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Vendetta/Capítulo 33: ¡Sobre las Nubes!

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Vendetta/Capítulo 33: ¡Sobre las Nubes!Editar

¿Y las premoniciones...?Editar

En el camino hacia Términa, es decir, en el Bosque Prohibido, un gigante estaba destruyendo todo lo que estaba a su paso. Éste llegaba a medir hasta unos cinco metros de altura. Sin embargo, mientras se acercaba al ex compañero de Drott, Cradd, retoma el tamaño normal de un Hylian común y corriente. Él vestía unos pantalones verdes de camuflaje muy gastado, una camisa blanca sucia y una chaqueta sin mangas verde muy desteñida. No tenía zapatos. Su rostro parecía la de un ogro, con nariz distorsionada, orejas malformadas y ojos cafés oscuros. No era tan alto y el pelo era corto.

- Bien hecho, Devnamí. Con ese tamaño, fuerza y resistencia será difícil vencerte – le dijo Cradd.
- Gracias… – le respondió el hombre.
- ¿”Gracias” qué? – le grita Cradd.
- Gracias Maestro – contesta tímidamente Devnamí, para luego irse a un lado de su “maestro”.
- Muy bien. Ahora es el turno de la dominadora de la tierra… ¿Raki, o me equivoco?
- Para nada, maestro mío – le responde la chica con tono coqueta.

A diferencia de Devnamí, Raki era una joven muy atractiva de ojos rojos brillantes como el rubí, alta, con un cuerpo muy bien desarrollado, un pelo castaño claro que le llegaba a la cintura y utilizaba ropas muy atrevidas, como unos zapatos dorados con taco y un traje que no cubría la espalda, piernas, parte de su vientre y dejaba enseñando gran parte de sus pechos. Justo después de haberle respondido a Cradd, Raki comienza a sacar un aura café oscura desde su interior, provocando un temblor y una gran tormenta de arena. A continuación, ella ablanda la tierra y la separa; también la podía endurecer. A medida que hacía esto, ella bailaba una especie de danza árabe y reía disfrutando lo que hacía. Raki también podía mover los árboles a su gusto, doblándolos o quitarlos y volver a colocarlos en sus respectivos lugares. Su poder se incrementaba tanto que la tormenta se hacía demasiado fuerte y el temblor estaba pasando a convertirse en un terremoto.

- Ya detente, Raki, es suficiente – exclamó Cradd, llamando la atención de la chica, quien detuvo todo bruscamente. Tras esto, ella crea unos gigantescos pilares de piedra alrededor de Cradd, dejándolo encerrado.
- Como usted diga, maestro – respondió Raki en tono coqueto otra vez, quien reapareció desde la tierra misma quedando en frente de Cradd -. Y aún-hay-más…- continuó ya teniendo su aspecto real de nuevo, coqueteando con su maestro y sentándose en las piernas de él.
- Eso lo sé. Te detuve porque podrías habernos tragado a todos con esa tormenta – responde Cradd con frialdad, mientras que los pilares se desvanecen y Raki se enoja, levantándose y yéndose de inmediato, comportándose como una niña chica. Luego apareció un niño – Y tú eras Diadros, ¿verdad? Si mal no recuerdo, te especializaba en los golpes a cuerpo limpio y podías aumentar tu velocidad y también a quien tú quieras.

El chico afirma y de un momento a otro, comenzó a correr como alguien normal. Sin embargo, a medida que avanzaba aumentaba su velocidad a gran magnitud, logrando correr por casi todo el bosque en un minuto. Tras hacer todo eso, el chico reaparece en frente de Cradd. Diadros vestía ropas comunes a alguien de su edad: camisa amarilla con dibujos, pantalón jean azul, zapatillas blancas y una gorra roja con detalles azulados. Como era un niño no tenía gran estatura, así que era el más bajo del grupo. Tenía el pelo corto y el color de ojos eran azules. Cuando está sin gorra se le puede notar que en la parte media de la cabeza tiene pelo levantado, en plan de tener un mohicano falso.

- Te felicito por esa velocidad, Diadros, pero todavía falta – le dijo Cradd.
- Sí, maestro, haré lo mejor que pueda en estos días.
- También te ayudaré a dominar las artes mágicas oscuras. Sólo con lo que tienes no ayudarás mucho y veo potencial en ti.

Tras esto último dicho por Cradd, el chico afirma y se va con los demás. No obstante, faltaba uno… un adolescente más joven que Raki, pero mayor que Diadros. Éste estaba durmiendo a un lado de Cradd. El joven se mantenía flotando constantemente, sin tocar el suelo en ningún momento. Vestía con una chaqueta sin mangas negra con pelos de zorro café claro en la gorra que traía la prenda, camisa con mangas largas verde oliva, pantalón verde oscuro, unas botas negras y usaba un collar que parecía estar adornado con dientes de animales. Su pelo era castaño oscuro y largo, y el color de ojos era desconocido por ahora. Éste joven permanecía con la cabeza agachada y no hacía nada más que dormir.

“Hasta el momento Raki sería la carta más fuerte que tengo. Diadros podría ser alcanzado fácilmente por el tal Josex y Devnamí tendrá fuerza, pero lo podrían derribar rápidamente y además es demasiado lento. Aunque… Tarq. Este chico... Puede llegar incluso a tener la misma cantidad de poder de Drott, aunque lo malo es que debe recargar su poder durmiendo en el día y soltarlo en la noche. No planeo atacar en la oscuridad, así que debo entrenar a estos tres y así poder ganar una batalla contra los demás, además de encontrar una manera de anular a Xavi… Pero mientras tanto me concentraré con Brett, a quien lo debilitaré de una forma muy eficaz. Gracias por esa información, Drott”, reflexionó Cradd en su mente después de toda la demostración.

Xavi y yo estábamos en el centro de aquella isla, con Ucayaya incluida. Mi protector le dijo a la Uca que comience a volar por los alrededores y haga ruido, mientras él estará a un lado por si las cosas se complican. Muy pronto unos silbidos raros y fuertes se escucharon por Celestia. De inmediato Xavi se percata que se trataba de Gyorg, el par de monstruos “come-Ucas”. Todo eso se confirmó al notar una especie de manta raya gigante de color rojo que pasó volando sobre la isla. Quedé totalmente boquiabierto al verlo. No obstante, Xavi me despierta rápidamente entregándome a Ucayaya para que la lleve de regreso a la torre. Así que corrí lo más rápido que pude, logrando llegar en sólo tres segundos desde el centro de la isla hasta la puerta, teniendo en cuenta que había una distancia notoria entre ambos lugares, y la dejé dentro de la torre.

Posteriormente regresé al centro de la pequeña isla. Ahí me di cuenta que el par, una especie idéntica a la roja, pero mucho más pequeña y de color azul, estaba volando por la zona también. “Estas cosas no andan amigables, así que llegó la hora de tu primera batalla aérea. Yo me encargaré del rojo y tú por el azul. Corre hacia el acantilado y te tiras para llamar a tu Pelícaro cuando yo te diga”, me dijo Xavi. ¿Batalla aérea? ¿Cómo sería experimentar eso por primera vez?

Después de esperar un corto período de tiempo, Xavi me entrega una de las zarpas y junto a esto grita “Vamos”, en señal de lanzarnos en un acantilado. Allí hice mi típico silbido y el Pelícaro negro llegó para ayudarme. Inmediatamente después decidí seguir a Xavi para no perderlo, pero éste me dice que vaya hacia el Gyorg azulado. Como el monstruo azul estaba más distante del rojo, no tuve otra opción que ir tras ése.

