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Vendetta/Capítulo 31: El Viaje por Celéstea

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Vendetta/Capítulo 31: El Viaje por CelésteaEditar

Y algunos acontecimientos en Altárea.Editar

De pronto estaba en mi habitación, sentado en mi cama con la mirada hacia el suelo. ¿Pero cómo? El último instante que recordaba era cuando estaba en el patio del castillo, pero no recordaba el por qué estaba allí, mucho menos lo que estaba haciendo. Eran muy vagos los recuerdos. Sólo recordaba que junto a Zelda recorrimos todo el castillo en busca de voces de los subterráneos del castillo. No sé cómo llegamos a parar al patio. Estaba en la sala de estar, luego en el comedor, después en otra sala... ¡Y de pronto en el patio del castillo!

Después de estar quejándome e intentando recordar lo que había pasado, escucho a alguien subir las escaleras. Por los pasos reconocí a Xavi; venía corriendo. Primero pensé en que iba a visitar a Zelda, pero termina entrando a mi habitación aceleradamente. No se veía muy contento, pues sólo la brusca entrada lo delataba.

- ¿Qué te pasó allá abajo? – preguntó justo al entrar, acercándose a mí.
- ¿Q-qué cosa...?
- ¿Por qué le gritaste así a Zelda, Brett? ¿Qué escuchaste en el subterráneo? – continuó preguntando ya estando frente a mí.
- No sé, Xavi...
- ¿Por qué actuaste tan raro en el patio? - insistió tomándome de los hombros y zarandándome levemente.
- ¡No recuerdo nada! No sé lo que pasó, no sé lo que escuché... ni siquiera recuerdo el por qué estaba en el patio – respondí bajando la mirada, mientras Xavi me suelta.
- Fue Drott, ¿verdad? – dijo después de un silencio, quedándolo mirando sorprendido – Pude sentir parte de su energía, aunque fue muy leve y no estaba del todo seguro allá abajo – pausa –. Así que estaba vivo, después de todo... ese tipo no muere nunca. Por más que intentes matarlo siempre revive.
- ¿Por qué lo dices?
- He oído que varios de tus ancestros han matado a Drott, pero éste siempre vuelve a aparecer a la llegada del siguiente antihéroe. Yo tuve la mala fortuna de presenciar una de sus resurrecciones. Lo más raro es que a pesar del tiempo, él siempre conserva la misma apariencia juvenil con la que “murió” por primera vez.

De un tema pasamos a otro. Siempre las conversaciones con Xavi eran así... pero tal vez la idea desde un principio para mi protector era ese: hablar de Drott. ¿Realmente ese tipo ha estado reviviendo a lo largo del tiempo y actualmente no es una viva reencarnación del hermano de “El Primero de Todos”? Está bien que sea un demonio según dice él, pero no tendría tanto poder para que resucite por sí mismo después de morir. Lo que más me dio curiosidad fue “vuelve a aparecer a la llegada del siguiente antihéroe”; ¿por qué será así y no revive antes o después? Así podría cumplir con sus objetivos con más facilidad, ¿no?

Volviendo a la conversación, yo no supe qué decir y le reiteré una respuesta: “No recuerdo nada”. A continuación, Xavi decide dejarme solo en la habitación y a la par irá explicarle a Zelda y Eileen lo que él cree que sucedió en el patio: Drott me poseyó. Eso fue lo que me dijo. Como yo no recordaba absolutamente nada, pensé en que eso tendría su lógica y tal vez podría ser cierto. Los recuerdos eran demasiado borrosos en ese instante, ¡era imposible que los olvide a cuenta propia!

Más tarde llegó la noche y obviamente la cena. Cuando llegué al comedor, Eileen todavía estaba un poco asustada de mí, pero Zelda ya me sonreía y todo. En la mesa mantuvimos conversación de lo ocurrido anteriormente durante un tiempo y finalmente, concordamos en que todo lo sucedido en el patio fue obra de Drott. Desde mi punto de vista actual, es decir, como escritor de mi historia y que ya tengo toda mi memoria fresca, les digo que fue una pena que todos creyeran que Drott me había poseído en ese entonces, pues la conclusión final en esa noche fue: “Brett, todo lo que dijiste en el patio es anulado y falso”, así que lo del Rey, lo cual era verdadero, pasó a ser falso para ellos... una lástima, ¿no?

Después de aquel día no sucedió nada raro. Debo decir que después de la cena tuve que ir a dejar a Eileen al mundo cruel e incluso hasta su casa. Mientras estaba en ese mundo, solamente “fallaron” mis sentidos auditivos y olfativos. La vista no sufrió ningún daño, por suerte. Estando en aquel mundo Eileen ya dejó su temor hacia mí y me hablaba como siempre lo hacía. Luego regresé a Hyrule y me quedé allí el resto de los días. Ni siquiera fui a echarle una visita a mi familia.

Enero pasaba y pasaba. Un día no muy lejano del tratado en todo este capítulo, fue Eileen a Hyrule para dar una visita por la tarde. No fue sólo una visita, más que nada para hacer una práctica con Xavi y entrenar más sus poderes. Vaya chica, sí que se entusiasmó con la idea... Por mi parte continuaba intentando recordar lo sucedido en el patio del castillo, pero no podía. Zelda ha estado haciendo las mismas labores de siempre, nada de cambios. Por un momento se me pasó a la cabeza visitar Términa. ¿Cómo estará todo por allá? ¿Estará Linik por algún lado? ¿Qué estarán haciendo la gente de Ciudad Reloj? Y Prímula y su padre, ¿estarán bien después de las fiestas?

La misma noche del día de visita de Eileen, después de que ella se haya ido y la cena la hayamos comido, Xavi me dijo que mi prima no se especializa en movimientos de ataque, sino en los curativos. También un poco en lo defensivo, pero sería mejor sacarle fruto a lo primero. Como Glasse tenía el poder de revivir personas no me sorprendió tanto la noticia. Ahora sí que estaba confirmado que Eileen tenía incrustado parte de los poderes de mi protectora. Entonces, cada vez que mi prima visitaba de nuevo Hyrule, Xavi le enseñaba a hacer tales movimientos para curar. Él en otra conversación del tema añadió que ella podría ser capaz hasta incluso de curar el veneno o heridas mortales, aunque esto último podría dejarla a ella en riesgo vital si no tiene el poder suficiente o no sabe hacer el conjuro con certeza.

