Fandom

Wiki The Legend of Zelda Fanon

Vendetta/Capítulo 26: Prima Querida

1.388páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Vendetta/Capítulo 26: Prima QueridaEditar

Y entrenando para el futuro.Editar

Amaneció el día para regresar al portal que conducía al mundo cruel. Así que tras un breve desayuno junto a los huéspedes de la Posada del Puchero y también con Xavi, nos preparamos para el viaje. Hicimos el mismo camino con el que había llegado, pero en reversa: entramos a la Torre del Reloj, bajamos, llegamos y cruzamos a las zonas de cuevas, usaríamos una especie de ascensor para llegar al Bosque Prohibido, cruzamos dicho bosque, llegamos a Hyrule y finalmente, nos dirigimos al portal para cruzarlo. Con todo este viaje, llegaríamos el lunes 22 por la noche o en el amanecer del martes 23.

La noche llegó mientras caminábamos por el oscuro Bosque Prohibido. Xavi volvió a hacer uso de la carpa/tienda que llevaba, al igual como en el viaje de ida. Cenamos un poco y luego dormimos, sin antes pensar todavía en toda la historia que el alcalde Dotour me había contado. El Último de Todos, el que tendría todos los poderes. Me causaba un tanto de gracia todo lo que sucedía. No lo tomaba como una mala broma, solamente aún no lo podía creer totalmente.

Amanece el día siguiente y continuamos con el camino de regreso. Este viaje fue más tranquilo que el de ida, pues los enemigos parecían estar más tranquilos. Parecía que ellos no notaban nuestra presencia y debido a eso no nos atacaban. La cosa es que avanzamos con más tranquilidad y finalmente, llegamos de noche al Bosque Kokiri, es decir, estábamos de regreso en Hyrule. No recibimos daño alguno durante el camino en el bosque, casi ni siquiera usamos nuestras armas, pues la causa ya la dije recientemente. Los niños Kokiri nos recibieron de buena forma y aproveché ese momento de devolverle su espada a Mido, aprovechando también de agradecerle por el préstamo. Luego salimos de allí, entrando al Bosque de Farone y luego salir a la pradera. Antes de que llegara el frío de la madrugada, Xavi se dirigió rápidamente al Castillo de Hyrule, mientras que yo al Rancho Lon Lon.

Estando en el ya muy visitado rancho por mí, lo primero que hice fue saludar solamente a Talon, ya que los demás estaban durmiendo, luego comer un poco y con la madrugada ya caída, ir a dormir. Amanece el día siguiente. Tomo el desayuno en la casa del rancho, me quedo un rato dentro y parto de allí con la compañía de Xavi, que me fue a buscar a esas horas de las 10:30 u 11:00 hrs. Mientras lo esperaba dentro, Malon y yo conversábamos un poco y le contaba todo lo que había pasado mientras tanto, al igual como lo hizo ella posteriormente.

Así que tras haberme despedido de todos, junto a Xavi partí hacia el mundo cruel. Por el camino aparecían los famosos Bokoblins, entonces Xavi me permitía acabarlos a voluntad propia con la mayoría. Como ya era algo esperado, la espada que tenía era de más poder que la anterior, pues ahora podía acabar con los Bokoblins solamente con un corte. En algún momento, un Peahat se levanta del césped sorpresivamente. Esto pasó por un error mío al ver que un Bokoblin se acercaba. Al acercarme yo también hacia él para encararlo y luego derrotarlo con facilidad, un Peahat, que estaba sobre una repisa y no era visible desde la zona en que estaba yo, se levantó y comenzó a acercarse hacia mí. Xavi se percata de esto e inmediatamente va hacia él, aunque con caminando solamente, para luego acabarlo en un, dos por tres. “Mira bien tu alrededor”, me sugirió Xavi.

Luego de todos estos eventos menores dentro de Hyrule, llegamos al portal y lo cruzamos sin dudarlo. Habíamos regresado al mundo cruel. Mis cosas desaparecieron instantáneamente, pero Xavi tuvo que esconderlas a cuenta propia, dejándolas invisibles al ojo humano. Le pregunté el cómo podía combinar sus poderes del otro mundo al actual y su respuesta fue: “Soy tu protector, así que debo estar preparado para cualquiera cosa, ¿no?”. Tenía razón. Mi pregunta lo hice sin haber pensado en eso. Sin embargo, faltaba algo: el Trío Dinamita. Ellos no son protectores míos ni nada de eso, entonces… ¿qué pasó ahí?

Después de salir del parque, Xavi se despide de mí y regresa a su casa, al igual como lo hice yo. Llegando a mi destino, la familia me recibió de buena manera, aunque el ambiente del hogar no se veía muy cómodo. Algo habría pasado mientras estuve ausente. Había pasado 18 de septiembre, fecha donde todos deberían ser felices. No. Mi familia no tenía las mismas vibras que en los días previos a la semana festiva. ¿Acaso hubo alguna riña entre familiares de mis primos con los míos? ¿O tal vez será una pequeña discusión típica de mi familia? ¿O tan sólo será cosa mía? No sé.

Luego continuaría la rutina que siempre llevo en casa, así que no hay nada más especial. Amanece el día siguiente, miércoles. ¡Día corto de clases! Ese día inmediatamente le pregunté al Trío Dinamita acerca de sus transformaciones cuando los encontré vagando por el gran pasillo durante el primer recreo. Primero nos saludamos como debe ser y luego comenzaría ya la conversación que me interesaba.

