí la visita de Eileen y Bastián en la casa. Allí aproveché de contarle lo ocurrido entre Aura y yo a ambos. Bastián me felicitó de una perfecta manera, con abrazo rápido y todo. En tanto, Eileen también me felicitó, con un abrazo y una sonrisa, aunque ambas cosas me parecieron un poco falsas y forzadas; pude notar esto con facilidad debido a que la conocía perfectamente. Su sonrisa no era la misma de siempre, parecía más de tristeza o decepción que de suma felicidad. Su abrazo pareció más forzado que todo. Eileen, ¿qué te pasaba? Una pregunta como esa me daban ganas de hacerle. Estaba rara…

Luego llegaría la semana completa de exámenes: la semana de los fusilazos. Aquella semana casi ni escritura en los cuadernos tuvimos, más que nada, fueron en hojas de oficios. Daniel me ayudaba en diferentes exámenes. En algunas no pude hacer nada, ya que el/la profesor/a de ciertas asignaturas eran muy atentos/as a las personas que intentaban copiar. En aquellas asignaturas, en cada examen no me quedó más remedio que aplicar mis conocimientos sobre ello.

Durante septiembre, el grupo flaite no se pasaba el rato mirándome con sus típicos rostros de siempre que colocaban. Es más, su propio líder intentaba desviar la mirada hacia mí. ¿Acaso es vergüenza? ¿Vergüenza por sí mismo o por mí? Realmente no me importaba, pero esas preguntas quedaron al aire. ¿Por qué decidió dejar a Aura? Esa fue una de las preguntas que más resonaban en mi cabeza.

El primer lunes de septiembre, todos se enteraron de mi relación oficial con Aura. Xavi y el Trío Dinamita eran los que más me felicitaban, seguidos por Daniel y el propio Raúl. ¿Eileen? No felicitó porque ya lo había hecho anteriormente. Sería muy tonto hacerlo una vez más. Aunque debo destacar que ese día la vi con un poco más de angustia que antes. Las ganas de preguntarle qué le pasaba llegaban a ser más fuertes, pero a la vez más débil por la simple razón de no meterme en su vida privada.

Me saltaré esa primera semana de septiembre. No pasó nada interesante, aún más debido a que estaba casi todo el tiempo con Aura. La siguiente fue un poco más interesante, sólo por el hecho de un acontecimiento que sucedió un día martes. Para ser más preciso, martes 10 de septiembre. Durante el recreo largo del día anterior, el Trío Dinamita volvió a hablarme acerca de la “chica genio”. Estos me dijeron que una vez más hicieron algo para llamar la atención de la chica extraña, pero no consiguieron nada de nuevo.

Como el tema me motivó un poco, decidí visitar a aquella chica para intentar hacer algo para llamarle la atención, mientras Aura estaba almorzando junto a otra chica más dentro, que según Aura era una de las pocas con las que hablaba dentro de su sala de clases. Así que eso hice, ir a la biblioteca abandonada. Al llegar y entrar, encontré a la chica genio sentada de rodillas y leyendo atentamente los libros complejos que tenía a su disposición. Estaba en la misma pose y con las mismas prendas que usaba cuando la vi por primera vez. Me acerqué a ésta, me agaché a su lado izquierdo, quedé mirándola por un breve momento en silencio y luego abrí la boca: “Me pregunto cómo le haces para concentrarte tanto”. No esperé respuesta alguna. Sabía que ni siquiera me iba a mirar. Sin embargo, inesperadamente la chica despierta de su concentración y levanta la mirada, con algo de susto, hacia mí. Yo me sorprendí tanto como ella conmigo.