Yo no tenía ni la más remota idea del punto débil de aquella cosa, así que quedé mirando un rato a Xavi para saber qué hacer, aunque teniendo cuidado con los movimientos que haga mi enemigo. En primera instancia lo único que hacía él en el otro lado era esperar y esperar, hasta que en algún momento el Gyorg rojizo abría sus ojos y Xavi aprovechaba de subirse encima del monstruo con la ayuda de la zarpa, enganchándose en el cuerpo de la cosa. A continuación, éste hábilmente ataca con su espada a todos los ojos de Gyorg y finalmente, salta al vacío para volver a llamar a su Pelícaro. Entonces, lo único que debía hacer ahora es repetir el proceso.

Me di cuenta que mi enemigo azulado tenía las mismas especies de ojos, aunque en menor cantidad, por lo que debí esperar el momento indicado. Parecía pan comido con la ayuda de la zarpa. Cuando mi enemigo abrió los ojos, me acerqué lo más posible y me enganché en el cuerpo del monstruo, sin embargo, éste comienza a agitarse a sí mismo justo después que soltara la zarpa. Por culpa de ello me desequilibré y caí, pero afortunadamente mi Pelícaro estaba atento y me recogió en el aire. Tras esto tuve que volver a esperar, mientras tanto Xavi atacaba a su adversario con facilidad. Me estaba sintiendo un inútil en la batalla... fácilmente mi protector podría acabar con la batalla por sí mismo. Además parecía estar en su propio mundo luchando y yo fuera un bicho intentando atacar a otro más.

Regresando de esos pensamientos me di cuenta que mi enemigo abrió los ojos de nuevo. ¿Tanto rato me había quedado pensativo? Esta vez procuré poner a mi Pelícaro cerca del enemigo por si las moscas. Al engancharme, esperé a que Gyorg azul se agitara a sí mismo mientras yo me mantenía enganchado. Mi plan fue perfecto y no me desequilibré, así que posteriormente desenfundé rápidamente la espada y comencé a atacarles a todos los ojos. Tras haber logrado con éxito esa fase, el monstruo lanza un gruñido y comienza a agitarse una vez más, aunque esta vez alocadamente. Como ya no estaba enganchado provocó mi caída. No sufrí daño ni mucho menos me caí, ya que mi Pelícaro estaba cerca para recogerme.

Al estar montado una vez más, tuve que esperar otra vez a que mi enemigo abriera los ojos. Aproveché de echarle un vistazo a lo que sucedía con Xavi y noté que el monstruo rojo agitaba con fuerza su cola alrededor. También disparaba grandes bolas de energía oscuras. Aun así Xavi lograba esquivar todos estos movimientos de su contrincante. Mi pregunta fue: ¿por qué de un momento a otro ese monstruo comenzó a atacar? ¿Estaría entrando a su límite?

Después de esperar unos cuantos minutos, mi adversario al fin abre los ojos. Como yo no estaba tan lejos no tardé nada en repetir el proceso anterior. Logré realizarlo con éxito y cuando se volvió a retorcer del dolor, me monté a mi Pelícaro a esperar la siguiente ronda. Ahora la batalla sí se ponía peligrosa y más difícil, porque ya no podía estar cerca del enemigo. ¿Por qué? Porque éste comenzó a actuar de la misma forma que el monstruo rojo: agitaba la cola por todos lados y disparaba esferas de energía, aunque éstas eran más pequeñas y de color verde y amarillo.

Ahora la verdadera batalla había comenzado. Mi Pelícaro se esforzaba en esquivar todos los movimientos del Gyorg azul. También tuvimos que distanciarnos bastante, sino la cola nos alcanzaría o las esferas de energía nos llegarían con más efectividad. Por estar tan atento a los ataques de mi rival, no tenía ni tiempo para ver lo que pasaba con Xavi al otro lado. En algún momento mi adversario abre sus ojos, así que mi Pelícaro utilizó parte de su velocidad para llegar con rapidez.

Para evitar un ataque del enemigo, mi compañero de batalla subió bien alto encima del monstruo y tras que éste disparase bolas de energía, me lancé hacia el lomo del enemigo. Como el ataque de las esferas iba hacia el Pelícaro, entonces yo no tenía que preocuparme tanto mientras yo descendía. Finalmente utilicé la zarpa y me enganché con éxito, no obstante, la cola del monstruo también podía atravesarse por todo el cuerpo del monstruo, así que debía saltar para esquivar. Después de esquivar ese ataque, me lancé con todo hacia los ojos y les ataqué. A continuación, me lancé al vacío mientras éste se retorcía del dolor y mi Pelícaro pasó a recogerme.

Justo después de subirme a mi compañero, la cola del monstruo se lanza hacia nosotros y nos alcanza, provocando daño tanto al ave como a mí. Afortunadamente mi Pelícaro pudo resistir al ataque y no se desplomó; por mi parte, yo no me solté de él. Cuando éste comenzó a ascender, me di cuenta que por detrás venían bolas de energía hacia nosotros. Sin embargo, logré defender de estos ataques utilizando chorros de agua sacadas de mi brazo izquierdo a cada una de las esferas, siendo cinco en total. Me di cuenta que al utilizar aquel poder muchas veces, gastaba proporcionalmente energía mía, por lo que de inmediato sentí cansancio. Tal vez fue porque todavía no dominaba a la perfección tal poder.

Mi Pelícaro finalmente ascendió con éxito conmigo y estando más recuperado, lograba esquivar de nuevo las bolas de energía del enemigo. Ahora me di cuenta que éste había acelerado su velocidad para volar, aunque para atacar seguía el mismo patrón. Como mi compañero había recibido daño, no podía volar lo suficientemente rápido para alcanzar al monstruo instantáneamente.

Estuve esperando la siguiente ronda. El enemigo abrió los ojos, pero no pude descender por la distancia que teníamos. No obstante, cuando los volvió a abrir mi Pelícaro estaba un poco más adelantado que el monstruo, así que aproveché de lanzarme sin pensar. Debido a esto no tuve en cuenta el disparo de las esferas de energía... justo mientras iba descendiendo, el monstruo dispara esas cosas molestas. No me quedó otra que pedir ayuda a otro elemento que dominaba: el fuego. A diferencia del agua, que éste se especializa más en ataques a distancia, el fuego lo utilizaba más físicamente, por lo que debía ser muy certero con mis movimientos.

Tal como lo esperaba, las esferas de energía no se dirigieron a mi Pelícaro, sino que a mí. Utilizando toda la zona derecha de mi cuerpo encendido en llamas, comencé a atacarles a las malditas esferas; con puñetazos, con patadas y hasta con la espada. Finalmente aterricé al lomo del monstruo, pero como utilicé mucho poder al descenso, me sentí aún más cansado. Entonces volví a atacar a los ojos de Gyorg, sin embargo, no había tomado en cuenta algo: la cola.

Igual como había sucedido anteriormente, la cola del monstruo pasó por todo el cuerpo de éste intentando atacarme. Logré saltar a la primera, pero no me imaginé que venía una segunda vez, por lo que me dio de lleno y me lanzó al vacío. Lo peor de todo es que pude ver a mi Pelícaro descender para ir a buscarme, pero cuando iba pasando cerca del enemigo, éste le dispara bolas de energía y también le impactan, debilitando y dejando fuera de combate a mi compañero.