Después de unos días decidí viajar a Términa por mi cuenta. Suponía que era ya la segunda o tercera semana de enero, así que me apresuré antes de que llegara febrero y comenzara con el viaje hacia Celéstea. Como el camino que hacía con Xavi era peligroso, preferí tomar el tren desde la Torre de los Dioses donde estaba Bigboy y Radiel. Así que tomé el tren y llegué a Términa en cuatro días después. Aunque después de todo, el viaje no fue totalmente tranquilo...

Durante una de las tantas noches que debí pasar antes de llegar a destino, tuve uno de los típicos sueños que no las tenía de hace un buen tiempo. Volví a soñar con el Cañón Ikana. Yo estaba parado justo en la puerta de la casa de Prímula y su padre. Por alguna razón todo se movía en reversa: las aves volaban hacia atrás, el padre de Prímula corría hacia atrás, un Gibdo que lo seguía caminaba hacia atrás, etc... De alguna manera me llamó la atención la entrada a la Torre de Piedra, así que fui a esa zona. Estando cerca de la entrada se encontraba Prímula parada allí mismo. Quedé mirándola, pero ella no reaccionaba. De pronto escuché múltiples voces detrás de mí; miré hacia atrás y Linik se encontraba justo detrás, mirando a lo alto de la torre. Su boca se movía constantemente y las voces provenían desde ahí. Posteriormente al fin se detiene y me dice: “No queda nada. Sólo falta un mes”. A continuación, miré hacia la torre y también a Prímula, pero no noté nada extraño. Entonces pregunté “¿un mes para qué?” y volteé a ver Linik de nuevo, pero sus rasgos cambiaron completamente: su piel quedó verde pálido, sus ropas estaban todas rasgadas, parte de su cuerpo estaba con sangre y de alguna manera, sus ojos desaparecieron. Aunque esté en ese estado me responde: “Para que la maldición del Templo de la Torre de Piedra cobre vida y las momias salgan de su pozo”. Tras esto Prímula grita desesperadamente desde la entrada de la torre, así que volteo a verla y vi que varios Gibdos se lanzaban sobre ella. Intenté correr rápidamente hacia ella, pero poco a poco todo se torna oscuro y la voz de Drott, aunque más grave y siniestra, se escucha junto a sus risas: “No... no y no...”.

Así fue el sueño que tuve. No recuerdo bien, pero creo que fue la segunda noche, o tal vez la tercera. La cosa es que aquel sueño, o más bien pesadilla, me estaba entregando un importante mensaje. Al llegar a Términa lo único que hice fue visitar a Prímula y su padre en el cañón. A diferencia del año nuevo, el padre en esta ocasión olía a cuerpo descompuesto, por lo que me mantenía a distancia con él y evitaba lo más que podía aumentar mi sentido olfativo. Luego fui hacia la Ciudad Reloj y aproveché de visitar algunos lugares. Con las rupias que tenía aproveché de comprar un Saco de Bombas Grande, incluyendo treinta bombas dentro. También probé la suerte de la lotería, pero me fue mal. Antes que llegara la noche tomé una reserva en la Posada del Puchero y más tarde visité la Tienda de Curiosidades. Aquellos productos eran muy caros y además mis rupias las gasté todas en el objeto comprado anteriormente, así que sólo vi los productos.

El resto de la noche lo pasé en la posada. Allí me encontré con Linik, quien me saludó muy amablemente. Él me contó que estaba preparándose para partir al Cañón Ikana, pues recientemente escuchó sobre una maldición en aquel lugar. No sabía qué y cómo es, y mucho menos de dónde proviene. Recordé la pesadilla que tuve en el tren, ¿a eso se referirá con “maldición aparece dentro de un mes”? Así que le conté a Linik todo mi sueño y lo tomó en cuenta para su viaje, pero contrastó diciendo que no cree mucho en esas cosas. Sólo serían meras coincidencias para él.

Al día siguiente tomé el tren y regresé a Hyrule. Lo que se vendría ahora es Celéstea. Esta vez el viaje duró sólo tres días y dos noches, pues llegué a la tercera noche a destino. Cuando entré al castillo me reencontré con Xavi y Eileen que se preparaban para ir a dormir en las respectivas habitaciones. Comí algo antes de ir a mi habitación. Al estar allí en pijamas y todo, mi prima aprovecha de decirme algunos movimientos que aprendió. Sabía curar y sellar heridas pequeñas, detener la hemorragia (aunque no devolver la sangre en el cuerpo), lanzar eficazmente un rayo de luz, que terminó siendo una lanza y no un simple rayo, y crear un pequeño escudo contra ataques mágicos. Éste último estaba en proceso, por eso era pequeño. Después yo le conté mi corta experiencia en Términa y nos dormimos.

¡Pasaron los días! Eileen continuaba frenéticamente entrenando con Xavi, Zelda se movía por el castillo más que de costumbre y yo me preparaba psicológicamente para viajar a Celéstea. Ahora la pregunta es: ¿cómo diablos llego a las nubes? Así que me acerqué a la princesa a preguntarle un día sobre cómo llegar hasta allí. Ella respondió diciendo que en lo alto de la Torre de los Dioses se encuentra el Cañón de los Cielos, cuyo objeto puede lanzar a una o dos personas hasta Celéstea. “Ya, un cañón... ¿Es en serio?”; “Sí” responde Zelda sonriente. Vaya, debería ser un cañón muy gigantesco y con gran potencia para que haga eso...

Pasadas las horas llega la cena. Mientras comíamos les dije a todos que al día siguiente partiría a Celéstea. A diferencia de mi camino hacia el Elemento del Agua, Xavi esta vez no se vio muy motivado. Zelda pareció no sorprenderse, pues ya había hablado con ella en la tarde sobre cómo llegar ahí. En tanto, Eileen no tenía ni la menor idea qué era Celéstea. Xavi le explicó y ésta se sorprendió, hasta incluso le gustó la idea de visitar las tierras ubicadas sobre las nubes. Por mí no habría problema para llevarla, ¿pero sería algo peligroso? Después de todo yo voy por el Elemento del Aire, no a visitar.

Después de la comida Xavi y Zelda se quedaron conversando, así que procuré dejarlos a solas en la mesa. En tanto, Eileen se fue al patio del castillo para seguir practicando por su cuenta. En primera instancia quedé mirándola desde la puerta, sin que ella notara mi presencia. Al darse cuenta de mí, ella se pone nerviosa y se desconcentra, provocando que su entrenamiento se detenga.