- Perdón por no haberlo explicado antes, Brett – se lamentó Cristián.
- Nosotros obviamente no somos humanos – comenzó José, con una bolsa de cereales recibido del liceo.
- La razón del por qué estamos en este mundo, teniendo ocultado nuestras verdaderas formas y poderes, es para evitar catástrofes de monstruos como el que viste la semana pasada.
- ¿La araña gigante? – pregunté para que confirmen.
- Sí – respondió Sofy -, la cosa debilucha esa.
- Para suerte sólo era una advertencia, era un bicho nada más – dijo José.
- ¿Qué quieren decir? – pregunté.
- Queremos decir – contestó Cristián – que la organización que pretende destruir este mundo dio su primera advertencia con esa Skulltula y lo más seguro, es que muy pronto comience a enviar sus verdaderas armas.
- Esperen, ¿de qué organización hablan?
- Es un “puticlub” de personas de Hyrule y otros mundos que se unen e intentan hacer “boom” este mundillo – respondía con ironía Sofy.
- Se rumorea que lo hacen por temor a que las personas de este mundo lograran tener conocimiento de los portales – continuó José.
- Y como ese grupo ven que las personas de estos alrededores son “caóticos” y destructores, pues creen que invadirán sus mundos e incluso armarían guerras por territorios, entonces no dudan acabarlos dando el primer golpe con aquellos monstruos – comentó Cristián y tras una breve pausa, concluyó – Se podría decir que la organización no ven a estas personas como “seres vivos”.

¿Será verdad toda esa historia? ¿Realmente hay un grupo de Hylians, Terminianos y entre otras personas de distintas razas, que intentan destruir el mundo cruel? Eso sí que era nuevo. Nunca había imaginado algo como eso. Y pensándolo bien, el punto de vista que tiene esa organización hacia este mundo no es muy erróneo, a mí gusto… ¡Sería genial! Una destrucción de toda esta mierda, para luego vivir solamente en los “mundos maravillosos”. Adiós liceo, adiós familia que ni me quiere, adiós gente de mierda, adiós flaites… ¡adiós a toda la cosa asquerosa con la que he vivido! ¡Adiós mundo cruel!

Sin embargo… no podría ver nunca más a Eileen, a Daniel, las drogas, a Aura… Encima tendría al Trío Dinamita como obstáculo para que no detengan las catástrofes, o al mismísimo Xavi, que de seguro sabría esto y también estaría a favor de proteger este mundo. En fin, ya no importa. De todos modos, sólo era un tipo de ilusión. Tampoco querría que todo se acabase, pues por algún motivo aún estoy en el mundo cruel, sino ya estaría viviendo para siempre en Hyrule o Términa, ¿no?

El día continuó con su trayectoria normal. No tardó mucho en que se tocara el timbre de salida, por suerte. Se acercaba octubre y yo me estaba ya cansando de los estudios y de la típica rutina diaria. Quería salir de vacaciones de verano e ir a la nueva zona de Hyrule. Ya tenía ansias de obtener el Elemento del Agua. Además tenía una nueva espada para usar. Llegué a utilizarla muy pocas veces tras la obtención. Pero tenía que animarme. Sólo quedaban dos meses y unos días para que llegase diciembre. Con tan solo tener conocimiento de mis notas y si pasé de curso o no, estaría listo para partir a Hyrule.

Los días pasaban y pasaban. No ocurría nada especial. Octubre era un mes lento, no había feriado alguno. Unos cuantos trabajos y exámenes se cruzaban por el camino en este mes. La rutina se hacía cada vez más agotador y las ganas de vacaciones aumentaban mucho más. Ya todos tenían su grupo de amigos, o algunos ya tenían su pareja para pololear. Ambos casos los tenía yo, aunque ni yo me lo creería: en caso de “grupo” estaría el Trío Dinamita y de pareja a Aura. Xavi sería mi mejor amigo, Dani el compañero y amigo de las clases, que a veces acompaña en los recreos, y Eileen la prima regalona. Sí, estaba más cariñosa y abrazadora de lo normal.

Como logré tener amigos que me ayudasen, a pesar de que la mayoría no son humanos, pensaba en que mi autoestima ya estaba aumentando y que empezaba a tener más confianza en mí mismo, a la vez de tener a personas que me entendieran como soy. Ya no pasaría momentos más a solas, pues estaba Aura. Ya no creería que un típico grupo de molestosos me joderían la vida, ya que ahora estaría Xavi. Puedo tener a alguien con quien comentar cosas de la vida, porque ahí estaría Eileen conversando conmigo. También tenía al típico amigo que comparte gustos, pues Dani parece un alma gemela. Y también tendría al típico grupo que conversa tonteras, con el que me reiría de sus bromas y cuando hay que ponerse serio, todos deben estar serios, ya que el Trío Dinamita logró todos esos objetivos.

Ahora bien, ¿yo estaba feliz del todo, o al menos parecía estarlo? Algo faltaba. Parecía que una sola cosa necesitaba para llegar a ser feliz y sonreírle a todos. Faltaba ese “tanto” que provocaría una felicidad parecida a la que me llegaba entregar la cocaína de Bastián. Tenía un grupo de amigos, el autoestima aumentaba, tenía alguien a quien contarle mi vida privada, tenía a un protector, tenía casi una vida perfecta en el liceo. No era el cansancio lo que no me hacía feliz. Era algo más profundo, mucho más importante. Si yo me siento feliz en los mundos maravillosos, donde tengo amigos y gente que me recoge de buena manera a vivir en sus casas, pasándolo bien en aquellos hospedajes… ¿Familia? Creo que eso era la cosa importante que faltaba…

Parece que la cosa era más complicada. Ya saben, toda mi familia parece estar independiente. Cada uno por su lado, por su “mundo”. Uno está en los videojuegos, otro en la música y en el trabajo, una está en la cocina, tejidos y telenovelas, otra también en el trabajo y pagar cosas de la casa, un viejo a solas en su habitación y… yo. Apenas todos compartimos en la mesa los días sábados y domingos a la hora del almuerzo y/o la cena. Cuando se trata de charlas sacan temas que a mí no me interesan. Miran las noticias de la TV como si fuera una película de un género que llama la atención a todos los integrantes, excepto a mí y a Mateo. El viejo sube y baja de las escaleras para ir al baño, salir de la casa o volver a su habitación, sin saludar ni despedir.