“¿Este es el fin? Y pensar que esta cosa ni siquiera es el enemigo para obtener el cuarto elemento... así que seguía siendo débil”, pensaba yo mientras caía. Sin embargo, justo cuando parecía todo perdido, Xavi y su Pelícaro pasan a recogerme, así como el ave de él recoge con sus patas a mi Pelícaro inconsciente. A continuación, mi protector asciende con su compañero hacia el Gyorg azulado. Entonces vi todo el alrededor, pero ni rastro del monstruo rojo. ¿Xavi habrá acabado con él?

Después de haber ascendido lo suficiente y sin recibir ningún daño, a pesar de haber pasado cerca del Gyorg azul, Xavi comienza a preparar su ataque. El Pelícaro, mientras tanto, va esquivando todas las bolas de energía del enemigo. A diferencia de mi compañero, el ave de mi protector parecía bailar en el aire por la tanta facilidad que esquivaba. Finalmente, Xavi se lanza hacia el lomo del monstruo con la zarpa, mientras tanto en ese mismo proceso desenfundaba su espada. Al aterrizar hizo una maniobra acrobática con un gran salto incluido, sin dejar atrás la zarpa, para finalmente quedar frente a los ojos de Gyorg. Aprovechando eso, Xavi lanza un poderoso ataque giratorio, lo que debilitó al monstruo instantáneamente. Justo después Xavi se lanza al vacío y su Pelícaro va a buscarlo sin que su dueño lo llame.

Cuando Xavi volvió a montar en su compañero, el monstruo iba cayendo al vacío sin energías. Luego le pregunté sobre el Gyorg rojo, respondiendo que fue derrotado antes que el Gyorg azul me golpeara con su cola. Así que después de todo, Xavi fue el vencedor de los dos monstruos... ¿y yo qué hice? Nada más debilitar al azul, que al parecer era mucho más débil que el rojo. Que inútil soy.

Después de que Gyorg fue derrotado, el Pelícaro de Xavi desciende hacia la misma zona donde comenzó toda la batalla. Allí dejó a mi compañero ave moribundo y luego, su dueño y yo nos bajamos de él. A continuación, Xavi da los cinco conmigo por nuestro triunfo, aunque yo no lo di con muchas ganas. Luego ambos vamos hacia la torre donde estaban los Ucas esperando. Allí mi protector lanza la noticiar: “¡Los monstruos fueron eliminados!”. Tras esto, todos los habitantes de Celestia gritan, saltan y vuelan de felicidad, incluso la mismísima Ucayaya. De un rato a otro, el miedo pasó a alegría.

En medio de la felicidad, los Ucas salieron volando con libertad por Celestia. Gracias a esto se formó una bonita secuencia en los cielos. Mientras sucedía eso, Ucayaya se acerca a nosotros y nos agradece por haber ayudado a su pueblo. Xavi responde que fue también gracias a mí por haber ayudado a la causa, sino él no podría haberlo hecho a solas. Claro, yo lo único que hice fue despistar al monstruo azul... Entonces, después de conversar un rato, la jefa Uca recuerda que habíamos ido por el Elemento del Aire, así que no duda en llevarnos a un lugar especial de Celestia, que no puede ser visitada por un Hylian sin la ayuda de un Pelícaro.

Finalmente, montados los dos en el Pelícaro de Xavi, puesto que el mío todavía no se recuperaba, y siendo guiados por Ucayaya, llegamos a una zona de “descanso” de la Ciudad de los Cielos. El lugar era muy tranquilo: había césped, varios pilares a los lados, pájaros de múltiples colores volando alrededor y al final de todo el camino, se hallaba una especie de altar donde un gigantesco remolino permanecía allí. También no había señal de entrada o salida de ese lugar, por lo que solamente se accedía mediante vuelo; por eso era imposible llegar sin la ayuda de un Pelícaro.

Ucayaya dice que la zona en donde estábamos se llamaba Arco de los Vientos y estuvo protegida por una barrera protectora para que los enemigos no se acerquen al lugar, pero ésta fue rota por Gyorg, quien tomó el mando en el lugar y por lo tanto, no se podía tener acceso. Luego explica el significado del gigantesco remolino que había: “Eso que ven en el fondo los llevará a una zona más alta que acá, lugar donde viven los Hijos del Viento. Esa zona es más conocida como Sobre las Nubes. La gente residente de allí son los guardianes del Elemento del Aire y si le cuentan a su jefe su hazaña contra el monstruo que acaban de derrotar, de seguro les dará una oportunidad para obtener la piedra representante al elemento que buscan”.

Tras decir esas cosas, Ucayaya explica que de alguna manera, el remolino gigante había desaparecido con la aparición de Gyorg y gracias a su derrota, todo volvió a la normalidad. Luego ella nos invita a pisar el remolino. Según la jefa Uca no necesitaríamos firmeza ni nada por el estilo cuando seamos disparados hacia las nubes más altas, así que no debería preocuparme. Xavi y yo nos acercamos al remolino y curiosamente, yo no sentí ninguna corriente cerca. Era como si la figura del remolino fuera una figura imaginaria. Cuando ya estábamos por pisar dicha zona, los dos nos despedimos de Ucayaya y ésta nos desea lo mejor para nuestra continuación en el viaje.

Finalmente pusimos un pie en el remolino y fue ahí donde comencé a sentir corrientes de aire. A continuación, puse el otro pie seguido por Xavi y de pronto, mi cuerpo empezó a sentirse muy ligero, como si fuera una pluma. Sin darme cuenta estaba flotando y girando alrededor del remolino y segundos después, mi compañero y yo nos detuvimos en cierto lugar dentro. Desde ese punto comenzamos a ascender en línea recta. Podía ver cómo Ucayaya se veía cada vez menos. También se podía ver perfectamente Celestia completo y hasta las zonas del Cúmulo de Nubes. Mientras más arriba estaba con Xavi, el clima volvía a ser el mismo del cúmulo: lluvia torrencial, tormentas, etc. ¿Acaso Celestia tenía algo “especial” para no recibir dicho clima?

Durante la lenta subida, Xavi y yo podíamos conversar perfectamente. Comentábamos lo genial que se sentía estar volando encima de casi todo el mundo. Claro; en ese instante estaba sobre Hyrule, sobre Celéstea y del cúmulo. Sólo faltaría atravesar el hogar de los Hijos del Viento. En fin, pero eso no importaba. La sensación que tenía mientras subíamos era de tranquilidad, puesto que los malos climas y todo eso desaparecían durante el transcurso. Ni siquiera soplidos de vientos se sentían. Era todo un silencio profundo... Nada más teníamos que esperar hasta llegar a destino, pero con la paz y descanso que tenía yo, no daban ganas de llegar.

Al terminar el largo recorrido, Xavi y yo atravesamos un hueco que estaba en lo alto, para luego ser empujados levemente hacia una nube. A diferencia de las nubes de Celéstea u otras zonas, éstas eran sólidas y alguien podía caminar con tranquilidad, aunque curiosamente la sensación esponjosa igual se sentía. También podía respirar como si estuviera en tierra firme e igual no se sentía nada de presión.

Al igual como sucedía con el “suelo” de Celéstea, la zona que estaba junto a Xavi era todo un mar de nubes, sólo que “este mar” se podía pisar. Era un lugar con mucho espacio y sólo se veían cajas. Era tan grande y solitario que se podría denominar como un “desierto de nubes”. Definitivamente, un viajero que no tiene mapa o no conoce el lugar, acabaría extraviado. Además en algunos sitios había brechas o vacíos, por lo que debíamos tener cuidado por donde pisar y caminar. “Es una locura, el Desierto Gerudo no es nada en comparación a esto... aunque al menos no hay calor”, comentó Xavi mientras caminábamos por la zona.