- ¿M-me has escuchado? – balbuceé justo al levantarme, produciéndose un breve silencio mientras nos quedamos mirando, poniéndome nervioso.
- ¿Quién eres? – preguntó con una voz suave que transmitía mucha tranquilidad.
- ¿Eh? Así que de verdad me has escuchado… - susurré – Me llamo Brett, ¿y tú? – me presenté un poco más relajado.
- ¿Brett? – preguntó un tanto sorprendida por mi nombre.
- Sí. ¿Y cuál es tu nombre? – insistí, pero ésta continuó con su mirada de sorpresa por un breve momento, cosa que me inquietó un poco una vez más.
- Me llamo María José – contestó al fin -, nombre usado por mujeres y que a mí me parece lindo. Es una mezcla entre un nombre femenino, María, y un nombre masculino, José, quedando como “María José” – continuó definiendo su nombre con rápida fluidez, algo que me dejó un tanto estupefacto y luego terminó -. A pesar de que me guste mi nombre, prefiero que me llamen por “Coté”, uno de los tantos apodos que tiene este nombre.
- No era necesario tanta explicación de tu nombre… - dije con algo de resignación, pero ésta sólo me quedó mirando; un silencio de nuevo nos atormentó hasta que rompí el hielo – Entonces, Coté, ¿por qué estás siempre aquí? ¿Tanto te gusta leer libros? – preguntaba, pero pareciera ser ignorado debido a que ésta comienza a sacar algo de un bolso - ¿Y por qué no respondes cuando otras personas te hablan? Además, ¿por qué estás descalza?
- Esto lo he hecho yo – ignoró mis preguntas al enseñarme un termo lleno de pasta -. Esto es lo mejor que puedo hacer.

De inmediato, al ver toda la comida “hecha por ella”, recordé lo que me habían dicho el Trío Dinamita. Según José, esta chica vivía en el liceo y en la biblioteca abandonada misma, por lo que no tendría casa. ¿Quién diablos era ella en realidad? La chica genio, o mejor dicho, Coté, me sacó de mis pensamientos al invitarme a comer con ella, a lo que terminé aceptando. Probé un poco de su pasta, la cual estaban completamente blancos pero con trozos de carne. Estaban exquisitos, mejores incluso de la pasta que cocinaban en casa, a pesar de que éstas no tenían salsa.

Tras haber comido un poco de la pasta de María José, la felicité al decirle que estaba delicioso. Ella respondió tan solo enseñando una sonrisa. A continuación, me levanto de haberme agachado por comer y le digo: “Sería bueno que estuvieses en las salas de clases junto a los demás alumnos, como si fueras una alumna normal, ¿no crees?”, pero ella tan solo quedó mirándome. Terminé preguntándole: “¿No vas a querer algo?”, pero una vez más quedó mirando sin responder. No obstante, antes de decirle que me iba a ir, ésta levanta un poco más la mirada y concluye la conversación diciendo, de una manera algo fría pero suave: “Nos vemos”. Quedé mirándola por unos segundos, viendo cómo volvió a su lectura con los libros. Luego me marché de la biblioteca abandonada.

¿Fui la primera persona que le pudo hablar con normalidad? ¿Fui la primera persona que escuchó y con la que habló mientras estaba en su lectura? Eso sí que pareció haber sido un logro que varias personas han intentado superarlo, al parecer. No es por casualidad que esta chica sea famosa por el solo hecho de que está siempre en la biblioteca abandonada o por ser muy inteligente. Más que inteligente parecía muy extraña, aumentando esta característica al hablar con ella. Es como si uno le hablara y ésta en apenas ocasiones continuaba la conversación. Si no le interesaba, simplemente cambiaba de tema o se despedía con frialdad. Parecía que vivía su propio mundo.

Cuando salí de la biblioteca donde estaba la famosa alumna superdotada, o ahora conocida como “Coté” o María José, bajé al primer piso y volví al gran pasillo. Me quedé pocos minutos allí hasta que llegó Aura y volvimos a estar juntos. Ese recreo pasó rápido, la siguiente hora de clases lento, el último recreo también rápido y la última hora de clases igual pasó lento, aunque menos que la anterior.

Dani y yo conversábamos por varios minutos en las horas de clases. Más que nada, ambos sacábamos temas de música, series o películas. Estos dos últimos temas los comparto debido a que me pasaba el tiempo mirando televisión, claro. En tanto, el tema de la música lo sacaba debido a que compartíamos gustos de ello, principalmente en el género clásico. También nos gustaban muchas canciones de películas o series. Mi MP4, el cual siempre lo mantenía en uso, a excepción en los momentos que estaba con Aura o quería escuchar una conversación que me interesaba, estaba lleno de canciones de los tipos de géneros que les mencioné, así que se deberán imaginar un poco de lo que tenía dentro de su memoria.

