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Vendetta/Capítulo 34: Amor de una Amiga

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Vendetta/Capítulo 34: Amor de una AmigaEditar

Comienza lo feo…Editar

Mientras viajaba por Celestia y aún estaba con el revoltijo por el descenso desde Sobre las Nubes, me volví a sentir mareado encima de mi Pelícaro. Le tuve que decir a Xavi que nos detuviéramos en alguna parte, ya que no podía viajar adecuadamente. No obstante, él me respondió diciendo que me tomara la Poción Azul, la cual me había dado antes de que nuestro viaje a las nubes altas comenzara. Entonces la saqué de mis cosas y la bebí completamente. Gracias a esto, en cosa de segundos el mareo y el revoltijo desaparecieron, sintiéndome aliviado al instante y de alguna manera sentía energía extra recorriendo en mi interior.

Con el viaje continuado por fin salimos de Celestia, con unos cuantos Ucas despidiéndose de nosotros. De pronto el duro clima del Cúmulo de Nubes apareció mientras nos alejábamos de la ciudad central del cúmulo, por lo que yo y mi Pelícaro tuvimos que usar nuestras técnicas para esquivar los ataques de enemigos y soportar los truenos, relámpagos y lluvias torrenciales del lugar. Había que hacerlo, era la única forma de regresar a Celéstea. Recordé que Eileen se había quedado con el “querido Coocker” en Altárea. ¿Cómo estará ella?

Finalmente salimos del peligroso interior del cúmulo. Ahora teníamos que tener cuidado con los remolinos que se formaban sobre las nubes de Celéstea. Cada vez estábamos más cerca de Altárea… Mientras volábamos, un remolino casi me alcanza debido a que apareció justo en frente de mí de la nada, pero mi Pelícaro milagrosamente logró realizar una maniobra para esquivar eficazmente. Tal maniobra le sorprendió a Xavi y me preguntó cómo diantres lo había hecho, pero yo le respondí que mi Neburí lo hizo por sí mismo. Xavi comentó que dicha técnica sólo lo podían aprender los caballeros más experimentado de Altárea para que sus Pelícaros pudieran realizarlo, por lo que era extraño que mi compañero ave lograra hacerlo sin esfuerzo alguno. Yo le dije que durante la batalla contra Gyorg también lo pudo realizar, por eso no me sorprendió. Ahora sabiendo que era una técnica para expertos, me daba cuenta lo cuan extraño que era mi Pelícaro…

Después de cruzar el dificultoso “campo de remolinos”, Xavi y yo logramos llegar a Altárea. Ambos descendimos en la zona más cercana de la Academia de Caballeros, a la parte noroeste de la plaza si se pudiera decir. Allí cada uno nos despedimos de nuestros Pelícaros y los dejamos en libertad mientras tanto. Algunos residentes de Altárea pasaban por el lugar y se quedaban mirando mi Neburí, cosa que todavía me molestaba… ¿Qué tiene de malo tener un Pelícaro distinto a todos los demás? Malditos envidiosos y miedosos por ser este un “único”.

Xavi y yo partimos hacia la Academia de Caballeros para encontrar a alguien que sepa cómo descender de Altárea, por ejemplo: Gaépora, el Maestro Buhel, el imbécil, entre otros. También recordé que Aquilo, el caballero que me recibió junto a Eileen cuando llegamos a Celéstea, sabía información sobre aquello. Sin embargo, él se mantenía en constante vuelo por todo el mar de nubes, así que era difícil encontrarlo en Altárea. No quedaba más remedio que preguntar a alguien de la academia. Debo mencionar que Xavi sabía la manera antigua de regresar a Hyrule, pero las cosas cambiaron y ahora hay una nueva y sola manera.

Dentro de la academia no nos encontramos con Eileen y Coocker. Quizás en donde estarían pasándolo bien… Con la primera persona que nos encontramos fue el Maestro Buhel. Él no me conocía, por lo que nos saludamos cordialmente y me di a conocer, contando todo lo que había hecho junto a Xavi hasta entonces y parte de mis aventuras en Hyrule y Términa. Después de tanta charla, Buhel nos dice que la única forma de bajar es a través del cañón que estaba ubicado en Celestia, la cual está ubicada en la zona de entrada de dicha ciudad.

Xavi habría pensado lo mismo que yo: “¡No me jodas!”. ¿Ahora habrá que volver a ese maldito lugar? Y pensar que estuvimos allí minutos antes… Xavi agradeció por la información e intentó llevarme de vuelta a Altárea para volver a montar en nuestros Pelícaros e ir una vez más a Celestia, sin embargo, Buhel nos detuvo diciendo que no sería buena idea regresar ahora…

- Afuera se está haciendo de noche y los Pelícaros no pueden volar en la oscuridad – nos dijo.
- Eso no importa, Maestro. El Pelícaro de Brett tiene visión nocturna – respondió Xavi.
- Tampoco se los recomiendo. Si el Pelícaro y su dueño no tienen experiencia suficiente, tendrán problemas aún más superiores dentro del cúmulo.
- ¿Por qué lo dice? – pregunté.
- Por la noche una gran cantidad de monstruos de Celéstea se esconden dentro del cúmulo, por lo que la cantidad de ellos aumentará. También el clima empeora a estas horas. Y lo que es peor… las corrientes de los tornados que se producen acá cerca se van hacia el cúmulo, siendo realmente dificultoso de esquivarlos porque ustedes no los podrán ver. ¿Ahora entienden por qué les recomiendo que no vayan, chicos?

Sí, se entendió con mucha claridad… Las palabras del Maestro Buhel nos llegaron tanto a Xavi como a mí, por lo que decidimos que hacerle caso. Después de todo él era el maestro de la academia y tenía bastantes conocimientos de Celéstea, mucho más que nosotros.

A Xavi y a mí no nos quedó otro remedio que quedarnos a dormir dentro de la academia. Todavía no teníamos sueño y claro, aún era temprano, así que salimos un rato a Altárea. Nos separamos en el Bazar, lugar donde Xavi entró para comprar algunas cosas. Por mi parte fui a dar vueltas por la isla. El cielo estaba anaranjado, claro indicio de que la noche estaba cayendo. Después me senté en una de las bancas de la plaza, cosa que suelo hacer cuando estoy en Altárea. Algunas personas pasaban mirándome. Con mis ropas era bastante reconocible como “el chico del Pelícaro negro”.

Más tarde seguí paseando por la isla soportando miradas de las personas. No veía a Eileen y al imbécil por ninguna parte y ya había pasado casi una hora desde que llegué. ¿Dónde diablos estaban? Pensé en aquella zona donde se veían todos los Pelícaros, aquel lugar que se debía llegar cruzando la cueva de Altárea. También pensé que estarían dando un típico viaje en Pelícaro por Celéstea o simplemente estén en una isla flotante para estar a solas, sin que nadie los moleste. Pero en fin, ya me debería dar lo mismo. Había acordado con Eileen que ella podría hacer lo que quisiera con su vida, pero no podía parar de pensar en ella junto al imbécil…

Después de tanto rato aburrido llega la noche. La gente en Altárea se disminuye debido a que regresan a sus casas. El Bazar también comienza a bajar poco a poco el telón que cubre ambas entradas/salidas. La tienda que se mantiene flotando constantemente, la cual era de un tal Terry, desaparece de Altárea y se puede ver cómo regresa a su isla flotante, donde el dueño esperará al día siguiente para regresar con sus ventas. Cuando ya el sol ha desaparecido completamente y varias lunas y estrellas aparecen en los cielos, el Bazar se cierra completamente y la gente definitivamente regresa a sus respectivas casas.