Después de estar un buen rato vagando por los mismos alrededores, puesto que no encontramos un camino, un miembro de los Hijos del Viento nos encuentra. Era una mujer de no sé qué edad; aparentaba ser joven. Era de una estatura mediana, más baja que Xavi y yo.

- ¿Viajeros? ¡¿Cómo han llegado hasta aquí?! – preguntó sobresaltada ella al vernos.
- Buenas. Somos Hylianos y venimos desde Hyrule – saludó Xavi para luego presentarnos -. Mi nombre es Xavi y éste es mi compañero Brett, que viene acá por una misión.
- Pe-pero, esperen... ¿cómo ustedes llegaron acá?
- Supongo que ya de habrás saber la respuesta – respondió Xavi -. Utilizamos el remolino que está en el Arco de los Vientos.
- Espera, eso significa… ¿El monstruo ha sido derrotado? – preguntó la mujer sorprendida.
- Sí, y fue gracias a Brett y a mí. Nosotros lo derrotamos – contestó Xavi una vez más, dejando a la mujer boquiabierta.
- ¿Ustedes? – balbuceó - ¡Genial! ¡Ustedes son nuestros héroes! ¡Ahora todos los de mi raza podremos viajar tranquilamente desde acá hacia otros lugares! ¡Gracias, gracias! – exclamó ella después de su sorpresa, mientras se acercaba a nosotros y nos tomaba de las manos, dibujando una gran sonrisa de felicidad en su rostro.
- De nada, de nada – respondió humildemente Xavi, mientras se rascaba la cabeza con la mano desocupada; mientras yo sólo estaba en silencio y saludando.
- Gracias de verdad. Muchas gracias. Y bien... Ustedes están aquí por primera vez, ¿verdad? – hablaba la mujer con más confianza.
- Pues, sí, así que estamos algo desorientados...
- En ese caso, ¡yo les guío!

Era increíble la energía que había obtenido la mujer después de saber la noticia sobre el monstruo. Aun así, había algo que no cuadraba... Estaba claro que los miembros de aquella raza no podían viajar libremente por culpa de Gyorg deambulando por Celestia. Sin embargo, los Hijos del Viento no han descendido desde casi dos años atrás, según Gaépora. Eso quiere decir que es imposible que el monstruo sea la única causa de la “desaparición” de esta raza en Celéstea o Hyrule, ya que si Gyorg hubiera estado dos años en Celestia... los Ucas definitivamente estarían extintos. Entonces... ¿cuál era la verdadera razón de que los Hijos del Viento no viajaban hacia las “tierras inferiores”?

Como era de esperarse, el camino era largo y un tanto dificultoso. En algún punto del viaje, la mujer dio a conocer su nombre: Shinán. Con la ayuda de un objeto prestado por ella, la Pluma de Roc, yo podía saltar en brechas, ya que gracias al objeto mi cuerpo quedaba ligero, de una forma parecida a cuando ascendía desde el Arco de los Vientos, y entonces en ese estado los saltos que realizaba eran tan altos que podía alcanzar el otro lado fácilmente. En tanto, Xavi se las arreglaba por sí mismo: en algunas ocasiones usaba la doble zarpa para engancharse en cajas abandonadas del lugar, o simplemente tomaba vuelo y realizaba un gran salto.

Mientras caminábamos por todo ese “desierto de nubes”, nos encontramos con una pequeña ciudad cuando el anochecer se estaba acercando. Según Shinán el lugar era un pueblo que estaba cerca de la capital del mundo en donde estábamos, es decir, de Sobre las Nubes. El pueblo era el hogar de ella, así que nos llevó hasta su casa. La mujer nos invitó a quedarnos para acompañarla a comer y hasta quedarnos a dormir. ¿Por qué la gente tiene tanta confianza en estos mundos? Llegan y dejan quedarse en su casa a personas que los había conocido en un solo día... primero Talon, luego el Rey y ahora Shinán. Fuera el mundo cruel nadie nos recibiría, ni siquiera nos hablarían al encontrarnos perdidos, a menos que fuera una persona amable...

- Así que buscaban el Elemento del Aire, ¿verdad? – retomó el tema Shinán, después de haber quedado en pausa al llegar a su pueblo.
- Así es – respondí, enseñándole fuego y agua de mis manos respectivas.
- Además, Gaépora ya nos contó algo sobre ello, así que venimos algo informados – comentó Xavi.
- Ya veo... Por lo que sé, el elemento está guardado en el palacio de nuestra capital, sobre la Torre de los Vientos, lugar donde vive la jefa de nuestra tribu, Maki.
- He oído algo acerca de ese palacio... – dijo Xavi pensativo.
- Es raro que hayas oído sobre el palacio en otro lugar, ya que la mayoría se olvidaron de nosotros y nuestra historia... En fin, el Palacio de los Vientos fue construido miles de años atrás por nuestros ancestros en las tierras, con el único propósito de guardar y proteger el Elemento del Aire allí. Pero tiempo después, el palacio fue elevado hasta este lugar por ellos mismos para proteger el elemento de peligros, por ejemplo, del antiguo guardián del elemento: Hisse.
- ¿Y ahora no hay ningún guardián protegiendo el elemento? – pregunté.
- Sí los hay y somos nosotros. Por eso el palacio está junto a la Torre de los Vientos, aunque... últimamente se escucha el rumor de otro guardián que está dentro del palacio y se ha mantenido en secreto durante generaciones.
- Pero son sólo rumores y si así fuera el caso, ese guardián ya estaría muerto por los años que han pasado – comentó Xavi.
- ¡Tienes razón! – exclama Shinán, dejando de lado la seriedad del tema e invitando a tomar otra taza de hierba.

El problema era: ¿cómo ingresaríamos al palacio, si primero debemos tener la autorización de la jefa de los Hijos del Viento? Ucayaya nos había dicho que contando la victoria mía y de Xavi contra Gyorg, podría haber altas probabilidades de que tenga contacto con el elemento, en otras palabras, ganaría la confianza de la tribu. Pero a mí gusto eso no me convencía, ya que era más problema para los Ucas que los Hijos del Viento...

Llegó la noche y como siempre, Xavi tenía todo el equipo necesario para dormir. Mientras Shinán dormía en su habitación, Xavi y yo tuvimos que quedarnos en el sótano de la casa para dormir. Había algo de frío y el lugar se veía espeluznante de noche. Aun así no me quejaba, pues al menos tenía techo para dormir y no me moriría de frío en el exterior. Sí, estábamos en una zona muy alta, por lo que el frío era un problema... Deberían imaginarse un frío más intenso que el famoso “invierno ruso” en el mundo cruel o del mismísimo Polo Sur, temperaturas que incluso llegan a los -20°; algo así era en Sobre las Nubes, o incluso peor. Gracias al calor de la casa de Shinán, no había problemas con el frío.

Pero el frío no fue el problema en Sobre las Nubes, sino que el mismo sueño repetido de otras noches anteriores. Yo, parado en el muerto césped del Cañón Ikana, mientras nubes oscuras y rojas cubrían los cielos. La anciana rara estaba parada a un lado mío encapuchada, mirando a la Torre de Piedra y murmurando cosas que yo no entendía. También se escuchaban relámpagos y rayos que iluminaban por un segundo el cañón. La casa de Prímula y su padre estaba rodeada por muchos Gibdos, unos 30 aproximadamente. La puerta de la casa estaba abierta y algunas momias habían entrado.