- ¿Por qué te pusiste así? Con Xavi no pasa.
- No es nada, sólo que... – me hablaba mirando a un lado.
- ¿Te da vergüenza mostrarme tu talento? Pero si hace unos días estabas muy entusiasmada contándome tu avance.
- Es que no es lo mismo decirlo que demostrarlo – respondía tímidamente.
- Excusas, excusas – me burlaba y me paré frente a ella -. A ver, lánzame un ataque.
- ¡¿Qué?! ¿Estás loco?
- No pasa nada. Lo podré aguantar, te lo aseguro. ¡Vamos! Estoy listo – insistí confiadamente y abriendo los brazos.
- Pero... vas a salir herido...
- Para aquello está la curación que te enseñó él, ¿cierto? ¡Sólo hazlo y ya!

Con lo último dicho convencí a Eileen. Así ella podría utilizar dos tipos de movimientos practicados. Entonces, ésta preparó su energía y a continuación, levantó el brazo derecho en dirección mía, para luego lanzar un potente rayo de luz, con la forma de lanza que había dicho, sacada desde la mano y no del dedo. Por lo tanto, el ataque fue más fuerte de lo esperado. El impacto me envió hacia un arbusto y me resentí un poco del dolor.

Debido a que se vio “feo” mi vuelo por el patio, Eileen se acercó a mí corriendo y gritando preocupada, a lo que le respondí sentándome en el césped y sonriéndole forzadamente para no demostrar dolor, a la vez que hacía seña con la mano. Cuando ella notó que realmente sí me dolió, comenzó a hacer uso de sus “hechizos” curativos. Sí, así le llamaré: hechizos. Al instante el dolor empezaba a desaparecer y me sentía aliviado. También sentía que varias corrientes energéticas se movían por mi cuerpo, pero principalmente la zona donde Eileen utilizaba su hechizo. Era una sensación única, relajante y que ninguna otra cosa podría realizar.

Después de unos segundos, me sentí completamente renovado. Mi prima no se vio ni siquiera cansada por haber usado dos técnicas con su poder consecutivamente. Parecía tener futuro para estas cosas, algo que motivaba aún más. Después nos fuimos a la habitación y felicité a Eileen por su gran y rápido avance. Xavi era un buen maestro, después de todo. La noche continuó en su curso normal y me quedé dormido, nuevamente con mi prima en la misma cama. Nada raro pasó antes ni después.

¡Llegó el día! Ahora sí partiría definitivamente a Celéstea. Ya no sabía si era fin de enero o principio de febrero en el mundo cruel. Así que después de un rico desayuno, preparé mis cosas para ir al viaje. Xavi no parecía moverse ni nada, por lo que no me acompañaría; y así fue. Al bajar con mi equipaje a la sala de estar, Zelda me detuvo diciendo que mi protector no me podrá acompañar a Celéstea debido a que tiene una misión especial: ir al Desierto Gerudo, ya que según reportes se ha visto un gran avance enemigo en esa zona y además, Xavi y ella misma han confirmado eso sintiendo grandes energías oscuras, incluso estando en el castillo. ¿Qué estará pasando ahí? En medio de la conversación, Xavi bajó armado y Eileen llegó a la misma habitación corriendo alegremente por el castillo.

- Yo no podré ir contigo esta vez, Brett, ¿pero qué tal si te llevas a Eileen? – dijo Xavi.
- ¿A mí? – balbuceó mi prima, mientras yo había quedado solamente sorprendido.
- Sí, no le veo lo malo – acompañó Zelda a Xavi -. Además tú quieres conocer Celéstea, ¿no es cierto, Eileen? Es tu oportunidad.
- ¿Pero no creen que es algo peligroso? – repliqué – Después de todo yo iré por el elemento y ella...
- No, Brett, yo estaré allá cuando ese momento llegue – contestó Xavi con tonalidad segura, como si predijera todo -. Y Eileen también nos será de ayuda, de eso sí estoy muy seguro.
- ¡Quiero ir! – exclamó mi prima a mí – ¡Llévame contigo!

Ella dijo eso último colocándose justo en frente de mí, con un rostro de entusiasmo de esas que no dan ganas de negarle una petición... Así que no me quedó otra que afirmar; Eileen responde con un abrazo y diciendo: “Nos divertiremos mucho”. Tras esto, todos concordamos y mi prima se preparó para ir conmigo, por lo que volvió a la habitación a cambiarse de ropa, después ir al baño, etc. Mujeres. Por otro lado, Xavi pidió que la cuide y yo también. Justo antes de salir dice desde la puerta: “¡Nos vemos en Altárea!”. Ésa era la capital de Celéstea y seguramente, el lugar destinado por el disparo del Cañón de los Cielos.

Cuando Eileen terminó de prepararse, Zelda nos detuvo y me entregó una carta que debía entregársela a Radiel. Dijo que con eso ella daría el permiso de nosotros para llegar a lo más alto de la torre y así utilizar el famoso cañón. Agradecí a la princesa y me marché del castillo, con Eileen caminando al lado mío en todo el rato. Le pregunté a mi prima en qué mes estábamos; ella respondió que estábamos ya en febrero, pues la última vez que volvió al mundo cruel, es decir, cuatro días antes, estaban a 30 de enero. Sí que pasaba rápido el tiempo...

No tardamos nada en llegar a la Torre de los Dioses, pues su ubicación era muy cercana al castillo y ciudadela misma. Al enseñarle la carta a Radiel, que en un principio pensó que iba a Términa una vez más y por ello se sorprendió de mi presencia, no dudó en abrir una puerta secreta que, según ella, conducía a la cima de la torre. Nos advirtió que debemos tener cuidado de los guardianes de la torre, los cuales eran espíritus dentro de un pedazo gigante de metal con un gran armamento. Dijo incluso que con un solo golpe esas cosas nos podrían matar, sin importar la fuerza vital de uno. Eso sonaba muy temible... Aunque lo bueno era que en algunas zonas podríamos protegernos sin ser vistos por ellos. Podríamos reconocer fácilmente esas zonas debido a que emiten un gran brillo en el suelo, según las indicaciones de Radiel.

Sin más preámbulos y con una nerviosa Eileen acompañada, nos encaminamos a la cima de la torre. Me las arreglé junto con ella para atravesar todos los pisos, resolviendo los puzles, teniendo cuidado con los guardianes de la torre, usando las habilidades de cada uno para avanzar, etc. Y finalmente llegamos a la cima. Eileen sobre todo estaba más cansada que yo, pues no acostumbraba hacer viajes como estos y además había ocupado parte de su poder curándome en algunas ocasiones. Todavía no podía hacerse una “autocuración”.