En algún momento de esa noche, mientras yo estaba en la isla donde cae la cascada de Altárea, pude notar una luz que fue disparada hacia el cielo desde la plaza; era de Eileen. Parece que había regresado justo a tiempo con el imbécil. Pude notar que estaba con él debido a que aumenté mi visión al lugar donde se creó la luz. Noté que su poder mágico había crecido por la energía emitida en dicho rayo de luz. Hasta pude sentir la energía de ella. ¿En tan poco tiempo pudo fortalecer su poder?

Mientras espiaba a Eileen y al imbécil, Xavi se acercó a ambos para saludarlos. El noviecito de mi prima saludó de una manera muy amigable. Se llevaban bastante bien ambos… Los tres se sentaron en una banca y empezaron a conversar. Es aquí donde incrementé mi poder auditivo y disminuí la vista. Pude escuchar cómo Xavi contaba todo lo que hicimos en el viaje hacia Sobre las Nubes y el por qué tuvimos que regresar antes de tiempo. También escuché que Eileen y el imbécil ya son oficialmente novios; menuda novedad. Ellos contaron todo lo que hicieron mientras Xavi y yo estábamos en el viaje. Las cosas que hacían eran las mismas que pensaba yo: volar con Pelícaro, entrenar poder de Eileen, estar los dos juntos casi todo el día, etc.

Un detalle que no me gustó es que Eileen no me nombró en toda la conversación, ni siquiera preguntó si estaba bien o en dónde estaba en ese momento. Apenas me mencionó cuando Xavi estaba contando los sucesos en Sobre las Nubes. ¿Acaso ya no le importo? ¿Ya casi ni siquiera se preocupa por mí? Le hizo bastante mal viajar a Celéstea. Era mejor que se hubiera quedado en Hyrule o en el mundo cruel, tranquilita y sin molestar mis pensamientos.

Me aburrí de escuchar conversaciones ajenas y quedé neutro. Me tendí sobre el suelo de la pequeña isla flotante y miré las estrellas más una luna que estaba a la vista. Por alguna razón recordé a Prímula y sentía su llamado de que escuchara el aparato que me regaló. Maldita sea, si lo tuviera conmigo… se me quedó en el castillo por haber salido tan apurado el día en que llegué a Altárea con Eileen. Pero en fin, no quedaba otra que esperar al día siguiente y bajar lo más rápido posible a Hyrule.

La noche en Celéstea pasaba y pasaba. Obviamente Eileen y los demás ya se habían ido de la plaza; no se quedarán ahí el resto de la noche… De pronto escucho el grito de Xavi, que me llamaba desde abajo. Éste me decía que ya era hora de bajar e ir a la academia para descansar, que el día siguiente podría ser muy ajetreado. Todos los últimos días han sido así… No me quedó otra que hacerle caso y reencontrarme con él. Me preguntó qué hacía allá arriba, respondiéndole que solamente estaba pensando.

Al llegar a la academia, me quedé a dormir en la habitación de Xavi. Él dormía en su cama y yo con una almohada y una sábana en el suelo. Recordé que antes solía hacerlo en la habitación del imbécil, aunque él no estaba y yo dormía solamente con Eileen… Realmente esa noche estuve recordando varias cosas y me costó dormir. No sé si fue el efecto de la poción que bebí en Celestia o no, pero eso pasó en la noche. Recordé los sueños, mis aventuras, mis batallas, el mundo cruel, entre otras cosas. Cierto, hacía mucho tiempo que no veía a mi familia. ¿Cómo estarán?

Después de haber dormido muy poco, despierto al día siguiente temprano en la mañana. Raramente no tenía sueño, entonces pensé seriamente que era el efecto de la poción el por qué no dormía… Eso me pasó por beberlo sin haber estado débil, ya que esa poción, además de curar la salud y heridas internas de una persona, contiene un químico energizante muy poderoso. Yo lo tomé sin estar enfermo, agotado o débil por una batalla, sólo fue por el mareo, por lo que se agregó energía extra a mi cuerpo. No había pensado en eso antes de beberlo. Hablando de pociones, Xavi me regaló otra poción azul en esa misma noche. ¿De dónde sacaba las rupias?

Después de comer un improvisado desayuno, Xavi y yo partimos a Celestia. Esta vez nos trajimos a Eileen con nosotros, quien decidió regresar a Hyrule. Así que después de una larga y aburrida despedida con el imbécil, montó su Pelícaro y nos siguió en el difícil camino por el cúmulo. Cabe recalcar que yo me despedí de forma maleducada con el “amor de Eileen”, provocando más mala impresión sobre mí y demostrando que aún me caía mal ese tipo, aunque esos detalles no me importaban.

Durante el trayecto en el Cúmulo de Nubes, Eileen y su Pelícaro viajaban lo más cerca posible de Xavi para así ambos mantener seguridad. Yo tampoco me alejaba tanto de ellos. Por cierto, cruzar los remolinos en las afueras del cúmulo no fue gran cosa. Además aparecían muy pocos, así que fue sencillo llegar al famoso cúmulo. Después de un largo viaje, que ya no se me hizo tan difícil por ser la tercera vez, llegamos por fin a Celestia con Eileen y todos los Pelícaros a salvo. Nadie sufrió daño ni pasamos malos ratos, por suerte.

Nada más llegar a Celestia observamos el gigantesco cañón, el cual era idéntico al Cañón de los Cielos de Hyrule. Como ahora teníamos zarpas no fue tan difícil entrar al hueco del cañón. Xavi y yo usamos cada uno una parte de la zarpa y Eileen utilizó el método antiguo: usar su poder para crear una especie de látigo de luz. Primero mi prima, luego yo y finalmente Xavi. Todo esto lo hicimos en cosa de segundos, ya que si tardábamos el cañón lanzaría a una sola persona. Al igual como el Cañón de los Cielos, éste comienza a caminar, apunta hacia abajo, se prepara y nos dispara con todo el poder.

Esta vez nadie se tomó de las manos para afirmarnos el uno al otro al ser disparados, ya que todos salimos disparados en fila y en línea recta. Las nubes desaparecieron rápidamente de mi vista y Hyrule comenzó a verse desde lo alto. Nuestra fila se iba esparciendo a medida que descendíamos. Ahora la cosa es: ¿cómo vamos a aterrizar? Íbamos a gran velocidad y si caíamos en tierra firme… pero no. Pronto me di cuenta que comenzábamos a caer hacia el Lago Hylia, así que tendríamos que prepararnos para sentir un golpe en el agua y encima aguantar respiración. Con el otro cañón teníamos que montarnos con la ayuda de los guardias de entrada o simplemente con nuestros Pelícaros al llegar a Celéstea. Como joden los cañones…

Eileen gritaba de susto y adrenalina, Xavi de diversión y hasta reía, mientras que yo sólo esperaba caer rápidamente en silencio. No, esta vez no me mareé. Cuando ya estábamos cerca de caer al lago, Xavi nos grita dando las indicaciones para prepararnos. Yo ya me las sabía y eran obvias, así que no me importó. Y luego… ¡caímos! Al fin pudimos descender a Hyrule.

Aguantando la respiración nadé hasta la superficie, al igual como lo hicieron los demás. Luego nado hacia la zona donde están los cofres, cuyo lugar pertenece al minijuego de Jeremías, donde hay que lanzarse con un Cucco desde lo alto y caer en una plataforma con un cofre para ganar un premio. Mientras más dificultoso sea el lugar para aterrizar, el premio será más grande. Yo lo encontraba peligroso, ya que si me podría caer de muy mala manera y terminaría rompiéndome un hueso. No me arriesgo para ganar unas malditas rupias…

Dejando de lado el minijuego ese, Xavi, Eileen y yo nos reencontramos en ese mismo lugar mencionado. Los tres comentamos lo divertido que fue lanzarse en tal cañón, aunque igual podría ser arriesgado si no caeríamos en el agua. A continuación, Xavi nos dice que la presencia de maldad percibida anteriormente se ha desvanecido, no obstante, agregó que eso podría ser a causa de que él estuviera cerca del castillo, ya que mientras caíamos lo seguía sintiendo. Entonces Eileen nos echó ganas de que olvidemos lo recién sucedido y vayamos lo más rápido posible al castillo. Para eso, Xavi me dijo que yo me adelantara cuando quiera.