De pronto, la anciana deja de murmurar y comienza a hablar con claridad, aunque en tono siniestro y mirando el suelo: “Muchacho... La muerte renacerá y el caos se apoderará de Términa. El responsable será alguien cercano a ti”. A continuación, un fuerte rugido se escucha desde la Torre de Piedra. Arriba del todo, un monstruo esquelético con forma de un dinosaurio o algo parecido, teniendo sólo su cabeza, columna y brazos, se levanta de la torre. Su forma era tan gigantesca que con sólo mirarlo de lejos, me producía miedo y escalofríos. Posteriormente, el grito de Prímula se vuelve a escuchar. También se escuchó el grito desesperado del padre de ella pidiendo ayuda, así como una risa sarcástica proveniente de una voz que nunca antes había escuchado. Finalmente, el sueño termina cuando yo estaba tendido en el suelo gritando desesperadamente que todo se detenga.

Los gritos en mi sueño también se escuchaban en el “mundo real”. Por ello, Shinán y Xavi estaban en la habitación mirándome preocupados por mi situación. Por supuesto me preguntaron qué era lo que había soñado, así que no me quedó más remedio que contar todo, incluido los sueños anteriores. Shinán solamente me recomendó que mantenga la calma, ya que todo eran unos simples sueños. Al contrario, cuando ella dejó la habitación, Xavi me advirtió que esté alerta por cualquier cosa y si llegase una noche en donde recree un sueño aún más detallado, entonces lo mejor sería buscar un método para descender e ir a Términa.

Aunque Shinán me haya dicho eso y más la sugerencia de Xavi, no pude estar tranquilo por el resto del día. No podía parar de pensar sobre Prímula y el Cañón Ikana. Recordé que uno de los sueños recientes, cuando se presenció Linik en escena, la tuve en la segunda mitad de la segunda semana de enero. Él me dijo dentro del sueño algo como “la maldición del Templo de la Torre de Piedra aparecerá dentro de un mes y las momias saldrán de su pozo”. Las momias obviamente serían los Gibdos y eso daría entender el por qué había tantos de ellos en el cañón en los sueños. En el reciente sueño, la anciana dijo “la muerte renacerá”, ¿será el gigantesco monstruo que apareció al final de todo la denominada “muerte”? No tenía aspecto de ser un monstruo vivo. Aunque también se podría relacionar con los Gibdos, ya que son momias después de todo.

En el penúltimo sueño había aparecido la anciana de nuevo, diciendo “vaya destino tan oscuro”. Esas mismas palabras lo dijo ella justo después de salir de mi primera visita al Cañón Ikana, cuando conocí a Prímula y su padre. También me alertó sobre el aparato y debería tenerlo conmigo todo el rato. Eso era lo que me tenía más inquieto, pues no lo tenía conmigo y no sabía nada sobre Prímula y sus mensajes... En ese mismo sueño también sentí como si algo me hubiera clavado algo en el pecho. No hay que dejar atrás el acercamiento de los Gibdos a la casa de mi amiga de Términa, pues en cada sueño ellos aparecían más y más cerca, hasta el punto en que este último sueño, algunas momias ya habían entrado. Recuerdo que igual escuché la risa de Drott en uno de los sueños y en el reciente sueño, la anciana me dijo que “alguien cercano” sería el responsable. No me digas que él sería… ¡No se lo perdonaría!

Después de haber desayunado, Shinán nos llevó a Xavi y a mí hasta la capital de Sobre las Nubes. Por el camino iba pensando en todas las cosas que dije anteriormente. Mi amigo se percataba de mi bajo ánimo y preocupación, así que no necesitaba ni siquiera preguntarme si estaba bien o no. De vez en cuando me contaba alguna broma o historia suya para subirme los ánimos e intentar concentrarme en mi destino, pero sólo lograba llamar mi atención durante un rato.

Estaba asustado, muy preocupado. No podía levantar la mirada. Mis pensamientos inundaban mi cerebro y no me dejaba concentrar en mi misión. Así que cansado de tanta preocupación, no aguanté más y sin decirle algo a Shinán o Xavi, regresé corriendo al pueblo, o más bien dicho, al gran hueco por el que ingresé desde Celestia, para así descender y volver a Hyrule. Por lo ocurrido, a mi amigo no le quedó más remedio que seguirme corriendo también y disculparse con Shinán por el inconveniente, a la vez agradeciendo por la ayuda y prometiendo que él y yo regresaríamos; fue lo último que escuché por mi aumento auditivo. Debido a que yo corría más rápido de lo normal, Xavi no podía alcanzarme del todo.

“Lo siento, Xavi, pero mi preocupación por Prímula ya cruzó la raya. Todo tiene un límite. No puedo relajarme habiendo tenido esos sueños tan repetidamente y desde hace mucho tiempo; es me está advirtiendo algo. Nos veremos pronto, amigo mío. Estaré bien, lo prometo”, me decía yo en la mente mientras corría siguiendo las huellas que habíamos dejado en el camino. Al llegar hasta el pueblo, procuré seguir un mismo rumbo desde el lugar en que había llegado el día anterior. En esa ocasión corrí un poco, pero luego continué caminando al no sentir a Xavi cerca.

Después de mucho rato caminando, me di cuenta que me había perdido: pasaba por un lugar una y otra vez. Sí, sé que había brechas que saltar y por eso mismo terminé extraviado, ya que hay muchas nubes separadas entre sí y obviamente eran todas idénticas. Además, las huellas del día anterior ya se borraron en esas zonas. Maldición... ¿Cómo me enteré de que estaba perdido? Pues, en una nube de una de las tantas brechas de Sobre las Nubes hay una caja rara anaranjada; pasé mirando esa misma caja tres veces seguidas, creyendo que eran varias y distintas.

Para finalizar mi mala fortuna al intentar regresar a Hyrule, la noche comenzó a caer antes que pudiera siquiera llegar al hueco de descenso, por lo que tendría que dormir junto al crudo frío. Poco a poco el cuerpo se me empezaba a erizar y sin que pueda controlarlo la mandíbula temblaba. Buscaba refugio en algún lugar, pero no encontraba nada. Después de un momento, caigo del cansancio y también del frío, para terminar quedándome dormido.

Despierto al día siguiente y lo primero que vi fue un techo y varias antorchas. Claramente era un lugar cerrado y al parecer, me habrían encontrado tirado en las nubes. Era una casa más rústica que las del pueblo que había visitado, tanto así que se parecían a las casas Hylians. El lugar estaba totalmente vacío y aunque grite para llamar la atención de alguien, nadie me escucharía. Así que me levanté de la cama en la que estaba y salí del pequeño hogar.

¿Qué hora era? También tenía mucha hambre y ahora sí que no sabía en donde estaba. Curiosamente la choza estaba entre todo el enredo de nubes del mundo. ¿Cómo lo hará el/la tipo/a que vivirá en ella para conseguir víveres y todo eso, y luego regresa sin perderse? Mientras estaba esperando a la persona que vivía allí, noté que estaba el equipamiento de Xavi. Así que me encontró… ¿pero con la ayuda de quién?

Después de un rato, veo que mi protector estaba con Shinán, la misma de antes. Al final terminaron ellos encontrándome… Al preguntarle sobre cómo lo hicieron para encontrarme, respondieron esto: Xavi me seguía percibiendo mi aura, mientras que Shinán lo llevaba por el camino correcto. Bueno, era algo lógico. Ahora, lo raro es que me llevaron a una casa diferente, puesto que no había pueblo ni nada. La respuesta fue sencilla: era la casa de “verano” de Shinán. Vaya, así que también hay verano en aquel mundo… y aún más, parecía que esta miembro de los Hijos del Viento no es tan pobre al tener dos casas.

Después de que haya pasado todo, hayamos tomado el desayuno y demás, Xavi me dijo que no intentara alejarme de él y Shinán nunca más estando tan lejos de Hyrule, además que estábamos Sobre las Nubes, lugar donde fácilmente un viajero llega perderse, cosa que me pasó a mí al no conocer el camino correcto. No obstante, al terminar de decir todo eso me preguntó si quería descender a Hyrule o no. Quedé pensativo, a pesar de que el día anterior me había impulsado en ir sí o sí.

“¿Me voy o no? Si bajara dejaría esta misión de lado y me retrasaría en encontrar el elemento, pero así podría asegurar la vida de Prímula y su padre… ¿Voy o no? No quiero que pase algo malo abajo. ¿Pero y si los sueños son solamente sueños y no tiene nada que ver con una predicción? Yo nunca he tenido una predicción… No quiero retrasarme en la misión. Ya está decidido”. Por lo tanto, le respondí a Xavi diciéndole que me quedaría Sobre las Nubes e iría por el elemento. Desde ese momento haría lo posible para olvidar todo lo sucedido y las malditas pesadillas. Procuraría que solamente fueron sueños y nada más.

Después de todas las conversaciones, hicimos una caminata parecida a la del día anterior para volver una vez más al pueblo de Shinán, para así reiniciar el viaje hacia la capital de Sobre las Nubes. En esta ocasión no tardamos mucho en llegar al pueblo, puesto que estábamos más de lo que parecía. Así que después de todo no estaba ni cerca de la bajada… En la casa de Shinán almorzamos, porque estábamos en plena tarde, y luego continuamos el viaje.

Mientras íbamos caminando lo más, Xavi cambió de actitud de un momento a otro. Se puso más silencioso e intranquilo. Era como si una sensación lo dejaba preocupado, así como yo con Prímula. A diferencia de mí, Xavi tiene una percepción muy trabajada y desarrollada, por lo que si estaba incómodo por algo debería ser por alguna cosa que esté sucediendo en algún otro lugar, sobre todo si se trata de una persona cercana a él. Un ejemplo claro es la princesa Zelda.

Después de caminar tanto y la oscuridad se acercaba a Sobre las Nubes, llegamos a otro pueblo más a petición de Shinán, ya que era imposible llegar a la capital con el tiempo que quedaba. En ese pueblo más pequeño nos quedamos en una casa de un amigo de Shinán. Este hombre se llamaba August. Allí cenamos con tranquilidad, conversamos en la mesa con temas como el por qué Xavi y yo estábamos en su zona, y finalmente todos fuimos a dormir. En esta ocasión dormimos en la habitación para invitados de la casa.

Mientras Shinán dormía plácidamente, desperté al sentir que Xavi se levantó para ir al baño. Al regresar éste se percató que me había despertado y preguntó si tuve otro sueño más, a lo que respondí negando. Todo esto lo dijimos en susurro para no hacer ruido y tampoco despertar a Shinán.

- Tardaste más de lo normal. ¿Pasa algo? – le pregunté cuando Xavi mientras volvía a la parte baja de la litera; yo dormía arriba y Shinán en una cama aparte.
- ¿Lo pudiste notar? Vas mejorando – respondió dibujando una sonrisa, para luego acostarse definitivamente.
- No es que mejoré mi percepción, cualquiera lo notaría. Has estado distraído todo el día y pareces estar inquieto por algo.
- Brett – empieza tras un suspiro -, lo que pasa es que presiento que algo pasó en el castillo. Lo pude sentir cuando veníamos caminando hacia acá.
- ¿En serio? ¿Entonces por qué no vas de vuelta? – pregunté preocupado.
- Porque soy tu protector y si tú quieres ir en busca del elemento, entonces debo acompañarte. ¿No habías dicho recién en la mesa que lo primero es el elemento y luego lo demás?
- Sí, claro, pero si se trata del castillo… Deberías habérmelo dicho.
- Por eso mismo no quise decírtelo, porque estaba seguro de que me dirías que volviéramos y eso atrasaría el viaje – pausa –. Pero está bien. Si quieres que regresemos a Hyrule, sólo debes decírmelo. Y otra cosa, si notaste que estaba “raro” desde antes, ¿por qué no me lo dijiste?
- No sé con qué responderte… - contesté sin argumento alguno.

Tras las risas de Xavi por mi respuesta, éste finaliza diciendo que al día siguiente regresaríamos a Hyrule sí o sí. Diablos, si no es una cosa es otra lo que me impide obtener el último elemento… Pero bueno, si se trata del castillo, donde está el Rey y la princesa Zelda, entonces la cosa se torna más compleja. Ya no es Prímula y algo personal, el tema ahora es a nivel mundial si hablamos de los mundos apartados del mundo cruel.

Para que tenga más razones de mi regreso a Hyrule, tuve un sueño más y éste ya sería el último. Ahora yo estaba parado en la parte central del Cañón Ikana, lugar donde está la casa de Prímula. La anciana estaba a mi lado derecho, agachada y tapándose los oídos, murmurando cosas que no entendía y parecía estar muy asustada. ¿Qué diablos? Empiezo a escuchar unos sonidos muy fuertes, como si un gigante estuviera golpeando algo. Me doy media vuelta y sí, veo a un ser humanoide gigante levantando al mismo esqueleto del sueño pasado desde la Torre de Piedra. No se veía todo bien por una gran tormenta de arena que cubría el lugar. Este gigantesco ser tenía los ojos rojos y brillaban como ninguna otra cosa, claro signo de maldad.

A continuación, comienza a escucharse la misma risa de un sueño anterior; era la risa de Drott. Sin embargo, en esta ocasión el tono de la risa empieza a cambiar… No era la de Drott, era de otra persona. Era una risa que nunca había escuchado anteriormente. Entonces como burla comienza a hablar: “Pensaste que era Drott, ¿cierto? Que idiota…”. Al terminar su frase, continúa su risa, para que a continuación, el esqueleto gigante de “dinosaurio” comience a cobrar vida, igual como en el sueño anterior; misteriosamente, el gigante y la anciana desaparecieron. Entonces, este ser esquelético me ve y da un fuerte rugido, para luego mover el brazo y preparar un ataque hacia mí. Yo estaba inmóvil, boquiabierto por lo que veía. Justo cuando el monstruo me iba a dar el golpe, se escucharon los gritos de ayuda de Prímula y su padre, aunque en este caso, también se sintieron a dos más que los reconocí: Linik y la anciana.

Cuando en el sueño sentí el golpe, en la “vida real” sentía el empujón que me daba Xavi para despertarme. Lo primero que dijo fue: “De nuevo tuviste esa pesadilla… Levántate rápido que debemos volver o no alcanzaremos a llegar. Aquí se oscurece más rápido, hombre. ¡Vamos, levántate!”. Yo desperté muy somnoliento y con flojera; no había sacado mi sueño. No sé de dónde Xavi sacaba tantas energías para andar con tanto ánimo, a pesar de no haber dormido bien anoche…

Salimos tan rápido de la casa que tuvimos que comer nuestros desayunos caminando de regreso. “Ustedes son muy raros… Me hacen caminar de ida y vuelta una y otra vez”, dijo Shinán en tono de broma cuando iniciábamos el viaje, provocando pequeñas risas y disculpas por parte mía y de Xavi. También tuvimos que hacer una parada en medio camino para comer nuestro almuerzo, sacado de la casa de Shinán. Por supuesto, pasamos por su casa aprovechando el camino y también para sacar los víveres necesarios, sino no podríamos comer nada de almuerzo.

Al igual como en otras ocasiones, yo no paraba de pensar en Prímula. De hecho ahora la pesadilla enseñó otras cosas que en ningún otro sueño lo había visto; la voz de alguien que no conocía, el gigante, los gritos de todas las personas que más conozco en Términa… ¿Qué diablos significará todo eso? ¿Qué sería esa gigante que apareció de la nada? ¿De quién era la voz? ¿Era de alguien que conozco y a la vez no? ¿Estará bien Prímula y todos en Ikana en estos momentos?

Dejando los sueños de lado volveré a Sobre las Nubes. Tal como se había previsto antes de salir de la casa del amigo de Shinán, llegamos al famoso hueco para la bajada justo cuando comenzaba a oscurecer en Sobre las Nubes. A diferencia del día de nuestra llegada, el lugar del hueco estaba lleno de integrantes de la raza de Shinán. Esto quería decir que el rumor de la derrota de Gyorg se había esparcido por todo el lugar… Lo raro es que ellos miraban el hueco, pero nadie se atrevía a bajar.

Cuando todos los Hijos del Viento que merodeaban allí me vieron y también a Xavi, se sorprendieron bastante y más de uno exclamó: “Hylianos”. Era como si estas personas no hubieran visto un Hylian de hace bastante tiempo. Mientras sucedía esto, Shinán nos acompañó hasta el hueco. Yo me sentía presionado por tantas miradas que sentía. Venían de frente, de la derecha, de la izquierda, hasta incluso desde atrás mientras me acercaba más al hueco. “Somos famosos”, me susurró Xavi mientras caminábamos, a lo que yo respondí afirmando.

Cuando al fin terminamos nuestro trayecto, aún con las miradas de todos los Hijos del Viento, Shinán se despide de nosotros. Agradeció el poco tiempo de estadía, a pesar de haberla hecho caminar de un lado para otro. Por esta última razón nosotros amablemente le agradecimos a ella, porque se lo merecía. Cualquier persona se aburriría de nosotros y nos abandonaría… Y tras finalizar la despedida, ella agradece una vez más, pero en esta ocasión por haber derrotado a semejante monstruo que merodeaba en Celestia. Todos los demás Hijos del Viento se sorprenden todavía más al escuchar eso. Entonces, antes de que ellos llegarían a abalanzarse sobre nosotros, Xavi me empuja rápidamente hacia atrás, para así botarme en el hueco, y luego él también se lanza. “Esa mujer dijo eso a propósito. Sabía que todos ellos iban a ir hacia nosotros”, exclamó Xavi mientras descendíamos. Vaya, así que después de todo a Shinán le gustaba bromear con la gente.

A diferencia de la ascensión, cuando bajábamos caíamos como si nos hubiéramos lanzado desde un avión hacia la superficie, aunque en este caso nos hacía caer en línea recta. No podíamos movernos a un lado. Debido a que caíamos a gran velocidad, podía sentir toda la presión sobre mi cuerpo. Al contrario, Xavi parecía divertirse y no le afectaba eso.

Poco a poco comenzaba a verse con más claridad Celestia. En una ocasión Xavi me gritó que estábamos por llegar, pero yo no podía ni responder, ni siquiera para mover una mano. Sí, ya me estaba empezando a marear… Aun así, no sucedió nada raro cuando el trayecto terminó: al estar a unos pocos metros del Arco de los Vientos, la velocidad del descenso disminuyó considerablemente para lograr pisar bien el suelo y no romperme los huesos.

Al estar en tierra firme, Xavi caminó con normalidad unos cuantos pasos. No pudo avanzar mucho debido a que yo me sentí mal por el mareo, así que no me quedó más remedio que sentarme inmediatamente después de pisar tierra firme.

- Te hizo muy mal el descenso, Brett – me dijo Xavi al notar mi mal estado.
- Bastante… - contesté balbuceando.
- Bueno, no queda otra. Habrá que esperar a que te recuperes – dijo mientras caminó de vuelta para sentarse en unas pequeñas escaleras que conducían al remolino de ascenso, y tras una larga pausa –. Brett, ¿estás seguro que quieres venir conmigo?
- Claro que sí… Yo no volveré arriba estando todas esas personas para que se abalancen sobre mí.
- See, tienes razón – respondió riendo -, pero al fin y al cabo yo estaré bien yendo solo al castillo. Además yo estoy aquí para protegerte, no para obtener el elemento que buscas.
- Es que quiero confirmar algunas cosas antes de continuar, también… - le dije reponiéndome un poco más.
- ¿El tema de tu amiga, esa de Términa?
- Sí. La verdad es que todavía no estoy del todo tranquilo.
- Te entiendo. Ahora la sensación de que algo malo está sucediendo en el castillo ha aumentado.
- En ese caso, ¿qué estamos esperando - le dije ya levantándome, aunque todavía sentía esa sensación de revoltijo en el estómago, pero intentaba ignorarlo.

Tras mi reacción, Xavi se levanta también de las escaleras y llama a su Pelícaro; yo igual lo hago. A continuación, ambos corrimos hacia la salida del Arco de los Vientos, lugar donde nos reencontramos cada uno con nuestras aves, y montamos en ellos cuando saltamos desde un precipicio. Ahora sólo faltaría salir de Celestia y del Cúmulo de Nubes, ir a Altárea para saber cómo bajar desde Celéstea y por último, ¡volver a Hyrule!

El mismo día en que Xavi comenzó a sentir una mala sensación mientras viajaba con Brett, en el subterráneo del Castillo de Hyrule el Rey y un pequeño número de guardias bajaron a ver la catástrofe que provocó Cradd el día anterior. Todos quedaban boquiabiertos por el gran número de guardias muertos y de presos escapados en el lugar. Entonces, cuando el Rey va a visitar la habitación donde estaba Cradd, se da cuenta que Drott yacía en la camilla con la réplica de la Espada Sagrada clavada en su pecho.

- Así que no fuiste tú, sino Cradd… Ay, diosas, perdónenme… he fallado de nuevo – se decía así mismo el Rey, apoyado con la puerta y resintiéndose por su gran error de no haber hecho otra cosa en el pasado.
- Su Majestad, ¿qué haremos con el cuerpo? – preguntó un guardia al ver el cadáver de Drott.
- Él no se merece un funeral o algo parecido. Sólo déjenlo ahí – respondió con frialdad el Rey, para luego salir de su posición y caminar de regreso a su trono.

Tras la respuesta formal del guardia, éste mismo cierra la puerta de la habitación y se queda cuidando por fuera junto a otro compañero. En tanto el Rey, quien ya estaba subiendo las escaleras con otros dos guardias, ya que los demás se quedaron en el subterráneo, pensaba: “Drott, eso te pasó por no querer unirte con nosotros. Desde el principio sabía que ibas a fallar en cuidar a ese malnacido… Y ahora terminarás pudriéndote debajo del castillo, vaya humillación de tu parte… y también humillación para mí al confiar en ti”.