Lo que decían todos era cierto: un gigantesco cañón de color blanco llevado a gris apuntando hacia el cielo, estaba en la cima de la torre. La cuestión era subirme junto con Eileen... Noté que había un hueco en la parte trasera del cañón, ¿pero había algo para llegar ahí? El hueco tenía el tamaño necesario para una persona, por lo que definitivamente ahí se ingresaba al interior. Le eché una segunda ojeada al cañón, pero nada. Decidí probar algo: que Eileen lance un rayo débil hacia el hueco, ya que era muy profundo y no se veía nada muy bien. En primera instancia no quería hacerlo por miedo a dañar el cañón, pero a las finales me hizo caso. Gracias a la luz pude notar que había algo de color amarillo y rojo dentro, con forma circular. “¿Acaso hay que usar un objeto para engancharnos?”, me dije. Y claro, el gancho de Linik lo había devuelto anteriormente. Maldita sea...

No obstante, a Eileen se le ocurrió una idea: usar la lanza de luz e intentar enrollar la punta para que se enganche dentro. No sólo servirá para Eileen, pues yo estaré agarrado a ella cuando realice el movimiento. Así que me agarré a mi prima, comencé a notar cómo su energía fluía por su cuerpo hacia su mano derecha y finalmente, realiza el hechizo siendo completamente efectivo. Al estar dentro del cañón felicité a Eileen y nos pusimos contentos, no obstante, nos sorprendimos cuando sentimos “temblores”. No, era el cañón que se estaba moviendo... El objeto parece que camina, se prepara, apunta y dispara con todas sus fuerzas hacia las nubes.

Antes que Eileen y yo fuéramos disparados, nos tomamos de las manos y prometimos no soltarnos en todo el viaje hasta llegar a Celéstea; eso hicimos. Tras el gran disparo del cañón, con mi prima fuimos a toda velocidad tomados de ambas manos. Los dos quedamos frente a frente, con los brazos extendidos y las manos apoyadas del uno con el otro, para que se hagan una idea, una típica posición de parejas que suele aparecer en películas, aunque en esta ocasión no cayendo... En algunos momentos sentíamos que podríamos soltarnos, pero afortunadamente no sucedió y nunca nos separamos. Eileen a veces gritaba de la pura emoción y adrenalina, encima nunca miraba hacia abajo. En cambio yo noté cómo Hyrule se expandía y a la vez se achicaba cada vez más, hasta que algo con forma esponjosa y blanca se cruzó.

¡Sí! Habíamos llegado a las nubes. En ese trayecto completamente blanco no podía ver a Eileen, así que sólo nos mantuvimos firmes tomados de las manos y miraba hacia arriba, esperando llegar al lugar deseado. Después de unos segundos, salimos al fin de esa masa gigante de nubes. Lo primer que vi en esa zona eran más nubes alrededor de toda el área, a la vez que unas cuantas rodeaban un perímetro. Mientras subíamos noté unas plataformas que se mantenían en el aire, unas más grandes y otras más chicas. También noté que desde el lugar en donde llegué había un gigantesco haz de luz de color amarillo. El detalle más raro que noté hasta ese momento es que a pesar de estar sobre las nubes, en el cielo había más de éstas.

El camino estaba tranquilo hasta ahora, pero al subir a lo más alto nos dimos cuenta que la fuerza del disparo del cañón llegaba hasta ahí, por lo que comenzamos a descender. En ese mismo instante Eileen y yo comenzamos a gritar como si no hubiera un mañana, pues si caíamos definitivamente terminaríamos muertos. No obstante, un gigantesco pájaro de color grisáceo con un jinete sobre él, quien nos pasó a rescatar. Éste dijo: “Primera vez que visitan Celéstea, ¿no? *Ríe* Me llamo Aquilo y soy uno de los vigilantes de esta zona para ayudar a los recién ingresados. ¡Bienvenidos!”. Como estaba asustado por lo anterior y confundido al ver aquel pájaro, agradecí balbuceando seguido por Eileen.

El llamado Aquilo nos llevó montado hacia la “plataforma” más grande de todas. Éste me dice que todas estas zonas se les denominan “Islas Flotantes”, aunque las más grandes o destacadas tienen sus propios nombres. La isla flotante que es considerada capital de Celéstea es Altárea, lugar donde nos llevó Aquilo. Éste nos advirtió que no todos le dicen de esa manera a su isla, sino que también lo conocen como “Neburia” o “Skyloft”. También nos dijo que el tipo de pájaros en el que estábamos montados se llaman Pelícaros, aunque otros los conocen como “Neburís” o “Loftwings”. Desde ahí ya no lo nombré más como “pájaro”, sino por su nombre.

Al terminar el trayecto con ayuda de Aquilo, éste aterriza a una zona de Altárea donde había una gran estatua. Primero se baja el jinete y luego nos ayuda a bajarnos. A continuación Aquilo lanza un silbido y nos dice que esperemos a la llegada de alguien. Luego él vuelve a montar su Pelícaro y se marcha para continuar con su trabajo. Junto a Eileen inspeccionamos un poco la zona. Cabe decir que el aire de Celéstea era mucho más agradable que el de Hyrule u otros mundos, parecía más limpia incluso. Muy pronto me di cuenta que la estatua gigante del lugar en donde aterricé se llamaba “Efigie de la Diosa”. También había una especie de puerta, pero estaba cerrada.

Después de algunos minutos llega un joven vistiendo ropas amarillas. Éstas se parecían bastante a las túnicas utilizadas por Raúl y Cristián al convertirse en sus formas Hylians, respectivamente, aunque el joven de Altárea era más alto que ambos. Por lo que recordaba parecía haberlo visto en la ciudadela durante el año nuevo.

- Me han hecho un llamado de nuevos visitantes y veo que son ustedes – empezó la conversación el joven -. Me llamo Coocker, aunque me pueden decir Cocu como ustedes gusten, y soy uno de los caballeros ya graduados de la Academia de Caballeros. Bienvenidos a Altárea, chicos.
- Gracias, Coocker – contesté -. Yo me llamo Brett y ésta es mi prima, Eileen. Ambos venimos desde Hyrule.
- Un gusto conocerlos – dijo Coocker estrechando la mano conmigo y posteriormente a mi prima, sin embargo, ésta pareció haber quedado embobada por el joven -. Oye, ¿pasa algo?
- Ah, no... Nada... – respondió Eileen sonrojada, devolviendo el gesto con timidez.
- Es un poco tímida tu prima, ¿no?
- No, para nada. Es sólo que encontró su “amor” a primera vista – me burlé.
- ¡Cállate! – exclamó aún más sonrojada Eileen.