No dudé un segundo en adelantarme y fui directamente hacia Tobías, para que así me lanzara con su cañón y así pudiera llegar al Puente de Hylia. Antes de esto Xavi me entregó las 10 rupias que me pediría el dueño del cañón. Salté todas las plataformas que ayudaban a tener un acceso más rápido a Tobías y cuando llegué a él, le pagué las 10 rupias correspondientes y luego me lanzó al lugar donde estaba Jeremías. Allí salí por la única puerta posible y regresé a la famosa Pradera de Hyrule. Seguramente Xavi y Eileen se prepararían para hacer lo mismo, puesto a que era la única forma posible para salir del Lago Hylia.

Desde la mismísima puerta tomé el atajo hacia el norte, por lo que entraría a la ciudadela desde la puerta oeste. No caminé en ningún momento, sólo corría y corría. Si un monstruo intentaba atacarme, yo me alejaba de éste y evadía una pequeña batalla. Si un grupo de monstruos intentaba apresarme, pues aceleraba más. No iba a perder ningún segundo con esos bichos…

No tardé mucho en llegar a la ciudadela por la entrada del oeste. Solamente al ingresar detuve mi carrera, ya que había mucha gente y no me gustaba chocar. Lo mejor de todo es que ya casi ni sentía cansancio, claro indicio de que mi resistencia aumentó mágicamente. Pasaba mirando las mercancías de los vendedores ambulantes, llegué a la plaza de la gran pileta y luego tomé camino al norte, lugar donde estaba el castillo.

Nada más abrir la gran puerta que llevaba al jardín del castillo me encontré con varios guardias del castillo merodeando allí. Algunos parecían estar buscando algo, mientras que otros estaban reunidos en patotas discutiendo algo y luego se disolvían. Esto no era habitual todos los días, algo había sucedido. Le pregunté a un guardia sobre Zelda y me dijo que estaba en el salón de estar preocupada por la situación actual. Uff, menos mal, ella estaba bien… Luego le pregunté cuál era “la situación”, pero el guardia me responde que no lo podía decir por orden del rey. ¿Ocultan algo?

Tras esa respuesta fui al castillo y entré en busca de Zelda. Me dirigí directo a la sala de estar y tal como dijo el guardia, la princesa estaba ahí, sentada en uno de los tantos lujosos sofás con vista al jardín, aunque no a la zona de entrada. Claro, el tamaño del jardín era gigantesco.

- ¡Brett, has vuelto! – exclamó de alegría Zelda, levantándose y acercándose para darme un abrazo - ¿Y los demás?
- Xavi y Eileen vienen por ahí cerca – le respondí mientras estábamos en pleno abrazo.
- ¡Gracias a las diosas! Me alegro mucho de que estén a salvo – dijo soltándome, para luego preguntarme sin que yo alcanzara a decirle algo – Pero habéis vuelto muy rápido, ¿lograste obtener el cuarto elemento?
- No, princesa, hubieron algunos inconvenientes en el viaje que nos obligaron a bajar antes de tiempo.
- Entiendo. Supongo que Xavi lo habrá notado… - dijo pensativa, quitándome la mirada.
- ¿Cómo sabes? – pregunté curioso - ¿Tú sentiste algo? ¿Y por qué casi todos los guardias están allá afuera?
- Hace dos días sentí algo, una presencia oscura que provino por acá cerca. Me hizo recordar a alguien, pero la energía tenía diferencias… Y el por qué hay tantos guardias en el jardín no lo sé bien, pero parece que buscan a alguien o algo. Lo más curioso es que empezaron con la búsqueda el mismo día que sentí la presencia. Pero me preocupa más otra cosa – me contaba, creando una atmósfera llena de misterio.
- ¿Qué cosa?
- Que mi padre esté ocultando la razón de la búsqueda. Él no me quiere decir nada.

Así que la princesa de Hyrule no tenía conocimiento sobre la misteriosa búsqueda de los guardias. Si a su hija no le cuenta nada, menos a mí o a Xavi… ¿Qué diablos estará pasando? Después de la respuesta de Zelda ambos nos quedamos en silencio, pero ella rompió el hielo preguntando cómo estuvo el viaje. Le respondí todo sentándome en un sofá junto a ella y le iba contando detalladamente lo sucedido. Parecía que la princesa quiso dejar el tema, así que no me quedó otra que responder a todas sus preguntas.

Cuando ya estaba por terminar la historia y la “entrevista” de Zelda, Xavi y Eileen llegan cansados por tanto correr, aunque más mi prima que mi protector. Sí que les saqué ventaja… Tardaron unos 20 o 25 minutos más que mi llegada. Como era de esperarse, Zelda fue a saludar a ambos como si no se hubieran visto en años. Al igual que yo, tanto Eileen como Xavi le preguntaron qué estaba pasando afuera con los guardias; la respuesta de la princesa fue la misma que me dijo a mí. Después de esto, yo me fui a mi habitación para cambiarme de ropa y buscar el aparato de Prímula, así que no sé nada más de lo que pasó en la sala de estar.

Ya era hora de cambio de ropa… Me estaba cansando usar tanto el “traje de antihéroe”. Me puse unas prendas que me prestaron en el castillo y la que usaba lo fui a dejar en una habitación donde se lava la ropa. Mientras hacía esto me empezó a dar un fuerte dolor de cabeza. Luego regresé a mi cuarto y busqué alguna pastilla para que calmara el dolor. Logré encontrar una y lo tomé yendo al baño del segundo piso. Después regresé a mi cuarto y empecé a buscar el famoso aparato. Busqué por todos los lugares posibles y no lo podía encontrar... Pero finalmente lo hallé: estaba debajo de la almohada, en el lugar menos pensado. ¿Cómo llegó ahí o cuándo lo puse en ese lugar? Yo nunca dejo cosas debajo de las almohadas…

Todavía con el dolor de cabeza me siento en un borde de la cama para comenzar a escuchar los mensajes pendientes de Prímula. No podía escuchar el más nuevo hasta oír todas las anteriores. En ese momento sólo logré escuchar una, ya que luego me fueron a llamar para que baje a almorzar. Ya se imaginarán cómo habrá sido el mensaje, ¿no? Son las mismas de siempre: saluda, cuenta lo que hizo en el día, luego lo que hizo días antes del mensaje, comienza a recordar cuando estábamos juntos, me invita a Ikana y termina con una larga despedida. Lamentablemente no pude tomar mucha atención al mensaje y tampoco lo disfruté al máximo, ya que el dolor me dolía bastante.

Así que me saqué el aparato, lo guardé en el velador, salí de mi habitación y bajé al comedor. El dolor de cabeza no se detenía, cosa que ya me estaba molestando. Llegué a la mesa y allí ya estaban todos comiendo y el tema de conversación era sobre Eileen y el imbécil. Mierda, ¡lo que faltaba! ¿Quieren que el dolor de cabeza se prolongue todo el día? Prefería escuchar la voz de Prímula que las estúpidas anécdotas de mi prima y “su amor”; así me alegraría más. Prefería escuchar la historia en Sobre las Nubes y Celestia desde la perspectiva de Xavi. Podría escuchar cualquier otro tema de conversación, pero sin mencionar al huevón de Altárea ese. Ahora hasta en Hyrule va a joder convirtiéndose un tema de conversación…

Debido a ese tema y más el dolor, no me dieron ganas de dar ni una sola palabra mientras comía. Mantenía la mirada baja y con seriedad. Hacía lo posible para ignorar la conversación, pero siempre oía “Cocu”, “Cocu”, “Mi lindo Cocu”… La madre que lo parió. Mi cerebro va a estallar en cualquier momento. Eileen sabe que me molesta escuchar sólo el nombre de ese imbécil y ahora lo nombra miles de veces delante de mí. Piensa un poco, prima… Mientras pensaba todo esto, comencé a sentir las repetidas miradas de los tres hacia mí. ¿Ahora llamo la atención por estar muy callado? Zelda quiso romper mi silencio preguntando si el imbécil era una buena pareja para Eileen.