Aquella semana pasó lenta y a la vez, fugaz. Sí, es una mezcla un tanto extraña, pero así pasó a mí gusto. El miércoles no pasó nada especial, salvo una pequeña discusión entre un flaite y otro joven más que no pertenecía a ningún “club”, en otras palabras, era alguien “normal”. Según el Trío Dinamita, la riña se originó debido a que el joven “normal” había dicho algo a las espaldas del flaite que lo golpeó. Esos insultos pasaron y pasaron por adolescentes cotillas, que de seguro más de uno le habrá agregado alguna mentira para que se ponga más intensa, hasta que finalmente llegó al flaite, provocando su enojo. Éste flaite, quien pertenecía al grupo de Diego, no volvió nunca más al liceo, mientras que el otro joven regresó dos semanas después. Supuse que lo suspendieron por cinco días. ¿Por qué no volvió el jueves o el miércoles de la semana posterior? Simple: ¡fiestas patrias!

Debo decir que aquella semana de fiestas patrias no hice nada especial en familia y antes de que comience esos días festivos, ocurrió uno de los acontecimientos que comenzarían a marcar una “nueva” etapa en mi vida, o mejor dicho, se presentaría un nuevo enemigo. Aún antes de llegar a eso, destacaré que el viernes de la misma semana en que visité a la Coté, volví a visitarla en la biblioteca abandonada. Estaba con las mismas prendas, la misma pose de su sentada y con los mismos libros. Me acerqué a ella, comencé a llamarla en un principio por “María José” y no contestaba. En ese entonces no recordaba muy bien su apodo, por lo que empecé a decir cualquier tontera que se me venía a la cabeza. Finalmente, di en el clavo y le llamé la atención.

- Así que era un simple “Coté” – dije tras un suspiro, estando sentado a un lado de ella.
- ¡Buenas tardes, Brett! – saludó ella enérgica y sonriente, volteándose hacia mí arrastrando solamente sus piernas y conservando su pose; se vio algo gracioso.
- Así que la única manera de despertarte de tu lectura es solamente llamándote por tu apodo, ¿verdad?
- Brettcy – sorprendió diciendo mi apodo que sólo Xavi y Prímula conocían.
- ¿Eh? ¿Cómo sabes ese apodo? – pregunté, pero ésta sólo quedó mirándome con un sereno rostro – Vamos, ¿por qué no me respondes? – insistí, pero ésta coge un libro, ignorando todo.
- ¿Quieres leer conmigo? – preguntó al enseñarme el libro que tomó, titulado “Ciencias Sociales y la Realidad Mundial”.
- No, gracias. – negué, quedando en silencio por un rato y luego dije en voz más baja, tras quedar mirando el libro – Sí que te gusta leer cosas complejas…
- Lo hago por el bien de mis estudios – contestó de forma seca, pero con su tonalidad suave e inocente de voz.
- Entiendo. ¿Cuántos años tienes y en dónde vives? – pregunté interesado en esto, ya que nadie sabía la respuesta, solamente ella.
- Tengo 12 y… - se pausó, cerrando el libro con la que me había invitado a leer – No tengo padres ni hogar.

Inmediatamente después de esto, me disculpé al haberle hecho una pregunta que le podría doler con tan solo responderla. La teoría que sacó el Trío Dinamita acerca de esta chica, la cual decía que ella vivía en la biblioteca abandonada del liceo y que era mucho menor que un/a estudiante de Primero Medio, era totalmente cierta. Creí que podría haber sido una farsa y es por eso que quise comprobarlo preguntando de frente a la chica que acabaría con los rumores. Tras las disculpas, la Coté solamente me levanta la mirada, me queda mirando por un rato y termina la conversación diciendo: “Nos vemos”. A continuación, vuelve a abrir el libro que leía y sigue su lectura.

Había metido la pata. No quise insistirle en nada, ni siquiera llamarle la atención de nuevo. Así que dejé que continúe con su lectura y salí de la biblioteca, o también conocida como “la casa de Coté”. ¿Qué habría pasado con sus otros parientes? ¿Por qué no quisieron recogerla a sabiendas de que no tenía padres? Hasta su familia parecía ser extraña. Quedaron muchas interrogativas al aire y que podría hacérselas en ese mismo momento, pero con lo ocurrido no me atrevería a decirles las preguntas.