Después de las risas, Coocker nos guía a través de Altárea. Comenzó diciendo el nombre de la estatua de la diosa y que en realidad, el lugar en donde estaba era una isla aparte de Altárea, pero que terminó conectada junto con ésta. Luego agregó que cada residente de la isla recibe su Pelícaro bajo la efigie, que para ellos es un símbolo de protección divina de la diosa. Eso significaba que Eileen y yo no podríamos tener uno, pues no éramos residente, sólo visitantes... Coocker nos llevó también hasta la entrada de la Academia de Caballeros, al gimnasio que está a un lado y al Gran Bazar ubicado en el centro de toda Altárea. También nos llevó a la plaza y al barrio residencial. A un lado de esta última zona había una cascada interminable proveniente de una pequeña isla encima. ¿Cómo lo hará para sacar tanta agua? Cerca de allí había una especie de cueva, pero Coocker no recomendó ir ahí por la cantidad de monstruos que habitaban.

Definitivamente Altárea tenía un ambiente para animar y a la vez tranquilizar a una persona. Era mucho más bello que Hyrule y Términa, a pesar del tamaño. Celéstea en sí era casi nubes, así que si me harían escoger un mundo sería Hyrule. A pesar de todo no encontraba uno mejor que ése. Estar en Altárea era tan acogedor que no me daban ganas de regresar a Hyrule, hasta incluso ni pensaba en ir a buscar el cuarto elemento. Sólo quería estar en la plaza, sentado en una banca y respirar el tranquilo aire que entregaba. La gente del lugar tenían los mismos rasgos de un Hylian, así que supuse que todos éramos de la misma raza.

Después de notar que Eileen se estaba acostumbrando a estar con Coocker, pensé en dejarlos a solas. Así que en un momento le dije al joven que la acompañase por Altárea, porque yo seguiría conociendo el lugar por cuenta propia. Mi prima querida se percató de lo que yo pretendía e intentó detenerme, pero al final no lo logró. Cuando yo estaba ya caminando lejos, Coocker invitó alojamiento en la Academia de Caballeros; yo le respondí con una seña.

Además de dejar al amable joven con Eileen, quería visitar la misteriosa cueva detrás de la cascada interminable. ¿Qué tan peligroso serán los monstruos de allí? ¿Y qué habrá adentro aparte de esas cosas? Así que fui a investigar. Nada más entrar encontré varios Keeses que se lanzaron encima. Unos cuantos los acabé con la espada y otros dos con ataques de agua. No quería arriesgarme con el fuego, sino éstos terminarían siendo más peligrosos de lo normal. Continué avanzando y me encontraba con Chuchus. Éstos salían debajo de la tierra para sorprender a su presa y lo atacaban creándole un encerrón con su cuerpo, dejándolo sin movimiento para concluir con una mordida. En el libro lo llamaban “ChuChu de Celéstea”, pues en otros mundos son especies diferentes y con patrones de defensa y ataque propios. El primero que apareció en la cueva me sorprendió, pero no alcanzó atacarme y lo pude vencer con tranquilidad.

El resto de la cueva no era para temer... Sólo había que tener cuidado con los ChuChus que aparecían sorpresivamente y con los grupos de Keeses, pero nada más. Sin salir herido ni cansado salí por el otro lado de la cueva, sin embargo, fue una pérdida de tiempo. ¡No había absolutamente nada! Salvo un cofre del tesoro que contenía una rupia equivalente a 100. Menudo viaje... lo bueno es que había una buena vista hacia algunas islas de Celéstea y también varios Pelícaros pasaban volando. Algunos pasaban muy cerca y otros muy lejos. Parecía el hogar para ellos, pues por lo visto volaban por sí solos esperando el llamado de su dueño al necesitarlos. Veía Pelícaros de todos colores: amarillo, azul, celeste, café, violeta, verde, etc. Sin embargo, había un único color que no estaba: el negro. ¿Acaso esa variedad estaba extinta? Además, de entre todos esos Pelícaros había solamente uno de color rojo.

El día continuó con su trayecto normal. Estuve un buen rato sentado en el “sitio aburrido” y no hubo mucha movilidad en los Pelícaros: dos se fueron y volvió uno. Cuando ya había regresado al ambiente vivo de Altárea, comenzó a rugir mi estómago. Era la hora pick del almuerzo... ¿Dónde iba a comer ahora? Encontré a Coocker y Eileen en lo alto de una torre de la plaza. Al decirle al joven el problema del hambre, éste amablemente me lleva a mí y a mi prima hasta Calabia, una isla flotante de Celéstea donde sirven ricos platos con calabaza en una tienda llamada Calabarza’s. Así que éste corrió hacia una plataforma, saltó y llamó a su Pelícaro. A continuación, nos dice que también nos lancemos por aquella plataforma. Al principio no queríamos, pero terminamos confiando en él y nos lanzamos, siendo recibidos por él y su Pelícaro.

Calabia no era una isla muy distante de Altárea. Sólo era cosa de esperar un poco y ya. La isla era mucho más pequeña que la capital de Celéstea. Tenía un huerto lleno de calabazas frente a la puerta de entrada de Calabarza’s; el bar también tenía una puerta trasera. No tenía nada más en especial alrededor, así que describiré un poco el bar. Había una mesa y algunas bancas en el centro (dos de ellas estaban siendo ocupadas por clientes), una gran lámpara encima, dos camas de los dueños en el lado izquierdo de la entrada, a la derecha estaba el dueño atendiendo, en frente de un mesón habían más bancas y la hija del dueño era la camarera del lugar, por lo que recorría todo el bar. También había un segundo piso, pero no tenía nada especial. Sólo unas cuantas vasijas, platos y muebles. El dueño se llamaba Ruperto y su hija Calabelle. Al igual como pasa en Altárea, ambos tenían orejas puntiagudas y rasgos Hylians, por lo que serían de esa raza; lo mismo pasaba con los clientes.