- No me importa – le respondí a secas.
- ¿No te importa? – preguntó sorprendida Zelda – ¿No te preocupa con qué tipo de persona está tu prima?
- Mientras ella esté bien y sea feliz, no habrá nada malo – contesté, mirando solamente mi plato.
- ¿Sólo eso y nada más?
- Sí – respondía a regañadientes, mordiendo con fuerza el trozo de la croqueta vegetal.
- Pero Brett – seguía insistiendo la princesa, comenzando a cabrearme -, piensa un poco: Eileen será feliz con alguien que quiere y eso está bien, ¿pero qué pasa si ese hombre no quiere a tu prima y sólo la utiliza, o aún peor, la trata como si fuera un objeto? – preguntó, recordándome lo que sucedía con Aura y Diego en el mundo cruel, dejándome en blanco sin respuesta y deteniendo mi ritmo de comer.
- No, princesa, Cocu es un chico muy bueno y demuestra que me quiere. Brett pensará igual que yo, hasta Xavi igual – le respondió Eileen para intentar cubrirme.
- Estoy de acuerdo. Él es una persona muy civilizada y agradable, así que no le veo como un problema para Eileen, ¿cierto Brett? – acompaña Xavi.
- Sí – contesto a secas y continúo con mi almuerzo, provocando que mi actuar llamara la atención de él. De pronto un pequeño temblor comienza a sentirse poco a poco.
- ¿Entonces eso significa que estás de acuerdo a que estén juntos, Brett? – seguía interrogándome Zelda.
- Sí, princesa, sí…
- Me alegro. Y Brett, ya te he dicho que no me llames “princesa”, no me gusta que gente a cercana me traten así – dijo más alegre y riendo, mientras que el temblor aumentaba su fuerza.

El dolor de cabeza seguía y seguía. Ahora sí que estaba por explotar. Escuchaba la pequeña risada de Zelda, la voz de Eileen continuando la broma con ella y el sonido de la boca de Xavi masticando su comida, sacando también leves risas. No podía comer tranquilo. El apodo del imbécil resonaba en mi cabeza una y otra vez… “Cocu, Cocu, Cocu, Cocu…”; encima con la voz de Eileen y de Zelda. Recuerdos de mi prima y el imbécil estando juntos. Aprieto el tenedor que estaba sujetando con mi mano izquierda. Sentía odio por nada. Sentía repugnancia por escuchar el nombre del imbécil. Sentía envidia porque preferían hablar de ese maricón y no de mí… Ese tipo no debería haberlo conocido; no… él no debe existir.

Mezclo y mezclo sonidos. Empiezo a escuchar las voces en eco de mis compañeros, llamándome una y otra vez. Se oía como si estuvieran muy lejos. Escuchaba “Cocu”. Escuchaba risas. Escuchaba carcajadas. Escuchaba el interior de mi cerebro bombeando. Escuchaba la ira de mi mente, de mi cuerpo, de mi aura encendida en llamas. Envidia, rabia, odio, asco… Mi silla se movía mucho; parece que el temblor iba en aumento. Mi comida se transformó en sustancias asquerosas. Mi estómago se revolvía. Vómito, vómito; quiero vomitar.

Mezclo y mezclo recuerdos. Días felices con Eileen. Estábamos solamente los dos. Su beso; su cálido beso. Diego, Aura, liceo, mundo cruel… Muro, drogas, alcohol, familia. Gente mala, homicidios, robos. Prímula conmigo en mi casa. Oye, necesito verte que te extraño y me preocupas. Esto ya no es un recuerdo… Gibdos, Linik, cosas siniestras; pesadillas. Más risas escuchaba desde el exterior. ¿Por qué no paran de reír? ¿Se ríen de mí? ¿Es porque no puedo vivir en paz y en felicidad? ¿Se están burlando porque siento envidia de Cocu? Yo ya dejé libre a Eileen con él. Yo no amo a mi prima… “Sí”, no. “Sí”, ¡no! “Sí, admítelo”, ¡que no! ¡No inventen estupideces! Yo… yo…

Ya paren de reírse. Dejen de nombrar a ese imbécil. No me griten, si los puedo oír. Cabeza deja de bombear. Estómago espera a que llegue al baño. Risas. En serio, molesta… Molesta… Molesta tanto como la cara de ese imbécil… Qué irritante… Lograste quitármela. Tú ganas esta vez, puto Hylian. Y las carcajadas resuenan cada vez más. Ojos con ganas de ver su sangre derramada. ¡Jajaja! Sonrisa. Sigue vivo; enojo. Se besa cuando quiere con mi prima. Traspasa su cochina saliva en mi prima. Toca la preciada lengua de mi prima. Muérete. Muérete. Muérete. No dejaré que llegues a penetrarla. Tú no le quitarás su virginidad. Todos ríen. Todos lloran. Todos alzan las manos. Todos visten de funeral. Miles de voces y una melancólica canción resuenan en mis oídos… Envidia, rabia, odio, asco… Venganza por quitármela.

Vuelvo en sí… Temblor y siguen hablando del imbécil… ¡No me jodan!

“¡¡¡Ya paren de hablar de ese hijo de puta!!!”. Golpeo con violencia la mesa, destruyendo la parte en donde estaba yo. El plato con mi comida cae y se rompe en el suelo. El temblor se siente terriblemente fuerte. Todos me miran con ojos a punto de salirse por el susto. Había estallado… Fueron muchas cosas que pasaron en mi mente por unos cortos segundos, provocando mi liberación de furia acumulada en mi interior.

Xavi se levanta rápidamente y me saca a forzadas del comedor. Mientras pasaba esto, el dolor de cabeza ya no molestaba, mi enojo se difundía y el temblor desaparecía poco a poco. Mi amigo terminó llevándome a la sala de estar, sentándome en un sillón y ahí comenzó a interrogarme. Empecé a sentir el típico sentimiento de estar arrepentido por lo ocurrido. No quería mirar la cara de Xavi. El temblor desapareció completamente.

- ¿Qué pasó? – me preguntó Xavi, pero no di respuesta y me reiteró un más molesto – Brett, ¿qué mierda te pasó en la mesa?
- No sé.
- No me vengas con eso. ¿Por qué gritaste así en frente de Zelda y de tu propia prima? Ellas no tienen la culpa de que te caiga mal Coocker y deberías haberlo dicho cuando llegaste a la mesa, para que terminaríamos el tema.
- No sé…No sé qué me pasó. Sólo reaccioné inconscientemente… - respondí en plan de víctima.
- Brett, esta no es la primera vez que te comportas de esta manera, así gritando con una tremenda rabia y según tú, dices que lo haces “inconscientemente” – me dijo refiriéndose a lo que ocurrió en el patio del castillo días atrás - ¿Qué te está pasando?
- Realmente no lo sé...