Logré tener amigos. Conseguí tener a gente a mí alrededor en el liceo, pero rearmar una “familia feliz” es otro tema, aún más cuando se trata de la mía. Con las breves descripciones se darán cuenta que lograr un objetivo como ese es como contar del uno al infinito. Creo que hubiera sido más feliz si viviera en casa de otras personas… pero si hubiera sido así, todas las cosas que les había contado, incluso las que estoy contando ahora, no hubiera existido nunca.

Un día de octubre, que no recuerdo qué día fue, pero sí era un día largo, pasó algo inesperado en el liceo. Mientras yo estaba conversando con Eileen en el recreo largo, creo que fue en el patio o en un pasillo de segundo, tercer o cuarto piso de un pabellón, intentaba recordar algo acerca de un tema. Al recordarlo chasqué los dedos de la mano izquierda rápidamente y a continuación, sentí algo de calor en aquella mano y vi una especie de luz que salió de la misma, quedando allí al menos un segundo.

- ¿Qué pasa? – preguntó Eileen al notar que quedé mirando la mano izquierda y al haberme interrumpido bruscamente.
- Juro haber visto fuego salir de mi mano… - contesté todavía desorbitado.
- Ya te estás poniendo paranoico – dijo entre risas.
- No, en serio, fue algo… no sé, pasó muy rápido – respondí también riendo un poco, sin creerlo todavía.

¿Era realmente fuego o una pequeña luz que apareció de la nada? Era imposible que alguien sacara una linterna del otro lado, pues no había nadie frente a nosotros e incluso la luz del día apuntaba con fuerza. ¿O tal vez me puse paranoico, tal como había dicho Eileen? Hasta ese momento muchas dudas se quedaron en mi cabeza y mientras conversaba, intentaba lanzar ese fuego o luz de la misma mano, chasqueando los dedos una y otra vez. Desafortunadamente nunca ocurrió tal cosa de nuevo. Sin embargo, cuando había vuelto a la sala y sin que nadie se haya dado cuenta, logré sacar el fuego una vez más. Sí, absolutamente era fuego. Después de eso no lo pude sacar de nuevo en todo el día.

Muy pronto conversé con Xavi acerca del tema. Éste me contestó recordándome que mientras más elementos lograba obtener en los otros mundos, más posibilidades tengo de utilizarlos en cualquier lugar, así como él, Cristián, José y Sofy. ¡Genial! Esto me dio más ganas de obtener el tercer elemento, pero tenía que esperar hasta las vacaciones. No había recordado aquello… con eso que había descubierto, me di cuenta que podía dominar el fuego a voluntad propia, tanto en los otros mundo como en el mundo cruel.

Desde ese mismo día intentaba una y otra vez chasquear los dedos, intentando sacar el fuego de la mano izquierda. Con la derecha también intentaba, pero jamás salía algo, ni aunque sea un poco. A medida que pasaban los días, el fuego salía más continuamente de la mano, hasta que llegó un día en que podía salir cada vez que quería. Como consecuencia de haber podido dominar el fuego, un día quedé mirando fijamente las brasas de una estufa, las cuales se estaban apagando. Finalmente, el fuego ardió con todas sus fuerzas. Me había excedido, así que no tuve otra alternativa que apagarla con agua de un balde. Casi quemaba la casa…

Desde entonces intenté hacer lo posible para dominar completamente el fuego. Un día decidí pedirle ayuda a Xavi. Éste me dijo que también podía tomar la ayuda de Sofy, o más bien BRS, que también tenía conocimientos acerca del fuego. Cuando notó que podía dominar el fuego con la mano chasqueando los dedos, utilizar ese fuego para encender cosas y usar poderosas llamas utilizando un extraño poder psíquico (las que utilicé con la estufa), Sofy decidió entrenar éste último recurso, encendiendo cinco velas a la vez sin que se derritan, obviamente. Era algo imposible, en ese entonces… El entrenamiento se desarrollaba en una zona oculta del gimnasio semi-destruido, la cual estaba en reparación todavía.

Ya estando a finales de octubre, el entrenamiento estaba casi a la mitad. Podía encender solamente dos o tres velas exitosamente a la vez, pero no podía con las otras dos: o el fuego se excedía y derretía las velas, o el poder del fuego era muy mínimo y no se encendían. Sofy, aburrida de que el entrenamiento se estaba prolongando mucho, se convirtió en su forma original. Usando las llamas azules de su ojo izquierdo logró encender las cinco velas sin despeinarse. Luego las apagó y volvió a encender las cinco a la vez, esta vez usando su cañón. ¡Eso sí que parecía imposible! Pero lo logró… Increíble. Para terminar, me dijo fríamente que si quería llegar a ser el “famoso antihéroe”, debería hacer eso con facilidad. La personalidad de BRS es casi todo lo contrario a la de Sofy…

Un par de días después, llegó José para un nuevo entrenamiento que incluye tres habilidades: la velocidad, precisión y visión. Esto ayuda mucho a tener reflejos para esquivar y/o contraatacar. Consiste en una máquina que escupe pelotas de béisbol, las cuales debo ir bateándolas con éxito. José me dio una muestra de cómo se hace, colocando la dificultad de la máquina en “Normal”. Luego me tocó a mí, dejando la máquina en el nivel “Principiante”. Las pelotas salían muy lentamente, pero lograba darle una o dos y luego erraba, para seguir dando una o dos y errar otra vez.

Minutos más tarde llegó Sofy, convertida en BRS, y me obligó a continuar con mi entrenamiento con el fuego. De mala gana hice caso. BRS retó a José para ver quien es mejor bateando pelotas. Así que él aceptó y dejó las máquinas en modo “Experto”. Cuando todo estaba listo, comenzaron con su pequeño juego de pasatiempo. Era impresionante, lograban dar con toda bola que salía de la máquina. Yo estaba boquiabierto mirando. Parecía que conversaban algo mientras hacían el entrenamiento, pero por el ruido de las máquinas (que eran tres y cada uno usó una) y de las pelotas que chocaban con las paredes, no se escuchaba nada. Yo estaba detrás de ellos. No me podría llegar una pelota porque estaba protegido de un pequeño cerco.