Después de saciar el hambre allí, junto a Coocker regresamos a Altárea. El día pasó rápido. Estuvimos visitando todos los lugares con lujo y detalle. Los dos lugares donde quedamos más pegados fueron en el Bazar y en la Academia de Caballeros. Finalmente llegó la noche y cenamos en la casa de Coocker. Allí también conocimos a su madre. Cuando salimos me di cuenta que la actividad de los Pelícaros había disminuido considerablemente. Le pregunté el porqué de esto a Coocker y su respuesta fue: “Los Pelícaros tienen una visión muy pobre en la oscuridad, así que nadie puede viajar por Celéstea a estas horas, ni siquiera yo. Sólo los caballeros más especializados pueden viajar con su Pelícaro por la noche, aunque también deben tener un equipo especial para ayudarse”. Recordé que Aquilo tenía una gran cantidad de cosas equipadas en él y su Pelícaro, así que supuse que él era un “caballero especializado”.

Más tarde Coocker nos dejó en la Academia de Caballeros. Él se tuvo que ir debido a que le tocaba su turno de noche. ¿No ha dormido nada? Pues no, se había despertado justo antes de que sintiera el silbido de Aquilo cuando llegamos a Altárea. Así que Coocker nos dejó en su habitación y advirtió que llegará a despertarnos cuando él regrese de su turno y deba descansar. Eileen y yo afirmamos y nos pusimos a dormir inmediatamente. Ella durmió en la cama, mientras que yo en el suelo acompañado de una sábana y una almohada. Eileen me dijo que fue un muy lindo día para ella y se divirtió mucho, así que me agradeció por haberla llevado. ¿Por qué a mí? Fueron Xavi y Zelda los de la idea...

Día siguiente en Celéstea. Coocker nos fue a despertar a las 06:00 hrs. Estaba un poco histérico, pero no era porque estaba matado de sueño y sólo quería dormir, es porque había visto un Pelícaro de color cian volando sobre la Efigie de la Diosa esperando a su dueño/a. ¡Íbamos a presenciar justo una ceremonia! Así que los tres fuimos a esa zona. Al llegar vimos a arios habitantes que ya estaban expectantes de lo que iba a ocurrir. Por consecuencia de nuestra llegada, el Pelícaro comienza a hacer ruidos y deja de volar, aterrizando justo en frente de la estatua. A continuación, el Pelícaro dirige la mirada hacia el lugar donde estábamos los tres.

- Este Pelícaro... escogió a uno de ustedes – dijo Coocker percatado de lo que estaba pasando, diciendo esto a mí y a Eileen.
- ¿A nosotros? Pero si no somos habitantes de acá...
- Varias personas que vienen de visita ya tienen un Pelícaro debido a que ellos sienten el llamado de su dueño. Debes saber que estos animales son como las almas gemelas de su dueño, así que se conectan sentimentalmente al tener contacto entre ellos. Como este Pelícaro sintió que su dueño o dueña está acá y justo miró hacia nosotros, entonces...

Como Coocker no terminó de contar todo eso, ya que justo en ese momento miró a Eileen y se congeló, me volteé para mirarla también. Ella parecía estar hipnotizada o algo al quedar mirando el Pelícaro. Le decía su nombre para “despertarla”, pero ni se inmutaba... ¡¿Eileen era la escogida?! Pero si ella originalmente es humana... No entiendo. Después de mis pensamientos, mi prima comienza a acercarse lentamente hacia el Pelícaro. La cara que tenía era dormida, maravillada, sorprendida y contenta, todo eso en un conjunto. El ave siente que su dueña lo está reconociendo, por lo que también se acerca a ésta. Luego Eileen levanta un brazo para tocar al Pelícaro y finalmente, lo logra hacer. A continuación, todos los espectadores comienzan a aplaudir; yo incluido.

Posteriormente, Coocker se acerca a Eileen y le dice que debe montarlo. Para eso él estará de guía junto al Pelícaro suyo. Así que el joven ayuda a mi prima a montar el ave y luego, va corriendo hacia una plataforma cercana, salta y llama a su Pelícaro. A continuación, el Neburí de Eileen comienza a volar también y sigue al de Coocker. Todos los habitantes de Altárea vieron contentos el espectáculo y aplaudían. Por mi parte, sólo quedé expectante con una sonrisa; Eileen ya habría encontrado a su compañero, Coocker, y tal vez ya no me necesitaría.

Cuando todas las aguas se calmaron y los habitantes volvieron a hacer lo que hacían siempre, Coocker fue a su habitación en la academia y yo me quedé con Eileen. Ella no soltó a su Pelícaro durante todo ese día. Era tanta su felicidad que hasta lucía el ave por toda Altárea. Un detalle que encontré fue que el Pelícaro no tenía un collar cuando estaba en la Efigie de la Diosa; después de la práctica, ya lo tenía.

Aquel día fue más lento. El atardecer llegó y al parecer, Coocker despierta a esas horas. Él me encontró sentado en una banca de la plaza, mirando con la ayuda de mi vista cercana a Eileen volando con su Pelícaro por Celéstea. Cuando llega y pregunta por mi prima, interrumpe mi concentración y pierdo de vista a Eileen. Le contesté diciendo que estaba volando con su nuevo compañero.

- Debería dejarlo dentro de un rato, ya va a caer la noche – dijo mientras se sentaba al lado mío.
- A propósito, ¿por qué ayer sólo vi un Pelícaro rojo de entre todos? – pregunté después de que un silencio se haya creado.
- ¿Lo pudiste ver? Su dueño no es de acá, sino de Hyrule. Creo que se llamaba Xavi, o algo así.
- ¿Xavi? – reaccioné al instante – Él es un amigo que tengo.
- Vaya, salúdalo de mi parte. No ha pasado por acá de hace un tiempo y lo estamos echando de menos. Y bueno, el Pelícaro rojo es una especie muy escasa y especial. Raramente las personas que han dejado su marca en la historia han montado uno de ellos. Un claro ejemplo es Link, un héroe muy antiguo, y curiosamente también un tipo muy parecido a ti que también se llamaba Brett, aunque vivió hace muchos años atrás, cuando Celéstea estaba bajo el reinado del padre de aquel joven.
- Oh, vaya, ya me habían dicho algo sobre ese tipo en Hyrule y Términa – respondí, sabiendo que era “El Primero de Todos” -. Y también quería saber otro tipo de Pelícaro que no he visto en todo este rato.
- ¿Cuál es?
- Es la especie que tiene su pelaje de color negro – respondí, causando que Coocker dude un poco de responder.
- Es una especie de Pelícaro – contestó finalmente con tono seco – que está extinto, por eso no se ve por los alrededores. Al igual que el rojo es especial y se dice que sólo se conecta con personas que tienen sentimientos oscuros. Se podría decir que es lo contrario a la especie roja.

Coocker pareció molestarle un poco el tema, pero a las finales me respondió la pregunta. Justo después de responder, dijo que iría a buscar a Eileen antes de que el sol se esconda. Respondí agradeciendo por su ayuda y me quedé todavía sentado en la banca, esperando si regresan los chicos. Finalmente llega la noche. Coocker comenzó con su turno y Eileen y yo nos quedamos en la Academia de Caballeros, una vez más. Mi prima expresó su felicidad y sorpresa por haber tenido un Pelícaro. También me dijo que le cuesta un poco adaptarse al manejo del ave, por lo que seguirá practicando los siguientes días.

Así pasó el tiempo. Pasaron tres días y no encontraba respuestas sobre el cuarto elemento. Le pregunté a Coocker sobre el tema, pero no tenía ni la menor idea de qué le hablaba. Pregunté a los habitantes del lugar, pero nada. Además no podía viajar por Celéstea sin un Pelícaro y llevar a Eileen a otras zonas era peligroso. Bueno, yo tampoco podía adaptarme a uno y mucho menos sabía volarlo, así que más peligroso era.

Me estaba aburriendo de estar perdiendo el tiempo Celéstea... Además, me estaba cansando de estar viendo a la famosa parejita de Eileen y Coocker casi todo el rato juntos. Ya casi ni podía conversar con ella, porque estaba con el Pelícaro o con el joven Hylian. El agradable ambiente de Altárea se me estaba haciendo opaco, como si el mundo cruel se pusiera sobre ella. Me estaba aburriendo de no dormir cómodamente en una rica cama y no como un mugriento y estúpido en el suelo. Estaba harto de ver las mismas caras y paisajes todos los malditos días. Altárea y Celéstea juntos ya me estaban aburriendo de verdad...

Por el atardecer del quinto día en mi estadía por Celéstea, el Pelícaro rojo toma acción y va a buscar rápidamente a su dueño. ¡Xavi! Ya era hora de que apareciera... Al cabo de unos minutos, su Pelícaro aterriza con él en la plaza, lugar donde quedé yo esperándolo sentado en una banca. Los que estaban más cerca se dieron cuenta de su presencia y fueron a saludarlo; yo sólo me quedé sentado. Después de haber saludado a todos y dejara de ser un imán de personas, se acerca a mí y me saluda.

- ¿Y dónde está Eileen? – preguntó éste después de mi saludo, aunque no sabía si era ironizando o en serio, pues él podía percibir energías.
- Está pololeando sobre su nuevo Pelícaro con un conocido tuyo de acá – ironicé.
- ¡No me jodas! ¡¿Con Malton?! – reaccionó bruscamente.
- ¿Eh? ¿Quién es Malton? – pregunté extrañado por quién era y por su reacción.
- Ah, no es él... ¿Entonces Gruyo? ¿Al fin se hizo hombre ese tío?
- Es con Coocker, hombre, o Cuco, Cocu, o como verga le digan.
- ¡Aaah, vale! – dijo más tranquilo – Pues, ese chaval es el “Xavi” de Altárea. Tiene su propio harem acá y parece que tu prima cayó – bromeó.
- Me la quitó el desgraciao’ ese... – contesté resignado.

Nota: “harem” es un término japonés que, por lo que entiendo, significa cuando un hombre tiene alrededor varias chicas que están enamoradas de él.

Justo después de conversar, Coocker y Eileen llegan después de la práctica de vuelo. Ambos se veían cada vez más felices y apegados juntos. Cuando el caballero de Altárea vio a Xavi, lo saludó animadamente con una seña y apuró a mi prima en caminar. Ambos se saludaron, con Coocker casi besándole los pies, y Eileen lo saludó con normalidad. A partir de aquí los tres se inundaron con conversaciones, así que yo me aislé del trío y no me dio ganas ni siquiera de escuchar las conversaciones.

En algún momento los tres decidieron pasear por Altárea. Éstos me llamaron para que vaya con ellos cuando se dieron cuenta que me estaba quedando atrás, sin embargo, les negué la invitación y preferí seguir sentado solo en la banca de la plaza. No quería estar caminando con ellos mientras hablan. Además, ya conozco toda la maldita isla de memoria, ¿para qué pasearla de nuevo? Incluso con la parejita casi ya tomada de la mano... menos ganas de me dan. ¿Por qué me pasa esto? ¿Eso era lo que le llamaban “celos” o envidia porque Eileen esté con otro y no me tome atención?

La noche total cayó y todos fuimos a la Academia de Caballeros. Coocker comenzó a hacer su turno de noche y para sorpresa de todos, Eileen decidió ir con él. Él no quería llevársela porque podría ser algo peligroso, pero mi prima insistió tanto que a las finales, terminaron recorriendo los dos Altárea por la noche. Esto causó más rabia en mí. Xavi se percató de lo que estaba pasando conmigo y quiso conversar, no obstante, me comporté como un niño al no querer responder y más encima, encerrándome en uno de los baños para que no molesten.

Cuando ya era más tarde de noche y yo no podía dormir, teniendo en cuenta que yo ya estaba en el suelo con la sábana y todo mientras Xavi dormía en su propia habitación de la academia, llega Eileen totalmente feliz. Tras un suspiro después de cerrar la puerta, me ve despierto y saluda con mucho ánimo. Al contrario, yo la saludé casi a la fuerza y con un tono apagado.

- Ay, Brett, venir a Celéstea fue lo mejor que me ha pasado – dijo después tirándose a la cama.
- Parece que sí – contesté a secas.
- Ese Cocu es tan lindo conmigo... Fíjate que me ha estado enseñando a cómo volar en el Pelícaro, hacer piruetas y a tener cuidado con los tornados que se crean en algunas partes – contaba entusiasmada.
- Pues, sí, es un buen tipo – contestaba malhumorado.
- Y también fue muy amable conmigo cuando me presentó Altárea, cuando jugábamos arriba de la torre y ahora me lleva a ese mismo lugar, donde me muestra a toda la isla iluminada... fue todo tan lindo.
- Ah, qué bien...
- En serio, estar aquí es lo máximo, incluso más que Hyrule. Incluso estar con Cocu, abrazarlo y...
- Sí, Eileen – la interrumpo bruscamente -, ya entendí que te gusta Altárea y Celéstea, además que estás loca por el “Cuco” ese, así que no es necesario decir la cuestión todo el rato.
- Bueno, pero no es para que te pongas así, te estoy contando lo que pienso y lo contenta que estoy. ¿No decías que te gustaría verme feliz fuera de nuestro mundo?
- ¡Pero siempre y cuando estuviéramos los dos juntos y no te vayas a ir con el primer huevón que se te cruce en el camino! – exclamo ya levantado.
- Oye, no te permito que le digas “huevón” – dice encarándome, también levantándose de su cama -. Encima me acabas de decir que es un buen tipo.
- ¿Un buen tipo? ¡Por culpa de él ya no me pones atención! ¡Por culpa de él ya ni hablamos! ¡Por su culpa no puedo volver a Hyrule, porque ya me aburrí de esta mierda y no encuentro nada del cuarto elemento, porque tú estás con ese huevón y no puedo irme solo!

Justo después de terminar, teniendo en cuenta que dije todo eso rápidamente, Eileen me da una bofetada. Ella lo defiende diciendo: “Él nos ayudó cuando llegamos y ha hablado bien de ti, ¿y así lo tratas tú? Y si quieres... ándate solo. Yo me puedo quedar felizmente aquí”. Cuando dijo estas últimas palabras, sentí una tremenda rabia interna. Fue como si la persona que más apreciaba me hubiera traicionado. Por culpa de ello mi brazo derecho se cargó completamente en llamas y a continuación, me abalancé contra Eileen y la agarré el cuello. La fuerza fue tal que la arrastré hasta la pared. Tenía tanta rabia que esto lo hacía casi sin conciencia, sólo pensando en el mal...

Sin embargo, mientras hacía tal cosa que me arrepiento hasta el día de hoy, Eileen comienza a echarme un hechizo de luz hacia mi cuerpo. Pude sentir que energías y vibras positivas corrían por todo mi cuerpo, lo que causó que “despertara” un rato de mi rabia y sea consciente de lo que estaba haciendo. Posteriormente quito el brazo rápidamente de Eileen, provocando que esta caiga de rodillas al suelo, se agarra el cuello y tosa. Por mi parte, yo quedé mirándola con arrepentimiento y quedé sin palabras en la lengua. No sabía cómo perdonarla, pues ni siquiera me podía perdonar yo mismo por tal acto.

Por lo ocurrido no supe qué hacer y salí corriendo de la habitación, a la vez de la academia. La presencia de Eileen no se alejaba del todo e incluso había gritado mi nombre, por lo que me empezó a seguir. No obstante, como corrí tan rápido hacia la Efigie de la Diosa, el rastro de mi prima se perdió rápidamente. En la misma Isla de la Diosa, en el mismo lugar donde conocí a Coocker, el lugar donde todo empezó; ahí me quedé. Me senté en un arbusto, comencé a reflexionar sobre lo ocurrido y como un niño que sabe actuar con palabras, sino con expresiones, me puse a llorar. No fue un llanto por pena. No fue todo al 100% por lo ocurrido en la academia. No... Fue por rabia. Por culpa del maldito de Coocker pasó todo... “Coocker”, balbuceaba su nombre con ira mientras lloraba y apretaba los puños, golpeando también el césped.

Ni cuenta me di cuando desperté al día siguiente. No me desperté por mi cuenta, sino que Xavi me estaba zarandeando. Al abrir completamente los ojos, vi muchas piernas y pies de personas. ¿Por qué había tanta gente? ¿Acaso el chisme de lo ocurrido anoche ya se esparció por todo Altárea? No, no era eso... “Brett, creo que un Pelícaro te estuvo esperando toda la mañana”, me dijo Xavi. Entonces me levanté, di la media vuelta y vi a uno de ellos. Sin embargo... Pelaje negro, aunque el pecho, los ojos y las puntas de las alas, eran de color rojo.

Todos estaban boquiabiertos mirando al Pelícaro, incluso yo en un principio. Pero cuando lo vi a los ojos sentí una gran cercanía con él, como si conociera al ave por toda mi vida. Pareciera que sintiéramos los mismos sentimientos. Era una sensación extraña, una conexión, una vibra que tenía con él. Tal como dijo el imbécil: “Son como almas gemelas de sus dueños”. Me acerqué al Pelícaro, éste se acercó también y finalmente, lo pude tocar. Las personas, en comparación a rostros de felicidad cuando estaba la ceremonia de Eileen, en este caso parecían tener rostros de horror, casi de miedo. Parece que yo era el único feliz. Creo que sólo yo sentía que una presencia de ésta especie era normal... Y claro, los Pelícaros negros no estaban extintos, estúpido Coocker.

Volviendo a la escena de nuestro protagonista echando a correr después de haber atacado a Eileen. Ella misma intentó seguir a Brett, pero perdió su rastro debido a que éste corrió demasiado rápido en comparación a ella. Como quiso recurrir a alguien y el más cercano, Xavi, estaba durmiendo, decidió buscar a Coocker. No tardó mucho, pues éste estaba recorriendo el Bazar. Al encontrarlo, Eileen se abalanza sobre él y lo abraza.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así? – preguntó sorprendido Coocker por la reacción de Eileen.
- Brett... Él... – balbuceó ella aún “traumada” por lo ocurrido.
- ¿Qué pasó con él? ¿Te hizo algo? – le preguntó el joven tras que éste abandonara el abrazo y la tome de los brazos.
- Él me atacó y casi me ahorcó. Se comportó muy raro. Casi me mata... – respondió con rapidez cabizbaja después de haberse quedado callada; luego levanta la mirada, con los ojos brillantes – ¡Pero no le vayas a hacer nada, por favor...!
- Pero si te atacó...
- ¡No! – interrumpió Eileen – Estoy... estoy segura que no era él.
- ¿Por qué lo dices? – preguntó Coocker sin creer mucho; por esta pregunta se crea un silencio y luego Eileen responde.
- Porque juro haber visto a Brett con los ojos negros por un instante...

Tras decir esto, Eileen vuelve a abrazar a Coocker. Éste no le creyó mucho las palabras de la chica, puesto que, ¿cómo una persona va a cambiar de color los ojos? Después de permanecer con él durante un rato y haber recordado nuevamente la escena de la academia, Eileen rompe en llanto, aunque sin exagerar, sólo por el susto que pasó y por el cambio sufrido por su primo. Finalmente ella terminó siendo consolada por Coocker y posteriormente, llevada de nuevo a la habitación de él mismo en la academia, donde ella terminó quedándose dormida y convertirse en una espectadora más de lo ocurrido al siguiente día: el Pelícaro negro.

Continuará

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