Tras mi blanca respuesta, Xavi sólo quedó pensativo y luego quiso decirme algo, pero se arrepintió y volvió al comedor. Quedé solo, sin compañía alguna en un sofá de la sala de estar. ¿Qué mierda fue lo que me pasó? Todos esos pensamientos de tanta ira… Lo extraño es que empecé con eso tras el dolor de cabeza que no se detuvo hasta que desaté la rabia. Entonces esa era la gran pregunta: “¿qué me está pasando?”. Hasta pensaba en matar al imbécil… Está bien que lo odie, pero no para llegar a ese extremo…

Esperé y esperé. Después de unos minutos, Eileen sale del comedor, me pasa mirando con una expresión de tristeza y sube al segundo piso. Mierda… Luego Xavi vuelve a aparecer y me pregunta: “¿Estás mejor?”, a lo que yo respondo afirmando. Es entonces cuando éste se sienta y empieza a decirme su conclusión de lo que puede estar pasando con los guardias. Teniendo en cuenta que Zelda pudo sentir una energía oscura y que ahora el Rey esté como loco buscando algo o alguien, Xavi sospecha que Drott podría haber escapado de la prisión del subterráneo. Él dijo que la energía de este tipo era parecida a la de Ganondorf, pero a la vez era muy diferente y un poco más débil; era la misma descripción que le dio la princesa sobre la energía que sintió ella. Entonces tuvo como conclusión de que Drott estaba en prisión aquel día que me comporté de mala manera con Zelda por primera vez.

Después de contarme toda esa historia, Xavi se levanta diciendo que va a por Zelda. Antes de que se retirara le dije que le pidiera disculpas a ella y Eileen por parte mía. Sin embargo, él se niega y me recomienda que lo más adecuado fuera hacerlo yo dando la cara. Cierto, eso debería hacer, sin embargo, después de mencionar tanto al imbécil, me irritaba ver la cara de Eileen. Maldita sea...

Decidí volver a mi habitación y recostarme en mi cama, reflexionando lo que me dijo Xavi: ¿realmente sería Drott la causa de tanto alboroto en el castillo? ¿Por eso será que el Rey no le dice nada a Zelda ni a Xavi, mucho menos a la gente de Hyrule? Podría ser cierto… ¿Y el tal Cradd? Bueno, tal vez se habrá ido junto a Drott, ya que él era su “discípulo”. Es lo único que se me ocurre. Dudo mucho que uno salga sin que el otro lo siga. En ese caso serían dos personas las buscadas. Vaya lío se habría armado si la teoría de Xavi hubiera sido cierta.

Mientras pensaba y pensaba, recordé algo que estaba haciendo antes: escuchar los mensajes pendientes de Prímula. ¡Claro! Si quería relajarme y dejar un rato tanto estrés, debía escuchar sólo eso. Oír la voz de mi querida amiga y escuchar sus historias de día a día. Es como si yo fuera su diario de vida o algo así. Así que saqué el aparato del bolsillo, me lo coloqué en el oído y comencé a escuchar los mensajes.

La primera ya la había oído, así que comenzaba con el segundo. Esto lo envió tres días después del mensaje anterior. Ahí decía que ha estado ayudando a su padre con la investigación del pozo. Al principio tenía miedo, pero se iba acostumbrando con el tiempo. Eso era lo más importante que se dijo. En el tercer mensaje, cuatro días después del anterior, me dijo que descubrieron un tesoro en el pozo: era un escudo llamado Escudo Espejo. Me preguntó si lo necesitaba o algo y si era así que vaya a su casa para pedirla cuando quiera.

El cuarto mensaje fue dos días después del anterior. Aquí nada más me dice que estuvo con su padre en Ciudad Reloj y lo pasaron muy bien. El quinto mensaje, tres días después del anterior, empieza a cambiar la cosa “maravillosa”. En el mensaje me dice que estuvo paseando con su padre en la Torre de Piedra y se impresionó por la cantidad de monstruos que habían aparecido tras la última vez que visitó dicho lugar. También dijo que una anciana muy arrugada fue a visitar la casa y los alertaba de peligro, así que Prímula y su padre la tomaron por loca y la echaron de la casa. ¿Habría sido la anciana que vive en el camino a Ikana?

El sexto mensaje fue en ese mismo día, pero por la noche. Aquí me dice que mientras estaba acostada, sintió unos ruidos y voces afuera, así que fue a investigar. Sigilosamente salió de su casa y vio que era un grupo de cinco personas, quienes entraron a la Torre de Piedra. Ella intentó encontrarlos dentro, pero los perdió de vista. Luego dijo que cuando volvía a su casa se encontró con Linik, quien iba detrás de los tipos que entraron a la torre. ¿Qué mierda?

El séptimo mensaje fue hoy en la mañana, dos días después del sexto. Aquí dice que el día anterior y en la misma mañana se ha producido eventuales temblores en Términa. Nadie sabe cuál es la razón, pero ella sospecha por los tipos que entraron a la Torre de Piedra. Argumentaba que era muy extraño que Linik, el héroe de Términa, estuviera siguiendo a esos tipos y además, no ha habido temblores desde hace años en esas tierras.

Y el octavo y último mensaje, el cual fue enviado hace unos minutos atrás, para ser un poco más exactos, mientras me cambiaba de ropa, la cosa se puso fea: ella dijo muy asustada y llorando, tanto así que no se entendía muy bien lo que decía, que los Gibdos se volvieron locos, salieron del pozo y comenzaron a rodear su casa. Lo peor es que su padre había salido a investigar el mismísimo pozo. Y para rematar lo feo: escuchó unos gritos de una mujer sufriendo dolor en las afueras y al cabo de unos pocos minutos, esos gritos no se escucharon más. Yo también lo podía escuchar un poco. Su última frase fue: “Te extraño demasiado y recuerda que siempre te querré, no, te amaré hasta el fin de los días. Espero que estés bien y éxito en todo”.

Esa última frase me preocupó aún más todavía: parecía una despedida. De inmediato recordé todos los malditos sueños que había tenido desde hace tiempo y me daba cuenta que lo relatado por Prímula era idéntico a las características de aquellas pesadillas. No jodan, ahora todo se estaba haciendo realidad… ¡A la mierda con pensar! No dudo un segundo más y me levanto rápidamente de la cama, para luego tomar mi armamento. Abro la puerta bruscamente, espantando al guardia que iba pasando allí, y bajo corriendo las escaleras. En ese momento me ven Xavi, Zelda y Eileen, quienes estaban reunidos en la sala de estar. Me preguntan el por qué tanta prisa, sin embargo, no alcanzo a responderles y salgo corriendo hacia el jardín. Paso por ese lugar como un relámpago y finalmente, salgo del castillo.

No pensaba en ninguna otra cosa, sólo en correr lo más rápido posible para llegar a Términa. Sin que me haya dado cuenta tenía el aparato en mi oído todavía y llevaba las prendas prestadas. No pensé siquiera en cambiarme o algo parecido. Al menos sí tuve conciencia de sacar mi equipo de batalla para hacer algo en Ikana. Diablos, primero mi extraña ira en el comedor y ahora esto… Debo salvar a Prímula, ¡no dejaré que unas putas momias le hagan daño!

Corría, corría y corría sin parar. No sentía cansancio, sólo quería correr y llegar a Términa. Tuve que correr por todo el Bosque de Farone y el Bosque Kokiri para luego entrar al Bosque Prohibido. Maldita sea, comenzaba a agotarse el tiempo. Debo apurarme más. Finalmente atravesé todo el famoso bosque y terminé cruzándolo cuando la noche había caído. Por un momento me sentí perdido en el bosque, pero menos mal que llegué a encontrar la entrada a Términa.

Al entrar a Ciudad Reloj comencé a sentir el cansancio que tenía. Tal vez fue porque me habré relajado un poco al estar cerca de Ikana, ¡pero no! Tenía que seguir. Todavía faltaba para llegar. No recibí ningún mensaje de Prímula mientras tenía el aparato en mi oído. Eso me hacía preocupar más… Así que tomé aire y seguí corriendo. Atravesé todo el este de la ciudad, llamando la atención de las personas que estaban en la plaza a esas horas y el guardia me detuvo. Fácilmente tuve el permiso de continuar, ya que era cosa de que demostrara mis armas y me creyera un “caballero de guerra”.