Completamente desconcentrado de mi entrenamiento y viendo cómo los otros dos le daban y le daban a las pelotas, yo pensé: “Es verdad lo que me dijo BRS el otro día… Si quiero llegar a ser el tan nombrado antihéroe, debería conseguir dominar el fuego y batear todas las malditas pelotas de béisbol en modo experto… Pero sólo logro quemar todas las velas y errarle una y otra vez a las pelotas en modo principiante”. A continuación, me dio un pequeño ataque de rabia por mí mismo y grité: “¡MALDICIÓOON!”, provocando que llamas salgan descontroladamente de mi cuerpo y queme todo lo que estaba al frente de mí, es decir, las velas, la cerca, las pelotas e incluso… José y BRS. Inmediatamente me tranquilicé y quedé mirando un tanto asustado por los chicos y sorprendido por mi poder. Sin embargo… José había quedado solamente con un bóxer negro y BRS con su cañón, con el 90% de su traje quemado.

- Brett… ¿Q-Qué has hecho? – preguntó José avergonzado y mirándome casi en “shock”, mientras que BRS solamente me quedó mirando de la misma manera que José.
- ¡¿Eh?! Bu-bueno… lo siento, n-no era m-mi intención… - respondí completamente nervioso, pero me reincorporé y saqué una excusa barata para tranquilizar el ambiente, rascándome la cabeza nervioso – Pero al menos demostré que solamente quemé parte de su ropa y no a ustedes; eso indica que mejoré, ¿verdad?
- ¡Para nada! – exclamó de inmediato José.
- No dejaré que tu memoria tenga guardada una imagen mía casi desnuda… - habló por fin BRS, en tono seco, vengador y siniestro, acercándose a mí.

Después de esto, tan sólo recuerdo que ella misma me apuntó con su cañón y sin darme cuenta, todo quedó completamente oscuro. Despierto en la misma zona de entrenamiento. José todavía estaba allí, pero BRS ya se había ido. Antes de reincorporarme recordé de inmediato lo que había hecho antes de caer inconsciente por una supuesta bala proveniente del cañón de BRS. Miraba a los alrededores y todo no parecía estar tan quemado, después de todo. Cuando ya me reincorporé completamente, José prefirió que dejase el entrenamiento de las pelotas para otro día. Hasta entonces mejor sería dominar el fuego completamente, para evitar sucesos como lo ocurrido anteriormente.

Pasaban los días y llegaba noviembre. Éste era el mes en donde uno puede decir en los últimos días: “ya está hecho”, o también puede decir: “debo esforzarme un poco más”. También son los días cuando algunos alumnos ya no vienen más a clases, debido a que saben sobre su reprobación y no tienen alternativa alguna. En mi caso no podría decir nada, pues todavía no sabía mis notas y además, faltaban muchas otras para acabar el año escolar. Ver las notas era un tanto imposible, pues el profesor jefe, como ya he dicho anteriormente, no ha tenido mucha simpatía conmigo… Y entonces no creo que me dejaría el libro de clases para ver mis notas. Podría hacerlo a menos que pudiera colarme con un grupo de alumnos, pero como el cursito lindo que tenía no me gustaba mucho…

Cuando se trataba de hablar acerca de la clase, en la mayoría de los casos se escucharán comentarios negativos de mi parte. No me gusta. Hay un inmenso grupo flaite. También otro grupo de chicas que conversan y conversan. Un pequeño grupo de chicos “gamers”, que uno o dos son molestados por los flaites. Un homosexual que se junta con dos o tres chicas. Un inteligente, al que siempre le piden las respuestas en los exámenes y luego es abandonado e incluso molestado. Otros tantos que ni conozco y no me interesan. Un profesor que me rompe los huevos. Sólo salvarían el Trío Dinamita y Daniel. Sólo ellos.

Continuando con el tema de mi entrenamiento, se podría decir que ya me estaba aburriendo. No podía dominar nunca el estúpido fuego y ahora sólo podía llegar a batear tres o cuatro pelotas de béisbol. José y Sofy ya no eran tan estrictos, pero siempre me alentaban para que continuara con el entrenamiento. Si no fuera por ellos, no estaría continuando. Así que seguía esforzándome más y más… pero no podía. En las velas siempre quedaba atascado encendiendo dos o tres a la vez. Sólo un día pude hacer cuatro, pero no pude hacerlo de nuevo. Pareciera que realmente no merecía el puesto de antihéroe…

Ahora bien, dejaré un rato el lado de los entrenamientos y volveré a lo que hablaba comúnmente cuando estaba en el mundo humano: mi estadía con las personas. Con Sofy y José… bueno, ya saben lo que están haciendo conmigo. Cristián ha estado un poco más apartado, pero de igual manera conversamos durante los recreos cuando estamos todos juntos. Los flaites están tranquilos, al menos conmigo. Ahora eran las chicas las que jodían un poco, incluyendo al profesor jefe… Cuando nombro a Aura, a Dani, a Xavi o a Eileen, no se necesitarán tantos detalles, pues ya se sabe cómo y en qué momentos converso con ellos. Pero…

Daniel… hasta ahora me sigue pareciendo un completo misterio. No sé en dónde vive. Muchas veces se queda en el liceo tras tocarse el último timbre. No habla con muchos. Apenas les habla para dar algunas respuestas de exámenes o tareas y cuando tiene que prestar algún objeto, como un lápiz. Todavía recuerdo cuando empujó a Diego en el camarín, en aquellas épocas cuando no conocía casi nadie, y Dani lo envió lejos. Teniendo un brazo un tanto delgado envía lejos a alguien robusto como Diego. No parece ser un típico Hylian que se hace pasar humano en el mundo cruel, pero mis sospechas iban aumentando y la curiosidad para saber quién era realmente Dani, comenzó a picar.