Cuando el Rey ya llegó a su trono, sin contarle nada a la princesa Zelda, una luz púrpura oscura aparece desde el cuerpo de Drott en la habitación oscura. A continuación, el joven vuelve a respirar y abre los ojos con brusquedad, sintiendo el dolor que le causó la réplica creada por Cradd. No obstante, después de haber quedado el suficiente tiempo despierto, se da cuenta que tenía la espada clavada en él. A pesar de que sufrió dolor en su “anterior vida” y cuando recién despertó, esta vez Drott empuña la réplica y comienza a sacarla con normalidad, sin sentir dolor alguno. Era como si se sacara una pequeña espina de un dedo.

Al terminar de sacar completamente la réplica, lo bota al suelo y a continuación, se levanta de la camilla. Sin embargo, pareciera que Drott estuviera perdido; miraba los alrededores y no reconocía el lugar. Sin decir una palabra, el joven se dirige a la única puerta de la habitación para salir. Es entonces ahí donde se encuentra con los dos guardias que vigilaban la celda.

- ¡Alto ahí! – exclama uno de los guardias al verlo, apuntando a Drott con su lanza para defenderse.
- ¿Eh? ¿Qué pasa? – preguntó Drott en tono inocente, sin saber el por qué los otros querían atacarlo.
- Oye, ¡tú estabas muerto! – exclamó el otro guardia, copiando la misma pose del guardia mencionado anteriormente.
- ¿Muerto? Bajen esas cosas, no hay nada de qué preocupar… - dijo Drott, pero fue interrumpido por un ataque que le dio uno de los guardias.

Debido al ataque, el joven de ropas negras cae rendido al suelo, aunque teniendo conciencia aún, y los guardias gritan para llamar a todos los demás guardias del lugar. Entonces Drott intenta levantarse, pero es pisado por uno de los guardias para que el joven quede inmovilizado. Mientras permanecía así, Drott decía: “Oigan, déjenme, por favor. ¿Por qué me atacan? No sé de qué hablan y yo no he hecho nada malo”. Aun así, el guardia que lo pisaba lo hacía callar o simplemente se reía.

Después de un rato, el resto de guardias llegaron y vieron a Drott. Al igual como los dos primeros guardias quedaron boquiabiertos al verlo vivo, ya que todos le creían por muerto debido a la información del Rey. Entonces los guardias comienzan a tomar acción. Lo primero que hacen es levantarlo bruscamente y dejarlo arrinconado en una pared. Allí le empezaron a interrogar.

- ¿Cómo has sobrevivido? – preguntó el guardia interrogador.
- No sé de qué hablan… - respondió Drott.
- ¡Cómo que no! ¡Si casi todos te vieron con una maldita espada clavada en tu puto pecho! ¡Es imposible que estés vivo, maldito!
- No sé, no sé… - respondía Drott sin saber qué decir.
- ¡No te hagas! – le grita el guardia, para luego tirarlo al suelo con brusquedad, lastimando a Drott.
- ¿Acaso no recuerdas? – le preguntó otro guardia - ¿Ya no recuerdas cuando por culpa tuya y de Cradd hicieron de un infierno la Villa Kakariko y además, mataron a muchas familias ahí, incluidas la mía? - terminó, para luego darle un puñetazo mientras Drott permanecía en el suelo.
- ¿¡Ya no recuerdas la vida imposible que le hiciste a toda la gente de Términa!? – le preguntó otro guardia, diciéndole eso mientras pateaba a Drott; un compañero de él tuvo que detenerlo.
- No sé de qué hablan… - respondió en voz baja el joven, resintiéndose del dolor y llorando.
- ¿En serio? Uy, ¡parece que el chaval “resucitó” y ya no recuerda nada! – exclamó un guardia que alcanzó a escuchar a Drott, provocando extrañeza en todos, pero luego inician sus carcajadas.

Mientras todos los guardias reían, éstos aprovechaban de seguir burlándose de Drott, escupirlo, golpeándolo con patadas y puñetazos, y hasta hacerle las clásicas llaves, las cuales son enseñadas por los entrenadores de ellos. En tanto Drott solamente sentía dolor, sangraba y lloraba. En algún momento, el joven lanza un grito para que los guardias dejaran de burlarse y golpearle, pero esto causó el efecto contrario…

“¿Qué he hecho? ¿Por qué me golpean de esta forma? No recuerdo… no puedo recordar nada, ni siquiera mi nombre… ¿Quién o qué es Cradd? ¿Qué es la Villa Kakariko? ¿Términa? No puedo recordar. Si estuviera mi hermano aquí…”, pensaba Drott. Sin embargo, justo cuando recordó a su hermano, el joven deja de sentir el dolor de todos los golpes mientras pensaba: “¿Hermano…? Claro, eso lo puedo recordar, mi querido hermano. Recuerdo que lo estaba buscando. ¿Entonces por qué estos tipos me golpean? ¿Por qué no me dejan ir a buscar a mi hermano? Yo sólo quiero… Brett, mi hermano… Y estos bastardos… estos bastardos…”.

Cuando Drott decía lo último en sus pensamientos, los guardias pudieron notar que un aura completamente negro aparece alrededor de su cuerpo. Así mismo, notaron que los golpes ya no le eran efectivos y además, lo ojos de Drott comenzaron a tornarse brillantes y de color púrpura oscuro. A medida que pasaba el tiempo, el aura se incrementaba y se incrementaba, tanto así que los guardias comenzaron a sentir una tremenda presión que los dejaba los pelos de punta, les provocaba escalofríos y hasta incluso comenzaron a temerle a Drott, por lo que se alejaron del joven inmediatamente. Sin embargo, no alcanzaron a escapar del todo…

Mientras los guardias iban por la mitad de su camino para subir las escaleras, Drott termina de cargar toda su energía y justo cuando lanza un grito ensordecedor diciendo “Malditos bastardos”, dispara una gigantesca bola negra que atravesó el pasillo completo, alcanzando a los guardias y provocándoles la muerte al instante, convirtiéndolos en cenizas y dejando sólo sus prendas como rastros de ellos en el suelo. Tras lo ocurrido, Drott vuelve a tener sus ojos negros de siempre y su enojo pasa, volviendo a ser el mismo chico pacífico que renació en la habitación oscura. “¿Qué…? ¿Dónde fueron los abusadores? ¿Qué ha pasado? ¿Se aburrieron y se fueron? Maldición, eso no ya importa. Tengo que salir de aquí antes de que llegue alguien más. ¡Y también debo encontrar a mi hermano!”, se dijo Drott. Entonces, éste se levanta normalmente, como si el dolor le hubiera pasado, y se va corriendo del lugar. En tanto la princesa Zelda, quien estaba en su habitación, pudo notar tal energía oscura y se preguntó: “¿Qué fue eso? Su energía es distinta a Ganondorf, pero…”.

Al día siguiente de los sucesos en Hyrule, en plena madrugada, Cradd y sus aliados llegaron a Términa. Los cinco se dirigieron directamente hacia el este, lugar donde está el Cañón Ikana. Debido a esto, Linik pudo sentir la presencia de las energías de ellos desde la Posada del Puchero, lugar donde vive el héroe de Térmmina. Por estas presencias, Linik preparó todo su equipamiento rápidamente y siguió dichas energías, llevándolo también al Cañón Ikana.

Continuará

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