La pausa causó que la adrenalina se detuviera y sintiera el cansancio de nuevo; no sólo de la falta de aire, sino también de las piernas. También sentí necesidad de agua, pero me fortalecí de nuevo. Hice lo que pude para ignorar aquellos síntomas y seguí mi camino rápidamente a Ikana. Esta vez ya no podía correr, así que fui dando un trote rápido. En el camino tuve que tener cuidado de todos los monstruos que se me aparecían, sobretodo de los tales Bubbles, porque me podrían envenenar con sólo tocarlos. Luego usé con rapidez una de las zarpas que tenía prestada de la Doble Zarpa de Xavi y llegué a lo alto del camino, para luego terminar todo este camino corriendo.

Finalmente llegué al Cañón Ikana. Tal como en los últimos sueños, las nubes que cubrían Ikana eran negras y rojas color sangre. El césped se había disecado y quedó de color amarillo opacado. Se murió el verde vivo que tenía antes… La corriente de agua pura que atraviesa el cañón para llegar al río se convirtió en líquido rojo, como si fuera sangre. Lo más feo de esto es que caían Gibdos desde ahí. La canción de la casa de Prímula y su padre, el cual espantaba y mataba a los Gibdos según el científico, no se escuchaba. Olía muy mal todo el lugar. El aire se sentía espeso a pesar de la noche. Mientras tanto, en la Torre de Piedra no se veía nada raro por ahora.

Después de quedarme casi más de un minuto congelado mirando espantado el actual estado del paisaje del Cañón Ikana, volví en sí y fui corriendo en busca de los troncos que necesitaba para escalar el cañón. Cabe destacar que el cansancio lo sentía notablemente y pasé tan rápido por el camino a Ikana que ni siquiera pasé a mirar la casa de la anciana. Crucé el puente de la parte baja del valle. Saqué la zarpa que tenía y apunté al tronco más cercano, para luego buscar otro y así sucesivamente. En medio del camino, un fuerte temblor se sintió en Ikana. Así que era cierto lo de los temblores…

Al terminar el temblor continué con el camino y tras pasar por unos cuantos troncos más llegué a la cima alta del Cañón Ikana. Al ver lo primero de vista me dieron ganas de inmediato de estar en la parte baja… Muchos Gibdos estaban rodeando la casa de Prímula y unos cuantos habían entrado ya. “Prímula”, balbuceé yo mismo, con las pupilas dilatadas viendo la escena. ¿Llegué tarde? ¿Ya la atacaron? Pero vine lo más rápido posible… No vine corriendo y arriesgando los pulmones sólo para ver a mi amiga muerta. ¡No! ¡Yo vine a salvarla!

Impulsado por mi rabia enciendo las llamas de todo mi brazo izquierdo y me lanzo hacia los Gibdos, gritando como un loco a la vez. Gracias a mi velocidad y que ellos eran muy lento, no alcanzaban a darme la mirada para provocarme una paralización. Con tan sólo tocar a uno comenzaba a arder y posteriormente, terminaba en el suelo muriendo. Tenía que tener cuidado, ya que según el padre de Prímula algunos sólo se le quitan las vendas al ser quemados y entonces así revelan su verdadera forma, ya sea un ReDead o un Stalfos. No obstante, tuve suerte con todas estas momias encontradas y solamente fueron quemadas.

Dejando algunos Gibdos vivos entré a la casa de Prímula, cerrando la puerta para que así no entren más. Tuve que exterminar algunas momias dentro de la casa, también y finalmente, sin embargo, no encontré rastros de Prímula. “¿Habrá escapado y estará a salvo? Espero que así sea”, me dije. Viendo mejor la casa me di cuenta que una ventana estaba abierta, aunque los Gibdos no podían entrar desde ahí. La única respuesta fue: “Sí, Prímula escapó”.

Desde la misma ventana salí de la casa. No me arriesgaría a abrir la puerta y encontrarme con varias miradas de Gibdos, es ir a la muerte misma… Nada más salir de la casa encontré el cuerpo destrozado de la anciana justo a un lado de la casa. Así que de ella provenían los gritos que escuchaba en el último mensaje de Prímula... Maldita escena, me causó un revoltijo en el estómago y me provocó náuseas. No lo pude aguantar. Al acabar con esto un Gibdo casi me toma por sorpresa, pero alcancé a encender mi mano izquierda y le di un puñetazo, abatiéndolo al instante.

Luego me alejé lo más que pude de la casa y por culpa del revoltijo no podía correr como antes. Además, mientras me iba alejando de la casa se sintió otro temblor. Parece que algo se venía. ¿Acaso será ese monstruo esquelético o el gigante de ojos rojos luminosos? Madre mía… ¡Pero ya! Lo que me importaba era la situación de Prímula. ¿¡Dónde mierda se habrá metido!? En los sueños casi siempre estaba en la entrada de la Torre de Piedra. Así que es obvio a dónde decidí ir a buscarla. Era arriesgado, pero si quería verla a salvo no quedaba otra opción que guiarme con las pistas de mis pesadillas.

Corriendo lentamente por culpa del cansancio, el aire espeso y el revoltijo en el estómago, llegué a la entrada de la Torre de Piedra. Sin embargo, antes de que quisiera entrar escuché los gritos de un hombre. Volteé hacia atrás y no vi nada, pero luego miré mejor y me di cuenta que era el padre de Prímula. Éste parece haber salido desde el Castillo de Ikana e iba siendo perseguido por varios monstruos que no eran Gibdos. Entonces decidí ir en su ayuda, pero una mano en el hombro me detiene: era Linik.

- ¿¡Qué mierda estás haciendo, Linik!? ¡Déjame salvarlo!
- Es inútil, ¿no lo ves? – me dijo él, apuntando al hombre quien estaba paralizado por culpa de lo Gibdos que se acercaban a él.
- Pero… ¡Pero yo puedo salvarlo! ¡Puedo matar a los Gibdos! – le seguía exclamando.
- ¡No, Brett! ¡Mira todas esas cosas que están saliendo del castillo!¡No van a parar! Tanto tú como él terminarán muertos.
- ¡Tú eres el héroe de Términa, ¿no?!
- ¿Y eso qué tiene que ver? – me pregunta confuso y soltándome.
- ¡Si eres reconocido por ese título, entonces debes salvar a todos los ciudadanos de este mundo, así como Xavi lo hace en Hyrule! ¡No debes acobardarte! Me impresiona que yo quiera dar mi vida para salvar a alguien y tú no, Linik… ¡Los héroes antiguos de Términa estarán revolcándose en sus tumbas con lo que me dices!
- Pero yo debo ir a la torre ahorita…
- ¡Linik! – le exclamé para que reaccione de una vez por todas.

Al decirles estas palabras, que no sé cómo diablos las saqué estando en un ambiente tan desesperanzado y oscuro, Linik me toma la razón y decide ir conmigo para salvar al padre de Prímula. Pero el problema es que debido a la larga charla que tuve con Linik, había monstruos atacando al hombre y los Gibdos estaban muy cerca. Desenfundo la espada, salto un pequeño precipicio y junto al poder de las llamas y del agua, me lanzo hacia todos los enemigos esperando llegar lo más rápido posible donde el científico. En tanto, Linik distraía algunos y los atacaba, teniendo siempre cuidado de no cruzarse con los Gibdos.

Mientras atacaba lo más bien y me acercaba a la padre de Prímula, que cada vez parecía más débil por los ataques de Keeses y Guays, sentí que mi cuerpo no se podía mover, solamente mis ojos. Era la culpa de un ReDead que apareció desde el castillo y estaba cerca de mí. Mierda, eso no lo había tomado en cuenta… Enfurecido por haberse entrometido, salgo de la paralización y le corto la cabeza, a la vez que lanzaba ataques de fuego y agua a los demás enemigos que me rodearon tras mi paralización. Todo esto lo hacía a gritos, descargado mi ira y estrés.