Aura, o “Auri”, como le digo yo cuando conversamos. Con ella todo ha ido normal. Ella ya me presentó a su familia y yo la presenté a la mía. Todo esto ocurrió en el mes de octubre. Ambas familias eran algo parecidas cuando se trata de cuidado a sus hijos, pero en convivencia era completamente distinto. Mientras mi familia era independiente, ellos permanecían juntos. Aura y su hermano mayor parecían ser los más aislados de allí, pero cuando la oportunidad de hablar para cada uno y convivir con el resto de la familia llegaba, ahí estaban. Me recibieron de muy buena manera, igual como lo hizo mi familia con Aura. Eso estaba bien. El resto estaba todo normal; ella feliz, yo feliz.

La complicada era Eileen. Por más tierna y amable esté conmigo, más oscuro y triste estaba su interior. Así lo podía sentir yo cada vez que me abrazaba o incluso la veía. No parecía estar triste por su antigua separación con Raúl. Era algo distinto, pero no sabía qué… Cada vez que intentaba llegar a un tema como este, ya sea indirectamente o preguntándole, ella lo evadía inteligentemente. Además, por cada abrazo que me daba Eileen y Aura estaba cerca para presenciar la escena, podía sentir los celos de ésta última. Yo le preguntaba si estaba bien o mal que estuviese muy cerca de Eileen, pero Aura insistía diciéndome que no importaba, a pesar de que podía sentir sus pequeños celos en las palabras. Eso era antes que no podía sentir… ¿Acaso los poderes psíquicos iban aumentando? Pero bien, esto último no es el tema. Lo importante era eso, que Eileen no estaba del todo bien.

Respecto a mí… ya estaba aburrido de las clases y entrenamientos. José y Sofy continuaban insistiéndome. Estábamos a mediados de noviembre y estaba por acabar el entrenamiento con el fuego. Mientras tanto, con las pelotas de béisbol aún era un desastre. Quizá necesitaba un poco más de mis poderes “extras” que obtengo en Hyrule. Ya saben, tengo muy poco en el mundo cruel. Apenas puedo utilizar el fuego y, al parecer, hacer uso psíquico inconscientemente. Así que entrenando continuamente, llegó por fin el día en que pude encender las cinco velas exitosamente. Llamé de inmediato a Sofy para enseñarle las velas encendidas, pero no me creyó hasta que lo intentase frente a ella. Hice el intento, pero no pude. Entonces me dijo: “Supongo que lograste hacerlo, pero todavía no lo dominas. Sigue intentando, te falta muuuy poquiiito”. Exacto. El entrenamiento no era encender las cinco velas a la vez con la mente, sino dominar el fuego… Aún me faltaba.

Como ya pude encender las cinco, dejé a un lado los pensamientos vagos y me esforcé todavía más en dominar el fuego. Fue tanto así que en algunos recreos no me juntaba con Aura, Eileen o algún amigo, sino que iba directamente a la zona de entrenamiento. Algunas veces no podía, ya que había gente de la reparación del gimnasio. Pero no sólo lo hacía en el liceo, sino que también intentaba hacerlo en casa. Como ya no derretía las velas excediéndome con el fuego, entonces podía usar otras velas sin preocuparme. Esto lo hacía en mi habitación. Ya no miraba mucho la TV, sino que continuaba esforzándome en el dominio del fuego.

Llegó un día de noviembre en que invité a todo el Trío Dinamita y a Xavi hacia mi zona de entrenamiento. Con una mentalidad ganadora y un tanto engreída de mi parte, los llevé a la típica zona donde todavía están las cinco velas puestas en el suelo, esperando ser encendidas todas a la vez. Los cuatro invitados se pararon frente a las velas y yo me senté en el lado opuesto, también frente a las velas. Quedé mirando cada vela. Concentraba mi mente y energía. Pasaron unos diez segundos y… ¡Listo! Encendí las cinco velas a la vez. Tanto Cristián como José y Xavi me aplaudieron, pero Sofy las apagó y me dijo que las vuelva a encender. Esta vez ni siquiera me concentré y con tan sólo chasquear los dedos de la mano derecha, sin que me salga fuego en la mano, y mirando engreídamente a Sofy, encendí las cinco velas a la vez de nuevo. Al fin lo había dominado.

Pasaban los días y ya quedaba una sola semana para que llegase diciembre. Esta última semana estaba plagado de exámenes y trabajos. Los alumnos de Cuarto Medio se preparaban para su licenciatura. Unos cuantos varones se vestían de terno algunos días y las chicas con su traje propio. Algunas parecían modelos de belleza profesionales, incluso. Mientras los “niñitos” de primero y segundo medio babeaban viendo a aquellas que parecían “modelos de belleza”, los de tercero se reían y conversaban con algunos de ellos. Claro, los de tercero deben hacerle una fiesta a los de cuarto, entonces deben ponerse de acuerdo. Esa es una fiesta aparte y mucho más informal que la famosa Fiesta de Gala de Cuartos Medios, una que se desarrolla días después de la licenciatura y en donde se reúnen todos los alumnos ya licenciados.

Un día de esta semana y otro de la semana siguiente, pasaron hechos que realmente deben ser contadas. La primera es completamente inexplicable, mientras que la segunda era esperada y a la vez inesperada. Obviamente comenzaré con el primer hecho. Ocurrió justo el día viernes, día en que se acababa la semana de arduo trabajo al tratarse de tareas y esas cosas.

Tras haber tocado el timbre de salida, salí de la sala y me encontré con Aura en el típico pasillo del pabellón A. Ella me dice que la acompañase para comprar algunas cosas en una tienda ubicada al final de la calle Lynch, una calle del lado sur del liceo. El problema es que había quedado con Eileen para también acompañarla a Falabella y también a otros lugares más. Acepté a la salida con Aura, pero faltaba ponerme de acuerdo con Eileen. Ésta última se encontraba esperándome en la puerta de salida. Los tres terminamos reuniéndonos. Allí fue donde todo tuvimos que ponernos de acuerdo.