Dejando de lado esa experiencia con María José en la biblioteca, luego se terminaría la semana y llegaría la siguiente: la semana de las Fiestas Patrias. Como el 18 y 19, días feriados por la celebración, cayeron en un día miércoles y jueves respectivamente, dejaron el día viernes 20 como un feriado más, haciendo que esa semana sea totalmente larga. Vaya país flojo… Lo bueno es que no habría clases y así me daban más ganas de visitar Hyrule, ya que no tendría que preocuparme por el detalle de mi regreso al mundo cruel hasta que llegase el domingo.

Entonces, el día lunes 16 de septiembre, en la mañana estuvimos haciendo adornos de fiestas patrias por toda la sala de clases. Cada curso tenía que hacerlo y la sala mejor adornada, se ganaba un pequeño premio. A mí no me importaba en absoluto el premio, sólo hacía aquello para pasar el rato y aprovechar de conversar con Dani o el Trío Dinamita, quienes eran ellos los que llevaban el peso de las conversaciones; yo, por mi parte, casi solamente comentaba o decía apenas un “Sí” o “No”. El grupo de “Dears” eran las más trabajadoras, mientras que el grupo flaite se esforzaba por hacer cosas buenas, pero les salían desastres y desastres. Cristián se esforzaba en hacer adornos, a José les salía perfecto y a la Sofy les salía regular. Dani hacía adornos de “calidad” cada cinco minutos. Vaya máquina con ingenio… En tanto, yo tardaba unos 30 minutos en hacer algo.

Como era de esperarse, nuestro curso no ganó nada, pero tanto a mí como los demás no nos importó la derrota. Lo que importaba era la unión como curso y hacer de la sala un espectáculo rojo, blanco y azul, tanto con globos, copihues, tiritas de lujo, etc. Todo eso lo hicimos durante el primer bloque de clases, es decir, en Consejo de Curso y Orientación junto al profesor jefe. También avanzamos cuando tuvimos Lenguaje y Comunicación por la tarde, ya que el profesor es el mismo. En este último bloque, el profesor me hizo una broma más que no me agradó del todo…

Al día siguiente, martes 17 de septiembre, saldríamos a las 15:00 hrs. y no a las 16:50 hrs., algo que agradó a la mayoría. Más que uno esperaba a las 13:00 hrs., pero con la hora que pusieron ya nos conformábamos. Las clases terminarían a las 13:00 hrs. y durante la tarde, se realizaría un acto en ceremonia previo a las fiestas patrias. Es algo que se hacía también en la Escuela Básica, pero ahora se haría decentemente en un gran gimnasio y espectando sentado en las galerías del gimnasio, no en las colchonetas y desde el suelo.

Aquel día martes y el día anterior, durante la mayoría de los recreos estuve con Aura, aunque el lunes, en el último recreo de la mañana se incluyó Eileen, mientras que parte del recreo largo y en el último recreo de la tarde, se incluyó Xavi. En el día martes, en el primer recreo estuve solamente con Dani y el Trío Dinamita, y en el siguiente recreo estuve con Aura. En el recreo largo estuve un rato con Eileen y mientras estábamos conversando, salí con una pregunta que llevaba guardada.

- ¿Qué pasó contigo y Raúl?
- Hasta que al fin me lo preguntaste – respondió Eileen con sarcasmo y de inmediato continuó, con la cabeza agachada mientras caminábamos por los pasillos del liceo -. No fue nada malo. Sólo tuvimos una discusión donde se pusieron a prueba nuestros celos y… rompimos – concluyó casi con total firmeza.
- ¿Celos? ¿Quién de quién?
- Lo que pasa es que Raúl se juntaba mucho con una chica del Liceo Comercial y pues… me puse celosa y peleamos – contaba en tono de normalidad, como si nada muy malo hubiera pasado.
- ¿Sólo eso? – pregunté y afirmó – Vaya, me pareció un tanto estúpida su discusión, entonces.
- Aunque... – continuó con algo de duda por sacar el tema – No creo que fue lo único.
- ¿Entonces?
- Es que él también sentía celos por un chico, porque yo hablaba de él casi todo el tiempo. Ya habíamos discutido de eso antes, me esforcé por evadirlo, pero no, seguí y seguí hablando de él y entonces… Pasó lo que pasó – concluyó levantando la mirada hacia mí, con una sonrisa un tanto falsa, apenada e irónica.

¿Un chico? Quedé con esa duda, pues no le quise preguntar. Después de que ella terminara su historia, sólo le respondí con un miserable “Entiendo”, para que así mi prima sacara un nuevo tema. Pocos minutos más tarde, Aura se incluye a la conversación y pocos minutos después, Eileen se separa para irse con sus dos únicas amigas. Hay que recordar; ella, al igual que yo, no éramos personas de crear amigos y preferíamos estar a solas que con gente falsa. Sí, ella tenía pensamientos parecidos a los míos, aunque yo tenía un tanto de odio más hacia la gente. Es por eso que Eileen también sufría de maltrato escolar en la escuela básica, aunque pareciera que lo superó.

Llega la hora del acto, 14:00 hrs. Esto terminaría justo a las 15:00 hrs., cuando todos los alumnos se tendrían que marchar para regresar casi en una semana completa más. Mientras buscaba asientos en la galería junto a Aura, pillé uno que estaba al lado de Dani. Éste estaba sentado al lado de una chica que tanto él como yo desconocíamos. Estaba con auriculares en sus oídos y con la cabeza algo inclinada, con sus ojos cerrados y manteniendo la sonrisa típica de él. Al sentarme con Dani, quedando él a mi derecha y Aura a mi izquierda, se sorprendió y me saludo enérgicamente. Ahí conoció a Aura en persona, a quien la saludó posteriormente.

Antes de que el gimnasio se llenase más y más, siento una pequeña energía a mis espaldas que luego pasa a tocarme el hombro. Era nada más y nada menos que Xavi, quien estaba acompañado con la tal Ashley. Ambos permanecieron sentados detrás de Dani, Aura y yo. Vi pasar a Eileen junto a una amiga, a Raúl con su grupo de amigos, entre otros. Cuando todos los grupos de cursos, primeros, segundos, terceros y cuartos medios, se sentaron en sus respectivos puestos en las galerías del gimnasio, comenzó el acto. Se tardaron unos cinco o más minutos mientras esperaban la llegada de alumnos, por lo que se agrega esos minutos al acto. Vaya impuntualidad… Algo típico, pero que siempre me ha molestado.

El acto comienza inmediatamente después de que el director haya puesto un pie en el gimnasio. Éste se dirige al centro de la cancha, toma el micrófono que estaba puesto allí y su voz comienza a escucharse a través de los grandes parlantes colocados en el gimnasio. Cuando el director dice al menos una palabra, varias pifias de “molestia” se escuchan por todo el gimnasio, provenientes principalmente de los cuartos y terceros medios. Por otro lado, los primeros aplaudían como lo pendejos que éramos y los de segundos tan solo permanecían en silencio, pero algunos aplaudían y otros también pifiaban. A mí eso no me molestaba. Al contrario, me divertía ver a los adultos “tensos” ante la situación.

Después que el director haya terminado su pequeño discurso, tocaría el momento de cantar el himno nacional chileno. Todos se levantan, se ponen la mano derecha en el pecho y comienza el típico inicio de aquel himno, para luego comenzar con el cántico en donde yo tan solo escucho como cantan. Me da flojera ni tengo las ganas de cantar el himno. Mientras escuchaba los cánticos y la canción de fondo, todo el volumen de esto comienza a bajar y múltiples voces en susurro empiezan a escucharse en mis oídos. Reconocí el idioma Hylian, pero no lograba traducir lo que decían las malditas voces. Además, un pequeño pitido empezó a molestar mis oídos mezclándose con las voces. Me tapo los oídos, pero continuaba. Intento concentrarme en otra cosa, pero no ayudaba.

Tras este suceso extraño y molesto, sentí que me tironeaban del polerón. Era Xavi, quien me dijo que ya me podía sentar. Al contrario de cómo estaba, cuando volví en sí yo estaba con los brazos a cada lado y miraba una de las paredes del gimnasio. Nunca me tapé los oídos. Nunca cerré los ojos por nerviosismo. Nunca estuve incómodo delante de todos. Lo único que les llamó la atención a los demás es que había quedado parado con la mirada perdida cuando todos se tenían que sentar. Así que hice caso a Xavi y avergonzado de mí mismo me senté. ¿Qué había pasado? ¿Acaso fue todo una imaginación mía lo que pasó?

Rato después de lo ocurrido, los sucesos paranormales no se detuvieron ahí. Cuando estaban aproximadamente en la mitad del acto, sucedió lo mismo de antes. Esta vez no escuché pitidos ni múltiples voces. Solamente escuchaba una voz en susurro, la de un joven. Me pareció conocida: Drott. También decía palabras en Hylian, así que no entendía nada de lo que decía. Una corriente oscura se mantenía rodeándome, la cual me causaba repetidos escalofríos. Aura se percató de esto y me preguntó qué me pasaba, respondiéndole con un simple y mentiroso “Nada”. Ella no creyó mucho en mi respuesta, pero aun así no insistió. Tras esto, la voz de Drott desaparece.

Más tarde tocó el turno a los músicos del liceo para tocar una excelente canción de género clásico, indicando que faltaba poco para el término del acto. Yo no lo pude disfrutar debido a que otro hecho, igual a los dos anteriores, apareció una vez más. Éste fue más intenso: la voz de Drott, hablando en Hylian y en tono bajo, se escuchaba con más fuerza; escuchaba gritos femeninos, como si tuvieran miedo de algo; sentía una especie de fuerza o energía viviente cerca de mí alrededor; y como último detalle, la música escuchada en el gimnasio sonaba deteriorada y yo sentía leves mareos.

Miraba a mí alrededor; veía a Aura tranquila escuchando la canción, a Daniel hipnotizado, a Ashley apoyada en el cuerpo de Xavi y éste último, por alguna razón extraña, no se veía tranquilo. Movía su pierna izquierda inquietantemente, sus manos las tenía cruzadas encima de las piernas y la mirada que tenía hacia los músicos, era más de nerviosismo o miedo que de tranquilidad. Más arriba estaba el Trío Dinamita, quienes también se sentían un tanto incómodos. Antes que me dese la vuelta, Xavi se da cuenta de que yo también me sentía inquieto. Así que al cruzar la mirada conmigo, siento su voz en mi cabeza, como si de telepatía se tratase, diciendo: “¿Lo sientes también?”. En un principio me sorprendí por la pregunta telépata, pero luego afirmé.

Tras esto, aún con esa voz y sensaciones incómodas, una chica en el gimnasio desde la zona de Cuarto Medio comenzó a gritar de la nada. Como la música no sonaba muy fuerte, su grito se alcanzó a escuchar. Todos dirigieron la mirada a la zona proveniente del grito, pero dos segundos más tarde otra chica también comenzó a gritar. Ésta última provenía de los Terceros Medios. Dos segundos más tarde, le tocó al turno a una de Segundo Medio y dos segundos más, a una de Primero. Todos, principalmente los inspectores, comenzaron a inquietarse de la situación, ya que cada dos segundos una chica comenzaba a gritar. Luego le tocó al turno a dos chicas, una de Tercero y otra de Segundo. La música se apagó en el gimnasio y corridas de profesores e inspectores, por aquí y por allá, se iniciaron.

Los gritos no se detenían. Por más que sus amigos, compañeros y la gente adulta hacían intentos de calmarlas, no funcionaba. Cuando el gimnasio se llenó de murmullos de incomodes por parte de los estudiantes y con los gritos ensordecedores de las alumnas hipnotizadas, Xavi se levantó de su puesto rápidamente y me dijo en voz alta: “Llévate a Aura, a tu amigo y a Ashley lejos de aquí”. Yo y los otros tres quedamos mirándolo sin entender el por qué dijo aquello, pero antes de que uno le haga la pregunta, una fuerza completamente oscura sentí en mi interior, no alrededor. Me sentí debilitado, por lo que caí, pero fui afirmado por Dani y Xavi. Sentí mareos. Veía las cosas con una vista un tanto extraña, pero repetidamente volvía a la normalidad. Luego sentí que una cosa se acercaba y tras aquello, dirigí la mirada hacia el muro norte del gimnasio, es decir, al frente de la galería donde estaba. Justo allí donde una araña gigante negra, con parte de su cuerpo blanco más unas extrañas marcas de color rojo, se estrelló con el gimnasio, aterrizando justo después en medio de todo. Por suerte, en ese muro no había ningún alumno o adulto.

“¿Pero qué mierda es esa cosa?”, pregunté en voz alta e histérico al verlo, ya recuperándome de lo que me estaba pasando. Xavi de inmediato insiste en que sacara a Aura, Daniel y a Ashley del gimnasio lo más pronto posible, a lo que empecé a realizar. Antes de que Ashley pudiera detenerlo, Xavi la abraza, le dice algo que no escuché para calmarla y baja de inmediato de la galería, dirigiéndose a la araña gigante. Supuse que le dijo algo a Ashley debido a que ésta le afirmó moviendo su cabeza, a pesar de que su rostro mostraba susto. Luego se tranquiliza y baja junto conmigo y los demás.

Sabía que Xavi podría enfrentarse a tal cosa por sí solo, de eso estaba seguro. Lo que sí tenía miedo era si algo le pasara a Eileen o al Trío Dinamita, a quienes les perdí de vista desde que el acontecimiento del gimnasio sucedió. Aura, Ashley, Dani y yo salimos del gimnasio, salimos del liceo a través del portón negro del patio y corrimos hasta llegar a Jumbo, cansados de tanto correr. Al menos estábamos en un lugar mucho más seguro. Gran cantidad de alumnos también salían corriendo, muy horrorizados. Algunos salían desde el portón negro u otros desde la puerta oeste del gimnasio, la cual no se rompió.

Cuando nos detuvimos en las afueras del Jumbo, Ashley preguntó asustada qué era esa cosa del gimnasio, a lo que todos respondimos con un obvio “No sé”. Aura y Dani también parecían estar muy asustados. Por mi parte, yo estaba un poco más relajado por el hecho de que Xavi acabaría con tal araña gigante, sin importarle el hecho de enseñar su verdadera identidad frente a todo el liceo, aunque de igual manera estaba con algo de susto por la gran sorpresa inesperada. Tres de las chicas que gritaban hipnotizadas en el gimnasio las vi salir corriendo e impactadas por lo ocurrido.

Después de un rato y cuando ya estábamos más tranquilos, aún en las afueras del Jumbo, una explosión se sintió proveniente del gimnasio del liceo. De inmediato entré en pánico y corrí hacia la zona de la explosión, ignorando los gritos de Aura y Ashley para detenerme. Dani intentó detenerme tomándome del brazo, pero sólo logró tomar el polerón y me solté con facilidad. Corrí y corrí, sin importar lo que pasaba en mí alrededor, tanto así que un chofer de un auto tocó la bocina por cruzarme. Regresé al liceo desde el portón negro, lugar donde aún los alumnos salían del liceo. Varios estaban mirando el destrozado gimnasio y el humo que lanzaba aquella explosión.

Al ver que el gimnasio se hizo trizas y parecía no haber quedado ningún rastro, me asusté todavía más y continué corriendo hacia la “Zona Cero”, sin importar el cansancio. Dos inspectores intentaron detenerme, pero no lo hicieron con éxito y logré llegar a la humareda. No veía nada, salvo una pata de araña en el suelo y los instrumentos rotos en el suelo. Supuse que estaba en el centro, así que creí que estaba cerca del lugar donde debería estar Xavi. Seguí caminando lentamente, buscando a mi amigo/protector de los escombros. Sin embargo, me topé con tres tipos extraños: uno vestía ropas grises, con una espada y escudo pequeño; otro parecía un ser extraño, que usaba zapatillas rojas y tenía una especie de pelaje puntiagudo azulado; y la otra parecía ser una chica, de piel muy blanca, pelo negro y largo y parecía portar un cañón.

- ¿Quiénes son ustedes? – pregunté extrañado por los tipos.
- ¿Brett? – preguntaron los tres al mismo tiempo.
- ¿Cómo saben mi nombre? – balbuceé extrañado al saber mi nombre.
- ¡Somos nosotros! – exclamó el chico de ropas grises.
- A los que llaman “Trío Dinamita”, claro – acompañó la chica, más alta que todos.
- Aunque con otras formas – concluyó el ser extraño, con la cabeza inclinada, los ojos cerrados y con los brazos cruzados, pero con una taza con café en una de sus manos.
- ¿Eh? ¿Acaso…? – preguntaba confundido y con los mareos de antes volviendo a atormentarme.
- Sí. Soy Cristián, o conocido como Seik con esta forma – se presentó el de ropas grises, el “principal” de los tres.
- Yo José, aunque agrégale una X al final y quítale la molesta tilde esa de la E, quedando como Josex; ese es mi nombre – se presentó tras un sorbo en su café el ser azulado.
- Y yo Black Rock Shooter, o llámame “BRS” para hacerla más corta – se presentó ésta última, apuntándome con su cañón.