A continuación, comienzan a lanzarse sobre mí grandes patotas de Keeses, Bubbles, Boes, ChuChus, Guays y hasta polillas. Con los que tenía más cuidado era con los Bubbles azules. No me quedó otro remedio que atacar a todos estos monstruos, sino no me dejarían tranquilo. También noté que Linik no estaba tan lejos e igual se encargaba de varios monstruos. Teníamos que apurarnos con estos, ya que pronto comenzarían a llegar los ReDeads que eran los más lentos. Por mala fortuna me crucé con uno.

En algún momento, mientras acababa con todas estas cosas y ya empezaba a sonreír por lo poco que faltaba, escucho el grito del científico. De inmediato me desconcentro y me volteo a verlo: estaba siendo despedazado por un Gibdo. Lo peor es que otros dos más estaban sólo a centímetros. Al ver la cruel escena comienzo correr de inmediato hacia él, pero justo un Guay me ataca en la espalda con su pico y para rematar un Bubble azul me da un golpe en la misma zona, provocando mi caída.

Tras sentir mi cuerpo débil por el veneno del Bubble, que produjo un efecto más rápido debido al ataque del Guay que destrozó parte de mi piel, sólo podía escuchar los gritos del padre de Prímula y verlo siendo comido, ahora por tres Gibdos. Linik tenía razón, eran muchos monstruos… Luego sentí que los enemigos cercanos a mí iban siendo acabados uno por uno con la ayuda del héroe de Términa. Mientras pasaba esto, recordé que tenía una poción azul guardad, así que la saco de mis cosas y bebo toda la botella. Ahora sí estaría en peligro si me envenenan de nuevo… Nada más terminado de beber la poción, siento la misma energía que tuve en Celestia y me repongo. Totalmente recargado y enfurecido voy hacia los Gibdos que atacaban al científico y los quemo a todos de inmediato, mientras que los monstruos restantes los mataba Linik.

Pero era tarde… el cuerpo del hombre ya estaba en su mayoría despedazado y no respiraba. Sangre, entrañas, piernas y brazos sacados de su lugar… Era la actual escena del hombre. Daba asco ver la escena, así que no me atrevía a verlo y miraba a un lado. Además me sentía culpable por no salvarlo, así que me daba vergüenza verle la cara.

- Brett, ahora debo ir a la Torre de Piedra y me encargaré de los monstruos de ahí. Además algo está pasando allí. Tú deberías encargarte del castillo – me dice Linik.
- ¿Y para qué? Si la razón de matar a todos estos monstruos era para salvar a este hombre, no para entrenar nuestro cuerpo un rato – sin mirar a Linik.
- Pero si estos monstruos siguen vivos, salen de Ikana y llegan a la ciudad, se armará un gran caos – me responde.
- Entonces haz lo que se te plazca, yo ya no tengo razones para luchar con estas cosas.
- Está bien… “Gracias” por devolver el favor, Brett – ironizó.

Tras esta respuesta, más rabia se acumuló en mi interior. Pero ya dije, no volveré a arriesgar mi vida. Sólo era por este hombre, no por Términa. Mientras pensaba en lo sucedido, un temblor volvió a aparecer en Ikana. Éste fue más fuerte y prolongado que los anteriores. Aun así, a mí no me importó el temblor debido a que estaba perdido en mis pensamientos. Y claro, es ahí donde debía olvidar al científico… ¡Prímula! Ella era la razón del por qué había ido a Ikana. ¡Tenía que encontrarla!

La búsqueda no tardó ni un minuto, ya que cuando recién me iba a mover del lugar en el que estaba Linik grita mi nombre. Volteo a mirar al lugar donde provenía su voz y éste me indicó con su mano a la entrada de la Torre de Piedra; ahí estaba Prímula. Ella no estaba parada justo en la entrada, sino que más adelantada. Para que se hagan una idea, cerca del lugar en donde Linik y yo saltamos momento atrás.

Al ver a Prímula sana y salva me tranquilizo. Lo único que quería era que ella estuviera viva y sin heridas. Me sentí tan bien que hasta podía imaginar una luz de entre toda esta oscuridad. Se me brillan los ojos con la pura emoción de poder verla con vida. Sonrío a pesar de todo lo que estaba pasando. Sentí el impulso de correr hacia ella, abrazarla como nunca antes, decirle lo cuanto la extrañaba y lo preocupado que estaba, y finalmente sacarla de Ikana. Cuando la haya sacado y todo esté más calmado, vendría mi explicación sobre lo ocurrido con su padre…

Antes de que partiera corriendo hacia ella, grité su nombre a los cuatro vientos y aumenté mi visión para verla mejor. Ella levanta un brazo y me saluda gritando mi nombre también, pero luego se queja de una herida que tenía en el brazo que no movió. Aumenté más la vista hacia aquella zona y me di cuenta que tenía una tremenda herida… no parecía el golpe de un Bubble, tampoco la mordida de un Guay o Keese… era un mordida

Mi sonrisa desaparece. Ella necesitaba ayuda urgente. Si era la mordida de un Gibdo, comenzaría a momificarse. La poción azul era el remedio, pero yo la había tomado y no tenía rupias para comprar otra. La poción roja no sirve para curar ese tipo de heridas. No sabía si alcanzaría a llegar con ella tiempo a Ciudad Reloj. Mi visión disminuyó. Prímula cayó de rodillas, señal de que la mordida fue de hace rato y ya se sentía débil. Y para rematar lo peor: pude ver un Gibdo que estaba saliendo desde una casa, justo a un lado de Prímula, por lo que alcanza a agarrarla y atacarla sin problemas. Además otro acechaba desde la entrada de la Torre de Piedra.

“¡NOOOOOOOO!”, grité eufóricamente. Mi brazo izquierdo vuelve a encenderse en llamas completamente y voy corriendo al lugar donde está Prímula, quien comenzó a gritar por las mordidas… En cosa de segundos llego hasta donde ella, sin haber sido paralizado por un monstruo en el camino. Nada más llegar di un fuerte puñetazo al Gibdo que mordía a Prímula, tan fuerte que se dividió en dos y encima las llamas consumían ambas partes del cuerpo. El otro Gibdo me inmovilizó por un rato, pero cuando volví a la normalidad le clavé la espada con fuego en su cuerpo. Para darle más sufrimiento moví la espada hacia arriba, partiendo a la momia por la mitad hasta el pecho, y luego hacia abajo. Todo eso lo hice gritando con furia, pero parecía un loco que llegó a su límite.

Cuando acabé con los dos y aún tenía ganas de aniquilar enemigos, escucho a Prímula quejándose. Volteo a verla y me di cuenta que el Gibdo que la atacó alcanzó a desgarrarle el vientre, pero sin pasar a cosas extremas como ocurrió con el padre, y el hombro izquierdo y parte del pecho fueron mordidos. Quedé inmóvil por un rato, sin saber qué hacer. Luego boto la espada ensangrentada y me acerco a ella. Caigo de rodillas cuando estoy al lado de ella y le tomo una mano. Empiezo a observar todo su cuerpo. Decía su nombre para llamarle la atención.

Prímula respiraba rápidamente. Me miraba con lágrimas en sus ojos. De vez en cuando tosía escupiendo sangre. A veces balbuceaba mi nombre. Luego yo le decía que iba a estar todo bien y sin pensarlo, le doy la poción roja que tenía guardada. Sabía que no serviría del todo, pero me daba igual en ese momento. Estaba asustado. Mis ojos volvían a brillar, pero esta vez porque veía sufrir a una persona que apreciaba y quería mucho. Se empezó a sentir otro fuerte temblor, pero como estaba con Prímula no me importó. Luego ella cierra los ojos, pero seguía respirando.