- ¿Tú también vas a ir de compras? – preguntó Eileen a Aura después de haber sacado el tema.
- Sí y Brettcy me dijo que tú también vas, así que podríamos ir los tres sin problemas – propuso Aura sonriente.
- Lo malo es que una va a Lynch y otra a Ramírez… - me introduje nombrando las calles de destino de cada una.
- Pero no importa, igual pueden acompañarme los dos, si sólo pasaré a una tienda y luego me voy – insistía Aura.
- El problema es que estoy algo apurada y de verdad necesito a Brett de compañía, necesito su opinión para algo – dijo Eileen en tono más o menos seco, llamándome la atención.
- Ah, bueno, yo también estoy apurada… Está bien, entonces – se lamentó Aura -. Nos vemos el lunes.
- Pero yo… - dije, pero fui interrumpido por Aura.
- No te preocupes, amor, voy a estar bien y Eileen necesita tu ayuda – dijo ella sonriente.

Fue muy amable de su parte… Entonces tras una amorosa despedida de Aura, como siempre lo hacía, se fue sola de compras. Sentí algo de lástima, más aún por la frialdad con la que Eileen le habló. No inicié una conversación con mi prima acerca de eso justo después de partir. Además, ella fue la que comenzó. Inició contando algunas cosas que hizo en las clases, cosas que no me interesaban mucho, pero de igual manera la escuchaba y le respondía alguna que otra cosa al azar.

No tardamos mucho en llegar a Falabella, pues caminamos un poco rápido y además, la tienda no está demasiado lejos del liceo. Aura podría habernos acompañado si así lo deseara, pero como si fuera casualidad, también estaba apurada. Eileen y yo entramos a la tienda y ella comenzó a revisar distintos tipos de ropa. En varias ocasiones se cambiaba y me preguntaba si le quedaba bien o no. Tardaba mucho, se podría decir que estuvo más de treinta minutos dentro. Y así decía que estaba apurada… Ya muy tarde se decidió.

Después de Falabella, Eileen dijo que aún la acompañe a ver algunas cosas en otras tiendas, mientras conversábamos temas no importantes. Pasamos en tiendas como La Polar, Corona, Tricot y una galería llamada Rombocol. Allí Eileen compró un par de aros y visitó varios locales, especialmente donde hay piercings y otras donde se hayan joyas. Terminamos dirigiéndonos al mall. Le pregunté para qué me quiso llevar a ese lugar y me respondió diciendo que era una invitación para ir a la zona de juegos. Ahí me preguntaba, ¿por qué primero no pasamos al mall junto a Aura en primer lugar y luego ir a las tiendas, además de que este lugar estaba más cercano al liceo? Además, si estaba tan apurada, ¿entonces por qué me invitó a los juegos del mall? Me aburrí de ser paciente y ser el típico huevón que está siendo esclavizado por alguien y les hice las mismas preguntas.

- Oye, ¿por qué me has invitado a jugar? ¿No se supone que estabas apurada?
- Es que… tenía ganas de pasar el rato contigo aquí, antes de irme. Y eso de apurada… en realidad no lo estaba. Perdón por mentir – contestó un tanto nerviosa y culpable.
- Pero lo más bien podríamos haber venido aquí con Aura, ¿no?
- De verdad, perdón por mentirte – respondió con la cabeza agachada y deteniendo la caminata -, pero quería pasar el rato solamente contigo y con nadie más…
- ¿Eh? ¿Por qué? – pregunté sorprendido.
- Es que me acordé cuando éramos más chicos y entonces… – suspiró – entonces quise recordarlo haciendo esta salida.
- Ah, entiendo – respondí tras una breve pausa y con una leve sonrisa, pero luego volvería otra pregunta curiosa -. Y ahora que recuerdo, ¿por qué le respondiste de tan mala gana a Aura hace un rato? No era para responderle con tanta seriedad…
- Es que iba a seguir insistiendo y… y yo sólo quería salir rápidamente – contestó en voz baja.

Así que era eso… Al haber comprendido sus razones del por qué tanto misterio y mentiras con la salida, decidí continuar con la salida más sonriente y animado. Pasamos a jugar en el mall, donde parecíamos verdaderos niños de cinco años. En algunas ocasiones recordábamos cosas de cuando éramos más chicos. En una ocasión estuvimos corriendo dentro del mall. Realmente parecíamos niños de un jardín infantil dentro del lugar. La gente nos quedaba mirando, pero a nosotros ni siquiera nos daba una pizca de vergüenza. Lo habíamos pasado increíble.

Luego del día tan animado que tuvimos, había llegado la hora de despedirse y cada uno a su casa. Eileen aún no quería irse, pero la noche estaba cayendo y la convencí de que ya era hora, además de que yo tenía que regresar caminando a mi casa. Así que ambos fuimos a un paradero de micros y esperamos a que llegara el micro de mi prima. A esas horas ya no estábamos en el centro de la ciudad, sino que estábamos un poco más lejos de lo que se esperaba. Lo bueno era que los micros pasarían más vacías y Eileen se iría más rápidamente, pero lo malo era que yo debería caminar más de la cuenta. En un momento dado, Eileen sacó el tema de mi relación con Aura. Muy pronto recordé algo que nunca le había dado a Eileen desde entonces, sólo porque lo había olvidado.

- Ahora que recuerdo – comencé a decirle –, yo nunca te agradecí por la ayuda que me diste para que esté con Auri.
- No importa, lo hice para que seas más feliz – dijo sonriente.
- Pero de igual manera, me ayudaste demasiado. Si no hubiera sido por ti, creo que hasta ahora no la conocería…
- Puede que eso sea cierto, pero ya, no te preocupes – me dice acercándose a mí y haciendo caricias juguetones con mi pelo; por cierto, yo estaba sentado y ella parada frente a mí, pero era sólo porque ella quería, pues los puestos estaban completamente desocupados.
- Bueno – hablé de nuevo después de una pausa -, será un poco tarde, pero quiero agradecerte por lo que hiciste por mí, aunque tú quieras o no.
- Ay, Brett, pero si no es necesario.
- No, en serio – le decía sonriente, mientras ella volvió a su distancia de lejanía del principio -, estoy dispuesto a hacer cualquier cuestión para recompensarte. No sé, salir por ahí, comprar alguna cosa, lo que sea, lo que tú quieras.