Estos tres se acercaron más al presentarse. Es por esto que pude ver mejor las características de los tres: Cristián/Seik había mantenido su estatura, pero usaba una túnica gris, una gorra del mismo color idéntica a la que usaba yo en los otros mundos, una espada y escudo pequeño, botas cafés, camisa y pantalones blancos, sus orejas crecieron como las de un Hylian y su cabello pasó a ser rubio. José/Josex bajó de estatura, le creció un largo pelaje azulado puntiagudo desde su cabeza hasta la espalda, una pequeña cola, usa unas grandes zapatillas rojas, parte de su cuerpo mantuvo su color moreno, pero la mayoría quedó azulado, y su rostro cambió notablemente. Mientras que Sofía/BRS creció en estatura y su delgadez era notable, su pelo quedó completamente negro y largo, al igual que sus prendas que llevaba, el color de piel quedó a un blanco demasiado pálido, su brazo derecho era un pesado cañón que estaba incrustado en él, por lo que no lo cargaba con manos, y en su ojo izquierdo le aparecía un fuego azulado de vez en cuando.

Quedé sin palabras al ver estos tres convertidos de esa forma. Mi pregunta no completada era: “¿Acaso también provienen de los otros mundos?”. Parecía que Cristián/Seik sabía la pregunta, pues antes de presentarse dijo “Sí”. Volviendo al término de su presentación; como quedé mirándolos estupefacto, éstos esperaron una respuesta y al ver que no la había, intentaron llamarme la atención, pero fueron interrumpidos cuando una silueta y voz conocida apareció desde atrás de ellos: era Xavi. Al ver que estaba completamente bien, sin rasguño alguno, dije aliviado: “Así que estás bien”, para luego soltar un pequeña risa de locura, sentir nuevamente los mareos con mucha fuerza y finalmente, caer inconsciente.

En la habitación oscura, Drott y el hombre barbudo recibieron la visita de un hombre. La silueta de éste último personaje era conocida, así como su voz grave y fuerte. Cuando el hombre abrió la puerta, dando paso la luz amarillenta a la habitación oscura, y quedando parado allí, tal como lo hizo una vez anterior, Drott lo mira y sonríe irónicamente, para luego comenzar a aplaudir.

- Hasta que lo hicieron. Les felicito, organización – dijo Drott.
- Así que te diste cuenta de nuestro primer envío para destruir a los gusanos – contestó el hombre con su típica voz -, no me extraña de ti.
- Claro, claro. ¿Ya tienen el segundo listo? – preguntó al terminar de aplaudir el joven.
- ¿Para qué querríamos el segundo si nuestro primer intento estaría siendo un éxito a estas horas? – respondió también preguntando el hombre aún desde la puerta.
- Su objetivo no es tan solo los humanos, sino mi hermano, ¿o me equivoco? – siguió Drott, mientras que el otro hombre barbudo permanecía en silencio.
- ¿Me estás diciendo que…?
- Sí – interrumpió Drott -. Brett ni siquiera ha recibido un rasguño de la arañita débil y tampoco lo tendrá. Veamos si tienen algo más fuerte que esa cosa tan decepcionante y tengan un poco más de cuidado a la próxima – terminó irónicamente.
- ¡Serás insolente! – exclamó enojado el hombre y cerró la puerta bruscamente, dejando la habitación nuevamente a oscuras.

Tras esto, Drott se sienta en su cama y comienza a reír de la nada. Su acompañante de habitación se levanta del rincón y se dirige hacia él para decirle: “Ahora entiendo por qué no quieres ayudar a la organización, a pesar de que ambos tengan como objetivo principal eliminar a mi hijo…”; al escuchar esto, Drott detiene su risa sarcástica y mira a su compañero, enseñándole una mirada afirmándole su punto de vista.

Continuará

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