Rápidamente la cargué, busqué mi espada para guardarla y me fui corriendo con Prímula en mis brazos, pensando en llegar con ella a Ciudad Reloj para que la atiendan en alguna parte. No sabía lo que estaba haciendo Linik y tampoco me importaba. Sólo me concentraba en el estado de Prímula. Esquivo a todos los enemigos y uso la zarpa para llegar a la parte baja del cañón. Ahí se siente un temblor muy fuerte. Fue tanto que pareció terremoto, por lo que me caí junto a Prímula. Procuré que ella cayera sobre mí y no sufra más daño.

Me levanto rápidamente y continúo mi desesperado viaje llevando a Prímula. El terremoto fue tal que también se sentía en el camino que dividía Ikana con la pradera de Términa. Logré esquivar todos los Bubbles con éxito, a pesar del terremoto. Luego atravesé la pequeña parte de la pradera y llegué a la ciudad. Al estar allí lo primero que pensé fue en una poción azul. Así que fui directo hacia la tienda ubicada en el oeste. La piel de Prímula se estaba tornando verde poco a poco… Entré bruscamente a la tienda y el hombre que atendía allí se asustó por mi llegada.

- Deme una poción azul, por favor – le dije nada más entrar.
- Son 30 rupias, joven – contestó el hombre asustado.
- ¡No tengo rupias! ¡Es una emergencia!
- No puedo darte una gratis…
- ¿¡Acaso no ve cómo está mi amiga!? ¡Está a punto de morir! – le exclamo eufórico – Sólo deme una poción azul, por favor, se lo pago mañana…
- Hombre, en serio, yo no soy el dueño de esta tienda. No puedo tomar medidas como esas, quedaría sin trabajo – respondió, provocándome más desesperación.
- Por favor, yo hablaré con el dueño… - insistí, haciéndolo dudar por un rato.
- Lo siento, joven – contestó después de unos segundos.

Debido a mi estado sentimental y ahora me agregaban una cosa más que lo empeoraba, me hizo explotar de ira. “¡Váyase a la mierda!”, le grité y revolví toda la tienda con chorros de agua saliendo de mi mano derecha. Rápidamente salí de la tienda. Estaba enojado porque nada salía bien. Preocupado, asustado y triste por Prímula. Decepcionado por mí mismo. Avergonzado por no haber hecho algo bueno en Ikana después de tanto viaje. “Poder del Cristal Dorado”. No sirve de una mierda el “poder” este. Maldito día, no salía nada bueno…

Seguí pidiendo ayuda a la gente de la ciudad que veía a primera vista. Varios me quedaban mirando por el estado de las ropas mías y de mi amiga. Además éramos niños, así que se veía raro. Y la ayuda no llegaba… Rendido salí por la puerta sur para ir al pantano y la famosa tienda de pociones de la bruja que me mencionó Linik un día en que estaba en Términa, pero mi rendimiento ya estaba al límite. Había corrido todo el día, luché con numerosos monstruos y ahora hacía fuerza para cargar a Prímula. Ya no podía más. Así que mientras sentía un temblor, caí junto con mi amiga.

La miré estando ambos en el suelo. Ahora a ella le costaba respirar. Su piel ya estaba casi blanco como un papel. No quería verla por mucho tiempo… era penoso verla en ese estado. Mi rostro se cargaba con tristeza y odio; mi mente igual. Mientras yo miraba el césped, ella me llamó por mi nombre.

- Brett… - murmuró.
- Prímula – le respondí instantáneamente, tomándola de la mano izquierda y levantándome para quedarme a un lado de ella, arrodillado.
- Me alegro… de que estés bien – balbuceó y yo no supe qué decir -. Hiciste lo que pudiste por mí…
- Prímula, yo… yo… - intenté responder, pero al verle su cara, que enseñaba una sonrisa a pesar de su estado, no pude decir nada y terminé bajando la mirada, a la vez que un nudo en la garganta se creó en mí.
- No te sientas culpable… Nadie tuvo la culpa…
- No… si hubiera escuchado tus mensajes antes de tiempo, podría haber llegado a tiempo y te pudiera haber salvado. ¡Eso me pasa por no haberme llevado a Celéstea el aparato y tampoco hacerle caso a mis pesadillas! – decía ya empezando a brillarme los ojos, por el sentimiento de culpa, rabia y tristeza.
- Brett… - tose, luego me toca el rostro con su mano y quita su sonrisa – Ya pasó todo… Ahora continúa con tu viaje… Sólo concéntrate en eso… ¿Lo harás por mí?
- Sí, Prímula – contesté levantando la mirada hacia ella y también balbuceando -. Daré mi mejor esfuerzo por ti.
- ¿Prometes que cumplirás con tu deber y no fallarás?
- Sí, claro que sí – contesté dificultoso por el tremendo nudo que tenía en la garganta; también tomé su mano que tenía en mi cara con mis dos manos, apretándola un poco.
- Me alegro… - vuelve a sonreír, provocando algunas lágrimas mías sin que las pueda controlar; quería verla sonreír, pero cuando haya salido viva del infierno de Ikana conmigo y no de esta forma – Brett… No hay razón… para llorar…
- Sí. Tienes razón – dije secándome con los antebrazos; no soltaba la mano de Prímula.
- Oye… Haberte conocido… fue lo mejor que me ha pasado… Nos divertimos mucho…
- Lo sé. Lo sé… No me arrepiento de haber conocido a alguien tan especial como tú. Yo no… no me arrepiento – balbuceaba por las lágrimas que seguían cayendo, aunque todavía me aguantaba el llanto total.
- Brett, yo te amaré siempre… Recuérdalo…
- Sí… Sí. Lo sé – dije apretando más su mano.
- Gracias por… sacarme tantas sonrisas… - decía apenas Prímula, con la mirada casi perdida.
- Claro… claro…
- No importa… No importa cuántas veces muera… Aunque renaciera, yo siempre… siempre te volveré a amar…Brett… Siempre…

Con esas palabras dio su último aliento. Con esas palabras sus ojos se cerraron lentamente. Su mano que tenía tomada ya no hacía fuerza. Esa mano tan suave y fría ya no tenía pulso. Solté la mano y cayó tiesa. Empecé a llamarla. En un principio la llamaba con calma, pero luego me fui desesperando. Quería seguir escuchando su voz. No era hora de que se vaya todavía. No… todavía no…

Con varias lágrimas recorriendo mi rostro forzaba a Prímula para que hablara o de señal de vida, pero era inútil. No quería reconocerlo. No quería decirme a mí mismo: “Ya pasó, está muerta”. Algo se podía hacer, pensaba yo. Pero nada, no podía hacer nada… ya todo era inútil. Cuando después terminé reconociendo la muerte de mi amiga, me di cuenta que debía hacer algo para que no reviva como Gibdo. Ahora comenzaría su momificación por ser mordida… Así que tomo un suspiro. Tomo fuerzas de mi interior y desenfundo la espada estando aún arrodillado. Intento no llorar más. Alzo los brazos y preparo la espada para cortar la cabeza. La cabeza de Prímula. La cabeza de mi amiga que recién quería salvarla. Mis manos temblaban empuñando la espada. Me preparaba para lo peor y lágrimas seguían mojando mi rostro aunque no quiera. Y finalmente…

No pude. No podía hacerlo. Clavé la espada en la tierra y terminé rompiendo en llanto total. Apoyé mi cabeza en el cuerpo moribundo de Prímula y me lamentaba repitiendo una y otra vez “¿¡por qué!?”. No me importaba si quedaba machado de sangre de ella. Sólo quería estar junto a mi amiga hasta el día siguiente. Me importaba una mierda si algo va a pasar en Términa o en Ikana si el esqueleto gigante de los sueños llegase a despertar… Sólo quería estar acompañado de ella. Sólo quería estar con Prímula. No importaba si ella despierta y me convierta en Gibdo. Sólo quería pasar mis últimos minutos de vida con la chica que siempre me amó de verdad.

Continuará

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