Tras esto, Eileen no respondió y solamente me quedó mirando con un rostro algo pensativo. A continuación, desvié la mirada hacia ella para mirar la calle, revisando si venía un micro que le sirva a Eileen. Justo venía uno en camino. Entonces le advertí diciendo que allí venía su micro, pero… justo después de regresar la mirada hacia Eileen, ésta estaba parada muy cerca de mí. Antes de poder decirle algo o mirarla al menos a su cara, ella agacha la mitad de su cuerpo hacia mí, pone rápidamente sus manos en mi rostro y… me besa. No, no fue en la mejilla… ya se habrán imaginado.

Quedé con la mente en blanco, absolutamente borrada, pero consciente de lo que estaba sucediendo. Miles de preguntas comenzaron a pasar y pasar por mi mente. No lograba entender lo que estaba haciendo Eileen. Claro, era un suceso extremadamente inexplicable para mí. Después de varias preguntas en una mente borrada, escuché un susurro de ella misma diciendo: “Con esto basta” y vuelvo a la normalidad, viéndola subiendo el micro que ya estaba estacionado. Eileen, ¿qué diablos fue lo que te picó?

Luego ya me levantaría del paradero y caminé hacia mi casa, todavía pensando en lo que pasó. De pronto comencé a sentir una presencia cercana. Es una sensación idéntica a la que sentía cuando mi protector de los otros mundos me vigilaba. Por instinto propio de esta presencia, me volteé hacia el lugar de donde provenía y vi a la persona menos esperada: Diego. El flaite estaba parado en la esquina más cercana del paradero. Éste se dio cuenta que lo pude ver y alcancé a ver que me sonrió sarcásticamente, para luego voltearse e irse junto a otros dos flaites más que lo acompañaban, pero que estos no tenían ni la menor idea de quién era yo. Mierda.

En casi todo el camino a casa anduve pensando en lo que había pasado. ¿Mi prima? Eileen, peor aún. ¿Por qué ella? Estaba tan confuso que casi ni importancia le había tomado a la aparición de Diego en la escena. Con lo ocurrido ya era más entendible el comportamiento de Eileen conmigo durante los recreos. ¿Acaso todo este tiempo anduvo pensando en este tipo de cosas? ¿Será por esto también la verdadera causa del comportamiento de ella hacia Aura? Al diablo, todavía no lo podía creer. Eileen, mi prima querida… todo era absolutamente inexplicable.

Más tarde ya habría dejado a un lado un poco más el tema y me di cuenta del tremendo problema que se realizará si Diego contara el hecho. Tenía preocupación, pero luego pensé en que podría estar a salvo debido a que todos mis cercanos no creen las “copuchas” que dice el flaite. Eso me daba al menos un punto a favor, pero como él era tan conocido y los demás podrían correr la voz… muchos estarán diciendo pronto en el liceo “el actual noviecito de la ex de Diego la está engañando con otra”. Madre mía, ¿por qué tuvo que estar ese estúpido perro en ese lugar y en ese preciso momento? Aunque ahora que me daba cuenta… nada de esto hubiera pasado si preferiría acompañar a Aura en las compras.

Después de este hecho ocurrió otro en la semana siguiente, como ya dije anteriormente. Esto pasó un día martes, cinco días después del primer hecho. Después de un aburrido día y con el regreso de Eileen después de su ausencia del día anterior, estaba conversando junto con José acerca del nuevo entrenamiento que iba a tener. Consistía en mejorar la velocidad para correr en el mundo cruel, pero para eso necesitaría los miércoles, viernes y sábados para entrenar con él en algún lugar deportivo o lejano de Osorno. Un buen ejemplo sería la Villa Olímpica, que está muy cerca de mi casa, o también en una de las pampas del sector Ovejería Alto.

Mientras hacíamos un recorrido en el patio caminando y conversando con José, comencé a sentir una extraña energía. En un principio parecía ser una energía que se tildaba, es decir, aparecía por un segundo y desaparecía un segundo más, para luego repetir el mismo proceso una y otra vez. José también se dio cuenta de la energía y comenzó a revisar el cielo. Dijo que ésta era mucho más poderosa que la del 17 de septiembre, así que lo mejor sería que yo me escondiera en una zona segura.

Mientras José me decía que me fuese a la inspectoría general del liceo, tanto él como yo sentimos que la energía ya no se tildaba, sino que se podía sentir claramente. Cristián y Sofy aparecieron rápidamente, quienes gritaron nuestros nombres y se acercaron corriendo. Cuando los cuatro ya estábamos reunidos, todos comenzamos a mirar el cielo hacia cada punto cardinal. Sofy, que miraba hacia el norte, lugar al que llegaba apunta a mi casa, pudo ver una silueta flotando en el cielo que parecía acercarse. Inmediatamente notamos que la energía provenía de esa cosa.

Así que José volvió a insistirme para que me escapara yendo a la inspectoría general. Entonces hice caso. Dejé el patio corriendo y llegué a la puerta que conducía a la “mini-inspectoría”, lugar donde está la entrada/salida del liceo, una puerta que conduce a la biblioteca y otra que conduce a la inspectoría general. No obstante, cuando justo pude pisar el suelo de allí, escuché una voz que ya me parecía conocida. Al parecer sólo me hablaba a mí, ya que los demás no parecían inquietarse o algo. “Espérame, tengo que hablar contigo”. La voz era de Drott, la misma que pude escuchar tiempo atrás cuando él atacó a Prímula y a mí en el parque.

Después de esto me puse un tanto nervioso. Decidí volver al patio. Si Drott quería hablar conmigo, pues que lo haga limpiamente y sin atacar a los demás. La energía cada vez era más poderosa, tanto así que otras personas humanas parecían estar sintiéndola igual, pues alcanzaba a escuchar apenas sus conversaciones. Después de un minuto, una especie de cono gigante de helado cae en el patio. José, Sofy y Cristián estaban en guardia, aún sin sus formas originales. Todos los alumnos se alarmaron y fueron a ver qué estaba pasando, mirando desde el mismo patio o a través de las ventanas del gran pasillo.

Parecía todo normal. Parecía que un objeto perdido de un extraterrestre cayó justo en el patio del liceo, vaya casualidad. Sin embargo, la voz de Drott comenzó a escucharse por todo el liceo, como si estuviera usando altoparlantes. Me estaba llamando. Me estaba invitando a ir al patio del liceo. En un principio no quería, pero cuando su voz comenzaba a escucharse más enojado, decidí salir. Cuando el Trío Dinamita me vio, rápidamente se alteraron e intentaron detenerme, pero no les hice caso. Ellos estaban en el lado opuesto a mí después del impacto, para que se hagan una idea. Drott al fin aparece sobre el cono gigante. Estaba con las mismas ropas de la otra vez. Me di cuenta que el Trío Dinamita se preparaba para convertirse en sus formas originales, sin importarles lo que piensen los demás, pero yo les hice una seña que no lo hagan, todo estaba bajo control.

- Me alegro de que calmaras a tus amigos – comenzó Drott sonriente.
- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y con qué cosa has venido? – pregunté de mala gana y con mirada retadora, mientras todos los alumnos y profesores presenciaban la escena a murmullos.
- Bueno, ya te lo dije, estoy aquí sólo para conversar contigo. Vengo en son de paz, así que no se preocupen – decía Drott bajándose de la cosa gigante y hablándole a todos, aunque principalmente a mí y al Trío Dinamita.
- Pues hablemos rápido y luego regresas a tu mundo desconocido con ese… cono de helado. ¿No pudiste conseguir algo mejor? – me burlaba.
- ¡Eh! No creas que esta cosa ridícula es mío – contestó Drott, ya sin el audio de altoparlante -, sólo es un objeto que lanzaron unas personitas desde Hyrule que te andan buscando como si fueras el Correcaminos y creo que este lugar no será el apropiado para conversar…
- ¿Por qué lo dices? No puedo ir a otra parte.
- Primero que todo yo te puedo llevar, y en segundo lugar el “helado” de ese cono aparecerá en… - mira un reloj detenido suyo – unos segundos más, pero ese “heladito” se convertirá en un arma destructora, así que… – terminó irónico.
- Espera, ¿qué? – pregunté confundido.
- Tan sólo ven conmigo.

Al decir esto, Drott me agarra rápidamente del brazo y teletransportación, para finalmente llegar a una de las salas de computación. Habían varias personas concentrados en los computadores: unos jugaban, otros miraban vídeos, otros hacían trabajos, etc. Les llamó la atención obviamente la aparición repentina mía y de Drott, quedando unos cuantos boquiabiertos. Cuando me doy cuenta yo estaba sentado en una silla de clases, mientras que Drott en una de las sillas oficiales de la sala comiendo una manzana. Tanto en las bibliotecas como en las salas de computación no se puede comer… menuda ironía de Drott.

Después de esto, le llamé la atención a Drott, diciéndole que no podía comer y preguntando el cómo hizo para tenerlo. Él respondió diciendo que ya sabía lo primero y que la manzana lo robó del casino de comida mientras me teletransportaba. Finalmente, Drott comenzaría con la conversación y dejándome algunas preguntas al aire sobre el por qué me dejó aquí y no en otro lugar, pero creo que eso les contaré para el siguiente capítulo. Además me disculpo por no haber podido escribir, pero es que últimamente he tenido que estar muy ausente en el lugar donde estoy actualmente escribiendo…

Dos días antes de este último suceso, el mismo hombre de voz ronca que visita a Drott y Cradd en la habitación oscura aparece, quedando parado en la puerta e informándole a los dos “prisioneros” sobre algunas cosas, mientras Cradd jugaba al ajedrez y Drott estaba recostado en su cama. Este último comienza diciendo: “¿Y ahora qué pasa?”

- Nuestra primera arma ya está lista y será lanzada pasado mañana – respondió el hombre de voz ronca.
- ¿El blanco será…? – preguntó quedando sin voz Drott.
- Sí, tal como dije tiempo atrás. Y recuerda que el objetivo siempre será él – volvió a responder.
- Muy bien, muy bien. Gracias por la información y “éxito” – dijo Drott; a continuación, el hombre visitante se va, cerrando fuertemente la puerta.
- ¿Tienes pensado ir y comenzar con tu plan? – preguntó Cradd.
- Efectivamente. Creo que ya es hora de que despabile de una maldita vez – respondió el joven.

Volviendo al día de la llegada de Drott con el curioso objeto, una persona vistiendo las ropas del liceo estaba presenciando la escena desde lo más alto de uno de los edificios del establecimiento. Esta persona estaba sentada y con la mirada un tanto seria. Después de que Brett y Drott salen de escena, él pudo ver que todas las personas comenzaban a acercarse al objeto, pero el Trío Dinamita hacía lo posible para detenerlos, diciendo que era peligroso. La persona que estaba arriba del todo, sin que nadie sepa de su presencia, se dice a sí mismo: “La organización ha comenzado a atacar antes de lo previsto, sin que Brett pudiera usar sus poderes… Me pregunto qué es lo que hará ahora y cómo los humanos se las arreglarán con esto - pausa -. Si todo avanza a esta velocidad, en algún momento tendré que revelar mi identidad y ayudar, a pesar de ser uno de… - agacha la cabeza - Maldición”.

Continuará

¡Recuerda comentar para saber qué te pareció el capítulo y decidme si voy bien o debo mejorar algo! :'D

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar